¡Hola! Traigo el siguiente capítulo de este fic. ¡Me está gustando tanto escribirlo!

A decir verdad, la prueba que Aster resuelve en este capítulo la tenía planeada para una escena en un fic de otra pareja, de otro fandom, que nunca me decidí a hacer. La tengo desde hace tanto tiempo metida en mi cabeza que simplemente no pude dejar que se quedara ahí. Esta fue la oportunidad perfecta para sacarla.

La canción de hoy sería Something about us, de Daft Punk. No tengo una razón en particular sino simplemente es la que he tenido últimamente en la cabeza cuando pienso en este fic.

En fin, espero que este capítulo sea de su agrado.

¡Los invito a leer!

El Príncipe y el Cazador

Capítulo 6: La Segunda Prueba

Dos días después, la Segunda Prueba fue anunciada. Durante este tiempo, Jack había tenido oportunidad apenas para ordenar sus ideas, y salir con algo realmente bueno.

En el fondo, no sabía si quería continuar con esto. Demonios, desde un principio estaba completamente seguro de que no quería, pero, ¿qué se suponía que hiciera? Cada vez se sentía más atrapado en este juego que él mismo se había encargado de armar y sentía que no podía- le era imposible- salir de él. Esos mismos dos días, Aster y él los habían pasado sin dirigirse una sola palabra, y eso después del beso que el Pooka le había dado fuera de su habitación había dolido, y mucho. Había sido un beso suave, íntimo y posesivo, y solamente había tocado con sus labios una de sus manos, pero no se había sentido menos impactante que si lo hubiera besado en los labios.

Jack, a estas alturas, se encontraba aún molesto de pensar que Aster lo había traicionado, sin embargo, también se sentía algo culpable por haber hecho todo este teatro para salvar, según él, su honor. Empresa vacía donde las hubiera.

Lo cierto era que a estas alturas prefería que todo terminara de algún modo, y ya que el Pooka no se rendía, tendría que hacerlo rendirse. De modo que la noche anterior, había desarrollado una idea que si bien le parecía excesiva, en este momento parecía ser el único camino para sus deseos.

La gente reunida ante el escenario en esta ocasión era quizás el doble que la primera vez. Había un ambiente de expectativa ansiosa luego de la noticia de la increíble hazaña que el Príncipe Pooka había logrado ante el Dragón, y la gente creía que, si había podido con semejante cosa con tanta facilidad, muy probablemente sería capaz de cualquier cosa.

Jack, por su parte, se preguntó por un momento si terminaría arrepintiéndose de lo que estaba a punto de decir. Respiró profundo, se plantó firmemente sobre sus pies y trató de aparentar una relajación y seguridad que no sentía.

-La persona con quien me una en matrimonio tendrá la responsabilidad de estar a mi lado en los momentos más difíciles-, dijo, cuando su padre terminó de presentarlo y dirigir algunas palabras prudentes al público-, deberá ayudarme a saber cómo actuar, y qué hacer en las situaciones donde mi entendimiento se nuble. Deberá ayudarme a mantener el control si lo pierdo, y a solucionar los problemas de nuestro amado Reino. Para eso, quien desee ser mi esposo deberá demostrarme, no solo su valor, como ya lo ha hecho. Deberá ahora demostrar Inteligencia.

Jack caminaba ahora de un lado a otro del escenario, abarcándolo todo como él sabía hacerlo, asegurándose de que todas las miradas estuvieran encima de él en todo momento. Le gustaba esta sensación de poder. Las palabras eran su fuerte, y sentir que estas personas lo observaban, lo escuchaban, y estaban a disposición de todo lo que él dijera en este momento, era algo totalmente indescriptible. Quizás eso lo hacía dejarse llevar. Quizás por eso, en este momento no podía pensar del todo en las consecuencias.

-El Príncipe Aster deberá ir ahora al Lago Turquesa, y traerme una lila acuática -, como era de esperarse, hubo murmullos en seguida, y Jack sonrió complacido-, es una flor muy hermosa, y mi deseo siempre ha sido que se me entregue una, tan colorida y brillante como las que se encuentran en el fondo del lago. Si el Príncipe logra traérmela, habrá pasado la prueba.

