He aquí el segundo capítulo de este fic!

Les dije que actualizaría rápido uwu)r e igual de rápido esta cosa se va acercando al smut. Por esta ocasión, sólo se acerca, poco a poco.

Hacía mucho que no actualizaba un fic así de rápido, pero como mencioné antes, gran parte de la historia ya está hecha, por eso puedo darme este lujito. A lo mejor el siguiente capítulo tarda un poco más pero eso es porque estos días el trabajo me trae como loca y… digamos que he tenido algunas semanas más feas de lo habitual. Nada que no pueda sobrevivir.

¡En fin, los invito a leer!

El Príncipe y el Cazador

Capítulo 2: El Acuerdo

Jack llegó al Bosque sin haberse quitado sus pieles y demás ornamentos que utilizaba en su Reino helado. Era incómodo andar así aquí, pero no se había dado el tiempo de vestir algo más conveniente por la prisa de salir de la proximidad de sus padres.

En esos momentos se sentía tan molesto, tan encendido de coraje, que comenzó a gritarle a Aster para que saliera de dónde quiera que estuviera. Él sabía que el Guardián odiaba que Jack hiciera esto, pero en este momento, realmente no le importaba. Lo único que le interesaba era desahogarse.

-¡POOOOOKA!-, llamó, consciente de que a su amigo le irritaba que se dirigiera a él de este modo. Jack casi quería hacer sentir a su amigo tan molesto como le habían hecho sentir a él sus padres-¡¿Aster, dónde estás?! ¡Aster!-, se fue caminando por el sendero habitual, mirando hacia todos lados esperando cualquier respuesta de su parte- ¡Aaaaaasteeeeeeer!

-¡¿Quieres cerrar la boca?!- gritó Aster finalmente, saliendo de detrás de un arbusto, luciendo bastante estresado y molesto-, tengo una situación aquí así que o te callas o te largas, ¿me escuchaste?

Jack se sintió un poco sorprendido de que Aster le respondiera así, tanto, que se encontró a sí mismo dando un paso hacia atrás. Habitualmente, cuando Jack gritaba así para llamar su atención, Aster aparecía a sus espaldas, le rodeaba el cuello con un brazo y fingía ahorcarlo mientras frotaba sus nudillos en su cabeza, hasta que Jack pedía disculpas. Su reacción había sido demasiado seria como para que el Príncipe fingiera que no significaba nada. Es decir, había querido molestarlo, irritarlo, pero no hacerlo enfurecer. Esta reacción ciertamente lo inquietó.

No siendo alguien que se descorazonara fácilmente, Jack se sacudió la confusión y se aproximó al arbusto detrás del cual Aster había desaparecido, y se lo encontró ahí acuclillado, junto a lo que Jack solo podría describir como un nido. Ahí, estaba recostado un ciervo.

Sin embargo, al fijarse más de cerca y observar la situación, se dio cuenta de que no era ciervo, era cierva, y estaba teniendo a su cría en ese mismo momento.

Impresionado, Jack observó, sin poder apartar la mirada, mientras Aster parecía asistir el alumbramiento. La cierva parecía agitada, inquieta, y Jack imaginaba que esto era normal por el dolor que debía estar sintiendo.

La escena era difícil de observar, pero Jack se quedó ahí de pie, esperando, solo esperando, por si Aster necesitaba cualquier cosa de él, pero Aster pareció olvidarse de su existencia hasta que el cervatillo estuvo sano y salvo a lado de su madre.

Jack le extendió a Aster la taza de té que había preparado, y él bebió lentamente. Estaba algo agitado.

-La encontré mientras caminaba en el bosque, estaba teniendo problemas para alumbrar. Es raro que estuviera sin su pareja, o lejos de su manada-, habían pasado un par de horas buscando una guarida lo suficientemente espaciosa y segura para transportar a la cierva ahí, con todo el cuidado posible junto con su cría, y asegurarse de que estuvieran a salvo de los depredadores. Aster tenía el plan de buscar a la manada y encontrar una forma de guiarlos hacia ella para que no estuvieran solos y vulnerables-, sospecho que ha habido cazadores furtivos por la zona. Siempre sucede en esta época del año. Usualmente puedo ahuyentarlos sin problemas, pero siempre terminan cazando una o dos presas que no deberían.

Jack asintió, pensativo.

-Ya veo. Y cuando eso pasa, ¿sueles hacer de matrona?

