¡Hola a todos! ¡No perdamos el tiempo! ¡Reviews anónimas!
Guest: I'm sorry, but think it was for the sake of history. They sacrifice will never be forgotten :D
Lady Cillegia Li: ¡Hola! Creo que es la primera vez que leo tu username, por lo que te doy la bienvenida.
Lo cierto es que el capítulo tuvo una duración de unas diez mil palabras, por lo que realmente no fue corto XD
Lamento la espera, pero tuve que ponerme a estudiar para tomar mi examen de la universidad. Eso sí, para el haberte hecho llorar no tengo ninguna excusa XD
Comprendo que prefieras otro shipp, y realmente admiro ese respeto hacia los gustos ajenos y que seas capaz de leer otro fanfic que no tenga a tu pareja favorita :D ¡Un saludo!
Anansi: A él y a todos los que han muerto en esta sangrienta guerra.
G18L: Aunque mi cometido no fue precisamente "puro", me deja satisfecho el saber que logré llevarlo a cabo :D
Muchas gracias por el review y por la opinión. De hecho, creo que es la primera vez que leo tu username, así que te doy también la bienvenida a esta pequeña sección que tiene lugar al inicio de cada capítulo.
¡De nuevo gracias por el review! ¡Nos leemos!
Invitadito: Tenía que volver por todo lo grande XD Por lo que leí de las otras reviews, definitivamente no fuiste el único que lloró con el capítulo. Se siente extrañamente satisfactorio el saber eso. ¡Habrá más momentos Aurelia, definitivamente!... Aunque primero hay que terminar la guerra XD
¡Nos leemos!
Hex: ¡Hola de nuevo, Hex! Fueron varias semanas sin actividad, sí. Lo bueno es que ya estoy recuperando el ritmo normal que había agarrado los últimos meses. Es bueno poder leer eso :D
Espero que los capítulos que siguen también sigan gustándote. ¡Nos leemos!
Deluxe: Lo cual fue bastante sorprendente, si me dejas decirlo XD
Pues... tienes razón XD Este capítulo no podría definirse realmente como épico, pero oye, al menos pasaron cosas bastante interesantes...
Que no fueran tan recurrentes era precisamente lo que más me preocupaba, pues no sabía si las muertes llegarían a doler como dolería la muerte de un protagonista.
¡Muchas gracias por los buenos deseos, Deluxe! Tengo el placer de anunciar que me dieron resultados unas horas después de actualizar y afortunadamente pasé mi examen :D
¡Nos leemos!
Eduardo: Lo de Amapola fue bastante jodido, sí... Es bueno saber que piensas así, considerando el hecho de que fueron personajes que tal vez no aparecieron tanto en la historia como otros.
¡Muchas gracias, Eduardo! ¡Los mejores deseos para ti!
¡Nos leemos!
PendulumGear: Lo único que no suele bugearse, o que al menos, nunca me ha pasado a mí, es el sistema de notificaciones, por lo que creo que sabrías cuando actualice a pesar de, bueno... los problemas de la página...
Es comprensible que no te hayan dolido las muertes de personajes que tal vez no eran tan recurrentes y no pasa nada. Es bueno saber que al menos dos de ellas si lo hicieron :D
No fuiste el único que se quedó pasmado al leer la muerte de Zoe. Creo que otros dos usuarios aparte de ti tuvieron la misma reacción. Muchas gracias por las palabras, Pendulum, aunque agradecer eso puede sonar un poco retorcido sin el debido contexto XD
La guerra tendrá consecuencias para los personajes de una u otra forma. No podemos esperar que todos sigan siendo los mismos después de algo así. Sobre Hau... Creo que él también ha tenido una vida bastante difícil, pero al menos siempre tuvo personas que lo apoyaran y le dieran cariño, Gladio por otra parte... Aunque supongo que es cuestión de perspectiva y de la opinión de cada uno.
De momento me reservo todo lo relacionado a ese Ultraente.
Creo que disfrutarías un poco más la historia si pudieras separar a Red (el personaje con el que estoy trabajando) de Red (ya sea el del manga o los juegos), puesto que como tal, el personaje originalmente es un avatar y actualmente le estoy dando forma como mejor creo necesario. Aunque no pienso que Red haya hecho algo por lo que pueda desagradar, el gusto está en la variedad y si te desagrada Red, pues bueno, nada se puede hacer XD
Lo cierto es que sí. Esperemos que esa tradición de padres de basura se rompa con esta nueva generación.
¡Nos leemos!
¡Bueno, no los interrumpo más! ¡Pasen a leer, por favor!
—El… plan del profesor Oak fue exitoso… En los cielos no hay rastro de ningún Ultraente o Ultraumbral. Asegúrense de hacer… que su sacrificio valga la pena.
Kukui bajó la radio tras escuchar eso y luego se quitó la gorra. Sus Pokémon se le quedaron viendo y poco después, bajaron sus vidriosas miradas.
—Tenemos que movernos…— murmuró Sorba, volteando a ver hacia donde ahora corrían los Raikou— Esta zona está despejada, pero necesitamos seguir patrullando.
El Lycanroc de Ash se puso a un lado de Kukui y se sorprendió al ver su expresión. El científico se estaba mordiendo con fuerza el labio inferior al punto de que sangre salió de este, mientras que por sus mejillas corrían las lágrimas.
Lycanroc supo lo mucho que Kukui debía estar sufriendo. Recordó a Hala una última vez, sabiendo que nunca lo volvería a ver.
—Mi nombre es Hala Mahalo. Lario me ha hablado de ti y de tu otro amigo. Lo estuve pensando un tiempo y creo que sería beneficioso para Lario que entrenara junto a sus dos mejores amigos, así que… ¿Qué me dices?
Haría que valiera la pena. Por el hombre que lo había apoyado siempre, haría que valiera la pena.
Chris apretó con fuerza los puños y trató de contener tanto como pudo las lágrimas. Sabía que ahí, quien más sufría no era él.
Miró a Lario, quien se había sentado en una roca, con la cabeza apuntando hacia el cielo.
—Ya llegó el momento, ¿eh, Lario?... ¿Qué sucede? No te ves muy emocionado que digamos… Oh, ya veo… Tendrás que salir de la escuela Pokémon y dejar a los amigos atrás siempre es difícil… ¡Ya sé! ¿Qué tal si los invitamos a entrenar con nosotros? ¡Eso de seguro te daría más ánimos!
