¡Alola a todos! Ha pasado literalmente un día desde que actualicé por lo que me veo en la necesidad de recordarles que hay un capítulo antes de este, que es el VS Hapu, para todos aquellos que no lo hayan leído XD

No he respondido las reviews de usuarios, pero prometo hacerlo cuanto antes. Las que dejen en este capítulo y las del anterior, así que no duden en comentar :D

¡Nos leemos!


—¡A-Aléjate de mí!... ¡Cua-Cuando el jefe se entere de esto, Gla…!

El hombre no pudo hablar ya que un pie entró en su boca.

—¿Quién le va a contar de esto a Guzma, Sean?— preguntó Gladio Aether, introduciendo más su pie en la boca del recluta Skull— ¿Vas a ser tú? Porque en mi opinión, estos son tus últimos momentos de vida.

Sean era un adulto de casi treinta años, medía un poco más del metro sesenta y era delegado. Su cabeza estaba rapada y vestía el uniforme del Team Skull solo que él no tenía su pañuelo puesto gracias a que Gladio se lo había arrancado. Los ojos del recluta le dejaron ver a su agresor todo el terror que estaba sintiendo.

Gladio estaba rodeado por Silvady, Lycanroc y Umbreon, quienes previamente habían debilitado sin ninguna dificultad a un Ratticate de Alola y a un Araquanid. El rubio retiró su pie de la boca de Sean, mientras seguía viéndolo con desdén.

—¿Tienes familia, Sean?— le preguntó Gladio, tomándolo de la cara y estrellándolo en contra de una de las paredes de la cueva en la que estaban.

—N-No…— respondió.

—¿Qué le pasó a tu madre? ¿A tu padre? ¿Tienes hermanos o abuelos?

—Mi… mi mamá murió por culpa de mi papá c-cuando era un niño…— dijo, sintiendo como las lágrimas corrían por su cara— Ella estaba enferma pero papá gastaba todo en bebida… Yo… yo lo…

—¿Qué le hiciste a tu papá, Sean?— Gladio se acercó a él— ¿Se sintió bien matarlo?

El recluta Skull cerró los ojos y asintió.

—F-Fue el mejor día de mi vida…— reconoció, recibiendo un puñetazo que lo tumbó al suelo.

—Odiabas a tu padre de mierda, lo entiendo y también entiendo que lo hayas matado— el rubio le dio una fuerte patada en el estómago—. Pero lo que no entiendo es por qué mataste a aquel niño que solamente estaba de vacaciones por Alola junto a sus padres.

—¡Q-Quería pedir dinero por su rescate, pero hacía tanto ruido que tuve que…!— otra patada lo calló.

—¿Y qué me dices de esa pobre madre de familia? ¿Qué querías hacer con ella, Sean?— Gladio se sentó encima de él y le dio dos derechazos con toda su fuerza— ¿Sabes qué? Mejor no me respondas; vomitaré si lo haces.

El recluta tenía su mano estirada hacia Gladio, tratando de pedirle que se detuviera.

—Mataste a cuatro personas inocentes, Sean— le recordó, sin quitarse de encima—. Luego, te uniste al Team Skull. Querías estar con los de tu calaña, ¿no?

—¡N-No hables así de ellos! ¡Ellos son los únicos que…!— fue interrumpido por un izquierdazo.

—¿Son los únicos que te entienden?— Gladio lo agarró por la camiseta de tirantes— No te confundas, Sean; estoy seguro de que a la mayoría de esos tipos les das asco. Te he oído hablar de tus asesinatos, he oído cómo te jactas de todos ellos sin hacer el más mínimo esfuerzo por disimularlo y ¿sabes qué he oído también?— se acercó al oído del Skull, sintiendo una enorme satisfacción— He oído que varios de ellos te desean la muerte, Sean. Todos te insultan y algunos te temen; nadie trató nunca de defenderte.

Los ojos del hombre se abrieron de par en par, volviendo a llenarse de lágrimas.

—¡No!... ¡No, me estás mintiendo, ellos nunca…!

—Personas que pasaron unos meses en prisión por robar cosas para sobrevivir; otras que fueron juzgados injustamente; algunos cuyos padres echaron de sus hogares y les juraron odio— Gladio le dio otro golpe—. En el Team Skull, la mayoría es ese tipo de personas; gente que se terminó convirtiendo en ratas despreciables por necesidad pero ninguna lo es por elección como tú. Incluso tu adorado líder te mira con repulsión cuando le das la espalda— el rubio se crujió los nudillos— Tengo un rastro de cada persona que es igual a ti, Sean. Por ejemplo, ¿te suenan Miley, David, Jean y Kai?

El recluta cerró el puño con rabia.

—Jean era como un hermano para mí…— murmuró Sean, chirriando los dientes— ¡Sospeché de ti en cuanto el jefe te contra…!

—¿Oh, te duele su muerte?— Gladio volvió a callarlo de un golpe— ¿Te duele la muerte de un hombre que asesinó a otros dos a sangre fría? Claro que te duele, a fin de cuentas, son la misma basura… O eran.

—Algún día, ellos te descubrirán…— le aseguró Sean, viéndolo con enojo.

—Oh, ellos ya sospechan de mí, eso tenlo por seguro— Gladio se desquitó un poco más, solo que esta vez, contra su abdomen—. Pero no me preocupa, porque sé en qué momento voy a morir, Sean y claro que tú también lo sabes. El futuro está de mi lado pero no puedo acceder a él si no me dices lo que quiero…

Sean luchaba por recuperar el aliento mientras tosía.

—Supongo que no tiene caso esperar hasta que estés bien…— el rubio se rascó la cabeza— Verás, hace dos años y medio aproximadamente, unos hombres mataron a una mujer en ciudad Hau'oli. Era una vendedora de bayas, una anciana de unos sesenta años.

El Skull reaccionó de inmediato ante esto, dejando ver su miedo.

—No trates de ocultarlo, sé que fueron Big-J y "el Hermano", como le dice él. Los conocí cinco meses luego de que Guzma me contratara; eran tal y como tus cuatro compañeros me los describieron— Aether se vio las manos—. Tuve que contenerme demasiado para no matarlos en ese momento… Claro que algún día los voy a matar, pero hacerlo de golpe sería demasiado insatisfactorio… Primero los dejaré rotos, con ganas de venganza; ellos vendrán a buscarme y entonces volveré a hacerlos trizas, solo que esta vez perderán una pierna o un brazo, depende qué tan generoso me sienta y, cuando ellos me teman lo suficiente, yo los perseguiré, los atraparé, los torturaré y los mataré. Solo entonces estaré satisfecho.

