Capítulo 12

PEPPER REGRESA

"Dime quién soy yo sin ti a mi lado"

– George Harrison

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—Esto no está nada bien, ¿me oyes? ¿En qué demonios te has metido, Parker?

Incluso a través de la línea telefónica y con el sonido de la lluvia obstruyendo su voz, Peter logró detectar la exasperación en MJ. En su lado de la línea, dentro del acogedor calor que su apartamento tenía para ofrecer, Ned hundía la nariz en un libro sobre Leyes.

—¿Dónde estás? —Era la segunda vez que Peter le hacía esa pregunta. Acababa de oír el llanto estridente de un bebé y el motor embravecido de una furgoneta.

Paseándome en un magnífico crucero de lujo mientras devoro exquisitos mariscos bajo el sol —respondió ella agriamente.

—Eres vegana.

—Diez puntos para Ravenclaw.

Casi pudo oír la forma en que los ojos de MJ rodaron hacia arriba.

—Escucha, um, sé que no estaba siendo…precavido, y talvez debería dejar que Tony se encargue del problema, pero realmente me ayudaría un consejo tuyo.

—Te di un consejo hace un mes, si no mal recuerdo. ¿Me escuchaste? Mmmm, déjame pensar…

—Me refiero a un consejo legal. Um, por ejemplo: En caso de chantaje…

No soy abogada ni consejera legal, Parker —cortó MJ.

—Tomaste un curso de introducción a leyes al entrar a la universidad —dijo Peter sin pensar.

Hubo una pausa.

—¿Cómo sabes eso?

—Ned me lo dijo —atrás de él, escuchó el "¡Hey!" recriminatorio de Ned.

—Peter Benjamin Parker.

—Vimos el itinerario de la asignatura en tu mochila. Estaba arrugado.

—Te felicito, eres más entrometido que mi padre —sonaba furiosa, pero Peter se preguntaba cuál sería la verdadera razón.

—Fue un accidente. No queríamos…

—Sí, sí, sí. Ahórrate la disculpa. Te podría ser útil para otro día en que decidas chequear mi diario "por accidente".

MJ estaba más irónica y malhumorada que de costumbre. Peter ya era lo bastante sabio como para no hacer preguntas al respecto, pero no era común que sonara tan...

—¿Estás bien?

Oyó una exhalación profunda.

—Sí, ¿por qué?

—Suenas…

Amargada.

—Bueno, sí.

Tú también estarías amargado si te encontraras a la mitad de la nada, con medio equipaje goteando, y rodeada de dominicanos que no saben leer los labios: "No, gracias, no quiero una manta" —enfatizó cada palabra como si ya no se dirigiera a Peter, sino con su entorno—. Y tengo hambre. Principalmente tengo hambre.

Peter había escuchado con atención, pero su cabeza se quedó trabada en una palabra.

—¿Equipaje? ¿Te fuiste a algún lado?

Otra larga exhalación. Definitivamente algo andaba mal.

—Mi abuela enfermó —dijo MJ en tono menos tajante—, la que vive en Montauk. Vine a alimentarla con sopa y medicinas ya que mi padre tiene un caso importante en el juzgado. Llevo aquí desde el miércoles.

—Lo siento muchísimo, MJ —se apresuró a decir Peter—. No tenía idea.

—Claro que no. Has estado en Tonylandia, ¿por qué ibas a notarlo?

Intentó que el comentario no le afectara, pero no funcionó. Por suerte, logró pasarlo por alto.

—En verdad lo siento —repitió con toda honestidad—. Si hay algo que pueda hacer, por favor, dime.

Oyó un tercer suspiro.

No hay mucho que puedas hacer —dijo ella—. A no ser que sepas canciones de Mandy Patinkin, y estés dispuesto a cantarlas hasta que el somnífero haga efecto.

—¿Querrías pasármela por teléfono?

—Espera… ¿sabes canciones de Mandy Patinkin?

—No, pero puedo buscarlas por internet.

Entonces oyó algo parecido a la risa de MJ.

