Sin mucho qué decir esta noche, les traigo el cuarto capítulo de este fic.

La canción de hoy es: Black is the Colour, de The Corrs. Seguimos con el estilo pop irlandés, lo siento, me encanta. Esta canción en particular me gusta desde hace más de diez años, y me gustó cómo quedaba para este capítulo, sobre todo la primera parte, por algunas cosas que piensa Jack. Recordar las cosas que amas de otra persona, la separación, la añoranza...

En fin, sin más preámbulos, los invito a leer :)

El Príncipe y el Esclavo

Capítulo 4: El Compromiso

Tras regresar al Palacio luego de su interesante aventura con Aster, los siguientes cuatro o cinco días pasaron en una nube de felicidad y tranquilidad para Jack. Si bien se sentía algo decepcionado de que Aster no le hubiera pedido nada más, aun cuando parecía que su amigo lo deseaba, estaba feliz con la experiencia que habían tenido juntos. Había sido… increíble. Mucho mejor que cualquier cosa que él hubiera podido imaginar.

Hasta su familia notaba el cambio en su comportamiento, a comparación de cuando había salido de ahí completamente furioso por la noticia de su compromiso. Jack se pasaba casi todas las mañanas en su habitación, en silencio, y por las tardes se dedicaba a sus estudios o salía a caminar. Pasaba mucho tiempo con Emily, pero cualquiera se podría dar cuenta de que casi siempre su mente parecía estar en otro lugar por completo.

Una de esas mañanas el Príncipe estaba tan sumido en el recuerdo de aquella noche, que se la pasó horas acostado en su cama imaginando, jugando con la posibilidad de concebir un hijo, no con su esposo cuando llegara el momento, sino con su mejor amigo, el Cazador. No tenía por qué ser tan difícil, con uno usaría un hechizo para no concebir del todo y con el otro uno que hiciera que fuera inevitable. Qué sorpresa, qué delicioso asombro causaría en todos que Jack diera a luz a un pequeño bebé con todas las características de un Pooka, y saber que ese bebé sería quien heredara el trono cuando él muriera. O mejor aún, tener un hijo que fuera idéntico a él y que no tuviera nada de Pooka… pero que tuviera los mismos ojos verdes, de bosque, que su padre. Que se llevara mejor con las plantas que con la nieve, que creciera alto y fuerte, que tuviera su misma voz.

Jack reía para sí mismo imaginándose tales escenarios, solo para llegar a la conclusión de que solo debían quedarse como fantasías.

En primer lugar, para eso, tendría que convencer a Aster de ser su amante. Lo cual, tomando en cuenta lo honorables que eran los Pookas, sería imposible una vez que Jack estuviera casado. Casi podía escuchar en su mente la voz de Aster negándose rotundamente a cometer tal falta por segunda vez, y esta vez todavía más gravemente. En segundo lugar… uno no juega con la vida de un hijo. Sus bromas tenían un límite, y supo sin tener que pensarlo demasiado que un posible bebé estaba fuera de éste. Si iba a tener un hijo, lo tendría, y lo criaría con amor, sin ocultarle nada a nadie. Y es que Jack, además, no solo quería tener un hijo de Aster… Jack hubiera querido, junto con ello, saber que una parte del Pooka se quedaría con él para siempre, aunque no estuvieran destinados a estar juntos.

Cómo deseaba… dioses… cómo deseaba no sentir que su vida iba a concluir con su matrimonio. Por alguna razón, imaginar algo más allá en el tiempo que el día de su boda se iba haciendo más pesado y difícil, apenas pudiéndolo combatir con sus ilusiones estúpidas que obviamente no llegarían a ninguna parte.

Lo que sí podía imaginar, quizás porque era algo que deseaba con toda su alma, era poder continuar con la amistad que tenía con el Pooka. Aunque lo que habían pasado aquella noche jamás fuera a repetirse.

Al menos el recuerdo era suficiente para hacerlo mantener una sonrisa verdadera en su rostro. Lo dejaba dormir bien. Lo impulsaba a esperar la llegada del día siguiente.

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La mañana en que finalmente le presentarían a su prometido y se definiría la fecha de la boda, Jack se levantó de muy mal humor, aunque hizo lo posible por no dejarlo salir con los sirvientes que lo despertaron, le ayudaron con su baño y a vestirse con su ropa más apropiada para la ocasión.

Jack se miró al espejo, usando su traje de gala azul con botones dorados y condecoraciones que no sentía que mereciera usar, y sus pieles, caobas y blancas sobre sus hombros, sus guantes negros cubriendo sus manos… no estaba complacido. Todo su atuendo debería ser tan oscuro como esos guantes. Para él, éste era un día de luto, no de celebración.

Cuando la reina Rose-Marie entró a verlo, Jack la miró a través del espejo frente al que estaba parado, respiró profundo y se atrevió a dejar salir algo de su amargura.

-¿Te gusta cómo me han envuelto para regalo, madre?- preguntó, poniéndose rápidamente la máscara de la irreverencia y sonriendo con desdén. Su madre, mirándolo fijamente, ordenó que los sirvientes salieran de la habitación. Mientras ellos se dirigían a la puerta en silencio, ella se acercaba a él.

