Quirrel caminaba alegremente por los tortuosos caminos de Nido Profundo mientras se dirigía a Poblado distante. Había salido a dar un paseo por el lugar, ahora que poseía un aguijón propio podía darse el lujo de hacer eso, tampoco es que esto fuera el mejor panorama, pero era mejor que quedarse solo en el deprimente pueblo abandonado mientras Hollow y Hornet salían a cazar o a hacer cualquier cosa.
Pronto llegó a la laguna que había a los pies de aquel pueblo colgante. Al inicio cuando recién llegó a vivir al lugar, llegar hasta las casas que se encontraban en las alturas era toda una odisea, pero recientemente Hornet había construido una escalera de cuerda que siempre dejaba colgando para que él pudiera subir.
La actitud de la muchacha había mejorado mucho con el pasar de los días, al punto que había llegado a tener algunos gestos considerados con él y sus diálogos ya no parecían discusiones escondidas.
Subió por la escalera hasta las alturas donde estaban las siniestras casas en las que las antiguas arañas de Hallownest solían vivir. La subida era bastante agotadora, por lo que cuando llegó a su destino, tuvo que quedarse un rato reposando para recuperar el aliento. Quizás la edad le estaba pasando la cuenta, era difícil saberlo, ni siquiera sabía cuándo había nacido.
De pronto un grito que venía desde una casa que se encontraba más arriba lo sacó de sus pensamientos.
—¡No Hollow! ¡Te dije que por la izquierda! ¡No! ¡Aagggh! ¡Ahora está más enredado!
Preguntándose en qué lío se habrían metido ahora los hermanos, la cochinilla se apresuró a subir hasta la casa, el espectáculo que encontró al entrar era soberbio. Hornet y Hollow estaban en el piso enredados en una especie de tejido mal hecho lleno de nudos y puntos sueltos. La maraña de hilo era un desastre tan grande que los jóvenes eran incapaces de moverse.
—Eh... ¿A qué se supone que están jugando?
—¡Quirrel ayúdanos! ¡Estamos atrapados en la maraña de hilo y ya casi es hora de cenar! ¡Si no escapamos de aquí pronto moriremos de hambre!
Semejante declaración hizo reír al guerrero, había que admitirlo, la situación era graciosa, además tampoco era como que Hornet llevará tanto tiempo sin comer, pero ahora que la conocía mejor sabía que ella no toleraba bien el hambre.
Finalmente se dispuso a ayudarlos y con algo de paciencia y mucho cuidado logró desenredar todos los nudos y liberar a los chicos. La realidad era que la maraña de hilo no estaba tan enredada, pero la poca paciencia y observación de los cautivos hacia imposible que lograrán deshacerlo.
Una vez que estuvieron libres de dispusieron a preparar algo rápido de comer, antes de que Hornet desfalleciera.
—Veo que tus intentos por tejer algo decente no han ido muy bien —dijo Quirrel mientras sacaba algo de estofado de la olla y se lo daba a Hornet.
—Aggff, cállate, no es fácil, sobre todo si no recuerdas bien cómo se hacía, ya quisiera verte a ti tejiendo.
—...—Hollow le palmeó la espalda a su hermana animandola.
—Agradezco el apoyo, pero preferiría que evitarás ayudarme en el futuro, creo que las cosas hoy fueron peor que de costumbre gracias a ti.
—...—El pequeño bajó la mirada dando una impresión de abatimiento.
—¡Hey! No te desanimes por eso, no es tan grave, no todo el mundo puede tejer.
—Creo que ese consejo también se aplica a ti Hornet —dijo la cochinilla con ganas de molestar a la chica.
—¡Tú no te metas! ¡Es una conversación de hermanos! De todos modos cambiemos de tema. Este estofado está estupendo ¿Le pusiste algo en especial?
—Veneno.
—pfffffhhh —Hornet escupió lo que tenía en la boca, aunque también era el último bocado.
—Era broma —como respuesta el insecto recibió el impacto del plato vacío de Hornet en la cabeza.
—¡Pero qué clase de broma es esa! —Gritó la chica indignada.
—Lo siento, no pude evitarlo, quería saber si los insectos de tu especie son inmunes a los venenos, por tu reacción creo que no.
—No te metas con mi comida, —dijo Hornet con los ojos llorosos.
Ver a su hermana tan afectada enojó a Hollow, quien le dirigió una mirada acusadora a Quirrel. Este viendo que había metido la pata se apresuró a disculparse.