—Prepara todo para la llegada de los refugiados de Aether— ordenó Lario, sin voltear a ver a Chris—. Te alcanzaré en unos minutos, Chris.
El Hokulani menor sabía lo que pasaría si se iba de ahí, pero no podía negarse. Su primo necesitaba eso.
En cuanto pasó por las puertas del observatorio, escuchó un fuerte quejido. Cerró los ojos y se retiró, llorando de forma tan silenciosa como le fue posible.
—Guzma…
El líder Skull le estaba dando la espalda a los secuaces que le quedaban, totalmente en silencio, cosa que preocupaba a Francine.
—Ese anciano cree que decir una o dos cosas bonitas antes de morir cambia las cosas— murmuró Guzma, cruzado de brazos—. Me importa una mierda el pasado. Vivo en el hoy.
Cuando dijo eso, se asomó por la entrada de la enorme tienda de lona, mirando hacia el cielo.
Necrozma ya se había alejado de los terrenos de ciudad Malíe al igual que Arceus y el resto de legendarios que quedaban de pie para dar batalla.
—Si la muerte del anciano hace que mi familia viva, entonces tendrá mi gratitud— dijo Kiauka, saliendo al exterior—, pero hasta entonces…
Guzma relajó su cuerpo mientras una luz amarilla salía de su cuerpo, al igual que de los cuerpos del resto de presentes.
Por el momento, solo tenían que darle energía a Solgaleo y después de eso… bueno, todo era incierto.
El líder Skull miraba fijamente al cielo.
—Guzma, ¿verdad? Soy Hala Mahalo, el Kahuna de Melemele. Lario me ha hablado de ti y te haré la misma propuesta que ya le hice a tu amigo Kukui. ¿Qué te parecería si entrenas junto a nosotros para volverte más fuerte? ¡Estoy seguro de que a tu Wimpod le encantaría volverse más fuerte!
Y entonces, Guzma se dio cuenta de que le faltaba gente.
¿Dónde estarían esos tres?...
Había sido un ataque perdido. Un rayo de luz que ni siquiera iba dirigido hacia él; un ataque que había llegado en su dirección por pura casualidad.
Gladio había logrado hacer regresar a Kaguron justo antes de que el ataque de Necrozma los golpeara a ambos y así, cayó desde tres metros de altura al techo de una casa sobre el cual rodó, cayéndose también de este y aterrizando pesadamente contra la acera.
Si no hubiera chocado contra aquel techo, estaba seguro de que su cuerpo habría acabado hecho polvo e incluso habría perdido la consciencia o tal vez habría muerto directamente. Era lo último que podía permitirse.
Por ningún motivo podía caer en ese momento. Si moría luego de llevar a cabo el plan, entonces estaba bien, pero mientras el mundo aun lo necesitara, él seguiría de pie.
Intento actuar conforme a lo que pensó, pero el golpe había sido realmente duro. Estaba seguro de que se había roto más de un hueso en la caída y también estaba seguro de que uno de esos huesos estaba en la pierna.
Se arrastró hasta llegar a una de las paredes de la casa sobre la que había caído y usándola como soporte, se puso de pie. El dolor de sus huesos rotos combinado con el agotamiento era, en definitiva, uno de los peores malestares físicos que había sufrido y para que el mismísimo Gladio Aether lo pensara…
—¡Esperen, por favor! ¡¿Por qué tenemos que ayudarlo?! ¡Fue él quien los dejó así!
—Te dijimos que no tenías que seguirnos si no querías.
—No lo comprenderías… Es nuestro deber…
Gladio reconoció esas voces al instante y se puso en posición defensiva. Aunque su sangre hervía, él lo sabía. Sabía que ese deseo por matarlos ya no existía en él. Sacó una Pokéball, listo para hacerles frente.
Justo cuando giraron la esquina, Gladio abrió la boca.
—¡Ni un…!— sintió un dolor agudo en las costillas, por lo que se interrumpió a sí mismo. Recuperó la compostura— ¡Ni un paso más!
Rony, Seymour y Mary se detuvieron. Los primeros dos tenían una mirada de seriedad en sus rostros, mientras que la última lo veía con odio.
—¡Esta es nuestra oportunidad para encargarnos de él!— exclamó Mary, señalándolo— ¡No comprendo su estúpido plan y no me importa hacerlo! ¡Nunca lo perdonaré por lo que les…!
—¡CÁLLATE, MARY!— gritó con fuerza Rony, haciendo que la chica retrocediera, asustada.
Gladio también se sorprendió al escuchar ese fuerte grito, pero no bajó la guardia.
—Cuando todo esto termine…— los señaló a ambos, frunciendo el ceño— Los llevaré ante la justicia… Haré que paguen por lo que le hicieron a Amapola… Lo juro…
El rubio se separó de la pared lentamente, comenzando a retroceder. Vio como ambos Skull comenzaban a caminar hacia él.
Gladio entonces se detuvo.
—Esta es una advertencia…— vio cómo, de pronto, los Skull miraron hacia el cielo— Si se acercan aunque sea un paso…
Y justo cuando dijo eso, Seymour y Rony corrieron con toda la rapidez que sus débiles cuerpos les permitieron. Escuchó a Mary gritar algo que no comprendió y ella trató de detenerlos, pero un puñetazo de Seymour la hizo caer al suelo.
Gladio, confundido y alterado, levantó su Pokéball pero justo cuando trató de abrirla, se dio cuenta de algo. Dos de sus dedos estaban rotos…
Ese pequeño momento; ese pequeño descuido… Antes de saberlo, a su mente llegó un único pensamiento.
"Estoy muerto".
Con todas las fuerzas que tenía, lanzó un puñetazo que evidentemente fue detenido. Rony lo sujetó por el brazo y Seymour por el otro y con las fuerzas combinadas de ambos, lo arrojaron hacia atrás.
Cayó de espalda al suelo, sintiéndose increíblemente confundido y entonces, un enorme rayo de luz arrasó con todo lo que estaba a solo diez centímetros de él.
Seymour y Rony incluidos.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!— escuchó gritar con desesperación a Mary, quien pasó por encima de él con un salto para correr hacia el último lugar donde los había visto.
Un rastro de fuego y destrucción era todo lo que quedaba. Mary cayó de rodillas al suelo, rompiendo en un amargo llanto.
