¡Hola! Aquí traigo el tercer capítulo de esta historia :)
¿Qué puedo decir? Es lemon, tan simple como eso. Tiene algo de trama, si pudiera decirse, al menos la suficiente creo yo para entender o al menos justificar cosas que pasarán más adelante.
La canción de este capítulo es: Runaway, de The Corrs. Es tan hermosa :'D y creo que el estilo pop-folk irlandés de esta banda le aporta un poco a la idea de fantasía que según yo le quiero dar a la historia. Además, la letra queda tan perfecta…juro que no fue mi intención. Repasaba mi playlist y esta canción vino a mi mente y fue un click.
En fin. Espero que les guste este capítulo, lo hice con muchísimo amor.
Los invito a leer!
El Príncipe y el Cazador
Capítulo 3: El Juego
…
Jack observó en silencio cómo el resto de la ropa que usaban iba saliendo de su lugar. Fue abrumador, pero al mismo tiempo absolutamente liberador sentir su piel desnuda en contacto, lento pero siempre presente, con la de Aster. Aster le acarició el rostro, besó sus párpados con lentitud, como intentando tranquilizarlo, y lo dirigió para hacerlo recostar en la cama. Mientras lo hacía, cuidó que sus cuerpos se juntaran poco a poco, sin tardar demasiado, pero sin abrumar a Jack con su cercanía. Besaba su cuello y sus orejas traviesamente, para distraerlo. Jack había intentado involucrarse en el proceso, pero al darse cuenta de que sus nervios lo hacían torpe, había decidido solo recostarse y esperar a que Aster marcara el ritmo de lo que pasaba.
-Toda esa ropa que usas…- comentó el Pooka casualmente, mientras se deshacía de la última capa que cubría a Jack-, ¿no es demasiado abrigadora para estar en el Bosque? Siempre había querido preguntártelo.
Jack lo observó mientras Aster deslizaba la yema de sus dedos por ambas piernas, de los tobillos hacia arriba, siempre por fuera, para terminar en su cintura.
-Tu piel parece ser naturalmente fría…
Jack asintió.
-Por eso nunca siento calor-, repuso el joven, y mientras hablaba, Aster se inclinaba para besar el interior de una de sus rodillas, lo que lo sorprendió lo suficiente para jalar aire rápido y sin darse cuenta-, a…además, casi siempre evito las pieles que usamos en mi reino. Estas son…mucho más ligeras.
Aster volteó a verlo una vez más y le sonrió. Él también estaba ya despojado de sus ropas y, si bien era cierto lo dicho por Jack, y ambos habían presenciado ya la desnudez del otro en un par de muy puntuales ocasiones, nada podía compararse con esto. Para Jack, era muy diferente ver la piel de Aster de lejos que tenerlo ahora encima de él, consciente de que muy pronto se tendrían completamente uno al otro. Éste solo pensamiento lo hizo sentir un nudo en el estómago.
-Tus ojos… son muy expresivos-, comentó Aster de un momento a otro, sosteniéndolo de la mandíbula con firmeza, y a Jack le sorprendió que a pesar de todo le fuera tan fácil mantener la tranquilidad en su voz-, es muy sencillo darse cuenta de lo que estás sintiendo sólo con mirarte.
-A…ah, ¿Sí?
-Sí-, sonrió, y lo miró un momento, entrecerrando los ojos traviesamente, fingiendo que analizaba su rostro-. Ahora mismo, estás asustado, porque no sabes qué más pienso hacer contigo.
La mirada de Jack había estado viajando desde su propia desnudez hacia la cintura y el pecho de su mejor amigo, quien ahora estaba acomodándose cuidadosamente entre sus rodillas abiertas, mirándolo. Al Aster pronunciar esto, Jack lo miró a los ojos súbitamente, sin poder evitar fruncir el ceño.
-Ahora estás molesto porque dije que estabas asustado.
La reacción instintiva de Jack, a causa de su enojo, fue levantar una rodilla y hacer el intento por estrellarla contra el costado de Aster. Aster en cambio, detuvo su rodilla con una mano, y con la otra lo tomó de las muñecas firmemente, clavándolas contra el lecho por encima de su cabeza, y se lanzó sobre él, besándolo, dominándolo para interrumpir su ataque.
Jack se quejó, pero el beso se tragó rápidamente sus protestas. Mientras se besaban, Aster comenzó a frotarse contra él, en movimientos sinuosos, lentos y firmes de su entrepierna contra la de Jack, tratando ambos de acoplar el ritmo del beso con el de sus caderas. Cuando se separaron, Jack mantuvo sus ojos cerrados y sus labios abiertos, intentando respirar, para finalmente atreverse a mirar otra vez a Aster. Entonces fue que Aster lo observó fijamente y sonrió, satisfecho consigo mismo, mientras soltaba sus muñecas y, por algo que parecía mero instinto, Jack le tomaba el rostro y continuaba presionando sus labios contra los suyos. Mientras lo besaba, intentó calmarse, respirar, y finalmente, sus dedos encontraron esas hermosas orejas de conejo, y las acarició, maravillado por la reacción que esto provocó en Aster. Decidió que sería su recompensa.
-Ahora, estoy seguro de que eso te gustó-, observó el Pooka, un poco agitado por las caricias torpes de Jack, pero quizás intentando recuperar un poco el control-. Y me atrevería a decir que quieres más.
