¡Hola a todos!
Hola de nuevo, chicos. Bueno, no me enrollo y respondo ya las reviews. Lamento si no he respondido las otras, pero estoy en semana de parciales y apenas tengo un tiempo para ponerme a escribir. De veras lo siento.
RFederer: ¡Adivinaste, era Rotom!
Coff coff…
Pobre Hau, por cierto… Veo que ya todos son conscientes de lo que le deparará… Al menos a mí me pone un poco triste.
Esa duda la responderé con el tiempo. Hacerlo ahora sería un spoiler muy grande jeje.
Por cierto, no te preocupes por sonar redundante. Una review larga nunca me molesta.
NesRedTrebol: ¡Alola! Bueno leerte de nuevo. Creo que la violencia es algo necesario para hacer más realista e impactante la historia, claro que sin llegar a extremos como para ser categorizado en la M.
Bueno, si bien todas las compañeras de Ash son algo más que simples amigas, no creo que lleguen a algo como interés amoroso. Se llevan muy bien pero al menos en mi historia, no todas terminaron sintiendo algo como Serena. Eso se puede ver en la llamada que tuvieron Ash, Dawn y Brock. Seguramente Ash vs Kukui si sea la mejor pelea del anime, quiero decir, es asombrosa…
Pokémon volvió a engancharme gracias a Sol y Luna así que sin duda veré la nueva temporada.
¡En fin! Pasen a leer, chicos.
—Ya es tiempo.
La noche estaba en toda su plenitud y en el cielo se encontraban cuatro figuras.
Mariposa sagrada, Tapu Lele, espíritu guardián de Akala.
Toro sagrado, Tapu Bulu, espíritu guardián de Ula-Ula.
Cacareo sagrado, Tapu Koko, espíritu guardián de Melemele.
Y por último, una figura humanoide negra de cuerpo parecido al de una mujer, alto y esbelto. En la parte baja tenía una especie de aleta celeste. Por su cabeza, caía lo que parecía ser pelo, era largo y del mismo color que la aleta.
Se encontraba parada sobre una especie de almeja morada con triángulos blancos que se completaban cuando la almeja se cerraba. En la cima de dicha coraza había otra aleta sólo que poseía una cubierta morada que lucía muy dura y en la punta, se encontraba un largo pincho.
Aleta sagrada, Tapu Fini, espíritu guardián de Poni.
Estaban reunidos todos los guardianes de Alola. El foco de atención caía en Tapu Fini totalmente.
—No entiendo que dices, pero si tú lo dices entonces es así— dijo Tapu Lele, totalmente despreocupada.
—Ponte seria, Lele. Esto involucra a nuestros señores— Tapu Bulu la regañó, plantándose firme.
La mariposa rio.
—Te estamos escuchando, Tapu Fini— aseguró Tapu Koko, viéndola fijamente.
Aleta asintió.
—Por siglos estuve tratando de encontrar la predicción adecuada. Aquella que nos indicaría como hacer volver a nuestros creadores, a ellos que nos dieron la vida— todos la escuchaban atentamente (Tapu Lele un poco menos)—. Hablo ni más ni menos que de los señores Solgaleo y Lunala.
Todos asintieron. Llevaban casi mil años esperando su regreso.
—Nunca logré predecir nada para mi frustración y temor pero hace unos días lo logré— contó. Ninguno lucía particularmente sorprendido—. Dentro de cinco días, nacerá una niña, una de las futuras Representantes de Tapu Lele, hermana menor de mi futuro Representante y destinado encuentro del de Tapu Koko.
Bulu se cruzó de brazos.
—¿Qué tiene que ver ella con nuestros creadores?— interrogó.
—Es simple. Será gracias a ella que uno de nuestros señores volverá— esa revelación pareció sorprender más a todos—. Ella lo salvará de las garras de su propia familia, arriesgando en el proceso su integridad y lo criará por un tiempo. Luego, en el aniversario número diecisiete de su nacimiento y tras la intervención de todos nuestros Representantes, el primer gran paso se dará. Tendremos garantizado el regreso de nuestro señor.
Todos se mantuvieron serios, incluida Tapu Lele.
—Esa humana…— murmuró Koko— ¿Debemos influir con lo que ella haga?
Fini negó.
—Debemos dejarla ser. No hay probabilidad de fallo en esta predicción. Confía en los dotes que nuestros señores nos dieron— le pidió, manteniéndose firme con respecto a lo que había dicho.
Tapu Koko asintió. Le creía.
—Ey, ey, Fini— llamó Tapu Lele—. ¿El regreso de nuestros señores no asegura el regreso del Refulgente?
Todos la voltearon a ver.
—No lo sé. No logro ver absolutamente nada en el futuro de ese ser oscuro y malévolo— respondió la guardiana de Poni.
Tapu Bulu lucía pensativo y no dudó en expresar su duda.
—Mencionaste a tu Representante, al de Koko y a la de Lele, la niña de la profecía— empezó a decir— ¿Qué hay del mío? Dijiste que todos nuestros Representantes intervendrían.
—Yo también tengo dudas ¡Dinos como serán ellos! ¿¡Por qué elegí a la niña de la profecía?! ¡Dime, dime!— pidió Tapu Lele, ansiosa.
Fini volteó a ver a Koko, quien le asintió. Estaba bien que lo dijera.
Los ojos de la deidad de Poni se cerraron y sus brazos se elevaron. De su coraza comenzó a salir una espesa niebla que rodeó por completo a los Tapus.
Mientras que Bulu y Koko se mantenían serios, Lele aplaudía como una niña pequeña hasta que finalmente las imágenes comenzaron a aparecer.
—Nacido el 22 de Mayo de 1996 según el calendario humano, está Ash Ketchum del llamado pueblo Paleta, en las lejanas tierras de Kanto— por algún motivo desconocido, Tapu Koko sintió que lo conocía—. Futuro Representante de Tapu Koko. Un chico con potencial de batalla extraordinario, destacado a pesar de su corta edad y sobresaliente en los ámbitos físicos. Amable y de gran corazón, capaz de ayudar al necesitado en cualquier momento.
