Hey! Bueno bueno, después de semanas sin actualizar, aquí está el nuevo capítulo de este fic. Decidí no terminarlo tan pronto y darle el drama que me estaba quemando los dedos por escribir.

Este es un capítulo corto, pero me alegra haberlo podido desarrollar. Básicamente quería explorar, aunque no a demasiada profundidad, las consecuencias posibles del rompimiento de un compromiso político en este universo. Me gustó muchísimo imaginar las probabilidades.

Espero de todo corazón que les guste.

Los invito a leer.

Erase my scars

Capítulo 9: Las Cartas

Jack no tuvo oportunidad de hablar con Aster al día siguiente. La Familia Real Pooka se negó por completo a una despedida, tomaron sus cosas, dejaron en el Salón del Trono varios baúles cargados de un gran tesoro y simplemente desaparecieron del camino. Jack no los vio irse, no se dio cuenta de nada, al igual que sus padres. Aquella mañana, cuando al fin tuvo el valor de salir de su habitación, recibió la noticia de que Aster y su familia se habían ido. Aquella noticia se sintió como una puñalada en el estómago. Las náuseas lo asaltaron tan violentamente que si no fuera porque su instinto de protección hacia su hijo se había fortalecido. No podía hacer nada que fuera mínimamente sospechoso.

Y sabía bien que lo que estaba sintiendo no era consecuencia directa de su estado, no. Lo que estaba sintiendo era consecuencia únicamente de esta sensación horrible de dolor, angustia, desesperanza, la más terrible sensación de soledad que hubiera experimentado alguna vez.

Sus padres estaban molestos, no podían ni siquiera mirarlo. Y su hermana…bueno, Emily siempre había sido una buena hermana, pero en esta ocasión en particular ni siquiera ella parecía encontrar palabras para ofrecerle que le dieran algo de consuelo.

Nadie creía que estuviera genuinamente arrepentido o preocupado por lo ocurrido. Sus padres estaban seguros de que debía estar contento de haberse salido con la suya, pero Jack estaba furioso de ser subestimado de tal forma: él sabía perfectamente las implicaciones políticas que un escándalo así podrían significar. Sus caprichos quizás habrían resultado en algo menor si se hubieran quedado dentro de su Reino, pero el hecho era mucho más complicado que eso ahora. El rompimiento oficial de su compromiso se esparciría a otros reinos y las circunstancias, muy probablemente agraviadas con susurros maliciosos, harían quedar a su familia (y a su reino) como hostiles, no solo quizás hacia los Pookas sino hacia otras razas.

Una semana después, los padres de Jack seguían preocupados, pasando largas jornadas encerrados en una sala de juntas discutiendo con sus asesores políticos y militares. La angustia en Jack no hacía más que crecer. Ofrecer su mano en matrimonio de nuevo había quedado por completo como una opción descartada.

Solo entonces Jack se enteró de que Aster no siempre había sido su prometido. Hasta cinco días antes de que la Familia Real Pooka se presentara a pedir oficialmente su mano, Jack había estado comprometido con otro Príncipe. Jack sintió que el corazón le martilleaba en el pecho cuando hizo aquél descubrimiento: solo significaba que la noche que habían pasado juntos en el Bosque, Aster no tenía modo de saber que estaban comprometidos, simplemente por el hecho de que no lo estaban. La madre de Aster había estado apenas ese día en el Reino de la Montaña Nevada, negociando con los padres de Jack los términos de este nuevo compromiso, que ellos habían aceptado no solo por el ofrecimiento en cuanto al tesoro entregado sino también por la inevitable alianza política y el poderío militar que una tribu guerrera como la de los Pookas podía ofrecer.

La familia de aquél Príncipe que originalmente sería el prometido de Jack, luego de haberse corrido los rumores, rechazó por completo volver a interesarse en él.

En este punto, solamente Toothiana se había apiadado de él.