—Esta bien, lo siento, no volveré a hacer algo así, sécate esas lágrimas, lo que en realidad le puse a la comida son especias.
—¿Especias?
—Sí, mientras estaba de paseo me encontré con un viajero perdido y lo ayudé, este en agradecimiento me regaló algunas especias que usé en la comida de hoy.
—Ya veo... Lo que usualmente como es mucho más... Simple ¿Crees que podríamos obtener especias de alguna forma en el futuro?
—En el mercadillo de la ciudad de las lágrimas venden de esas cosas, si quieres mañana podemos ir a comprar.
Hornet puso un rostro de desagrado ante la idea de ir a ese lugar, tenía sus razones para evitarlo pero no quería hablar de ellas con Quirrel.
—Oh bueno, no es algo tan importante tampoco —dijo la guerrera resignada.
—¿Segura? Sin las especias la comida volverá a tener el mismo sabor aburrido y es poco probable que me encuentre otro viajero pronto. Nunca más comerás otro sabroso estofado como este, sería una lástima perderse algo como esto...
—Aaagg, está bien, mañana iremos a comprar especias.
Quirrel sonrió disimuladamente ante la declaración de la chica, se había tomado muy en serio la misión de hacer que Hornet socializada más, llevarla al mercadillo parecía una buena idea para lograr esto, que bueno que su amor por la comida era más grande que su desagrado por la gente.
Al día siguiente tomaron un ciervo camino hasta la estación en ciudad de las lágrimas. En cuanto el viejo insecto se detuvo Quirrel y Hornet saltaron de él, pero por alguna razón Hollow optó por quedarse arriba.
—¿Qué pasa Hollow? ¿Por qué no bajas? —Preguntó la muchacha extrañada.
—...
—¿Vas a ir a visitar a nuestros hermanos? Está bien, trata de no regresar a casa demasiado tarde ¿De acuerdo?
El pequeño asintió como respuesta y el viejo insecto corredor nuevamente emprendió la marcha. Los dos mayores lo observaron alejarse en silencio, hasta que Quirrel lo interrumpió con una pregunta.
—¿Tienen más hermanos?
—Sí, 10.527 hermanos para ser exactos.
— ¿Tantos? ¿Qué acaso es una colonia de hormigas?
—No, no tenemos nada que ver con las hormigas.
—Sus padres debieron quererse mucho para dejar tal cantidad de retoños.
—No se cómo sería la relación entre los... "Padres" de Hollow, pero al menos mi madre detestaba a su padre.
—¿Son hermanos solo por parte de padre? ¿Y sus otros hermanos también lo son? ¿Son como Hollow y no hablan?
—Pues resulta que... ¿Por qué tengo que darte tantas explicaciones?
Sin decir nada más, Hornet se alejó de su compañero adentrándose en la siempre húmeda ciudad de las lágrimas. A la cochinilla no le quedó más que seguirla.
Ya había pasado un tiempo desde la infección y varios habían sido los cambios en la ciudad. Para empezar se habían restaurado muchas estructuras deterioradas, además se habían instalado todo tipo de negocios en las galerías de los edificios más grandes, pero sin duda el mayor cambio de todos era la enorme cantidad de insectos que deambulaban por el lugar.
Ya no habían zombies errantes que atacaban a cualquier individuo sano que se acercara, ahora eran insectos pacíficos y amistosos que recorrían el lugar realizando sus asuntos, ya fueran limpieza, negocios o simplemente paseando. Hay que decir que el lugar ahora contaba con una buena cantidad de turistas y no era para menos, una ciudad donde siempre llueve no es algo común.
Quirrel había estado recientemente en la ciudad, por lo que tenía más o menos clara la idea de a donde debían ir, por eso condujo a Hornet a un edificio no muy alto donde se concentraban negocios que vendían comida. Allí tras dar un vistazo ubicó un puesto que estaba cerca de la entrada y que era atendido por una mariquita de aspecto afable.
—Aquí es Hornet, mira esto. Esta hierba de aquí es como la que usé en el estofado de ayer y le da un sabor picante a la comida. Esta otra raíz de aquí también es muy buena si te gusta lo dulce.
Hornet miraba emocionada los ingredientes preguntándose como quedarían las comidas con ellos, ansiosa por probarlo todo tenía la tentación de comprar un poco de cada cosa, pero no había traído tanto geo consigo, así que debía elegir con cuidado las especias.