El guardián de Melemele vio fijamente al chico. En las imágenes, se veía con un Pikachu, combatiendo todo tipo de peligros y sobrepasando constantemente sus límites. Vio una imagen en especial, se trataba de él junto con el chico, ambos realizando unos pasos que Tapu Koko reconocía. Asintió para sí mismo. Lo aprobaba.
—Por nacer el 6 de Abril de 1997, Representante de Tapu Bulu y nieto del Kahuna de Tapu Koko, está Hau Mahalo— los dos Tapus mencionados voltearon a verse, levemente sorprendidos—. Un caso extremadamente raro por no decir único en la historia de Alola. Será alguien despreocupado y que hace las cosas a su ritmo pero con un gran sentido de la justicia cuyo corazón rechazará por completo a los malhechores y evita el daño innecesario. Un espíritu pacífico y sereno ante la adversidad.
Tapu Bulu estaba serio, viendo las nuevas imágenes que ahora pasaban. Era un chico sumamente alegre y lleno de vida. Hubo un momento donde su vida se tornó gris pero luego de eso logró recuperarse. El toro se mantuvo firme y lo decidió. Lo aprobaba.
—Dentro de cinco días, el 18 de Noviembre de 1996, nacerá Lillie Aether, la niña de la profecía— contó. Tapu Lele se veía emocionada—. De corazón pacífico y bondadoso que repudia por completo la violencia pero inteligente a la hora de combatir por lo que ama y en la cotidianidad del tiempo. Alguien que iniciará con una vida dura pero que, tras conocer a las personas indicadas, le dará la luz de nuevo a Alola.
Las imágenes pasaban. El inicio de la vida de la niña era bueno pero después se tornaba oscuro y se quedó así por la mayor parte del tiempo hasta que al final, un gran rayo de alegría apareció en la forma de dos personas adultas. Tapu Lele ni siquiera dudó. Ella la aprobaba.
—Por último está el mío. Nacido el 18 de Noviembre de 1994, es Gladio Aether, hermano mayor de Lillie Aether y nuestro principal puente entre todos los futuros Representantes— anunció, mostrando más imágenes—. Soy incapaz de acceder a la ruta que me dirá el propósito de Gladio Aether, pero sin duda veo que su futuro estará lleno de sangre y odio. Comenzará como un niño que ve la vida con ojos de ilusión y esperanza pero terminará como alguien dañado por la misma que buscará la fuerza por cualquier medio. Alguien desinteresado por los humanos que no llaman su atención; impasible, calculador y fiero a la hora de combatir pero que posee una única y gran debilidad: Su hermana menor. Sería capaz de quitarse la vida por ella o sacrificar cualquier otra cosa en pos de su bien.
Las imágenes volvieron a correr. Gladio Aether tenía un futuro oscuro sin lugar a duda pero Tapu Fini no dudaba. Sus predicciones eran un don regalado por sus señores y desconfiar de ellas debía considerarse como pecado. Ella lo aprobaba.
—Serán estos cuatro jóvenes los que garantizarán el regreso de nuestros señores y por ende, los que combatirán a nuestro lado cuando una catástrofe se aproxime independientemente de cuál sea ésta— dijo finalmente—. Cumplirán con el verdadero deber del Representante.
Los cuatro Tapus se vieron entre sí y se alejaron.
Todos esperaban. Sólo serían 17 años y cinco días.
17 años y tres días después, Ash despertó sólo para darse cuenta de que todos los demás seguían dormidos.
Con delicadeza, salió del saco de dormir y lo comenzó a enrollar. Se habían instalado en el terreno que se encontraba a un lado del puente de madera, el cual estaba hecho de tierra blanda por la cual definitivamente Tauros no podría pasar.
Se sentó en el puente, viendo fijamente la carpa. Acerola, Pikachu y Rotom estaban ahí adentro, durmiendo.
Vio al cielo cubierto por la niebla y suspiró. Llevaba semanas siendo el último en dormir pero el primero en despertar, apenas amanecía.
Cerró los ojos, repitiendo la rutina del día. Se mentalizaba para no dejarse afectar por todo lo que pasaría y se repetía a sí mismo que sería fuerte.
Que el futuro que le fue mostrado aquella vez no ocurriría.
Escuchó un pequeño sonido e interrumpió su ejercicio.
A su lado estaba Mimikins, viéndolo fijamente.
—Ey, amiga— murmuró el entrenador, sonriéndole— ¿Dormiste bien?
La fantasma le respondió.
—Supongo que no puedes, ¿verdad?...— rio de forma nerviosa para después quedarse en silencio.
Muerte. Lo veía como algo lejano pero no se daba cuenta de lo cerca que estaba de ella; Mimikins era la prueba de eso, incluso el niño del Absol lo era.
Volteó a ver de reojo a la Mimikyu.
—¿Cómo es?...— preguntó, volviendo la vista al frente— Morir quiero decir… ¿Duele mucho?... ¿Cómo es dejar de tener un cuerpo?...
No hubo respuesta y ahí Ash se dio cuenta de lo que estaba diciendo.
—Lo siento muchísimo, Mimikins…— dijo, algo desanimado— No sé muy bien lo que digo o hago en este punto del día…
La tipo Hada lo entendía. Había escuchado lo dicho por Nanu a Acerola, sobre la profecía del fin del mundo.
Y entendía a Ash. El temor y la incertidumbre a la muerte era algo natural en cualquier especie, fuera inteligente o no. La supervivencia era un instinto con el que cada ser nacía y del que no podía deshacerse. El entrenador en particular, era muy joven. Era normal que no quisiera morir.
Comenzó a hablarle, logrando que Ketchum le pusiera atención.
El azabache escuchó atentamente todo lo que le decían y para cuando Mimikins terminó, él sonrió levemente.