Le hizo una nueva revisión, y después de determinar que estaba bien, le preparó un té especial que le calmaría los nervios y no afectaría a su bebé.

También tenían que hacer planes.

-No puedes dar a luz a ese niño fuera del matrimonio, Jack-, Jack la observó mientras acomodaba las cosas de sus estantes compulsivamente, como hacía siempre que estaba nerviosa-, tenemos que pensar en alguna forma en que el Príncipe Aster regrese.

Jack dejó la taza en su regazo y suspiró, mirando al exterior.

-¿Por qué lo haría? No le di ningún motivo para quedarse, si quiera.

-Tienes que decirle que esperas un hijo suyo.

Las manos de Jack estaban tan temblorosas que la taza de té tintineaba contra el plato donde lo sostenía.

-Tengo que decírselo en persona, Tooth. Y no creo que él quiera verme si bajo al Bosque Sagrado.

Toothiana se sentó frente a él, le quitó el té de las manos y en cambio, las sujetó entre las suyas. Las manos de Toothiana siempre se sentían secas y calientes. A Jack le recordaban a las manos de Aster, no tanto por la forma sino por la sensación; firmes, fuertes, endurecidas por el trabajo duro. Las de él, en cambio, eran frías y húmedas, como si siempre estuvieran recubiertas de un hielo que se iba derritiendo y volviéndose a formar en ellas, y finas como si jamás en la vida hubiera tenido que esforzarse por nada. Odiaba pensar que genuinamente fuera así, y apenas ahora hacerse consciente de la clase de príncipe que había sido hasta ahora.

-Entonces, empieza por disculparte. Escríbele una carta.

-Una carta-, Jack dejó salir las palabras con una burla amarga, seguro de que no era tan fácil como la mujer quería creer.

-¡Sí! Una carta. Una disculpa pública que demuestre tu buena voluntad. Si Aster la lee… incluso si se llega a hacer público que la mandaste, por mera diplomacia estará obligado a responder y a acceder verte-, sonrió ella, de repente, invadida por el optimismo-, y ahí es cuando debes decírselo. Así al menos… al menos no te dejará pasar solo por todo esto.

Claro.

Alguien tan honorable como Aster jamás dejaría a otra persona en la situación de Jack.

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Esa noche, Jack se sentó en su escritorio, tomó una hoja, una pluma y tinta, y comenzó a escribir. O al menos, lo intentó. Las palabras no le salían. No tenía idea de cómo empezar.

Soltó la pluma y se recargó en su silla. Sabía que no podía escribirle a Aster abiertamente, ni podía dirigirse a él con cualquier intento de afecto, si quiera de familiaridad. Su correspondencia siempre podría pasar a manos equivocadas, en ocasiones era revisada por miembros de otras cortes, o de su misma corte, y una palabra equivocada podía ser una sentencia. Por otro lado, temía que si escribía la carta con fría diplomacia, Aster lo tomara como una nueva burla, y Jack perdiera cualquier oportunidad de reconciliarse con él.

Jack pensó entonces en el mensaje que quería darle a Aster. Tenía que ser breve y claro, pero también tenía que transmitirle su desesperación, tenía que mostrarle que estaba ansioso de estar a su lado de nuevo.

Finalmente, se decidió, y junto con él, su mano se decidió a cooperar, y comenzó a escribir.

Al Príncipe E. Aster Bunnymund de la Nación Pooka.

Quiero dirigirme a usted esperando que se encuentre mejor de salud, después de haber entendido que el trato que recibió de mi parte no fue el mejor.

Hablar de esto es extremadamente difícil, sabiendo que incluso mis padres han sufrido por mis decisiones y mi comportamiento.

Necesito hacer que las cosas mejoren de algún modo, no solo por el bien de mi Reino, sino porque sé que la forma en que me comporté con usted fue totalmente injusta.

Estar en la situación en que me encuentro ha sido ya un castigo bastante grande, pero aun así, estoy dispuesto a someterme al escarmiento que usted, si familia o la mía consideren pertinente.