Ella lo apreciaría mucho, pero ya no estoy ahí. Estoy de regreso a Nueva York. O lo estaba, hasta que la tormenta cerró todas las autopistas.

—¿Cuándo llegarás?

Es una excelente pregunta. Serás el primero en saberlo. Bueno, si alguien no tiene tanta suerte, el segundo.

La lluvia se ensañó con la ventana, la ventana tambaleó, y Ned fue a asegurarla. Poco después, ella empezó a hablar apresuradamente.

Escucha. Lo más razonable es buscar un investigador privado. No puedes realmente negociar el chantaje para hacerlo desaparecer, pero puedes contratacar. Encuentra algo mierdoso para usar en contra de tu enemigo y dale una cucharada de su propia medicina —mientras ella hablaba, Peter se dio cuenta de que Ned también oía atentamente—. Y yo que tú, no sería tan diplomático en el asunto. Yo me iría a coquetear con los límites de lo estrictamente prohibido.

—¿A qué te refieres?

—Bueno… digamos que existen algunos métodos. Ned puede saberlo todo sobre el arte de hackear una computadora, lo cual es increíblemente útil, pero en mi moderada opinión, allanamiento es una palabra que excede lo útil. Y los ricos siempre esconden sus secretos bajo cajas fuertes, o eso me han dicho. Pero, oye, oye —matizó—, yo no tengo todas las respuestas. Aparentemente —dijo con un tono más bajo. Peter oyó el cuarto suspiro antes de que continuara—. Si te preguntan, tú no lo oíste de mí. Tengo que colgar. Avísame cómo avanza todo.

—Gracias, MJ. Avísame cuando llegues.

Un gruñido en respuesta y la comunicación quedó en silencio.

—MJ debió dedicarse de lleno a las leyes —comentó Ned—; habría sido el terror de los que osaran verle la cara en el juzgado.

—No tiene que estudiar leyes para ser el terror de los que osen verle la cara—objetó Peter.

—Tienes razón —rio Ned. Cerró el libro y lo puso encima de la mesita que rodeaba el sillón de cuero negro, la televisión plasma de 50 pulgadas, y el librero de caoba: todos obsequios de Tony cuando ellos se mudaron. Peter intentó decir no, pero…

Tomó asiento en el sillón junto a su amigo, que en ese momento encendía el playstation 5, otro regalo de Tony más exuberante y mucho más problemático. Empezaba a ser problemático de repente; los obsequios, los gestos, los objetos con marca Tony. Una congoja, pequeña aún, pero amenazadora, como aviso de un pesar más grande, iba larvándose en su corazón. Peter había escuchado que es mejor arrancar esos pesares desde la raíz, y Ned era su mejor amigo: no le iba a mentir.

—¿Es verdad? —preguntó—. Lo que dijo MJ. Es decir…—la mirada inquisitiva de Ned no lo alentaba a razonar su pregunta—. Es decir, sé que es verdad, no puedo decir que no es cierto, seguramente ella tiene razón, pero, pero…

—Viejo, respira.

Eso hizo Peter. Respiró profusamente y, cuatro segundos más tarde, concretó.

—He estado mucho tiempo en Tonylandia últimamente, ¿verdad?

Vio la comprensión reflejándose en el rostro de su amigo. Y también la respuesta.

—Un poco —admitió Ned.

Peter no pudo evitar que su cara se transformara en un manojo de culpa. Antes de que pudiera farfullar su disculpa, Ned lo hizo primero.

—Es normal, estás enamorado. Lo entiendo. En serio.

—¿MJ dijo que iba a viajar a Montauk para cuidar de su abuela?

—Sí, lo hizo —reconoció Ned—. Fue muy repentino, pero dejó un mensaje de texto.

Peter no recordaba ningún mensaje de texto. Sólo recordaba las cándidas conversaciones que mantuvo con Tony a lo largo de las últimas semanas.

—Eso es lo que me temía.

—Has estado un poco desconectado, de acuerdo. Pero no quiere decir que seas un mal amigo.