-Jack… por favor, has lo posible por mantenerte en calma en este día tan importante-, pronunció ella cuando estuvieron solos, y en su voz había tanto de autoridad como de súplica-, sé que esto no es lo que tú querías, pero puedes creerme cuando te digo que si tu padre y yo pensáramos que hay un arreglo más conveniente para ti, optaríamos por él. No te estamos lanzando a los brazos de cualquiera y de eso puedes estar seguro. Tienes que cumplir tus tareas como Príncipe.

Jack cerró las manos, miró hacia otro lado, y se concentró en hacer que el temblor de sus labios no lo delatara.

-Lo sé, mamá. Lo que no sé es en qué momento de mi vida decidieron que una de mis "tareas como Príncipe" es ser la moneda de cambio del Reino.

Ella no contestó nada. Hubo otros segundos más de silencio, y Jack actuó por impulso.

-¿Y si ya hubiera alguien, mamá?- preguntó, impresionando a su madre, que pareció ser sacada de una profunda meditación cuando su hijo le hizo esta pregunta.

-Si ya hubiera alguien…-, contestó ella, lentamente, podría decirse que cuidadosamente, sin alejar la mirada de su hijo-, tendría qué preguntarte quién es. Dónde le conociste, porqué le prefieres, y qué puede aportar como tu cónyuge. ¿Vale la pena cambiar este arreglo, que beneficiaría al Reino, por un capricho tuyo?

Jack respiró profundo, impresionado por esta respuesta. Su madre siempre había sido amorosa, consentidora, amable, cálida. Jack había olvidado lo fría que podía volverse cuando se trataba del bien del Reino.

-¿Hay alguien?- preguntó ella, y Jack sabía que estaban dando el asunto por cerrado.

-No-, contestó, sintiendo que su garganta se cerraba-, no lo hay.

La Reina no dijo nada más. Salió de la habitación cerrando firmemente la puerta tras ella, en una orden silenciosa para que Jack se apurara. Jack se limpió las lágrimas, se miró al espejo una vez más, y sólo para estar satisfecho, cambió las pieles que usaba sobre su traje de gala por unas completamente negras. Quería que su imagen impresionara a su prometido. Fuera quien fuera ese hombre tenía que ver, desde el primer momento, que para Jack esta no era una ocasión feliz.

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Jack daba toda la imagen de un niño regañado, sentado en su silla de honor al lado derecho de su padre. Tanto el Rey como la Reina ocupaban sus tronos, y la Princesa Emily, ataviada con su vestido más bello, aguardaba sentada a lado de su madre. Al mismo tiempo, observaba en silencio a Jack. Jack tenía el codo apoyado en el descansabrazo de su silla, y sobre la mano apoyaba el mentón. Tenía el ceño fruncido, cualquiera diría que era causado por el aburrimiento, pero Emily sabía que era de frustración. Sus padres desde el primer momento habían desaprobado su elección de vestimenta y lo habían mandado a cambiar, pero Jack se había empecinado en su elección. Lo dejaron ser apenas después de insistir un par de veces. Sabían que este no era un buen día para el Príncipe.

-Han tardado un poco más de lo previsto-, dijo de pronto el Rey Richard, tomando la mano de su esposa-, me preocupa. Supe que ha habido derrumbes en algunas zonas de la Montaña.

Jack lanzó una risa cargada de menosprecio, y sus padres le mandaron miradas reprobatorias que él hizo lo posible por ignorar.

La amplia sala del trono estaba ocupada por decenas de cortesanos y nobles curiosos que habían venido a observar la pedida de mano del joven Príncipe. Si algo odiaba más Jack, además del prospecto de casarse con alguien a quien no conocía en nada, era el hecho de que esta ocasión no solo sería una tortura personal, sino que además todas estas personas, a quienes consideraba de lo más vulgares y estúpidas, estarían ahí para presenciarlo todo y para hacer de él la comidilla de la corte por una larguísima temporada que no estaba seguro de querer enfrentar.

Para alivio de los Reyes, luego de varios minutos de espera más que los previstos, un sirviente entró a informar que los invitados de honor estaban arribando finalmente al Palacio. Jack repasó mentalmente lo que ocurriría a continuación.

El proceso era, en teoría, simple. La familia Real entraría, luego de ser presentados, y el Rey o Reina presentaría al prometido de Jack, que solo entraría luego de ser anunciado por el vocero del Palacio. Era la tradición, pero más que cualquier otra cosa, era todo un espectáculo, y a la gente del Reino siempre le había gustado los espectáculos. Jack lo encontraba humillante. A su parecer, aquello se parecía más bien a una subasta, una venta de animales, y él no quería participar en el juego. Sabía, sin embargo y para su total desagrado, que no le quedaba otra opción.

Antes de que él estuviera listo, el vocero, que estaba de pie junto a la puerta de la Sala del Trono, levantó la voz para ser escuchado por toda la habitación.

-La Reina Dahlia y sus hijos mayores, la Princesa Heredera Camellia y el Príncipe Heath...-, hubo un silencio en la Sala mientras las puertas se abrían, y la gente abría paso a un camino alfombrado hasta los Tronos-, Familia Real de la Nación Pooka.

Al escuchar esto último fue apenas que Jack se forzó a sí mismo a voltear.