—Eso de ahí ¿Qué es? —pregunto señalando una especie de roca verde que colgaba en el puesto.
—Esa es una especia muy picante querida —dijo la dependienta—, te recomendaría solo dársela a alguien que quieras asesinar.
Hornet observó la roca verde y luego miró de reojo a Quirrel.
—Creo que debería llevar una de esas.
—¡Oye! —dijo Quirrel adivinando las intenciones de Hornet.
—Era broma, no pensaba hacerlo.
—La próxima vez envenenare tu comida de verdad.
—Jajaja,ustedes son muy divertidos. —Dijo la mariquita observando a sus clientes con diversión.
Hornet era bastante vergonzosa y ante el comentario de la vendedora se puso colorada. Se apresuró a elegir algunos productos al azar para irse rápido, aunque por alguna razón le cayó en gracia a la mariquita y esta le regaló un par de cositas en las que parecía interesada pero para las que no le alcanzó el dinero.
Cuando ya estaban saliendo del edificio, un estruendo los sorprendió y los hizo ponerse en alerta, curiosos y quizás algo asustados, se apresuraron a dirigirse a la plaza de la ciudad que era de donde venía el sonido. Una vez allí se encontraron con un gran número de insectos reunidos alrededor de dos individuos de enormes proporciones que estaban junto a otros dos de tamaño más pequeño.
—¿Qué pasa aquí? —Preguntó Quirrel a un grillo que como los demás observaba el lugar.
—Ah, nada importante, solo lo habitual, luchas de poder.
—¿Luchas de poder? —Hornet parecía algo extrañada.
—Sí, ya sabes, algunos insectos quieren reclamar el dominio de este lugar y coronarse reyes. Todavía quedan algunos insectos rezagados de la antigua nobleza de este lugar, pero ya nadie les hace caso, sus viejos títulos obsoletos no tienen ningún valor para nosotros, sobre todo si consideramos que la mayor parte de la población es extranjera. Además de que ellos tampoco tienen mucho aspecto de reyes si me lo preguntas, tampoco les vamos a obedecer y ser sus siervos fieles porque ellos lo digan.
—Tiene sentido. —dijo Quirrel observando a los insectos pequeños vestidos con ropas finas que seguramente eran los nobles a los que se refería el grillo.
La cochinilla estaba de acuerdo en que los tipos que buscaban el poder no eran personas a las que estaría gustoso de servir. Se trataban de un pequeño escarabajo redondo sin cuernos y una chinche. Ambos tenían miradas de desprecio por el otro y una actitud arrogante. Parecían perezosos y ambiciosos, jamás un buen rey saldría de ninguno de esos individuos. Pero algo que estos insectos parecían tener era dinero, pues dudaba que hubiera otra razón por la que alguien los obedecería y cada uno de ellos tenía una especie de guardaespaldas consigo.
El escarabajo tenía junto a él a una enorme langosta de aspecto fiero que portaba un agudo aguijón consigo. Mientras que por su lado, la chinche tenía de compañera a una horrenda tarántula con unos enormes colmillos que le dirigía una mirada voraz a su oponente, esa cosa en verdad se veía aterradora, parecía un milagro que no se comiera a su amo.
—Ríndete ante mí —dijo la chinche desplegando seguridad—. Yo seré el nuevo gobernante de Hallownest y todos los insectos se inclinaran ante mí. Si te rindes ahora quizás tenga consideración contigo y te de algún puesto por ahí.
—¡Ja! ¿Crees que te voy a aceptar como mi rey? Por favor, me das risa, lo mejor será que tú seas el que se rinda y acepte mis condiciones.
—No cuentes con ello, yo seré el rey y acabaré con todos los que se me opongan, por algo cuento con mi querida Tetra —dijo señalando a la tarántula que sonrió de forma siniestra—. Si pretendes gobernar tendrás que derrotarla.
—¡JA! ¿Y crees que me asustas con esa arañita? Atrás mío tengo a Sting, el mejor guerrero langosta que puedas encontrar, tu tarántula será aplastada por el.
Como dando énfasis a las palabras de su empleador, Sting desenvainó su aguijón y lanzó una mirada asesina contra Tetra, parecía ansioso por demostrar su poder contra semejante oponente.
Tanto la chinche como el escarabajo se mantuvieron lanzándose amenazas durante algunos minutos más, hasta que finalmente perdieron la paciencia y mandaron a sus guardaespaldas a atacar.
