Hey! Sé que esto tardó mucho, pero tienen que darme crédito, escribí un capítulo largo. Probablemente el siguiente sea el último capítulo de este fic. ¡Espero que lo disfruten!
Por cierto, esto pasó de Posible M-preg a M-preg directamente porque porqué ptas no. Supongo que es algo que tenía que pasar . jpeg
La canción que se me ocurrió para este capítulo fue Going Under, de Evanescence. Creo que el mensaje iría de Aster hacia Jack.
Bien, espero que disfruten el capítulo!
El Príncipe y el Cazador
Capítulo 8: La Tercera Prueba
Si la mañana del Baile había amanecido fría y lúgubre, curiosamente, ésta en específico se sentía… tranquila. Normal. Aster casi se sentía como un huésped en este Reino tan ajeno al suyo, como alguien que solo viene a pasar un par de días y que no tiene otra cosa más de qué preocuparse salvo de poner buena cara y ser diplomático para luego volver a casa y seguir con su vida.
El día anterior no había salido de la habitación más que para acompañar a su familia a cenar con la familia de Jack. Como era ya habitual, el evento se llevó a cabo con algo de incomodidad. Aster se negaba a ver a Jack a la cara, no por vergüenza o algo así, sino porque, sencillamente, era demasiado doloroso ver su imagen y admitirse a sí mismo que había caído otra vez. En sus manos, en su cuerpo, en su voz.
Era un golpe demasiado fuerte para sí mismo, para su orgullo, para su honor…
Jack parecía tranquilo, participaba en la conversación, estaba relajado. Si volteó a verlo alguna vez él no se dio cuenta. Quizás, su calmada indiferencia era lo que hacía de algo tan simple como una cena familiar algo tan punzante, tan asfixiante.
Hubiera sido menos doloroso que Jack se pusiera de pie, que lo acusara delante de todos, que lo rechazara abiertamente, que se le impusiera a Aster un castigo por lo que había hecho. Hubiera sido menos doloroso, preferible incluso. Pero eso no ocurrió, ni ocurriría. Jack había sido claro, quería mantener su imagen limpia hasta el final. Aster por su parte, era demasiado cobarde para asumir la culpa sin pelear por, al menos, una oportunidad para remediar las cosas. Una vez más, sin embargo, se preguntaba si sus esfuerzos valdrían la pena.
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Como en las ocasiones anteriores, Jack se las arregló para hacer de su anuncio de la nueva prueba un total espectáculo para sus súbditos. Aster solo atinaba a guardar silencio, aparentar tranquilidad, toda la que le fuera posible, y esperar. Esperar. A eso se había reducido su estadía aquí.
Jack lucía imponente, seguro de sí mismo, regodeándose como siempre en su belleza y su poder.
-Como mencioné antes, la Fuerza es una virtud que espero encontrar en mi futuro esposo. Un ataque, una batalla, o una Guerra, nunca avisan. Quien esté a mi lado tiene que estar preparado para enfrentar a cualquiera, en cualquier circunstancia-, estas palabras las había pronunciado como si quisiera que le quedaran muy claras a todo el mundo. Como si hubiera algo detrás de ellas que hubiera que descifrar-. Como Tercera Prueba, deseo que el Príncipe Aster enfrente y sea capaz de vencer a los tres guerreros más poderosos de nuestro Reino.
Esta prueba, hasta para Aster, se sintió un poco predecible. Y de hecho, siendo sincero consigo mismo, le vendría bien. Dar un par de palizas, desahogarse un poco…
-Las reglas son simples-, prosiguió Jack-, enfrentará uno cada vez y las peleas serán ininterrumpidas, es decir, si vence al primero, el segundo tomará su lugar en seguida. El ganador será quien deje inconsciente o haga rendirse a su contrincante. La prueba se considerará superada solo si vence a los tres, y podrá utilizar solamente un arma de su elección y un escudo.
Aster asintió en el silencio. Las miradas volvieron hacia Jack.
-Las peleas serán dentro de dos horas en el campo de entrenamiento que se encuentra a las afueras del Reino, y todos están invitados-, sonrió Jack entonces, extendiendo los brazos como el más magnífico anfitrión-, mientras tanto, Alteza, lo guiarán a nuestra armería. Le aconsejo que se prepare bien y que no se confíe.
Aster sonrió para sí mismo.
-Claro, Alteza, dos horas es más tiempo que el suficiente.
Jack no dejó de sonreír. Aster se retiró, tratando de no hacer evidente lo aliviado que se sentía de que esta fuera la prueba que tendría que pasar.
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A estas alturas, en realidad, Aster no sabía por qué continuaba con esto. Su hermana le había preguntado mientras ella y Heath le ayudaban a elegir un arma, y él no había sabido contestar nada. No hubo más amenazas de parte de ellos para interferir; su madre les había puesto los límites muy claros. Pero si de algo todavía podían hacerse responsables era de intentar hacer que su hermano reflexionara.
Y ante estas preguntas, Aster quizás solo podía dar una respuesta, y era ésta muy sencilla: estaba enamorado de Jack. Aster quería tener a Jack. Quería ser su esposo. Quería vivir a su lado, dormir a su lado, despertar a su lado. Tener hijos. Tomar cualquier decisión juntos. Que le compartiera sus penas, sus preocupaciones, que se apoyara en él. Quería tener a Jack para siempre, y que nadie más lo tuviera.
Sí, eso era lo que quería. Lo que esperaba. Y se quedaba porque una parte de él-, quizás una parte ilusa, inocente-, creía que Jack también lo amaba, que si pasaba por estas pruebas él sería capaz de admitirlo, que solo tenía que ser paciente y al final obtendría su recompensa.
Que solo tenía que esperar. Que pronto, muy, muy pronto, Jack confesaría que este juego solo había sido una travesura que se le había salido de las manos. Que lo amaba también, que todo había valido la pena.
Quizás solo se estaba engañando, pero…
Valía la pena. Tenía que valer la pena, porque él estaba poniendo todo su corazón en esto y Jack tenía que darse cuenta. Aún si al final le costaba su vida entera, tenía que demostrárselo.
Sus hermanos lo miraban como si lo compadecieran. Pero Aster no encontró en sí mismo la fuerza para reconocerlo abiertamente. Había pasado las otras pruebas, esta no tenía que ser un problema en lo absoluto. Salvo por la parte en que, si fallaba, quizás Jack tendría un pretexto para renunciar a algo que ninguno de los dos si quiera había tenido tiempo de construir.
-Aster, por donde lo veas, a final de cuentas será una pelea injusta-, le dijo entonces su hermano, mientras le ayudaba a probarse la armadura-, no tendrás tiempo de descansar entre un contrincante y otro, eso sin mencionar que… ellos enfrentarán solo a uno, Aster, tú enfrentarás a tres, uno tras otro.