Jack, olvidando toda consciencia o vergüenza que pudiera sentir, movió la cabeza afirmativamente, casi con ansiedad.
-Sí…sí, quiero más, por favor, más…
Aster asintió.
Tomó con su enorme mano los miembros de ambos y los masajeó juntos. Jack se estremeció con la sensación tan extraña para él: el contacto piel con piel, pero principalmente, de partes de sus cuerpos que eran tan íntimas, le hizo sentir que se moriría de vergüenza ahí mismo. Pero después de la impresión inicial, Jack descubrió que podía relajarse un poco, y de pronto la relajación y la comodidad dieron paso a simplemente sentirse muy bien, y aunque lo inquietaba, aunque no estaba seguro, quería continuar, dioses, no quería que Aster se detuviera por nada del mundo, y se sentía cerca, cada vez más cerca. No estaba seguro de que esto fuera a sentirse como cuando lo hacía solo, pero sabía perfectamente que solo por el hecho de estarlo haciendo con él, lo haría algo totalmente nuevo y único, y esperó, cada vez más, y más cerca...
De pronto Aster soltó, y apenas Jack iba a quejarse por la abrupta interrupción cuando él tomó su mano, la puso donde antes había estado la suya y sin soltarlo lo guio para que acariciara, de arriba hacia abajo, haciendo pequeños círculos con su muñeca.
-Oh, dioses…-, Jack inclinó su cabeza a un lado, y Aster aprovechó el espacio para espolvorear su cuello con besos pequeños que bajaban hasta su clavícula.
-¿Cómo te sientes?
-Ah… bien… esto, esto es tan raro, Aster…
-¿Raro?- esa voz, profunda y grave, siempre encontraba la forma para filtrársele en la piel, y envolverlo por dentro: su columna, su estómago, sus piernas…-, ¿Nunca te has tocado antes, Jack?
Levantó el rostro de su cuello y lo miró, y Jack le devolvió la mirada con inseguridad.
-Sí, pero nunca… nunca así, con otra persona.
Aster le sonrió.
-Continúa haciéndolo. Lo haces bien.
Aster soltó la mano con la que lo guiaba. Jack se dio cuenta de que había estado sosteniendo su peso con cuidado, para no aplastarlo debajo de él, y ahora… dioses. Aster tenía la cabeza inclinada, viendo hacia ese punto, mirando cómo Jack trabajaba los miembros de ambos con su mano cerrada. Jack también miró y tuvo que voltear hacia otro lado casi en seguida. Pero no. Él tenía que poder hacer esto, tenía que demostrarle a Aster; él era fuerte, mucho más que esto. Él era suficiente para hacerlo sentir bien, él podía darle satisfacción también a pesar de que fuera su primera vez.
Así que miró. Y se esforzó por aprender qué movimientos eran perfectos para ambos… memorizó la forma exacta en que su muñeca podía moverse que obligaba un gruñido fuera de la garganta de Aster, cómo su pulgar podía acariciar la cabeza de ambos miembros suavemente, haciendo que un poco del líquido que comenzaban a gotear actuara para suavizar la fricción de su mano… como sus dedos podían dejar de sujetar por un segundo y simplemente… acariciar el lugar, la vena correcta con sus yemas, presionando apenas, como si no estuviera ahí.
Aster lo volvió a mirar y le sonrió.
-Es un aprendiz muy veloz, Alteza.
Por toda respuesta, Jack no dejó de mirarlo a los ojos, levantó su mano de donde estaba… y probó la sustancia caliente que se le había quedado pegada en los dedos. No era la cosa más deliciosa que hubiera probado en su vida, pero no era desagradable, y saber que había salido de ambos lo hacía un poco… excitante, podría decirse. Quizás Aster pensó lo mismo, porque verlo hacer esto se apresuró a besarlo, cualquiera diría que cazando el sabor en sus labios. Jack gimió con profundo gusto cuando lo sintió besarlo así.
Jack encontró que era natural, tan natural, cuando se separaron un poco, se miraron a los ojos con las frentes juntas, y lo único que pudo hacer manteniendo la sonrisa fue morder el labio inferior de Aster y luego acariciar su lengua sobre él. Aster también le sonreía, y en cambio también lo mordió, tan suave como Jack lo había hecho.
-¿Qué sigue, Pooka? ¿Qué más le puede enseñar un simple campesino como tú a un Príncipe?
Aster emitió una risa fuerte y llena, presionando con sus brazos todavía más a Jack contra su cuerpo. Jack sentía su peso, y era… era una sensación cómoda, a decir verdad. Era satisfactorio poderlo sostener entre sus brazos, sentir cómo su calor lo empapaba, cómo sus cuerpos se acomodaban cuidadosamente uno sobre el otro.
-Un Príncipe no muy orgulloso por lo que veo, si se decidió a yacer con un "simple campesino" como yo…- esto le ganó un nuevo golpe de parte de Jack entre las costillas, y con sus nudillos agudos, claro que le dolió, pero tanto él como Jack seguían sonriendo-, muchas cosas puedo enseñarle, Alteza, si me permite completa potestad sobre lo que haremos a continuación.
Ante esto, el juego pareció detenerse un poco. Una mirada insegura de parte de Jack fue suficiente para que el instinto protector del Pooka, que Jack estaba consciente de que se había extendido hacia él hacía mucho tiempo, se activara de pronto.