Juntos, nuestros reinos pueden ser muy fuertes, no es mi intención rehacer nuestro compromiso si no es lo que usted desea, pero quisiera poder tener la oportunidad de reiterarle que mi intención nunca fue que las cosas llegaran tan lejos de tal forma que dañara la relación de nuestras naciones.

Por mi familia, y por la suya, ya que respeto a su madre y a sus hermanos, estoy dispuesto a dejar atrás el orgullo que tan torpemente nubló mi juicio y a aceptar las consecuencias de mis actos.

Favor de contestar esta carta, aunque fuese solo para derrumbar mis esperanzadas intenciones.

Suyo siempre.

Jackson Overland, Príncipe Heredero del Reino de la Montaña Nevada.

Jack armó él mismo el sobre, dobló la carta y la puso en el interior. La selló y le pidió a un mensajero que la hiciera llegar a la Nación Pooka, más específicamente al Príncipe Aster.

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Los padres de Jack lo llamaron antes de la cena. Jack creía saber por qué así que no se sintió sorprendido.

-Jack, tienes que explicarnos con claridad cuál es tu intención.

Sus padres lo miraban con escepticismo. Jack se dejó someter al escrutinio con toda la dignidad que le fue posible dadas las circunstancias.

-Mandar una carta de disculpas es una muestra de mi buena voluntad-, expresó, casi completamente sin expresión-, estoy consciente de que no he sido la persona más amable ni flexible, pero no quiero que las cosas se queden así y no poder hacer nada.

-Jack…

-Si tanto les preocupa, lean la carta-, resolvió con firmeza, y observó a su padre abrir el sobre y leerla, pasados unos pocos segundos de duda y de medir al joven Príncipe con la mirada. Luego de leerla, se la pasó a su esposa, y ella también leyó. Jack esperó mientras deliberaban en voz baja, nervioso, por qué no decirlo, de que notaran cualquier cosa que les llamara la atención, cualquier cosa que los hiciera cuestionarlo, impedirle finalmente mandar la carta. Después de todo, la estructura de esta sería, a los ojos de cualquiera, extraña por lo menos.

Finalmente, y para su sorpresa, sus padres terminaron por devolverle la carta y el sobre. Aún había inseguridad, incertidumbre en su rostro, pero después de un suspiro profundo, su madre habló.

-Envíala, Jack. Cualquier cosa es mejor a que ni siquiera lo intentes.

Jack apretó los labios ante la reprimenda disfrazada de permiso, se despidió con una reverencia y volvió a su habitación para hacer un nuevo sobre, idéntico al anterior, con el mismo mensaje de letras diminutas en su interior que gracias a los dioses sus padres omitieron por completo, al estar demasiado ocupados con la carta. Esperaba que, al llegar a sus manos, Aster tuviera el impulso de mirar en el interior y comprender el mensaje:

La primera palabra de cada oración.

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La carta fue enviada sin más retrasos y sin rumores de ningún tipo. Jack se desesperó cuando pasó un día y no hubo respuesta. Luego un día más, y finalmente, al tercer día, el mensajero regresó, y Jack tuvo que recordarse que no cualquiera podía bajar a toda velocidad por la montaña como él lo hacía.

El mensajero se presentó cuando Jack estudiaba en su habitación. Le permitió pasar, y el hombre, nervioso, le entregó de regreso la carta, intacta, sin que si quiera pareciera que alguien hubiese hecho el mínimo intento de abrirla.

La sorpresa hizo que Jack se pusiera en pie y un dolor agudo le cruzara de la columna hacia la piel de su vientre, pero trató de evitar que fuera notorio. El mensajero pareció asustarse ante su reacción repentina.

-Lo lamento, Alteza. La Princesa Camellia se negó rotundamente a permitir que la carta fuera entregada.

-¿Cómo es posible? ¡Ella no es quien pueda tomar esa decisión!

