Capítulo 9

PUNTO Y APARTE

"No amar demasiado.

Esa era la clave para no desaparecer demasiado,

Para no sufrir demasiado"

–Mathias Malzieu. El beso más pequeño.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

La mañana siguiente se había mordido la lengua una docena de veces, se había convencido a sí mismo de no decir nada y después había comenzado todo el proceso de nuevo. Al final, llegó a la conclusión de que sería un insulto a la amistad permanecer callado.

—Ayer tuve sexo con Tony Stark.

Lo dijo de repente y mantuvo los ojos fijos en el café que tomaba a sorbos. Esperó a que sus amigos estallaran en comentarios y preguntas.

Cuando pasaron cinco segundos de un profundo silencio, giró la cabeza y vio que MJ y Ned se estaban mirando.

—¿Qué?

Ellos no respondieron.

—¿Qué?

Nada.

—¡Digan algo, me están matando!

Finalmente apartaron la mirada y la centraron en él.

—¿Cómo ha sido? —preguntó Ned.

—Hay una razón por la que los invité a tomar café en mi apartamento en vez de ir hasta el lugar de siempre.

Su amigo sonrió levemente.

—Me refería a las circunstancias que los llevó a hacerlo.

—¡Ah!

—Pero si tú insistes, puedes detallarlo para nosotros —añadió MJ, apoyando los codos sobre la mesa y las manos sobre la barbilla.

—Por el momento estoy sin palabras.

Ella resopló.

—¿Quieres puntuar en una escala del uno al diez o hacer una descripción retrospectiva cuando recuperes el habla?

A Peter se le escapó la risa sin poder reprimirla.

—No sé por qué me junto con ustedes.

—Yo tampoco. Vamos —lo conminó ella—. Te mueres por contarnos. Incluso puedo ver la orla de corazoncitos que rodea tu cabeza.

Él los sintonizó con todo lo que había pasado desde su pelea en la oficina con Stark. Les mencionó a Wade, los celos, las intrigas, y luego pasó a la parte que consideraba más importante y fundamental.

—Ha sido grandioso. Sensacional. Increíble. Y no sólo porque estuviéramos listos para una combustión espontánea. Sino porque se sintió correcto. Fue como… «No puedo creer que nunca hubiéramos hecho esto antes, en todo este tiempo», ¿saben?

—¿Ha sido romántico o enloquecido? —inquirió MJ.

—¿Cuál de todas las veces?

—Vaya… —su amiga soltó una risita y meneó de un lado a otro la cuchara de su té.

—¿Y dónde está ahora? —preguntó Ned, mirando a su alrededor como si fuera a topárselo parado en alguna esquina.

—Trabajando. Y fue antes a la mansión por sus cosas. ¡Va a mudarse! —No deseaba dibujar la gran sonrisa idiota que llevaba acompañándolo cada vez que pensaba en eso, pero no lo podía remediar.

—¿Cómo tienes pensado manejarlo? —preguntó MJ.

—¿…Manejar qué?

—¿Tienes pensado decirle lo que sientes?

La pregunta provocó una sombra en el extremo de su alegría.

—No lo sé… ¿debería?

—No lo sé, ¿quieres? No digas que no lo sabes.

A Peter no se le ocurría decir otra cosa, de modo que se encogió de hombros.

—Dime que por lo menos hablaron de lo que va a pasar de ahora en adelante —volvió a resoplar MJ.

—No tuvimos tiempo. Se fue temprano.

—Claro, pero antes se revolcaron como conejitos quien sabe cuántas veces y por cuáles rincones de la casa. Ahora estoy un poquito preocupada de que hayan estado aquí.

—No salimos de mi cuarto.

—Al menos.

Ella dejó de inspeccionar con cara de asco la mesa sobre la que desayunaban.

—¿No dice ya bastante que esté haciendo las maletas mientras hablamos? —argumentó Peter después de un momento—. Se está separando de ella.

—Separando, no divorciando. —puntualizó MJ—. Tienen problemas como cualquier pareja en la tierra. Que yo sepa, tenían problemas maritales antes de que tú te lanzaras a sus brazos y le susurraras dulces palabritas al oído.