Aster lo sabía.
-Este lugar no es un sitio donde estés acostumbrado a luchar-, continuó-, el clima es diferente, el viento, la altura, todo. Ellos conocen su territorio, tú no.
-Heath…
-¿Qué tal si todo es una trampa para masacrarte, Aster?
-Me niego a creerlo.
Por primera vez en toda esta conversación (si es que se le podía decir así, el único que había dado su opinión había sido Heath), Aster se dignó a levantar la voz.
-Aster…
-Jack no es así. Por más que tú y Camellia se nieguen a creerlo.
Heath lo tomó de los hombros, fuerte, y lo obligó a mirarlo a los ojos.
-Morir por amor es mucho menos honorable de lo que tú crees, hermano.
Dicho esto, lo dejó solo.
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El campo de entrenamiento era una zona delimitada por una cerca bastante resistente, y Aster no se sorprendió de encontrar que, al igual que el resto del Reino, estaba cubierto casi totalmente de nieve. Alrededor habían sido colocados palcos para que el público pudiera acomodarse y ver el suceso de cerca, era evidente que no estaban ahí todo el tiempo a juzgar por el hecho de que los sirvientes apenas estaban terminando de montarlos. En una tarima bastante alta, estaban los asientos para ambas familias Reales, que venían en camino. Se había transportado primero a Aster para que pudiera hacer un reconocimiento del terreno antes de empezar las peleas, y se sorprendió de notar que mucha gente del Reino ya se encontraba presente apartando un buen lugar. Quizás habían emprendido camino apenas Jack había terminado de hacer su anuncio.
Aster tomó asiento a la orilla del terreno, y comenzó a prepararse. Se acomodó las partes de la armadura ligera que su hermano le había ayudado a seleccionar, y analizó por última vez el filo de su espada. El escudo que portaba era bastante grande para un elfo, pero pequeño para su gusto, aun así, tenía que reconocer que su ligereza y excelente fabricación eran dignas de admirarse.
La espera fue cansada y sombría. Lo bueno fue que no duró demasiado.
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Cuando el público se encontraba ya más o menos en orden, y las familias Reales se encontraban en su sitio con perfecta vista de la escena que iba a desenvolverse, Aster se encontraba esperando en medio del campo de entrenamiento. No hubo mucha más ceremonia para comenzar.
Aster esperaba, espada en mano, a su primer contrincante. No había tenido muchas pistas de cómo elegir su arma. No estaba familiarizado con el estilo de pelea de los elfos específicamente, hacía años que las guerras con ellos habían terminado. Todo lo que sabía era que, si podía guiarse por su aspecto en general, debían ser criaturas ágiles y resistentes, así que un arma de mediano alcance como una espada le vendría bien.
Efectivamente, su primer contrincante era un elfo, tan alto como él, pero casi tan delgado como Jack. Tenía una apariencia frágil, pero Aster se recordó que no tenía motivos para pensar que lo fuera realmente. Había algo en sus ojos dorados que gritaba locura, hambre, una pasión terrorífica que casi fue suficiente para helarle la sangre al pensar cómo cambiaba la apariencia de este hermoso elfo al filo de una batalla como la que prometía desarrollarse contra Aster.
El sonido de un cuerno (limpio, resonante, melódico), se sintió como un trueno en el ambiente que lo puso alerta. Como era de esperarse, el joven guerrero elfo fue rápido para atacar. Su arma era una lanza, y portaba también un escudo.
Aster se sintió un poco en desventaja por el alcance que esto le daba a alguien que de por sí se veía hábil, pero decidió que tomaría la ventaja que tenía en este caso: la estabilidad. Si este tipo era viento, él era un árbol, el más grande y fuerte de su Bosque, y no lo iba a derribar fácilmente.
Dicho y hecho. Los embates del joven guerrero, aunque fuertes y bien dirigidos, se estrellaban ya fuera contra el escudo o la parte más firme de la armadura de Aster, o él los redirigía con su espada. Pasaron varios minutos en los que la pelea se desarrolló así, rápida pero constante en el mismo punto: golpes de parte del elfo, defensa de parte de Aster. Y la estabilidad del Pooka pronto le dio la ventaja que buscaba sobre el elfo. Con el paso de los segundos se notaba que perdía la calma cínica que había tenido en un principio. Aster no podía cometer ese mismo error, tenía que ser paciente.
Este era un momento en que alguien, viendo la pelea desde afuera, podría haber pensado que Aster perdería. Alguien que no tuviera el ojo entrenado, por lo menos. El elfo atacaba, Aster retrocedía y se defendía. Parecería que no tenía ni una idea de cómo pelear contra esta criatura.
Pero estarían equivocados. El elfo era quien se estaba cansando, y quien cada vez tenía un ataque más desorganizado, caótico, y por lo tanto, fue fácil para Aster, en su primer ataque serio, hacerle un corte en un hombro que le sacó sangre: la primera sangre derramada en esa pelea. El silencio profundo se volvió eléctrico. Quizás nadie lo había notado hasta que el rojo manchó las ropas del guerrero y no las de Aster.
Quizás fue el miedo, quizás fue el dolor repentino, pero esto solo lo desorganizó un poco más. A este punto, Aster se preguntó si realmente era éste uno de los guerreros más fuertes del reino o simplemente una nueva broma de parte de Jack. No parecía tener demasiada experiencia, es más, él se atrevería a decir que muy probablemente toda la experiencia que tenía era en un campo de entrenamiento y nunca en el campo de batalla.
Bueno, los elfos no se distinguían por ser buenos en el combate cuerpo a cuerpo, eso sí lo tenía claro. Quizás por eso había optado por un arma larga.
Hablando de ésta, Aster decidió que se desharía de ella. Cuando atestó contra él un nuevo golpe, tomó el arma por debajo de la punta con su brazo, presionándola contra sus costillas, firmemente, sabía que podía lastimarlo pero decidió actuar con confianza. Teniéndola asida fuertemente, el muchacho trató de jalarla de regreso a él, pero Aster le atestó un golpe con el escudo y consiguió partirla.
El arma quedó en el suelo, inservible, y el joven ahora miró a Aster con algo parecido al terror en sus ojos.
Aster dejó caer la espada y avanzó.
Lo siguiente fue una sucesión de golpes de escudo, en donde al fin pudo imponerse. Mientras avanzaba, su contrincante retrocedía un paso a la vez, cada vez más abrumado por la fuerza de la naturaleza que parecía ser el Pooka.