La Reina era una mujer alta y de apariencia madura. Morena, con el pelo largo, oscuro, graciosamente trenzado cayendo sobre su espalda. Una corona no muy grande, plateada, cargada de esmeraldas, descansaba sobre su cabeza. Su rostro era sereno y distinguido, naturalmente elegante y digno, con algunas pocas arrugas alrededor de su boca y en su frente. Aun así, conservaba cierta frescura juvenil que haría bastante difícil si Jack quisiera adivinar su edad. Sus largas orejas de Pooka, de un color gris oscuro, descansaban hacia atrás de su cabeza, pegadas a su nuca. Portaba un vestido color verde olivo, y un abrigo en un tono un poco más oscuro. Jack se la imaginó con las ropas de cacería tradicionales de su reino, corriendo por los bosques con un arco y una flecha, y se sintió impresionado de pensar que la mujer muy probablemente podía hacerlo con la misma naturalidad con la que portaba el vestido que traía puesto.

Los Príncipes venían detrás de ella.

La mejor forma de describir a la Princesa Camellia era probablemente decir que se trataba de una versión joven de su madre. Era muy parecida a ella excepto por la falta de arrugas en la piel, y, mientras la Reina tenía los ojos verdes, los de la Princesa eran color café, oscuros casi hasta ser negros, y a decir verdad, un poco pesados, quizás perfectos para doblegar a quien quisiera sostener un duelo de miradas con ella. Jack la encontró hermosa, al grado que tuvo que apartar la mirada un momento para evitar que su sonrojo creciera.

El Príncipe Heath, por su parte, hizo que Jack casi saltara de su asiento cuando lo miró con suficiente atención y comprobó que era casi una copia exacta de su Aster. Alto, bien formado, ojos verdes, rasgos rectos y firmes… masculino, pero con cierta aura gentil a su alrededor… Si la Princesa lo había hecho sonrojar, ahora definitivamente Jack sintió la garganta seca.

-Bienvenida, Dahlia-, dijo el Rey Richard, haciendo que Jack volteara a verlo y luego a ver a la Reina Dahlia, que sonreía ligeramente, con tranquilidad-, es un placer recibirla a usted y su distinguida familia en nuestro Reino.

-Gracias, Richard. Me alegra verlo y ver que su familia se encuentra de buena salud. Rose-Marie, luce tan hermosa como siempre.

Jack miró a su madre, que inclinó la cabeza ante este cumplido con gracia. Aunque las gentilezas que estaban intercambiando eran bastante cuidadosas y rígidas, era obvio que ambas partes trataban de mantener la civilidad. No en vano ambos Reinos habían pasado tantas décadas dándose el tratamiento del silencio mutuamente.

-Jamás tan radiante como usted, Dahlia. Nos alegra poder conocer al fin a sus hijos.

Dahlia tomó con delicadeza el brazo de la Princesa Camellia, y ésta se acercó un paso más e hizo una reverencia.

-Camellia es mi heredera. Cuando fallezca, ella tomará mi lugar como Reina de los Bosques Sagrados y de la Tribu Pooka. Y mi hijo, Heath-, Heath dio un paso al frente, y también hizo una reverencia-, es el Segundo Príncipe y también en la línea de sucesión. Han venido a acompañarnos a mí y al Tercer Príncipe en este día tan importante.

-Bien, podemos proceder.

Los sirvientes trajeron tres sillas más y las acomodaron al lado de donde estaba la Princesa Emily. Camellia y Heath tomaron asiento, saludando respetuosamente a la pequeña Princesa. Ésta respondió sus saludos y mantuvo la compostura en todo momento. Jack siempre había admirado su madurez y su propiedad… a su edad, él no podría decir que fuera capaz de comportarse así.

Ante el silencio que siguió a continuación, Jack volteó, volviendo a centrarse en el presente. La Reina Dahlia se había quedado de pie mirando hacia la puerta de la Sala del Trono, esperando a su tercer hijo.

Mil ideas y preguntas inundaron el cerebro de Jack, sobre todo porque el hecho de que se casaría con un Príncipe Pooka era simplemente algo que no esperaba ni en mil años que fuera a suceder. Apenas cuando vio a los pajes salir en búsqueda de éste, se dio cuenta de todo lo que se le venía encima. Se encontró preguntándose si todos los Pookas eran parecidos, de otro modo, no se explicaba el gran parecido que el Príncipe Heath guardaba con Aster. ¿El Tercer Príncipe también se parecería? ¿Qué se suponía que Jack hiciera ahora? Si su futuro esposo era así, sería como una pesadilla continua de la que jamás en la vida podría escaparse. ¿En qué confusión dolorosa se mantendría su mente cuando estuviera casado y tuviera que ver esa cara amanecer a su lado todos los días? Sólo de imaginárselo tuvo una sensación de agotamiento incesante inundándole el corazón. Esto simplemente era demasiado.

-El Príncipe Aster.

El vocero volvió a hablar sin que hubiera tenido apenas tiempo para reflexionar realmente en lo que estaba sucediendo tan súbitamente con su vida. Jack levantó el rostro tan abruptamente que sintió una punzada en la nuca.