—Ya veo…— murmuró— Dicho así, no es tan malo, ¿eh?...
Pero Mimikins sabía que él mentía. Su rostro que mostraba una sonrisa en realidad ocultaba temor, dudas y preocupación.
Él quería hacer cosas en vida, cosas que no podría hacer nunca en el otro mundo. Vio como cerraba los ojos y de nuevo, se quedaron en silencio.
Los minutos pasaron y Ash solamente pronunció una palabra cuando Acerola salió de la tienda de acampar con Pikachu en el hombro.
—¡Buenos días, Ash!— exclamó la chica, totalmente fresca. No parecía haber despertado luego de 8 horas de sueño.
—¡Hola, Acerola!— saludó el muchacho con su habitual energía, separándose del puente.
Pikachu saltó al hombro de su entrenador.
—¿Dormiste bien?— preguntó Tapu, recibiendo un asentimiento.
—¡Como un bebé!— aseguró— ¿Me ayudas a desarmar la carpa?— pidió.
—Eso ni se pregunta— Acerola rio y se puso manos a la obra.
—¡Ey, Rotom, sal de ahí dormilón, ya nos vamos!— avisó el entrenador, asomándose unos instantes al interior de la tienda.
—Voy. Estaba ordenando unos archivos-Roto— contó.
Con energía, comenzaron a guardar todo.
Mimikins veía a la distancia, silencioso pero pensativo.
Ash Ketchum no era como todos creían.
No era un chico alegre, fuerte y algo tonto que no le temía a nada, tampoco un ser omnipotente carente de complicaciones en su vida.
Era, a fin de cuentas, un chico.
Y él tenía miedo como cualquier persona normal.
De cierta forma, Mimikins lucía halagado por descubrir la otra cara de la moneda, pero por otra, deseó no haberla visto. Una vez que descubres el verdadero ser de una persona, no vuelves a verla con los mismos ojos.
Para cuando finalmente salieron de los Jardines de Ula-Ula, ya eran cerca de las diez de la mañana y la espesa niebla había sido dejada atrás.
Ash vio lo que estaban pasando y sintió algo de lástima. Era un lugar muy interesante al que le hubiera gustado dedicar tiempo, así como explorar pero tenían mucha prisa.
Acerola sacó a su Gengar y Ash llamó a Tauros tras descolgarse la mochila. Ambos entrenadores subieron a sus respectivas monturas y sin tardar un solo segundo, salieron disparados.
La Ruta 17 era larga. Muy larga según Rotom. Tardarían cerca de tres horas en llegar a la mitad de ella incluso si iban a lomos de un Pokémon tan rápido como Tauros por lo cual debían apurarse.
—¿¡Pararemos en casa de tu papá?!— preguntó Ash en un grito. El viento mitigaba el sonido.
—¡Unos momentos solamente!— respondió Acerola, entrecerrando los ojos para que no le ardieran.
—¡Okeeey!
—¡Okeeey!
—¿Por qué alargar el "Okey"?-Roto…— se preguntó.
—¿¡Pikaaa?!— preguntó, acercando su oreja a la Pokédex.
—¡Tú si puedes escucharme, estamos en el mismo Pokémon!-Roto
El roedor rio. Era divertido ver como reaccionaba el metódico Rotom.
La cabeza le dolía y su cuerpo se sentía cansado por no decir que exhausto.
Brazos, piernas, espalda y torso, todo le ardía.
Separó los párpados lentamente, los cuales sentía, estaban unidos con pegamento industrial. Cuando lo logró, se vio a sí mismo rodeado de Pokémon. Se enderezó, sintiendo el tacto de un colchón.
Lo veían con inmensa felicidad un Torracat, su Meowth de Alola, un Crabrawler y Araquanid. También estaban un Dartrix, Grimer de Alola, Charjabug y Mareanie.
Y sobre todo, estaba su hermana.
La mirada de Selene desprendía un brillo e ilusión increíbles los cuales hicieron retroceder levemente a Elio.
—¡Hermano!— exclamó de inmediato, arrojándose hacia el mayor con un abrazo.
—¡AUCH!— gritó, adolorido, logrando que su hermana lo soltara de inmediato.
—¡Lo siento mucho! ¿¡Te lastimé?!— preguntó, viéndolo preocupada.
—Un poco, pero estoy bien. Ten más cuidado a la otra— pidió, sobándose el cuerpo lleno de vendas.
Selene asintió.
—¿Cómo te encuentras?... ¿Recuerdas lo que pasó anoche?...— interrogó, expectante.
Elio se llevó una mano a la cabeza y trató de recordar.
Él y Selene estaban a punto de entrar al Túnel del Volcán cuando de pronto una cosa rara parecida a un payaso se les acercó lentamente, haciendo unos movimientos en extremo raros. Elio se le acercó para ver que le pasaba pero cuando lo hizo, la cabeza de ese ser comenzó a brillar con intensidad.
Por puros reflejos, el chico Asutoro se hizo para atrás y de pronto, la cabeza explotó. El impacto tuvo el suficiente rango y potencia como para hacerlo sangrar y quemarlo levemente por todo el cuerpo.
Luego recordó que corrían a toda velocidad, un sonido de salpicadura y luego… nada.
Selene sonrió.
—Es bueno que al menos recuerdes a esa cosa. No cometeremos los mismos errores si nos la volvemos a encontrar— aseguró.
—De todas formas, ¿qué rayos era eso?... Nunca en mi vida había oído hablar de ella o siquiera visto en las repeticiones de las batallas del jefe— recordó, sintiéndose confundido.
—Yo tampoco recue…— una ligera cabeceada interrumpió a Selene, quien de inmediato se recuperó— Lamento eso. Como decía, yo tampoco recue…
—No, no, no, no…— Elio interfirió— Mírate, estás demolida— señaló las grandes ojeras que la chica tenía bajo los ojos—. Apuesto a que fuiste tú quien me trajo hasta aquí, ¿verdad?