—Oye…

—Creo que MJ tiene razón —dijo Ned para la sorpresa de todos—. ¿Cómo te sentirías si de pronto vuelve con ella? ¿Dónde quedas tú? Tienes que preguntarle.

—O hablas con él, o asumes la responsabilidad de tus propias emociones y sus consecuencias.

—Lo tienen muy bien pensado, ¿eh? —Peter entornó los ojos, rezumando sospecha.

—Hemos intercambiado algunas palabras —comentó Ned—. Desde que… huh…

—Desde que se la chupaste —terminó MJ sin ninguna delicadeza.

—¿Así que ahora cotillean sobre mí a mis espaldas?

—Sí, y es realmente divertido. Únete.

—No hablamos de ti a tus espaldas —intervino Ned—. Estamos preocupados. El sueño que tienes desde los quince años se está volviendo realidad, y te ves contento. No nos gustaría que salieras lastimado por tener muchas expectativas.

Peter asintió empáticamente.

—Bueno, no hay de qué preocuparse —respondió—. Lo que tenemos ahora está bien para mí. De momento. Ya nos preocuparemos por el mañana cuando llegue.

—Si eres sincero con él… —empezó a decir Ned.

—Lo seré. Lo haré. En serio —añadió exasperado ante las caras que ponían sus amigos—. Pero…, es decir, ¿qué tal si lo arruino todo con mis sentimientos? No, espera, déjame terminar —pidió alzando la mano cuando vio que MJ abría la boca—. Escuchen, jamás me había sentido tan feliz en mi vida. Aunque el dolor en mi trasero opine otras cosas. No pienso llevarles la contraria, ¿de acuerdo? No quiero ser algo pasajero para Tony. Quiero estar con él. Quiero ser… algo real. Si no puedo conseguirlo, definitivamente me apartaré del camino. Pero esto es demasiado bueno para echarlo a perder si le añado presión tan rápido. No quiero ser una carga para Tony.

—Y nosotros no queremos que te conviertas en la aventura de un mujeriego cuarentón casado—se exasperó MJ.

Por un momento Peter no dijo nada; luego sostuvo la taza de café con ambas manos.

—Ya lo sé… —suspiró cerrando los ojos—. Pero miren, ¿qué sentido tiene decirle tan pronto mis sentimientos? Se echará para atrás o se sentirá culpable por no hacerlo. No quiero asustarlo. Tiene demasiados problemas con la empresa y con su matrimonio para atender lo que sea que yo esté sintiendo. Si nos damos un tiempo, dejar que el asunto se estabilice, entonces…

—Tuvieron un bonito revolcón —interrumpió MJ—. Y quizás él ahora anda por ahí, creyendo que tiene un chico joven de espíritu liviano a su disposición, y que sacudirá su mundo siempre y cuando su esposa no se encuentre cerca.

Ante eso, Peter recargó la espalda sobre la silla y se sintió herido.

—Oye, sólo te estamos cuidando, amigo —Ned le palmeó un hombro afectuosamente—. Tony Stark ha sido tu amor platónico desde que tenías quince y…

—Doce —corrigió Peter—. Lo conocí cuando tenía quince, pero…

—Llevas prendado de él desde mucho tiempo —apuntó su amigo—. Recuerdo que solías hacer dibujos de él en tus cuadernos de la escuela. Y le ponías corazones.

Peter sonrió un poco.

—Creo que todavía los tengo…—murmuró—. Y, aun así, era amor con minúscula. Aderezado con montones de fantasías.

—Estás lidiando con la realidad ahora —dijo Ned.

MJ puso los ojos en blanco.

—Por muy conmovedor y ligeramente patético que suena lo que acabo de escuchar, está claro que tus sentimientos rebasan al susodicho —De repente, Peter cayó en la cuenta de que su amiga jamás llamaba al señor Stark por su nombre—. Y por mucho que me agrada la idea de una Pepper Potts disponible, prefiero verlos a ellos siendo infelices juntos, que a ti siendo infeliz por alguien que no vale ni medio escupitajo.

Cuando MJ expresaba tan sincera preocupación por él, Peter sabía que todo estaba acabado. Soltó una larga exhalación y asintió con la cabeza.