Dicho esto, se dio la vuelta, les sonrió a sus padres y tomó asiento. El Príncipe Aster se levantó, se inclinó ante los Reyes y salió, con el paso más seguro que le fue posible a pesar de no tener idea de a dónde debía ir, mientras la multitud se iba abriendo paso a su alrededor. Casi en seguida, la Princesa Emily se puso de pie y salió corriendo tras él.

-¡Príncipe Aster!- exclamó la niña, y sorprendido, Aster volteó hacia ella. Ella lo tomó del brazo, lo miró e hizo una pequeña inclinación con la cabeza antes de voltear a ver a sus padres-, yo lo guiaré. Solo le diré dónde está el Lago Turquesa y le explicaré algunas cosas, prometo no intervenir mucho. Los Príncipes pueden acompañarnos también.

Aster volteó hacia el escenario, donde los padres de la niña se encogían de hombros. Heath y Camellia se pusieron de pie sin dudarlo un segundo, y los siguieron también.

Jack se quedó en silencio hasta que la multitud se dispersó y sus padres y la madre de Aster volvieron dentro del Palacio. Luego, él decidió que no le haría mal ver de lejos cómo hacía Aster para resolver esta prueba.

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-¿Quieres decir que es imposible sacarlas?

Emily llevaba todo el camino intentando explicar por qué la tarea impuesta por Jack era poco menos que una locura. Iba sujeta del brazo de Aster, quien había ajustado su acelerado paso al de ella. La pequeña Princesa le había parecido, desde que la conoció, una criatura dulce y dócil, muy diferente que Jack. Ahora podía ver que, además, era quizás tan desenvuelta como él para hablar, y tan dispuesta a ayudar como Jack lo parecía las veces que se habían encontrado en el Bosque.

-Esas flores son muy hermosas y han sido codiciadas por muchos, pero nadie ha encontrado el modo de sacarlas del lago-, explicaba rápidamente mientras los guiaba-. Tan pronto como se encuentran fuera de sus aguas, los pétalos se secan y se vuelven polvo.

Los hermanos Bunnymund se miraron entre ellos un momento, y no dijeron nada, permitiendo que ella terminara de explicar:

-Hace muchos años, las personas que entraban a nadar las vieron por primera vez. Mi abuela, que en paz descanse, también las vio, y le parecieron tan hermosas que quiso usarlas para decorar uno de los pasillos del Palacio. Mandó a hacer unos contenedores con el cristal más claro y puro, y encomendó a expertos nadadores a que sacaran la planta del lago. En el primer intento, creyeron que las flores se habían secado rápidamente solo porque necesitaban estar en agua, así que trajeron cubos, los llenaron de agua y pensaron que si metían en ellos las lilas antes de que se secaran podrían llevárselas. Tampoco funcionó.

Mientras ella continuaba hablando, llegaron al Lago Turquesa. Era bastante grande, y sus aguas tenían un color tan vivo –aquél del que sacaba su nombre-, que probablemente visto desde arriba tendría que tener un impacto visual hermoso, en contraste con el extenso territorio blanco que lo rodeaba. Alrededor había algunos árboles, pero ninguno de ellos tenía hojas. Aun así, no parecían solo troncos muertos, Aster supuso que en alguna época del año daban flores y frutos.

-El último intento que hicieron fue llevar un contenedor al fondo del lago, rellenarlo con tierra y agua, y plantar ahí mismo la lila antes de sacar el contenedor. Se necesitaron varios nadadores, que se turnaron para hacerlo todo y finalmente traer el contenedor a la superficie. Dicen que pesaba muchísimo y que se necesitaron al menos seis hombres para sacarlo del agua del todo. Y aun así, las lilas se secaron, incluso estando dentro del agua del contenedor y con tierra del fondo del lago.

-Nada funcionó-, dijo Camellia entonces, casi sin poder creer que tal cosa fuera posible.