La chica asintió.
—Araquanid y el resto de nuestros Pokémon ayudaron mucho, pero…
—Como sea— Elio se hizo hacia un lado—. Ven, tienes que descansar— con una mano palmeó una parte de la cama.
Selene vio eso con la boca entreabierta.
—Creí que dijiste que ya estábamos grandes para eso— le recordó, algo sorprendida.
Elio se sonrojó levemente y cerró los ojos.
—Apúrate o me voy a arrepentir— le dijo.
Ante la advertencia, Selene se quitó los zapatos, el gorro y el bolso. Subió a la cama y se tapó con la misma cobija que su hermano.
—Al fin…— murmuró la menor.
—Por cierto, Selene— llamó Elio, viendo las prendas que llevaba puestas (un pijama blanco)— ¿Y mi ropa?
Torracat, Meowth y Araquanid se la acercaron. Su gorra estaba quemada (al igual que su camisa por la parte trasera) y partida a la mitad. Sólo había una de dos deportivas y lo único en buen estado era su pantalón.
El azabache suspiró.
—Tendré que comprar más ropa y la tienda más cercana está en la Avenida Royale…— murmuró, fastidiado— ¿Crees que me la puedas coser, Sele…?
Pero ella ya no podía oírlo.
Elio sonrió al ver la cara de su hermana, quien dormía plácidamente.
Con cuidado se acomodó y le acarició la cabeza.
—A pesar de ser el mayor te dejé la responsabilidad de cuidarme… Lo siento mucho por eso…— le susurró, viéndola enternecido— Siempre cuidas mi espalda de forma fiel y sabes que siempre cuidaré la tuya. Gracias por todo, Selene. Te amo.
Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de la adolescente y una pequeña lágrima se asomó por su ojo.
—Herma…no…— murmuró entre sueños.
Los Pokémon vieron como sus entrenadores se quedaban finalmente dormidos.
—Vamos, chicuelo, vamos. Así nunca lograrás que te obedezca.
En medio del gran Desierto de Haina, Hapu aplaudía divertida.
Frente a ella, Gladio combatía contra el UE-06 Cohete usando a Lucario y Silvally y a su lado, estaban los miembros del Team Rocket.
—¿C-Cómo puede hablarle de esa manera?...— se preguntaron todos.
—Wo-Wobbu…
El pequeño cráneo del Ultraente se vio cubierto por un aura metálica con la que cargó en contra de Silvally, quien esquivó de un gran salto. En medio de su vuelo, se detuvo y usando sus enormes extremidades disparó un potente Bomba germen que tenía como objetivo a los dos Pokémon.
Lucario disparó múltiples Esferas aurales mientras que Silvally utilizaba Tajo aéreo de un simple movimiento de cabeza. Los ataques colisionaron, terminando en la victoria de Tajo aéreo con soporte de Esfera aural.
—¡Velocidad extrema!
Cubierto por un aura blanquecina, Lucario desapareció de la vista de todos, levantando un montón de arena. Cohete trataba desesperadamente de seguirlo con la vista y antes de que se diera cuenta, ya estaba frente a él.
Un poderoso golpe lo hizo retroceder levemente pero no era suficiente como para hacerlo bajar al suelo. Lucario entendió eso y se sujetó con fuerza.
Mientras que con una mano evitaba que el Ultraente lo mandara a volar, con la otra disparaba incontables Esferas aurales que impactaban de lleno.
Eso terminó resintiendo en Cohete quien se vio desesperado por quitárselo de encima por lo cual decidió volar a ras del suelo, cosa que Silvally aprovechó.
Un poderoso Cabeza de hierro lo hizo caer al tiempo que Lucario saltaba para evitar el golpe. El ser sabía lo que eso significaba. Ya no podría levantarse.
Lucario nada más caer utilizó Combate cercano, debilitando aún más al Ultraente.
—¡Suficiente!— gritó Aether, acercándose a los Pokémon. El tipo Lucha y el Normal lo vieron fijamente, poniéndose tras de él.
Cohete lucía derrotado y exhausto. Gladio se acuclilló para quedar a su altura.
—No lo ocultes. Quieres ser más fuerte— le dijo—. Yo puedo hacerte más poderoso. Sólo necesito que confíes en mí, que dejes de lado cualquier otra cosa y que te unas a mí familia. No has hecho nada malo, no mereces un trato así, odio hacer esto y bien lo sabes. Por favor, te lo ruego, evítanos tener que seguir así.
El rubio se reincorporó y extendió la mano. James sabía lo que eso significaba y corrió a llevarle la Ente Ball.
—Al final la decisión es tuya, pero no me rendiré contigo— advirtió, viéndolo con seriedad.
Cohete simplemente podía mirarlo mientras jadeaba y antes de que se diera cuenta, lo siguiente que vio fue un rayo de luz rojo y azul.
Gladio vio la Pokéball y suspiró, guardándola en su riñonera.
—Es terco, ¿verdad?...— preguntó James, viendo el lugar donde antes estaba el Ultraente.
—Su voluntad no se doblegará tan fácilmente pero su orgullo le impedirá huir sin haberme ganado al menos una vez— aseguró el joven, dando media vuelta—. Estuvieron muy bien. Estás mejorando mucho, Lucario.
Ambos Pokémon asintieron ante el halago.
—Si yo fuera esa cosa, me tragaría mi orgullo, intentaría abrir un Ultraumbral e irme ¿Quién se enfrenta a alguien sabiendo que le darán una paliza?— preguntó Jessie, negando con la cabeza.
—Lo hicimos por 6 años— contestó Meowth. No se sentía muy orgulloso por ello.
La recluta sintió el peso de sus palabras cayendo sobre ella.
—Creo que sí…
—Bueno, cambiando de tema, ¿qué vamos a comer?— preguntó Hapu, dando media vuelta— La barriga me ruge cual Pyroar.
Gladio se puse enfrente de ella.