—Tienes razón. Tienen toda la razón —añadió mirando a Ned—. Hablaré con él. En cuanto pueda levantarme de esta silla, le mandaré un mensaje de texto y pediré que nos veamos.

—Sabia decisión —convino su amigo, palmeándole la espalda.

—Sólo quiero decir algo más. —MJ enderezó los hombros—. El amor no es una carga, para nadie. Y si ese cabrón egoísta piensa algo diferente, no es digno de ti. Bótalo antes de que te bote a ti.

Después de un momento de sorpresa, Peter dejó con la taza de café sobre la mesa y asintió con la mirada clavada en MJ.

Los amigos, pensó, siempre sabían qué decir.


Lo que Peter no quiso admitir en voz alta delante de sus amigos era que sentía punzadas de culpabilidad hacia la persona que más intervenía en sus románticas expectativas.

Cuando cumplió un año de trabajar en la pasantía para Stark Industries, fue invitado a un evento de caridad.

Pepper Potts era la fundadora.

Ella y Tony estaban comenzando a salir, y Peter era un confuso adolescente de dieciséis años que se tambaleaba por la desigual superficie de su magullado corazón.

Afortunadamente no se quedó demasiado tiempo en el evento; May estaba en contra de que su sobrino se desvelara cuando tenía escuela al día siguiente. De modo que Tony lo presentó fugazmente con varios nombres importantes en el ámbito universitario, y algunas eminencias, como Bruce Banner. También lo presentó a su nueva novia.

Aquella fue la experiencia más surrealista y problemática de su vida.

Surrealista porque ¿qué reacción tendría ella si supiese la clase de deseos privados que lo corroía al ver a su novio?

Problemática porque, en general, le cayó bien la señorita Potts.

Estaba preparado para odiarla y, en cierta forma, lo hizo; pero no porque se la hubiese puesto fácil. Era una mujer inteligente, sabia, hermosa y encantadora. De modales intachables y actitud servicial. ¿Cómo podría Peter odiar a alguien tan amable?

No podía, y ése era el problema.

De la infidelidad –el adulterio– sabía algunas cosas, pues había visto un poco entre sus conocidos y en las películas, de modo que comprendía las cicatrices y desilusiones que podían dejar. No le gustaría formar parte de eso. Y si la situación de un matrimonio se complicaba o aliviaba, Peter iba a sentirse frustrado o culpable de cualquier manera.

PP

Hey, ¿tienes tiempo hoy para hablar?

1:37 pm

Mientras intentaba convencerse de que estaba bien y que lo que hacía era lo más saludable, fue a encontrarse con Wade Wilson.

El tipo no paró en insistir que le devolviera la invaluable cartera. Peter aceptó verlo, con la condición de que se encontraran en algún lugar cerca de su casa. No tenía claro que pudiera volver a caminar sin ayuda o sin una cojera muy marcada. En todo caso, decidió no volver a sentarse.

—No sé cómo agradecerte —dijo Wade cuando Peter le extendió la billetera—, pero sí sé cómo abrazarte. Ven aquí. Oh, sí, aquí vamos…, eso es…, pelvis contra pelvis, punta con punta. Esto es lo que los jóvenes llaman arrimón.

Intuyendo que Wade lo soltaría si mencionaba lo que traía en mente, Peter no dudó en expresar su pregunta con el poco aire que guardaba en los pulmones:

—¿Quién es Jeremy Garrett? —jadeó.

Estaba en lo cierto: Wade se apartó de él. Pero no lucía preocupado, espantado o en lo sumo disgustado por que Peter hubiera husmeado en la billetera.

—Eso es clasificado —respondió con una sonrisa—. Yo que tú no lo pensaba mucho, hermoso.

—¿Tuviste algo que ver con su desaparición? —preguntó implacable.

—¡Wooahh! El gatito está armado con preguntas —Wade levantó las dos manos en señal de rendición—. De acuerdo, de acuerdo. Sentémonos a tomar algo.

—Gracias, pero prefiero no hacerlo. Tengo el día ocupado —mintió.

Sin embargo, Wade sonrió, con picardía, adivinando los pensamientos del muchacho no tan sutil.

—Ni siquiera puedes sentarte, ¿verdad? —exclamó con cierto regocijo—. ¡Joder!, debió darte muy duro. Mis respetos.