—Mataste a los otros para saber quiénes eran…— Sean pareció recuperar por un momento la calma— ¿Pero… por qué a mí?... ¿Qué quieres conseguir de mí?...

—Fácil— Gladio lo tomó por los costados de la cara—. Quiero información personal; sé que te llevabas bien con ellos. Si voy a romperlos, será utilizando todos los medios que estén a mi alcance.

Sean frunció el ceño y le escupió en el rostro.

—¡No vas a tener nada de mí, hijo de puta!

Gladio se quitó la saliva de la cara y luego, lo miró.

—Mala elección.


—… h-hay una chica… que se llama Mary… ellos parecen… tenerle mucha esti… ma…— Sean estaba tirado bocabajo, con sus piernas y brazos dislocados y montones de moretones en el rostro.

—Cumpleaños; nombres reales; lugares de nacimiento; cantidad de asesinatos; pasatiempos; zonas de visita frecuente; familiares y amistades… Me acabas de dar un montón de información útil, Sean— el rubio se arrodilló y le dio unas palmaditas en la cabeza—. Si me hubiera encontrado contigo antes, entonces seguramente tus amigos estarían vivos, incluyendo a Jean.

Sean no decía nada, en su lugar simplemente tenía la mirada perdida, llorando en silencio.

—En otra vida, Sean, pudimos ser compañeros. En una vida donde alguien más mató a Amapola, no los de tu grupito— Gladio lo miró—. Pero esa vida nunca va a existir. Adiós, Sean; fue un placer matarte.


El Skull Maker ataca de nuevo.

Encuentran a recluta del Team Skull muerto en caverna cercana al Monte Hokulani.

El pasado domingo un grupo de excursionistas encontraron el cuerpo de un recluta del Team Skull sin vida, dentro de una cueva en el corazón del Monte Hokulani. Se reconoció al recluta como Sean Pama, prófugo de la justicia buscado por el asesinato de cuatro personas, cuya primera víctima fue a mediados del año 2002. El cadáver tenía ya tres semanas en descomposición según afirmaron los forenses y la causa de su muerte fueron veintiocho puñaladas con una arma punzocortante. La policía no logró encontrar pistas que pudieran dar con el paradero del asesino y tampoco se encontraron a los Pokémon de Sean. Se cree que esto es obra del llamado "Skull Maker", un asesino que en el pasado año y medio se ha cobrado la vida de cinco miembros del Team Skull, todos ellos buscados por cargo de asesinato. Desde hace varios meses que dejó de operar pero al parecer, ha vuelto a las andadas. El apodo de "Skull Maker" le fue dado por las masas y se cree que…

—Cielos… El mundo es una locura— el profesor Kukui leía las noticias en su tableta electrónica, sentado en la mesa de su cocina.

—¿Qué estás leyendo, corazón?— preguntó Burnet, sentándose a un lado suyo.

—Noticias sobre el Team Skull— respondió, dejando de lado el aparato—. Es muy temprano como para hablar de esas cosas.

—Ya veo…— la profesora puso su mejilla sobre su mano y luego, sonrió, mirando hacia el fregadero— Lillie, querida, ¿estás segura de que no quieres ayuda? Ayer lavaste la sala tú sola a pesar del desastre que hizo Kukui.

La rubia volteó a verla, con unos guantes de hule puestos y negó con la cabeza.

—No necesita preocuparse por mí, profesora Burnet— le dijo, volviendo a ver los platos—. Ustedes ya hacen suficiente.

Los profesores voltearon a verse y se sonrieron.

—Has estado aquí por todo un mes, Lillie— le dijo Kukui, cruzándose de brazos—. Mañana se celebrará un pequeño festival en pueblo Iki que se retrasó porque el Kahuna Hala tuvo que atender ciertos asuntos fuera de Alola. ¿Te gustaría venir con nosotros?

Las manos de la rubia dejaron de moverse y su cuerpo pareció tensarse. Los miró una vez más.

—Yo… no quisiera importunarlos— dijo, sin poder hacer contacto visual—. En un festival deben de querer divertirse y comer cosas, yo… no quisiera que tuvieran que contenerse por mí…

Kukui se rio.

—¿Y quién dijo que teníamos que contenernos?— preguntó Burnet, sorprendiendo a Lillie. La mujer le dio un codazo a su esposo— Puede que no lo sepas, pero mi piloncito y yo ganamos bastante dinero entre los dos, de lo contrario mi Kukui no podría trabajar en...

—¡Terroncito, eso todavía no puede saberse!— se apresuró a callarla Kukui, algo exaltado.

—¡Ups! ¡Casi se me va la lengua!— Lillie sentía curiosidad pero no se atrevía a preguntar nada. Burnet volvió a verla, tratando de hacer ver como si lo anterior no hubiera pasado— A lo que voy es que comprarte cosas a ti también no nos molesta en lo más mínimo.

—¿Has ido a algún festival, Lillie?— preguntó Kukui, recibiendo una tímida negativa— ¡Entonces mayor razón para ir! ¡El ambiente es realmente interesante, no como un Espacio raro, sino como un Campo eléctrico que electriza tu cuerpo!

—Yo… no estoy segura de entender— admitió la rubia.

—Hay veces que no se trata de entenderlo, ¡simplemente tienes que sentirlo!— exclamó Burnet, extendiendo los brazos.

—¡Woof! ¡Woof!— ladró un pequeño Rockruff, dando saltos mientras meneaba la cola y sacaba la lengua.

—Este chico de aquí es la viva prueba de eso, ¿verdad, amigo?— preguntó Kukui, rascándole la cabeza, cosa que parecía gustarle.

—¿Entonces, Lillie?— Burnet le sonrió— Nos gustaría mucho que nos acompañaras.

La rubia agachó la cabeza y asintió.

—Si no soy una molestia…— murmuró.

Burnet y Kukui volvieron a verse con una sonrisa.


—¡Kaku!— exclamó Nebulilla, saliendo del bolso de Lillie sin previo aviso.

La rubia se apresuró a tomarlo y volverlo a guardar con delicadeza.