—¿Tú qué haces aquí?— interrogó con seriedad.
Hapu sonrió.
—Quería hacerle una visita a las Ruinas de la Cosecha y ya se la hice ¿Vamos a comer?— preguntó, sonriendo.
Aether suspiró y se cruzó de brazos.
—Preferiría que cada quien fuera por su parte— dijo.
La futura Kahuna soltó un sonido de sorpresa.
—¿Acaso acabas de intentar correrme de forma amable?— interrogó.
Gladio sintió como comenzaba a enojarse.
—Estoy tratando de que no se note lo mucho que me desagradas— informó.
—¡Vamos, Gladio! ¡Tenemos unos años conociéndonos, ya deberíamos ser buenos compinches!
—No estoy interesado.
—¡Y por eso mismo no tienes amigos!
—No los necesito.
—Vamooos, ¿qué hay de Ash o Hau?
—Mahalo es una herramienta para superar esto que se viene y Ketchum es un escalón que pisar.
Siguieron discutiendo en mitad del desierto, algo que pasaba siempre que se encontraban.
—Esto es aburrido…— murmuró Meowth.
—Wobbuffet…— concordó el Pokémon.
—Yo no entiendo cómo pueden hablar tanto sin que se les meta arena a la bo…— y como por obra del destino, Jessie comenzó a toser fuertemente.
Justo como Rotom había predicho, tardaron tres horas en llegar al lugar.
Para la una de la tarde se encontraban en mitad de la Ruta 17. A pesar de la hora del día, a lo lejos podían verse grandes nubes negras además de que el viento era más frío de lo normal.
Se encontraban frente a una pequeña casa, la cual parecía una comisaría (principalmente por el cártel que había en frente que decía "Comisaría").
—Es aquí— dijo Acerola, bajando de Gengar y acercándose a la puerta. Mimikins la atravesó con naturalidad.
—Gracias de nuevo, Tauros— Ash abrazó al Pokémon, quien mugió—. Descansa un rato, amigo.
El Buscamontura se desactivó y las ropas de Ash volvieron a aparecer.
Pikachu estiró las patas, algo dormidas por el viaje.
—El Kahuna Nanu… Me pregunto cómo será-Roto…— murmuró la Pokédex, emocionado.
—Bueno, supongo que debemos entrar— Ash se puso al lado de Acerola, quien entrecerró los ojos.
—Esta es la primera vez que traigo a un chico a casa, será algo vergonzoso— dijo la Capitana, riendo con una mano frente a la boca.
Ash ladeó la cabeza, causando que Tapu riera.
—Supongo que no lo entiendes— dijo, girando la perilla y abriendo la puerta.
El interior del lugar era… sorpresivamente ordenado.
Aunque afuera decía que era un comisaría, por dentro era todo menos eso. La estancia principal consistía en dos sillones largos para tres personas cada uno que se encontraban frente a frente, así como una mesa bajita y un televisor. En una parte del cuarto había una estufa con horno, microondas, refrigerador, fregadero y varias repisas donde seguramente se ponían la vajilla y más cosas de utilidad. En la parte trasera había tres cuartos, seguramente uno era de Nanu y el otro pertenecía a Acerola. El último debía ser el baño.
Pero lo que más llamó la atención de Ash y los tipo Eléctrico fue la cantidad de Pokémon que había por el lugar. Sentados en cojines o jugando se podían ver uno que otro Pancham, Goomy, Geodude, Yungoos, Spinarak, varios Meowth de Alola e incluso un Castform. Todos ellos lucían emocionados por ver a Acerola.
Gengar de inmediato se acostó en uno de los sillones como si fuera el rey del lugar.
—Ponte cómodo, nos buscaré algo de comer ¡Debemos ir con el estómago lleno!— aseguró Tapu, caminando hacia la parte que correspondía a la cocina.
—Gracias por la hospitalidad— Ash se quitó los zapatos y la gorra.
Seguido de Pikachu y Rotom, llegó al otro sillón.
—Procediendo a fotografiar-Roto.
Ash estaba viendo el lugar mientras que el roedor se ponía a jugar con los Pokémon. En las paredes pudo ver varias fotos.
En una de ellas, estaba el Kahuna Nanu de joven junto con un Meowth de Alola y dos adultos que seguramente eran sus padres. La mujer tenía los ojos rojos y el pelo negro, mientras que el hombre era castaño de ojos verdes.
En otra podía ver al mismo Nanu con un traje de policía azul mientras estrechaba la mano de la misma mujer de la foto anterior. No lucía del todo entusiasmado.
Pudo ver otra más sólo que esta llamó mucho más la atención de Ketchum. Nanu tenía una media sonrisa y la mano puesta sobre la cabeza de un chico sorprendentemente parecido a Hau que tenía un Pichu en el hombro. Un Persian de Alola los acompañaba.
—Hal Mahalo…— pensó Ash. Su Raichu, al que vio ser devorado tenía con él toda la vida. Pensó en cómo se sentiría él si viera la muerte de su Pikachu y una inmensa tristeza lo invadió. Frunció el ceño por el hecho de que ya lo había visto.
Hubo una foto que hizo que su estado de ánimo se recuperara.
La pequeña Acerola tenía una enorme sonrisa y estaba colgada de uno de los brazos del Kahuna, vestida con un lindo vestido blanco. El adulto tenía una sonrisa igual a la que mostraba con Hal.
Y la última que vio, la cual también lucía más nueva que las otras. Nanu cargaba a Acerola con un brazo mientras que con el otro rodeaba a Hal Mahalo por el cuello (tuvo que elevar un poco el brazo para ello). Todos en esa foto portaban una radiante sonrisa de felicidad. Los acompañaban el mismo Persian, Raichu y un pequeño Gastly.
Luego de un rato, la Capitana volvió con un plato llenó de sopa con carne.
—Disfruta. Lo recalenté pero seguro que sabe rico— dicho eso, puso su propio plato en la mesa y luego se dedicó a darle de comer a los Pokémon.