-Nada-, confirmó Emily-, Altezas, el Príncipe Aster puede intentar muchas cosas, pero dudo que algo de lo que se le ocurra funcione realmente. Sólo quiero ahorrarles tiempo.

Hubo un momento de silencio, donde los cuatro se quedaron mirando el agua. Para empezar, Aster tendría que tirarse al lago y nadar. No estaba congelado, pero la perspectiva de más frío era simplemente insoportable. Además, resultaba todavía más desalentador saber que sus esfuerzos finalmente serían, muy probablemente, en vano.

-Las aguas de este lago siempre se mantienen tibias-, informó la Princesa al notar que vacilaba-, pero no quisiera darle un alivio vano: el cambio repentino de temperatura suele ser dañino para quienes tienen que entrar y salir, sobre todo si no está acostumbrado a un clima gélido como el nuestro.

Aster odiaba el frío. Dioses. ¿Por qué Jack tenía que ser una criatura tan complicada? Supuso que ya estaba tan metido en este asunto que no le quedaría opción salvo hacer lo que se esperaba de él. Tendría que entrar en ese Lago. Por todos los dioses.

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Jack esperaba, encaramado entre las espesas ramas de uno de los árboles. Miró con curiosidad ayudado por un viejo par de catalejos que le había robado a North en alguna ocasión en que se metió a su taller a husmear, y pudo observar cuando Aster se liberaba de sus ropas y se lanzaba rápidamente al agua del lago. No esperaba que esto sucediera. Pensaba que Emily les diría sobre la imposibilidad de sacar las lilas del fondo del lago, y, en consecuencia, esperaba un desistimiento rápido, pero cualquiera diría que, lo que fuera que la niña había dicho, solo había incitado más al Príncipe Pooka a que hiciera esto.

Pasaron un par de minutos y Aster salió del agua, y tal como Jack esperaba, llevaba en la mano un puñado de flores que se hicieron polvo apenas al salir al aire. Jack permaneció mirando la escena sin atreverse a acercarse. Consciente de que la exposición al frío podría ser perjudicial para su amado Príncipe, estaba tentado a simplemente cancelar todo y alejarse, decirles a sus padres que ya no quería hacer esto, que se casaría con Aster sin importar el resultado de cualquier prueba.

Pero…no. Jack sabía que tendría que dar muchas explicaciones, y no había forma de salir bien parado de esto. Cuando había pensado en acostarse con Aster para tomar una venganza adelantada a un matrimonio que no deseaba, todas las consecuencias parecían perfectamente soportables. Ahora simplemente no estaba seguro de ello. Ahora era… una venganza contra Aster. Contra lo que habían hecho. Contra él mismo.

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Aster entró al agua un par de veces más, observando la flor, y preguntándose de qué otra forma podía resolver este acertijo. Llegado cierto momento, se preguntó si Jack de hecho conocía alguna respuesta, una forma de sacar de aquí una lila y hacer que sobreviviera en la superficie.

Se trataba de una planta bastante hermosa: eran varios grupos de pequeñas flores que se acomodaban con forma de ramilletes, rodeados de ramas largas y flexibles que se enredaban unas con otras como un halo verdoso y tan delicado que casi parecía intangible, suspendido en el agua. Bajo la escasa luz del exterior que llegaba aquí, aparentaban un tono lejano al color lila, más cercano a un azul profundo, pero cuando las había sacado del agua, había alcanzado a ver algo de lo que imaginaba era su verdadero color, aún si se habían secado las hojas.

Por un momento, lo pensó detenidamente. Colores y formas.

Luego, pensó en el día en que había llegado aquí a pedir la mano de Jack, cuando había visto a su pequeño Príncipe bajo las luces lejanas de la noche en que se habían enfrentado, fascinado con los reflejos de luna en su rostro pálido.

Nadó a toda velocidad de regreso a la superficie, surgiendo con una bocanada de aire que sorprendió a sus hermanos y a Emily.