-Sí en la ausencia de su madre- repuso el mensajero, nervioso, intentando explicar-. La Reina Dahlia convocó a sus líderes a una junta de urgencia hace un par de días, se retiró y dejó a su hija como su representante. Como Princesa Heredera, ella tomó la decisión. Dijo que no permitiría que usted se acercara a su hermano una vez más.

Jack tomó la carta de manos del mensajero y le ordenó salir de ahí.

El mensajero, probablemente aliviado, se fue de la habitación a toda velocidad, y Jack estrujó el sobre entre sus manos, frustrado, y sintiendo el peso de la impotencia y de la incertidumbre todavía más firme y doloroso sobre sus hombros.

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-La situación es más crítica de lo que suponíamos-, Toothiana dejó caer frente a él un documento que sorprendió a Jack por su volumen y pesadez-, North envió a uno de sus sirvientes a investigar. La noticia del compromiso se extendió en todas partes, y su rompimiento también.

Eso Jack lo sabía, todos lo sabían perfectamente, pero eso no era a lo que quería llegar Tooth. En aquél fajo de papeles y pergaminos estaban todos los informes, cartas y diferentes versiones de la historia que se habían propagado en los países vecinos, incluyendo algunos del Reino Pooka.

-La reputación del Reino Pooka también está quedando en entredicho. La gente se pregunta qué pudo haber salido mal para que tú no hayas aceptado el compromiso, se habla de que los Pookas hicieron algo terriblemente deshonroso que fue lo que te guio a rechazarlos de tal forma. Se dice que incluso quizás el Príncipe tuvo un comportamiento inadecuado en otra ocasión, o que la Reina Dahlia fue deshonesta al acordar tu matrimonio con él. Eso explicaría por qué ha tenido que reunirse con sus líderes. Si su reputación está siendo afectada va a necesitar protegerse.

-Esos rumores no pueden haber llegado tan lejos-, interfirió él, quizás queriendo guardar una mínima esperanza de que aquello no era algo tan grave. Pero la expresión de Tooth no cambió.

-Yo también quería pensar eso Jack, pero lo hablé con North. Él conoce al Duque Sanderson y a Tsar Lunar, y a sus reinos también han llegado las noticias y los rumores. Los líderes de la tribu Pooka estaban completamente en contra de que uno de sus Príncipes se casara con un Príncipe elfo para empezar, pero como fue decisión de la Reina no tenían opción más que aceptar. Ahora que ha sucedido todo esto, lo han tomado como una gran ofensa.

-¡Pero si no fue nada tan grave! ¡Yo solo…!

-Las pruebas a las que lo sometiste parecían algo inofensivo, Jack-, continuó explicando Tooth, tratando de evitar que el joven tuviera un colapso en ese momento-, pero dudaste abiertamente del honor y de la valía de un Príncipe, insultaste a su pueblo. ¿Qué crees que hubieran sentido tus padres de haber estado ellos en el lugar de la Reina? Quizás esas ofensas pudieran haberse olvidado si el matrimonio hubiera seguido adelante, pero lo heriste casi de muerte en la última ocasión. Si aún se encontraba en tan mal estado cuando llegó a su Reino, no me sorprendería que su gente quiera tomar venganza.

Dioses. Por todos los malditos Dioses.

Jack tenía que hacer algo para resolver todo esto o las cosas solo iban a empeorar todavía más.

¿Cómo había permitido que esto llegara tan lejos?

Tiempo. Necesitaba tiempo, para empezar, pero primero, necesitaba saber con cuánto contaba. Cuánto tiempo tenía antes de que su estado pudiera notarse debajo de sus ropajes.

Tooth lo revisó, y como la vez anterior, le permitió sentir él mismo el calor de la vida de su bebé dentro de su cuerpo. Este testimonio de su amor por Aster era lo único bueno que tenía en este momento entre sus brazos, lo único a lo que podía aferrarse para tratar de pensar que las cosas saldrían bien, no solo por sí mismo sino también para su hijo.