Ash agradeció por los alimentos.
Una vez que Tapu terminó de hacer eso, volvió al sillón y se sentó.
—¡Ah! ¡No has comido nada!— notó, apuntando al plato del chico.
—Bueno, no quería empezar sin ti— respondió con seriedad.
Acerola quitó el gesto de sorpresa y sonrió.
—Que considerado eres— dijo para luego tomar sus propios alimentos.
Volvieron a agradecer por la comida y luego comenzaron a comer. De vez en cuando escuchaban a Rotom flotar de un lado a otro.
Cuando estaban por terminar de comer, el sonido de una puerta abriéndose se escuchó.
—Vaya, Acerola… Viniste— se escuchó una voz indiferente.
Los adolescentes, Pikachu y Rotom voltearon en dicha dirección, topándose con nada más y nada menos que Nanu Malíe, tras de él estaba Mimikins.
El adulto los vio con seriedad y luego suspiró.
—Si vas a hacer este tipo de cosas asegúrate de no hacer ruido…— murmuró, caminando hacia la cocina.
—¡Ey!— exclamó la chica, divertida.
El grupo de Ash no entendió eso así que simplemente se limitó a presentarse.
—Un placer conocerlo, Rey Nanu— dijo Rotom, acercándose a él—. Mi nombre es RotomDex, un invento desarrollado por el profesor Kukui.
El Kahuna comenzó a servirse un vaso de leche.
—Una Pokédex voladora y que habla, que raro— dijo en un tono totalmente desinteresado.
El azabache también fue hacia la cocina.
—Yo soy Ash Ketchum y este de aquí es mi amigo Pikachu— se presentó mientras que el roedor subía de un salto a su hombro—. Somos de pueblo Paleta en la región de Kanto.
A un ritmo calmado, Nanu guardó la leche y cerró la puerta del refrigerador.
—El Representante de Tapu Koko, lo sé. Todos se la pasan hablando de ti— informó, caminando hacia el sofá y pasando por su lado.
Los tipo Eléctrico y el entrenador se le quedaron viendo un tanto sorprendidos por lo indiferente que era ante todo.
—Perdónalo, Ash— pidió Acerola, sonriente—. Es un viejito gruñón.
—Ajá…— sin importarle que Gengar estuviera sentado en el sillón, él se sentó. El tipo Fantasma atravesó el mueble y algo molesto se movió de lugar.
—Tranquilo, tío Nanu, no estaremos aquí mucho— aseguró la Capitana—. Ash y yo vamos a pueblo Po.
Nanu arqueó una ceja, algo interesado por ello.
—¿A la guarida del Team Skull?— interrogó, tomando de su vaso y encendiendo el televisor.
—Un Yungoos de la Casa Aether fue robado por esos delincuentes y estamos en una misión para rescatarlo-Roto— contó la Pokédex, mostrando en su pantalla una imagen de Yungi.
Nanu la vio y asintió.
—Que no te atrapen— dijo, comenzando a cambiar los canales.
—¡Vamos, tío Nanu, muestra un poco más de preocupación!— Acerola rio, caminando hacia él y dándole varios golpes en la espalda.
—Vas a hacer que tire la leche— le advirtió mientras que su torso se movía levemente.
El sonido de los cojines se escuchó.
—Lamento sonar rudo o brusco— se disculpó Ash, poniéndose en el sillón de enfrente, atrayendo la atención de Nanu y Acerola— pero creo que usted tiene derecho de saber esto y no quería guardarlo más.
Nanu volvió a arquear una ceja y comenzó a tomar de su leche.
—Sé quién asesinó a Hal Mahalo— dijo de golpe.
De golpe, el Kahuna dejó de sorber.
Rotom, Pikachu y Ketchum vieron con seriedad como el Rey bajaba lentamente el vaso. Acerola había vuelto a perder la sonrisa y mostraba una cara de inmensa sorpresa.
—¿Qué dijiste?— interrogó Nanu, viéndolo a los ojos.
Aunque su mirada era penetrante, Ash no dudó ni se sintió intimidado.
—No se lo conté a Acerola ya que creí que sería mejor contárselo a usted personalmente con todo lo que sabemos de momento— dijo el oriundo de Kanto— y como ya dije, sé quién asesinó al papá de Hau.
De un momento para otro el aura del lugar cambió.
El ambiente era pesado y tenso, lo cual hizo a Acerola retroceder levemente mientras comenzaba a sudar.
—Vienes a mi casa sin previo aviso y me empiezas a decir esto… ¿Quién te crees que eres, enano?— interrogó. Su ceño estaba fruncido y sus ojos daban muchísimo miedo pero Ash no se inmutó.
—Ash Ketchum de pueblo Paleta— respondió con total seriedad.
—¿Te estás burlando de mí?— interrogó Malíe, levantándose del sillón.
El azabache también lo hizo, mirándolo hacia arriba.
—Nunca fue mi intención hacerlo.
Acerola alternaba la mirada entre los dos con enorme preocupación. Incluso los Pokémon del lugar se encontraban sudando por la tensión.
—Más vale que lo que dices tenga algo de coherencia porque si no te daré una paliza— aseguró, rodeando la mesa y plantándose frente a Ash.
—La merezco por sacar un tema como este pero no me iré sin haberle contado lo que sé— el chico se mantenía firme a cada palabra, sin verse ni lo más mínimamente intimidado.
—Habla— ordenó Nanu, sin dejar de verlo a los ojos.
Ash asintió.
Las palabras salían a montones por la boca del entrenador, haciendo que Acerola pusiera caras de sorpresa e incredulidad pero que no lograban siquiera inmutar a Nanu.
La explicación de los Ultraentes, los Ultraumbrales y finalmente Guzzlord fue recitada al pie de la letra para ligera sorpresa de RotomDex.
Luego de varios minutos de charla, Ash estaba por concluir.