Finalmente, le atestó un golpe tan fuerte que el elfo se fue de espaldas. Había conseguido impactar su mandíbula: había escuchado el crujir de sus huesos y había tenido la oportunidad de ver cómo sus dientes caían, ensangrentados, en la nieve. Iba a golpear otra vez, cuando se dio cuenta de que el muchacho estaba inconsciente donde había caído. Brotaba sangre de su cabeza, y al verlo, el Pooka sintió un estremecimiento. Se negó a seguir. Un grupo de hombres entraron en el campo y tomaron a su contrincante de los brazos para sacarlo de ahí. Aster los miró alejarse, y ellos apenas iban saliendo del lugar cuando otro guerrero hizo su aparición.
Este, a diferencia del anterior, era alto y corpulento, físicamente mucho más parecido a Aster. Probablemente sería similar su forma de pelear a la manera en que lo hacía cuando entrenaba con Heath.
Su nuevo contrincante no hizo mucha ceremonia antes de lanzarse hacia él. Aster tomó rápidamente su espada de donde la había lanzado antes y se defendió como pudo. El guerrero tenía un arma, por su parte, que Aster no esperaba: nudillos. Nudillos de acero con puntas, como si la pelea que esperara fuera cuerpo a cuerpo.
Aster se cubrió con el escudo cuando el primer golpe llegó, pero pronto se sintió burlado. Él no llevaba escudo y sólo peleaba con sus puños.
Quizás fue la presión del público expectante, que sintió de pronto sobre él. Quizás fue el orgullo de guerrero, que no le permitió verse disminuido por esta muestra de… ¿poder? ¿Podría si quiera verlo de ese modo?
Lanzó el escudo a un lado y decidió enfrentarlo solo con la espada.
Los puños siguieron cayendo sobre él, y Aster los detenía con la espada. El ruido del metal golpeándose lo hacía presionar los dientes; era un sonido chirriante y desesperante que le taladraba la mente, pero no era algo que no hubiera experimentado antes, así que tardó en identificar porqué toda esta situación lo irritaba tanto.
Quizás era la constante e irrefrenable sensación de que todo esto era un esfuerzo inútil que no lo estaba llevando a ningún lado.
Quizás, estaba tan enfocado en esa sensación que eso fue lo que impidió que reaccionara cuando la espada salió de su control. Su rival la había sujetado con los nudillos de metal, tenían cierta forma de ganchos que era lo que le había dado la facilidad de sostener la hoja de la espada en ellos y en un movimiento arrebatarla de las manos del Pooka. Ahora Aster estaba completamente desarmado ante su contrincante.
No le dio tiempo de pensarlo: se agachó como pudo cuando se dio cuenta de que uno de los nudillos volaba hacia su rostro, luego trató de retroceder. Buscó con la mirada su espada y la vio demasiado lejos.
No podía ponerse de pie. Su contrincante era demasiado rápido, y cada vez que se movía parecía hacerse merecedor de uno de sus ataques. Los nudillos de su rival se estrellaron contra el suelo de un momento a otro, dejando a lado de su cabeza un agujero tan grande que Aster apenas tuvo tiempo de reflexionar en lo que aquello pudo haberle hecho a su cabeza de no haberse movido.
En estos pocos minutos, se le había olvidado que había un público alrededor de ellos. Los ruidos que hacían se le habían ido de la mente hasta ese momento, donde de pronto volvieron a llamar su atención. La gente, en general había hecho un ruido; un gemido de angustia, de impacto, de que aquello se había visto mucho más grave de lo que en realidad había sido y pronto entendió por qué: desde donde estaba el público, cualquiera hubiera podido pensar que acababan de aplastarle la cabeza. Pero no. Se encontraba vivo, entero, y podía seguir peleando.
Buscó con la mirada a Jack y no lo encontró.
Se puso de pie luego de alejar al guerrero con una patada y giró sobre sí mismo, en cuclillas, adoptando una pose defensiva mientras intentaba acercarse a su espada.
Un nuevo golpe dirigido hacia su rostro lo obligó a voltear hacia un lado y los nudillos alcanzaron a golpearlo en una mejilla. Le rasgaron la piel y él la vio como si estuviera observando todo desde afuera. Su sangre impactó en la nieve y Aster pensó en cerezas.
Pronto su mano encontró la empuñadura de la espada. Lanzó una tajada a ciegas y escuchó al otro gritar. Le había hecho un corte en el antebrazo. No parecía algo grave, pero debía haber sido bastante doloroso, porque él retrocedió sujetándose. Aster se lanzó hacia él, no queriendo perder un segundo de ventaja, y atacó mientras intentaba retroceder. El guerrero de pronto dejó de huir; parecía que la furia (quizás el mismo tipo de furia que había hecho a Aster dejar de lado su escudo) lo había hecho reaccionar. Aster no se dejó impresionar por el repentino grito de batalla que lanzó, en lugar de eso, se esforzó por mantenerse firme, rechazando los golpes de los nudillos con su espada.
Si antes había pensado que quizás esto sería similar a sus entrenamientos peleando contra Heath, pronto se dio cuenta de que estaba equivocado. Este guerrero claramente era más experimentado que el anterior y tenía una mayor sed de sangre, y no tanto de jugar y divertirse, o de impresionar a nadie. Su pelea no era paciente, no era estética ni limpia.
Aster decidió que no tendría piedad con él. Estaba cansado de jugar y sus pensamientos, que constantemente volvían hacia Jack, lo estaban haciendo enojar cada vez más.
Apoyó todo su peso en la espada cuando se lanzó hacia el frente, y ésta se clavo en un costado del cuerpo de su contrincante. Los nudillos cayeron al suelo cuando el hombre perdió la fuerza en los brazos y tuvo que soltar su agarre en ellos. Hicieron un ruido fuerte pero Aster no lo registró. Sintió el peso de su cuerpo, laxo sobre él, sostenido solamente por la fuerza de sus brazos a su vez sosteniendo la espada en su lugar.
Hubo otro silencio electrificado en el aire. Aster bajó la espada, permitiendo que se deslizara fuera del cuerpo del hombre, y trató de no sentirse mal por el charco de sangre que dejaba debajo de él.
Pronto se apresuraron para recogerlo de donde estaba tirado en el suelo. Aster había intentado no dejarlo tan mal herido, pero no podía asegurar nada hasta que no fuera revisado por un médico.
-¡Hey, campesino!
Aster se dio la vuelta. Una parte de él, una muy pequeña parte, se sorprendió al ver a su último rival. La mayor parte de él, en cambio, se lo esperaba. Como si esto fuera algo que estuviera incluso deseando, con todas sus ganas, con todo su corazón.
-¿Campesino?- preguntó, sin poder evitar la sonrisa irónica que se asomó por su rostro al voltear a ver a Jack-, creí que era "Cazador".