Sin embargo, nadie se dio cuenta de que en medio del campo de batalla, una pequeña mariquita estaba jugando, ajena a las disputas de los aburridos adultos. Ella simplemente jugueteaba haciendo rebotar su pelota favorita, la cual se escapó hasta quedar exactamente entremedio de los dos guerreros quienes estaban a punto de lanzar sus ataques.
La niña pensando en que solo quería recuperar su juguete, se acercó peligrosamente al centro de la plaza y recogió la pelota, fue recién entonces que miró alrededor y se dio cuenta de la presencia de la tarántula y la langosta, quienes la miraron de forma burlesca, a ellos no les importaba si la mariquita salía lastimada del encuentro, hasta les daba lo mismo si se moría, era su culpa por meterse donde no la llamaba.
—¡Detengan la pelea! ¡Hay una niña en medio! —Gritaron los espectadores, pero tanto los guerreros como los nobles caídos los ignoraron.
De pronto alguien comenzó a meterse entre la multitud empujando a todos sin ninguna cortesía ,tratando de llegar al frente y ver que pasaba. Cuando finalmente llegó y vio la escena gritó de horror.
—¡Iris! ¡Sal de ahí! ¡Ven aquí!
Quien llamaba a la niña era nada menos que la dependienta de la tienda donde Hornet había comprado sus especias, tal parece que la pequeña mariquita era su hija.
—Hornet debemos hacer algo —dijo Quirrel dirigiéndose hacia su compañera, pero pronto se dio cuenta de que ella ya no estaba ahí.
La langosta abrió sus alas y se arrojó contra la tarántula, mientras está extendía sus patas y corría hacia su oponente. Iris muerta de miedo se encogió en su lugar sin saber que hacer, el público gritó de horror y la madre se cubrió los ojos no queriendo ver nada mas. Esperó temblando en su lugar a que todo terminará, suponía que en cualquier momento escucharía un grito agónico de su hija, pero este nunca llegó, en su lugar solo hubieron exclamaciones de sorpresa.
La dama abrió los ojos y se encontró una escena extraordinaria, tanto la langosta como la tarántula estaban atrapados en una red de hilo que les impedía mover siquiera una pata, en medio de ellos dos estaba la chica vergonzosa que había atendido un rato antes y tenía entre sus brazos a su hija, quien se veía sana y salva, solo un poco asustada.
Todos miraban incrédulos la situación, esa pequeña muchacha tenía inmovilizados a dos insectos enormes y letales y no parecía esforzarse demasiado en ello.
Hornet colocó a la pequeña mariquita en el piso y se dirigió hacia los guerreros.
—¿¡Pero que rayos pasa con ustedes!? ¿No vieron que la niña estaba jugando? ¡Podrían haberla lastimado! —tanto la Tetra cómo Sting le lanzaron una mirada de profundo odio— No me miren así que no sacan nada con eso. Ah, pero esto no es culpa solo de estos estúpidos ¡Hey ustedes los estúpidos de allá!
Esta vez Hornet de dirigía a los dos supuestos nobles quienes muertos de miedo se abrazaban entre ellos mientras temblaban.
—¡Dejen de armar sus peleas tontas y sin sentido en medio de la ciudad! ¡A nadie le interesa que alguno de ustedes sea rey! ¡Si quieren pelear háganlo fuera de la ciudad donde no molesten a nadie! ¡Si me llegó a enterar que han estado causando alborotos por aquí otra vez, les llenaré el cerebro de agujeros con esta aguja que tengo aquí!
El escarabajo y la chinche aterrados como estaban, ante la amenaza de Hornet salieron corriendo dejando a sus guardaespaldas a merced de la guerrera.
—Sí, debí suponer que harían algo así, en fin. En cuanto a ti mocosa —esta vez se dirigió a la niña que la miró temblando de miedo— ¡Como se te ocurre meterte en medio de una pelea! Está bien que quisieras recuperar tu pelota, pero tu vida vale más que este juguete ¡No vuelvas a hacer algo así! ¡Y no te alejes de tu madre hasta que crezcas un poco! ¡Ahora vete!
La mariquita aguantándose las lágrimas salió corriendo hasta donde estaba su madre entre la multitud. Una vez que Hornet vio que la niña estaba a salvo con su madre, aflojó el agarre de su hilo y liberó a sus cautivos.
En cuanto Tetra y Sting se vieron libres, ambos atacaron a Hornet, pero está los esquivó fácilmente de un salto y usando su aguja tomo una distancia prudente.