—Gladio Aether, hijo de la presidenta Lusamine asegura que el culpable de que el Raichu de Hal Mahalo cayera dormido fue Faba, uno de los altos cargos de la Fundación Aether quien estudia a los Ultraentes— terminó de decir.
El lugar se quedó en silencio y de pronto, la sudadera de Ash fue tomada fuertemente por la mano de Nanu para temor de su hija adoptiva.
—¡E-Espera, tío Nanu…!
—¿Quieres que me crea toda la basura que acabas de decir?— interrogó, levantándolo levemente del piso, demostrando una excepcional fuerza.
Pikachu comenzó a desprender chispas de las mejillas pero de inmediato fue detenido por Ash, quien extendió su mano en señal de que no lo hiciera.
—Es difícil de creer, lo sé, pero espero que pueda hacerlo.
Justo en ese momento, Rotom se acercó.
—Tenemos pruebas— aseguró. Al instante, su pantalla comenzó a rodar un vídeo. Era la aparición de Nihilego en el Paraíso Aether.
Nanu veía fijamente la grabación, sin cambiar su gesto en lo absoluto.
Vio la apertura del Ultraumbral, como Nihilego salía de éste e incluso su desaparición pero no fue eso lo que hizo que soltara a Ash.
Al final del vídeo escuchó una voz.
—Lamento haber sido tan brusco, pero no conocemos la naturaleza de ese… Pokémon…
Al instante, su agarre sobre el entrenador se nulificó y éste cayó por fin en el piso.
—¿Ha…l?— murmuró, viendo fijamente la pantalla. En ella podía verse de forma leve un largo cabello verde y piel morena, los cuales hicieron que Nanu se acercara más a RotomDex.
Acerola lo tomó del brazo.
—Ese no era el señor Hal— le dijo, haciendo que volteara a verla—. Es su hijo, HauHau.
El Kahuna cerró los ojos y se sobó la frente.
—Cierto. Hal murió…— susurró, comenzando a caminar hacia el sillón.
Todos se le quedaron viendo con excepción de la Capitana.
—¿Estás bien, Ash?— preguntó, tratando de quitar las arrugas provocadas por Nanu.
—Estoy bien, gracias— respondió, sonriéndole.
Acerola le devolvió el gesto.
—Dime, niño…— escuchó Ash decir de pronto, volteando a ver al Kahuna— Este tal Guzzlord es como un Pokémon de otra dimensión del tipo Dragón/Siniestro, ¿verdad?...
Ketchum asintió.
Nanu suspiró y luego… explotó.
—¡MIERDA!— gritó de golpe, mandando a volar el sofá. Los Pokémon se vieron obligados a esquivar— ¿¡Un jodido tipo Siniestro?! ¡TIENE QUE SER UNA PUTA BROMA! ¡Hal no tenía oportunidad contra eso! ¡No contra un Siniestro! ¿¡ME ESTÁS JODIENDO?!
Todos vieron con preocupación a Malíe, quien comenzó a aporrear el mueble que previamente arrojó.
—¡PUDO SER CUALQUIER OTRO! ¿¡Por qué no fue ese tipo Veneno/Roca?! ¡Y ese hijo de puta de Faba!— por la cantidad de golpes, el sillón terminó rompiéndose.
Por casi diez minutos estuvo desquitándose con el sofá hasta que por fin pareció calmarse un poco. Con la respiración agitada, volteó a verlos.
—Fuera de aquí. Necesito estar a solas— dijo, apuntando a la salida.
El grupo de Ash asintió y comenzaron a retirarse. Gengar y Mimikins se adelantaron.
—Y Acerola…— llamó el Kahuna, logrando que la Capitana se girara— Si no vuelves para la media noche iré y derrumbaré el lugar yo mismo.
La chica asintió.
—Volveré para ese entonces— aseguró.
Y sin más, salieron.
—Lamento mucho haber llegado para decir eso— dijo Ash con un gesto apenado.
—Está bien, Ash. El tío Nanu merecía saberlo y creo que yo también me siento algo mejor ahora que lo sé— dijo, comenzando a subirse en el tipo Veneno.
Ketchum dio una cabeceada y llamó a Tauros.
—Ahora que uno de los Kahunas lo sabe, el resto también lo hará-Roto.
Pikachu estaba de acuerdo. Esa conversación había sido productiva para ambos lados.
Retomaron el rumbo.
Arriba. Tenía que levantarse, no podía quedarse tirado como un cobarde.
Sus brazos dolían al igual que todo su cuerpo. Con gran esfuerzo, trató de pararse.
Ribombee, Shiron, Comfey, Mudbray y Mimikyu eran más de lo mismo. No tenían fuerza pero debían de ponerse de pie.
A su alrededor todo era destrucción. El lugar que con tanto esmero habían limpiado y cuidado había vuelto a ser puesto patas arriba por las mismas personas.
Ni Oranguru, Hau y sus Pokémon o los de Lillie podían ya hacer nada. Los niños veían con enorme miedo a las personas que estaban frente a ellos.
—¡No me toques, sucio Skull!— se quejó un recluta Aether, apartando de un manotazo a un miembro del Team Skull.
—¿¡Acabas de golpearme, marica?!— interrogó el Skull con evidente molestia, preparándose para dar un puñetazo.
De inmediato, un escudo transparente emergió del ante brazo del Aether.
—¡BASTA YA, INÚTILES!— gritó Francine, volteando a verlos— Dense prisa y aten a la mocosa.
Los dos reclutas se vieron con odio y luego procedieron a hacer lo que se les decía.
Los invasores eran nada más y nada menos que los Skull y los Aether. Una docena de cada uno, siendo dirigidos por Francine.
Y el objetivo no era otro que Lillie.
—M-Malditos…— murmuró Hau con rencor, intentando despegarse del suelo.
—¡Cierra el pico, escoria real!— una fuerte patada conectó contra su costado, cortesía de un Skull.
