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Sakura, veía a los enormes y temibles alienígenas, que la rodeaban. Sus muñecas le dolían, pero ignoró el dolor que le provocaban al intentar soltarse de las esposas que la sujetaban. Cuando uno de los alienígenas se abalanzó, tratando de agarrarla, ella gritó de rabia, y giró la pierna derecha para patearlo. Le dio al hijo de puta en el muslo. Él gruñó, y su enorme mano se frotaba donde ella lo golpeó.
— Suficiente,—gruñó uno de ellos.—Deja de pelear.
— Vete al infierno,—ella jadeó.
El del pelo negro, al que pateo gruño una vez más, se dio la vuelta para enfrentar al pelo plateado alienígena al que Sakura hacia totalmente responsable de su situación.
— ¿Llamas a esto sumisa? Dijiste que las hembras humanas eran dóciles, pero ella pelea.
Hidan, le gruñó a Sakura. Sus dientes eran amarillentos y afilados, y sus ojos oscuros se veían furiosos, mientras la veía.
— Estás haciendo que sea difícil venderte.
— No tienes ni idea de a quién diablos estás jodiendo, —ella le grito.
Estaba aterrorizada, adolorida, y cansada, pero no iba a dejar de luchar hasta que o bien la mataran, o lograra liberarse.
— Soy una persona, idiota. No una propiedad para ser vendida a algún imbécil, para ser su juguete sexual.
Hidan, era un alienígena de dos metros dos, con un largo y desaliñado cabello plateada. Hace cinco días, Sakura conducía a casa desde su trabajo a las 2:20 de la mañana, cuando algo había golpeado el neumático delantero del pasajero y se detuvo. Salió de su coche para después colocarse a un lado de la orilla de la carretera, para revisar el daño, tenía su teléfono celular en la mano para llamar a una grúa, pero al siguiente instante el estaba ahí, el imbécil alienígena la agarro sacándola inmediatamente de la carretera y le puso algo en su boca. Percibió un horrible olor mientras ella pataleaba y luchaba hasta que todo se obscureció durante unos largos segundos.
Cuando despertó, se encontró encerrada en una jaula con otras cinco mujeres humanas, que contaban la misma historia. Habían estado conduciendo a lo largo de un tramo solitario del camino, golpearon algo con el neumático, y después fueron secuestradas por alienígenas, dejándolas inconscientes con el olor de alguna droga, sólo para despertar en el infierno.
Sakura, fue secuestrada por los mismos tres idiotas alienígenas quienes la estaban vendiendo a ella, y a las otras mujeres como esclavas sexuales en algún lejano planeta. Había visto como las otras cinco mujeres se derrumbaban por completo, cuando Hidan se presento ante ellas, explicándoles porque las habían secuestrado, y lo que tenía planeado para ellas. Sakura no había llorado, claro estaba aterrorizada, pero sobre todo, estaba muy enojada.
Hacia horas que aterrizaron en un planeta de color rojo para ser subastadas, Sakura vio con horror como las otras mujeres eran vendidas a enormes hombres de cabello largo que parecían del tipo de todo musculo y nada de cerebro, aquéllas mujeres lloraban y gritaba mientras eran examinadas y vendidas, una por una.
No Sakura, estaba lo suficientemente segura de que esa era la razón por la que Hidan y sus hombres, esperaron hasta el final para venderla, porque sabían que era una luchadora, casi logro escaparse dos veces, cuando sus captores le llevaron comida a su jaula dentro de la nave que los llevo al planeta alienígena. Sakura le fracturo la nariz a un hombre, y probablemente golpeo en las bolas a otro, de lo único que se arrepentía era que aun no tenía la oportunidad de golpear a Hidan. El estaba al mando y fue quien descaradamente le dijo que personalmente la había escogido para llevársela de la Tierra. En cuanto tuviera la oportunidad iba a destruir a ese fenómeno.
El mismísimo diablo le gruño nuevamente, —debes de ser obediente. —Le ordeno. —O aceptare mucho menos dinero con tal de deshacerme de ti.
— Me da igual, me importa un bledo si sacas provecho de la esclavitud. Espero hacerte perder dinero, idiota.
Sus ojos negros, ardían con rabia.—Perfecto.—Giró la cabeza para echar un vistazo a los seis hombres en la habitación.—Aceptare cuarenta obbus, de cada uno por montar a la hembra alienígena.
El alienígena, a quien había pateado gruñó, parecía enojado.—Ella podría no sobrevivir, no dije que no la compraría. Solamente me opuse a tu falsa afirmación, de que era dócil.
Sakura dejó de forcejear, su corazón palpitaba con fuerza, ella era pelirosa, pero nunca había sido estúpida, podía imaginarse qué significaba montar. El terror la impacto con fuerza, se dio cuenta de que el hijo de perra la estaba ofreciendo para prostituirla por cuarenta, quién sabe qué demonios era un obbus, a los seis tipos. Su mirada se dirigió hacia los enormes hombres idiotas de la habitación, vio la lujuria en sus miradas desconfiadas. Eran unos enormes y musculosos bastardos alienígenas de unas doscientas cincuenta libras y probablemente de casi seis pies y medio de alto.