—Sé que no quiere decir que soy un mal amigo, pero… —Dejó la frase a medias y meneó la cabeza, luchando visiblemente por encontrar una forma de hacer que lo entendiera—. No tengo idea de lo que ha sido de ti, ni de nadie, últimamente. Desde que dejé de ver a Tony, siento que no reconozco dónde estoy parado, ni qué es lo que quiero —suspiró—. La universidad es como una imagen borrosa en mi mente y…—se mordió los labios, intentando que la culpa no lo desbordara como la lluvia había hecho con las calles—, no he hablado con May en semanas, Ned. Semanas. Solíamos cenar cada viernes, pero ahora rara vez levanto el teléfono para saber cómo está y... Yo sólo…

Miró a Ned, y al darse cuenta de que su amigo rehuía contacto visual con él, supo que no sólo entendía de qué hablaba, sino que también estaba de acuerdo, pero era demasiado amable para echárselo en cara.

—¿Qué has estado haciendo? —le preguntó. Tenía la impresión de que Ned se estaba conteniendo—. ¿Qué ha pasado contigo desde que me mudé a Tonylandia? ¿Qué me he perdido?

—Bueno…—replicó inseguro—. La renta subió. Ya pagué mi parte, pero falta la tuya… También participé en un torneo de informática. Perdí —añadió con una inesperada sonrisa de satisfacción—. Pero como la competencia fue feroz, me otorgaron un viaje a Chicago para tomar cursos de computación avanzada gratis. No es que los necesite ni nada, pero me voy la próxima semana.

—Ned, eso…eso es… —Asombroso, quería decir. ¿Por qué no podía? Tal vez porque su mejor amigo había experimentado un evento significativo y trascendental en su vida y Peter ni siquiera estuvo ahí para felicitarlo a tiempo. MJ ni se diga—. ¿Qué más?

Para su gran sorpresa, Ned se ruborizó.

—Bueno…tengo noticias —inspiró hondo—. Tengo novia.

Peter lo miró con ojos desorbitados.

—¡¿Qué!? —No era su intención sonar tan incrédulo, simplemente Ned jamás había tenido novia, ni salido con nadie. No en el tiempo que ellos dos habían sido amigos, lo cual era para siempre—. ¡¿Quién?!

El rubor incrementó, pero la sonrisa de satisfacción y el regocijo fueron casi envidiables.

—Betty Brant.

Peter dio un grito encantado, que se transformó en un flujo de «eso es tan genial» y «estoy tan feliz por ti», junto con «¿cómo pasó eso?», a lo cual, Ned respondió usando el mismo entusiasmo falto de aire. Le relató una sencilla y adorable historia que involucraba un concurso de computación, una derrota, y una amistosa salida por un café después de haber participado en equipos contrarios. Desde entonces, comenzaron a frecuentarse para hablar sobre la maravilla del programa "La suite Aircrack", y de pronto Betty le estaba tomando la mano a él.

Aquel amargo sentimiento de culpa que sentía se combinó con una incondicional alegría. Y también un irremediable arrepentimiento; por haber estado ausente para sus amigos, por haber cancelado tres salidas para cenar con su tía, por haber descuidado la universidad (si bien aún tenía las mejores calificaciones, albergaba la honda sensación de haber aprendido absolutamente nada en todo el mes), y no haber avanzado ninguna de sus investigaciones en Stark Industries. En cambio, había hecho avances con el propio Stark, aunque no se sentía particularmente orgulloso de eso.

Hubo otra época, en la que Peter habría muerto por una muestra de afecto remotamente cercana al dolor palpitante que él sentía por su mentor. Cuando entendió que su no correspondido amor siempre se mantendría de la misma forma, trató de renfocar sus prioridades: se fijó metas, se propuso alcanzarlas y trabajó duro para obtener lo que quería.

Pensaba que sólo por tener una caja con un problema no significa que ésta debía extenderse al resto de las cajas que componen la vida.