—N-Nebulilla, por favor quédate en el bolso— le dijo, con un rostro de preocupación—. Solo el profesor Kukui y la profesora Burnet pueden verte…

—Es un chico realmente inquieto— Burnet se rio.

—¿Verdad? Ya se ha salido del bolso cinco veces desde que salimos de casa— Kukui se rio.

—Lamento mucho los inconvenientes, profesores— Lillie se apresuró a reverenciarse—. Y… gracias…

—¿Por qué?— preguntó la adulta con una sonrisa.

La rubia negó rápidamente.

—N-No… Por nada…— murmuró, agachando la mirada.

—¡Oh! ¡Ahí está!— señaló Kukui, apuntando hacia el frente. Podía verse un arco de madera que daba la bienvenida a pueblo Iki— El festival comenzará en unas horas, pero llegar antes no está mal. Hay un chico de tu edad que podría caerte bien.

Escuchar eso hizo a Lillie sentirse bastante nerviosa. Nunca había hablado con nadie de su edad, después de todo.

Estaban por cruzar la entrada, momento en el cual el corazón de Lillie ya latía a mil por hora pero entonces, alguien los llamó. O más bien, al profesor.

—¡Profesor Kukui!— gritó un niño moreno que llegó corriendo desde el este. El investigador se detuvo al igual que las dos mujeres que lo acompañaban.

—¡Tristán! ¿¡Oh?! ¿¡No es ese un Magby?!— preguntó Kukui, viendo al pequeño tipo Fuego que acompañaba al niño.

—¡Sí, lo es! ¡Mi abuelo me lo regaló!— Tristán le dio unas palmaditas a su Pokémon— Vamos, amigo… El profesor Kukui es una buena persona.

El Magby lucía realmente nervioso.

—Deberías enseñarle una que otra cosa a Tristán— le dijo Burnet, dándole un codazo a su marido.

—¡La profesora Burnet tiene razón, eso realmente me ayudaría, profesor!— Tristán lucía realmente emocionado— ¡El señor Hala me dijo que dentro de un año podría salir en mi propia…!

Todos notaron como el pequeño se había callado de pronto. Los adultos siguieron la mirada del niño hasta toparse con la persona que lo dejó boquiabierto e intensamente sonrojado.

Lillie sentía nervios por la mirada tan fija de Tristán por lo que instintivamente se bajó la pamela, tapándose los ojos.

Kukui y Burnet se miraron con complicidad, sonriendo de forma un tanto burlona, como si fueran niños de ocho años.

—Deja que te la presentemos, Tristán— Burnet puso una mano sobre el hombro de la rubia—. Ella es Lillie, tiene quince años y estará viviendo con nosotros. Podrías estarse viendo más veces en el futuro, así que traten de llevarse bien, ¿sí?

—U-Un placer…— dijo la rubia, en un tono de voz muy bajo.

Tristán dejó salir un pequeño ruidito y luego, balbuceó unas cosas que nadie entendió para finalmente, salir corriendo.

—Le gusta— dijo Burnet, con una sonrisa pícara.

—Definitivamente— Kukui tenía el mismo gesto y estaba cruzado de brazos.

Aunque no podía verse por la pamela, Lillie estaba tan roja como un tomate. No se dio cuenta de que habían entrado a pueblo Iki hasta que finalmente se calmó.

Muchas personas detuvieron al matrimonio, saludándolos y bromeando con ellos. La rubia fue presentada a algunos cuantos, los más curiosos principalmente.

Se detuvieron en cuanto llegaron frente a unas escaleras que llevaban hacia la parte superior del pueblo.

—¿Y qué te parece el lugar, Lillie?— preguntó Burnet, extendiendo los brazos hacia sus costados— ¿Puedes sentir ya el ambiente?

Decoraciones, puestos callejeros, luces y gente reunida incluso antes de que el festival iniciase. Lillie asintió, maravillada ante todo lo que había por ver.

—Es hermoso…— dijo, con una muy pequeña sonrisa en el rostro.

Burnet y Kukui, una vez más, se miraron. Ambos con un pequeño sonrojo y al mismo tiempo, sonrieron ampliamente. Era la primera vez que la veían sonreír así.

La emoción del momento se perdió al escuchar algunos sonidos de preocupación. Los tres miraron rápidamente hacia las escaleras, topándose con una escena de lo más inusual. Un joven acababa de saltar por ellas, atrapando en el aire una especie de pequeña pelota que tenía más o menos el tamaño de su mano. Dicha pelota acababa de salir de una burbuja que se había reventado.

—¡La tengo!— exclamó el chico y luego, procedió a obedecer las leyes de la gravedad, cayendo rápidamente hacia el suelo.

—¡Cuidado!— dijo Kukui, apartando a Lillie con rapidez, quien simplemente se había quedado pasmada en el lugar por la impresión.

El chico misterioso hizo un movimiento en el aire, acomodándose de tal manera que aterrizaría perfectamente. Por algún motivo, apenas cayó al suelo, comenzó a rodar por este mismo, como si su aterrizaje perfecto hubiera sido una mera ilusión.

La gente se arremolinó a su alrededor, solo para verlo tirado bocarriba y con una mano extendida hacia el cielo; en ella había una especie de pan que estaba intacto.

—La… ¡ATRAPÉ!— gritó, poniéndose de pie al instante— ¡Mi dulcesada! ¡No sabría qué hacer si te hubieras arruinado!

Lillie se veía bastante sorprendida, reacción que los profesores no dejaron pasar.

—Típico de Hau— se rio un adulto, riéndose y retirándose.

—¡Práctica esos aterrizajes, Hau!

—¡Lo que hacen las nuevas generaciones!...

—Y por una Malasada— una risa se escuchó.

Hau no parecía molesto por los comentarios. Era como si en el mundo solamente existieran él y su Malasada.

Lillie sintió un movimiento en su bolso y lo miró, dándose cuenta de que Nebulilla estaba por abrirlo del todo.

—¡No!— exclamó en voz baja, volviendo a cerrarlo— Por favor, mantente quiero, Nebulilla…

—¡Ah, profesor Kukui, profesora Burnet! ¡No los había visto!— el moreno se acercó a ellos, riéndose— Popplio y yo estábamos practicando sus burbujas cuando por accidente envolvió mi…— se calló de golpe y de nuevo, Lillie fue el motivo. Una sonrisa apareció en su rostro— ¡Ey! ¡Hola, soy Hau!— se presentó, sorprendiendo a la rubia, quien retrocedió por inercia.