El nombre y la imagen de quien se acercaba a él ahora coincidían con los que él se sabía de memoria. Era su Aster quien caminaba hasta ahí, con su bello traje de gala –un traje de guerrero cubierto con pieles-, su cabello peinado hacia atrás, con su imagen y apariencia cuidadas como nunca antes. Jack jamás había pensado que la mirada fiera, la pose orgullosa y la sensación de poder que había a su alrededor fueran los de un Príncipe y no los de un Cazador. Aster era tan abierto y amable, tan… tan diferente de lo que Jack sabía sobre los Príncipes, de lo que él mismo era como Príncipe…

Al llegar ahí, Aster inclinó la cabeza respetuosamente.

-Bienvenido, Príncipe Aster-, habló Richard, observándolo. Aster levantó la mirada hacia él y la Reina Rose-Marie-. Nos complace mucho conocerlo al fin. Todo lo que sabemos de usted ha sido a través de los diplomáticos que hemos enviado a hablar con su familia para llegar a este acuerdo. Esperamos que sepa que puede considerar el Reino de las Montañas Nevadas como su hogar.

-Agradezco la bienvenida, Alteza. Me presento respetuosamente a pedir la mano de su hijo, el Príncipe Jack, en matrimonio.

Jack sintió un vuelco en el estómago. Aquella había sido una declaración tan súbita, y sin embargo, así era como las cosas debían de ser. Aunque Jack no tuvo mucho tiempo para pensarlo y si lo hubiera tenido el ruido de su corazón no le hubiera permitido escucharse a sí mismo dentro de su propia cabeza.

-Reina Dahlia, háganos el favor de presentar a su hijo.

La tradición dictaba que la Reina Dahlia debía ahora pronunciar los motivos por los cuales su hijo era apto para casarse con Jack, y cuál era la razón por la que se buscara tal unión, aunque todo esto ya estuviera establecido y aceptado desde antes. La costumbre era que ambos debían ser presentados a sus nuevas familias de cualquier modo. La Reina se aproximó un par de pasos más hacia Aster, posó una mano en su hombro, le sonrió brevemente y luego se dirigió a los padres de Jack.

-Él es mi hijo, Aster, y es el tercero en la línea de sucesión al trono. Fue criado en las artes de la guerra y la cacería por su padre, el Rey Alder, que en paz descanse. Desde hace más de diez años, se le confió el cuidado de los Bosques Sagrados, como su Guardián, y hasta ahora ha hecho un trabajo impecable.

Jack se cubrió los labios con una mano. ¿Cómo pudo haberlo pasado por alto?

Cuando aprendía sobre diferentes Reinos y culturas, específicamente sobre los Pookas, hacía un par de años, uno de sus tutores había mencionado que un Guardián del Bosque Sagrado solo podía ser un miembro de la Familia Real. Sólo un Príncipe verdadero podría llevar a cabo tal tarea sin fallar, o al menos así lo dictaban las creencias de los Pookas.

Jack… debió haberlo sabido cuando Aster se lo había dicho. Darse cuenta de esto no solo fue un recordatorio de lo perezoso que podía ser como estudiante, sino también de la falta de precaución que había tenido al hacerse tan cercano de alguien que tan fácilmente pudo ocultarle algo de semejante importancia. Aster supo desde el primer momento que Jack era un Príncipe, sólo al ver su apariencia y al escuchar su nombre, sin haberlo visto nunca antes. Jack, en ningún momento, se había detenido a pensar que Aster podía ser de la Realeza, y de pronto todas las señales estaban ahí: el porte inamovible, los conocimientos, la caballerosidad con la que hacía las cosas, la seguridad que tenía en su actuar, el honor… y otras, que eran más claras ahora que podía reflexionar en ellas: la efectividad con la que le daba consejos de cómo manejarse en la corte, la calidad propia de reliquia antigua que tenían las herramientas y armas que usaba, su vocabulario impecable, la familia de la que le había contado, que coincidía perfectamente con la Familia Real Pooka (su madre, su padre fallecido, sus dos hermanos mayores)…

Jack casi sentía ganas de llorar, al darse cuenta de lo necio que había sido al no darse cuenta de todo esto.

-Mi hijo fue criado no sólo para pelear, sino para proteger-, recalcó la reina, y Jack apenas pudo poner atención a sus palabras-, y para proveer. Aún en tiempos difíciles, el Príncipe Jack no tendrá necesidad alguna, ya que Aster puede cazar, recolectar, producir. En las Tribus Pooka valoramos estas capacidades más que cualquier oro que el mundo pueda ofrecernos, y eso es lo que les ofrezco con mi hijo. Adicionalmente, tiene conocimientos de toda cultura y tribu con la que tenemos contacto: ha sido un Embajador más que excelente, dándonos tratos diplomáticos que de otro modo no se habrían logrado. Conoce las leyes y tradiciones de este Reino y sabrá observarlas y respetarlas en todo momento. Es un líder completo, y será capaz de aconsejar a su cónyuge cuando lo necesite.