El chico soltó un fuerte suspiro de dolor, logrando alterar a su Primarina, la única que seguía consciente.
—¡Ba-Basta!— se escuchó decir. El recluta se topó con Lillie, quien sangraba del labio y la nariz— ¡Si vuelves a tocarlo entonces…!
Un Aether se arrodilló ante ella y le sujetó la cara.
—Oh, Aurelia… No estás en posición de amenazar a nadie— dijo divertido un chico de pelo castaño al que la rubia reconocía.
—Tori… Tú… ¿por qué?...— murmuró.
—El director de sucursal Faba me prometió una jugosa recompensa tras realizar esta misión ¡No había motivo para no hacerlo!— aseguró, soltando la cara de Lillie de forma brusca y levantándose.
Las risas de Tori hicieron que las quejas de Hau, los sonidos de desesperación de los Pokémon y un ruido amortiguado se vieran levemente silenciados.
—¿Terminaste de hablar, idiota?— preguntó Francine, obligando a Lillie a pararse de un estirón— Lleva sus cosas, vamos. Trae a sus Pokémon con ella.
El recluta frunció el ceño con enojo y tomó el bolso, del cual sacó las Pokéballs.
—Asquerosa Skull mal viviente…— murmuró con frustración, regresando uno por uno a todos los Pokémon de la rubia.
—Ahora a largarnos— dijo la mano derecha de Guzma, comenzando a caminar hacia la salida, sujetando una caja de metal.
Todos los Aether/Skull comenzaron también a retirarse.
—¡L-LILLIE!— el fuerte grito los hizo detenerse y ver levemente a Hau— ¡J-JURO QUE IREMOS POR… TI! ¡VAMOS A IR POR TI!
La rubia lo vio y le sonrió. Confiaba en él.
De pronto y para terror de Hau, Francine salió del lugar.
—Déjame patear a esta basura una vez más— dijo uno de los Skull, acercándose al indefenso adolescente.
—Yo también. Siempre quise darle una paliza a ese anciano gordo.
—¡Y yo! Todos los Kahunas deberían terminar como el inútil de Hal.
Esas palabras hicieron arder la sangre de Hau.
—¡NO HABLES ASÍ DE MI PA…!
Una fuerte patada en la cara lo obligó a callar. Seguido de eso, le llovieron múltiples golpes por todo el cuerpo.
Primarina entonces no pudo más. Con la poca fuerza que le quedaba utilizó Aria burbuja, dando de lleno en contra de los Skull y haciéndolos caer al suelo.
—Pokémon asqueroso…— murmuró uno, levantándose.
—Tch… Vámonos ya, sino la hermana Francine se enojará— dijo otro de los reclutas y dicho eso, se retiraron también.
Hau estaba tosiendo y con la mirada borrosa.
Montones de llantos se escucharon y tanto Flora como el pequeño del Elekid corrieron a socorrer a Hau con lágrimas en los ojos.
—¡Hermano Hau, Hermano Hau!— llamó el niño.
—¡L-Levántate por favor!...— pidió Flora— ¡La señorita Lillie te necesita!
Hau hizo un esfuerzo sobrehumano para acomodarse bocarriba y ahí pudieron ver su gesto.
Era de impotencia total. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y las venas de su cara, cuello y brazos estaban marcadas.
—Otra vez…— murmuró, comenzando a llorar— No pude… proteger a nadie… Otra vez… ¡FUI UN… INÚTIL!— apretó los puños y con fuerza, abrió la boca, dejando salir un grito ensordecedor—¡MALDICIÓOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON!
En Hau Mahalo han nacido las ganas de ser más fuerte.
Eran las 5 de la tarde y una fuerte lluvia azotaba todo el lugar.
Dentro de las inmensas murallas de pueblo Po había dos reclutas que hacían guardia. Estaban subidos en el techo de un auto, bostezando del aburrimiento. Era un día normal como cualquier otro, con lluvia y frío.
Nada fuera de lo común.
—Ey, ¿quieres ir a jugar billar cuando terminemos?
—Seguro ¿Invitamos a Alec y a los otros?
—Seeh… De todas formas hoy la guardia nocturna le toca a Ramy.
—Por cierto, ¿cómo crees que le haya ido a la hermana Francine?
—Apuesto a que bien. No por nada es la mano derecha del jefe.
—¿No era ese Rony?
—Rony es un idiota. Todos saben que no es nada comparado con la hermana Francine. Podrá ser el recluta más fuerte pero no pasa de ahí.
—Cierto…
Se quedaron en silencio.
—Qué día tan tranqui…
La muralla frente a ellos explotó.
Un enorme boquete de al menos 4 metros de altura se abrió y por él pasaron intrusos.
El primero fue un chico de gorra y pelo azabache, acompañado por un Pikachu, Charizard, Kingler, Primeape y un Krookodile.
La segunda era una chica de pelo morado y ropa hecha de trapo. A su lado estaban un Gengar, Sableye, Froslass, Banette, un gran castillo de arena y por último, una especie de ancla con un timón incrustado.
—¿¡QUÉ MIERD…?!
Un poderoso Hidrobomba mandó a volar a ambos reclutas, cortesía de Kingler.
—No venimos en son de paz-Roto— aseguró una extraña Pokédex voladora.
La invasión ha empezado.
Hola, chicos. Terminé al fin.
Podrán notar que el capítulo de hoy es más corto pero es porque era necesario. El terreno debía aplanarse para lo que está por venir.
En fin, ¿qué decir? Tengo algo de sueño y me duele el cuerpo un poco.
Fuera de eso, el combate entre Kukui y Ash fue… Oh, chico…
LEGENDARIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
¡No puedo creerlo, fue increíble! La animación estuvo genial sin duda alguna y la emoción del combate que desprendían Ash y Kukui sin duda alguna le añadía emotividad a todo.
No tengo palabras y tampoco dudas al decir que este es el Ash más fuerte hasta el momento.
¡Hasta otra!