—Es de él de quien estábamos hablando, Lillie— Kukui se puso detrás del chico y le colocó ambas manos sobre los hombros—. Él es Hau Mahalo, el nieto del Kahuna de Melemele, Hala.

—¡Y tengo quince años!— dijo, como si ese dato fuera realmente importante.

Lillie tuvo que tomar aire y respirar. Era la primera vez que hablaba con un chico que no fuera Gladio…

—Un placer conocerlo, señorito Hau— se reverenció—. Mi nombre es Lillie, espero que podamos llevarnos bien.

—Lillie está viviendo con nosotros— dijo Burnet—. Podrías considerarla una especie de… "asistente".

—Por asistente se refiere a que es la persona que arregla mis desastres— Kukui se rio.

—Cariño, realmente no sé si eso es algo por lo cual estar orgulloso…

Hau se acercó a la rubia.

—¿Cuántos años tienes?— le preguntó, con una sonrisa.

—Quince— respondió, sin hacer contacto visual en ningún momento—. Dentro de poco cumpliré dieciséis.

Mahalo chasqueó los dedos y luego, se llevó una mano a la cabeza.

—¡Eres mayor que yo!— dijo, para luego, cruzarse de brazos— Yo cumplí los quince en abril, así que… ¡ganaste!

—¿Gané?...— Lillie sonaba confundida.

—¡Sí, ganaste!— Hau se descolgó una mochila y luego, la abrió— ¡De cualquier forma! ¿¡Has probado las Malasadas?!

Lillie retrocedió un poco más al ver la repentina emoción que Hau había adquirido.

—Los profesores me han comprado varias veces…

—¿Cuál es tu sabor favorito?

—¿Mi…? Creo que… ¿la dulcesada?

Hau asintió repetidas veces.

—La dulcesada es realmente popular entre las chicas adolescentes, así que no me sorprende— levantó un dedo como si fuera un maestro— ¡Pero el resto de Malasadas también son buenas! ¡Limitarse a un solo sabor es un gran desperdicio!

—E-Entiendo…

Kukui y Burnet se rieron.

—En fin, los dejamos por un momento, chicos— dijo el profesor, comenzando a caminar hacia las escaleras—. Quiero ir a hablar de algunas cosas con el señor Hala.

—¿Podrías enseñarle el pueblo a Lillie por nosotros, Hau?— pidió Burnet.

—¡Déjemelo a mí!— exclamó Mahalo, golpeándose el pecho.

La rubia no lucía muy entusiasmada por la idea e iba a decir algo pero justo en ese momento, Nebulilla trató de escaparse de nuevo por lo que, para cuando se dio cuenta, estaban solos ella y Hau.

—¡Oarf, oarf!— se escuchó. Tanto Hau como Lillie vieron a un pequeño Popplio que acababa de llegar.

—¡Ah, amiga, sí que tardaste!— la cargó en brazos no sin antes comerse toda la Malasada de un mordisco, cosa que le pareció un tanto desagradable a la rubia—. Ella es Lillie, es amiga de los profesores y estaremos mostrándole el lugar por hoy. Sé amigable, ¿sí?

—¡Oarf!— le sonrió a la chica, quien también adquirió un gesto similar.

—Un gusto, Popplio— dijo.

—¡Puedes acariciarla! Ella es muy mansa, ¿sabes?— Hau acercó a la tipo Agua hacia Lillie, quien asintió. A la joven no le costó mucho tocar la cabeza de la pequeña leona marina y a esta no parecía molestarle la caricia en lo más mínimo— Entonces, ¿vamos?

—Estaré a su cuidado— una vez más, Lillie se reverenció.


El recorrido por pueblo Iki había sido interesante, pensó Lillie.

Cada vez que llegaban a un lugar, pasaban frente a una casa o veían algo que le llamaba la atención, Hau se detenía a explicarle diversas cosas como historias que ocurrieron ahí, el número de habitantes del hogar por el que estaban pasando, etc.

—Esta es la plataforma ceremonial— dijo Hau, parándose en medio de un cuadrilátero de madera—. Aquí es donde los chicos que ya pueden iniciar su Recorrido insular obtienen su Pokémon inicial con el que compartirán viaje y vida. Aquí fue donde obtuve a mi Popplio, a los once años.

—Creí que solo a los adolescentes de catorce años se les permitía iniciar el Recorrido insular…— murmuró Lillie, sin saber que había sido escuchada.

—Como soy el nieto del Kahuna, tengo que partir con ventaja para estar preparado lo más pronto posible y sustituir a mi abuelo cuando él ya no pueda ser rey— la rubia se exaltó al recibir la explicación—. Supongo que podrías considerarlo una ventaja— se rio.

—No quería sonar tan entrometida…

—¡No pasa nada, no pasa nada!— Hau miró a Popplio, quien también le decía lo mismo a la chica, solo que en su idioma— ¡Y mira ahí!— señaló hacia la gran casa que había frente a la plataforma— ¡Esa es mi casa! Mi abuelo, mamá y yo vivimos ahí.

Lillie no preguntó por su padre. Hacerlo la haría volver la memoria atrás, a sus días en la Fundación Aether. Ella no recordaba nada de su propio padre; ni la más mínima cosa.

—Ahí es donde están el profesor Kukui y la profesora Burnet— dijo, bajándose de la plataforma—. Vamos, te llevaré con ellos.

Lillie se sorprendió al escuchar eso.

—¿Eh?... ¿Ya terminó el recorrido?— preguntó en un tono de voz bajo.

Hau la miró, un tanto confundido.

—Creí que te incomodaba estar rodeada de tantas cosas que no conocías, así que pensé que lo mejor sería que volvieras con los profesores— se rio, llevándose las manos detrás de la cabeza— ¿Me equivoqué?

—N-No es que se haya equivocado, es solo que yo…

—¡Tranquila, no necesitas explicarme nada!— le dijo, señalando la entrada a un bosque— Hay un último lugar que quiero enseñarte.

La rubia vio el lugar.

Y cuando un desconocido te diga que vayas con él a un lugar oscuro y alejado, jamás le hagas caso, Lillie. JAMÁS.