Gladio supuso que, al darse cuenta de que lo había derribado, Necrozma había decidido terminar el trabajo de paso… pero no lograba descifrar por qué.
Con los ojos abiertos como platos, no podía dejar de preguntárselo.
¿Por qué esos dos tipos se habían sacrificado por él?...
En ese momento, se sintió tan confundido y su mente era un revoltijo de emociones tan grande que sencillamente dejó de pensar.
¿Debía sentirse feliz porque estaban muertos? ¿Triste porque no había podido vengar a Amapola? ¿Frustrado porque nada de lo que había hecho hasta ese momento había servido?...
No sabía cómo reaccionar y por ello, lo único que logró hacer fue ponerse de pie como pudo y escapar del lugar.
Con el llanto de Mary de fondo, subió a espaldas de Celesteela con gran dificultad. Quedarse en ese sitio era lo más peligroso que podía hacer por lo que no lo dudó a la hora de huir.
¿Qué diablos había pasado y por qué? Eran preguntas que no podía responderse.
Necrozma se sintió un poco frustrado al saber que no había matado al Representante de la noche, pero realmente no le importaba demasiado. Él debía centrarse solo en lo importante.
—¡ESA LUZ! ¡¿LA OCULTASTE DE MÍ, SOLGALEO?! ¡ENTRÉGALA, AHORA!— gritó a modo de orden pero justo en ese momento, un golpe impactó contra su costado. Arceus lo había impactado con un poderoso Bola sombra mientras que, por debajo, Groudon, Kyogre y Xerneas atacaban con sus movimientos más poderosos.
Solgaleo se alejó tanto como pudo. No podía permitir que Necrozma se acercara a la luz que estaba almacenando, pues si lo hacía, todo terminaría.
La velocidad con la que recolectaba toda esa luz era la correcta. Si seguía a ese ritmo, muy posiblemente la reuniría toda en cuestión de unos minutos… Finalmente, esos minutos pasaron. Se quedó helado.
Faltaba energía. Faltaba demasiada energía.
La luz de millones de personas que se suponía, debían ofrecerla a él, no estaba llegando. Podía tomarla por su cuenta, sí, pero eso le tomaría demasiado tiempo; tiempo que no tenían.
Necesitaba hacer algo. Necesitaba decirles a los humanos que debían darle la luz restante. Si no lo hacían, no vencerían a Necrozma ni siquiera con el poder que acababa de ganar.
Y entonces, lo sintió. Sintió como toda la energía que faltaba comenzaba a llegar rápidamente y se sintió increíblemente confundido. ¿Por qué los humanos habían cambiado tan repentinamente de opinión?...
Solgaleo no tenía modo de saberlo, pero nosotros sí.
Justo antes de que el legendario del sol terminara de recolectar la energía que las personas le habían ofrecido voluntariamente, alguien activó su radio.
Una de las principales víctimas de Necrozma y sus actos a lo largo de los años. Alguien que odiaba a ese ser con toda su alma.
Ese alguien, era Hau Mahalo.
—Ya he perdido… a mi padre y a mi abuelo por culpa de este monstruo…— comenzó a decir, con la voz quebrada—. Un Guzzlord que actuaba bajo sus órdenes… se comió a mi papá y ahora…, para detener a Necrozma, mi abuelo… ¡MI ABUELO...!...— apretó los dientes con fuerza, tratando de contenerse. Se relajó tanto como pudo— Mi abuelo acaba de morir…— levantó la mirada, viendo fijamente a Necrozma con unos ojos que mostraban una rabia y odio sin comparación— ¿Cuántos más tendremos que sufrir por culpa de él?... ¿Cuántos más morirán para satisfacer su hambre?... ¡¿CUÁNTO MÁS ESTAMOS DISPUESTOS A DEJAR QUE NOS QUITE?! ¡LO QUE DIERON LAS PERSONAS QUE MURIERON POR DETENERLO, NO DEJEMOS QUE SE DESPERDICIE! ¡NO DESAPROVECHEMOS LA OPORTUNIDAD PARA VIVIR! ¡SI ALGUIEN AHÍ AFUERA TODAVÍA DUDA SOBRE SOLGALEO, ENTONCES DEJE DE HACERLO INMEDIATAMENTE! ¡DESPUÉS DE HABER PERDIDO A MI ABUELO, NO PERMITIRÉ QUE ESTE MUNDO SE ACABE! ¡NO LOS PERDONARÉ SI DEJAN QUE LO HAGA! ¡A NINGUNO! ¡SI QUIEREN DAR LA LUZ PORQUE SIENTEN PENA POR MÍ, SI QUIEREN HACERLO PORQUE NACE DE SU CORAZÓN O SI DESEAN DARLA PORQUE SIENTEN QUE NO LES QUEDA DE OTRA, NO ME IMPORTA! ¡SOLO HÁGANLO, POR FAVOR! ¡NO PERMITAN QUE ESTE INVASOR SIGA ARREBATÁNDONOS LO QUE MÁS AMAMOS! ¡NO PERMITAN QUE NADIE LO HAGA! ¡NO PERMI…!— esta vez, su voz se quebró por completo y dejó salir un sollozo, seguido de otro. Se cubrió los ojos con una mano— Por favor… Se los ruego… No sé quién va a escuchar esto…, pero no dejen que las muertes de personas y Pokémon sean en vano… Sé que da miedo… Sé que no saber qué sucederá cuando pierdan esa luz es aterrador… Pero vivimos sin ella por milenios y podremos hacerlo también en el futuro… Esa luz no es nuestra, es de Solgaleo y Lunala… Hagan que vuelva a ellos y terminemos con esto… Terminemos… con esto de una vez por todas…— cuando alejó la mano de sus ojos, Hau reveló su rostro lleno de lágrimas y una vez más, sollozó— No quiero que nadie más muera…
Y esas últimas palabras tuvieron un efecto global. Tal vez escuchar llorar tan amargamente a un joven adolescente, quien acababa de perder a su abuelo, había activado la empatía en el corazón de la humanidad; tal vez Hau tenía una capacidad para la persuasión envidiable o tal vez, la gente solamente se había tardado en compartir su energía.
Sin importar cuál había sido el caso, en todo el mundo, aquellos que al principio temían entregar la luz se decidieron a hacerlo.
