¡Buenas! El nuevo capítulo está aquí, una semanita después del pasado. Quiero agradecer porque esta vez hubo un montón de reviews anónimas. Créanme que leer a gente nueva me da muchísimo gusto, ya sean personas que apenas comenzaron a leer la historia o veteranos que llevan desde el día uno. A todos aquellos que tengan algo que decirme o simplemente quieran dar su opinión sobre los capítulos, sepan que los leeré cien por ciento garantizado y que responderé sus reviews, de hecho, suelo responder más reviews anónimas que las de los usuarios que si tienen cuenta XD
¡Empecemos!
Sebasdie: ¡No te preocupes por ello! Aquí recibo todo tipo de reviews y la verdad, espero que puedas animarte a pasarte por estos lares más a menudo. Mucha gente me ha dicho que ha trasnochado para seguir leyendo mi historia, lamento hacer tanto daño a sus hábitos de sueño XD
He de admitir que incluso a mí me sorprende la cantidad de capítulos que he hecho hasta el momento. Creí que me tomaría unos cincuenta capítulos para terminarla pero la historia se alargó más de lo planeado (o más bien, tomó los capítulos necesarios para desarrollarse bien) y eso que ni siquiera he entrado a los dos últimos grandes arcos XD
Siempre intento actualizar lo más rápido posible para terminar la historia también tan rápido como sea posible (eso no significa que esté apresurando el ritmo, más bien me estoy apurando yo para producir capítulos). Hay tantos momentos que quiero que ustedes lean... Hay uno que está realmente cerca y espero que les guste tanto como creo que lo hará.
Ash es sorprendentemente bueno con las palabras, siempre sabe que decir en todo momento XD
¡Gracias por responder la pregunta y por pasarte por aquí! ¡Aprecio mucho tu apoyo!
¡Hasta luego!
Guest: ¡Muchas gracias! ¡También gracias por pasarte por aquí!
Rolman Padilla: Es bueno por fin poder leerte luego de casi tres años que esta lleva ¡Gracias por "manifestarte"! XD
Gracias por responder la pregunta, tenía esa duda desde hacía una buena cantidad de meses. Si, estoy seguro que de ahora en adelante, todo será un poco más interesante por los personajes, su interacción y ciertos sucesos. ¡Gracias por los ánimos y gracias a ti por leer mi historia y seguirla por tres largos años! ¡Nos leemos!
Josezcri: ¡Muchas gracias por responder la pregunta y por dejar una review! Me da gusto saber que mi historia te entretuvo por una buena cantidad de horas (porque estoy seguro de que leerla entera toma un buen tiempo XD). Por cierto, si, sigue estando entre mis planes el traer a Greninja, pero quiero advertirlo desde ahora... Él posiblemente se haya quedado atrás con respecto a los otros Pokémon de Ash, incluidos los de Kalos.
NesRedTrebol: ¡Alola!
Creo que soy bastante cruel con mis personajes sin darme cuenta XD Maté al padre de Lillie y Gladio, les di una vida familiar miserable; Hau prácticamente vio morir a su papá y ahora no tiene muchas posibilidades en la lucha por el amor de la rubia; Ash sufrió traumas y miedos por la profecía de Necrozma; Lana tuvo que confrontar la muerte de su padre; Acerola no tuvo ni un sólo amigo hasta que prácticamente fue una adulta; Nanu y Hala perdieron Hal, el segundo perdiendo también a su esposa; Tristán fue prácticamente un fracaso por meses y perdió a su padre (que ahora que lo pienso, he matado a más de cuatro padres...) y así, un largo etc. Ash es bastante denso y es por eso que no entiende las insinuaciones de ese tipo pero Lillie tuvo el valor necesario para decir "Me gusta esta persona y quiero que lo sepa", así que, Ketchum es realmente consciente de lo mucho que Lillie lo ama.
¡Gracias! Aunque puede que mi léxico no sea el más amplio y tal vez no soy el mejor describiendo cosas, siempre trato de que mi redacción sea agradable para el lector, también intento que los capítulos sean tan fluidos como sea posible y que nada se sienta forzado (cosa que no he logrado varias veces).
Creo que en Alola aparecieron tanto la familia de los niños por el hecho de que esa región representa costumbres y lazos, por lo que, pienso yo, era necesario mostrar a toda la familia para poder entender mejor a los personajes. Go, debo decirlo, se convirtió en uno de mis personajes favoritos XD Me encanta la química que tiene con Ash (no en ese sentido), al punto de que siento yo, es el hermano perdido de Ketchum (considerando que el papá de Go se parece un huevo a Ash...)
¡Tienes toda la razón! Burnet y Kukui, estoy seguro, ven a Ash como un hijo para ellos. Eso fue algo que también me encantó de Sol y Luna, el como Kukui realmente se sentía como un padre para el niño al punto de estar realmente orgulloso de él cuando hacía las cosas bien (como en una ocasión en la que Ash aprendió a lavar su ropa en un adelanto y Kukui sonaba realmente feliz y orgulloso).
—¡Un Tsareena!
Último trimestre del 2001. La pequeña Lillie veía con emoción a la tipo Planta frente a ella. Gladio se acercó a donde su hermana.
—Es un Steenee, Lillie— la corrigió, acariciándole la cabeza. La Pokémon se rio y se fue.
La menor simplemente volteó a verlo, sacándole la lengua.
—Ya verás que cuando sea grande, sabré más de los Pokémon que tú— aseguró.
—Eso espero, Lillie— dijo Gladio, sonriéndole.
Lusamine entonces se acercó a ambos, poniendo sus manos sobre sus espaldas.
—Gracias por ser tan paciente con tu hermanita, Gladio— le dedicó una dulce sonrisa a su hijo, la cual, le hizo ampliar la suya.
—¡Soy el hermano mayor de Lillie y debo protegerla a todo costo!— exclamó, inflando el pecho con orgullo.
—¡Pero si soy más fuerte que tú, hermano!— se quejó Lillie, dándole un puñetazo en el hombro.
—¡Auch!— exclamó Gladio, sobándose en el lugar del impacto.
Lusamine vio eso con sorpresa, girando hacia su hija de inmediato.
—¡Lillie!— regañó, poniéndose esta vez, un poco más seria— ¡No deberías golpear a Gladio!
La pequeña simplemente bajó la mirada. Era una niña que se ponía sentimental cuando la regañaban, cosa normal.
—Discúlpate con tu hermano— le ordenó, acuclillándose con cuidado.
Lillie se giró hacia el mencionado, quien seguía tratando de hacer que el dolor se le pasara. Tiró levemente de una de sus mangas.
—Perdón, hermanito…— murmuró, sin subir la mirada.
Gladio se le quedó viendo y luego, sonrió ampliamente.
—Está bien, Lillie. No pasa nada— aseguró, acariciando su cabeza.
Lusamine sonrió satisfecha.
—Bien…— dijo, con las manos en la cintura— Entonces, ¿quién quiere ir a ver a un Raichu de Kanto?
Los hermanos se vieron realmente emocionados por ello y de inmediato, comenzaron a levantar las manos.
El entusiasmo de sus hijos hizo reír a la madre, quien los tomó a ambos de las manos.
—Vamos, seguro que a papá le encantará escuchar como se la pasaron el día de hoy— dijo, comenzando a caminar.
—¡Es cierto!— exclamó Gladio— ¡Papá termina hoy su investigación!
Lillie comenzó a dar saltitos de alegría.
—¡Por fin!— exclamó.
—Oigan, es mi investigación también— les recordó Lusamine, haciendo un pequeño puchero—. Además, no está terminada todavía. Apenas estamos concretando una fase.
Pero sus hijos no le ponían atención.
Les emocionaba más la idea de que tendrían una cena familiar después de dos meses sin una.
Ash, Hau y Rotom estaban totalmente incrédulos, mientras que los Asutoro solamente estaban algo confundidos.
Eso que Gladio contaba no sonaba para nada como Lusamine (o se acercaba a la imagen mental que tenían Elio y Selene por la descripción de la mujer).
Pikachu y el resto de Pokémon de Ash y Lillie también lucían sorprendidos.
—Entonces… ¿Lusamine era una buena mamá?— preguntó Rotom, haciendo que Gladio volteara a verlo— ¿Y Gladio no era un amargado?-Roto…
—¡Ey, Rotom!— Ash lo regañó, haciendo que este simplemente se callara.
—Lillie no era para nada como es ahora…— notó Hau.
Los Asutoro también tuvieron un pensamiento similar al de Mahalo.
—Supongo que la hipnosis de Faba funcionó muy bien…— murmuró la rubia, bajando la mira y sonriendo con algo de tristeza.
Hau y los Asutoro no entendieron eso, pero Ash, Gladio y los Pokémon sí.
El rubio se le quedó viendo a su hermana y antes de poder decir nada, Ketchum puso su mano sobre el hombro de Lillie.