Aster casi escupe el té que tenía en la boca, sobre todo por la naturalidad con la que Jack había hecho esta pregunta. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, y le dio un golpecito en un hombro que hizo al Príncipe sonreír por primera vez en toda la tarde.

-No es que pase con mucha frecuencia- contestó el Pooka-, pero cuando es necesario, no puedo quedarme de brazos cruzados.

Pasaron unos segundos en silencio, hasta que el Pooka terminó con su té y volteó a ver a Jack.

-Venías gritando. Solo haces eso cuando estás especialmente enojado con tus padres-, le regaló una sonrisa cómplice- ¿Está todo bien?

Jack prácticamente se había olvidado de lo ocurrido con sus padres. Dejó descansar su vaso con té en una de sus rodillas, y se quedó callado varios segundos, tras los cuales finalmente suspiró y negó con la cabeza.

-No... yo…- dioses, era tan difícil decirlo en voz alta, Jack escuchó su propia voz y odió en seguida las palabras que formaría a continuación-, mis padres han acordado mi matrimonio. En una semana conoceré a mi prometido. Llevan meses planeándolo, así que lo más probable es que me case en unos pocos días.

Al parecer, fue tan impresionante para Aster escucharlo como para él fue decirlo, porque se quedó callado, con la mirada fija en ninguna parte y sin siquiera dar muestras de haber escuchado.

-Bueno-, dijo, después de un momento, sobre todo porque Jack no había dicho nada más y el silencio se había vuelto pesado y denso-, supongo que...siendo un príncipe, era algo que tenía que ocurrir tarde o temprano, ¿no es cierto, Jack?

Jack hizo un puchero. A Aster casi le pareció dulce, pero no pensó mucho en ello por la situación entre manos, que sabía, tenía que ser bastante dolorosa para él. Así que intentó otra vez:

-Jack…

-No quiero-, dijo el joven Príncipe con una expresión de desamparo en el rostro que hizo que el Pooka se sintiera un poco mal. Él nunca había pensado que alguna vez sentiría lástima del joven Príncipe-, yo… siempre creí que quizás, si me daban tiempo, podría elegir con quién casarme...encontrar a alguien, y ganar su aprobación. No pensé que mis padres hicieran esto así. No tuve oportunidad de…

Pronto, guardó silencio una vez más. A Aster le sorprendió. Cuando se trataba de quejarse de sus responsabilidades, Jack siempre tenía algo que decir, algo de qué quejarse, de qué defenderse ciegamente. A veces parecía que amaba ser un Príncipe, tener todos los privilegios, saltarse todas las reglas. Pero a veces parecía que lo detestaba; las responsabilidades, las tradiciones, los interminables lineamientos y buenas costumbres. Eventualmente, cumplía con todo lo que se esperaba de él, y lo hacía bien. Nadie habría podido reprocharle nada, ni siquiera sus padres, salvo ese comportamiento rebelde y esa necedad que tenía de siempre tener una respuesta mordaz para todo. Aster se preguntó si su silencio ahora significaría que no estaba dispuesto a cumplir esta vez. Eso, o quizás simplemente significaba que el Príncipe odiaba esta responsabilidad suya como nunca antes había tenido oportunidad de odiar algo.

Apoyó su mano en su espalda y trató de sonreírle.

-Hey, ¿Jack?, en lo que estés pensando… sabes que voy a escucharte, ¿verdad?

Al escuchar que Aster lo llamaba, con cuidado, hasta cariñosamente si podía decirse así, Jack lo observó, un poco confundido al darse cuenta de que se había ido por un momento.

-Estaba pensando en lo súbito que fue… me habían dicho que lo estaban negociando, pero de pronto todo se volvió real-, apoyó los codos en las rodillas y se inclinó hacia adelante. Era extraño ver esa orgullosa espalda suya tan encorvada-, Aster, ¿te das cuenta? En una semana estaré comprometido, y en unos días más, casado. Mi vida no será la misma nunca más. Compartiré todo con otra persona que no conozco… no sé cómo es, ni su nombre, ni a qué mundo pertenece.

Aster asentía con lentitud.

-Tienes razón, es… difícil de imaginar.

-Me niego, me niego siquiera a imaginarlo-, Jack se puso de pie impetuosamente, y comenzó a caminar en círculos en torno al pequeño fuego que habían encendido para preparar la cena-, ¿Cómo voy a hacer semejante cosa? No voy a compartir mi vida con alguien de quien no sé nada.