Entrar a un bosque, sola con un chico que no conocía era…

—¡Te va a encantar! ¡Hay mucha naturaleza y también un enorme barranco por el que pasa un río!— Hau volteó a verla— ¿Sabes lo que son las Ruinas de la guerra? ¡Siempre me ha gustado verlas desde la distancia, ¿verdad, Popplio?

—¡Oarf!

El cuerpo de Lillie se destensó. Hau le transmitía una sensación relajante cada vez que hablaba. No podía pasarle nada, ¿no? Los profesores sabían que ella estaba con él, sin mencionar que era el nieto del Kahuna.

Así, ambos se encaminaron al destino que Mahalo marcó.

Hau era el único que hablaba, explicándole a Lillie un montón de cosas que a ella le parecían realmente interesantes. Le hablaba sobre su apellido y la senda Mahalo, la relación que había entre los lugares sagrados y las familias fundadoras, entre otras muchas cosas de la región de Alola.

Hubo algo que Lillie agradeció más que nada y eso era la ausencia de preguntas. Hau nunca le preguntaba nada a ella; no quería saber ni su apellido, ni dónde había nacido, tampoco preguntaba por su familia. Eso hizo que ella se sintiera un poco más en confianza con él, pero siempre manteniéndose alerta.

Luego de una larga subida, llegaron frente a un puente.

—¡Estamos aquí!— dijo, respirando el aire del lugar— ¿Ves eso de ahí? ¡Son las Ruinas de la guerra!

Lillie se acercó lo más que pudo.

—Que estructura tan fascinante…— murmuró, sonriendo un poco— La simple fachada me da un aire de misticismo que me incita a entrar…

—Sabes palabras raras, ¿eh?— Hau se rio, sonrojando a la chica.

—L-Lo siento… Olvidé que estaba hablando en voz alta…

—¡No te preocupes! Pensar en voz alta te ayuda a aclarar las ideas. Me ha pasado que voy a comparar Malasadas pero olvido de qué tipo quería así que pienso en voz alta para recordarlo.

La boca de Lillie se frunció un poco.

—No sería mejor… ¿pedir las que quiera en ese momento?

—¡No, no, no, no!— Hau negó rápidamente al igual que Popplio— ¡Aunque seguir tu corazón está bien, para pedir una Malasada primero tienes que pensarlo bastante bien! Influyen muchas cosas a la hora de pedir la Malasada ideal, como lo es el clima, tu estado de ánimo y la cantidad de leche Mu-Mu que tengas en el refrigerador.

—Ya veo…— de alguna forma, el tema había vuelto a las Malasadas.

—¡Pero cambiando de tema!— y dejó de serlo en un segundo— Aquí es donde reside la deidad guardiana de nuestra isla. Su nombre es…

—Tapu Koko— interrumpió Lillie. Luego de unos segundos, se puso roja y nerviosa— P-Perdone por interrumpirlo de esa manera…

—¡No, no, adelante! Sería bueno oír hablar a alguien que no sea yo— se rio, incitándola a seguir hablando.

—Bueno… Tapu Koko es la deidad guardiana de Melemele y el dios de la guerra. Se dice que de todas las deidades guardianas él es el más poderoso; el guerrero supremo.

—Ajá.

—Es del tipo Eléctrico y Hada. Siempre que hay algún conflicto se le reza a Tapu Koko para que no desate la guerra entre los bandos involucrados— siguió hablando Lillie— Y también… ¡Ah!— Nebulilla había tratado de salir de su bolso pero ella había logrado evitarlo justo a tiempo.

Para miedo de la rubia, Hau se quedó mirando a su bolso por varios segundos. Su mirada mostraba absoluta seriedad, cosa que Lillie no creyó que el nieto del Kahuna pudiera tener. Popplio también fijaba toda su atención en la bolsa.

La chica tragó saliva, sintiendo como su rostro se llenaba de sudor.

—¡Bueno! ¡Sí que sabes muchas cosas, Lillie!— Hau dio media vuelta mientras sonreía— Debes haber leído un montón de libros.

Un gesto de confusión se dejó ver en el rostro de la rubia.

—¿Nos vamos?— le preguntó, mirándola de reojo.

—S-Sí…

Se fueron del lugar sin saber que estaban siendo observados por una pequeña lechuza quien se había sentido atraída por el olor de los dulces de Hau. No vio oportunidad para llevarse nada así que simplemente voló de regreso a su hogar.

Y la lechuza también se fue sin saber que también estaba siendo observada.

Tapu Koko, dios de la guerra, había visto todo y su rostro reflejaba alegría.

Ella por fin había llegado. Su señor volvería pronto.


—¡Vamos, Hau! ¡Vamos!— exclamó Kukui, animando al moreno, quien estaba combatiendo contra un chico y su Rowlet.

Lillie miraba hacia otro lado, cosa que Burnet notó.

—¿Todo bien, Lillie?— le preguntó, mostrando preocupación.

—Es solo que yo… A mí no me gustan los combates Pokémon— respondió, casi murmurando—. No me gusta ver como los Pokémon se lastiman entre sí.

La preocupación de Burnet creció pero antes de poder decir algo más, el público estalló en vítores.

El Pistola de agua de Popplio había conectado, derribando a Rowlet de los cielos, golpeándolo luego con Acua jet y terminándolo con un Voz cautivadora.

—¡Qué combo!— gritó un espectador.

—¡El nieto del Kahuna! ¡El futuro rey!

—¡Que buena pelea, ustedes dos!

Pero la guinda sobre el pastel no tardó en llegar.

Popplio de pronto empezó a brillar intensamente y esta vez, Lillie se miró atenta. Era la primera vez que veía a un Pokémon evolucionar.

Popplio desapareció, dando paso a Brionne. Una vez más, el público estalló.

La enorme sonrisa de Hau conmovió un poco a Lillie, emoción que creció más al ver cómo corría con pequeñas lágrimas en los ojos hacia su amiga Pokémon.

Esos dos debían tener una historia bastante profunda, pensó la rubia.

—¡Rowlet no puede continuar! ¡Hau es el ganador!— anunció el Kahuna Hala, levantando un brazo en favor de su nieto.

La rubia logró ver el flash de una cámara y por pura inercia miró hacia el lugar. Se topó con un hombre blanco de pelo castaño y ojos azules; un extranjero. Llevaba una cámara colgada del cuello y una pluma detrás de la oreja, por lo que Lillie intuyó que se trataba de un reportero.