—Ey— llamó, logrando que la chica volteara a verlo—, creo que eres increíble sin importar como seas— aseguró, sonriendo.
Elio y Selene se llevaron una mano al pecho. Que hombre tan gentil…
Hau y Gladio vieron eso con diferentes reacciones. Mahalo lucía realmente incómodo y Aether parecía algo indiferente.
Lillie puso su mano sobre la de Ash.
—También pienso que eres increíble— dijo, devolviéndole el gesto. Ambos rieron un poco.
El moreno estuvo a punto de preguntarle a Lillie sobre que quería decir con lo de Faba (sobre todo porque no aguantaba la mirada que sus amigos se estaban dirigiendo mutuamente), pero Rotom interrumpió.
—¿Cuándo empezó todo?— preguntó la Pokédex— Ahora sabemos que Lusamine en su momento, fue una madre cariñosa. ¿Cuándo empezó el cambio?-Roto.
Gladio lo volteó a ver.
Las sonrisas abundaban en el comedor de la familia Aether, tanto la de Lillie como la de Lusamine.
Toda la familia Aether estaba sentada en una larga mesa rectangular, ocupando los primeros cuatro asientos. Lusamine estaba sentada al lado de un hombre robusto y algo barrigón, de larga barba y cabellera rubia. Su piel estaba tan pálida como la de sus hijos y mujer.
Esa persona era Mohn Aether, padre de Gladio y Lillie.
Hobbes veía la escena familiar, pendiente de cualquier cosa que le faltara a los Aether.
—¡Lo hubieras visto, papá! ¡Lillie montó en Tauros y no perdió el control!— exclamó Gladio, presumiendo por su hermana, quien simplemente sacó pecho, orgullosa de su hazaña.
Mohn abrió la boca con sorpresa.
—¡Mi princesa, tan pequeña y tan hábil!— exclamó, aplaudiendo.
Lillie, de pronto, comenzó a extender su versión de la historia, desde su punto de vista.
Los padres de la pequeña la oían con grandes sonrisas.
Gladio, por su parte, simplemente los veía.
—¿Pasa algo, Gladio?— preguntó Mohn, al darse cuenta de que su primogénito no había dicho ninguna palabra en un rato.
El rubio mayor asintió y posó su cabeza sobre sus brazos.
—Sería genial que pudiéramos pasar más tiempo juntos— respondió, agitando sus piernas.
—¿Verdad?— preguntó Lillie, viendo al mayor.
Lusamine se vio preocupada por eso.
—Lo siento mucho, Gladio… Sé lo difícil que debe ser para ustedes el que papá y yo estemos trabajando tanto— dijo.
El niño negó rápidamente.
—Lillie y yo sabemos que lo hacen para hacer del mundo un lugar mejor— respondió. Su rostro se veía sereno y lleno de sinceridad.
—Aunque trabajan mucho…— murmuró la pequeña, inflando las mejillas.
—¡Lillie!— regañó Gladio en un susurro, frunciendo un poco el ceño.
Lusamine se llevó una mano al pecho.
—Me daré prisa en terminar el proyecto tan rápido como podamos, niños— aseguró Mohn—. Si mis hermosos hijos desean que pase tiempo con ellos, pasaré tiempo con ellos.
La sonrisa del padre, tan cálida y radiante, hizo a toda la familia Aether sonreír con la misma intensidad.
Ese mismo año, cuando Gladio y Lillie tenían siete y cinco años, respectivamente, Joey falleció en la isla Melemele a manos de su Absol.
Mohn Aether se tomó un descanso de varios meses para asimilar la muerte que él considero como responsabilidad suya.
Lillie estaba cabizbaja, siendo observada fijamente por Ash, Hau y los Pokémon.
Elio y Selene se mantenían callados.
Gladio simplemente se le quedó viendo a su hermana.
Era normal. Ella no recordaba prácticamente nada de su padre.
2002. Era un día como cualquier otro en la mansión Aether. Con Mohn tomándose un descanso de la investigación y Lusamine siguiéndole la corriente por ese día, toda la familia Aether estaba recostada en la gran cama que había en el cuarto del matrimonio.
Lillie estaba sobre la panza de su padre y Gladio se encontraba acurrucado, siendo acariciado por su madre constantemente.
—¿Creen que cuando tenga catorce años me dejarán hacer el Recorrido Insular?— preguntó el primogénito, volteando a ver hacia el techo de la habitación.
—Estoy segura de que si, cariño— respondió Lusamine, sin dejar de acariciar a su hijo.
—¿Ya pensaste en que inicial te gustaría tener? Pienso que un Litten te quedaría bien. Ambos son igual de feroces— dijo Mohn, volteando a ver al rubio menor.
Gladio se quedó un tanto pensativo.
—No lo sé… Los tres son geniales…— murmuró, revolviéndose en la cama.
—¿¡Qué Pokémon sería bueno para mí, papá?!— preguntó entonces Lillie, levantando su cabeza del cuerpo del hombre.
Mohn la miró y lo pensó.
—Tal vez Popplio o Rowlet… Eres tan linda como ellos dos— contestó, sonriéndole.
Lusamine rio un poco.
—¿No crees que debería ser al revés, guapo?— le preguntó a su marido, causando que este también se riera.
—Pues tienes razón.
Considerando sus personalidades, Lillie era la feroz y Gladio el lindo.
Los hermanos voltearon a verse entre ellos y luego, se giraron hacia sus padres.
—¿Cuál fue tu primer Pokémon, mamá/papá?— preguntaron Gladio y Lillie respectivamente.
El matrimonio escuchó la pregunta. Mohn le cedió la palabra a su mujer.
De pronto, Lusamine pareció haberse puesto sentimental.
—Fue hace mucho tiempo, cuando tenía apenas unos cinco o seis años…— comenzó a contar, con la mirada fija en su familia— Su abuelo, que aún estaba con nosotros en aquel entonces, un día llegó con una gran sorpresa para mí. Dijo que era un Pokémon increíblemente especial ya que venía de las estrellas, de otros mundos que yo algún día exploraría.
A Gladio le sonó la descripción. Pensó en un Pokémon llamado Minior, pero luego, hizo la conclusión más evidente.
—¿Tu Clefable?— preguntó, sonriente.
Lusamine asintió. Con los ojos empañados.
—Y quién diría que mi suegro tendría razón, ¿eh?— Mohn atrajo a su esposa e hijo hacia él con un abrazo.
La mujer rio.
—Seguro que estaría realmente orgullosa de nosotros.
Mohn asintió.
Los hermanos no comprendieron a que se referían. Lillie, la más impaciente, simplemente comenzó a rebotar un poco sobre el estómago de su padre.
—¡Queremos oír el tuyo, papá! ¡El tuyo!— pidió repetidamente.
El padre rio y acarició la cabeza de su hija, tratando de calmarla un poco.
—Bueno, realmente no tuve un Pokémon inicial… La historia es interesante así que se las contaré— eso sólo puso más atentos a los hijos—. Cuando yo aún vivía en Unova, en Ciudad Porcelana, mis padres me dijeron que querían que mi entrada al mundo Pokémon fuera algo realmente especial así que me pidieron que esperara algunos meses para preparar todo. Papá no sabía nada, era una sorpresa después de todo— los hermanos se veían realmente interesados por la historia. Lillie estuvo a punto de interrumpir, pero Gladio la calló con un "Shhh"—. Cuando llegó el día de mi cumpleaños número trece, los abuelos llegaron con tres Pokéballs y me dijeron que eran míos. Un Eevee, un Riolu y un Zorua… Fue uno de los días más felices de mi vida.
Gladio lucía simplemente fascinado. Tres Pokémon como iniciales sonaba como el mejor regalo del mundo para el pequeño.
Lillie, por su parte, comenzó a volver a rebotar en la gran barriga de su padre.
—¿¡Dónde están, dónde están?!— interrogó, emocionada.
Mohn rio.
—Ellos están en Unova con los abuelos. Los dejé ahí para que los cuidaran…— vio a sus dos hijos— Espero que algún día puedan conocer a mis padres.
—¿Hace mucho que no los ves, papá?— preguntó Gladio, ignorando la evidente decepción de Lillie.
—La última vez que nos vimos fue cuando me casé con tu madre hace casi diez años— respondió—. El trabajo aquí me ha impedido dejar Alola.
—¿Y por qué no vienen ellos?— preguntó la menor, dejándose caer de nuevo en el cuerpo de Mohn— Tu barba pica, papá… Quítatela…
—Lo siento, princesa— dijo Mohn, riendo.
—Los abuelos no pueden venir porque no soportan los largos viajes— respondió Lusamine por su marido—. Son personas mayores y no pueden hacer ese tipo de cosas a la ligera.
—Mmmm…— Lillie lucía pensativa— ¿Entonces por qué no crean algo que los deje ver a los abuelos? ¡La teletransportación!