Aster sabía que las emociones de Jack eran una cuerda floja. No quería asustarlo, enfurecerlo o hacerlo sentir triste. Tenía que tener cuidado con la forma en que le dirigía sus palabras a continuación.

-¿Puedes cancelar el compromiso de algún modo?

Jack se quedó quieto donde estaba. Luego, de un momento a otro, se volvió a sentar, luciendo más miserable que antes.

-Sólo puedo pedir que se cancele si creo que pone en peligro mi vida o mi honor-, de pronto, sus ojos se llenaron de lágrimas-, quizás por eso mis padres no quisieron que supiera nada de él. Si protesto sin haberlo conocido antes, mis argumentos no serán respaldados por nadie-, se limpió las lágrimas antes de que tuvieran tiempo de inundarle los ojos-, y además… por más que esté molesto con ellos, no podría hacerles semejante cosa a mis padres…

Hubo un momento de silencio en el que Jack trató de poner su mente en blanco, de no pensar en nada que lo hiciera sentir mal, y finalmente, como su salida habitual, pensó en este Bosque y en lo bien que lo había pasado aquí en los últimos meses.

Él podría vivir aquí, sólo, alejado de todo lo demás. No necesitaba las comodidades del Palacio, no necesitaba depender de nadie más para vivir. Cazaría para comer, recolectaría frutas, herviría el agua del lago para poder beberla.

Y por supuesto, todas esas ideas, esas imágenes de un posible futuro, venían con una imagen de Aster, su mejor amigo, con él para siempre.

Él y Aster, y eso estaría muy bien. No necesitaba mucho más. Iría a visitar de vez en cuando a su hermanita y a sus padres, sin los compromisos que le ponían encima y que él no quería aceptar…

-No creo que sea tan malo como crees, Jack-, pronunció el Pooka, sacándolo de su curso de pensamiento, y por un momento Jack lo odió por insinuar que su situación no era tan grave-, se casarán muy rápido, cierto, pero ¿quién dice que no podrás conocerlo mejor después? Nadie dijo que tenían que ser la pareja del año. Y con el tiempo, quizás… puedan compartir más cosas sin que te sientas obligado a ello…

Jack se quedó en silencio un momento, y luego miró a Aster. Al Pooka le sorprendió ver la desesperación en esos ojos.

Y es que Jack apenas se estaba permitiendo a sí mismo pensar en un solo detalle. Un detalle que de niño le parecí extraño, ajeno a él mismo, que cuando había crecido, le había causado morbo y curiosidad y le había hecho imaginar situaciones que lo habían llevado a descubrir ciertas cosas que pasaban en su cuerpo… un detalle que ahora lo llenaba de dolor y de miseria, porque apenas se estaba atreviendo a pensar en él y a aceptar que tarde o temprano tendría que suceder.

-Tú...no entiendes. El matrimonio debe ser consumado la misma noche de nuestra boda-, pronunció de la manera más clara y precisa que pudo, y pareció que la voz se le iba a quebrar, pero respiró profundo antes de continuar hablando, explicando lo precario de su situación y la principal razón por la que no había querido este matrimonio desde un principio-, como portador de la Magia, y heredero del trono, es mi deber… concebir.

Aster se quedó con la boca abierta mientras Jack se ponía rojo por completo.

-Concebir…

Jack asintió.

-E… ¿es eso posible?

-Sólo si queremos tener herederos. Yo… puedo hacerlo, con mi Magia. Es obligatorio en la noche de bodas, mis maestros estarán presentes cuando haga el hechizo necesario, antes de entrar a la recámara con mi pareja.

Aster guardó silencio un momento, permitiendo que la situación terminara de caer con todo su peso dentro de su mente.

-...bien, creo que ahora entiendo mejor tu preocupación.

Jack cerró los ojos y movió su rostro hacia un lado. Aunque no quería que lo mirara, Jack apreciaba la presencia, la compañía de Aster, y de pronto le dolió mucho haber tenido que compartir con él su miseria y admitir que tendría que hacer algo tan vergonzoso con un completo desconocido.

¿Por qué le dolía tanto que Aster lo supiera? ¿Por qué sentía que después de admitirlo no podía mirarlo más a los ojos?

-Hey, Jack...

De un momento a otro, Aster había atrapado su barbilla con sus dedos, haciendo que volteara hacia él. Jack lo miró, sorprendido por esta acción, tan impropia de ellos. Ellos….

Jack comenzaba a tener una idea, pero no sabía si Aster estaría dispuesto a cooperar con él.