Estaba preparado para negarlo todo (no quería que nadie a parte de sus amigos supieran sus queveres con un hombre casado y mayor), pero quizá porque a Wade era difícil mentirle debido a lo perceptivo que era, o porque Peter no estaba en condiciones para esforzarse ni siquiera hablando, tan sólo pudo sonrojarse y mirar a otro lado.

Wade profirió una risotada en medio de la calle que hizo que algunas cabezas giraran. Incluso a Peter le costó no reír con él.

—Oh, gatito —dijo Wade tras fingir que se enjugaba las lágrimas—. Estoy una pizca de alegre y terriblemente celoso. Esto me pasa por tener un corazón blando. Qué lástima —suspiró gravemente—. Yo me hubiera hecho cargo de ti. Si la oportunidad surge otra vez, no pienso desperdiciarla.

—Borré tu número —le advirtió Peter.

—Fabuloso. Yo no me atrevería a borrar el tuyo.

—Respecto a lo de Jeremy…

—No vas a dejarlo pasar, ¿eh?

—Busco una salida fácil para no tener que considerar la policía. Tony está dispuesto a armar un caso en tu contra.

El hombre soltó otro suspiro más resignado.

—Jeremy está bien —le aseguró—. Sólo le di un pequeño susto por acechar a una de mis clientas; Meghan Orflosky, Orlovsky, Or…, como sea. El punto es que está vivito y coleando.

—Por susto te refieres a…

—Se cagó en sus pantalones todo asustado, sí.

—¿Eres un mercenario? —mejor que se deshiciera de todas las dudas.

—Eso es clasificado —repitió Wade, sin embargo—. Pero mándale saludos de mi parte a tu bombón por jugar tan bien al detective.

—Lo haré. Aunque no creo que le gusten tus saludos.

—Son mejores que las despedidas. Exijo otro abrazo.

El segundo abrazo fue menos apretujado, aunque considerablemente más largo. Sin poder evitarlo, unos labios le acariciaron la mejilla hasta saborearse en beso. Cuando Wade se perdió de vista, Peter sintió una punzada de afecto por el hombre más excéntrico que había conocido. Después de todo, si no hubiera sido por él, las cosas con Tony no habrían pisado terreno inexplorado. Le debía una.

Y hablando del rey de roma...

TS

Me leíste la mente. Estaré el resto de la tarde acomodando muebles y abriendo cajas. Ven para darte el tour y charlar un poco. Hay cosas que debemos aclarar.

2:14 pm

En el siguiente mensaje iba escrita la dirección. Ya que tenía el día libre, tomó un bus con ruta directa hacia el nuevo apartamento de Tony. Procuró también no sentarse en los asientos, y muchas mujeres creyeron que se trataba de un desplante de gentileza.

El camino fue bastante largo, y le dio tiempo para poner en orden sus ideas.

Seguía convencido de que establecer diálogo con Tony era el movimiento más honrado, pese a que le dolía pensar en movimientos por su adolorido trasero. De cualquier forma, si no lo hacía ahora, Peter no sería capaz de cortar por lo sano.

Se habían probado mutuamente, y pese a lo grandioso y correcto que se sintió, quizá las cosas derivarían en algo distinto, algo frustrante.

Por ejemplo: estaba seguro de que Tony le tenía sincero afecto... Peter cerró los ojos y reprimió un suspiro. ¿Había algo más doloroso que estar enamorado de alguien que te tiene un sincero afecto? Era mejor no cobijar ninguna ilusión de poder estar siempre juntos, de formalizar una relación, de tener un futuro. Por ahora. La vida de Tony Stark se encontraba con Pepper Potts, de momento, y dios sabía bien que él mismo tenía suficientes actividades en la vida que lo mantenían ocupado sin necesidad de hilar expectativas que incluyeran a Tony Stark.

MJ tenía razón. El amor no es una carga. Tony podría sentir la misma lujuria que él, pero si era lo único que buscaba, entonces no valía la pena.


3 SEMANAS DESPUÉS


Peter entrelazó las piernas con las de Tony mientras saboreaba cada una de las profundas y delirantes embestidas. Ni en sus sueños más creativos se había imaginado que follar pudiera ser algo tan bueno. Follar con Tony Stark, para ser exactos, era excelente.