-Haré todo lo que pueda para que lo disfrutes-, le acarició el rostro y su sonrisa se hizo mucho más gentil que antes-, si algo no te gusta, me detendré, sabes que no podría lastimarte.
Jack asintió, y finalmente, recuperando un poco su pose favorita de seguridad completa, se esforzó por lucir desinteresado.
-Lo que digas, campesino. Adelante, me gustaría ver si la legendaria estamina de los de tu especie es verdadera o sólo un mito para espantar señoras insatisfechas.
Aster rio abiertamente ante semejante imagen, y casi en seguida, volvió a presionar su cuerpo contra el de Jack, atrapando sus labios en un beso profundo.
-Si eso es lo que quiere Alteza, lo tendrá-, le sonrió, apartando con sus dedos un mechón de pelo blanco que se le había pegado a la frente sudada. Dejó un beso ahí mientras Jack cerraba los ojos-, veremos si los Pookas tenemos estamina suficiente, aunque sea para satisfacer a un pequeño elfo.
Vino otro golpe en sus costillas que lo hizo volver a friccionarse contra él. Jack lanzó un pequeño grito por la sorpresa, pero en seguida le sonrió abiertamente, urgiéndolo a continuar.
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Jack se cubría los labios para no gritar, aunque no sabía si quería hacerlo por la vergüenza de tener a Aster con la cabeza metida entre sus piernas o por el indescriptible placer que estaba experimentando. Aster había pasado buena parte de los últimos minutos (¿quizás había sido una hora?) recorriendo su cuerpo con dedos y labios, sin dejar prácticamente ningún espacio sin explorar. Había sido gentil, tierno incluso, encontrando todos los lugares que lo hacían temblar, estremecerse, sonreír, gemir, sollozar… y le había prestado a cada uno de esos puntos la atención necesaria para que el Príncipe se sintiera complacido. Jack se sorprendió al descubrir lo amoroso que podía ser como amante.
Si bien lo del "mito" de la estamina de los Pookas era algo que Jack genuinamente había escuchado en alguna conversación de señoras de la corte (eran mucho más vulgares de lo que jamás admitirían), también era cierto que, en esos mitos, los Pookas tenían fama de violentos, poco o nada delicados, y enfrascados completamente en su placer y jamás en el de sus parejas. Esto iba tanto para hombres como para mujeres Pookas.
Y ahora él estaba aquí, experimentando lo contrario de esta imagen, comprobando que su amante (su mejor amigo) estaba cien por ciento concentrado en él y nada más que en él, dándole todo el placer que pensaba que era posible vivir de algo como esto.
-¿Quieres correrte, Jack?- Aster levantó la mirada hacia él. Había pasado un rato besando sus muslos, acariciando su entrada con los dedos sin entrar en él, sólo haciendo pequeños círculos. Se había concentrado más en besar su miembro y finalmente lo había metido en su boca, sin dejar de presionar suavemente en su entrada. Jack quería que… hiciera algo, cualquier cosa, pero tenía algo de miedo todavía. Al mismo tiempo, sentía que era algo que tenía que pasar finalmente, pero no quería pedir nada, no quería preguntar, tenía mucho miedo pero también tanta ansiedad…-, puedes hacerlo en mi boca, me encantaría probarte.
Jack miró a Aster. Se enderezó suavemente, alcanzó con su mano la que él tenía presionando los dedos en su entrada, y lo presionó un poco más contra él. Aster entendió el mensaje, y permitió que su dedo lo penetrara, con todo el cuidado que le fue posible.
Jack creía que sus sentidos se habían agudizado a su límite en el momento en que su respiración se detuvo, Aster volvió a envolverlo con sus labios y buscó con su dedo el lugar correcto dentro de él. Cerró los ojos, y la oscuridad tras sus párpados explotó en una luz blanca, y Jack sintió que su cuerpo se derrumbaba en el orgasmo más largo y perfecto que había sentido en su vida entera.
…
Cuando su cuerpo se relajó, apenas tuvo tiempo de sentirse avergonzado por el grito que había proferido, por la forma exagerada en que su cuerpo entero se había tensado y curvado en un arco casi perfecto, y por el hecho de que Aster continuaba acomodado entre sus piernas, llevándose los últimos trazos de su placer con la lengua, y levantando la mirada para observarlo cuando terminó, a sabiendas de que había hecho de él todo lo que había querido. Jack apenas recobró el control de su respiración. Sentía que había estado a poco de que su corazón dejara de latir del todo.
Aster se acomodó a su lado, arrastrándose sobre su cuerpo lentamente, dejando besos en su camino. Jack esperó a que estuviera completamente a su lado para besarlo, para perderse en sus labios, cerrar los ojos y simplemente dejarse llevar. Sabía que estaba cubierto de sudor frío, que su respiración era caótica, que su piel seguía completamente erizada, y por eso mismo necesitaba esos brazos a su alrededor, sosteniéndolo, cuidándolo, prometiéndole sin palabras que estaba vivo y entero.
Ya teniéndolo en sus brazos, Aster besó su frente. Jack le acarició las orejas, y cuando lo sintió estremecerse contra su piel, se sintió aliviado al pensar que al menos podía devolverle un poco, muy, muy poco, de lo que él le hacía sentir.
-Jack, si tú quieres podemos dejarlo así-, propuso Aster, aún con los labios presionados contra su frente-, no tenemos que hacerlo todo ahora.