Así fue, hasta que se enteró que Tony se casaría. Así fue, hasta que Tony llegó a su apartamento luego de una discusión con su esposa.

Sin embargo, mentiría si dijera que Tony no componía muchas cajas. Peter siempre sintió que estaba en deuda con Stark por haberle aprovisionado la oportunidad de su vida. La pasantía en Stark Industries fue sólo el comienzo de una larga lista de favores, recomendaciones, obsequios (algunos razonables, otros demasiado excéntricos). Y no sólo eso; contar con su ayuda en todo lo que Peter hacía, prestarle atención, más de la necesaria, estar al tanto de su precaria situación económica… No creía que un tiempo de vida fuera suficiente para agradecerle lo justo.

Y ahí estaba el pesar de nuevo. Su vida había cambiado, de forma irrevocable, gracias a Tony Stark. ¿Cómo iba andar por la vida sin su recuerdo?

El sonido de sus cavilaciones fue interrumpido por el ringtone de una alerta de publicidad. Peter lo ignoró, hasta que MJ le envió el link por teléfono. Debía ser importante. Al desbloquear la pantalla, no supo si el sordo golpe al corazón se fue provocado por el título de la primicia, el mensaje de MJ, la foto, o la nota. O por todo el conjunto de ello.

¡RECONCILIACION!

MJ

¡Te lo dije! ¡Maldito bastardo mentiroso! ¡Que se pudra!

Tony y Pepper aparecían en la portada, luciendo como un desplegable de Vogue: ella con un hermoso vestido verde, la imagen de la realeza sin corona, y Tony con unos pantalones sin una sola arruga, camisas en tonos joya, y resplandecientes sortijas de matrimonio. Ambos se veían felices, relajados. Unidos, como la pareja que alguna vez fueron ante las cámaras y que Tony negó que alguna vez lo habían sido en privado.

—Oh, mierda —oyó distantemente que Ned exclamaba. Se había inclinado sobre él para ver su teléfono. Ambos leyeron.

El amor: ¿más fuerte la segunda vez?

Bien dice el refrán que "donde hubo fuego, cenizas quedan". Algunas veces una pareja de famosos se separa solo para darse cuenta de que el amor no murió y de que merecen darse otra oportunidad.

¿Este será el caso?

Parece, según recientes fotografías, que así le sucede a Tony Stark y Pepper Pots, quienes se les ha visto caminando juntos por la Quinta Avenida, en compañía de su guardaespaldas, y permeando un ambiente de sanación y renacimiento.

No todo fue siempre color rosa para la pareja. Al poco tiempo de celebrar su boda (Click aquí para ver las imágenes) un terrible malentendido interrumpió la luna de miel y acabó por separarlos durante un largo mes. ¿El resultado? Los rumores dicen que han vuelto a sentir el llamado del amor.

Sin duda, podemos afirmar que el verdadero amor merece una segunda oportunidad, y de…

A Peter le habría resultado cómico que su teléfono sonara en aquel exacto momento, de no ser porque su sentido del humor se había evaporado.

Contestó al segundo timbre mientras se levantaba del sillón.

—Me alegra que hayan arreglado las cosas. Les deseo suerte.

—¡LA FOTO NO ES REAL!

Sostuvo el pulgar arriba del botón táctil que cortaba la llamada. Lentamente volvió a ponerse el teléfono en la oreja, pero no dijo nada.

—Peter, ¿estás ahí? ¿Peter? ¿Peter?

—Estoy aquí —oyó un suspiro—. ¿A qué te refieres con…?

—Mírala bien. Mi corte y peinado son diferentes, y lo más importante de todo: en la foto está soleado. No pudieron haberla tomado hoy porque el clima sigue siendo una desgracia de tromba.

Quizá la insoportable acidez burbujeando en el estómago no le dejó apreciar bien la foto ni tomar en cuenta esos detalles, admitió Peter para sus adentros, pero tampoco quería decir que la noticia fuera falsa. Y eso fue lo que dijo.