El joven intentó decir algo, pero sonó como un borrón para ambos mientras movían sus cuerpos juntos, persiguiendo la liberación que cada uno quería.

Gritó cuando alcanzó el orgasmo. Tony cubrió sus labios con los suyos y momentos después se dedicaron a recuperar el aliento.


Las cosas derivaron en algo distinto, sí, pero en lo mínimo frustrante.


El cuerpo de Tony, agotado después de una larga jornada, se relajó encima de él. Completamente satisfecho, Peter acarició su cabeza.

—¿Hay algún problema? —preguntó cuando sintió que Tony no se movía.

El hombre alzó la frente y parpadeó, como quien sale de un trance.

—No. Son las neuronas, que se regeneran.

Los hoyuelos de Peter resplandecieron.


Peter comenzó a vivir con Ned.

Tony comenzó a vivir solo.

Peter y Tony comenzaron a frecuentarse en ambos apartamentos para tener sesiones de sexo alucinante.


Tony rodó a su lado para estirar los brazos y enfriar el cuerpo; luego colocó los dos brazos atrás de la cabeza a modo de respaldo. Peter se dedicó a contemplar el techo, entumecido, aunque relegando algunas ojeadas a escondidas hacia el hombre.

Ahora que tenían más espacio, aprovechaban al máximo todas las ventajas.

Con el poco dinero ahorrado, Peter compró una cama matrimonial que abarcaba más de tres cuartos en su pequeña habitación. Valía la pena.

—En realidad, hay algo que quiero preguntarte —comentó Tony, tras varios momentos de reposición—. El próximo viernes habrá un evento de gala para reunir fondos en donación a una planta de energía renovable. ¿Crees que quieras acompañarme para que no me muera de aburrimiento?

—¿Una gala? —dijo Peter—. Eso suena muy elegante.

—Es aburrido —repuso Tony—. Un montón de idiotas funcionales con mucho dinero; igual que yo. ¿Puedes?

Después de hacer malabares con sus horarios en la universidad, decidió que podía. Y que quería. Tal vez sonaba como la clase de eventos que alguien llevaría a la esposa, no al amante secreto, pero era de dominio público que Pepper Potts seguía sin dirigirle la palabra a su marido. Lo cual funcionaba muy bien para la conciencia de Peter. Y tampoco era como si Tony hiciera un tremendo esfuerzo por recuperar a su mujer. Lo cual alegraba el corazón de Peter.

—Tendré que ponerme algo muy refinado —concluyó.

—Me gusta cómo estás ahora —Tony alargó una mano a su cabello para acariciarlo en suaves maniobras.

Luego de disfrutar el gesto, Peter se le puso encima y se aseguró de que no sobrara ningún espacio entre sus cuerpos.

—Desgraciadamente no puedo irme así, o la gente pensará que me falta un tornillo.


Una de las claves en sus tácticas era no perder demasiado tiempo en ninguna parte.

Pasaban al dormitorio gigantesco de Tony o al diminuto de Peter, y se abalanzaban sobre la cama. Algunas veces no conseguían entrar en la habitación antes de quedar desnudos los dos. A continuación, Peter se daba una ducha rápida para no oler a semen (Tony se unía en ocasiones) y una hora más tarde estaba de vuelta en su apartamento con Ned. O en la universidad, dependiendo de las circunstancias.


Sus labios iniciaron un largo y lujurioso viaje que Peter confiaba nunca acabaría. De pronto, sintió un leve picotazo en su vientre.

—Oh, carajo —murmuró Tony entre asombrado y fascinado—. Esto es una locura. ¡Tengo 47 años!

La sonrisa de Peter no podía ser más amplia y coqueta.

—¿Segundo asalto? —propuso.

—Estoy exhausto.

—Yo me encargo.


Cuando quedaban en el apartamento grande, Peter iba todo el camino usando transporte público. Cuando se veían en el que compartía con su amigo, Tony estacionaba el coche tres manzanas a distancia y, oculto bajo una gorra, lentes de sol y sudadera, fingía ser un corredor casual que trotaba por las calles hasta finalizar el recorrido en un apartamento de piedra rojiza, donde Peter lo esperaba con la polla en ristre.