-Entiendo que debe ser difícil para ti- continuó el Pooka, ignorante de que Jack tenía una idea formándose en su cabeza-. Supongo que para mí también lo sería, es algo que jamás podré entender…

-Aster, espera-, lo interrumpió, haciendo que soltara su barbilla-, ¿sabes? L…lo que definitivamente no deseo que suceda es…-, dioses, era mucho más difícil decirlo de lo que había imaginado-, es que la primera vez que tenga que compartir mi cama con alguien, sea con un completo extraño…

-Por supuesto.

-Preferiría que fuera con alguien a quien conociera bien. Alguien… por quien realmente sienta algo.

Aster volvió a asentir, comprensivo. Jack lo miraba fijamente, haciendo lo posible porque sus miradas se encontraran, y no se soltaran una a la otra. Y qué maravilla, que Aster lo miró en todo momento, ahí, siempre para él, listo para lo que Jack pidiera, para lo que Jack necesitara. Jack jamás en la vida había tenido un amigo tan dispuesto y tan leal como Aster.

La idea en su mente terminó de confirmarse, y decidió que era él, claro, era él quien le podía ayudar con esto, era Aster quien había estado aquí para él, todo este tiempo, ¿Y Jack había sido tan ciego para no darse cuenta? ¡Por supuesto! Aster era el regalo de los dioses que Jack había pedido una y otra vez para ayudarle a pasar por este trago amargo. Aster era su salida, su salvación. Y aunque le costara trabajo, tenía que hacérselo saber. Ahora o nunca.

-Quizás no pueda evitar casarme y consumar mi matrimonio-, razonó entonces Jack, sin dejar caer sus ojos de los de su mejor amigo, y hubo algo en su mirada que le dio a Aster un escalofrío-, pero no llegaré a mi cama esa noche siendo virgen.

Esta declaración, de pronto tan clara y decidida, sorprendió a Aster, que definitivamente se quedó sin palabras, aunque hizo un intento:

-Ah…

Jack sonrió cuidadosamente, queriendo demostrar lo que quería decir, pero sin dejarle ver demasiado sus intenciones. Incluso por su propia modestia, sería mucho mejor si el mismo Aster adivinaba qué era lo que Jack quería de él. De modo que Jack siguió hablando con tiento, viendo las reacciones de su amigo antes de ser demasiado explícito en sus deseos.

-Quiero… quizás no pueda rebelarme contra mis padres, ni contra mi compromiso… pero no le daré la satisfacción a un desconocido de tenerme, nunca.

Aster estaba cada vez más confundido. O, quizás, estaba entendiendo lo que Jack quería decir, pero no estaba siendo capaz de procesarlo por completo. La idea era demasiado inquietante para él y no era capaz de ponerla en palabras. Jack seguía sonriendo.

-Creo que no te estoy entendiendo…

Jack renunció a ser sutil.

-Aster… quiero que mi primera vez sea contigo.

Aster soltó su vaso de té y este cayó al suelo, mojando un poco los pies de ambos. Pero ninguno de los dos lo recogió. Jack emitió una pequeña risa, en parte era de genuina gracia por lo sucedido, y en parte, eran nervios por lo que Aster podría contestar.

-Creo…que no escuché bien.

-Aster…- Jack resolvió que, si su actitud de Príncipe le serviría alguna vez con el Pooka, sería justo ahora. Así que se enderezó, dejando su espalda muy firme, levantó la cabeza y miró a Aster fijamente, intentando que pareciera que tenía todo el control que alguien en una situación así podía tener-, es muy simple. No quiero que la primera vez que haga algo tan íntimo sea con alguien a quien no conozco y en quien no confío. Sólo te estoy pidiendo que me ayudes a quitarme un problema de encima.

-¿Y no se te ocurrió ninguna otra opción?

-Mi otra opción es un guardia del Palacio que siempre se me queda viendo cuando paso-, mintió con toda tranquilidad, encogiéndose de hombros-, si no quieres tú le pediré a él que lo haga.

Aster tuvo en ese momento una reacción que, aunque Jack no esperaba, lo hizo saber que quizás estaba yendo por el camino correcto: lo tomó de los hombros con fuerza, y lucía muy, muy molesto por lo que Jack acababa de decir.

-¡No hablo de eso! Pregunto si crees que es la única forma en que puedas rebelarte, porque déjame decirte que estoy seguro de que en el fondo eso es lo único que quieres. Es tu especialidad, estoy seguro de que se te debe ocurrir algo más.