Por su propia voluntad, todo aquel humano que tenía la capacidad para razonar correctamente, regresó a Solgaleo la energía que en antaño habían dado él y su hermana.
Pacientes enfermos cuya vida pendía de un hilo, adultos mayores que estaban en la última parte de su vida y heridos en la batalla. En todo el mundo, miles de personas que seguían vivas gracias a esa energía extra que recibieron de Solgaleo y Lunala, ahora habían muerto.
Miles de personas que indirectamente, Necrozma había matado con su presencia e intenciones.
Y precisamente, por esas muertes, la expectativa creció.
Ahora que miles de familias habían perdido seres queridos, la única opción para Solgaleo era ganar.
La única opción para la humanidad era ganar.
Y luego de siglos, se sintió completo de nuevo. Se sintió más que completo.
El cuerpo de Solgaleo comenzó a brillar tanto como Necrozma, incluso más.
El Refulgente, título que ahora le quedaba grande, sintió un enorme escalofrío y luego, desvió su atención de Arceus, centrándose en Laliona. Se quedó boquiabierto.
En toda su existencia, jamás había visto un brillo tan hermoso. Lo quería; lo necesitaba; sería suyo…
Arceus ya no le interesaba. No le importaba ninguno de los seres que ahora trataban de atacarlo. Ahora solo tenía ojos para esa luz.
Esa hermosa luz.
Y como polilla atraída a linterna, trató de acercarse sin importarle nada.
Los Tapus ya eran conscientes de ello. Sabían que su señor lo había logrado; sabían que ahora, ellos tenían que cumplir con su parte del plan.
Las cuatro divinidades volaron hacia sus Representantes, poniéndose al lado de cada uno. Representantes cuyos corazones se encontraban abatidos por el cansancio y el dolor.
—Una última vez— pensaron los cuatro, viendo a los cuatro jóvenes.
Ash miró a Tapu Koko fijamente y luego, asintió. Su rostro que seguía liberando lágrimas a raudales también mostraba una determinación inquebrantable, la cual luchaba por liberar el dolor que sentía al experimentar la pérdida de un padre. A lomos de Charizard, se elevó hacia los cielos, siguiendo al dios de la guerra.
Lillie, por otra parte, también se mostraba decidida. El dolor que su corazón sentía era empático, pues comprendía lo que Ash y Hau debían estar pasando en esos momentos. Con ayuda del Charizard de préstamo, subió. Tapu Lele guiaba la marcha.
Hau hizo hasta lo imposible por dejar de llorar y luego, golpeó su rostro en repetidas ocasiones con toda la fuerza que tenía. Era doloroso, pero no dolía tanto como todo el sufrimiento que había acumulado a lo largo de toda su vida. El dolor producido por el odio quemaba casi tanto como el dolor producido por la pérdida. Con ayuda de Noivern, siguió a Tapu Bulu hasta llegar a la mayor altura posible.
Y finalmente, Gladio. Un alma joven y tan cansada… El corazón de alguien que está cansado del fracaso; de alguien que jamás ha logrado sus metas. Su determinación residía precisamente en ese dolor, pues se decía a sí mismo que debía ser útil para aquellos que le importaban. Con Kaguron y Tapu Fini, ascendió.
Luchar para obtener la paz.
Luchar para sanar.
Luchar para dejar de sufrir.
Luchar para proteger.
Y ahora que los Tapus sabían eso, por fin podrían volverse uno.
Las manos de Ash se cruzaron frente a él.
Las manos de Lillie crearon frente a ella un corazón.
Los brazos de Hau se extendieron hacia los costados.
Gladio hizo equilibrio con una sola pierna, pese a lo mucho que le dolía.
Con el Tapistal en sus Pulseras Z, se vieron rodeados por una inmensa energía, la cual luego se traspasó hacia los Tapus.
El liderazgo y la fuerza; una mente inteligente y un bondadoso corazón; un gran sentido de la justicia y enorme tranquilidad; una gran capacidad de planificación y una cabeza siempre fría.
Separados eran imperfectos, como todo en el mundo, pero cuando unían fuerzas, se volvían imparables. El balance perfecto entre un cuerpo poderoso y resistente, así como un cerebro calculador y caritativo.
Tapu Koko y Ash Ketchum; los elegidos del día.
Tapu Lele y Lillie Aether; las elegidas del amanecer.
Tapu Bulu y Hau Mahalo; los elegidos del atardecer.
Tapu Fini y Gladio Aether; los elegidos de la noche.
Combinados, estos ocho seres crearon cuatro enormes colosos que comenzaron a caer rápidamente hacia la tierra. Hacia él.
Solgaleo era consciente de que los Tapus necesitarían aterrizar sobre una superficie inamovible, no en un lugar tan maleable como el mar, por ello dirigió a Necrozma hacia donde había estado anteriormente la planta de reciclaje.
Era ahí donde lo contuvieron, manteniendo Solgaleo siempre una distancia prudente de Necrozma, quien se lanzaba contra él con ferocidad y enormes ansias de poner sus garras sobre él.
Pero Solgaleo era ahora más fuerte que él. Era más rápido también, por lo que no tenía mucho problema al evadirlo. Por otro lado, era una verdadera lástima que no pudiera usar esa nueva fuerza adquirida hasta un determinado momento.
Un momento que estaba a punto de suceder.
Del cielo, cayeron los colosos. Amarillo, rosa, verde y azul.
Los cuatro aterrizaron sobre Necrozma, apresándolo contra el suelo con fuerza. Tapu Koko y Tapu Lele sostenían con fuerza sus cuatro alas; el primero sujetaba las dos de la derecha y la segunda las dos de la izquierda. Tapu Bulu y Tapu Fini, por otra parte, sujetaban con fuerza sus piernas y cola; el primero sujetaba la derecha y la segunda la izquierda.
Necrozma estaba tan cegado con esa luz que simplemente intentó liberarse de la presión ejercida por los Tapus, sin recordar lo que había pasado la última vez.
Cuatro fuertes rugidos se escucharon de pronto, los cuatro proviniendo del coloso. Esos cuatro rugidos llamaban a los mismos seres.
Ash se puso de pie como pudo. Usar Bendición del Guardián era realmente agotador, pero él todavía tenía una misión que cumplir. Necesitaba hacerlo.
Vio la mirada que le dirigían Lillie, Hau y Gladio, quienes estaban tirados bocabajo sobre sus Pokémon, incapaces de moverse y viéndose totalmente exhaustos.