-Tengo una idea-, aclaró mientras se secaba con unas pieles y se vestía lo más rápido que al parecer le era posible-, tengo que ir rápido a mi habitación. Princesa, ¿Podría hacerme un favor más? - la niña asintió-, guie a mis hermanos y recolecten algunas moras silvestres para mí. Jack me dijo hace tiempo que crecían cerca del Lago, las voy a necesitar.

Dicho esto, dio dos golpes en el suelo con su pie, un túnel apareció frente a él, y se puso en camino antes de que alguien dijera algo. Los hermanos y la princesa se miraron entre ellos.

Camellia fue la primera en hablar.

-U…un momento. ¿Esos dos han tenido una conversación civilizada alguna vez? Aster dijo eso como si hubiera conocido al Príncipe desde antes.

-Dijo "hace tiempo", como si hubieran pasado semanas-, opinó Heath, y ninguno de los tres supo qué decir. Finalmente, Emily sugirió que fueran a buscar las moras. Trataron de olvidarse del asunto, pero los tres se encontraban inquietos mientras cumplían con la tarea encomendada.

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Regresaron al lago luego de conseguir varios puñados de moras, aunque por esta temporada escaseaban un poco, habían reunido una cantidad bastante respetable. Minutos después, Aster apareció, y para sorpresa de los presentes llevaba con él varios instrumentos de pintura. Montó un caballete, un lienzo y sacó varios recipientes con pigmentos.

-La única que me falta es la lila, pero la puedo hacer-, explicó-, para eso quiero las moras.

Ante las miradas sorprendidas de los demás, se desvistió y entró en el agua del lago una vez más. Antes de hundirse por completo en el agua, los miró a todos y sonrió:

-Voy a echar otro vistazo para asegurarme de la forma y el color.

-Aster… ¿piensas pintar las lilas?

-Así es.

-Pero…tendrías que entrar y salir del lago una y otra vez-, protestó Heath-, no creo que las memorices mirándolas un par de veces, ¿Crees que no te he visto pintar? ¡Vas a enfermarte!

-Pero podría funcionar-, los tres Príncipes Pookas voltearon a ver a Emily, que ahora observaba a Aster con admiración-, es… es algo que mi hermano haría. Él siempre busca huecos, excepciones. Quizás la idea del Príncipe Aster sea la respuesta que mi hermano espera.

Estas palabras de la Princesa reencendieron el entusiasmo de los Príncipes. Aster se hundió una vez más en el agua, echó un vistazo a las flores, y cuando no pudo contener más su respiración volvió a salir a la superficie.

Una vez afuera, su hermana lo envolvió en una de las amplias pieles y él comenzó a hacer un boceto.

El proceso se repitió un par de veces. Aster entraba en el agua y volvía a salir, agregando detalles aquí o allá. Cuando estuvo tranquilo con el resultado de su dibujo, decidió que era momento de pintar. Antes de comenzar, quería quitarse de la cabeza la preocupación por el color de las lilas.

Intentó mezclando los colores que ya tenía, aunque desde antes sabía que el tono de morado que podía crear era demasiado oscuro y no tenía la suavidad necesaria para las flores. Luego optó por mezclar una base blanca con un poco de rojo y algo de jugo de las moras que le habían traído.

Sobra decir que, en todo el proceso, temblaba por el frío, a pesar de que su hermana procuraba mantenerlo cubierto y Heath había encendido una fogata cerca de ellos para intentar mantener algo de calor. Los pigmentos ya procesados en pintura se secaban y se congelaban rápido así que, si Aster no estaba usando algo, lo ponía cerca de la fogata para que mantuviera el calor, la forma y la textura. Por otro lado, no quería transferir su trabajo a un lugar más cómodo, pues quería quedarse aquí junto al lago y poder volver cada vez que necesitara observar, cada vez que sentía que olvidaba algún detalle.

Habían pasado ya varias horas, y Aster continuaba entrando y saliendo del agua. Era un milagro que a estas alturas no tuviera fiebre, mínimo.