Jack no sabía si debía sentirse ofendido por ese comentario, pero de todas formas optó por provocar más a Aster, buscando la respuesta que quería de él y nada más.

-¿Vas a ayudarme o no?

-No.

-Somos amigos.

-Precisamente.

-Eres mi mejor amigo. Eres mi único amigo.

Ante la insistencia de Jack, Aster hizo un sonido de fastidio, se puso de pie y comenzó a recoger todo, aunque ni siquiera habían cenado aún. Jack lo observó mientras lo hacía, y cuando pasó cerca de él, lo tomó de un brazo con fuerza.

-Aster, no es algo tan difícil lo que te estoy pidiendo. Hemos dormido juntos, me has visto desnudo, ¿qué es lo peor que puede pasar?

-¡No voy a acostarme contigo, Jack!

-¿¡Entonces vas a dejar que un desconocido lo haga?!- Jack se puso de pie y se paró en su camino, dejando que su mirada se encontrara con la de él-, ¿qué clase de amigo eres tú? ¡Te estoy confiando lo más importante de mi vida y tú me estás abandonando!

Se quedaron quietos un momento, mirándose.

-¿Por qué yo?

-Porque no confío en nadie más para hacer esto-, percibiendo un poco de duda por parte de Aster, Jack lo tomó por los hombros y lo acercó más a su rostro, y finalmente, no sin un poco de temor, admitió:-, porque me gustas, después de todo. Un poco…lo suficiente.

Dicho esto, se pasó la lengua por los labios sin dejar de ver a Aster a los ojos.

Aster suspiró, bajando la mirada.

-Dioses. Eso me gano por haber sido bueno con un príncipe mimado, sólo lo eché a perder un poco más.

Jack sonrió, seguro de su victoria, y se paró en la punta de sus pies, acercándose para presionar sus labios contra los de él. Antes de que lo lograra, el Pooka puso una mano sobre su rostro, y lo obligó a apartarse.

-¡Hey!

-No tan rápido, Jack. Tenemos que hablar sobre algunas cosas.

Se sentó, y no habiendo otra opción, Jack se sentó también. Pasaron unos segundos, hasta que Aster pareció decidir qué era lo que necesitaba de Jack en ese momento. Su petición fue clara, precisa, y abarcaba todo lo que quizás les hubiera tomado horas discutir si lo hubieran hecho sin un orden.

-Jack, quiero que me digas con claridad porqué quieres hacer esto, porqué quieres hacerlo conmigo, y qué es lo que esperas que suceda si lo hacemos.

A Jack le estresó un poco escucharlo hablar con un tono tan condescendiente y razonable, como el que usan los maestros para dirigir a los niños a que se den cuenta cuando cometen un error. Él no estaba cometiendo un error, y lo sabía. Tuvo que darse unos momentos para pensar en lo que diría a continuación, decidiendo que, por esta vez, no se desesperaría. Por esta vez, sería razonable, como Aster, y daría una respuesta a sus preguntas.

-Quiero hacerlo porque quiero pensar que al menos en esto he tenido elección-, contestó finalmente, no sin algo de tristeza en la voz, al darse cuenta de que, al contestar estas preguntas, tenía que ser también sincero consigo mismo-, no quiero vivir sabiendo que alguien más tomó la decisión por mí y que tengo que aceptarlo por el resto de mi vida. Quiero que sea contigo porque eso es lo que quiero, así de simple. No se me ocurre nadie más con quien podría hacerlo y al menos creer que se sentirá… bien. ¿Qué espero que suceda? Para serte sincero, no lo sé. Espero quitarme el miedo, quizás, darme cuenta de que no es tan grave como creo que puede ser. Cuando me case y tenga que hacer todos los rituales, lo haré sintiendo la satisfacción de que ese bastardo, sea quien sea, no se llevó algo tan importante de mí-, inclinó un poco la cabeza, sin querer. Otra vez se sentía avergonzado. Cuando levantó sus ojos hacia Aster de nuevo, deseó que esa mirada que le dirigía ahora fuera de verdadera comprensión, porque eso era lo que necesitaba con urgencia-, ¿Entiendes, Aster?

Aster se quedó callado, mirándolo.

Jack se cruzó de brazos, volteó hacia un lado y manteniendo la cabeza en alto, trató de seguir mostrando su fachada fuerte y retadora, aunque era lo más difícil que había tenido que hacer hasta el momento.

-Eso, o me acostaré con ese guardia del que te hablé. No creo que le importe que soy el Príncipe cuando me tenga desnudo en su cama.