Jack usaba una armadura plateada, y en su mano llevaba una lanza. Aster casi se ríe abiertamente al notar que en su otra mano llevaba el escudo hecho con la escama del Dragón Azul.
-Aquí el único que va a cazar soy yo, Pooka- repuso Jack con una sonrisa; había adoptado casi en seguida una pose de batalla que sorprendió a Aster por su fiereza y por su precisión-, creo haber visto una criatura dando vueltas donde no debería estar. Me encanta cazar animales grandes.
Aster tomó aire.
Antes de que lo pudiera prever, Jack se había acercado a él a una velocidad impresionante, tomándolo un poco desprevenido, a decir verdad. Apenas tuvo tiempo de verlo bien y tratar de descifrar qué haría a continuación. El golpe que le atestó con la lanza no fue tan fuerte, pero sí lo suficiente para que Aster sintiera la seriedad de la situación. Jack no estaba jugando, y por lo tanto él tampoco.
Se deslizó por la nieve hasta que alcanzó su escudo, que había abandonado desde el inicio de la pelea anterior. Jack no le dio un momento de respiro: estrelló la lanza contra él y Aster apenas alcanzó a bloquearlo, había estado a punto de darle en pleno rostro. Tuvo por un momento la idea de que aquella lanza se le clavaba en un ojo, pero pudo alejar el pensamiento a tiempo para que no le impidiera luchar.
Hubo entonces un intercambio de golpes a lanza y espada. Los escudos también impactaban entre ellos, pero Aster sabía, presentía, que la calma que había mostrado en combate hasta el momento se debía a que solo lo estaba observando. Estaba calculando cuáles eran sus fortalezas, pero también cuáles eran sus puntos débiles. Jack era diferente a los otros y eso le quedaba claro desde el momento en que su madre lo había presentado días atrás: su fortaleza en batalla no radicaba en su físico sino en su mente, Jack era ingenioso y podía tomarlo por sorpresa si no tenía cuidado.
Aster comenzaba a sentirse irritado, pero además, pasaba algo con lo que no había contado antes: Jack estaba fresco, tranquilo, descansado. Él en cambio, se encontraba ya un poco cansado, estresado y agitado por los combates anteriores que, si bien no habían sido tan difíciles, ahora comenzaban a tener sus consecuencias.
-¿Qué ocurre, Pooka?- preguntó Jack en este punto, al notar que Aster apenas esquivaba su último embate-, creí que los de tu especie tenían una gran estamina.
Aster sonrió.
-Creo que tú sabes mejor que nadie lo que mi estamina puede hacer-, contraatacó, y quizás Jack esperaba esta respuesta porque su sonrisa no hizo más que hacerse más ancha.
No era la primera vez que las peleas se mezclaban con insinuaciones. Aster recordó aquellos días, juntos en el bosque, donde discutían, se empujaban uno al otro contra los árboles, dentro del agua de un arroyo. Recordó cada comentario mordaz salido de los labios de Jack. Recordó lo mucho que amaba esta forma que tenían ellos de estar, de quererse y de tenerse, y tuvo que pensarlo, tuvo que tenerlo claro en este momento, porque no había otra cosa que pudiera pensar al recordar todas aquellas situaciones, todos los momentos, todos los sentimientos, emociones, toques, empujones, risas, golpes, mordidas. Recordó el beso que se le había escapado sobre el cabello de Jack una noche mientras conversaban. Dudaba que Jack se hubiera dado cuenta. Habían estado cerca, por lo limitado del espacio en la roca sobre la que estaban sentados viendo la luna. Aster se había recargado un poco hacia atrás y Jack miraba hacia el cielo, medio ensoñado, mientras le hablaba acerca de su día y de su familia. Comprendió que ya entonces lo amaba. Quizás lo había amado desde que lo vio por primera vez y fantaseó, por un segundo, que aquella sublime belleza pudiera ser suya algún día.
Jack hizo un nuevo corte en su mejilla abierta y Aster tuvo que salir del sueño por el dolor repentino.
No quería que esto se le saliera de las manos. No iba a herir a Jack ni lo iba a dejar fuera de combate como a los otros dos. Tendría que detenerlo, dominarlo, hacer que se rindiera. No había otra forma.
Primero, iba a desarmarlo.
En el siguiente embate que Jack hizo con la lanza, Aster adelantó su brazo lo más que pudo junto con la espada, y enredó, brazo y espada, todo lo que pudo contra la longitud de la lanza y la jaló hacia él. Jack se quejó ligeramente cuando sintió que se la arrebataba, y Aster la dejó caer hacia un lado. A pesar de su anterior queja, Jack no se veía particularmente afectado por haber perdido su arma.
-¿Creíste que eso iba a funcionar conmigo, Pooka?- preguntó sin esperar mucho, pronto, Aster entendió a qué se debía su calma.
Pronto, su mano entera se vio cubierta de hielo. Cada uno de sus dedos se había convertido en un perfecto pico helado, firme, largo y mortal. Aster observó casi con la boca abierta mientras Jack movía sus dedos sinuosamente, impresionando a Aster con su precisión.
-¡Espera un segundo, dijiste que solo un arma y el escudo!-se quejó el Pooka cuando pudo salir de su impresión- ¡Y tú estás usando tu magia!
-Mi magia es una habilidad que siempre tengo conmigo-, repuso Jack tranquilamente-, en una Guerra de verdad no renunciaría al uso de ella. Has sido muy ingenuo, campesino, si creíste que lo haría.
Aster respiró profundo. Esta era una ventaja que nadie hubiera pensado; viéndolo de esta forma, parecía que Jack tenía un sinfín de armas qué usar en el momento que quisiera, presentarse aquí con una lanza había sido innecesario.
-Y tú has sido demasiado oportunista-, repuso, tratando de recuperar el dominio-, ¿siempre fuiste así de tramposo, o apenas lo estás demostrando?
-¿Siempre? ¿De qué hablas? Si yo apenas te conozco, campesino-, comenzaron a caminar en círculos, rodeándose, no permitiendo, en ningún momento, que el otro saliera de vista-, y ya te lo dije, no es trampa. Solo estoy usando mis habilidades. Si supieras usar magia, tendrías permitido usarla en este momento.
Aster presionó los dientes.
Jack estiró la mano hacia atrás y luego la lanzó hacia el frente en un golpe rápido y repentino, y Aster vio las puntas dirigirse hacia su rostro, y apenas tuvo tiempo de esquivarlas antes de que la mano de Jack se convirtiera en una nueva arma: una espada.
Jack cargó contra él repentino y veloz, pesado como un viento fuerte del invierno más cruel, y Aster apenas pudo cubrirse luego de haber hecho el intento por esquivar las puntas de hielo que habían volado hacia su rostro.