Básicamente, lo único que le faltaba era el color de las lilas. Ya tenía el dibujo, pero al color le faltaba algo, y aunque mezclaba los pigmentos una y otra vez simplemente no estaba satisfecho. Iba en su octavo o noveno intento fallido, cuando se sintió como golpeado por una idea. Hizo un último esfuerzo, luchando contra el viento gélido y el hielo que sentía dentro de sus huesos, y se lanzó a las aguas tibias del lago en lo que esperaba fuera la última vez que tuviera que hacerlo.

Nadó hasta el fondo, y cortó varios pequeños racimos de lilas.

Luego volvió a salir a la superficie. Cuando comenzaron a hacerse polvo en sus manos, las sujetó y era justo como lo imaginaba: servirían perfectamente. Las mezcló con un poco de base de pintura y luego agregó unas gotas de moras silvestres.

Respiró profundo mientras mezclaba, esperando haber acertado, y que todo este esfuerzo no fuera en vano.

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Jack trataba de descifrar qué estaba haciendo Aster, pero desde este ángulo no veía nada salvo que casi cada media hora, al parecer, estaba entrando de nuevo al lago. Veía humo subir, así que asumió que habían encendido un fuego. La hermana de Aster lo curbría cada vez que salía del agua, y tanto ella como su hermano parecían ansiosos y preocupados hasta que volvía a emerger a la superficie y continuar con lo que fuera que se le había ocurrido para la prueba.

Jack estaba ansioso por saber, pero las espesas ramas que lo ocultaban le impedían entender qué era lo que Aster hacía. Pensó en acercarse más, pero tenía miedo de ser descubierto.

Finalmente, luego de un rato, se dio cuenta de que casi era hora de la cena. A sus padres les parecería sospechoso si no estaba presente, y minutos antes había visto a la Princesa Camellia y a Emily retirarse rumbo al Palacio. Supuso que ya había sido suficiente de estar ahí lamentándose, así que volvió también, esperando que no se notara que llevaba todo el día encaramado en una rama espiando a Aster.

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La cena concluyó sin que Aster se presentara. Heath había llegado unos minutos después de que hubieran comenzado a comer, y pidió directamente el plato fuerte. Lucía cansado. Las Princesas habían conseguido llegar a tiempo para tomar un baño y verse más o menos presentables, mas no el Príncipe.

Cuando le cuestionaron sobre el paradero de su hermano, el Heath sonrió.

-Aster prepara algo muy importante-, dijo, mirando a los padres de Jack y a su madre-, ya sabremos de él.

Jack se estremeció, y empujó con sus dedos su plato, imperceptiblemente. Temía hacer un desastre con su comida si no se daba un respiro.

Camellia miró su reacción de reojo, pero optó por no decir nada más.

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Después de la cena, los Reyes recibieron la noticia por parte de un lacayo: se había esparcido el rumor de que el Príncipe Aster había resuelto la Segunda Prueba impuesta por el Príncipe Jack, y tanto cortesanos como civiles estaban reunidos en la explanada principal del Palacio esperando cualquier cosa.

Camellia se puso de pie.

-Veré si mi hermano está preparado. Si no, supongo que aún tiene algo de tiempo, ¿no es verdad, Mi Lord?

Jack miró a la Princesa, un poco confundido. Ella no le había dirigido la palabra desde que esto había comenzado, enfurecida por la manera despectiva en que se había expresado de su raza el día en que se habían conocido. Escuchar su voz dirigida a él, sin embargo, no era alivio alguno. Su belleza salvaje la hacía parecer verdaderamente temible.

-Tiene un día exactamente para resolver la prueba, Mi Lady-, respondió, tratando de parecer sereno-, así que hay tiempo, más que suficiente.

-Si el Príncipe Aster aún no está listo, ordenaremos que el público se disperse-, indicó la Reina Rose-Marie, casi alegremente-, muchas gracias, Princesa Camellia.

La Princesa salió de la habitación. Minutos después volvió con la noticia de que Aster estaba preparado para entregar el resultado de su prueba.

Jack no hubiera podido comer un último bocado, aún si hubiera puesto toda su energía en ello.