—Bien, usaron una foto antigua. No quiere decir que la noticia…

—Es completamente falsa. Al menos no de la forma en que la pintan en esas estúpidas notas rosas —Tony sonaba sin aliento, como si estuviera corriendo un largo circuito—. Pepper vino hoy, apareció en mi apartamento y… ¿sabes qué? Mejor te lo diré en persona. Ábreme la puerta.

—¿Qué? ¿Puerta? ¿Cómo…?

Acto seguido escuchó unos golpes rápidos en la puerta.

Ned estaba más cerca, por lo que deslizó el cerrojo y abrió.

Tony respiraba entrecortadamente. Aún tenía, al igual que Peter, el celular pegado en la oreja, y los dos al mismo tiempo se lo retiraron cuando se vieron.

Entró sin invitación y se puso delante de él. Iba vestido con ropa para trotar, ligeramente sudado de la frente y las axilas, pero todo ello se confundía con las gotas de lluvia.

—¿Cómo llegaste tan rápido aquí? —preguntó Ned.

—Estaba por el vecindario —contestó Tony sin dejar de mirar a Peter.

—¿Casualmente estabas por nuestro vecindario?

—Okey, okey, de acuerdo, vine de inmediato —espetó rompiendo contacto visual con Peter para ver a Ned—. ¿Contento? Las calles están relativamente despejadas por la lluvia, y JARVIS puede manejar como poseído cuando reduzco sus niveles de supervivencia.

—Ned, ¿podrías darnos algo de espacio? —pidió Peter.

Su amigo no sabía fulminar con la mirada, pero Peter intuyó que eso intentaba hacerle a Tony cuando caminó sin despegar la vista del hombre hasta llegar a su habitación.

Al dejarlos solos, se instaló un silencio pesado en la sala, repentinamente volviéndose fuerte para soportar. Peter tragó saliva.

—Entonces, um, ¿no has…?

—Peter —interrumpió Tony—. ¿Confías en mí? Por supuesto que no —añadió antes de que Peter siquiera contemplara la respuesta—, es decir, por qué habrías de confiar en mí, ¿verdad? Soy sólo un hombre que engaña a su esposa con un joven al que le triplico la edad. Puedes mandarme al carajo de una vez y para siempre, pero tienes que escucharme cuando digo que mis sentimientos por Pepper no han cambiado: aun quiero divorciarme de ella.

—¿Le has, le has, le has…? —Genial, parecía un disco rayado—. ¿Le has dicho que quieres, um, el, um, el divorcio?

Tony abrió la boca y luego la cerró. Poco después adoptó la expresión de alguien culpable y avergonzado. Cuando volvió a hablar, sonaba muy incómodo.

—Aún no. No he podido encontrar el momento —Algo en la cara de Peter le incitaba a excusarse—. Mira, no sé qué mosco le ha picado a Pepper. Un día me está gritando que me odia, al siguiente que me fuera al infierno. Otro día me pide, no, me exige, que no la llame ni la voltee a ver, en sus propias palabras, bajo ningún puñetero motivo. Y hoy en la mañana se presentó ante la puerta de mi casa rogándome perdón. Dijo que estaba equivocada, que lamentaba que su infame genio arruinara todo y…—dio un largo suspiro y luego se llevó los dedos al entrecejo, como si quisiera mantener a raya un dolor de cabeza—. Básicamente quiere sanar nuestro matrimonio. Como si pudiéramos ponerle un parche y esperar a que reduzca el sangrado. Oh, y ha estado visitando a un psicólogo… otra sorpresa.

—¿Qué tiene eso de raro? —preguntó Peter. Ir al psicólogo era bueno, ¿cierto? Él y May habían visitado uno justo después de que Ben falleciera. Realmente les ayudó, especialmente a May.

Tony sacudió la cabeza y meneó la mano.