Jack lo sabía, no tenían por qué venir a restregárselo. Escuchar a la mujer decir esas palabras aumentó su vergüenza, como si le recalcara todo lo que Jack había pensado antes, cómo si le echara en cara su ignorancia. Él sabía lo que Aster era, lo que Aster valía, y le dolía en lo más profundo pensar que todo este tiempo había sido más, mucho más de lo que él le había dado crédito. Se sentía tan estúpido, tan necio…

-La unión entre ambos Príncipes les traerá a nuestros Reinos una nueva era de Paz, pero más que eso, nos traerá la Amistad que tan lamentablemente se perdió durante las guerras. Además les prometo, como Reina de los Bosques Sagrados y la Tribu Pooka, que el Príncipe Aster protegerá, cuidará y apoyará al Príncipe Jack hasta la muerte.

Hubo murmullos sorprendidos y, en general, aprobatorios saliendo de la multitud. Richard volteó a ver a su esposa y asintió.

-Nos sentimos complacidos con sus palabras, Alteza, y confiamos en que el Príncipe Aster sabrá vivir de acuerdo a las expectativas-, pronunció, dirigiéndose a Dahlia-, ahora, permita a mi esposa presentarle a nuestro hijo.

Dahlia hizo una última inclinación, se sentó y esperó a que Rose-Marie se pusiera de pie. A nadie le pasó desapercibido que el Rey Richard tuvo que tomar a Jack de un brazo y jalar de él, con bastante fuerza, hasta que se puso de pie junto a su madre. La Reina puso su mano en la espalda de Jack, obligándolo a dar un par de pasos más hacia Dahlia. Jack miraba hacia el frente sin pestañear. Alguien que pudiera verlo de cerca se habría dado cuenta de que sus ojos parecían vacíos.

-Él es nuestro hijo, Jack. Es el Príncipe Heredero de este Reino, esperamos que ascienda al trono cuando Richard o yo tengamos que partir. Y para que eso ocurra, debe estar casado debidamente con alguien capaz de gobernar el Reino a su lado-, Jack cerró los puños con fuerza-. Jack es portador de la Magia, igual que yo: es un hechicero poderoso, de acuerdo con sus maestros no le falta mucho para superar a los más capaces de este Reino. Como muestra, le puedo decir que es él quien se encarga de cuidar que nuestros fríos no bajen al Bosque Sagrado, tarea que ha llevado a cabo sin problemas desde que tenía 12 años.

En este punto, Jack observó que Dahlia emitió una sonrisa, y, agobiado por la vergüenza, alejó la mirada otra vez.

-Mi hijo no solo es un excelente hechicero. A pesar de no haber participado activamente en una guerra, ningún soldado de nuestro Reino ha sido capaz de vencerlo en combate gracias a su inteligencia táctica y agilidad.

"Rata tramposa", le decía su entrenador cuando Jack se las arreglaba para escabullirse y atacarlo por la espalda. Casi era gracioso cómo su madre se las estaba arreglando para transformar un defecto en virtud.

-Hemos recibido varias propuestas para unirlo en matrimonio con incontables príncipes y princesas de otros Reinos, sin embargo, podrá imaginar que ha sido difícil decidir en manos de quién dejaremos nuestra Hermosa Joya-, Jack se estremeció de horror al escuchar a su propia madre hablar de él como si se tratara de un objeto -, su belleza y su poder han sido alabados y deseados en demasiados lugares. A lado de mi hijo, Aster no solo gobernará nuestro Reino, también será el poseedor de un tesoro invaluable. Jack es todo lo que una persona podría pedir en cuanto a belleza, inteligencia, y talento. Esperamos que para la orgullosa Tribu Pooka eso sea suficiente.

Si antes se sentía asqueado, Jack estaba listo para vomitar. La Reina Dahlia tomó su turno de hablar.

-Me parece que es más que suficiente, querida Rose-Marie.

-Bien, dicho todo, podemos proceder-, pronunció el Rey Richard mientras Rose-Marie volvía a su trono. Jack se dio cuenta de que Aster se acercaba a él, y al sentirlo tan cerca de los límites de su piel, dio un paso atrás, sin detenerse a pensar en lo impropio de él que era retroceder. Sus padres lo miraban como si solo estuvieran esperando el más mínimo error de su parte. Jack sentía que ya no podía respirar. Entonces fue que la Princesa Camellia se acercó a Aster con una pequeña caja. La abrió y Jack alcanzó a ver el interior: un anillo conformado por dos delicados hilos, uno plateado y uno dorado, entrelazados perfectamente hasta cerrarse en un círculo perfecto, coronado con una magnífica esmeralda. La joya más importante que el joven Príncipe portaría en toda su vida: su anillo matrimonial.

Un lado de su cerebro seguía molesto por la forma en que sus madres se habían expresado de ambos, pero el otro lado ahora gritaba, casi lloraba de felicidad al pensar que a partir de este día Aster sería su prometido y muy pronto sería su esposo…

Y entonces Aster lo miró y Jack… Jack cayó en cuenta…

Vio sus labios apretados, su mirada huidiza, la tensión en su cuerpo… la culpa.

Aster…Jack de pronto comprendió que Aster lo sabía, lo sabía todo, quizás desde siempre. Aster lo sabía y no le había dicho nada.

Pero claro, porque desde el principio… Aster no le había dicho que era un Príncipe. Aster no le había dicho que se estaba, al igual que él, en planes de comprometerse. Aster... Aster se había acostado con él, sabiendo que esto pasaría.

Aster… había hecho algo mucho peor que mentirle, le había ocultado cosas, le había ocultado todo…

Y de pronto, la noche que habían pasado juntos pasó de ser un recuerdo hermoso a ser una imagen de tortura.