Por la distancia, no supo diferenciar si sentían pena por toda la carga física que tendría que soportar a partir de ese momento o si estaban mostrando su preocupación por él. Sin importar cuál de las dos fuese, él les sonrió y luego, se dejó caer de espaldas, descendiendo hacia el vacío.
Pikachu y el gran tipo Fuego se apresuraron a ver si su entrenador había aterrizado a salvo y en efecto, lo había hecho. Solgaleo ahora lo llevaba sobre su espalda; acababa de quedarse quieto en el aire.
—Lo siento por esto, Ash… Debes de estar agotado— dijo el Ultraente mientras Ash revolvía entre sus cosas.
—Lo… estoy… Pero debo… seguir… Es… el final…, ¿cierto?...— preguntó. Notando que todos los Cristales Z que poseía se habían convertido en simples piedras sin valor alguno. De entre todas esas piedras, sacó la indicada y la puso en su Superpulsera Z— Bien… ¡Aquí vamos…, Solgaleo!...
Laliona vio como el forcejeo de Necrozma por alcanzarlo incrementaba y supo que no les quedaba mucho tiempo. Los Tapus estaban aguantando más que esos simples diez segundos que habían dicho con anterioridad y supo que, si seguían así, podrían morir lo que también significaría la muerte de todos los Representantes.
No iba a permitirlo.
Los brazos de Ash se cruzaron frente a su cara, creando una equis. Un brillo inmenso, que hacía ver como una pequeña linterna al que anteriormente habían dejado salir cuando utilizaron el Movimiento Z por primera vez, apareció, rodeando por completo a Ketchum. Bajó sus brazos y luego los extendió hacia el frente, uno elevado varios centímetros sobre el otro para finalmente golpear sus nudillos y luego, dirigirlos hacia el frente.
La energía Z pasó de Ash y la Superpulsera a Solgaleo, cuyo brillo incrementó el doble, haciendo que el estado de frenesí de Necrozma incrementara.
—Sujétate— le dijo a Ash, quien se dejó caer sobre la espalda del león y se agarró con fuerza.
Arceus, quien se había mantenido a la distancia para no estorbar, veía fijamente a Ash. Era aterrador lo rápido que crecían los humanos en cuestión de unos pocos años en comparación de los dioses.
Un poderoso rugido fue captado por la cámara de Alola Fresh y luego, el majestuoso cuerpo del gran león se elevó todavía más en el aire, comenzando a acumular energía pocos segundos después. El brillo que desprendió su cuerpo fue suficiente para iluminar la oscuridad producida por Necrozma y una vez más, ese brillo incrementó la locura del Refulgente.
Los Tapus tenían una tarea titánica entre manos y sentían como rápidamente la energía que habían acumulado por siglos se les iba en cuestión de unos pocos segundos.
Tapu Koko miró hacia el cielo, viendo como Solgaleo había comenzado a correr directamente hacia Necrozma.
—(El destino de Ash Ketchum es morir. Si él lo hace luego de que fusione corazones contigo, entonces tú también morirás, Cacareo.)— le había dicho Tapu Fini con seriedad.
Tapu Bulu y Tapu Lele se le quedaron viendo.
—(Entonces que así sea. Cumpliré con el rol para el que nací y si lo hago, entonces moriré sin el menor remordimiento.)— dijo Koko, mirando hacia donde estaba Ash— (Pronto nuestro señor reunirá toda la energía restante; prepárense para movilizarse.)
Los tres Tapus restantes se quedaron en silencio.
—(No quieres despedidas, ¿verdad, Cacareo?)— preguntó Lele, girando alrededor de él.
—(No.)
—(Entonces respetemos eso.)— Tapu Bulu miró hacia Hau— (Centrémonos en nuestro deber.)
Fini asintió y entonces, puso una expresión extraña que confundió a sus hermanos.
—(¿Qué pasa, Aleta? Hiciste cara de tonta.)— le dijo Lele, acercándose a ella.
—(Una de mis premoniciones no se cumplió… ¿Pero cómo?... El futuro decía que Red Ketchum gritaría eso, había más de un 99.95% de posibilidades de que ocurriera…)— murmuró, confundida.
Toro, Cacareo y Mariposa voltearon a verse.
—(Debió de ser uno de los escasos fallos que cometes.)— dijo Bulu, cruzándose de brazos.
Los otros dos le dieron la razón.
Fini, por otra parte, no se veía realmente segura. Un futuro con ese porcentaje de probabilidad… Se interrumpió al sentir una punzada.
Su señor había conseguido toda la luz.
—¡Que funcione!... ¡QUE FUNCIONE!— gritó Lillie desde las alturas.
Solgaleo comenzó a girar rápidamente con Ash en su espalda y al ver la cercanía, Necrozma no pudo evitar obtener ese último empujón de fuerza necesario para liberarse de los colosos.
—Ey, Cacareo Sagrado… ¿Por qué fui yo?... Hay personas en las islas que son más fuertes, entonces… ¿por qué yo?
Tapu Koko no pudo evitar recordar eso en ese momento.
—(Antes me hiciste esa pregunta, Ululani… Te volveré a responder lo que te dije aquel día.)
Los Sagrados, entonces, volvieron a apresar a Necrozma, quien esta vez si reaccionó ante esto.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo es que…?!
Solgaleo no pudo evitar sonreír.
Tapu Bulu, quien nunca era capaz de mantener la serenidad una vez que las cosas se tornaban mal, ahora mantenía una compostura impasible como la que siempre solía poseer.
Tapu Lele, a quien le era imposible tomar las cosas en serio, ahora mostraba una expresión de determinación y concentración absoluta.
Tapu Fini, quien nunca daba nada de sí misma para apoyar a alguien que no fuera ella misma, ahora estaba jugándose la vida para salvar al mundo.
Y Tapu Koko…
—(Por tu gran amabilidad y por ayudar siempre al necesitado… Por poseer lo que yo no tengo, te he elegido. Por tener mis mismas cualidades y aquellas que no tengo… Por ser de quien debo aprender. Por eso te elegí, Ululani…)
Y así, los Sagrados mantuvieron apresado a Necrozma hasta el mismísimo final, sin permitir que escapara de su agarre una segunda vez.