—O podrían abrir una puerta mágica— Gladio se unió a las suposiciones de su hermana— ¡Que funcione con teletransportación!
—¡O viajes en el tiempo! ¡Viajes en el tiempo!— Lillie recordó aquella película en la que viajaban al pasado con un auto raro.
—¿Cómo haría el viaje en el tiempo para hacer que papá pueda moverse de aquí a Unova?— preguntó Gladio, confundido.
—¡Los viajes en el tiempo lo logran todo!— exclamó la rubia.
Mohn comenzó a reírse al igual que Lusamine hasta que de pronto, el primero se calló de golpe.
Los hermanos no lo notaron al estar discutiendo sobre como visitar a sus desconocidos abuelos, pero Lusamine si lo hizo. Se levantó un poco al notar como Mohn estaba bajando a Lillie de su cuerpo.
—¿Papá?— Lillie se vio confundida.
—¿Pasa algo, cariño?— preguntó Lusamine.
Gladio se vio igual de intrigado.
—Creo que lo tengo— dijo a secas, sorprendiendo a su esposa—. Espera aquí con los niños, debo probar esto primero.
Mohn caminó hacia la puerta a paso acelerado y luego, se detuvo en la puerta.
—¡Volveré pronto, niños!— aseguró.
Gladio asintió.
—¡Suerte, papá!— exclamó.
Lillie, por su parte, frunció el ceño.
—¿¡Ehhhh?! ¿¡Papá va a ir a trabajar?! ¡Prometió que estaríamos todo el día juntos!— recordó, mientras veía a su mamá.
—¿Por qué no se lo dices a él, Lillie? Está ahí— con la mirada, apuntó a la puerta.
—¡No quiero hablar con él! ¡Rompe promesas!— contestó, girando la cabeza mientras inflaba las mejillas.
Mohn sonrió levemente.
—Lo siento mucho, princesa pero…
—¡Habla con mi mano!— Lillie extendió su palma derecha hacia su padre.
El adulto se rascó la cabeza, volteando a ver a su mujer, quien se encogió de hombros. Una rabieta típica de un niño.
—Les juro que volveré en un abrir y cerrar de ojos— dijo Mohn—. Los quiero niños.
—También te quiero, papá— respondió Gladio, sonriente.
Lillie simplemente siguió con la vista apartada.
La puerta se cerró detrás de Mohn.
Pasaron las horas y el adulto no volvía, haciendo que el enojo de Lillie aumentara.
Cuando estaban cenando, alguien irrumpió en la casa.
Se trataba de Faba, seguido por Wicke. Ambos adultos lucían realmente alterados, asustando también a Lusamine y confundiendo a los niños.
Los tres adultos junto a Hobbes, salieron del comedor, dejando solos a los hermanos Aether.
Ninguno de los dos sabía en ese momento que esa había sido la última vez que verían a su padre.
Mohn Aether había desaparecido para siempre.
Lillie tenía el ceño realmente fruncido y una mano en el pecho.
—No te culpes por las cosas que dijiste, Lillie— le dijo Gladio—. Eras una niña y no había forma de que supieras lo que iba a pasar.
La rubia asintió y levantó la mirada.
—Confío en que papá no se vio afectado por eso— dijo, con la voz un poco temblorosa—. Le dije algo bastante infantil, en realidad.
Ash, ante la mirada de todos, se acercó un poco más a su amiga.
—Tienes abuelos en Unova, ¿eh?— preguntó, sonriéndole.
—A decir verdad, tampoco lo recordaba para nada— dijo Lillie, también sonriendo—. Sería bueno que pudiera verlos alguna vez.
Gladio asintió. Él también lo creía así.
Sus abuelos también debían saber la verdad.
Los días siguientes en la mansión Aether habían sido… realmente callados.
Lusamine iba a casa sólo una vez cada tres días, por la noche y llegaba directamente a dormir tras hablar un poco con sus hijos y decirles cuando los amaba.
Mohn, por su parte, no había sido visto por los hermanos en dos semanas.
Un día, realmente curiosos por ello e incluso preocupados, fueron a hablar con su madre. La confrontaron.
Esperaron a que ella llegara a casa y la interceptaron en la entrada.
En cuanto mencionaron a Mohn, Lusamine se exaltó enormemente pero de inmediato, trató de mantener la compostura.
—Cierto… No han visto a papá en unos días, ¿eh?— dijo, sonriendo lo mejor que pudo.
—Queremos saber dónde está, mamá— Gladio lucía bastante preocupado.
—¡Él se fue sin decirnos nada! ¿¡Dónde está?! ¿¡Está trabajando?!— preguntó Lillie.
Lusamine se quedó callada unos segundos hasta que amplió más su sonrisa.
—¿Recuerdan la charla que tuvieron con papá sobre sus abuelos?— interrogó, haciendo que los hermanos asintieran— Bueno, sus palabras hicieron que papá decidiera hacer un viaje hacia Unova para visitarlos. Quería pasar tiempo con sus padres, después de todo.
Los hermanos voltearon a verse.
—¡Entonces está bien!— exclamó Gladio.
—No nos llevó ni se despidió…— murmuró algo molesta Lillie.
—Tienes que disculpar a papá, princesa. Él estaba realmente apurado— aseguró Lusamine.
Lillie asintió sin muchas ganas.
Avanzamos hacia finales del 2002, en noviembre.
Los hermanos Aether habían comenzado a sentirse realmente solos.
Si, tenían a Hobbes y se tenían a ellos, pero con su padre en Unova y su madre trabajando tan duro hasta el punto de que sólo la veían una vez cada dos semanas…
Lusamine al verlos se mantenía callada al inicio. Hablaba muy poco y luego, se iba a su habitación. Ni Gladio ni Lillie sabían qué hacía ahí dentro ya que ella cerraba la puerta con seguro.
Para este punto, se acercaba el cumpleaños de los dos niños. Cuando cumplirían seis y ocho años.
Lillie estaba realmente emocionada por esa fecha, tanto que saltaba de alegría o tarareaba cada vez que Gladio se la recordaba por lo cual el niño pensó que sería una buena idea hacerle una fiesta a su hermana.
Si así su hermana podría distraerse de la ausencia de sus padres, para él sería excelente.
Un día en particular, Lusamine llegó y subió realmente rápido las escaleras que llevaban al segundo piso. Cerró la puerta de su habitación tras de ella.
Ni siquiera saludó a sus hijos.
Gladio y Lillie voltearon a verse.
—Deberíamos ir a dormir— sugirió el mayor—. Mamá debe de estar muy cansada.
Lillie se rascó la cabeza y luego, asintió.
—Bueno…— murmuró. Ya se había resignado un poco por la frialdad de su madre, pero aun así, quería que hablaran.
Ambos hermanos se encaminaron a sus habitaciones en el segundo piso, las cuales estaban una frente a la otra.
—Extraño a papá… ¿Cuándo volverá de Unova?— le preguntó Lillie a su hermano mayor.
Este negó con la cabeza.
—No lo sé, Lillie. Debe de estar muy emocionado porque no ha visto a sus papás en años— respondió. Era la única explicación que encontraba.
—Ojalá vuelva pronto…— murmuró de nuevo la pequeña rubia.
Gladio simplemente le acarició la cabeza.
Llegaron a sus cuartos y de despidieron con un "buenas noches".
El mayor entró a su cuarto, esperó cerca de 10 minutos y finalmente, volvió a salir con la máxima discreción posible.
Comenzó a avanzar hacia la habitación de su madre que estaba al otro lado del segundo piso.
Sin que Gladio se diera cuenta, otra puerta se abrió.
En su recorrido por la mansión, Gladio simplemente veía hacia todos lados.
Llegó a la mitad del largo pasillo que se encontraba al subir por las escaleras. Volteó hacia la pared, viendo una foto.
Eran Lusamine de niña, un hombre de pelo rubio y ojos azules, era delgado y alto. También había una mujer de pelo castaño y ojos verdes, tan hermosa como la presidenta de la Fundación Aether.
Gladio reconoció a sus abuelos.
Cuando se iba a poner en marcha, llegaron por detrás de él.
—¿Sucede algo, señorito Gladio?— preguntó Hobbes, exaltándolo.
El rubio se dio la vuelta y negó con la cabeza.
—No, sólo voy a ver a mi mamá— respondió, recuperándose poco a poco del susto.
Hobbes lo miró fijamente y luego, se agachó. Lo sujetó de un hombro.
—Sé que usted piensa que su madre ha estado ausente por mucho tiempo, señorito, pero le puedo asegurar que esto lo hace porque los ama— dijo Hobbes—. No hay nada en este mundo que su madre ame más que a ustedes dos, sus hijos. Confíe en ella. Pronto volverá a ser todo como antes.
Gladio, sin saber que las palabras de Hobbes no se cumplirían, asintió mientras sonreía.
—Lo sé, Hobbes— respondió—. Mamá es la mejor.
El mayordomo sonrió y luego, le dio unas palmaditas. Se puso de pie.