Reaccionó apenas cuando Aster lo tomó del brazo, en una solicitud silenciosa de que lo volteara a ver.

Jack lo miró, y al ver que Aster portaba una expresión comprensiva en el rostro, se obligó a sonreír, sabiendo que había ganado.

-Dame un día Jack. Mañana. Podemos hacerlo mañana.

.

.

.

Durante la cena de esa noche, Jack mostró mucho mejor humor de lo que sus padres esperaban, incluso conversando con ellos. Emily le contó a su hermano algunas cosas acerca de sus lecciones, y en cambio, Jack aprovechó para contarle el cuento de un gnomo que se coló a la fiesta de unas hadas. Las hadas, furiosas, lo obligaron a recitarles rimas para entretenerlas, como desagravio, pero el gnomo era tan malo componiéndolas, que lo maldijeron poniéndole una joroba en la espalda.

Emily siempre parecía fascinada con las historias de Jack, pero en esta ocasión, a la reina Rose-Marie no le interesaba tanto el entusiasmo de su hija como la expresión que Jack tenía en ciertos momentos, llena de malicia, como la que portaba cuando estaba preparando (o había dejado preparada) una muy buena broma.

Le recomendó discretamente a uno de los sirvientes que ponía la mesa, que tuvieran bastante cuidado en esos días. Quién sabe qué cosa tendría su hijo bajo la manga, esperando destaparse.

.

.

.

Jack mentiría si dijera que no estaba nervioso al bajar de la Montaña al Bosque. Hoy era un día importante para él, y estaba nervioso, sí, pero estaba bien. Estaba contento de haberse salido con la suya. Esto quizás podría verse como un capricho, quizás Aster así lo creería, pero él estaba dispuesto a mostrarle que no era así, que de verdad era algo importante, y más aún si lo hacían juntos… si él, y nadie más que él, le ayudaba a pasar por este trago amargo.

Cuando llegó al lugar donde habitualmente se encontraba con Aster en el Bosque, le sorprendió hallarlo como siempre: cazando y recolectando comida, como si no estuviera a punto de suceder algo tan importante e íntimo entre los dos.

Quizás… a Aster no le importaba tanto, tal vez para él no era la gran cosa. Esto hizo sentir un poco mal a Jack, tenía que admitirlo. Porque para él, era como si a partir de este día el mundo a su alrededor fuera a cambiar para siempre. Bueno, tenía sentido si lo pensaba. A su edad, con ese cuerpo y viviendo en una sociedad como la de los Pookas, mucho más libre y natural que la suya, dudaba que Aster fuera virgen y más aún, que tener sexo con alguien como Jack fuera la gran cosa para él. De pronto sentía una opresión tan fuerte en el pecho que creyó que perdería el conocimiento si no se calmaba un poco. Sentía el pecho caliente, las piernas frías, y un hormigueo casi doloroso en pies y manos.

Se acercó, en silencio, y trató de aparentar como si este fuera cualquier otro momento. Aster volteó a verlo al percibir su presencia, y le sonrió.

-Bienvenido, Alteza. Estoy cazando la comida, ¿irá a recoger frutas?

Jack se lo quedó viendo, aún sorprendido con su actitud, y la sonrisa abierta y espléndida del Pooka se convirtió pronto en una pequeña sonrisa melancólica.

-Jack, por favor ve. No te preocupes, ya hablaremos.

Jack asintió e hizo lo que Aster le pedía.

Dos horas después, terminaban de comer. Jack había estado toda esa tarde tan ansioso e intranquilo, que contenía la respiración cada vez que Aster parecía estar a punto de decirle algo. Sin embargo, el momento de realmente hablar de lo que lo había traído aquí no llegaba.

Finalmente, después de haber guardado todo y de haberse lavado ambos las caras y las manos, el Pooka extendió su mano hacia él. Jack lo miró, y quiso sonreír por la forma en que sus largas orejas de conejo se fueron hacia atrás y se presionaron contra su nuca, haciéndolo sentir que, a final de cuentas, él no era el único que estaba nervioso por esto. Aster sólo hacía eso cuando estaba muy abrumado por algo, o cuando quería parecer menos amenazador para los animales del bosque.

Tomó su mano y lo siguió.

Caminaron en silencio por el bosque por un largo rato, salieron del camino que Jack conocía internándose entre todo tipo de hermosos árboles bañados de la luz pálida del atardecer, y finalmente, llegaron a un sendero donde Jack nunca había estado. Aster no dijo nada, y Jack no preguntó. Continuaron caminando y, después de unos minutos, llegaron a su destino.