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Era evidente que Aster acababa de darse un buen baño y se había preparado concienzudamente para la ocasión. Lucía elegante y perfecto, y al verlo Jack sintió que era una suerte que estuviera sentado porque las piernas se le habían hecho gelatina al sentir su presencia. Dioses, cómo lo amaba.

Se presentó con una inclinación solemne, y al parecer, todos estaban esperando a que Jack dijera algo, porque hubo un silencio profundo que terminó con todos los ojos puestos en él. Jack, entendiendo perfectamente la quietud expectante, se puso de pie, caminó hacia Aster y lo miró. Aster le devolvió la mirada y apenas entonces, Jack se dio cuenta de que tenía sus manos un paquete. Jack puso la cara de indiferencia más fría que tenía en su repertorio y se decidió a hablar.

-¿Pudo cumplir con la prueba que le impuse, Príncipe Aster?

Hubo un momento de silencio. Jack volteó cuando percibió movimiento a sus espaldas, para observar al Príncipe Heath montando un caballete de pintura. Ahí, Aster levantó el paquete que traía con él, rectangular, alargado y plano. Lo acomodó y aguardó un segundo antes de mirar a Jack.

-Por favor, Alteza. Haga los honores.

Jack lo miró un momento, con algo de duda, y luego se acercó al caballete. De la forma más cuidadosa que le fue posible, deshizo el envoltorio que lo cubría, removió el papel, y tuvieron que pasar varios segundos para que procesara la imagen frente a sus ojos.

Los lirios acuáticos que tantas veces había soñado con volver a ver estaban ante sus ojos, tan vivos como siempre. Deslizó sus dedos sobre el lienzo y sintió claramente las lágrimas agolpándose en sus ojos.

Años atrás, había estado a punto de ahogarse en el Lago Turquesa. Había estado jugando con Emily y las cosas habían salido mal. Hasta ese momento, explorar el fondo del lago era uno de sus pasatiempos preferidos, explorar la libertad que le brindaba la ingravidez del agua, conocer el interior, ver todas las cosas hermosas que hacían parecer a aquél un mundo completamente diferente…

Su magia, protegiéndolo, le impidió volver a sumergirse en las aguas del Lago, y él aún lamentaba haber perdido algo que tanto había atesorado en su niñez. No solo era el lago; eran sus recuerdos de felicidad, de libertad, de todas esas cosas que jamás volvería a vivir.

Y las lilas eran algo con lo que soñaba de vez en cuando, la imagen que deseaba más que nada en el mundo recuperar. Y aquí estaba, nítida y brillante, frente a sus ojos.

Hubo exclamaciones de admiración de las más variadas, pero ninguna de ellas significó tanto para Aster como el temblor evidente en las manos de Jack, sus hermosos ojos azules abiertos al límite, y la ligera coloración que tomaron sus mejillas, similar, sorprendentemente, al de las lilas. Entonces Aster comprendió que al mezclar pigmentos una y otra vez, no había intentado replicar el color huidizo e incierto de aquellas lilas. Había intentado, una y otra vez hasta lograrlo, recuperar el tono exquisito de las mejillas de Jack. Al ponerlo en el lienzo, al igual que en su piel, había parecido simplemente perfecto.

Después de los murmullos del público, se hizo nuevamente silencio. Jack dejó caer su mano al costado de su cuerpo, y lentamente, obligándose a despegar sus ojos de la hermosa pintura, volteó a ver a Aster.

-¿Puedo preguntar, Príncipe Pooka, porqué decidiste resolver mi prueba de esta forma?

Aster lo miró atentamente por un segundo, luego lo pensó un momento, y finalmente, sonrió.

-Para serle sincero, Alteza, no tenía idea de cómo resolver la prueba. Se me ocurrió hacer la pintura, y la idea me entusiasmó demasiado como para creer que había otra respuesta coherente. No me quedó más que seguir adelante y esperar al menos acercarme a lo que usted esperaba-, Jack no contestó nada, y Aster bajó la mirada respetuosamente-. Si mi regalo le complace, Alteza, es suyo, pero si no es así, devuélvamelo para quemarlo. Antes de retirarme, sin embargo, me gustaría saber la respuesta al enigma que me planteó con esta prueba.