—Buen camino, señorito.
—Adiós, Hobbes.
El mayordomo se quedó viendo en la ruta por la que iba el rubio hasta que de pronto, escuchó otras pisadas. Se volteó.
—Oh… ¿Usted también?
Gladio finalmente llegó a la habitación de su madre y trató de girar la perilla. Para sorpresa suya, esta vez sí funcionó.
¿Tal vez a su madre se le había olvidado cerrar la puerta?...
La abrió de poco en poco, esperando que Lusamine estuviera despierta y entonces, se detuvo.
En el escritorio que estaba cerca de la cama, estaba sentada la adulta. Se veía encorvada y desalineada.
Gladio se le quedó viendo. Al cabo de un rato, Lusamine dio un largo trago de un vaso de cristal que tenía ahí cerca. Era un líquido color ámbar.
La mayor tomó una botella que tenía a la izquierda con el mismo líquido que había tomado y volvió a servirse.
—¿Por qué no puedo?... ¿Qué haré?... ¿Qué voy a…?...— con sus puños, golpeó el escritorio fuertemente— ¿¡Por qué no puedo?!
Esa última oración se repitió por lo menos diez veces más, preocupando inmensamente al primogénito quien siguió abriendo la puerta.
—¿¡POR QUÉ NO PUEDO?!— con ese último grito, Lusamine se giró bruscamente en su silla, con la botella en la mano; la arrojó con todas sus fuerzas hacia una pared, rompiendo el cristal de inmediato. El líquido se desparramó por todo el piso.
Lusamine estaba jadeante y Gladio estaba tan nervioso como asustado.
Continuó abriendo la puerta hasta que un repentino chillido se escuchó, llamando la atención de la presidenta hacia la puerta. Una gran expresión de miedo y sorpresa apareció en el rostro de la mayor.
El rubio se sobresaltó pero entonces, la sonrisa de su madre lo tranquilizó.
—Gladio, mi amor, no te había visto— dijo, acomodándose en su silla—. Lamento que hayas tenido que ver eso, mi vida.
El rubio, que aún sudaba un poco, negó con la cabeza.
—No, mamá… No pasa nada, sé que debes estar muy ocupada con el trabajo— dijo, entrando a la habitación y cerrando la puerta detrás de él.
Lusamine rio un poco.
—¿Pasa algo, cariño?— preguntó—. No sueles venir tan tarde a visitarme.
Gladio rio un poco y luego, comenzó a rascarse la cabeza.
—Bueno… Mi cumpleaños y el de Lillie es en pocos días así que estaba pensando en que tal vez podríamos hacer una fiesta para ella…— contestó, un poco nervioso ante la petición.
Lusamine unió las palmas de sus manos y su sonrisa se amplió.
—¡Que idea tan maravillosa, Gladio!— exclamó, haciendo que los ojos del niño se iluminaran— Estoy seguro de que a Lillie le encantaría una fiesta para ambos.
Rápidamente, Gladio negó.
—Para mí no— corrigió—, sólo para Lillie.
Lusamine parpadeó, confundida.
—Pero ambos cumplen años…
—Lo sé, pero si la fiesta fuera para mí también, tendrían que poner cosas que a mí me gusten y quiero que Lillie se divierta al máximo…
—¡Oh, ya ve…!
—Verás, ella ha estado algo desanimada desde que papá se fue a Unova…— sin que Gladio se diera cuenta, la sonrisa de su mamá se borró rápidamente— así que por eso se me ocurrió que sería una buena idea para que se ponga mejor, al menos en lo que papá regresa— de pronto, una bombilla se encendió en la cabeza del niño— ¡Oye, mamá, ¿y si papá trae a los abuelos con él cuando regrese?! ¡Tal vez podríamos celebrar todos juntos nuestros cumple años! ¡Además, estoy seguro de que a papá le encantaría que los abuelos conocieran Alola y…!
—Ya basta— interrumpió Lusamine, levantándose de su silla.
Gladio escuchó eso con una mezcla de miedo (el cual había vuelto al ver la seria expresión de su madre) y estupefacción.
Retrocedió por instinto al ver como su madre se acercaba a él.
—Siempre que hablamos es "Unova esto", "Papá lo otro"…— murmuró— ¿Quieres que te diga cuándo volverá papá?...
Gladio tragó saliva.
—¿Ma… Mamá?...
Los ojos de Lusamine de pronto, pasaron a mostrar un enorme enojo.
—¡NUNCA!— gritó, tomando a Gladio fuertemente de ambos hombros. Su aliento olía extraño…
—¡T-Tus uñas!— exclamó el niño al sentir como algo se encajaba en su piel. Fue zarandeado de repente.
—¡Papá no va a volver porque nadie sabe dónde está!— dijo, impactando a su hijo— ¡Podría estar en la luna o podría estar muerto! ¡Lo de Unova fue una mentira, ¿entiendes?! ¡YA NO HAY PAPÁ! ¡PAPÁ SE FUE PARA SIEMPRE! ¡PAPÁ ESTÁ MUERTO!
Los ojos de Gladio se abrieron como platos.
—Papá… ¿está muerto?— repitió, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.
De pronto, toda la sensatez de Lusamine volvió a ella y su gesto adquirió una total culpa.
Soltó a su hijo de inmediato y retrocedió por inercia.
—Oh mi dios… Gladio yo… Yo no quería…— comenzó a balbucear, lagrimeando incesantemente.
Entonces, lo peor pasó.
La puerta se abrió de nuevo, dejando ver a la pequeña Lillie en su camisón para dormir. Su rostro estaba empapado y los sollozos no paraban de salir.
Gladio y Lusamine vieron eso, aterrados.
—Papá… ¿¡PAPÁ NO VA A VOLVER?!— gritó, llorando con más fuerza mientras daba fuertes sollozos.
Lusamine corrió hacia sus hijos y se arrodilló, atrayéndolos a ambos hacia ella con sus brazos.
—¡LO SIENTO TANTO, NIÑOS! ¡PERDÓN POR HABERLES MENTIDO!— finalmente, rompió en un ensordecedor llanto.
Las dos mujeres de la familia Aether lloraban a todo pulmón, pero Gladio…
Su mirada estaba completamente perdida y las lágrimas simplemente corrían por su rostro. Abrazó a su hermana y madre.
—Está bien, mamá…— comenzó a repetir.
Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…
Durante casi toda la noche, lo único que se escuchó junto al llanto de las Aether fue a Gladio diciendo de forma constante "Está bien, mamá…".
Ese día, Gladio Aether dejó de ser un niño.
En la fogata, en el presente, todos estaban serios y cabizbajos.
No había ningún sólo sonido saliendo de los cuerpos de los ahí presentes.
Elio y Selene tenían los ceños fruncidos por la tristeza. El sólo imaginar la escena les rompía el corazón.
Hau se sintió totalmente identificado con Gladio y Lillie…
Había oído de Lillie que su padre había fallecido pero ahora que lo escuchaba… Sus historias eran realmente similares.
El respeto que sentía hacia Gladio creció.
Ash, por su parte, sujetaba fuertemente la mano de Lillie, quien temblaba levemente.
La rubia volteó a ver al azabache, dedicándole una sonrisa que trataba de decirle que estaba bien.
Ketchum no lo creyó ni por un momento.
Gladio veía fijamente al fuego y mientras él hacía eso, había un pensamiento en común por parte de todo el campamento.
Gladio Aether había cambiado en demasía.
2002 se había ido y 2003 había llegado, trayendo consigo, la inminente destrucción entre los lazos de Lusamine y sus hijos.
Eran los últimos días de abril. Tras lo ocurrido en noviembre, hubo incluso todavía más distancia entre los Aether con su madre, quien había llegado al punto de retirar todas las fotos de su esposo de la casa.
En palabras suyas, era mejor que sus hijos no vieran aquello que les traía dolor.
Gladio y Lillie estaban sentados en la cama del mayor, mientras este le enseñaba unos libros. Este en concreto se llamaba "Fantasma Pokémon".
—Este de aquí es un Gengar— le señaló, mostrándole al tipo Fantasma—. Dicen que puede maldecir incluso a su entrenador.
Lillie se sobó los brazos.
—Que miedo…
Ambos hermanos rieron, pero por dentro, Gladio sentía que algo no estaba bien.
Que ya todo era diferente.
No dijo nada y continuó mostrando a los Pokémon.
—¡Ah, mira! ¡Un Decidueye!— señaló.
Lillie hizo como si estuviera jalando un arco.
—Arquero— murmuró, soltando la cuerda imaginaria.
Gladio simplemente sonrió.
Era un día cualquiera en la mansión Aether… O antes lo habría sido.
Por la ventana del cuarto de Gladio comenzó a verse una brillante luz ante lo cual, ambos hermanos se acercaron rápidamente al cristal.
La escena que vieron los dejó helados.