Ash, en la espalda de Solgaleo, vio con una sonrisa el desesperado rostro de Necrozma, quien había tratado de lanzar un rayo de luz para defenderse.
—Embestida solar…— murmuró.
Y entonces, colisionaron. El Movimiento Z generó una enorme onda expansiva que se extendió por todos lados hasta alcanzar la entrada de ciudad Malíe.
El enorme destello se había visto por toda Alola.
Un destello de esperanza.
Había sido hace millones de años. Antes de que en el planeta llamado Ultrópolis hubiese siquiera algo de vida.
La vida se originó con él.
Una célula pequeña e insignificante carente de poder pero dotada de consciencia. Una célula sin nombre y sin el conocimiento de en lo que terminaría convirtiéndose.
Al principio, la consciencia de ese ser le decía que debía seguir evolucionando; adaptándose. Sobrevivir era la prioridad y sobreviviría absorbiendo la energía que empezaba a surgir alrededor de todo el planeta.
Tardó millones de años en dejar atrás esa etapa de célula hasta convertirse en un organismo. Millones de años absorbiendo energía de seres incluso más pequeños que él.
Al final, ese esfuerzo le permitió convertirse en una pequeña criatura de apenas dos centímetros de alto. Pero él no se detendría ahí, no. Ahora que sus capacidades eran miles de veces superiores, seguiría desarrollándose y creciendo.
Con curiosidad infinita, exploró el mundo ahora que era capaz de moverse. Pronto se dio cuenta de que la energía que absorbía para crecer provenía de otros seres vivos, pero no sintió nada por ello.
Era simple supervivencia. El más grande y desarrollado evoluciona y persevera a lo largo del tiempo. Así de simple era la vida; si eras fuerte, vivías.
Pero él no era fuerte. Para nada era fuerte y por ello, debía tener especial cuidado. Se dio cuenta de que era capaz de ver esa energía como una extraña luz que emergía de sus cuerpos y usó esa útil herramienta para evadir peligros o saber qué batallas librar.
Aprendió que en su planeta había criaturas realmente extrañas. Seres peludos que caminaban a cuatro patas, todos de distintos tamaños. Había algunos que tenían colas en sus rostros, así como grandes colmillos y había otros cuyos cuellos eran tan largos que parecían enormes montañas.
También estaban aquellos seres alados con bocas picudas que se comían entre ellos si tenían la oportunidad.
Había algunos fascinantes, como aquel ser extraño, enorme y alargado que no tenía patas superiores ni inferiores y que se arrastraba por el suelo. Por no mencionar también a todos aquellos que se movían entre las aguas.
El organismo memorizaba cada criatura que veía y se grababa sus patrones de comportamiento. Al principio, esos seres no solían prestarle mucha atención pues no lo veían, pero había algunos como la criatura peluda de cuatro patas y cola sin pelaje que intentaban comerlo nada más verlo, cosa por la que desarrolló un enorme temor hacia esos depredadores.
Tras años de supervivencia descubrió que entre él y los demás seres vivos había una enorme diferencia. Ellos no eran tan inteligentes como él; ellos no pensaban como él.
Llegó el momento en el que dejó de temerle a las criaturas peludas de cuatro patas y colas sin pelaje pues ya se había hecho tan o más grande que ellas. La presa se convirtió así en el cazador.
Matar a esas criaturas tenía un valor significativo para el organismo pues era mucho más fácil extraer la energía de los seres sin vida, cosa que realmente le fue útil descubrir. Con ese conocimiento en mente, fue matando a todos los seres más pequeños que él, como aquellos seres vivos que medían menos de un centímetro de alto y tenían más de cuatro patas.
Todo lo que hacía para prosperar y lo que seguiría haciendo… El organismo no podía evitar sentirse satisfecho al saber que su trabajo duro y perseverante daba los frutos esperados.
Y eso se vio reflejado cientos de años después, cuando medía ya más de un metro.
Ahora que su perspectiva del mundo había cambiado, también lo habían hecho los problemas y el miedo. Ahora la cantidad de cosas que trataban de matarlo se incrementó exponencialmente pero esta vez, poseía otra cosa aparte de su inteligencia que lo hacía completamente distinto al resto de seres vivos.
Su cuerpo había ganado la capacidad de expulsar haces de luz que golpeaban a los enemigos, haciéndolos retroceder y estremecerse, de forma que pronto perdían el interés en él.
Ahora con esas capacidades, acabar con la vida de sus presas y sobrevivir a sus depredadores era muchísimo más sencillo. Si continuaba así, pronto vería los resultados.
Pero para alcanzar en altura a aquellos mastodontes que tenían colas en el rostro o a los de cuellos largos, posiblemente faltarían milenios…
Si podía comenzar a absorber la energía de ellos, estaba seguro de que lograría aumentar la velocidad de su crecimiento.
Y fue así que, siguiendo a aquellos enormes seres, se encontró con ellos.
Estos sujetos eran diferentes a todo lo que había visto hasta el momento. Se movían en dos patas, pero no eran tan peludos como los otros que también lo hacían. Eran muchísimo más débiles y pequeños que muchos otros seres vivos, pero por algún motivo se las ingeniaban para siempre darles caza.
Pero lo que más le llamó la atención fue que eran capaces de matar a los mastodontes de doble cola. Se encontraba sencillamente fascinado por lo que decidió que se acercaría a ellos.
Los observó por años, absorbiendo la energía de los seres vivos a los que cazaban para quitarles la carne, pieles y cualquier otro material que les fuera útil. Notó como sus fuerzas crecían por montones al consumir la energía de seres más grandes que él y también se dio cuenta de que él parecía ser el único ser vivo que se alimentaba de esa energía.
Continuó tranquilamente con su nueva rutina. Había días en los que ellos lograban darles caza a sus presas y había días en los que no. No era raro ver que algunos de ellos murieran de vez en cuando y por supuesto, él se alimentaba de la energía de esos cadáveres.
Y entonces, llegó ese día.
Los seres de dos patas a los que seguía, aquellos que tenían pelaje en el rostro y mataban a las presas, no los que tenían esos bultos en el pecho, fueron emboscados por un gran grupo de cuadrúpedos con grandes colmillos.
Si los cazadores morían en ese lugar, el organismo se quedaría sin poder seguir absorbiendo toda la luz que estaba absorbiendo hasta el momento y por ello, decidió intervenir.