Jack se quedó mirándolo en silencio. Después de un momento, se dio la vuelta hacia sus familias, se detuvo, y volteó su mirada hacia Aster una vez más. Hubo un momento de silencio y expectación, después del que, finalmente, Jack habló.

-El Príncipe Aster ha pasado mi Segunda Prueba.

Hubo un rugido de júbilo salido de la multitud que tomó desprevenido al Pooka, sobre todo cuando Jack salió de ahí hacia el interior del Palacio sin decir nada más.

Como si Aster lo hubiera derrotado.

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Esa noche Aster tuvo que ser revisado por el médico del Palacio. Su aventura en el Lago Turquesa le trajo una fiebre ligera y algunos síntomas de resfriado, pero nada que no pudiera remediarse con un par de días de reposo y muchos líquidos.

Se decidió aplazar la siguiente prueba hasta que hubiera seguridad de que la salud del Príncipe se había recuperado por completo, por lo tanto, aquellos fueron días muy tranquilos en las Montañas Nevadas, solo que también fueron días llenos de rumores y especulaciones. Había apuestas sobre cuál sería la siguiente prueba, y estas variaban mucho tanto en su naturaleza como en su dificultad. Jack había dicho que quería que su prometido probara Valor, Inteligencia, Fuerza y Devoción. Así que la siguiente sería una prueba de Fuerza. Las ideas iban desde mover una piedra de gran tamaño hasta pelear contra alguno de los guerreros más poderosos del Reino.

Una cosa era cierta: a nadie le cabía la menor duda a estas alturas de que, fuera la prueba que fuera, el Príncipe Aster la iba a superar.

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Era como si quisieran más al Príncipe Pooka que a su Príncipe Elfo. Y Jack tenía que fingir que no le dolía darse cuenta de los pocos méritos que había hecho como Príncipe para que esto fuera así.

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Los siguientes días, entonces, fueron de lo más tensos en el Palacio, pero, finalmente, se decidió que Aster estaba bien como para que Jack presentara su siguiente reto para él. Esto se acordó durante la cena en que pudo sentarse a la mesa con su familia y sus anfitriones luciendo sano y fuerte como un árbol. Esta noche en particular, había en la mesa una plática animada que, en general, exceptuaba a Jack. Aster había notado que, en todo este asunto de las Pruebas, su familia se había mostrado severa hacia él, sus padres y su hermana por igual, obviamente desaprobando la forma en que había rechazado su matrimonio y retado a Aster. A estas alturas, a decir verdad, él ni siquiera estaba seguro de querer continuar. Lo que más deseaba en este momento era que pasara una de dos cosas; que Jack rechazara por completo el compromiso (o tener el valor de hacerlo él mismo), o que finalmente aceptara y pudieran continuar y arreglar los problemas que quedaran sobre la marcha. Las Pruebas, quizás podría superarlas, quizás no, pero, ¿realmente valía la pena, de parte de cualquiera de los dos?

En su mente seguía rebotando insistente la reflexión del Gran Dragón Azul. Él se estaba empeñando en demostrar que era alguien que valía la pena, que merecía el amor de Jack, pero, ¿Jack haría lo mismo si estuviera en su lugar? ¿Este Príncipe frío y orgulloso haría lo mismo por él?

¿Aster era si quiera digno de sentirse humillado, considerando las cosas que él mismo había hecho mal? Estas preguntas lo asaltaban noche tras noche y no encontraba respuesta a ellas. Lo peor era no poderlas compartir con alguien más. Revelar la falta que él y Jack habían cometido sería riesgoso para los dos, las sanciones a las que se exponían eran, más que duras, crueles, y no deseaba…

Demonios. No deseaba que Jack pasara por ellas. Esto era lo más jodido del asunto. Aster estaba dispuesto a pasar por todo, a beneficio de Jack, pero en cambio, el hecho de pensar que Jack sufriera cualquier dolor, cualquier angustia, eran posibilidades que en su mente y en su corazón no tenían cabida.