—¡Acércate basura! —Le gritó la tarántula—. Ven aquí y demuestra tu fuerza.
—No tengo ganas, gracias, yo solo quiero irme a mi casa.
—Una lástima, porque la afrenta que nos has hecho no puede quedar impune —dijo Sting agitando su aguijón—. Obedecíamos a esos debiluchos insectos por el dinero que nos pagaban y por la promesa de una buena pelea, pero has acabado con ambas cosas, ahora te harás responsable.
—Mira, en realidad ustedes no quieren pelear conmigo, lo digo en serio —contestó a su vez Hornet.
—Mira niña, si no peleas con nosotros, arremeteremos contra todos los insectos que están aquí de mirones y destruirnos las tiendas del lugar.
Ante las palabras de la langosta muchos de los ciudadanos retrocedieron asustados, otros incluso corrieron a esconderse por ahí, pero unos cuantos se mantuvieron en su lugar y miraron a Hornet de forma suplicante, cómo viendo en ella a la heroína que los salvaría.
—¿Qué pasa? ¿Acaso no sabes pelear? ¿Lo único que sabes hacer es atar a las personas con hilos como si fueras una patética araña? —Se burló la tarántula indignando a Hornet.
—Las arañas no son patéticas —gritó tratando de contener su rabia.
—Vaya, una admiradora de esa tonta tribu, si fueron tan patéticos que hasta se extinguieron. Las tarántulas somos mejores, más grandes, más fuertes, más letales y no dependemos de esos tontos trucos de tejer redes.
—Lamentaras lo que dijiste —siseó Hornet ardiendo en rabia y tomando posición de pelea.
La batalla que siguió fue... Una masacre, o así la describieron algunos espectadores, aunque quizás exagerando un poco. Tanto Tetra cómo Sting no eran guerreros tan grandiosos y se apoyaban mucho en su tamaño y poder, sumándole a eso el hecho de que Hornet estaba furiosa por el insulto contra su tribu, la batalla fue bastante desigual. Finalmente concluyó con los dos grandulones tendidos en el piso rogando piedad.
La verdad Hornet podría haberlos matado, pero no quería dar un espectáculo tan sangriento, habían niños presentes, por otro lado aunque la habían ofendido mucho, no consideraba que fuera algo digno de un castigo tan grande, por ello decidió perdonarlos.
Ambos insectos se levantaron dificultosamente, y arrastrando las patas, sin decir nada más se retiraron del lugar.
En cuanto Tetra y Sting se fueron, el pueblo estalló en vítores, todos comenzaron a gritar jubilosos y a agradecer a Hornet por su heroica labor. La muchacha por su parte simplemente se sonrojó no acostumbrada a recibir tanta atención, en realidad en ese momento solo quería que se la tragara la tierra.
Algunos insectos se acercaron a agradecerle por lo que hizo y no faltó quien le preguntó su nombre... Y ahí empezaron los problemas. Hornet nerviosa como estaba bajó la guardia y terminó revelando su identidad sin mayores precauciones, en ese momento no se acordó de la mala fama que tenía en la ciudad y de la razón principal por la que no quería ir allá en primer lugar.
—Tu-tu-tu nombre e-es ¿Hornet? —cuestionó una tijereta.
—Sí ¿Qué pasa con eso? —Preguntó a su vez la muchacha nerviosa.
—¡Es Hornet! ¡La bestia! —Gritó una pulga aterrorizada.
—¡El monstruo implacable devorador de almas! —Gritó por su lado un grillo.
—¡Corran por sus vidas! —Exclamó finalmente un pequeño escarabajo.
Todos los insectos huyeron del lugar con tal pavor y tal velocidad pronto todo quedó vacío, salvo por la presencia de la guerrera y de su compañero. Ambos se miraron en silencio por unos momentos, ella con pena y fastidio, él con confusión y preocupación. Finalmente fue la cochinilla la que habló primero.
—Vaya cosas ¿No te parece? —Hornet no pareció reaccionar ante estas palabras— Esto... Tu batalla estuvo genial, lo hiciste muy bien, casi parecías...
—Una bestia... —Susurró de pronto Hornet.
—¿Eh?
—Mi madre era apodada la bestia, pero ese nombre se lo había dado su pueblo como un título honorífico, ahora a mí me llaman igual, pero ese nombre suena más como una burla y un motivo de vergüenza.