Gracias a los disparos de luz que salieron de su cuerpo, logró alejar a los enemigos, quienes huyeron confundidos por el repentino ataque y, por primera vez en años, él se presentó ante los seres de dos patas.
La reacción de ellos fue de miedo y alerta. Lo amenazaron con sus herramientas afiladas con las que cazaban a los gigantes y por eso mismo, el organismo no pudo evitar sentir miedo una vez más.
El miedo a la muerte que se había arraigado en su ser; el miedo a morir y que todo su trabajo fuese en vano.
Se alejó tan pronto como pudo, dispuesto a no volver a acercarse más a esos seres, pero como lo imaginaba, no lo consiguió.
Ellos eran demasiado convenientes. Le proporcionaban alimento que él nunca podría conseguir y cuando morían, también podía alimentarse de ellos.
Fue así que, guiado por el hambre, siguió cerca de ellos.
No tardó mucho en darse cuenta de que los seres habían comenzado a realizar extraños rituales con la carne que cazaban y a retratarlo a él en las paredes por las que pasaban.
Eran sujetos extraños, no tenía duda de ello, pero aun con eso, seguían siendo realmente convenientes.
Notó la obsesión que tenían con él y pronto, decidió que aparecer frente a ellos podría ser una buena idea… Lo intentó y los resultados no lo decepcionaron.
Los seres explotaron en éxtasis al verlo y no tardaron en comenzar a llenarlo de regalos, como carne y pieles.
Y así, comenzó una época de convivencia y mutuo sustento.
Él los protegía de oponentes contra los que no podían ganar y ellos le daban alimento. Era el trato perfecto y además, lo protegían a todo costo, como si se tratase de alguna especie de deidad.
Los milenios pasaron y el organismo era tan grande como un edificio. Ya ni siquiera necesitaba cazar por su cuenta pues ahora ellos hacían todo por él.
Lo llenaban de lujos y de vez en cuando le pedían ayuda en conflictos que tenían contra otros pueblos de "humanos".
Era tarea sencilla para el organismo. Solo tenía que sobrevolarlos con su innata capacidad para levitar y desde los cielos, arrasar con sus construcciones de piedra blanca, entonces se alimentaba de la energía de los muertos y problema solucionado.
En una de sus misiones, uno de los moribundos sobrevivientes murmuró unas palabras casi incomprensibles. El organismo solo alcanzó a comprender que ese humano se dirigía a él con las palabras "Nekros" y "Prisma".
Por algún motivo, le gustó ese nombre y sin pensarlo mucho, adoptó esas palabras como su nombre.
Fue así que las historias de Nekrosa el poderoso se esparcieron por el mundo.
Nekros viajó hacia el este, buscando nuevas civilizaciones humanas y nuevas energías por consumir. Durante sus viajes, conoció nuevos seres vivos, nuevos paisajes y rasgos humanos que jamás había visto antes, como los rasgados ojos de los humanos que encontró en una serie de islas.
Se presentó a ellos, pero reaccionaron con un miedo inmenso. Hablaban en un idioma que no comprendía; un idioma que jamás había oído hablar a ninguno de los humanos que conocía.
Entre los gritos, una de las palabras que más abundaba era "Kuro". La memorizó, decidido a que esa sería la primera palabra que aprendería de ese extraño lenguaje.
Y entonces, procedió a silenciar a los humanos con una demostración de su fuerza.
Les ofreció así, un presente. Cazó a un enorme pez que se paseaba por los mares cercanos y lo ofreció a los humanos, quienes se vieron sorprendidos por ello.
Y así, se ganó la confianza del pueblo.
Al igual que los sujetos de las blancas túnicas, los humanos de las espadas comenzaron a considerarlo un dios.
Era impresionante la cantidad de devoción que mostraban a él y eso no le molestaba en lo más mínimo. Dedicaron canciones en su honor, así como danzas e incluso días festivos. Esparcieron su nombre por todas las islas, pero lo hicieron mal.
Comenzaron a llamarlo "Nekurosma". No le molestó realmente, ya que pensó que no sonaba incluso mejor que su anterior nombre.
Pronto aprendió también este nuevo idioma, descubriendo que "Kuro" quería decir algo oscuro o negro, como la noche.
Viendo su cuerpo, Nekurosma pensó que era adecuado.
Siguió conviviendo con esos humanos hasta que pronto, ellos comenzaron a solicitar los mismos favores. Pedían bendiciones para sus tierras y también protección contra otros humanos; le pedían que actuara como intermediario en los conflictos.
Y él, aceptaba siempre.
Arrasaba con los pueblos enemigos y se alimentaba de la energía de los muertos, como era costumbre para él. Era una rutina gracias a la cual, seguía creciendo y creciendo.
Un día, estaba reposando en una montaña cuando un grupo de personas llegó hacia él. Comenzaron a hacerle ofrendas, suplicando por que no volviera a atacarlos y él aceptó.
Aceptaría cualquier petición de cualquier grupo de humanos que le ofreciera algo para seguir creciendo.
Pronto, personas de todas las islas se acercaban a esa montaña para ofrecerle regalos de todo tipo. No quería la mayoría de ellos, pero se centraba en sus favoritos, los cuales eran los animales.
A vista de Nekurosma, los animales y los humanos no eran lo mismo. Los animales apenas pensaban lo suficiente para sobrevivir, mientras que los humanos eran capaces de conversar con él y de darle ofrendas.
Hacía que los humanos comieran a los animales y él solo se centraba en absorber la energía que salía de ellos. Fuera de eso, las otras cosas que le daban como líquidos y pedazos de tela eran simplemente desechadas.
Si había algo que le gustaba aparte de los animales, eso eran las cosas brillantes que le llevaban seguido. Esas las guardaba para matar el tiempo viéndolas mientras le traían nuevas ofrendas.
Pasaron los siglos y terminó aburriéndose.
Aún le quedaba más mundo por conocer y así, terminó llegando a nuevas tierras.
En este nuevo lugar, los pueblos humanos tenían construcciones más grandes de lo normal y por lo que parecía, ya habían oído hablar de él.
Lo conocían por el nombre de "Necrozma".
Establecieron contacto con él de forma pacífica, a diferencia de los otros dos pueblos con los que se había asentado en los últimos milenios.
Le enseñaron tres idiomas llamados "español", "inglés" y "chino". Los últimos dos parecían ser bastante hablados alrededor del mundo, mientras que el primero le serviría en la llamada "parte sur del continente".