—Nada. Olvídalo. Es solo que odio a los psicólogos. En fin. El punto es…

—Escucha, Tony —Decidió que había llegado el momento de plantarse—, yo nunca…yo nunca he estado casado…En realidad, nunca he tenido ninguna relación seria, así que no sé mucho sobre el compromiso. Pero lo que sí sé, es que estoy terriblemente arrepentido por haberme involucrado contigo cuando estabas con Pepper, no importa si en buenas o malas condiciones. Yo…no debí hacerlo. Debí hacer muchas cosas diferente —Debió haberse marchado al encontrarlo en el sofá, masturbándose. Debió haberle pedido a Tony que se marchara cuando irrumpió a su casa oliendo a alcohol. Debería haber encontrado la fortaleza moral para alejarse de un hombre casado—. Pero no lo hice —sentenció—. Merezco las consecuencias, y una de ellas es que no deberías darme explicaciones. Dáselas a Pepper. Si tú quieres volver con ella, no voy a culparte. Cuando algo te importa, haces que funcione.

—Pero no estoy seguro de que me importe —replicó Tony. Su rostro había variado durante el discurso de Peter; tristeza, profunda tristeza, y una repentina determinación—. No. Déjame reformular esa frase. Me importa mucho Pepper: es genial, es inteligente, es un poco esnob, intermitentemente celosa, y obsesiva para algunas cosas, pero en esencia es una gran persona. De las mejores que he tenido el fortunio de conocer en mi vida. Pero ella tiene un gran defecto; ella no es tú.

Peter sintió que algo en su interior se licuaba, se derretía, pero no tenía la intención de mostrarlo. Tony continuó.

—Y sí, como dije antes, pensé que la amaba. Y todo lo que hicimos fue mentirnos y tratar de controlarnos y resentirnos luego por haberlo hecho. ¿Cómo puedes estar seguro de amar a alguien y al mismo tiempo tolerar estar separado de ella? Si Pepper hubiera decidido fugarse con, no lo sé, algún pedazo de hombre con mucho músculo y poco seso, no creo que me hubiera quitado el sueño. Quiero que sea feliz, pero yo no puedo proveerle esa felicidad. Ni ella a mí.

El escaso aire que de repente los separaba estaba cargado de tensión de deseo y anhelo. La intensidad de esos sentimientos le robaba el aliento a Peter y hacía que se sintiera débil.

—Tú sí que me importas. Más de lo que juzgué conveniente —sentenció Tony—. No puedo creer todo el tiempo que me tomó averiguarlo. Estúpidos prejuicios. Han pasado dos días desde la última vez que nos vimos, y te echaba de menos. Cuanto más cerca estoy de ti, más me doy cuenta de que me haces falta.

Peter luchaba contra ese rayo de esperanza: si Tony lo quería lo suficiente, al menos un tercio de como él lo quería, tal vez lograrían sobrevivir al pasado. Y a lo que vendría.

Con un paso adelante, Tony recortó la distancia. Iba a besarlo. Pudo leerlo en sus ojos, oscuros y hambrientos, un tanto dolientes, pero completamente llenos de su calidez. Tony sabía besar de esa manera que no hacía nada más que dar un empujoncito a la puerta, abrir sólo una rendija. Y sería suficiente. Peter se volvería adicto. No habría marcha atrás por otro par de semanas, congeladas en vaivenes de caderas, charlas entre risas, besos suaves, besos lujuriosos, pasión desenfrenada. Comprendió que se vería enganchado en un círculo de adrenalina, placentera pero finalmente tóxica. Como suele ser la droga.

Peter dio un paso atrás, negando con la cabeza.

—No podemos —dijo—. ¿Recuerdas? No más de esto. Hasta que estés divorciado.

Tony puso la expresión de un niño al que le habían negado un caramelo especialmente bueno. Pero dijo:

—Tienes razón. De todas formas, tengo que volver. El detective super estrella me está esperando.

—¿Detective?

—Para lo de Obie —respondió, por increíble que pareciera, un poco más alegre—. Ese bastardo ha dejado huellas de extorsión en todas partes, queriendo escalar hacia arriba. Seguro que encuentro mierda. Y si no puedo atraparlo por medios legales, mi última opción es contratar a alguien de seguridad privada para que obtenga información…a la fuerza.