—¿Por qué dices eso? ¿Por qué te pusieron ese nombre?
—Por una situación bastante similar a esta. Ayudé a un pequeño insecto que estaba siendo maltratado por otro más fuerte e importante —En ese momento soltó una risa amarga—. Al final en lugar de agradecimiento, en los ojos del pequeño insecto solo había miedo. El abusón comenzó el rumor de que yo era una bestia letal que robaba el alma a los incautos, jajaja, vaya estupidez... Y el enano al que salvé tampoco hizo nada por aclarar el malentendido.
—Bueno, insectos ingratos hay en todos lados...
—No fue ingratitud Quirrel, fue miedo, la fuerza más poderosa del mundo. El miedo te puede llevar a hacer cosas que jamás creerías ser capaz de hacer... No es de extrañar que los debiluchos insectos del pasado entregaran sus mentes tan fácilmente a cambio de poder...
—Eh... Disculpen...
Una vocecilla infantil interrumpió la gravedad de la conversación que llevaban a cabo los guerreros, estos se dieron vuelta para encontrarse con la pequeña mariquita que Hornet había salvado un rato atrás.
—Eh... ¿Qué haces aquí niña? ¿No te dije que no te separatas de tu madre?
—Ella está por ahí —dijo señalando a la insecto que estaba algunos pasos más allá y los saludó amistosamente—. Bueno yo... Quería darle las gracias por salvarme y por darle su merecido a esos estúpidos nobles, son lo peor, siempre están molestando. Pero usted los asustó con unas palabras y luego les dio una paliza a los otros y pum pum y...
—Eh... Gracias —contestó Hornet algo apenada— Pero tú ¿No me tienes miedo?
—¿Yo? Claro que no, usted es una buena persona, no tengo porqué tenerle miedo. Además, si quiero se una exploradora cuando mayor, no debo asustarme por cosas pequeñas ¿Verdad?
—Claro, y seguro serás una gran exploradora, solo ten cuidado y no seas imprudente, que una cosa es ser valiente y otra muy distinta es ser estúpida.
—De acuerdo, lo tendré en cuenta, cuando escriba mi biografía usted estará en los agradecimientos como fuente de inspiración. Quiero aprender a usar una aguja como usted.
—Para eso todavía falta pequeña.
—Ah... No importa, practicaré con un palito mientras tanto.
—¡Iris, hay que irnos! —gritó de pronto la mariquita mayor.
—Ya voy mamá. Bueno, fue un gusto hablar con usted, vuelva a visitarnos pronto. Adiós.
Hornet vio a la niña alejarse entre la eterna lluvia hasta reunirse con su madre para luego perderse entre los edificios de la ciudad. Quirrel se acercó lentamente a ella y comentó:
—Esa niña tiene grandes sueños, aunque el arte de blandir un aguijón dicen que no es muy fácil para las mariquitas.
—Ja, lo mismo dicen de las cochinillas y mírate a ti.
—Touche. —Miro a su compañera con atentamente antes de retomar la palabra—. Quizás el miedo sea la fuerza más poderosa del mundo, pero siempre habrán aquellos que sean capaces de oponerse a él y ver más allá. Como esa niña, habrán otros que no te teman y cuya curiosidad los mueva a buscar la verdad sobre ti.
Hornet no respondió a las palabras de su compañero, y simplemente se quedó mirando el espacio por donde se habían ido las mariquitas. El silencio entre ambos duro bastante, aunque era suavizado por el arrullo de las gotas de agua cayendo.
—Quirrel —Habló de pronto la guerrera—. ¿Tú y yo somos amigos?
—¿Amigos? —Parecía algo sorprendido por la pregunta—. Pues... Yo creo que sí, es decir, vivimos juntos, cazamos juntos, me ayudaste a conseguir un aguijón nuevo y con todo lo que hemos pasado, aunque seas un chica irritante e insufrible a veces, creo que te tengo un cierto aprecio.
Hornet frunció el ceño ante su comentario, aunque luego suavizó su expresión con un suspiro.
—Bueno, yo también creo que luego de todo lo que hemos pasado he comenzado a considerarte un amigo, porque solo hablaría de mi identidad y mi pasado con uno.
Sé que podría haberme explayado más con la pelea pero no quise, este fic lo escribo sobre cosas que se me van ocurriendo para relajarme y normalmente escribir peleas me estresa un poco, porque nunca quedo muy conforme con como me quedan.