Corrieron hacia el exterior de la mansión tan rápido como pudieron y para cuando llegaron vieron como su madre y Hobbes intentaban desesperadamente apagar una gran pila de fuego hecha de papeles.
Finalmente, tras intentos e intentos, el fuego se fue.
Lusamine cayó arrodillada.
—¿Qué hice?... ¿Qué acabo de hacer?...— sus puños se cerraron fuertemente y arrugaron su vestido.
Hobbes se veía realmente nervioso, lo cual sólo creció al ver como los niños llegaban.
—¡S-Señoritos!— exclamó en voz baja— C-Creo que no es un buen momento para que ustedes…
Gladio ignoró las palabras del mayordomo y simplemente se acercó a la pila de ceniza. Revolvió entre ella y encontró un papel.
Podía verse un ojo verde en él.
—Estas eran…— murmuró, reconociendo el ojo de su padre.
—¡Gladio!— llamó Lusamine, desesperada— ¡Lo siento mucho, cariño! ¡No sé lo que estaba pensand…!
—Yo… no quiero hablar contigo…— dijo, viendo a su madre con frialdad y dando media vuelta.
Lusamine, entonces, rompió en sollozos.
—Vámonos, Lillie— dijo el primogénito, guiando a su hermana, quien lagrimeaba.
Hobbes intentaba calmar a su jefa, pero él también lo sentía.
Sentía que haber quemado todas las fotos de Mohn había sido realmente extremo.
Los meses pasaron lentamente para los pequeños. En ese tiempo, sólo habían visto a su madre unas siete veces y cada vez que se veían, ella pasaba completamente de largo o hacia una expresión de indiferencia mientras murmuraba cosas.
Un día, Gladio iba caminando frente al cuarto de Lusamine, cuando de pronto escuchó una conversación.
—Presidenta, le pido que reconsidere esto que está por…— Wicke fue interrumpida.
—¿Me estás cuestionando?— interrogó Lusamine, golpeando lo que todo apuntaba, era su escritorio— ¡HAZ LO QUE TE DIGO!
Hubo un prolongado silencio.
—Mire, Presidenta, yo sólo pienso que no es correcto dejar que los empleados de la Fundación tengan permitido usar violencia contra los Pokémon… Se supone que somos un grupo que los protege, no que los lastima para luego protegerlos… Ellos… Ellos ya no confiarán en nosotros…— el tono de voz de Wicke era más bajo.
Un bufido de molestia se escuchó.
—¿Sabes qué?... Vete de aquí y llama a Faba. Quiero hablar con alguien con verdadera visión… Con razón solamente eres la supervisora de un escuadrón...
De nuevo, sólo hubo silencio.
—Si me disculpa…— dijo entonces Wicke.
Gladio se apresuró a alejarse lo más posible de la puerta y fingió que iba entrando al pasillo.
Para cuando llegó a la puerta de su madre, la subdirectora salió de la puerta.
—Hola, Wicke— saludó Gladio, fingiendo inocencia.
Wicke, quien por ese entonces tenía apenas dieciséis años y usaba el uniforme común de la Fundación, le devolvió el saludo.
—Un placer verlo, señorito— se inclinó levemente ante él.
Aunque Wicke fue el primer amor platónico de Gladio, este la ignoró por completo para centrarse en lo que había escuchado.
La Fundación Aether… ¿maltratando Pokémon?...
Y por orden de su madre…
Su rostro adquirió un gesto afligido y siguió por donde iba.
Para un niño de casi nueve años que tenía a su madre en un pedestal, eso era realmente duro de escuchar.
¿Debía decírselo a Lillie?... No, ella ya estaba suficientemente molesta con Lusamine por su larga ausencia y lo que le había hecho a las fotos de Mohn.
Gladio se detuvo y luego, se recargó contra una de las paredes. Abrazó sus piernas.
Extrañaba demasiado a su padre…
Cada noche escuchaba a Lillie sollozar, llamando a su progenitor incesantemente. Diciéndole que mamá ya no los quería…
Al principio, Gladio había intentado ayudarla, pero luego de casi cinco meses de lo mismo, supo que no podría hacer nada.
Estaba realmente harto de esa situación y lo que era peor, no sabía cómo era que su padre se había ido en primer lugar.
No sabía cuál era la causa de muerte.
Duró unos segundos sentado hasta que escuchó unos pasos. Levantó la mirada, encontrándose los indiferentes ojos de su madre.
—¿Qué haces aquí?— le preguntó Lusamine con frialdad.
—Nada, mamá— respondió Gladio en un murmuro para luego, ponerse de pie.
—¿Sigues llorando por él?— preguntó. Su tono de voz daba la sensación de que se estaba burlando.
El rubio se quedó quieto.
—Lillie y yo lo extrañamos… Es todo…— murmuró, con la mirada gacha.
Volvió a caminar, hasta que las palabras de su madre lo detuvieron.
—Era un hombre tan horripilante… Tenía esas aspiraciones tan ilusorias de un mundo perfecto que nadie más que yo podría construir… Esos modales en la mesa y su escandalosa risa… Pensar que lloré por su muerte y me esforcé por ver si seguía vivo…— Lusamine se cruzó de brazos, parecía como si estuviera realmente apenada de sus actos.
Gladio se giró lentamente.
—¿Por qué hablas así de él?— preguntó, mirando fijamente a su madre a los ojos.
Lusamine simplemente sonrió.
—Tu padre fue un ingrato. Le di mi apoyo, un trabajo y por sobretodo, mi amor. Aún con eso se atrevió a desaparecer o morir, no me importa, despreciando lo que sentí por él y haciéndome sufrir… Un hombre feo como ningún otro…— se encogió de hombros y luego, volvió a mirar a su hijo— Pero tú aún tienes salvación, Gladio. Tú y Lillie. Son jóvenes y pueden aprender a ser bellos… Me aseguraré de que te conviertas en un increíble hombre, no como ese sucio tipo que hizo sentir mal a la familia que dijo amar.
Gladio sintió como el enojo crecía en él.
—No fue culpa de papá el morir… Él no nos habría dejado a propósito, ni a mí ni a Lillie, tampoco a ti— Gladio le había respondido a su madre (primera vez que lo hacía) pero aún con eso, intentaba mantenerse lo más tranquilo que pudiera. No era buen momento para discutir con su madre, no cuando la familia estaba en ese estado.
—¿Estás diciendo que lo prefieres a él?— interrogó Lusamine. Su voz comenzó a mostrar enojo— ¿¡A él sobre a mí?! ¡Yo te di la vida y te amamante hasta que tuviste la edad suficiente como para poder tragar sin ahogarte!
—¡Y-Yo no estoy diciendo eso! ¡Sólo digo que no deberías hablar así de papá! ¡Él fue una maravillosa persona!— Gladio sentía como cada vez su enojo aumentaba y estaba seguro de que ya no aguantaría otro insulto por lo que se apresuró a dar la vuelta y trató de correr.
—¿¡Vas a dejarme aquí plantada?!— preguntó en un grito—¿¡Serás igual de ingrato que el perro sarnoso de tu padre?!
Gladio explotó. Volteó a ver a Lusamine y gritó.
—¡NO LO INSULTE…!
Un fuerte sonido se escuchó en el pasillo, seguido de otro más amortiguado.
Gladio estaba tirado en el suelo, con una mano sobre su enrojecida mejilla derecha. Sus ojos estaban abiertos como platos.
Miró lentamente a su mamá, quien seguía con la mano levantada.
Se sobó levemente el revés de la mano derecha.
—¿Cómo carajo se te ocurre siquiera levantarme la voz?— preguntó Lusamine, tomando a su hijo de la muñeca y levantándolo bruscamente— De ninguna forma dejaré que te conviertas en un sarnoso… Debo disciplinarte ahora que no te has salido de control… Debo volverte bello…
Por el impacto de haber sigo golpeando por una madre que jamás lo había hecho antes, Gladio ni siquiera se dio cuenta de que estaba siendo arrastrado hacia el cuarto de su madre hasta que la puerta de cerró con fuerza detrás de él.
Lo siguiente que sintió fue como todo su cuerpo ardía.
Varias horas pasaron y finalmente, Gladio fue empujado con fuerza del exterior de la habitación. Su madre se quedó en el marco de la puerta, viendo como su golpeado hijo trataba con todas sus fuerzas el ponerse de pie sin tambalearse en el intento.
—Espero que ahora estés enterado de lo que te pasará si me desafías…— le dijo Lusamine, cruzada de brazos— Las cosas han cambiado por aquí, rabioso.
Sin decir nada más, la adulta volvió al interior de su habitación.
Tras casi veinte o treinta minutos, Gladio se puso de pie.
Golpeado y totalmente shockeado, el niño comenzó a caminar hacia su habitación. Cojeaba levemente.
Fue un camino largo para él en ese estado pero finalmente logró llegar a su habitación. En cuando giró la perilla y la abrió, la puerta detrás de él también se abrió.