Volvió su atención al festival y entonces, su nariz se llenó de un aroma delicioso, como a comida marina. Su estómago gruñó.

—¡Yo invito!— dijo Burnet, sonriéndole a la rubia, quien se sonrojó.

—Lo siento…— murmuró, apenada.

—¡No sientas nada, solo disfruta el festival!— Kukui se levantó de su asiento y bajó hacia el suelo— ¡Hay mucho por ver!

La rubia asintió.

Había mucho por ver.


El hermoso festival que se vivió en pueblo Iki, Alola.

Uno de nuestros reporteros tuvo la suerte de pasar por Alola justo en el momento en el que se estaba llevando a cabo uno de los festivales más importantes para los Alolianos. Este bello festival lleno de vida es donde los jóvenes de catorce años reciben su primer Pokémon para así, poder iniciar el llamado "Recorrido insular". El Recorrido insular consiste en…

—¿Y bien? ¿¡No es interesante?!— preguntó un chico moreno de erizado pelo negro con algún que otro mechón rojo. Sus ojos eran azules y estaba vistiendo una chaqueta de cuello largo y un pantalón largo; ambas prendas eran negras. Apartó su celular del rostro de un adolescente azabache— ¡Tu papá trabaja ahí, Elio, seguro estás muerto de emoción! ¡La región Alola está llena de cultura y…!

—Go…— murmuró el chico, que vestía el mismo uniforme que él.

—¡D-Dime, Elio!— el rostro del llamado Go mostró nerviosismo.

—Mi hermana está enojada.

—Y-Ya lo sé…

—Koharu está enojada.

—T-También lo sé…

—Yo estoy molesto también.

—L-Lo siento…

El salón de clases se quedó en silencio. La escuela había terminado hacía poco más de media hora, pero Elio había tenido que quedarse a esperar a Go, a quien habían citado en el lugar.

Elio se rascó la cabeza.

—Seamos claros, Go— le dijo, señalándolo a él y luego a sí mismo—. Tú y yo no podríamos considerarnos amigos; apenas nos hablamos cuando nos toca hacer un trabajo juntos.

—Estoy de acuerdo con eso...— el moreno desvió la mirada, sabiendo por donde iban los tiros.

—Pero en este momento, aunque esté molesto por el 75 que acaban de ponerme, créeme que realmente te compadezco— le dijo, cruzándose de brazos y recargándose en su silla—. No siento curiosidad del por qué no vienes casi nunca a clase y de hecho, tampoco sé si quiero saberlo pero ellas no son yo.

Go parecía querer que se lo tragara su asiento.

—Lo sé…— volvió a murmurar.

—Así que cuando lleguen no trates de excusarte, simplemente arrodíllate, pide disculpas por lo que hiciste y asiente ante todo lo que te digan— Elio se levantó, poniéndole una mano en el hombro—. Porque mi enfado es un juego de niños comparado al de ellas.

Go tragó saliva y comenzó a sudar. Se sobresaltó al escuchar pasos por fuera del salón de clases.

—Sea cual sea tu destino… Tú lo buscaste.

La puerta se abrió con fuerza y brusquedad, dejando pasar a dos chicas. Ambas estaban vestidas con una chaqueta negra (del mismo color que sus zapatos) de manga larga, pudiéndose ver el cuello de la camisa blanca que tenían puestas por debajo. Sus cuellos eran adornados por unos moños rojos; sus faldas eran grises y de pliegues. Las medias les llegaban a la mitad de la pierna.

La primera chica, la que había abierto la puerta con agresividad, se parecía bastante a Elio solo que con todos los rasgos de una mujer. La otra tenía los ojos verdes, y un largo cabello color magenta atado en una trenza gracias a un moño en forma de flor.

—¿Me prestas tu aparato?— le preguntó Elio a Go.

—C-Claro…— murmuró, viendo intimidado como ambas chicas se acercaban a él.

—Gracias.

—K-Koharu, Selene… Me sorprendió que me llamaran— dijo, tratando de sonreír. Ambas adolescentes tenían una mirada sombría en el rostro.

—¿Cuántos años tienes, Go?— le preguntó la llamada Koharu, viéndolo a los ojos.

—T-Trece…— murmuró, desviando la mirada.

—¿Cuándo vas a cumplir catorce?

—E-El veinticinco de diciembre…

—¿Y qué día es hoy?

—V… Veintinueve de octubre…

Koharu golpeó el escritorio de Go con ambas manos.

—¡Menos de dos meses, Go!— exclamó con el ceño fruncido— ¡Vas a cumplir catorce años en menos de dos meses! ¡Estás a nada de ser un adolescente! ¿¡Cómo puedes seguir siendo tan irresponsable?!

—Nunca había sacado un 75 en toda mi vida— murmuró Selene, viendo de forma fría Go, quien sintió sus huesos helarse.

—¡Y-Yo…! ¡Lo siento mucho, olvidé por completo que la exposición era hoy!— dijo, pegando su frente al escritorio.

Bien hecho— pensó Elio, revisando el sitio web de la Liga Pokémon.

—¡Esa exposición era literalmente el treinta por ciento de nuestra calificación de historia, Go! ¿¡Cómo se te pudo olvidar?!— preguntó Koharu, realmente molesta.

—Fue un 75, Go…— volvió a murmurar Selene. El moreno levantó la mirada y deseó no haberlo hecho.

—E-Es que yo…

No lo hagas…

—¿¡Tú qué?! ¡Si tienes una excusa que nos deje satisfechos a todos, entonces queremos escucharla!

Di que no tienes excusa y vuelve a pedir perdón…

—Yo…

No…

—¡Yo creí que estaba por tener mi encuentro predestinado!— dijo, levantando la mirada con determinación.

Pésima decisión.

Go comenzó a sudar al ver el rostro del Selene y escuchar lo que salía de su boca a modo de murmullo. En su joven vida, jamás había escuchado a alguien maldecir tan rápido.

—Nos conocemos desde que somos unos bebés, Go— le dijo Koharu, apretando su falda— y siempre has sido igual…

Elio apartó su mirada del teléfono. Sentía que algo malo iba a pasar.

—¡Deja de soñar despierto y concéntrate en lo que importa! ¡Eres un estudiante, Go, tú obligación es estudiar!