Jack observó a su alrededor y las rodillas se le sintieron… flojas, inestables. Sintió que iba a caer.

Este era probablemente el claro más hermoso que había visto en el Bosque. Los árboles, altos, gruesos, y cubiertos de un ramaje espeso, parecían delimitar el espacio, como muros, y sus copas formaban un techo por donde se colaban apenas unas cuantas vistas del cielo. En ese momento atardecía, haciendo que hermosos listones de luz pasaran a través del aire. Al nivel del suelo había arbustos llenos de pequeñas flores, rosas, amarillas, rojas y lilas. En el centro, alguien evidentemente había preparado una cama rústica, hecha de mantas, almohadas y cojines, y una lámpara de aceite a un lado, que aún no estaba encendida.

Aún Aster lo sujetaba de la mano cuando se acercaron a aquella cama, y de pronto todo se volvió real. Tanto, que una vez sentado a su lado, Jack no podía mirarlo.

Aster tomó su mano, con mucha suavidad.

-Hey, Jack-, lo llamó. Su voz era un susurro dulce, que el joven Príncipe no estaba acostumbrado a escuchar de parte de él, y que, por lo mismo, lo desorientaba y lo desarmaba-. Dime, ¿aún quieres hacer esto?

Jack asintió sin mirarlo aún. Aster repitió el gesto de tomar su barbilla entre sus dedos y hacer que lo mirara y ese contacto lo hizo sentir todavía más ansioso. Jack levantó apenas los ojos, y la expresión de Aster era tan tranquila y paciente que se tuvo que obligar a calmarse, aunque fuera poco a poco. Una respiración profunda, dos, tres.

-Quiero hacerlo-, afirmó, tratando de evitar que su voz sonara demasiado temblorosa-, pero… no sé cómo empezar.

Aster asintió. Tomó su otra mano, y ahora se miraban, frente a frente.

-Dime, Jack, ¿qué has hecho antes? -, Jack debió hacer un gesto interrogante sin querer, porque Aster se apresuró a clarificar a qué se refería-, ¿has besado a alguien?

Jack se tardó un poco, pero asintió.

-A… a algunas chicas.

-¿Te gusta besar?

Jack asintió nuevamente, pero luego se encogió de hombros, mirando hacia otro lado.

-Se siente bien, pero nunca me pareció algo extraordinario-, confesó-, lo he hecho solo por… ya sabes, un poco de diversión.

-Ya veo- Aster pareció ponderar en su mente lo siguiente que pronunciaría-. Y… ¿has hecho más?

-¿Más? Como… ¿tocar?

Aster asintió. Jack se había sonrojado un poco más conforme la conversación se iba desenvolviendo, sobre todo porque aunque no estaba seguro de que así fuera, le parecía que Aster se había acercado más a él.

-…un poco-, se encogió de hombros, como quitándole importancia-, tampoco me parece que sea para tanto.

Aster sonrió.

-Bien Jackie. Dime entonces, ¿Qué es lo que quieres que hagamos?

Jack sintió que el corazón le dolía de tan fuerte que palpitaba dentro de su pecho, indignado de que Aster le hiciera semejante pregunta.

-¡Tú sabes lo que quiero que hagamos!

-Tengo una idea, pero es necesario que nos pongamos de acuerdo en esto antes-, se acercó un poco más, y Jack se sorprendió cuando sus frentes se tocaron y se sintió… curiosamente bien-, no quiero terminar haciendo algo que te moleste o incomode, ¿de acuerdo?

Jack se mordió los labios, y asintió.

-Bien. Así que, dime, Jack, ¿quieres que esto sea algo…rápido? ¿o prefieres tomarte tu tiempo?

-Yo… no sé.

Jack se vio impulsado a alejarse, pero no lo hizo. Aster mantenía sus frentes presionadas y sus manos enredadas suavemente.

-¿Quieres besos?- Jack asintió, apenas perceptiblemente, luego de una pequeña pausa-, ¿quieres que te toque?-, asintió un poco más rápido y más fuerte, y Aster se contuvo de sonreír-, ¿quieres… tocarme?

-Sí, sí quiero, quiero todo eso, ¿qué más?

Aster, ahora sí, sonrió. Sabía que, al serle presentadas así las cosas, Jack iba a terminar por suavizar un poco sus miedos. Aún estaban tomados de las manos cuando se atrevió a seguir hablando.