Jack apoyó el rostro contra su cuello. Se quedó quieto un momento, y lo besó delicadamente antes de tomar su rostro con una mano, hacer que volteara hacia él y sonreírle:
-Yo quiero todo.
Aster terminó por sonreír también.
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Sentirlo dentro de su cuerpo fue algo completamente nuevo, extraño. Intenso.
Aster lo había preparado con cuidado y paciencia, por largo rato. Su irrupción en su entrada fue lenta, cuidadosa, un poco cada vez, primero asegurándose de que cada movimiento iba pasando de doloroso a placentero antes de continuar. Cuando todo el dolor pasó por completo, y fue sustituido por algo, por lo menos, no tan molesto, Jack parecía respirar tranquilo y comenzar a disfrutar. La pequeña marcha de sonidos que salían de sus labios pasaron de ser quejas contenidas para convertirse en gemidos largos, a veces de sorpresa, a veces porque algo se sintiera bien. No llegaba a ser éxtasis o placer, simplemente algo que estaba bien. Sabía que podía continuar.
Y cuando entró en él, cuando presionó su cuerpo en su interior… fue tan hermoso, tan perfecto, que hasta el dolor agudo que atacó su interior fue perfectamente soportable bajo la promesa de que pronto se convertiría en placer. Lo fascinante no era que se sintiera bien, no, lo que el Príncipe estaba disfrutando era la emoción de saber que estaba pasando realmente, que estaba uniéndose a alguien por completo y que había sido todo por su voluntad. Dolor, éxtasis, todo lo que experimentara ahora, había sido por su propia voluntad.
Jack, por alguna razón, no pudo dejar de ver a Aster mientras lo sentía penetrarlo. Observó su rostro, cómo trataba de mantenerse firme, cómo cerraba los ojos ante la sensación irresistible. Su propia incomodidad no le permitió ver hacia otro lado, quería quedárselo todo. Quería que cada expresión que Aster hiciera fuera suya, que cada cosa que pasara en este momento le perteneciera, que pudiera quedarse en su memoria y repetirse una y otra vez…
Aster se quedó quieto cuando se sintió completamente dentro de Jack. Ambos intentaban contener un poco sus respiraciones, que de otra forma estarían siendo extremadamente caóticas en este momento. Probablemente, de no ser por la gravedad que los invadía, estarían riéndose a carcajadas uno del otro por sus expresiones y por la tensión de sus cuerpos.
Jack miró a su amante, levantó las manos hacia su rostro (no se detuvo a pensar en lo temblorosas que estaban), y le acarició las mejillas, luego las orejas, y fue su turno ahora de retirarle el cabello de la frente, de sus sienes, y levantarse para besarlo. El movimiento hizo que lo sintiera aún más en su interior. Aster se inclinó, persiguiendo sus labios antes de que tuviera que ceder y dejarse caer de vuelta en la cama. Se fue junto con él. Se esforzaron por no moverse.
Aster lo besaba y Jack no podía pensar en otra cosa salvo sus labios, su miembro dentro de él, el hecho de que esto era lo más cerca, lo más íntimo que había estado con otra persona y jamás pensó ni por un segundo, cuando lo conoció, que el Pooka sería el primer ser con quien compartiría su cuerpo de esta manera.
Y qué buena elección había hecho, al saltarse todas las reglas y entregarse precisamente a él. Jack se encontró rápidamente queriendo más.
El Príncipe comenzó a moverse suavemente, intentando hacer que Aster también se moviera con él. Lo logró sin hablar, simplemente permitiendo que su cuerpo le transmitiera al de él todo lo que quería. Por un momento se preguntó si en una situación así incluso las mentes de los amantes se conectaban.
Pensó que tendría que ser así, porque a partir de ese instante Aster hizo con él exactamente lo que Jack quería. Se movió en su interior una y otra vez tocando todos los puntos que lo hicieron temblar de placer, lo besó y recorrió su cuerpo de todas las formas que Jack necesitaba. Jack se atrevió a tocarlo y entonces todo pareció volverse más fuerte, más intenso para él. Se aferró a sus brazos, acarició sus músculos…
Apenas se estaba haciendo consciente de lo fuerte, de lo perfecto que era su Pooka… su cuerpo trabajado, su rostro masculino, sus ojos profundos y dominantes…
¿Por qué Jack nunca había pensado en esto antes? ¿Por qué no había hecho que esta criatura fuera su amante desde que lo conoció? Así quizás estarían haciendo esto, en este instante, con mucha más práctica, más conocimiento de lo que querían ambos.
Aster se separó de sus labios y lo miró.
Jack le devolvió la mirada, y qué bellos ojos eran aquellos, qué hermosa sonrisa, y qué deliciosos movimientos tan acompasados y perfectos podrían hacer entre los dos. Si esta fuera una danza, sería la más maravillosa de todas, digna de ser bailada en las nubes.
Los sonidos del claro se intensificaron a sus oídos y Jack miró las luciérnagas que bailaban alrededor de ellos, vio los listones de luz de luna que bajaban filtrados por las hojas de los árboles, y supo que efectivamente, esto no podría olvidarlo nunca, nadie iba a poder cambiar lo que en este momento sentía, nadie iba a superar este instante de bienestar y placer absoluto…
-M…más…-, pidió Jack, y Aster se separó un momento para levantarle las piernas y acomodarlas sobre sus hombros. El ángulo era tan perfecto, que Jack tuvo que echar su cabeza hacia atrás por la forma en que el miembro de Aster alcanzó todavía con más profundidad su interior.