Ya había tomado su mano, ya la había acercado a él, estaba a punto de poner el anillo en su dedo, toda la sala estaba en silencio, a la expectativa.

-¡No!- gritó de pronto una voz.

Jack se echó para atrás, alejó su mano de Aster y trató de reconocer la voz que había hecho que la tensión en el lugar de pronto se sintiera mucho más pesada.

Oh, por supuesto. Esa voz había sido la suya.

- ¡¿Ya terminaron de decir sus tonterías?! ¡¿Ya terminaron con este circo?!- cuando pudo recuperar el dominio, se dio la vuelta a donde sus padres y la madre de Aster ahora lo veían, impresionados con esta reacción. Sus padres habían esperado resistencia, pero jamás a este grado-, ¡¿No les da vergüenza hacer todo este teatro y hablar de sus hijos como si fuéramos animales de exhibición ¡Jamás en mi vida me había sentido tan avergonzado!

-¡Jack, basta!- Richard se puso de pie. A pesar de que era más alto que él, Jack no le temía, así que no retrocedió ni porque fuera su padre-, ¡la vergüenza es que te estés portando de este modo! ¡Sabes perfectamente que es la tradición!

-¡No me interesa la maldita tradición! ¡Sabían desde un principio que yo no quería esto! –Jack sentía que su alrededor estaba cada vez más silencioso, pero a decir verdad, ya no le interesaba si los demás lo estaban viendo todo, si se iba a convertir en el chisme favorito del Reino de aquí a los próximos diez años-, ¡No voy a casarme! ¡Me niego, y ustedes no podrán obligarme!

Después de esto, hubo un momento de silencio tan penetrante y tenso que Jack sintió que, si alguien decía algo, el Palacio iba a caer a pedazos sobre todos los presentes. Sin embargo, cuando alguien al fin habló, eso no sucedió.

-Tengo entendido que las leyes de tu Reino no te permiten renunciar a esto tan fácilmente, ¿o sí, Jack?

La que había hablado había sido nada menos que la madre de Aster. Jack no estaba habituado a que alguien tan poco cercano a él le hablara con tal naturalidad, pero la mujer tenía tanto porte y una presencia tan poderosa que, si no estuviera tan enojado, se habría sentido genuinamente avergonzado por su comportamiento.

-Sólo puedes negarte al compromiso si corre peligro tu vida o tu honor, ¿estoy en lo correcto? - continuó la mujer, y la Reina Rose-Marie, con angustia, asintió cuando volteó a verla buscando una confirmación. La madre de Aster miró de nuevo a Jack, y prosiguió: -, ¿Siente que se encuentra en algún peligro, Alteza?

-¡Mi honor está en peligro!-, contestó Jack sin pensar, y de pronto, tuvo que callarse. No podía decirles a todos los presentes así, de buenas a primeras, que se había acostado con Aster antes de saber que era su prometido. No podía creer que se estuviera atrapando a sí mismo, pero tenía que pensar en algo rápido, rápido o iba a explotar, y de pronto, sí, quizás su mente explotó, porque lo que dijo a continuación fue algo de lo que después se arrepentiría una, otra y otra vez:- ¡Me niego a casarme con un Pooka!

Hubo un nuevo silencio pesado y la conmoción fue tal que hasta la hermosa Reina Dahlia pareció perder el control por un segundo. Jack supo que a partir de este momento cualquier cosa que saliera de sus labios sólo iba a empeorar la situación. Sin embargo, no era momento de echarse para atrás.

-Los Pookas son seres inferiores, salvajes que no saben comportarse. La única razón por la que no pudimos esclavizarlos es porque viven desperdigados por el bosque como las criaturas vulgares que son. ¿Pretenden que me rebaje casarme con uno de ellos?

Dioses, dioses, dioses, ¿de dónde demonios estaban saliendo todas esas malditas palabras? No las quería pronunciar, pero salían de sus labios una tras otra. Algunos de sus tutores eran extremadamente intolerantes (racistas, los llamaba él, conservadores, los llamaban sus padres por mantener la diplomacia), y por alguna razón, los Pookas eran una raza de la que no temían hablar con las palabras más despreciativas. Para su gloria o su desgracia, en ese momento a Jack no le costó trabajo recordarlas y utilizarlas.

Presentía que Aster lo odiaría por lo que iba a hacer a continuación. Pero prefería eso que saber que viviría permanentemente con la culpa de lo que habían hecho, y la vergüenza de casarse con él sabiendo que le había sido tan fácil jugar con sus sentimientos así. Que Jack le había entregado con tanta fe y sinceridad (¡inocencia, idiotez, estupidez!) el momento más importante de su vida, y que después lo había atesorado como algo tan bello… para que al final todo fuera un engaño. Una broma llena de crueldad.

Dioses, no sabía si lo amaba o lo odiaba, pero lo que fuera, lo hacía con todas sus fuerzas.

-¡No me casaré con un Pooka!

-Jack… nos estás poniendo en la posición más penosa con esta actuación tuya-, habló su padre, bajo, peligroso, con esa forma ensayada de Rey que podía funcionar con sus sirvientes, con los soldados, con cada lacayo de su reino, pero no con él.