Luego de tomar sus medidas y consultar varios registros y tablas de crecimiento, Tooth llegó a la conclusión de que quizás tenía meses antes de que fuera demasiado notorio para que se pudiera observar debajo de sus ropas. Un mes más quizás, si Jack conseguía que le confeccionaran ropas más holgadas o se acostumbraba a usar la capa encima de su cuerpo todo el tiempo.

Jack suspiró. Era tan poco, y tan demasiado tiempo.

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Cuando llegó al pie del Bosque, un golpe de nostalgia le inundó el cuerpo. No podía creer que estuviera de vuelta aquí, luego de dos meses, y que las cosas se sintieran tan diferentes a como las había sentido antes. Ahora, estar aquí le provocaba un sentimiento de profunda agonía, no de bienestar ni de alivio, como antes.

Ahora, el estar aquí lo hacía sentir como un traidor, como alguien que no merecía estar presente. Tenía miedo, incluso, de que si este bosque se encontraba tan en sintonía con Aster cono el clima de las Montañas Nevadas estaba en sincronía con Jack, lo rechazaría y lo lanzara lejos.

Para su dicha o su desgracia, eso no sucedió. El Bosque Sagrado le daba la bienvenida como a un viejo amigo, pero por más que Jack se sintiera amado y cobijado por este lugar, simplemente no podía quedarse. Porque había dañado a Aster. Aster bien podría ser el mismísimo corazón de este Bosque, y Jack lo había usado y estrujado como había querido. Estaba en un punto donde pedir disculpas sonaría a una maldita burla.

Jack se internó en el Bosque y apenas entonces se dio tiempo de reflexionar. Para empezar, si Aster seguía herido no había razón para que estuviera aquí. Muy probablemente estaba en casa siendo cuidado por sus sirvientes y su familia, esperando que pronto se pusiera mejor. De todas formas, Jack tenía un plan B: poner la carta en un lugar donde Aster pudiera encontrarla cuando viniera aquí.

Recorrió el Bosque, tratando de pensar una y otra vez en cuál sería el lugar más adecuado. Tendría que ser un lugar que el Príncipe frecuentara, un lugar donde pasara bastante tiempo y donde inevitablemente tuviera que detenerse y observar.

Entonces, Jack pensó en el lugar perfecto.

Había un pequeñísimo claro cerca del río, donde Aster solía detenerse a calentar su comida y descansar después del mediodía. Había dos enormes rocas planas, acomodadas a modo de asientos, y en medio un círculo delimitado con piedras donde siempre encendía una fogata. Jack se dirigió ahí, y decidió que era el lugar perfecto para dejar la carta, en medio de aquél círculo de piedras. Cuando Aster se acercara a encender su habitual fogata, tendría que ver la carta y al menos sentir curiosidad por su contenido. La carta llevaba su nombre en el exterior. Claro que tenía que verla.

Jack dejó la carta y, sintiéndose tranquilo como si todo en la vida de pronto fuese tomando un poco más de forma, tomó una respiración profunda y sonrió con un suspiro.

-¡INTRUSO!

Jack sintió que el suelo se deslizaba bajo sus pies.

-¡INTRUSO! ¡TRAS ÉL!

Al escuchar la estampida que venía hacia él, Jack corrió lo más rápido que pudo, evadiendo árboles, pasando por debajo de las ramas, enredándose sin querer en casi cada arbusto que pasaba. Las voces se repitieron una y otra vez, persiguiéndolo.

-¡ATRÁPNELO, QUE NO ESCAPE!

-¡¿Quién es?! ¡¿Quién se atreve invadir el Sagrado Bosque?!

Jack solo siguió corriendo.

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Al llegar al Palacio, Jack se derrumbó en su cama. No había parado por un solo segundo, aun cuando sabía que si quiera los más fuertes soldados de la tribu Pooka se atreverían a subir las faldas de la montaña solamente por atrapar a un "intruso".