Gritó, suplicó. Sabía que volvería a correrse pronto si Aster no le daba un respiro, pero al mismo tiempo quería hacerlo, quería ya alcanzar ese punto máximo de placer que aún no conocía, tenía que ser mucho mejor que antes, porque esto era diferente, y ya con saber que Aster estaba en su interior había sido suficiente para superar su primer orgasmo, que parecía haber sido hace siglos.
Pero quería algo más. Quería que Aster terminara dentro de él. Quería jugar con la fantasía de su noche de bodas, quería que él fuera el primero en poseerlo de todas las maneras posibles.
Cuando se lo dijo, Aster lo miró fijamente, le sonrió y lo volvió a besar.
-Sí, Jack. Lo que tú quieras…
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El ritmo ahora era mucho más lento y tranquilo que antes. Jack había vuelto a correrse, y Aster había retirado algo de su semen con sus labios de donde había caído- de su pecho, de su estómago-, y se había reído un poco al alcanzar su oído:
-¿Te parece que lo de la estamina era real, o no, Jackie?- preguntó para morder su lóbulo suavemente. Jack había gemido al escucharlo, su miembro temblando suavemente ante lo sensual que sonaba la voz de su amante, que jamás pensó antes que pudiera escucharse así. Aster lo había dejado bajar las piernas, y ahora Jack las acariciaba contra las suyas mientras le recorría la espalda con las uñas, primero cuidadosamente, luego clavándolas, prácticamente haciéndolo sangrar cuando el punto de placer más intenso era alcanzado en su interior. Se sintió un poco avergonzado de la velocidad con la que volvió a ponerse erecto, pero era de esperarse, supuso, siendo él tan joven y viviendo en una situación donde la estimulación no parecía acabar nunca. Aster le acariciaba la espalda con tanta intensidad con la que Jack arañaba la de él, lo mantenía preso en un beso íntimo, interminable, y se movía en su interior de una forma que parecía pensada específicamente para hacerlo gemir cada vez que se clavaba en él.
Jack movía su cadera al mismo ritmo que él.
-E…estamina o no… e…esto ha sido increíble…Aster…-pronunció a duras penas, y sonrió cuando Aster pareció apenas avergonzado por sus palabras-, debimos hacerlo hace… hace mucho tiempo…
Finalmente, Aster volvió a sonreírle, y Jack, olvidándose de todo, simplemente cerró los ojos y se dejó besar cuando sus labios llegaron hacia él.
-¿Un príncipe y un campesino? Por favor, Jackie…-, Aster le besó el cuello, y Jack sintió las palabras contra su piel-, está prohibido.
Prohibido. Jack sintió un estremecimiento en el estómago cuando escuchó esa palabra salida de sus labios.
-Eso lo hace todavía mejor-, dijo entonces, casi sin aire, y levantó su cadera para que su miembro se acariciara contra su estómago perfectamente firme y delicioso, porque necesitaba más, cada vez más de él-, si hubieras querido… podías haberme tenido así desde que nos conocimos.
-¿Ah, sí?
Jack asintió. Aster volvió a sujetarle las piernas, pero apenas las elevó un poco para mejorar el ángulo, y Jack lo sintió golpear más fuerte su interior.
-Oh…Aster… mmmh, mmmh…¿qué haces?...
-¿Me hubieras dejado hacértelo así, Jackie?
Un poco confundido, Jack lo miró a los ojos, y sonrió entendiendo el juego.
-Tal vez.
-¿Me hubieras dejado tomarte ahí mismo? ¿No hubiera sido humillante para usted, Alteza?
Jack echó la cabeza para atrás, concentrándose en el placer.
-¿Qué tendría de humillante…aaaaah… tener exactamente lo que quería en ese mismo momento?
Aster se inclinó sobre él para alcanzar sus labios y Jack le sujetó el cabello con las manos, acariciando sus largas orejas, dejándolo así a su merced.
-Aster…ooooooh… Aster, te he querido tener así desde que te conocí…- confesó, y aunque hasta ahora no se le había ocurrido que la curiosidad que sentía por el Pooka en un principio estaba obviamente manchada de deseo, supo perfectamente que era verdad-, así, en mis brazos, dentro de mi…Aster… mmmmh….mmmmh… Aster, voy a…voy a correrme otra vez…
-Jack…- se besaron otra vez, y Aster comenzó a sentir la presión de su cuerpo alrededor de él, anunciando su final una vez más, lo abrazó fuerte, se concentró en él, en cómo se sentía su cuerpo, en el aroma de su cabello, en la hermosura de su rostro y de su voz-, dentro…me quieres dentro, ¿verdad?
-Sí… ¡Sí, sí, sí!
El orgasmo llegó, tan anticipado como repentino. Jack se sujetó de Aster, sentía que se deshacía sobre él como una ola que rompe en la arena. Ambos temblaban, intentando resistir. La esencia de Jack se derramó en sus estómagos y en sus pechos, la de Aster se abrió paso en el interior del joven, y se aferraron uno al otro, vulnerables, completos, entregados a esta sensación divina, sagrada, propia de otro mundo.