Se deslizó, tomándose su tiempo para salpicar sobre el pecho fuerte de Tony unos cuantos besos, hasta quedar posicionado en las caderas.

—¿Cómo diablos eres tan bueno en esto? —No era una pregunta real y Peter no sintió la obligación de responder. Sólo de complacer.

Cuando terminó de humedecerlo, se sentó sobre él.

Vio el efecto de la penetración en el rostro de Tony, y sintió sus ondas vibrando a través de él. Los dos se estremecieron, cada uno en un extremo.

Tony gruñó, curvando sus manos hacia la cintura de Peter y hundiendo sus dedos allí.

Él plantó sus pies en la cama, se empaló más fuerte sobre Tony, mordiéndose los labios mientras presionaba la enorme polla del hombre contra su agujero hinchado y húmedo.

—Oh…

Su cabeza cayó hacia atrás, tuvo que agarrarse con fuerza a la colcha revuelta para evitar salir volando hasta el techo.

—Maldita sea, Peter, voy a...

La ingle de Tony se sintió como si estuviera en llamas, pero los músculos húmedos y calientes, que se ondeaban rítmicamente a lo largo de su cuerpo, estaban tan cerca del abismo del deseo.

Peter se sentaba y levantaba firmemente, y sus manos reptaron a ambos lados de la cara de su amante. Sus gemidos hacían eco en la habitación, sus frentes se unieron, el aire cálido se deslizaba suavemente sobre sus labios. Todo mientras seguía cabalgando sobre su polla.

—Ah, ah, ah, Tony, Tony…

Peter lo besó con fuerza para no confesarle sin querer lo que sentía.


Si enfocaba las cosas de forma realista, en realidad era problema de él. Tony no estaba obligado a corresponder a su amor, y todo lo que Peter añadiera o quitara era responsabilidad suya.

Mejor no pensar en ello, se decía constantemente. Dejaría de lado el tema tanto tiempo como pudiera.

Además, no podía pedirle a Tony que lo siguiera follando si el hombre estaba demasiado ocupado evitándolo porque Peter no pudo mantener su enamoramiento para sí mismo.

Y si sus amigos no lo comprendían, el problema era de ellos.


Tony se corrió primero.

Extenuado, sudoroso y agitado, cayó una vez más sobre la cama mientras Peter iba saliendo de su generosa circunferencia. El chico estaba seguro de que podía sentir la enorme cantidad de semen chapoteando en su interior, resbalando copiosamente.

—No has acabado —le dijo Tony en un jadeo.

—Está bien.

—No, no lo está. Ven aquí.


Dios, pero él amaba a Tony. No podía recordar una época en la que su pecho no amenazara con estallar de adoración, no podía imaginar un futuro en donde ese amor acabase. Tony era tan fácil de amar y su sonrisa era hermosa. Su barba delineada y sus dientes blancos, su nariz recta y sus pestañas largas. Su sonrisa otra vez.

Todo eso lo llevaba a pensar en la sospechosa virginidad suya que había sobrevivido durante casi diecinueve años hasta perderse en el cuerpo de Tony.

El motivo siempre estuvo claro.


Con algo de sorpresa, Peter fue guiado, todavía sentado a horcajadas, hasta un rostro donde lo esperaba una lengua. Cuando Tony lo envolvió, él echó la cabeza hacia atrás y todos los músculos de su vientre se contrajeron.


MJ tenía razón. El amor no es una carga. Es una droga.

Un explosivo cóctel químico que lo embriagaba emocionalmente.

Puede que Peter jamás hubiera probado sustancias peligrosas, pero si de narcóticos le preguntaran, diría que todo el espectro que podía componer al ser humano Tony Stark calificaría como la droga más potente jamás suministrada.

Y todos saben lo que pasa cuando uno se excede con las dosis.


Se aferró a los cabellos revueltos de Tony mientras su cuerpo se arqueaba y se estremecía, sacudido por un torrente de placer. No podía hacer otra cosa más que observar los movimientos justos y medidos del hombre mayor con la boca abierta, congelada en un gemido lleno de deleite.

Unas manos masajeaban sus glúteos, mientras que la dulce lengua lo envolvía todo con su calor.