A partir de ahí fue como si Jack se hubiera transformado en una máquina, dando, uno tras otro, golpes, tajadas, ataques hacia Aster haciéndolo retroceder, cubrirse, sin descanso alguno.
Con su magia Jack podía hacer lo que quisiera: espadas, cuchillos, flechas, puntas tan delgadas que volaban alrededor de Aster y hacían cortes en sus brazos, tan finos, que más que doler, ardían, y era tan molesto que Aster no podía evitar una sensación de furia impotente tomar el mando de su cuerpo. A su vez, Jack usaba el hielo para extender y fortalecer el escudo que lo protegía, de modo que los ataques de Aster eran fútiles. De pronto no solo eran armas. Jack estaba dejando caer una tormenta de hielo encima de él, y Aster sentía la mordida del frío inclemente sobre su piel, que de pronto lo vencía, le impedía completamente moverse.
Aster levantó la vista solo para ver a Jack saltando, dando una vuelta sobre sí mismo elevándose muy por encima de él. En su mano llevaba un mazo de cadena, con una bola con pinchos que lucían tan fuertes, tan firmes, que no hubiera pensado que eran de hielo, sino de metal.
Su siguiente reacción debió ser activada por el miedo, no encontraba otra explicación. Porque él jamás, bajo ninguna circunstancia, se imaginaba que alguna vez usaría esta forma contra Jack.
Jack cayó en pie. La cadena del mazo había quedado atrapada por una mano que no reconoció, hasta después de un segundo, cuando tuvo un momento de sacudirse la brisa helada del rostro y darse cuenta de lo que había pasado.
Aster ya no estaba. Estaba, frente a él, un Pooka.
Todo era más grande en él. Había crecido casi 30 centímetros, su cuerpo entero se había ensanchado y su piel completa se había cubierto de pelo. Sus ojos habían crecido y su cara había cambiado. Ya no era un Pooka humanoide. Era un Pooka completo, una criatura… una bestia.
-¿Y esto, Jack?- era la misma, voz, la misma, un poco más grave pero era la voz de Aster, ésta criatura era Aster-, ¿Esto es válido? Sigue siendo mi cuerpo, siguen siendo mis habilidades. ¿Puedo hacer trampa como tú, Jack?
El Pooka le arrebató el arma de un jalón y la lanzó hacia un lado. Su cuerpo agrandado, extendido, estaba tan comprimido dentro de la armadura, que la tuvo que jalonear hasta que pudo quitarse la parte superior y al menos así se sentía un poco más libre. Jack no había podido volver a atacar, estaba demasiado impresionado por la apariencia de Aster como Pooka.
Aster estaba visiblemente agitado. Quería detenerse. No le quería hacer daño a Jack, sabía que podía lastimarlo si no se contenía así que trató de volver a su plan inicial de solamente hacerlo rendirse y terminar con el asunto de una vez.
Cuando el Pooka avanzó hacia él fue tan veloz, tan increíblemente ágil en su movimiento repentino hacia él que el miedo ganó la batalla y Jack no se dio cuenta de lo que había hecho sino hasta que ya era muy tarde.
Su mano se había extendido. Lo primero que vio al abrir los ojos fue la capa de hielo que la cubría, y al observar mejor, al darse tiempo de entender lo que estaba ocurriendo, vio pequeñas gotas, rojas, calientes, bajar por él. Y al mirar más arriba, vio el lugar exacto en el que su brazo había atravesado la piel del Pooka. En su hombro izquierdo, peligrosamente cerca de donde Jack sabía, tenía que estar su corazón y varias de las venas y arterias más importantes de su cuerpo.
Aster se quedó inmóvil un momento, mirándolo.
Jack de pronto reaccionó, asustado, no, más bien en completo pánico, al darse cuenta de lo que había sucedido. Retiró rápidamente su mano, pero no así la punta de hielo con que lo había atravesado.
Jack, sentado en la nieve sin saber qué hacer, observó cómo Aster sacaba de su brazo por sí mismo el hielo y se acercaba a él, esta vez, lentamente.
Jack retrocedió sin poderse poner de pie. No podía con el miedo, era demasiado, ¿qué había hecho? ¿qué había hecho, cómo había sido capaz de lastimar así a Aster?
No podía entenderse a sí mismo, no podía comprender el daño que su orgullo inútil le estaba haciendo a él y a su amante, con quien debería estar ahora, de quien nunca debió haberse separado. Tendría que haberse quedado con él a partir de aquella noche que pasaron juntos en el bosque, ¿y qué si sus padres los buscaban y los encontraban ahí, juntos? Los iban a casar de todas formas. Y si querían desterrarlos, castigarlos por haber roto todas las reglas, protocolos y tradiciones que les correspondían por ser quienes eran, bien, Jack hubiera estado feliz de todas formas porque habría estado con su amado. Quizás ahora mismo estarían lejos, de sus familias, de todo lo que amaban, pero se tendrían uno al otro y eso habría sido suficiente.
¿Cómo podría regresar a eso ahora? Ya era muy tarde, muy, muy tarde…
El grito que vino del público fue lo que necesito Aster para reaccionar. La hermana de Jack se había parado de su trono, y había un terror tan infinito en sus ojos que Aster no tuvo opción sino detenerse.
Su brazo estaba en alto, Jack estaba debajo de él, mirándolo con los ojos enloquecidos de un Ciervo acorralado por un Cazador.
Tuvo que recordarse que la persona que tenía en frente era a quien amaba. Y dolía hacerse consciente de eso, porque Jack, en su momento, no había dudado un instante. Jack pudo haberlo matado si hubiera querido. Y quizás, nada lo habría detenido como Aster se detenía ahora.
La prueba: la herida húmeda y tibia que palpitaba en su hombro izquierdo.
Aster bajó el arma, y la tiró al suelo. Había olvidado en qué momento de la batalla había perdido su escudo y su espada, pero no le importaba. Se vio a si mismo en su forma completa de Pooka, y comprendió que la imagen que las personas del Reino de las Montañas tenía de él también había cambiado.
Miró a Jack, que seguía con la misma expresión aterrada, y tuvo que desviar la mirada al pensar que el miedo en esos ojos lo había provocado él.
-Me rindo- declaró entonces, para sorpresa de los presentes-. No puedo hacer esto. Me rindo.
Y quizás no se refería a la pelea en sí, o a los retos que le iba presentando Jack. Quizás se refería a todo. Al matrimonio, al cambio en su vida, al lugar donde viviría, las expectativas que tendría que cumplir.
Aster simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar a la salida del campo de entrenamiento, sosteniéndose el hombro con una mano.
Su madre y sus hermanos habían bajado de sus asientos para auxiliarlo. Al llegar a ellos, Aster se desplomó, cambiando a su forma humana y perdiendo el conocimiento, quizás por pérdida de la sangre que no había dejado de bajar de su hombro.