-¡Aaaaah!-, Jack sentía como si el grito hubiera sido físicamente arrebatado de su garganta, tanto, que tuvo que liberarse del beso que compartía con Aster para dejarlo salir. Aster en cambio gruñó, desesperado de placer, contra la piel de su garganta, y Jack se imaginó por un momento que lo mordía, que lo comía, y no pudo hacer otra cosa que continuar temblando mientras su miembro seguía corriéndose, con Aster llenando su interior.
Por unos instantes, ninguno de los dos vio las luces de la luna colándose entre las hojas, ni escuchó los sonidos de los animales, ni le prestó atención a las flores que los rodeaban. Ignoraron, sin saber, la brisa helada que por un instante pasó por encima de ellos, y la pequeña, minúscula capa de copos de nieve que cayeron sobre las plantas, sobre las flores, sobre las luciérnagas y sobre la espalda de Aster.
La capa se derritió casi en seguida, de las plantas a la tierra, y del cuerpo de Aster al de Jack.
…
Compartieron más besos, uno tras otro. Cada uno era corto, no muy profundo, pero cálido, delicioso y al menos dentro de lo que duraba, parecía interminable.
Aster lo sujetaba cuidadosamente, masajeando su cintura, mientras Jack le acariciaba el rostro y le retiraba el cabello de la cara. Se separaron un momento, se sonrieron, y Jack volvió a levantar el rostro hacia él para besarlo. Lo atrajo hacia su cuerpo, hacia sus brazos, y Aster se dejó caer sobre él. El amor les mantenía los cuerpos cálidos, la humedad se sentía confortable, el miembro de Aster en el interior de Jack poco a poco iba perdiendo su dureza, pero Jack no quería que saliera de él hasta el último segundo.
Finalmente, Aster se separó de él por completo, y Jack suspiró, un poco decepcionado ante la sensación de vacío que de pronto le invadía.
Aster se recostó en la cama y atrajo a Jack hacia él, abrazándolo por la cintura. Jack se recostó, abrazándose a su pecho, acomodando la cabeza sobre su hombro.
Mantuvo abiertos los ojos y disfrutó todo. Una vez más, el espectáculo de colores y luces de aquél claro le robó la respiración, las caricias que Aster hacía en su espalda se sintieron como la gloria, y que le sujetara la mano con la mano que tenía libre, y enredara sus dedos con los de él, sobre su pecho caliente y agitado, hizo a Jack sonreír. Jalaron una manta hacia ellos.
Pasaron un buen rato en completo silencio. Aún Jack sentía pequeños latigazos de placer en todo el cuerpo, y pensaba que Aster se sentía igual, quizás por la forma en que de pronto su piel se erizaba y cada vello de su cuerpo parecía ponerse en punta, sobre todo cuando los dedos de Jack rozaban, aunque fuera superficialmente, sus orejas.
Y a pesar de todo, el Pooka parecía mucho más tranquilo, más íntegro que él. Quizás…
Quizás, para Jack esto había sido especial por ser su primera vez, pero quizás (muy probablemente) Aster ya había hecho esto antes y su reacción era simplemente natural. Cualquier hombre sentía placer al penetrar, eso era algo que Jack sabía, o que al menos creía saber por completo. Quizás Aster lo había hecho con él como pudo haberlo hecho con cualquiera. Quizás para él esta no había sido la experiencia de otro mundo que sí había sido para el Príncipe.
Jack, además, no había sabido muy bien qué demonios estaba haciendo la mayor parte del tiempo. Para ser sincero, había sentido que se había concentrado mucho más en recibir que en dar. Pensar en esto lo avergonzó. Pero finalmente, se decidió a preguntar.
-Aster…
El Pooka no se movió. Jack escuchó su respiración antes de recibir su respuesta.
-Dime, Jack…
Aster tenía los ojos cerrados y una expresión de tranquilidad – y quizás incluso de placidez en el rostro. Jack se abrazó un poco más fuerte de él.
-Fue mi primera vez…-, dijo, como si Aster no estuviera consciente de ello, como si necesitara recordarle…-, dime… ¿te complazco?
Al no recibir una respuesta a su pregunta, Jack escondió el rostro contra el hombro sobre el que estaba recargado, y repitió:
-¿Te gustó lo que hicimos?
Aster, sorprendido, se puso a ponderar la pregunta, a preguntarse si entendía lo que el joven acababa de cuestionarle. Finalmente, sonrió, aunque Jack no lo veía.
-Jack… fuiste perfecto de principio a fin. Claro que me gustó.
Jack levantó la mirada, lo observó y le sonrió. Aster se perdió un momento en esos ojos de cielo, y terminó por decidirse a hacer su propia pregunta, mientras acariciaba el contorno de su rostro con sus dedos, lo más delicadamente que le fue posible.
-Dime, Jack, ¿a ti te gustó? ¿Fui…capaz de complacerte?
Jack no respondió en seguida a su pregunta, y Aster quiso sonreír cuando lo vio ponerse rojo.
Jack se enderezó rápidamente, huyendo de la caricia que le hacía en el rostro. Se arrepintió del movimiento casi en seguida, cuando sintió el dolor agudo que se le clavó en la cadera, pero todo fuera por una buena actuación. Así, dándole la espalda al Pooka, pero sin salir de su lado, levantó la cabeza y cerró los ojos, exagerando su habitual demostración de orgullo.