-¿Quieres que hable mientras…o quieres que guarde silencio?

-Habla… por favor, háblame.

-¿Y quieres que te mire o preferirías que no lo haga?

Jack se quedó callado por un poco más de tiempo, y ante esto, volvió a retirar la mirada de él. Aster sintió que eso contestaba a su pregunta.

-Bien, bien, quizás podamos disminuir el contacto visual un poco-, sonrió, pero finalmente, tomó el rostro de Jack, acomodando su mano alrededor de su mandíbula, sosteniéndolo suavemente. Lo hizo mirarlo, que sus caras estuvieran otra vez con sus frentes tocándose, su nariz contra la de él en un contacto suave e inocente, y a la vez infinitamente íntimo-, tú dime entonces Jack, ¿qué es lo que quieres?

Jack miró a Aster un momento. Luego, sosteniéndole la mirada, respiró profundo y dejó salir la respiración. Lo pensó un poco, y decidió dar la respuesta más sincera que pudiera darle a quien estaba a punto de convertirse, al menos esta noche, en su amante.

-Quiero… que lo que hagamos esta noche se quede conmigo para siempre y que no me deje vivir en paz-, sonrió, o al menos intentó sonreír tanto como sus nervios deshechos se lo permitían-, que cuando me case, la persona con quien tenga que estar no pueda compararse, que sus manos se sientan como piedras contra mi piel, que sus labios sepan a cenizas, que su cuerpo siempre se sienta intruso, que no consiga hacerme feliz por más que lo intente. Que esto no le pertenezca nunca, a nadie más que no seamos tú y yo. Eso es lo que quiero.

Quizás Aster quedó muy impresionado por esta respuesta, porque el silencio que vino duró todavía más que los anteriores. Jack se sintió avergonzado por el tiempo que duró el silencio. Finalmente, el Pooka acomodó sus manos en la cintura de Jack y lo acercó un poco más a él.

-¿Puedo besarte, Jack?

Jack asintió.

El primer beso fue largo y pausado. Sus labios apenas se encontraron, se moldearon uno al otro y se presionaron suavemente. Jack se concentró en la sorpresiva suavidad de los labios del Pooka. Eran quizás no muy gruesos, pero redondos y firmes, y se sentían gentiles contra los suyos. Entreabrió los ojos y sintió una ola de ternura cuando observó que Aster mantenía los suyos cerrados, así que volvió a cerrarlos por completo. Sus manos seguían sujetándole la cintura, así que él optó por tomarlo de los hombros, y respiró profundo una vez más.

Pudo ser una eternidad el tiempo que pasaron besándose, pero fue hermoso para él considerando la unión, el acuerdo que simbolizaba. Era ese quizás el mejor beso que había tenido en su vida, y sólo iban empezando.

Las manos de Aster fueron amables al despojarlo de las pieles que vestía, y en cambio, las de él se sintieron torpes al quitarle el cinturón de alforjas y comenzar a deshacer los botones de su camisa. Finalmente, luego de ligeros empujones y jalones, la parte superior de sus cuerpos quedó libre, y al besarse se abrazaron más y más cerca, sus pieles, tan juntas, parecían fundirse en el calor de aquella hermosa tarde que cada vez avanzaba más rápido hacia la noche.

Así que esto era, esto había sido siempre. Esa curiosidad, esa fuerza que lo jalaba hacia Aster era este deseo de tenerlo, de saberlo suyo, de sentirlo, de reclamarlo. Es decir, ¿Cómo habría podido imaginarlo en ese momento? Cuando lo conoció, nada le hubiera indicado que terminarían así. Aunque quizás era lo que Jack había querido todo este tiempo.

Cuando separaron sus labios, Aster dejó caer un beso, casto, tierno y solitario sobre su hombro izquierdo. Luego levantó su mirada hacia sus ojos y con sus pulgares le acarició las mejillas, rojas y calientes por los nervios y la emoción.

-¿Tengo permitido continuar, Alteza?

Jack sonrió.

-Tienes mi permiso, campesino.

Continuará…

Y el próximo capítulo tendremos la zuculencia.

¿Qué, demasiado pronto? Meh, de eso se trata, jajajaja.

Les recuerdo que esto era un one-shot que se me salió de las manos. Espero que igual lo disfruten.

Muchas gracias por dejarme sus reviews el capítulo pasado. Me animan muchísimo y me ayudan a sobrellevar los días difíciles.

En fin…

¡Besos y Abrazos!

Aoshika