Jack, aun con la respiración agitada, miró a su alrededor. El público lo observaba, expectante. Sus padres, su hermana…
-El Príncipe Aster ha pasado mi prueba-, declaró con la voz más elevada que pudo, pero mirando al suelo, tratando de evitar las lágrimas-, deberá recibir el mejor trato de los médicos del Palacio. ¡Es una orden!
Ante esto, un par de guardias que estaban apostados en la entrada del campo salieron corriendo tras la Familia Real Pooka.
Jack se puso de pie lo más rápido que pudo y también salió de ahí, sin decirle nada a nadie, sintiendo náuseas, terror, y un dolor indecible en todo el cuerpo que le estaba impidiendo respirar.
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Llegó casi cayéndose a la casa de Toothiana, esposa de North y una de las mejores sanadoras del Reino. Ella no trabajaba en el Palacio simplemente porque prefería atender a los ciudadanos cuando fuera necesario, y no que tuvieran que irla a buscar cuando había alguna emergencia. Cuando se trata de la salud de las personas, algunos segundos a favor pueden ser claves.
Jack había ordenado que Aster fuera revisado por médicos del Palacio así que ir a ver a Toothiana era la mejor opción para no tener que enfrentarlo demasiado pronto.
La hermosa mujer, acompañada por un pequeño grupo de ayudantes, estaba ordenando sus estantes de medicinas e ingredientes cuando Jack llegó.
-Oh, Jack, qué bueno verte-, expresó ella, acercándose-, escuché lo de la prueba que le pusiste al Príncipe Aster, quería ir a ver, pero he estado demasiado ocupada…
Parecía que quería seguir hablando, cuando vio a Jack. Estaba pálido y con los ojos brillantes, como si en cualquier momento fuera a echarse a llorar. Pero pronto Tooth se dio cuenta de que esos ojos no estaban llenos de lágrimas; Jack debía estar sintiendo un malestar terrible.
-¿Jack?
-Tooth, necesito que me revises, por favor.
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La habitación trasera del lugar era donde Tooth revisaba a sus pacientes. Era el lugar más tranquilo y acogedor de su casa, y el más cálido también.
Jack yacía en la cama mientras Tooth, con sus manos rodeadas de un halo blanco, recorría su cuerpo lentamente en busca de cualquier herida o enfermedad que fuera necesario tratar en ese momento. Jack se había quitado la armadura y, a petición de su amiga, le había contado todo lo que había ocurrido en la tercera prueba.
-No me sorprende que haya acabado así-, comentó ella mientras terminaba de limpiar una herida pequeña que tenía en una pierna antes de continuar con su inspección-, los Pookas son criaturas de batalla, Jack. Creer que le ganarías al Príncipe Aster solo con tu magia…
-Lo sé, lo sé-, interrumpió Jack. El dolor de cabeza no se iba-, no era mi intención. No sé qué pasó conmigo.
Tooth suspiró, decidiendo que con el mal humor de Jack quizás debería guardar silencio. Siguió deslizando sus manos por su cuerpo, buscando heridas. Tenía el hombro un poco torcido; lo acomodó en su lugar y Jack gritó por el repentino dolor. Lo ayudó a bajar el ritmo alocado de su corazón y a aliviar un poco sus pulmones oprimidos. Jack respiró profundamente, pero las náuseas no se iban.
Tooth posó las manos sobre su diafragma y le pidió que respirara profundo. Jack lo hizo y sintió una punzada de dolor en las sienes. Tooth bajó sus manos un poco más sin encontrar la fuente de tal malestar hasta que…
-Jack…-, su mirada se oscureció y sus ojos se movieron, rápidos como balas, hacia el rostro del Príncipe-, Jack, tú…
Jack la miró, parpadeó varias veces, pero por más que lo intentó no pudo entender.
-¿Tooth?
Toothiana retiró sus manos del cuerpo de Jack como si le estuviera quemando y retrocedió, cubriéndose los labios con una mano como para no gritar demasiado fuerte.
-Jack… ahora entiendo… ¡Ahora entiendo por qué no querías casarte!
-¿De qué hablas?- Jack se incorporó. Ahora, el comportamiento de Tooth lo hacía sentir asustado e incómodo-, ¿Tooth?
Tooth se quedó mirándolo en silencio por un par de minutos, hasta que pudo decidirse a hablar.
-¿Quién es?- Jack estaba tan confundido que, aunque hubiera entendido la pregunta, no habría podido darle respuesta alguna, así que solo atinó a negar con la cabeza una y otra vez, con la boca abierta y los ojos atemorizados buscando una salida. Tooth se alteró- ¡Dime quién es! ¡¿Con quién decidiste hacer esto, Jack?!
-¡No tengo idea de qué estás hablando!
Tooth retrocedió un poco e hizo un esfuerzo por calmarse. La expresión de Jack, tan confundida y estresada, como si estuviera al punto del pánico, provocó que la mujer se diera cuenta de que, genuinamente, el joven no sabía qué era lo que estaba diciendo.
-Tooth…
-Jack… dame tu mano.
Jack acercó su mano a la mano de Tooth y dejó que lo sujetara. El mismo halo blanco que ella utilizaba para recorrer su cuerpo en busca de cosas qué reparar rodeó sus dedos mientras ella lo guiaba, hasta posarlos en la parte baja de su estómago.
Era extraño, pero con esta ayuda de parte de su amiga, Jack pudo sentir claramente cada parte de su cuerpo que tocaban sus dedos. Cada fibra de su piel, cada movimiento de sus músculos pequeños y firmes, cada movimiento involuntario de sus órganos.
Y ahí, de pronto, encontró un pequeño calor que se le hizo extraño, ajeno. Dio una respiración rápida y, con ayuda de Tooth, presionó un poco más los dedos contra su estómago.
Jack sintió un escalofrío al sentir con más claridad el pequeño bulto de calor que se alojaba en su estómago. El calor se extendió a su pecho, y sintió ganas de llorar.
Cuando abrió los ojos, las lágrimas cayeron de ellos finalmente, un par de ellas adornando sus largas pestañas, y Tooth lo miró, con una pequeña sonrisa y a la vez con una gran tristeza en su expresión.
-Tooth… ¿esto es lo que creo que es?
Toothiana se mordió los labios y asintió.
Jack se llevó ambas manos al estómago, y aun siendo libres de la energía de Tooth, el calor dentro de él no se fue.
Se sujetó con fuerza y la sonrisa no abandonó su rostro.