— Entonces, acepta el trato,—exigió Hidan.—Dame los 500 obbus por ella, o la venderé en la habitación. Quiero librarme de ella, y no me importa si sobrevive, pone a prueba mi control.
El alienígena al que había pateado, inclinó su cabeza, sus oscuros ojos la miraron fijamente, durante unos largos segundos, después fue bajando viéndola con atención, vagando por todo su cuerpo desnudo. Hidan, y sus dos estúpidos compañeros de tripulación le habían arrancado la ropa, dejándola en un sujetador push-up y sus pequeñas bragas a la cadera, dejando un poco, o nada a la imaginación. Su atención regreso a su rostro.
— Muéstrame que vales el precio que piden por ti, arrodíllate y hazme una mamada.
¿Esta bromeando?Sus ojos verdes se entrecerraron.—Por supuesto. Ven aquí, semental.
Frunció el ceño, pero se acercó más, acariciándose la parte de enfrente de sus pantalones. Tan pronto como estuvo al alcance de sus manos, enredo las cadenas que la sujetaban al suelo, y se puso de pie. Ella se preparó, sabiendo que las cadenas la impedirían que la lanzaran hacia atrás, ya que solamente tenía unos treinta centímetros para moverse. Su cuerpo se tensó, antes de que le diera una patada con todas sus fuerzas.
Los ojos del alienígena, se abrieron al instante, pero sus reflejos no eran más rápidos que su pierna. Su talón descubierto hizo contacto con su entrepierna.
Dio un rugido como si fuera un león, un sonido fuerte y animal. Retrocedió agarrándose la parte delantera de su pantalón para caer sobre sus rodillas, inclinándose para envolverse como si fuera una pelota. Ella no iba a permitirles hacerle esto. Haría que esos idiotas la mataran, antes de someterse a tocar a alguno de ellos. Si él podía rugir, ella también podía. Jadeando, Sakura gritó de terror y rabia, sin detenerse.
Las puertas traseras de repente se abrieron, para permitir la entrada a más de esos enormes alienígenas. Sakura se asusto, mientras desaparecía toda esperanza de escapar, al ver como por lo menos veinte alienígenas más habían llegado para pujar por ella. Todos los recién llegados llevaban el mismo uniforme, todos en cuero negro, el tipo de ropa para motoristas que patean culos .Sabía que uno de estos alienígenas iba a comprarla, arrastrarla hasta su casa, y hacerle daño.
Hidan les gritó.—No fueron invitados aquí.
Los hombres vestidos con uniforme negro, miraron a su alrededor con tanta hostilidad como podían, con sus párpados entrecerrados, y exponiendo sus afilados dientes en un gruñido silencioso. El movimiento del grupo, llamó la atención de Sakura al ver a los hombres separarse para ver una cabeza más alta, de pelo negro, que avanzó y entonces dio un paso al frente, entre dos de los hombres.
Ella lo miró fijamente, no pudo evitarlo. El tipo era diferente de Hidan, y sus dos compañeros de tripulación con sus orejas redondeadas, los ojos realmente hermosos eran de un negro eléctrico impresionante, y su piel bronceada se veía más dorada que la de los hombres que estaban juntos a él. Los músculos se abultaban bajo su camisa, sus amplios hombros y el pecho enorme, haciendo que su cadera baja y el área de los muslos parecieran sólo un poco más pequeños, ya que él era grande por todas partes.
— Intrusos Akatsuki, ¿Cómo se atrevieron a venir a Zorn? —Gruñó,—¿Creían que no sería informado de que su nave aterrizó en la superficie?—La mirada furiosa del grandulón, se dirigió a Sakura.
No había ninguna duda de que la sorpresa agrandó sus ojos, la forma en que sus cejas negras se levantaron, y el profundo gruñido que salió de su garganta, evidentemente, no sólo sorprendido por su presencia, sino que pareció súper furioso en cuestión de segundos. Su mirada se apartó de ella, para centrarse en Hidan.
— ¿Tienes a una humana?
Sakura, vio el miedo en los rasgos de Hidan. En realidad, parecía un poco pálido y agonizante. Eso era decir mucho, ya que todos los hombres parecían naturalmente bronceados. No había visto a un alienígena de piel pálida, todavía. Su captor tragó fuerte, mientras daba un paso atrás.
— Ella no es una mujer Zorn, por lo que no tienen autoridad para intervenir. He venido aquí para intercambiar mis posesiones con sus guerreros, y las hembras humanas tienen mucha demanda. —Hidan miró al grandulón de ojos negros, era obvio que le temía.—Tengo un permiso de vendedor, a menos que usted desee hacer una oferta por ella, váyase.
La furia brilló en los ojos negros del alienígena vestido de cuero.—¿Te atreves a hablarme de las leyes de mi propio planeta?
— Incluso Uchiha Sasuke debe seguir la ley.—Hidan parecía nervioso, mientras hablaba.
— La trata de esclavos está en contra de mi ley.