Esta vez, el moreno no se quedó callado. Se paró de golpe, tirando la silla en la que estaba sentado al suelo. Con sus manos, golpeó el escritorio.

—¡No puedes decirme que hacer!— se quejó, con el ceño fruncido. Al parecer, eso realmente le había ofendido— ¡Tú no eres mi madre y no tienes derecho en decidir sobre mi vida!

—Aunque ella no pueda decirte que hacer— Selene habló, viéndose molesta—, tiene todo el derecho de estar enfadada contigo. Koharu, mi hermano y yo siempre hemos tenido buenas calificaciones y tu irresponsabilidad va a afectar nuestras notas finales. Tus decisiones son tuyas y puedes tomarlas cuando quieras, pero dejan de estar bien en cuanto afectan a otras personas que no son tú. Si no quieres estudiar, entonces bien, pero no nos arrastres contigo.

Go bajó la mirada y apretó los puños con fuerza.

—Ya pedí perdón…— murmuró, sin voltear a verlas— ¿Qué más quieren que haga?...

—Pedir perdón no soluciona las cosas mágicamente, Go— le dijo Koharu, aún enfadada—. Podría aceptarlo si esta fuera la primera o segunda vez, pero ya es como la décima vez que me haces esto. Siempre tengo que ser yo quien te defienda con los profesores y quien te cubra con las tareas.

—Yo no te lo pedí…— murmuró Go.

—¿¡Qué?! ¡Lo hago porque eres mi amigo, Go!— Koharu frunció todavía más el ceño— ¡Ni siquiera sabes qué es lo que quieres hacer cuando seas grande! ¡No quieres tener un trabajo normal como el de tus padres y tampoco quieres dedicarte a los Pokémon! ¡El mundo no es color de rosas como piensas y la escuela es lo único que te aleja de la realidad! ¿¡Sabes hace cuánto te habrían expulsado si no fuera por mí?!

—¿¡Y quién eres tú para decirme algo sobre esto?! ¡Tú tampoco tienes ni idea de lo que quieres ser de grande!— Go volvió a enfadarse.

—¡La diferencia es que yo si me tomo en serio la escuela mientras me decido, tú no! ¡Tú fantaseas e ignoras todas tus responsabilidades, ¿todo por qué?!— los ojos de Koharu se humedecieron— ¡Todo por ese sueño imposible tuyo! ¿¡Cuándo vas a crecer, Go?!

Los ojos del moreno también se llenaron de lágrimas.

—Tú no eres mi amiga…— le dijo, retrocediendo— Nunca has creído en mí… Jamás me has apoyado en nada de lo que hago… Creí… creí que tú eras diferente a los demás, Koharu…

Dicho eso, el chico salió corriendo de ahí a toda velocidad.

Koharu se puso de cuclillas, empezando a llorar. Selene se agachó para poder reconfortarla.

Elio tardó en reaccionar y salió corriendo del salón de clases.

—¡Espera, Go!— gritó, extendiendo el celular hacia él— ¡Olvidaste tu…! Celular…

Go había corrido escaleras abajo, perdiéndose de la vista. Elio se rascó la cabeza al ver que no lo había alcanzado.

Escuchó unos pasos por lo que se dio la vuelta.

—Profesor Sakuragi…— murmuró, viendo como el hombre avanzaba hacia él— ¿Desde cuándo?...

—Tenía asuntos que tratar con el director así que aproveché para venir a recoger a Koharu, pero como no la vi por ningún lado empecé a buscarla— contó. Lucía realmente preocupado—. Lamento haber escuchado todo. No quería interrumpir…

Elio miró en dirección a donde Go se había ido y negó con la cabeza.

—No… No se preocupe— avanzó hacia el adulto y le entregó el celular—. Dele esto de mi parte, por favor.

Dicho eso, el Asutoro volvió al interior del salón de clases.

Sakuragi apretó ligeramente el teléfono de Go con preocupación en su mirada, sin leer el artículo que estaba abierto.


¿Cuál es el siguiente paso de Ash Ketchum?

La Liga Pokémon de Kalos terminó recientemente y aunque el campeón Alain fue bien recibido, todas las miradas se posaron sobre el entrenador que ostenta el título de "El Veterano más joven". Por primera vez desde que inició su carrera, Ash Ketchum ha llegado a la final de una Liga Pokémon y cada vez parece más cerca de lograr vencer en una. Los críticos del entrenamiento Pokémon tienen opiniones divididas sobre él, ya que muchos argumentan que el entrenar Pokémon completamente nuevos de los lugares por los que pasa es un error que solo lo retrasa como entrenador, mientras que otros aseguran que este es uno de sus puntos fuertes ya que lo hacen más versátil e impredecible. El llegar a la final de una Liga Pokémon con un equipo entrenado desde cero hace que todos podamos ver su progreso como entrenador, comparándolo con su primera participación en la Meseta Añil, en el lejano 2006.

—Eso es lo que dicen las noticias de ti, Ash— le dijo Tracey, leyendo el periódico— ¿Quieres que siga leyendo?

Ketchum y sus Pokémon estaban tirados sobre el pasto, jadeando y luchando por regular su respiración.

—Da… me un…— Ash apenas podía hablar.

Tracey arqueó una ceja.

—Sé que tu madre, el profesor y Gary te lo han dicho, pero… ¿seguro que no te estás sobresforzando? Llegas aquí a las siete de la mañana y te vas a las diez de la noche.

Ash duró sin contestar casi cinco minutos en lo que recuperaba el aliento pero cuando lo hizo, habló sin demora.

—Solo me cuesta acostumbrarme…— dijo, recibiendo una botella de agua que Tracey había ido a buscarle— Durante mis viajes entrenaba a mis Pokémon y no durante tanto tiempo… Entrenar así es un cambio pesado pero nos podremos acostumbrar, ¿verdad?

Los Pokémon de Ash, todos reunidos alrededor de él, asintieron.

Tracey sonrió.

—¿Has pensado en cuál será tu siguiente paso?— le preguntó— Sé que querías quedarte aquí a entrenar por dos años, pero creo que es bueno pensar en el siguiente destino.

Ash se rio.

—Lo sabré cuando llegue el momento— respondió—. Mis mejores viajes siempre llegan de improvisto.

Tracey le puso una mano en el hombro.