Lillie salió de inmediato.
—¡Hermano!— exclamó aliviada— ¡Te había estado buscando! ¡Hobbes estaba muy preocupado pero yo le dije que todo estaría bien porque mi hermano no puede ser…!— la niña se detuvo al ver los brazos de su hermano. Tenía algunas pequeñas cortadas y estaban rojos de algunas partes, como sus muñecas— ¿H-Hermano?...— murmuró, comenzando a asustarse.
Gladio se volteó, con una gran sonrisa en el rostro.
—Perdón por… preocuparlos, Lillie— murmuró. Sangre salía de su labio—. Me caí de las escaleras y no… quería que ninguno se asustara así que trate… de curarme yo solito…
La menor se apresuró a ayudar a su hermano a entrar a su respectivo cuarto y dejarlo en la cama.
—¡Llamaré a Hobbes, le diré que…!
—¡NO!— gritó Gladio, deteniendo a su hermana. Él estaba seguro de que Hobbes notaría que las heridas no habían sido por una caída de las escaleras. No quería que las cosas se pusieran más complicadas para la familia— Yo estaré bien, Lillie… Te lo juro…
Tras decir eso, cayó inconsciente.
Para cuando Gladio se despertó, sintió como sus brazos eran presionados por una especie de tela. Se vio fijamente el cuerpo, notando que tenía vendados los brazos y piernas. También tenía unas cuantas compresas en la cara.
Lillie estaba a su lado, sonriendo felizmente.
—¡El libro sirvió!— exclamó, mostrando la portada que decía "Primeros auxilios para los primeros que necesiten auxilio"— ¿¡Te encuentras mejor, hermano?!
Gladio asintió lentamente.
—Me arden los brazos…— murmuró.
Lillie se apresuró a mostrarle una botella con un líquido transparente que olía bastante fuerte.
—El libro me dijo que usara esto para que no se te pusieran más feos los cortes así que te lo puse— contó, agitando la botella luego de taparla— ¡No tengo ni idea de que sea!
Gladio si lo sabía.
Alcohol algo.
Sus padres ya se lo habían puesto antes cuando se raspó la rodilla una vez jugando a perseguir a Lillie.
El rubio se dejó caer en su cama.
—Muchas gracias, Lillie…— susurró para luego, señalar a la puerta— Lo siento, pero ¿podrías dejarme solo un rato? Tengo mucho sueño…
La rubia asintió y luego corrió hacia la puerta.
—¡Si necesitas algo más, llámame!— dicho eso, salió del cuarto.
Gladio se quedó viendo al techo de su habitación, la cual estaba llena de figuras de acción de Pokémon de Alola y posters de algunos ejemplares que nunca había visto.
Se quedó así unos segundos hasta que sus ojos se pusieron brillosos. Sin poder evitarlo, comenzó a llorar silenciosamente.
Su corazón se había roto.
Su madre, la mujer a la que más admiraba en el mundo, lo había golpeado brutalmente y lo que era peor, había insultado la memoria de su padre.
Él… no podía dejar que Lillie viera eso.
—¡YA CÁLLATE!
Era uno de los días libres que Lusamine rara vez se tomaba y cuando estaban comiendo todos en la sala, ella había comenzado a insultar repentinamente a Hobbes por su "lentitud".
Comenzó a llamarlo sirviente y otras cosas horribles, como que sólo era un mantenido y que nunca hacía nada por la familia. Comenzó a quejarse sobre el porqué él había sido elegido por su padre para ser mayordomo principal.
Todos esos insultos, aunque Hobbes los recibía con una disculpa y su consecuente reverencia, parecían afectar mucho al hombre.
Lillie, la más impulsiva, comenzó a pedirle a su madre que se detuviera, comenzando una discusión en la que de a poco, la niña comenzaba a levantar la voz.
Lusamine comenzó a lucir cada vez más enojada y cuando abrió la boca para hablar, Gladio la interrumpió gritando.
Todos en el lugar se le quedaron viendo.
—¡TODO EL TIEMPO ESTÁS ENOJADA! ¡ERES HORRIBLE!— su garganta dolía por los gritos— ¡YA ESTOY HARTO DE TI!
Lillie y Hobbes tenían los ojos totalmente abiertos pero Lusamine, por su parte, lucía calmada.
Lucía.
Con su dedo índice derecho le indicó a Gladio que la siguiera ante lo cual, el niño de ahora diez años asintió.
La siguió en silencio, dejando atrás el comedor y sabiendo lo que se le venía. Aún con la paliza que sabía, recibiría, él actuó para defender a Lillie.
Él podría recibir los castigos que fuesen, pero no su princesa.
Debía mantenerla a salvo a toda costa.
Nada más llegar a la habitación de su madre, esta puso el seguro y le dio una fuerte bofetada que lo tumbó al suelo.
Gladio se quedó ahí, esperando los siguientes golpes que nunca llegaron.
—Gladio… Te dije que no volvieras a desafiarme nunca y ahora no sólo me levantas la voz… Ahora tratas de humillarme frente al esclavo y Lillie…— el sonido de unos cajones abriéndose se escuchó. Lusamine sacó dos botellas de licor de debajo de su cama y las destapó, mostrando dos corcholatas— Golpearte fue la advertencia… Este es el primer adiestramiento.
Se acercó a la pared más cercana y colocó ambas corcholatas bocarriba de forma que los pequeños picos de estas miraban al techo.
Gladio no comprendió eso hasta que su madre lo sujetó con violencia y, usando toda su fuerza, lo obligó a arrodillarse sobre los tapones.
Un grito de dolor salió de la boca del rubio, quien rápidamente trató de pararse pero en cuanto lo hizo, Lusamine lo empujó hacia abajo con todavía más fuerza, causando que los pequeños picos se encajaran todavía más en sus rodillas.
Lo siguiente que hizo Lusamine fue tomarlo de los brazos y levantarlos hacia arriba.
—Cada vez que intentes ponerte de pie o bajes los brazos, serán cinco minutos más los que tendrás que estar ahí— le advirtió Lusamine, sentándose en la silla de su escritorio y comenzando a tomar de una de las botellas de licor—. Estarás ahí una hora. Cinco minutos extras por intentar levantarte hace un momento.
Gladio, con los ojos llorosos volteó a ver hacia su madre.
—¿P-Por qué haces esto, mamá?... Tú no eres así…— su voz tenía un tono de súplica autentico.
Lusamine lo vio por unos instantes y luego, suspiró.
—Evito que te conviertas en roña. Evito que te conviertas en alguien deplorable e intento hacerte bello, alguien digno del mundo que busco crear— respondió—. Por cierto, son quince minutos más por haberme desafiado— miró hacia el reloj que había en la pared y luego, bebió del licor—. Te queda una hora y dieciocho minutos.
Gladio volvió la vista al frente, llorando tan calladamente como podía.
Luego de lo que pareció ser una eternidad, al niño finalmente le fue permitido ponerse de pie.
Con la cara llena de lágrimas y los ojos enrojecidos hasta el máximo, Gladio se desenterró las corcholatas de las rodillas, produciéndole un fuerte quejido.
En ambas rodillas le habían quedado heridas realmente feas que seguían sangrando.
Lusamine, a la mitad de la segunda botella de licor, simplemente le señaló la puerta.
—Lárgate de una buena vez— le ordenó—. Reflexiona sobre lo que hiciste.
Gladio se fue lentamente, totalmente adolorido y sollozando.
Cuando llegó a su habitación, Lillie salió para interceptarlo.
Nuevamente, el niño inventó una excusa que su ingenua hermana creyó y entre ambos, trataron las heridas del rubio.
Lillie entonces comenzó a hacer preguntas que Gladio evadía con mentiras o cambiando el tema.
Daba igual cuantas veces lo preguntara, Lillie jamás obtenía respuesta.
Fue a partir de ese día que Gladio se aseguró de que Lillie y su madre nunca se encontraran en el mismo lugar.
2004.
Gladio tenía la enorme sospecha de que Faba le había hecho algo a Lillie pero no tenía ni idea del qué.
La actitud de su hermana lentamente fue relajándose al punto de que ya ni parecía ser la misma Lillie de siempre. Era mucho más tranquila, nerviosa y definitivamente, no tenía la misma chispa de antes.
También, se había hecho más inteligente.
Desde la vez de las corcholatas, habían pasado unos meses pero como Gladio se aseguraba de que Lillie nunca viera a su madre, ella comenzó a perdonarla con el tiempo, creyendo que todo lo dicho era porque estaba cansada.
En otras palabras, Lillie pensaba que su madre simplemente estaba muy agotada y que no tenía tiempo para jugar con ellos.
Pero que equivocada estaba la niña…
Ahora que se había calmado más, los pocos malos sentimientos que Lillie había guardado hacia su madre habían desaparecido casi totalmente…
Pero llegó ese día.
El día en que Lillie descubrió como era Lusamine.