Había tenido tanto miedo. Pero había salido intacto, y no podía estar suficientemente agradecido por ello.

Ahora que estaba relativamente a salvo, tuvo que preguntarse qué pasaría si alguno de sus perseguidores se hubiese percatado de la carta. ¿La tomarían? ¿La abrirían para leer su contenido? De ser así, ¿descubrirían el mensaje que había querido hacerle llegar a Aster? ¿O tendrían la decencia de hacer llegar la carta a su legítimo destinatario?

Jack tenía demasiadas preguntar y ni una sola respuesta. Al principio había creído que hacer esto aliviaría un poco sus miedos, su ansiedad por una respuesta. Pero lo sucedido solo había hecho más despiadada la agonía, más tortuosa la espera.

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Pasaron casi dos semanas en las que Jack apenas podía dormir. Casi a diario pedía a Tooth que le ayudara a ver el avance de su bebé, aun a sabiendas que solo vería cambios en el mediano plazo, pero al menos le daba una sensación de propósito saber de esta vida que crecía en él.

Días y noches pasaba pensando, sintiéndose terriblemente inútil, atado de manos, sobre todo porque la respuesta a su carta, al parecer, simplemente no iba a llegar.

Y sin embargo, finalmente, la esperada respuesta llegó. Aunque no de la manera en que Jack esperaba.

Esa mañana, el desayuno se vio interrumpido por un mensajero que llegó con un encargo urgente: una carta de parte de la Reina Dahlia, para los padres de Jack.

Inquietos por lo que esto pudiera significar, los Reyes terminaron su desayuno y se retiraron a leer la carta a solas. Emily y Jack se mantuvieron en silencio. Un silencio pesado y lleno de tensión, incluso estando en la presencia de una niña Jack podía percibirlo. Su hermana era una Princesa en todo el sentido de la palabra. Ella entendía perfectamente lo que podía significar. Pero ninguno de los dos se atrevió a decir palabra, en su momento.

Finalmente, un sirviente entró al Gran Comedor y le solicitó a Jack que se presentara ante sus padres.

Jack miró un momento a su hermana y se retiró.

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Sus padres estuvieron en silencio varios segundos antes de hablar, una vez que Jack estuvo en su presencia.

-Es difícil definir esta situación, Jack-, su padre se había cubierto los labios con una mano, como reflexionando profundamente antes de hablar-, en realidad, tu madre y yo no sabemos qué hacer de esta carta. Se nos ocurren muchas cosas en este momento, pero creemos justo que tú también participes activamente de las decisiones que tomaremos a continuación.

Dicho esto, le extendió la carta a Jack, con la intención de que el joven Príncipe conociera su contenido por sí mismo.

Richard y Rose-Marie Overland.

Soberanos del Reino de las Montañas Nevadas.

Estimados amigos míos:

Resulta una ocasión ciertamente extraña para mi tener que sentarme y escribir esta carta, siendo que hace apenas un par de meses creíamos que nuestras familias estarían unidas por el bien de nuestros Reinos. Más bien se siente como tener que dirigirme a completos extraños, y desearía que esta incomodidad pudiera desaparecer por arte de magia. Ciertamente, no es posible que sea así.

Les alegrará saber que mi hijo, el Príncipe Aster, se encuentra fuera de peligro y ha reanudado sus actividades habituales sin mayor problema que una molestia en su hombro, sin embargo, nuestros médicos aseguran que mejorará con el paso del tiempo y poniendo de nuevo sus músculos y huesos en movimiento. Él es un hombre tenaz y valiente, y aunque nunca antes había sido herido de tal modo, vemos con alegría que cada vez está más fuerte, y su estado de ánimo más tranquilo y optimista.