Cuando terminó de cenar, después de casi una hora de prestar oídos sordos a todo intento de conversación con él, les deseó buenas noches de manera general a ambas familias, y se retiró.

No pasó mucho tiempo antes de que sintiera los pasos a sus espaldas.

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-Cazador.

Aster volteó involuntariamente al escuchar esta palabra. Sintió ganas de reírse de sí mismo al darse cuenta de que aún conservaba en su memoria el recuerdo de la fantasía que había compartido con Jack.

-Alteza-, dijo, cuando sus ojos se encontraron, respondiendo a su llamado. Pero en sus adentros, se dijo que no podía seguir participando en el juego. Simplemente, había hablado como todos los días desde que había llegado aquí, y esperaba de todo corazón que Jack entendiera y no quisiera continuar. Ellos ya no eran niños, aunque Jack lo quisiera creer así, y tenían que tomar responsabilidad… de todo lo que había pasado aquí. De todo lo que había pasado entre ellos.

-Quiero mostrarte algo, Cazador. Por favor acompáñame a mis habitaciones.

Dicho esto se dio la vuelta, convencido de que el Pooka lo seguiría, y tristemente no se equivocaba. Aster fue tras él como si tuviera en su hermosa mano una cuerda con la cual jalarle del cuello, como si tuviera un poderoso hechizo sobre él que nada ni nadie fuera capaz de deshacer y que solo con sus ojos pudiera activar.

Y este hechizo funcionaba perfectamente sobre él: Aster no podía evitar mantener los ojos fijos en su espalda, en sus hombros, en su cuello, en sus piernas, en sus brazos. Se imaginó tocarlo de nuevo tan íntimamente como la vez que se habían encontrado como un par de amantes, y se preguntó qué le impediría en este preciso momento acorralarlo en cualquier rincón y tenerlo, tenerlo, tenerlo.

Antes de que se diera cuenta ya se encontraba frente a la puerta de su habitación. Jack tomó una llave, la introdujo en el picaporte, le dio la vuelta y empujó suavemente, abriendo apenas un espacio como para pasar él. Miró por encima de su hombro, como esperando para ver si Aster tenía suficiente interés en seguirlo y abrirse paso por sí mismo dentro de la habitación.

-No, Jack.

Jack se dio la vuelta, impulsado por el impacto de aquella negativa. Para entonces Aster lo miraba con los ojos entrecerrados y la respiración rápida e incierta.

-Cazador.

-Alteza- concedió, por última vez, o al menos eso se prometió a sí mismo-, necesito descansar.

Jack casi se sintió sonreír.

-Descansa entonces, Cazador. Lo necesitarás para mi Prueba de mañana.

Aster asintió. Hizo una reverencia ligera antes de darse la vuelta y salir de ahí a paso firme, tan firme, que nadie habría percibido el temblor de sus manos o la incertidumbre en sus ojos.

Jack volvió al interior de la habitación. En la pared que miraba ahora, debidamente enmarcado y protegido, se encontraba reinando el cuadro que Aster había hecho unos días atrás. Jack había esperado poder hacer la paz esta noche. Aster no había querido.

Pero se engañaba. Pudo haber insistido. En realidad…

Aster, su fuerza, su valor, su rectitud, lo tenía aterrado, por eso no había podido insistir. Él no era suficiente. No había razón para que Aster aceptara esto sin pelear. Sin pelear por merecerlo. Y porque Jack lo mereciera.

Pues bien, eso se resolvería al día siguiente. La Prueba de Fuerza que Jack había planeado era simplemente perfecta para este fin. Después de esto, lo que fuera que sintieran el uno por el otro sería definitivo.

Continuará…

Pues bien, creo que ya vamos a más de la mitad del fic. Ah, y pensar que esto iba a ser un oneshot. Ni yo me la creo.

En fin.

¡Déjenme saber qué les ha parecido!

Besos y abrazos!

Aoshika