-Oh... bueno, no fue una experiencia tan mala como había imaginado, pero realmente tampoco fue tan bueno como me han dicho que podría ser…- miró por encima de su hombro, abriendo un solo ojo, captando en seguida la expresión confundida de Aster. Aguardó unos instantes, y al escucharlo intentar decir algo sin lograrlo, sintió una sonrisa surgir desde lo más profundo de su ser. Sin prevenirlo de ninguna forma, se lanzó de nuevo a él, recostándose casi completamente sobre su torso, apoyando la barbilla sobre sus manos juntas encima de su pecho para poder mirar su rostro mientras seguía hablando-. Pero bueno, como soy un Príncipe muy magnánimo, te daré una, dos…no, tres oportunidades más para que vuelvas a intentar, y esta vez espero que tu desempeño sea el mejor.
Ya habiendo captado la broma tras el comentario de Jack, Aster dejó salir una risa abierta, plena, que hizo al Príncipe sonreír.
-¿Tres oportunidades más?- preguntó, haciendo énfasis en la cantidad-, ¿Porqué no solo admite que le gustó y que quiere seguir haciéndolo toda la noche, eh, Alteza?
Ante esta pregunta, Jack se ensombreció un poco, y Aster se arrepintió casi en seguida de haberla hecho.
-Porque… es lo único que se me ocurre para convencerte de hacerlo de nuevo. Acordamos que… dejaría de ser virgen. Pero no tendrías por qué hacer nada más, ¿no es cierto?
Por toda respuesta, Aster levantó su mano hacia él, le acarició el rostro, y terminó recorriendo sus labios con su dedo pulgar. Jack cerró los ojos y atrapó su dedo entre sus labios, y succionó suavemente.
-Jack, no tienes que convencerme de nada-, susurró, intentando borrar toda intención maliciosa de su voz para hacer sentir tranquilo a su pequeño amante-, ¿Por qué iba a negarme? Sólo tienes que pedírmelo.
Jack sonrió, otra vez de forma pretenciosa y altanera.
-Los Príncipes no pedimos cosas, campesino-, dijo en un tono altivo que hubiera hecho que Aster lo odiara si no supiera que solo era su habitual actuación-, nuestros súbditos nos las dan sin que tengamos que expresarlas. Si fueras tan bueno como dices ya habríamos empezado otra vez en lugar de seguir con esta charla absurda.
-¡Já!- rio Aster, y en seguida volteó sus cuerpos, para terminar encima de Jack. Jack lo veía desde donde estaba con una gran sonrisa maliciosa-, pequeño elfo travieso, no sé quién te crees que eres.
-Oh, cierto, aquí no soy un Príncipe, ¿verdad? - preguntó Jack entonces, dándole un exagerado dramatismo de confusión y asombro a sus palabras. Aster lo besó suavemente, encantado por su expresión dulce, y cuando se separó, Jack siguió hablando-, aquí sólo soy un…pobre muchacho, y estoy perdido en un Bosque gigantesco que no conozco.
Aster había disfrutado historias que Jack contaba a la luz de una fogata, y reconocía su voz de narrador cuando la escuchaba. Comenzó a besarle el cuello, pero prestó atención en todo momento a sus palabras.
-¿Oh, perdido entonces?
-Sí, jamás había estado aquí antes-, continuó Jack, sintiendo que Aster parecía encariñarse con un punto específico en la piel de su cuello-, mmmm,… ha caído la noche y no tengo dónde quedarme… estoy solo, a merced de los animales salvajes y de los espíritus del Bosque…aaaahhh….
Aster rio suavemente contra su cuello, y esperó a que Jack siguiera hablando, acomodado como estaba entre sus piernas sólo tenía que hacer un movimiento para entrar en él, prácticamente estaban comenzando de nuevo, pero quería escuchar su voz, quería oírlo, aun contando la historia.
-¿Y luego qué pasa, Jack?
-Una gran sorpresa-, sonrió el joven, acomodando las piernas alrededor de la cintura del Pooka-, oooohhh... qué… qué oportuno, me he encontrado con un cazador…
-Creí que era campesino…
-CAZADOR-, interrumpió Jack, dándole una pequeña palmada en el brazo para que no lo interrumpiera-, un cazador Pooka, alto, apuesto y muy fuerte… mmmmmh, él debe tener un lugar donde pueda quedarme a pasar la noche…
-Qué interesante historia, Jackie…-, le acarició las piernas, continuó besándole el cuello.
-Sí, pero…ah, qué dificultad, es un lugar donde solo hay una cama, y ya que hace frío no quisiera dormir en el suelo, además, de algún modo he de pagar por tal hospitalidad…-, Aster lo besó en los labios y Jack se dejó absorber por el beso. Fue mucho más largo que los anteriores, más profundo, y de alguna manera que Jack no entendía, más completo, más dulce. Cuando se separaron y se miraron a los ojos, Jack tuvo que reagrupar sus ideas y normalizar su respiración antes de continuar hablando-, ¿Un beso será suficiente, cazador?
Aster rio de nuevo, al entender que esa era su señal para participar activamente en la historia.
-No lo creo, pequeño. Si quieres compartir mi cama, tendrá que ser para mucho más que dormir.
Jack soltó una risa mucho más amplia que la de Aster, encantado de que participara en su juego, como nunca pensó que nadie lo haría.