De todas formas, Jack sentía que en cualquier momento tendría que ceder y tendría que hacerlo de una forma que le permitiera que el asunto no se le fuera de las manos.

Finalmente, su mente torturada tuvo una idea, lejana que se fue construyendo sobre sí misma antes de que pudiera salir de sus labios.

-Bien. Si quieren proseguir con esto, podemos continuar-, Jack extendió sus brazos en un gesto como de rendición, volteó de nuevo a ver a sus padres y a la madre de Aster, que si bien parecía molesta por lo que Jack había dicho sobre los Pookas, aún lo miraba con creciente interés-, me casaré con el Príncipe Aster, solamente si demuestra que es un hombre honorable y que merece mi aprecio y mi respeto.

-¿Y cómo probaré eso-, Jack volteó a ver a Aster, que aún estaba de pie a sus espaldas y cuyos ojos se habían oscurecido por el enojo-, Alteza?

Jack hizo lo posible por ignorar el hecho de que Aster sabía que odiaba que lo llamara así, y que solo lo toleraba cuando estaba bromeando o estaban de buen humor. Le gustaba hacerlo irritar y Jack lo sabía, y no se iba a detener por nada, al parecer.

Eso mismo le dio fuerzas para seguir hablando.

Se dio la vuelta, y ya no habló para sus padres, ni para la familia de Aster ni para el mismo Aster.

En cambio, habló para el público, para todos los presentes.

-Aquél que desee desposarme deberá cumplir mis expectativas-, pronunció con fuerza y claridad mientras las ideas venían a su mente y las hilaba unas con otras. Algo de buen orador siempre había tenido-, por medio de cuatro pruebas con las que me demostrará las cualidades que deseo encontrar en mi futuro compañero: - lo consideró un momento, y pensó qué palabras serían las adecuadas, las que causarían que todos se interesaran en esto y lo harían quedar bien, y al fin, aún sin tener demasiado tiempo para pensarlo, se decidió-, Valor, Inteligencia, Fuerza y Devoción.

Hubo un murmullo interesado por parte de los presentes. Si querían espectáculo, Jack les daba uno mucho más jugoso que el que habían esperado en un principio:

-Todas las pruebas deberán ser cumplidas a mi satisfacción, de no ser así, consideraré que quien lo intente y falle, aunque fuese solo una de ellas, no será digno de casarse conmigo-, volvió a voltear hacia sus padres e hizo una inclinación solemne, que ocultaba burla tras su gracia-, sus Altezas, les doy lo que quieren a cambio de lo que yo quiero. Espero que sea justo para ustedes.

Los padres de Jack habían palidecido. En cambio, la Reina Dahlia se llevó una mano a los labios y rio discretamente.

-Me alegra ver que mi futuro hijo tiene una voluntad tan fuerte-, Jack la miró, sorprendido de que lo llamara "hijo", y pensó en decir algo, pero ella agregó:-, y que Aster va a poder probarse ante ustedes antes de desposar a Jack. Me preocupaba que pensaran que todo lo que dije de él era mentira.

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Sus padres volvieron a tomar las riendas del asunto desde ahí. Se le preguntó a Aster y a su familia si las condiciones impuestas por Jack serían aceptadas, y ellos parecían tranquilos al decir que sí. Jack había tenido una lejana esperanza de que, con el escándalo y el enojo por sus palabras, terminarían cancelando todo, pero parecía que lo único que había conseguido había sido ganar algo de tiempo.

Después hubo una cena, que originalmente sería para celebrar el compromiso. Como tal celebración no se llevó a cabo, simplemente fue una cena algo incómoda en la que sus padres y la madre de Aster conversaban amablemente, pero era obvio que había mucha tensión alrededor. Camellia y Heath le dedicaban sus atenciones a la Princesa Emily, pero era evidente que estaban lo suficientemente molestos con Jack como para ignorarlo por completo. Aster por su parte, ignoraba activamente a todo el mundo a su alrededor.

Jack terminó de cenar lo más rápido que le fue posible, y se excusó para ir a su habitación a dormir.

Se había anunciado que al día siguiente daría a conocer la primera prueba. Ya se habían mandado a colocar en la explanada exterior del Palacio un escenario y sillas. Jack sentía que le palpitaban las sienes solo de pensar en lo que esto significaba.

Iba por los oscuros pasillos rumbo a su habitación, cuando los pasos a sus espaldas lo hicieron detenerse.

-Jack.

Jack se dio la vuelta lentamente, pensando que cualquier milésima de segundo que pudiera retrasar esto le daría ventaja.

Al voltear completamente y ver a Aster, se dio cuenta de que nunca habría estado preparado para esto por horas de ventaja que tuviera. Aún así, sonrió y habló como si estuviera en completo dominio de la situación.

-Príncipe Aster, Alteza, ¿puedo saber a qué debo el honor de su compañía?

Aster frunció el ceño. Las pocas palabras pronunciadas por Jack habían golpeado algo suave y vulnerable dentro de sus entrañas.

Jack sabía lo que venía ahora: un enfrentamiento. Había dicho cosas horribles acerca de los Pookas, había rechazado el compromiso y sobre todo, lo había retado. Había puesto en duda su valía y su honor. Aster tenía todo el derecho de estar enojado, y por ello, Jack estaba alistándose para pelear.