Era un adicto. Peter sabía que era mejor no tener acceso a la droga, pero ¿qué hacer cuando la droga misma lo deseaba también?


Su cuerpo quería estallar en llamas; una sensación deliciosamente conocida para él.

Finalmente, Peter dejó escapar el último gemido al correrse en la abertura cálida que lo succionaba.


¿Debía arrepentirse? Sí, desde un punto de vista lógico. Haciendo lo que hacían, era posible que alguien saliera lastimado. Quien fuera. Pero no conseguía convencerse de que se arrepintiera.


—Creo que soy adicto a tu cuerpo.

Durante un instante, pensó que había sido él quien musitó aquella gran verdad. Pero fue Tony. Le estaba robando los pensamientos.

Acostados una vez más en la cama, Peter apretó su boca contra la de él, dejando que su lengua buscara su sabor oscuro y rico.

—Tengo que regresar —alcanzó a articular Tony mientras Peter le mordisqueaba los labios.

—¿No te gusta mi nueva cama? —Separó el rostro un milímetro para poder hablar en ese espacio.

—Creo que me encanta, pero tengo cosas que hacer antes de irme a dormir, y tengo que levantarme a las siete y media, y además…

—Trabajas demasiado —lo atajó él.

Con un repentino arrebato de energía, Peter se colocó sobre él. Sus manos eran rápidas, su boca ávida. En cuestión de segundos, dejó a Tony sin aliento. Resultaba imposible creer que el apetito parecía no tener fondo. Estaban cansados y aun así tenían que continuar saboreándose.

—Puede que tengas razón —aceptó Stark después de un vacilante minuto—. No creo que pueda despegar los párpados si me pongo a manejar. Estoy en un coma inducido por la neblina del sexo.

—¿Entonces no habrá un tercer asalto? —bromeó Peter.

Tony rio entre dientes.

—No estoy confiado al cien por ciento de rendir para un tercer asalto, pero haré lo mejor que pueda.

—Muy bien. Por cierto, tienes buen aspecto. Todo despeinado y exhausto.

—¿Me voy a despeinar y a terminar más exhausto?

—Ese es el plan.

—Por favor, no —suplicó una voz a través de las delgadas paredes.

Demonios.

—Lo siento, Ned —contestaron ellos al unísono.

Se dedicaron unas miradas de culpabilidad, pero, sin dejar de reír, Tony depositó un ligero beso sobre su frente. Luego se levantó y giró el cuerpo para echar un vistazo al reloj de la mesita.

—¿Cómo pueden ser ya las 3 de la mañana? —exclamó—. ¿A qué hora llegué aquí?

Peter se encogió de hombros.

—Mierda. Parece que no tengo alternativa.

—¿Te quedarás?

—Sólo si a Ned no le importa.

—No me importa, pero sean callados, por favor —volvió a suplicar la voz en la pared.

—Era broma, Ned. Ya nos vamos a dormir —lo tranquilizó Peter—. Pondré la alarma a las siete para que tengas tiempo de ir a cambiarte de ropa a tu casa y darte una ducha —le dijo a Tony.

—Gracias.

Ellos se cubrieron bajo la sábana y se acurrucaron juntos, a pesar de que no hacía frío y el espacio era vasto.


«Es mejor enterrar el asunto», decidió. Encerrarlo con llave en una caja antes de que hiciera mella en su relación. Nunca habían sido tan cercanos, nunca habían estado tan conectados. La ciencia siempre fue su común denominador, pero ahora el sexo había llegado para autoproclamarse como el ingrediente que siempre les hizo falta; lo que ambos necesitaban y no sabían cuánto.

Pues ahora sí que lo sabían. Y era perfecto. No podía dejarlo ir… No podía.


Peter llegó a la conclusión de que nadie, en ningún momento ni en ningún lugar, se había sentido mejor que él en ese preciso instante. Flotando en la nube de bienestar posterior al sexo, hundió los dedos en el cabello de Tony, cuya cabeza descansaba sobre su hombro y cuya mano cubría la de él en un costado del cuerpo. Era la más agradable combinación de sensaciones que jamás había experimentado.

Fuera, el aire olía a humedad, y las nubes cargaban señales de tormenta.