-Oh, qué avergonzado me siento… tendré que hacer el amor con un cazador, ¡y un Pooka, no menos!, sólo espero que no me haga pedazos, he oído que son unas bestias…
-Se me ocurren mejores cosas qué hacer contigo, pequeño…
Jack trató de ignorar la forma en que sus cuerpos se comenzaban a acomodar uno en el otro, tan fácil, fundiéndose, llenándose mutuamente.
-Y además…-siguió, con dificultad, pero aún con una gran sonrisa en el rostro-, quisiera quedarme varios días, así que supongo que hacerlo una vez no será suficiente, ¡Dioses! ¡En qué gran problema me he metido!
Las risas les impidieron seguir con la historia…al menos con palabras.
Mientras lo hacían por segunda vez, Jack llamaba a Aster "Cazador", y el Cazador, por su parte, le prometía al joven perdido en el Bosque que tendría dónde pasar todo el invierno, si todas sus noches compartidas podían ser como ésta.
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-No quiero casarme.
Aster aseguró sus brazos con más fuerza alrededor de Jack.
-Lo sé.
-¡No quiero!
-Lo sé, Jack, lo sé. Ojalá pudiera hacer algo para cambiarlo.
Jack se abrazó fuerte de Aster, acomodando el oído contra su pecho, escuchando su corazón. Aster lo acarició suavemente, intentando calmarlo, paseando sus fuertes manos por su cabello y por su espalda, deseando que de esta forma pudiera hacerlo sentir bien.
-Duerme, Jack. Olvídate de eso, al menos por unas horas, ¿sí? Todo saldrá bien, te lo prometo.
Jack, poco a poco, dejó salir una sonrisa. Quizás Aster (su mejor amigo, su amante por esta noche), tenía razón. Quizás podría vivir por esto, quizás, si bien iba a casarse, las cosas podrían salir mejor de lo que él creía en este momento.
Comenzó a dejarse arrullar. En los brazos de su "Cazador", sentirse seguro y tranquilo era demasiado fácil. Aspiró su aroma una vez más, y se fue abandonando al sueño.
Y quizás Aster lo creía ya dormido, de otro modo, Jack no entendía cómo se habría atrevido a pronunciar las siguientes palabras que salieron de sus labios, que cambiaron, por si solas, todo lo que el Príncipe pudo haber pensado de lo que habían vivido juntos esta noche. El murmullo de su voz era tan apasionado y lleno de un calor tan abrasador, que Jack no tuvo otra opción más que dejarse derretir.
-Mi Estrella… mi Amanecer.
El beso que dejó en su cabello entonces fue la prueba que Jack necesitó para entender que esas palabras eran todo lo que él había deseado siempre, y que nunca hubiera sabido explicar.
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El día siguiente lo encontró despertando vestido con la camisa de Aster. El Cazador estaba, al parecer, terminando de preparar el desayuno, y no se dio cuenta del todo cuando Jack se puso de pie, caminó hacia él un poco adolorido aún, y lo abrazó por la espalda, besándole la nuca. Aster comenzó a reír, atrapó a Jack, lo jaló hacia su regazo y le revolvió el cabello con la suficiente rudeza para que Jack se quejara, pero no tanta para lastimarlo. Luego de eso, lo sostuvo contra su cuerpo. Jack se quedó entre sus brazos todo lo que pudo, dándole pequeñas mordidas en el cuello. Aster reía, y Jack pensaba que no podía haber nada en el mundo que lo hiciera más feliz.
…
Después de la comida y un largo baño en el río, Jack se vistió y regresó a casa.
Antes de irse, Aster volvió a asegurarle, con su voz más confiada y tranquila, que todo estaría bien y que no tenía de qué preocuparse. Jack intentó, lo más que le fue posible, quedarse con sus palabras, no soltarlas, confiar en que serían verdad.
Se despidieron con un pequeño beso que inició Jack y que Aster, al parecer, no se esperaba. Jack esperó con ansias que el Pooka le pidiera que se quedara. Él lo haría. No necesitaba más y ambos lo sabían perfectamente. Lo único que Jack realmente quería era que Aster fuera su razón para hacerlo. Eso era todo lo que necesitaba para quedarse.
Esa razón no vino, y Jack…no se encontró tan triste como pensaba que estaría cuando esto simplemente pasara. Quizás su identidad de Príncipe era lo que le impedía al orgulloso Pooka darle voz a lo que ambos sabían que deseaban. ¿Cómo podía él darle la vida a la que estaba acostumbrado? Aunque Jack no se lo hubiera pedido nunca. Entendía que su Cazador se negaba a verse sometido a tal humillación.
Sonreían cuando finalmente se separaron, y Jack tomó su camino sabiendo que jamás se arrepentiría de la noche que acababa de vivir.
Continuará…
Ah. Espero que les haya gustado.
Muchas gracias por dejarme sus reviews en el capítulo pasado, no quería tardarme con la zuculencia pero tampoco quería escribirlo todo en un solo capítulo, por eso esperé hasta este para poner el lemon. Además me esforcé en dejar por ahí un par de pistas de cosas que ocurrirán en el futuro.
Como dije, principalmente lemon, algo de plot, ya veremos en el siguiente capítulo cómo evoluciona esto.
¡No olviden dejarme reviews! Me encanta saber cuando les gusta lo que escribo uwu
Los amo!
Besos y abrazos!
Aoshika