Gladio acababa de salir del baño y de pronto, escuchó gritos saliendo de la habitación de Lillie. Corrió tan rápido como pudo, encontrándose a Hobbes en el pasillo, quien lucía igual de apurado.
El rubio le gritó al mayordomo que le dejara todo a él, cosa que el hombre aceptó como mayordomo que era.
La puerta del cuarto de la menor se abrió de golpe, dejando a Gladio ver la escena.
Lusamine tironeaba fuertemente del pelo de su hija de ocho años, mientras esta forcejeaba para liberarse.
—¿¡Qué mierda te sucede?!— interrogó, mientras jaloneaba con más fuerza— ¡Tu actitud es una completamente inaceptable! ¡Me da asco el sólo ver que una Aether sea tan sumisa como tú, maldita pedazo de escor…!
Un fuerte golpe en la cabeza hizo a Lusamine soltar a su hija, quien se arrastró llorando tan lejos de su madre como fuese posible.
Gladio había atacado a su madre con una figura de quince centímetros de un Lycanroc nocturno. La matriarca de la familia se giró hacia su hijo, con los ojos llenos de ira y las venas de la cara marcadas.
—Sígueme— le ordeno, intentando con todas sus fuerzas no explotar ahí mismo—. Cuanto más pelees, peor será el castigo.
El rubio lanzó su figura de acción al suelo y luego asintió. Le dio un último vistazo a su hermana y le sonrió.
Pudo ver el terror en los ojos de Lillie y sintió como su cuerpo ardía totalmente.
Su madre acababa de traspasar una línea, una línea a partir de la cual, ya no había retorno.
Gladio odiaba con todas sus fuerzas a su madre.
A él no le importaba lo que le hicieran, pero lastimar a Lillie… Lastimar a Lillie era un límite.
Siguió a su madre hasta su habitación, donde de nuevo, como en las otras múltiples ocasiones, fue recibido con un golpe pero que esta vez no fue una bofetada.
Había sido un golpe directo a su nariz que lo hizo caer de espaldas.
Lusamine no se detuvo ahí ya que continuo golpeándolo en el estómago y la mandíbula, incluso un golpe fue dirigido a su parte baja, haciendo al niño retorcerse del dolor.
Finalmente, la adulta se separó de su hijo y fue a buscar algo.
Gladio comenzó a jadear, intentando recuperar el aliento. Se preparó para gritar por ayuda.
Ya no le importaba nada, ya no le interesaba lo que le pasara a Lusamine.
No volverían a lastimarlo ni a él ni a Lillie.
En cuanto abrió la boca para gritar a todo pulmón, fue rápidamente silenciado por un golpe que ardió como el infierno.
Lusamine lo había golpeado en las manos con un látigo, el cual había dejado una zona al rojo vivo.
Con una mano, la presidenta tomó a su primogénito del rostro, apretándolo fuertemente.
—Atrévete a decirle a alguien, ya sea al sirviente o a esa perra de Wicke que sé que tanto te agrada y te juro que yo misma los mataré y a Lillie le irá peor de lo que te ha ido a ti— su voz sonaba tan amenazante como fría—. Pruébame, Gladio. Trata de comprobar si soy seria o no y tu estupidez se cobrará una vida, maldito perro callejero.
Gladio comenzó a llorar y simplemente cerró los ojos, aceptando su destino.
El ardor no se limitó a sus manos, sino que también se presentó en sus muslos y pantorrillas, así como en su espalda.
Las heridas eran tan malas que Lusamine tuvo que convocar a uno de sus Pokémon.
En concreto, fue Clefable, quien lucía totalmente indiferente al ver al niño que conocía de toda la vida en ese estado.
—Luz lunar— ordenó Lusamine, obteniendo obediencia absoluta. Pequeños destellos cayeron sobre Gladio, cerrando en su mayoría las heridas abiertas (dejando sólo pequeñas marcas) y haciendo al chico recuperar parte de su fuerza.
Un latigazo al suelo se escuchó, haciendo que Gladio se pusiera rápidamente de pie.
—¡FUERA DE AQUÍ, ASQUEROSO!— le gritó.
El rubio se apresuró a salir a toda velocidad, azotando la puerta detrás de él mientras se secaba las lágrimas y corría a esconderse.
Nadie vio a Gladio hasta entrada la noche, cuando salió del ático de la mansión para ir hacia su cuarto.
Cuando pasó frente a la puerta de Lillie, pudo escuchar sollozos por lo que entró sin dudarlo.
—Mamá… Mamá… Ella me…— comenzó a murmurar, totalmente devastada— Ella dijo que…
Gladio se apresuró a abrazarla con fuerza.
—Ella es una mujer peligrosa, Lillie— le murmuró—. Debemos evitarla cuanto podamos…
La rubia asintió, abrazando a su hermano y llorando.
En la comida del día siguiente, Gladio y Lillie estaban impactados al ver sus comidas.
Nada más que una pieza de pan duro y un vaso de agua.
Los hermanos voltearon a ver a Hobbes, estupefactos.
—H-Hobbes, esto es…— murmuró Gladio ya que Lillie no diría lo que pensaba.
El mayordomo hizo una reverencia de disculpa.
—La señora Lusamine me ordenó explícitamente que esta fuera su comida y cena… Ella dijo que si lo incumplía y los alimentaba más de lo debido, los dejaría una semana sin comer…— explicó. Su voz y sus ojos mostraban tristeza y preocupación.
Gladio tenía la vista clavada en su plato y con fuerza, apretó el tenedor que tenía en la mano.
—¿Y-Y el desayuno?...— preguntó Lillie, con timidez y nerviosismo.
El mayor volteó a ver al mayordomo de inmediato.
Recibieron una negativa.
—Se me ordenó que no les diera ni el más mínimo bocado antes de la una de la tarde...— respondió, sujetando su pantalón con los puños.
Los hermanos Aether voltearon a verse, mientras sudaban.
La violencia había dejado de ser únicamente física…
Pero no todo era malo, o eso creía Gladio.
Para ese mismo año, se había hecho de dos increíbles Pokémon que había rescatado de los laboratorios.
Un Eevee y un Rockruff (primero uno y luego el otro). Gracias al estado tan lamentable en el que estaban cuando Gladio los encontró, pudo aprender junto a Lillie mucho de medicina y primeros auxilios gracias a Hobbes.
La felicidad había aumentado en Gladio al tener ahora a sus nuevos Pokémon y Lillie también se veía un poco más contenta hasta que un día que hizo al mayor de los Aether temblar de terror y rabia llegó.
Dos supervisores, miembros de tarjetas de acceso nivel cuatro, llegaron a la mansión y en un descuido de Gladio, se habían acercado a Lillie.
Sus comentarios eran tan repulsivos como despreciables. Intentaron ver si podrían aprovecharse de la inocencia de Lillie cuando un Mordisco y Placaje de Rockruff e Eevee los alejaron.
Gladio gritó por ayuda a Hobbes, quien encaró a los dos sujetos, quienes salieron despavoridos, jurando represalias.
Lillie no había entendido lo sucedido, pero Gladio y Hobbes sí.
Ambos voltearon a verse, sabiendo lo que debían hacer.
Las clases de educación sexual empezaron al día siguiente y al día siguiente, también, llegaron las represalias juradas.
Hobbes tenía la cara completamente roja de la furia y con la voz rasposa, anunció la noticia.
—La señora Lusamine… dice que por atacar a dos miembros valiosos de la… de la Fundación, su comida se verá reducida…
Gladio se indignó en demasía y Lillie simplemente seguía sin comprender lo que estaba pasando, ¿qué se suponía que habían hecho mal?...
El estómago de Lillie rugió, haciendo que Gladio de inmediato volteara a verla. El joven Aether ya tenía ahora once años y la pequeña rubia tenía nueve.
—Toma mi parte, Lillie— le dijo, acercándole su mitad del pan.
La rubia se le quedó viendo fijamente y luego negó con la cabeza.
—Ya no puedo aceptarlo, hermano… Tendrás hambre…— murmuró, sintiendo su estómago gruñir de nuevo.
—¡Para nada! ¡Hoy estoy realmente lleno, ¿verdad, chicos?!— los Pokémon del rubio asintieron con energía.
Lillie vio el trozo de pan, sintiendo como se le hacía agua en la boca.
Miró a su hermano, preguntándole con los ojos que si estaba seguro ante lo cual, este asintió.
Lillie comió lentamente el pan, saboreando cada bocado.
Gladio sonrió y luego, dio una excusa para retirarse rápidamente.
No podía dejar que Lillie escuchara el gruñir de su estómago.
Unos días después, al no ver a Lillie por ningún lado, comenzó a buscarla y la encontró.
Pero no de la mejor manera.
Su hermana estaba dentro de una diminuta caja, llorando a moco tendido y suplicando por ayuda de su madre.
Gladio simplemente no pudo ver eso sin sentirse lleno de odio y rencor.