No me avergüenza compartirles que el rompimiento formal de su compromiso con el Príncipe Jack lo afligió más que la herida misma. Pero fue su decisión tanto como mía, y lo apoyaré incondicionalmente. Esto no significa que hayamos dejado de apreciar al Príncipe Jack. Creemos que tuvo sus razones para comportarse del modo en que lo hizo, y esperamos que en el futuro sea posible encontrarlo en mejores circunstancias.

También me complace comunicarles que las tensiones dentro de nuestras tribus han sido controladas satisfactoriamente. Había rumores de que nuestros líderes tomarían represalias contra el Reino de las Montañas Nevadas. Pueden descansar tranquilos, pues esto no ocurrirá. Mis hijos y yo hemos logrado llegar a distintos acuerdos con nuestra gente. Por otro lado, me duele informarles que parte de estos acuerdos incluyen negar el acceso al Bosque Sagrado a cualquiera de las personas de su Reino que se acerque sin un permiso. No debe preocuparles que el Hechizo del Aire sea suspendido. Sabemos que si ustedes dejaran de lado el Hechizo de Contención nuestro Reino no tendría oportunidad.

Espero que comprendan que no es nuestra intención ser hostiles. Pero por el bien de nuestra paz interna, les pido esta concesión, al menos por unos meses, en los que se calman un poco los ánimos. Mi hijo Aster estará más que complacido de continuar con sus deberes para con su Reino. Siempre ha sido un placer para él, y considera que, en cambio, el Príncipe Jack siempre ha hecho un buen trabajo en hacer su parte.

Agradecemos por esto la carta que envió el Príncipe Jack. Sin embargo, comprenderán que el modo en que fue entregada fue tomado como una nueva ofensa por parte de nuestra gente, sobre todo en un momento en que el Bosque Sagrado no estaba siendo protegido por el Príncipe Aster, que en ese momento seguía en su obligado reposo. Ya que nuestras múltiples complacencias hacia su familia fueron mal vistas por nuestros líderes, decidimos dar una muestra de la lealtad que tenemos a nuestro Reino.

Aprovecho por ello esta carta para invitar a Su Real Familia al matrimonio del Príncipe Aster con la hija de uno de nuestros líderes más importantes. Su nombre es Margeritte y es una joven criada en el campo, de gustos sencillos, muy trabajadora e inteligente y con suficiente formación militar para apoyar a mi hijo cuando lo necesite. Aún no tenemos una fecha oficial para esta unión, pero esperamos que sea en Primavera, pues son las fechas más auspiciosas para nuestro Reino, como para el de ustedes es el Invierno.

Espero contar con su presencia.

A su servicio siempre.

E. Dahlia Bunnymund

Reina de la Nación Pooka.

P.d. Les hago llegar también una carta de mi hijo, el Príncipe Aster, para el Príncipe Jack. Espero que se la entreguen sin abrirla, pues fue la petición expresa de mi hijo y es mi intención que se respete. Ni siquiera yo conozco su contenido.

Efectivamente, junto con la carta de la Reina venía un sobre, más pequeño, informal. Para este punto, las manos de Jack ya temblaban.

De dolor, de impotencia. Del abandono y la soledad más total.

-¿Y bien? ¿Leerás la carta?

Jack levantó la vista hacia sus padres, esperando que las lágrimas no lo traicionaran al hablar.

-La leeré en privado. Si es algo realmente importante se los comunicaré.

-Tiene que ser algo importante Jack. No sabemos cómo la decisión del Príncipe Aster de casarse tan pronto luego de romperse el compromiso afectará la imagen de nuestro Reino.

Jack se quedó en silencio un momento. Luego volteó a ver a sus padres con una decisión inamovible en su rostro.

-Aster no se casará con nadie que no sea yo.

-Jack…

-Es mi última palabra.

Con esto, Jack se retiró del Salón del Trono, y corrió a su habitación tanto como sus rodillas temblorosas se lo permitieron.

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Una vez en su habitación, Jack se preparó mentalmente. Estaba aterrorizado, pero se dio suficiente valor a sí mismo, tomó asiento y abrió la carta.