—Seguro que lo hacen— miró hacia el cielo—. Y vayas a donde vayas, estoy seguro de que encontrarás personas y Pokémon increíbles.

Ash tembló un poco.

—Pensar en los amigos que haré, los lugares que visitaré… ¡Ahhhh! ¡Ya quiero que pasen dos años!— dijo, tirándose de al suelo una vez más.

Sketchit se rio.

—El tiempo no pasa tan rápido, Ash.

—¡Debería! ¡Así podría volver a viajar por el mundo lo más rápido posible!

El asistente de Oak también se tiró al suelo.

—Es como dice el profesor Oak— levantó un dedo y cerró los ojos— "El presente es la realidad de los iluminados".

Ash dejó salir una carcajada; Pikachu se acostó en su torso.

—¿Qué se supone que significa eso?— preguntó.

—Habla de aprovechar el presente y de que todos los días cuentan— volteó a verlo—. O la realidad, en otras palabras.

Ketchum veía fijamente hacia el cielo.

—¡Bien, es hora de comer!— exclamó, levantándose de un salto— ¡Vamos, chicos!

Todos se emocionaron al escuchar eso.

Charizard iba pasando cuando su entrenador lo detuvo.

—Por cierto, amigo. ¿Te importaría llevarme a un sitio después?— le pidió, haciendo que su Pokémon lo mirara con interés— Tengo una promesa que cumplir.

Pikachu, quien seguía en su hombro, y Charizard le sonrieron, sabiendo a qué se refería.

—¿Creen que él siga esperando por mí?— les preguntó, viendo en dirección a los bosques. Ambos le asintieron sin dudarlo— Eso espero.

—¡Por cierto, Ash!— lo llamó Tracey— ¡Te llegó algo por correo la otra vez! ¿Quieres que te lo traiga?

Ketchum arqueó una ceja.

—¿Aquí? ¿Al laboratorio del profesor Oak? ¿No a mi casa?— preguntó, confundido.

—¡Iré por él, dame un segundo!

El ayudante entró corriendo al laboratorio y volvió con una caja pequeña de cartón que le entregó al entrenador.

Con interés, Ash la abrió y sacó un papel que decía lo siguiente:

"El valor que me inspiras yace en mi corazón. Por favor, recuérdame".

Y luego, sacó otra cosa que lo sorprendió. Era un pañuelo azul; era el pañuelo de…

—Serena…— murmuró. Recordaba que ella lo llevaba puesto en su vestido desde el día en que cambió su look. Sonrió, sabiendo ahora por qué había enviado el paquete al laboratorio de Oak— Gracias, Tracey.

—¿Y bien? ¿Qué dice?— preguntó, mostrando interés.

—¡No era nada!

—¡Vamos, Ash!

—¡En serio, no es nada!

Ketchum guardó el pañuelo y la carta en su bolsillo, caminando junto a su amigo y sus Pokémon.

Sin importar lo que pasara, sin importar a que aventura nueva partiera, Ash Ketchum estaba seguro de una cosa: El viaje sería maravilloso, tal y como siempre lo había sido.


—Eyyyyy… Rotom llamando a tres personas que se quedaron perdidos en sus pensamientos-Roto.

Gladio, Ash y Lillie espabilaron al mismo tiempo. Los tres veían al mar del atardecer mientras de fondo aparecía Melemele.

—Me quedé pensando en algo— admitió Ash, rascándose la cabeza.

—Yo igual— Lillie se rio—. Pensaba en algo que se siente realmente lejano. De seguro también estabas pensando en algo interesante, ¿verdad, Gladio?

El rubio la miró y sonrió.

—Sí. Era algo interesante.

—¡Oh, cuéntanos, Gladio!— le dijo Ketchum, emocionándose.

—¡Sería bueno escucharlo! ¡Por favor, hermano!

—Tal vez en otra ocasión.

—¿¡Eh?! ¡Vamos, no nos dejes en suspenso!

—¡Sí, sí, Gladio! ¡Lillie y yo queremos saber!

—¡Pika pi!

—¡Incluso Pikachu quiere saberlo!

—¡Nine!

—¡Shiron también!

—Ciertamente me interesa-Roto.

Gladio dejó salir una pequeña risa y luego, se recargó en el barandal, viendo hacia el infinito horizonte.

—Eran tiempos lejanos— admitió, haciendo que todos se miraran con una sonrisa.

El pasado se queda en el pasado y ahora debemos vivir en el presente, pensando de vez en cuando en lo que nos depara el futuro.

Con nuestra mirada puesta al frente, el viaje continúa.

Hacia el siguiente destino.


... Empecé a escribir este capítulo hace siete horas y lo terminé de una sola sentada… No sé cómo sentirme al respecto, pero creo que no es normal…

Esto… Literalmente no tengo nada que decir… No han salido cosas nuevas en el día que ha pasado desde que publiqué… O eso diría si los servidores de FanFiction no hubiesen fallado JUSTO cuando iba a actualizar XD

LO SIGUIENTE ES SPOILER, POR CIERTO XD Salten todo el párrafo si no se quieren enterar XD

La revancha entre Bea y Ash llegó y terminó con un empate y por lo que parece, ahora estos dos son rivales. Es muy interesante si es el caso ya que creo yo, Bea es la primera rival de Ash que es líder de gimnasio. El capítulo fue bueno y lo que vino al final... ¡UF! Le tengo muchas ganas al arco de Espada y Escudo; realmente deseo que salga pronto. Hay muchas cosas que ver, muchas cosas pasarán y lo que más me llama la atención (aparte de la participación de los personajes de Galar y la Maximuñequera de Go) es el Mewtwo del final... ¿Será el mismo que el de la primera película? ¡Ya lo veremos!

En fin, solo me queda desear que les haya gustado el capítulo especial, que es totalmente canonico dentro de la cronología del fic (Espero que no suene pedante decir esto XD). Muchas gracias de nuevo a unnamed guy por la idea y felicidades otra vez por ser la review 1000.

También me gustaría animar a todas esas personas que me leen a que le den "follow" a la historia, para que se enteren de cuando subo capítulo nuevo :D

Y de nuevo, decirles que espero ansioso sus reviews, del capítulo 94 y de este, el 95… De hecho, quiero recordarles que hay un capítulo antes que este, que es el combate contra Hapu XDD Avisaré de ello también en el inicio del capítulo, por si acaso.

¡Buenos, nos leemos!