Se dio cuenta de que era exactamente lo mismo que MJ le había sugerido. Ambos daban miedo, pero Tony era un hombre experimentado y MJ una simple chica de su edad…no había competencia: MJ representaba un terror mayor.

—Podrías contratar a Wade —sugirió él de repente.

—¿Wade? —hizo la pregunta, pero Peter advirtió que recordaba perfectamente ese nombre por el disgusto cruzando su cara.

—Wade Wilson. El mercenario.

—Los mercenarios son asesinos, Peter.

—Sí, um, pero, bueno, ¿podrías pedirle que no mate a Obadiah? —No se le escapó que su ridícula pregunta era un poco alarmante.

—No creo que ese imbécil de pacotilla esté cualificado para realizar un trabajo tranquilo.

—Pero dijiste a la fuerza.

—Me refería a burlar contraseñas, hackear computadoras y, en dado caso, allanamiento.

—Oh…

—Y ahora que lo pienso, se me ocurren algunos nombres.

—¿Cómo cuáles? —dijo con la curiosidad empezando a picar.

—Si te los dijera, me desollarían vivo —Tony sonrió—. Pero se trata de algo sutil, un ambiente controlado para trabajar con extrema delicadeza. Tu exnovio es la definición de exactamente lo opuesto.

—Nunca fue mi novio.

—Más te vale —dijo en tono suave.

Apareció un relámpago y la cortina de lluvia que se formaba detrás de la ventana, sobre la calle.

—Dicen que pronto amainará la tormenta —anunció Tony.

—Eso espero —dijo Peter en el mismo tono suave.

Tony lo miró. Tenía esa mirada de querer besarlo. Un apremio que Peter conocía muy bien.

—Será mejor que te vayas —retrocedió para evitar más complicaciones.

—Sí. Y nuestro acuerdo se reanuda —suspiró con aspereza, mientras se daba la vuelta y salía por la puerta.

Antes de cerrar lo miró una vez más.

En aquel exacto momento, Ned salió de su dormitorio.

—Viejo, ¿por qué no me recomendaste para el trabajo? —protestó.

—¿Estabas escuchando?

—Pues claro. Ustedes nunca han sido muy discretos que digamos. Y las paredes son demasiado finas; ¿por qué crees que me compré esos tapones para los oídos?

Peter sonrió apologéticamente.

—Lamento no haberte recomendado. No se me ocurrió.

—Ahora es muy tarde —exhaló—. Ustedes no se van a hablar, y yo quería presumirle a Betty que Tony Stark me contrató para salvar su relación con mi mejor amigo.

Cinco minutos después, cuando Peter se sentó a jugar playstation, MJ le envió otro mensaje.

MJ

Creo que la foto no es de hoy y el artículo parece muy engañoso. Disculpa si te alteré.

Bueno, ya no importaba. Peter le envió un mensaje de vuelta, para calmar su consciencia y para pedirle que le avisara cuando regresara a la ciudad. Tenía muchas cosas que decirle, pero, esta vez, Peter quería escucharla a ella primero. Quería escuchar a todos primero. No más Tonylandia.

Al atardecer, la lluvia había remitido un poco. Por primera vez, desde hacía días, Peter pensó que podría ver una puesta de sol. El cielo estaba despejado por el suroeste y los rayos se colaban a través de los árboles con deslumbrantes y cálidos tonos rojos.

Un comienzo para ellos, pensó. Para él. Borrón y cuenta nueva. Y, esa vez, sólo tenían que hacerlo bien.


Pero la lluvia no se detuvo.

Una repentina ráfaga de viento frío azotó Nueva York. Hacia el sur, el cielo aparecía oscuro y rasgado por algunos relámpagos, y los truenos estallaban como bombas.

Peter recibió la llamada de Tony, exactamente tres días, catorce horas después de su último encuentro.

—Ven a la mansión. Tenemos que hablar.

Decir que no sonaba contento era quedarse corto.