-Vine…a decirte que lamento mucho lo que acaba de pasar. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que me pidas, con tal de que me perdones.

Jack no esperaba estas palabras. Si lo que Aster había querido era desarmarlo, lo había logrado con dos sencillas frases. Dos frases, y esa mirada infinitamente triste, y esa ansiedad en el cuerpo y ese dolor tan evidente en la voz.

-Pero…

-Debí decírtelo todo…por favor perdóname, si…si hay una forma de repararlo solo…de verdad, lo siento, lo lamento mucho.

Y…quizás Jack pudo haber dejado las cosas ahí. Aceptado las disculpas de Aster, por sencillas que fueran, y finalmente admitir que lo que estuviera mal simplemente tendrían que arreglarlo entre los dos, sobre la marcha. Si simplemente aceptaba el matrimonio, bien, se casarían y harían las cosas funcionar simple y sencillamente porque no había nadie más en este mundo con quien Jack creía que podría unirse de esa forma.

Algo en su interior simplemente no pudo –no se atrevió, no quiso- aceptar. Estaba herido, y la herida no se iba a curar con palabras bonitas, ni con besos, si era que llegaban, ni con caricias, ni promesas, ni tiernas palabras murmuradas a su oído.

-Esto no se arreglará con que lo lamentes, Aster-, contestó lo más fríamente que le fue posible, y casi se lo esperaba: Aster enderezó la espalda, presionó fuertemente los puños y tomó una pose defensiva.

-Jack, al menos déjame explicarte lo que pasó…

-¡No quiero explicación alguna Aster!- alzó la voz, deteniéndolo eficientemente-, ¡Me engañaste, me traicionaste! ¡Yo te consideraba mi mejor amigo, mi amante, y de pronto resultó que no tenía idea de quién eras! ¡Y lo que es peor, tú sabías a la perfección que yo no quería esto y aquí estás, participando en toda esta maldita farsa!

-¿Entonces por qué no declinaste el compromiso del todo? - Aster renunció, al parecer bastante rápido, a hablar civilizadamente-, si tanto te molesta lo que ocurrió, ¿por qué empeoraste las cosas? ¡¿Por qué no simplemente les dijiste a todos allá afuera lo que pasó entre nosotros?

-¿Y exponerme a mí mismo de ese modo? No soy estúpido, Aster. Y al mismo tiempo, por supuesto que no iba a dejar que toda la responsabilidad cayera sobre mí-, sonrió el joven, y, en cierta forma retorcida, se sintió orgulloso de su propio ingenio-, para serte sincero, creí que tú y tu familia se negarían a las pruebas y se irían.

Aster de pronto detuvo cualquier reacción, ahora observaba a Jack fijamente, sorprendido, quizás, porque no esperaba que la malicia del joven estuviera dirigida a él de este modo tan colmado de furia.

-Bien, Aster…- dijo Jack, aparentando estar mucho más tranquilo, acercándose a él hasta que sus rostros estuvieron apenas a un par de centímetros de distancia. En la oscuridad del pasillo y con la poca luz que caía sobre ellos desde la ventana, la piel de Jack parecía tener un delineado azul y brillante, y Aster tuvo una idea efímera de lo hermosa que sería una pintura en estas tonalidades-, con las pruebas tendrás que demostrarme que los Pookas son honorables. Pero, ¿tú lo eres?

Aster contuvo la respiración.

-¿Eres lo suficientemente honorable para pelear por algo que ya tomaste?

Aster se quedó en silencio un momento, sorprendido por estas palabras, pero también porque al pronunciarlas Jack definitivamente se descompuso. Fue obvio que al pronunciar la última palabra se le había quebrado la voz. Se aseguró de mirarlo siempre a los ojos al contestar.

-Si crees que lo único que quería de ti esa noche era tu cuerpo, entonces es verdad que nunca tuviste la menor idea de quién soy- replicó luego de un momento. Se enderezó y adoptó una actitud fría y desinteresada-, será interesante ver qué prueba tiene para mí mañana, Alteza.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo. Jack entró a sus habitaciones, cerró con llave y recargó la espalda en la puerta, luchando por respirar, perdiendo definitivamente la fuerza en las piernas, y preguntándose por qué demonios no podía simplemente dejar de hablar y seguir empeorando las cosas.

Solo le quedaba aprovechar la noche, para pensar en la prueba que le impondría a Aster al día siguiente. Decidió que tenía que ser algo tan fuerte, tan grave, que acabara de una vez con todo este fiasco.

Continuará…

La parte de este capítulo donde las mamás de Jack y Aster los presentan fue muy auto-indulgente. Meh, solo quería tomar mi tiempo para resaltar las cualidades que me imagino que tendrían en este mundillo y lo buen partido que son los dos a su manera n.n quedé muy satisfecha con el resultado, a decir verdad.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Quien ya sabía que el prometido de Jack era Aster levante la mano! XD

Creo que sí hubo sospechas por ahí ñwñ

En fin. Planeaba publicar esto más temprano pero tuve un día un poco complicado. De cualquier modo, aquí está.

Háganme saber qué les ha parecido hasta ahora n.n agradezco muchísimo sus reviews.

Besos y abrazos!

Aoshika

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