Jack:

Lo siento mucho si algo de lo que hice te lastimó. Jamás terminaré de pedirte perdón.

Ya que deseas verme, lo acepto. Cuando recibas esta carta, seguramente estaré ya de regreso en el Bosque. Baja cuando tengas oportunidad. Estaré esperándote, como siempre, pero no estaré solo, así que solo podrá ser una visita formal. Cuentas con mi permiso para entrar en el Bosque, lo escribí y firmé en una hoja que encontrarás en este mismo sobre.

Nuestra entrevista servirá, al menos, para intentar restaurar un poco de la diplomacia entre nuestros Reinos.

Espero que podamos seguir siendo amigos en algún momento de nuestras vidas. Pero debes saber que después de mi matrimonio mis deberes cambiarán por completo. Las cosas ya nunca serán como antes.

A veces pienso que quizás, si me hubiera quedado a hacer tu cuarta prueba y te hubiera mostrado de alguna forma mi devoción hacia ti, las cosas hubieran terminado bien. Pero entonces recuerdo cómo no dudaste en herirme cuando tuviste tu oportunidad.

Estoy consciente de que me equivoqué. Pero no tengo deseo alguno de ceder ante ti otra vez.

Quería admitir mis sentimientos por ti una vez más mientras aún tengo oportunidad. Pero ya no lo haré, porque sé bien que no serán correspondidos.

Igualmente, te envío mi cariño y mi profundo pesar.

Aster

Jack dobló la carta y buscó en el sobre el permiso firmado por el Príncipe para entrar en el Bosque Sagrado. A diferencia de lo que esperaba, el contenido de la carta no lo hizo llorar.

-Aún me pertenece. Es mío, no se casará con nadie más-, se dijo, quizás insensatamente, pero convencido hasta lo más profundo de su corazón de que era cierto. Aunque, más bien, quizás era eso lo que él quería creer, lo que deseaba que fuera verdad, porque de esa forma, el dolor que sentía no llegaría tan profundamente hacia él ni se anidaría en su cuerpo.

Un ligero dolor en su vientre lo puso alerta, y lo llevó a temer que lo que ocurría con sus sentimientos estuviera dañando a su bebé. No podría soportarlo, no podría con la culpa de que todo lo que había hecho mal, todo lo que había hecho que había terminado lastimando a las personas a su alrededor, terminara por lastimar también al hijo que esperaba con tanto amor y ansias.

Tocó con cuidado el punto cálido en la parte baja de su estómago y acarició su piel como si con esto pudiera reconfortarlo un poco. Deseó que fuera Aster quien estuviera ahí a su lado, acariciándolo para hacerlo sentir mejor después de haber pasado cualquier trago amargo. A él y al hijo que habían, de alguna forma, traído juntos al mundo.

Pronto. Pronto encontraría la forma de acercarse a él, decirle la verdad, y pedir perdón, esta vez de todo corazón. Aún quería explicaciones. Aún quería saber por qué Aster había traicionado su confianza y se había negado a decirle quién era en realidad.

La diferencia era que en esta ocasión estaba dispuesto a escuchar, y también, por su parte, daría las explicaciones que debía. Estaba dispuesto a hacer todo bien esta vez.

Lo único que no estaba en sus manos era lo que Aster quisiera hacer. Pero estaba seguro (quería convencerse de que así sería, pues era lo único que tenía a su favor) de que Aster le daría una oportunidad más, aunque fuera la última.

No podría ser de otra manera.

Continuará…

¡Espero que les haya gustado! En realidad, me costó bastante trabajo decidir por qué rumbo seguiría la historia, pero una vez que decidí por donde irme, lo demás fue fácil.

En fin, espero que me digan qué les ha parecido hasta ahora. Sugerencias, comentarios, etc, son más que bienvenidos.

¡Besos y abrazos!

Aoshika