Entre él, Eevee y Rockruff, quitaron el vidrio que alejaba a Lillie de su libertad y se apresuraron a esconderse.
No podían permitir que la rubia los viera y luego, Lusamine pudiese sacarle información sobre su liberación.
Cuatro días después, por la noche, Gladio estaba haciendo la rutina que siempre hacía cuando todos se habían ido a dormir.
Asaltaba la nevera de la mansión.
Su hambre todos los días era inmensa al darle toda su comida a Lillie, así que la única forma de saciarse era ir a la nevera por las noches.
Imaginó que nadie lo atraparía nunca, que jamás descubrirían lo que hacía, pero se equivocó.
Una sombra fue creada por la luz del refrigerador y Gladio volteó lentamente hacia atrás al oír las pisadas de tacones.
Lusamine estaba frente a él.
—Vine a buscar a Lillie porque su jaula estaba rota y me encuentro con esto… Imagino que fuiste tú el que acortó su castigo también, ¿eh?— una sonrisa complacida se formó en su rostro— Ha pasado un rato desde la última vez que te adiestré, Gladio… Es hora de ver cómo has progresado…
Lo siguiente que Gladio recordó fue tener la cabeza metida en el inodoro mientras su madre lo forzaba a vomitar todo lo que había consumido.
Se quedó sin comer toda una semana después de eso.
Los "adiestramientos" continuaron por años, hasta que finalmente, Gladio tuvo trece años de edad.
Lusamine lo llevó a su habitación y cuando estuvo por golpearlo, el rubio le sujetó la mano y la apretó con fuerza, apartándola de un empujón y derribándola en el suelo.
La confianza se notó en el rostro de Gladio.
—¿Qué tal ahora, eh?— preguntó, siendo ahora él quien levantó a su madre con fuerza del suelo— ¿¡QUÉ SE SIENTE QUE AHORA SOY MÁS FUERTE QUE TÚ?!
Lusamine lo vio, roja a rabiar y no dijo ninguna palabra.
Gladio entonces la volvió a lanzar contra el suelo.
—¡NO TE ME VUELVAS A ACERCAR!— le ordenó.
Ese había sido uno de los más grandes y peores así como mejores, errores de Gladio. Gracias a él, había aprendido a defenderse.
Cuando dormía esa noche, fue sujetado por tres grandes tipos que le sellaron la boca y los ojos, arrastrándolo con ellos.
Sintió una sensación rara en el cuerpo y finalmente fue liberado.
Miró a su alrededor, asustado, dándose cuenta de que estaba en una especie de cuadrilátero blanco totalmente vacío.
Los sujetos que lo habían "secuestrado" comenzaron a crujir sus nudillos y a acercarse a él.
—Los hijos deberían obedecer a sus madres…— dijo uno, el más alto de ellos.
—Mira esto como una lección para el futuro, niño.
—Sin rencores, ¿okey?
Una de las mayores palizas de la vida de Gladio llegó. El pobre adolescente apenas y había podido defenderse.
Cuando despertó tras caer inconsciente, vio a Lillie, realmente preocupada.
Su cuerpo entero dolía como el infierno pero creyó que todo había acabado ahí.
Por el siguiente año, los mismos tres tipos le dieron palizas en cuanto se mejoraba hasta que llegó el punto en el que Gladio, por sí mismo, logró derribar a uno de ellos.
Evidentemente, los otros dos le dieron la paliza de dos sesiones.
Para cuando Gladio cumplió catorce, él creyó que todo cambiaría, que todo se terminaría por fin. Los matones se habían ido y ya no habían vuelto, él podría hacer el Recorrido Insular, vivir con Lillie, alejarse de su madre y…
No. No pasó nada de eso.
El día de su cumpleaños catorce, Gladio no amaneció en su cama.
Amaneció atado a una silla de metal, como en tantas películas había visto.
Frente a él estaba Faba junto a Lusamine, quienes tenían dos largos palos de hierro con un símbolo al final. El símbolo estaba tan caliente que desprendía brillo.
—Ya tienes catorce, Gladio y estoy segura de que tu cabeza está llena de sueños y esperanzas— una sonrisa se mostró en el rostro de Lusamine, la cual era fingida evidentemente—, en este día tan especial para ti, ahora que eres mayor de edad, te daré mi regalo. Algo que durará para siempre en ti, algo que te demostrará mi amor eterno y el lugar al que perteneces…
Los ojos de Gladio comenzaron a lagrimear al ver como ambos símbolos se acercaban lentamente a sus pies.
—Cuando usted diga, Presidenta— dijo Faba, sonriente.
Lusamine le correspondió el gesto.
—Gracias por la ayuda, Faba.
—Para servirle siempre, Presidenta— el Director de sucursal hizo una reverencia.
Gladio vio al hombre con odio. Ese sujeto había estado tratando de ganarse siempre el favor de su madre, ayudándola a torturarlos.
—¡VÁYANSE A LA MIERDA!— gritó antes de sentir un enorme dolor en sus pies, los cuales no podía mover al estar estos atados a la silla por lo que parecían ser grilletes. Al cabo de unos segundos el símbolo Æ estaba grabado, literalmente a fuego, en el empeine de sus pies.
Gladio estaba jadeando y vomitando del dolor, mientras que las lágrimas de sus ojos caían rápidamente sobre sus recién hechas quemaduras.
Lusamine le levantó la cabeza.
—Es un símbolo de una promesa…— le murmuró, dándole un beso en la frente— La promesa de que te volveré alguien realmente bello.
Gladio al verla tan cerca, le dio un cabezazo tan fuerte que la hizo sangrar.
—Vete al… diablo…, perra…— murmuró, finalmente desmayándose.
No recordó nada más de ese día que se suponía, debía ser realmente especial.
Sólo recordaba la promesa que se había hecho.
Él buscaría una forma de escapar del Paraíso Aether y huiría para volveré realmente fuerte, entonces, regresaría por Lillie.
Y así lo hizo.
El cómo es historia para otra ocasión.
Los Asutoro, Ash y Hau estaban realmente pálidos, con los estómagos revueltos por las descripciones tan detalladas de Gladio.
Esa cosa llamada Lusamine no era humana, era un monstruo dentro del cuerpo de una.
Los Asutoro y Hau comenzaron a pensar sobre si realmente ir por ella ¡Diablos, incluso el propio Ash lo dudó seriamente!
Gladio se levantó el pantalón hasta las rodillas, se quitó un zapato y mostró las manos.
Todo era real. Las cicatrices de las corcholatas, las pequeñas cicatrices de los latigazos y aquella marca hecha de manera inhumana.
—La perra eligió bien los lugares donde golpear. Si fuera a simple vista, sería demasiado obvio— Gladio al final volvió todo a su lugar.
Lillie lloraba sin emitir un solo sonido, su rostro simplemente estaba serio mientras lágrimas caían a raudales.
Ella le había dicho a Gladio que sólo había tenido que soportar a Lusamine por siete años mientras que ella lo había hecho diez. Aquellos siete años debieron sentirse como el triple para su hermano.
Se culpaba por jamás haberse dado cuenta de lo que ocurría con Gladio.
Los Pokémon, por su parte, sintieron nauseas.
Se suponía que una madre debía proteger y cuidar, no… hacer ese tipo de actos.
El lugar se quedó en completo silencio. Todos pensaban en lo maravilloso que era Gladio, en su fuerza de voluntad y en su determinación.
Pero todos también pensaban lo siguiente:
¿Debían ir por Lusamine?...
Elio no se contuvo más y corrió a vomitar cerca del acantilado.
Tiempo para el rescate de Lusamine: Nueve horas.
¡EY! ¡Terminé!
A decir verdad, no creí que lo lograría a tiempo XD
Es muy tarde realmente así que daré unas conclusiones rápidas.
Hubo momentos en los que me disculpé con Gladio por hacer así su pasado ya que los consideré realmente fuertes como la de la corcholata… He estado arrodillado y sólo estarlo en el piso es doloroso… Una vez probé con una corcholata (porque era niño e idiota) y como dolía estar sobre ella sólo tres segundos…
¡Lo siento, Gladio!
También, puede que sientan que falta más de la historia de los Aether y tienen razón. Esta fue la versión de Gladio de la historia, una versión donde entra su vida temprana con su madre, la cual fue buena desde que nació hasta los ocho años y la versión de pesadilla, que duró desde los ocho a los quince años. Por eso, tampoco explico mucho como se sientes algunos personajes, sólo algunos que Gladio identificó claramente.
Esta fue la historia de Gladio quien, definitivamente, es la mayor víctima de Lusamine.
Pasando a temas del anime de Pokémon…
¡ASH ATRAPÓ A GENGAR! Alto capo el Satoshi… Espero que atrape al Riolu, sería genial…
¡En fin! ¡No tengo mucho que decir! ¡Espero sus reviews, chicos!
¡Hasta la próxima!