-Jack… esto es grave. Tienes qué decirme quién es el padre, por favor. Tenemos qué pensar en algo antes de que tu familia y el Príncipe Aster se den cuenta de esto, tú y tu hijo están en peligro, yo…
-Mi hijo será Príncipe de este Reino igual que yo-, repuso Jack entonces, de una forma tan firme y decidida que parecería que tenía el futuro asegurado y nada qué temer. Entonces una sonrisa tranquila se posó en sus labios-, y Príncipe del Reino Pooka también. Aster es el padre de mi hijo.
-¿De qué hablas, Jack? ¡Apenas lo conoces!
-No, te equivocas. Aster y yo nos conocemos desde hace meses-, explicó, y continuó sonriendo-, ¿Cuánto tiempo dirías que tengo de haber concebido?
Tooth suspiró, sintiéndose vencida y aún inquieta por no recibir respuestas.
-Un mes y medio. Quizás dos meses.
Jack cerró los ojos y se concentró en el calor que emanaba su vientre, que ahora podía identificar con claridad. No era ya un malestar. Ahora que sabía lo que era, era apenas una pequeña molestia, una que valdría la pena. Su sueño se vería cumplido. Tendría un bebé y Aster era el padre.
-La noche que pasamos juntos, en su Bosque-, respiró profundo, y en su rostro apareció, apenas, una mirada de seriedad-, no entiendo cómo sucedió, Tooth. Yo no me preparé para concebir.
Tooth tomó asiento a su lado y tomó su mano, comprendiendo que el peso de la situación comenzaba a caerle encima.
-¿Por qué no me cuentas cómo pasó?
Jack volteó a verla, y al mirar sus ojos, trató de sentirse más tranquilo.
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Una vez que la historia del joven perdido en el bosque que encuentra un cazador fue contada por enésima vez, Tooth miraba a Jack, comprensiva, en silencio.
El joven había hecho lo posible por ser claro con cada palabra y situación, sobre todo el razonamiento que lo llevó a querer tener su primera vez con alguien a quien realmente quisiera y no con alguien a quien apenas iba a conocer.
-Supongo que ya entonces estabas enamorado de él, ¿No? De otro modo no lo habrías hecho.
Jack asintió lentamente, pero sin admitir nada con palabras.
-Y querías entregarte a él para no sentir que le pertenecías a otra persona, ¿entendí bien?
Jack volvió a asentir.
-¿Sentiste algo…diferente, en cuanto a tu magia, cuando eso pasó? ¿Sentiste que algo cambiaba, o que algo salía de ti?
Había algo, de hecho. Algo que Jack había tenido presente, pero en que no había querido pensar. Quizás él ya lo sabía, quizás lo había sabido siempre. Quizás sólo hasta que fuera inevitable, su mente le habría dejado darse cuenta, como ahora.
-En el Bosque la mayoría de las noches son tibias, aún en invierno. Es raro que haga frío. A veces lo hace. Cuando Aster y yo… cuando él y yo…-, trató de no tener que mencionarlo con palabras. Tooth solo asintió, dándole a entender que comprendía-, sentí algo frío caer sobre nosotros. Pero fue muy rápido, así que pudo haber sido mi imaginación.
Tooth asintió. Luego, se quedó pensando, hasta que encontró las palabras que necesitaba para hacerle a Jack saber su opinión sobre lo ocurrido.
-Pues…diría que no lo fue Jack. Yo lo veo así: eres un hechicero poderoso, pero aún estás en desarrollo. Mucha de tu magia aún no está del todo bajo tu control y en ocasiones puede provocar cosas que no deseas que pasen. Tú amas al Príncipe Aster, lo amabas cuando pensabas que era solo un Cazador que vivía en el Bosque Sagrado y cuando decidiste entregarte a él, tu ser cedió ante tu magia y se abrió por completo, incluyendo tu capacidad para concebir. Se activó por el simple hecho de que no te imaginabas teniendo hijos con nadie más y tu magia sin control adaptó tu cuerpo en consecuencia. De la misma forma, me imagino que si te hubieras casado con alguien más, no habrías sido capaz de concebir con otra persona.
-Ya…ya veo-, asintió Jack, pensando que la idea de Tooth tenía bastante lógica-, y me alegra de que sea así. Jamás habría querido eso.
Se hizo un silencio largo que solo se vio interrumpido cuando Tooth consiguió el valor de hacer la pregunta que llevaba un buen rato queriendo hacer.
-¿Por qué te ocultaría que es un Príncipe?
Jack desvió la mirada deseando que nunca hubieran tocado el tema, para empezar.
-Eso mismo he querido saber todo este tiempo. ¿Sabes? Ha intentado hablar conmigo, pero simplemente no he podido escucharlo. Debo admitir que me agrada que me busque, que lo intente. Pero cuando llega el momento de escuchar su voz, me da miedo. No sé… no sé lo que podría estar pasando. ¿Qué pasaría si me dijera que solo estaba jugando, que lamenta lo ocurrido pero que nada fue real? ¿Qué pasaría si me dijera que está enamorado de otra persona, pero se casaría conmigo por deber, porque nuestras familias así lo quieren? Si fue capaz de ocultarme algo así antes…
-Jack, pero… si te ha dicho que te ama…
-¿Cómo puedo saber que es verdad? ¿Cómo puedo saber que lo dice porque realmente lo siente y no porque cree que es lo que quiero oír?
Tooth lo miraba con lástima. Jack odiaba la lástima. Pero odiaba más no poder hablar de lo que estaba sintiendo, así que lo dejó salir.
-¿Qué tal si nunca me llega a amar como yo lo amo a él?
-Jack… Aster es un Pooka. Creo que hoy lo viste más que nunca. Los Pookas no son capaces de algo así, si el Principe sigue luchando por esto, debe ser que te ama de verdad. Yo no lo dudaría.
Jack miró entonces a Toothiana, en sus ojos las lágrimas se habían acumulado una vez más.
-¡Pero tengo miedo!
-Tener miedo es normal-, replicó Tooth, un poco menos dulce, un poco más firme-, lo que no es normal es dejar que el miedo te detenga cuando quieres hacer tu vida, dejar que te detenga cuando quieres amar y dejar que alguien te ame. Jack…tú…
Jack desvió la mirada. Había atacado a Aster. Lo había herido y lo había lastimado en más de una forma. Pero ya no había opción de estar lejos de él, ya no había forma de escapar. Y le alegraba que fuera así, le alegraba que esto pudiera poner las cosas en perspectiva. Tendría un hijo y lo iba a amar, ya lo amaba, pero tenía que amar a Aster también y abrirle su corazón. Que viera que lo amaba, que lo necesitaba, y que no lo iba a dejar, ahora menos que nunca.
Pero primero, debía volver a su lado, debía asegurarse de que estuviera bien.