— Va en contra de la ley vender mujeres Zorn, o Akatsuki, pero no hay ninguna ley sobre los seres humanos.
El enorme alienígena sonrió lentamente. Era una expresión fría y dura en sus labios, que no llegó a su mirada. Sakura decidió, que en realidad, era una expresión que ponía los pelos de punta.
— Yo hago las leyes, de modo que escucha con atención mis palabras. Para tu información, decreto una nueva ley, es una violación vender mujeres humanas a partir de este momento.
— No puedes hacer eso, Uchiha, —gruñó Hidan.
— Acabo de hacerlo.—Uchiha Sasuke, se volvió hacia los hombres de uniforme.—Lleven a todos ellos ante un juez, los Akatsuki por la venta de mujeres, y los Zorn presentes por el comercio ilegal.
Todo el infierno se desató un instante después, mientras Hidan giró y corrió hacia la parte de atrás de la sala, para escapar. Los alienígenas que no vestían trajes de cuero, trataron de luchar para abrirse camino a través de los uniformados. Los dos compañeros de Hidan, fueron los únicos hombres en la sala que no se resistieron, ya que pusieron sus manos en sus cabezas, permanecieron allí, y se dejaron caer de rodillas sumisamente. La lucha estalló y, de repente, el gigante llamado Uchiha Sasuke, apareció a la derecha de Sakura. Ella lo miró fijamente, mientras él se acercaba, deteniéndose justo fuera del alcance de su cadena, de pie, el ceño seguía firmemente fruncido sobre su cara.
— Estás a salvo. Te doy mi palabra de que no sufrirás ningún daño, humana. Yo soy…
— ¡Cuidado! detrás de ti,—le gritó Sakura, al ver que Hidan venia corriendo desde la parte posterior, por donde había tratado de escapar. Había agarrado un cuchillo del bolsillo de su pantalón, sujetándolo, mientras se dirigía directamente hacia el alienígena de brillantes ojos negros, que estaba de espaldas.
Uchiha Sasuke se giró justo a tiempo, para evitar el cuchillo de Hidan. Un feroz gruñido resonó por toda la sala, sobre los otros sonidos de lucha. Para ser un hombre enorme, el alienígena vestido de cuero, pudo moverse rápido. Esquivo el cuchillo que Hidan trató de clavarlo en su pecho. La mano de Uchiha Sasuke se movió más rápido, lanzando un duro golpe. Su puño se estrelló contra la garganta de Hidan, haciéndolo volar hacia atrás, hasta caer al suelo tendido sobre su espalda, a unos buenos seis metros de distancia.
Sakura, escuchó un sonido horrible proveniente del alienígena caído. Cuando Hidan se agarró la garganta, su cuerpo empezó a convulsionar, y dar sacudidas. Dos hombres uniformados, caminaron lentamente hasta quedar de pie junto a él, mirando hacia abajo, y con el ceño fruncido, mientras observaban en silencio. Uno de ellos giró la cabeza, sus brillantes ojos casi resplandecieron, mientras miraba tranquilamente al alienígena que había derribado a Hidan al suelo.
— Le aplastó la garganta, Uchiha Sasuke. ¿Puedo acabar con esto? Está sufriendo.
Uchiha Sasuke negó con la cabeza, dando la espalda al hombre moribundo.—Déjalo sufrir por su falta de honor.—Los brillantes ojos negros, miraban fijamente a Sakura. Él se interpuso entre ella y Hidan, quien ahora estaba literalmente rodando por el suelo, pateando con las piernas, mientras luchaba por conseguir el aire que nunca llegaría.—Selló su destino, cuando llegó a nuestro planeta con esclavos.
Sakura, se sobresaltó. Hidan se estaba muriendo en el suelo, pero nadie lo estaba ayudando, dándose cuenta de que simplemente iban a dejarlo morir. El enorme alienígena, que estaba de pie delante de ella, le aplasto la garganta, y ahora la estaba mirando. Su atención, se centró en él. ¿Aplastará mi garganta también?
Lentamente dio un paso hacia delante, titubeando. Él parpadeó un par de veces, mirándola en silencio, haciendo que se fijara en sus negras y largas pestañas. Movió lentamente las manos hacia su cintura. Sorprendida, Sakura vio como el alienígena agarro su camisa y de un tirón la abrió, mostrando un enorme pecho musculoso. Vio las rígidas líneas de cada músculo, ondeando desde las costillas hasta la cintura de sus pantalones. Sus brazos estaban muy ejercitados, haciendo que sus bíceps parecieran simplemente enormes, cuando se quito la tela de sus brazos. Parecía que se tratara de un fisicoculturista con esteroides, sin las desagradables líneas en las venas que tienen la mayoría de ellos.
Él sostuvo su camisa en una mano, su mirada asombrosamente brillante, fija en ella.
— Estás a salvo.—Dejó caer la camisa por encima de su hombro, y para su sorpresa, se arrodilló ante ella, acercándose más. —Te doy la libertad, y puedes usar mi camisa. Te llevaré a un lugar seguro, donde no serás vendida como esclava.
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