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Tooth lo revisó por última vez y le pidió que volviera en unos días para monitorear el avance de su estado. Jack le regaló una pequeña sonrisa. Amaba saber lo que pasaba en su interior y hacerse consciente de que sus deseos se habían hecho realidad.
Pero ahora, mientras caminaba por los pasillos del Palacio, el miedo lo consumía. Tenía que ver a Aster, tenía que arreglar todo lo que estaba mal. Tenía qué hacerlo ahora.
Sin embargo, cuando entró a la enfermería del Palacio, dos guardias cuidaban la entrada, y al Jack intentar pasar, lo detuvieron. Al principio, se sintió confundido. Luego se sintió enfurecido.
-¡Déjenme pasar!
-Temo que no será posible, Alteza-, replicó uno de los guardias, nervioso, pero firme-, el Príncipe Aster está recibiendo tratamiento.
-Lo sé. Lo sé, me quedaré hasta que pueda hablar con él.
-No podemos permitirlo, Alteza-, continuó el otro-, por órdenes de su Padre, nadie puede entrar en este lugar. N… ni siquiera usted.
Quién sabe qué expresión pondría Jack en ese instante, porque los guardias estuvieron a punto de retroceder.
-Aster es mi prometido. Tienen que dejarme verlo.
-No, alteza.
Jack pensó en atacar. Pensó en abrirse paso por sí mismo, pero decidió, en el último egundo, que no lo haría. Tenía miedo, miedo de perder el control otra vez, de que sucediera algo como lo ocurrido en su pelea contra Aster.
-Bien. Iré a hablar con mi padre entonces.
Se dio la vuelta y fue al Salón del Trono.
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Jack sintió que se quedaba congelado en su lugar cuando vio salir del Salón del Trono a la madre y los hermanos de Aster.
Al ver a Jack, sus expresiones serias no cambiaron. Se limitaron a saludarlo con reverencias discretas y salieron rumbo a sus habitaciones sin que Jack pudiera decir algo o si quiera responder al saludo.
Abrió las puertas del Salón y se encontró con que sus padres estaban sentados, hablando entre ellos en voz baja. Al verlo entrar, hicieron silencio.
-Papá, ¿por qué ordenaste que no me dejaran ver a Aster? ¡Tengo que hablar con él ahora mismo!
Los padres de Jack lo miraron, poco o nada impresionados por la furia que mostraba joven. Jack se sintió temblar, de molestia e impotencia. Ni siquiera sus padres le parecían un obstáculo tan grande como para no poderlo atravesar: si se querían poner entre él y Aster entonces Jack estaba dispuesto a lo que fuera. Lo que no esperaba era la respuesta que le dio su padre a continuación.
-Fue petición de la madre del Príncipe, Jack, que no fuera molestado por nadie, empezando por ti. Aster está mal herido y necesitará ser tratado toda la noche para asegurarse de que mañana no tenga un agujero en el hombro.
La madre de Jack posó una de sus delicadas manos en el antebrazo de su esposo.
-Dahlia estaba muy preocupada por él. Y ha venido a hablar con nosotros.
-¿s…sobre qué?
-Bien, parece que tus deseos serán cumplidos, hijo-, repuso entonces su padre, sin humor en la voz-, ella ha decidido retirar la petición de tu mano. En cuanto Aster se recupere se irán de aquí, y nos dejarán un gran tesoro como tributo y como disculpa por las molestias que nos han causado.
-¿…Molestias?
-Espero que estés contento, Jack-, la madre de Jack, en este momento, habló más severamente que su padre-, no solo lastimaste a alguien que genuinamente quería casarse contigo, también le has causado grandes dificultades a nuestro Reino. ¿Sabes cuáles serán las consecuencias de esto? Los reinos aliados de las Tribus Pooka no querrán tener nada que ver con nosotros. Conseguirte un matrimonio conveniente será imposible después de lo ocurrido, y nos hemos quedado sin aliados en todo el Oriente.
-¡Esa no era mi intención!
-¿Entonces cuál era, Jack?
Jack estuvo a punto de hablar. A punto de decirles toda la verdad, pero tuvo miedo, miedo por sí mismo, miedo por Aster, y sobre todo, miedo por su hijo. Era natural que después de todo la familia de Aster quisiera ponerle un alto a esto. No era algo tan difícil de entender si Jack veía la suma de las partes.
Lo había mandado a enfrentarse a un Dragon legendariamente invencible, a congelarse en un lago para obsequiarle una flor que a todas luces era imposible de conseguir, y le había clavado una hoja de hielo casi en el corazón.
Aster había corrido peligro en todas las ocasiones; había enfermado y ahora estaba herido. Jack casi no podía entender cómo la familia de Aster no había decidido intervenir antes.
-Quería estar seguro…de que él…
No pudo explicarlo. Tenía que proteger a Aster. Tenía que proteger a su hijo…
No podía decir la verdad. No podía arriesgarse, esto lo tenía que arreglar directamente con él.
-Necesito hablar con Aster-, pidió, ahora intentando parecer más firme, más seguro de lo que decía-, si me dan unos minutos con él arreglaré esto. Sé que me ama. No renunciará si lo acepto como mi prometido, pero tengo que hacerlo ahora mismo.
Los padres de Jack ni siquiera tuvieron que intercambiar una mirada para estar de acuerdo con la respuesta.
-Me apena ver que seas tan soberbio, hijo-, expresó el Rey, entonces-, retírate a tu habitación. Si me desobedeces ni siquiera dejaré que estés presente mañana en la ceremonia de despedida y tu vergüenza será aún mayor.
-Pero…
-Sal de nuestra vista, Jack.
Cuando Jack salió del Salón del Trono, no solo se sentía enfurecido e impotente. Se sentía humillado y vulnerable. Se sentía completamente solo.
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Jack no durmió esa noche. A decir verdad, ni siquiera lo intentó. Todo lo que podía pensar era cómo haría el día siguiente para mantener a Aster a su lado. Cómo iba a evitar que esto fuera una catástrofe, cómo iba a cuidar a su hijo y a su amor.
Pensando en esto, solo podía enrollarse sobre sí mismo, protegiendo su estómago, tratando de darle calor.
Calor, mucho calor, todo el que él carecía, y que estando solo, no se sentía capaz de darle.
Continuará…
Al fin alguien (La mamá de Bunny) tuvo algo de cordura en esta historia.
Tenía otra idea de cómo iba a salir este capítulo, pero decidí hacerlo así, porque de la otra forma hubiera sido más (más, mucho más) dramático y exagerado de lo que ya es. Digamos que esta es la versión sana de lo que originalmente tenía planeado XD
En fin.
¡Espero que les haya gustado!
Haré lo posible porque el último cap no me tome tanto tiempo, pero eso no está del todo en mis manos.
Deséenme suerte!
Besos y abrazos!
Aoshika