El chino tenía letras complejas como el japonés que le habían enseñado antes y terminó aprendiéndolo en muy poco tiempo. El español y el inglés, por otra parte, utilizaban unas letras que no había visto antes; el inglés le fue más sencillo de aprender que el español, pero los terminó aprendiendo ambos al final del día.
El pueblo de "los americanos", como se autonombraban, pidió su colaboración para una serie de experimentos y él aceptó poniendo unas condiciones que los americanos aceptaron.
Con ofrendas llegando de todos lados, el ahora llamado Necrozma, fue capaz de seguir creciendo y creciendo, sin saber que él dotaba de energía a todo un país.
El tiempo con los americanos fue de lo más provechoso. Los llamados científicos acudían a él y le hablaban de todo tipo de fenómenos que antes desconocía.
Le hablaban de cómo funcionaban el sol y la luna, de la existencia de otros planetas, de energías primigenias que existían desde el inicio de los tiempos y por supuesto, le pidieron como compensación que les contara su historia.
Necrozma no tuvo reparo en contarles como había ido evolucionando conforme pasaban los años y al parecer, los científicos terminaron sintiéndose nerviosos.
Necrozma no comprendía realmente por qué.
Dejó de lado su confusión para centrarse en otra cosa que realmente había llamado su atención.
El sol emitía brillo y el reflejo de ese brillo contra la luna hacía que esta se iluminara… El sol era energía…
¿Qué pasaría si tomaba esa energía?...
Mientras se hacía esa pregunta, estalló una tal "Segunda guerra mundial". Recordaba que había habido una primera, pero los autodenominados japoneses parecían haberlo tenido todo bajo control.
Por otro lado, esta vez los japoneses parecían ser el enemigo. Como era costumbre, le pidieron a Necrozma que los ayudara a cambio de más ofrendas y regalos, pero él tenía una petición completamente diferente.
Quería que saciaran su curiosidad.
Preguntó qué ocurriría si la energía del sol desapareciera y esa pregunta pareció poner un poco nerviosos a los científicos y unos sujetos armados llamados "militares".
Le dijeron que, sin la energía del sol, el planeta estaba destinado a morir.
Eso era malo, pensó Necrozma. Si el planeta moría junto con todo lo que estaba en él, entonces no podría seguir alimentándose luego.
Pasó los años pensando en qué hacer cuando de pronto, le pidieron que llevara a cabo una misión.
Le dijeron que dejara caer un objeto sobre una parte de las islas en las que había estado antes.
Él les había dicho a los americanos que no quería herir a los japoneses, pues ellos también le daban ofrendas pero lo convencieron ofreciéndole el triple de regalos que ellos le habían dado en el pasado.
Y fue así, que Necrozma dejó caer un aparato que destruyó todo un asentamiento humano en cuestión de segundos.
El aparato irradiaba un tipo de energía que no había visto antes, pero eso no le importó en lo más mínimo a Necrozma.
Lo que a él le importaba era el poder de ese aparato.
Él tenía miles de millones de años reuniendo energías y no era tan fuerte como aquel aparato; él no tenía la capacidad para arrasar con una ciudad así de rápido y eso, más que asombrarlo o intimidarlo, lo hizo enfadar.
¿Cuánto tiempo tenía ese aparato reuniendo energía y por qué era tan poderoso? ¿Qué le ocultaban los americanos?
Los enfrentó y le explicaron sobre todo el proyecto.
Lo único que se le quedó grabado fue que ese aparato había sido construido en cuestión de simples días. Días que para Necrozma, eran un simple parpadeo.
Era imperdonable. No podía era posible que esa cosa que había sido creada en días fuera más poderosa que él.
Había trabajado más duro que nadie. Había hecho lo mejor posible por ganarse el favor de los humanos.
Decidió entonces que tomaría la energía del sol. Tomaría la suficiente como para que la tierra no muriera; así él se fortalecería y los humanos no morirían.
Les hizo saber de su plan a los americanos y ellos pronto revelaron su verdadero rostro. Lo atacaron sin piedad y Necrozma exterminó a todos sus atacantes sin dudarlo.
Seguiría adelante con su plan.
Se volvería más fuerte.
Perdió la cuenta del tiempo que le tomó absorber la energía del sol pero cuando finalmente lo hizo… Se sintió maravilloso.
Su cuerpo había cambiado. La oscuridad que antes caracterizaba a su cuerpo ahora había desaparecido, dando paso a un resplandeciente brillo. Le habían salido más brazos y una larga cola.
Después de probar algo así, Necrozma no podía dar vuelta atrás…
Necesitaba más de esos soles y entonces, descubrió otra habilidad que no sabía que tenía.
Una habilidad que se manifestó por su deseo de visitar otros planetas tierra.
Un gran portal se abrió frente a él y sin dudarlo, entró.
Nunca olvidaría su planeta original. Un lugar en el que ahora ya nada florecería ni prosperaría, pero un lugar en el que seguiría habiendo vida de una manera u otra; un planeta al que ya no valía la pena regresar.
Había visitado muchos otros planetas pero ninguno tenía la misma población o cantidad de habitantes que el de su dimensión original. Se dio cuenta de que su planeta natal era uno entre millones, pero él era capaz de navegar entre esos millones, buscando uno parecido.
En el proceso, absorbió la energía de más planetas y soles hasta que finalmente, llegó a aquel lugar y los conoció a ellos.
Laliona y Mahina Pe'a.
Al verlos, supo de inmediato que no eran como cualquier otro ser vivo que hubiera conocido en el pasado. Ellos parecían tener el mismo grado de consciencia de los humanos, o tal vez era superior. Ellos eran fuertes.
Habló en su idioma primigenio. La primera forma de pensar que tuvo, pensando que ellos podrían ser diferentes y en efecto, lo fueron.
Comprendieron a la perfección el idioma en el que les hablaba y se quedó fascinado. Por primera vez en todo lo que tenía de existencia, disfrutó genuinamente una conversación.
Esta vez, él no buscaba luz o favores por parte de ellos; él quería llevarse bien con esos dos… O al menos, así fue al inicio.
Conoció este nuevo lugar. Era realmente parecido a su planeta natal y eso lo dejó fascinado. Sabía que podría encontrar un sitio así tarde o temprano.
Aprendió el idioma de las islas y entonces, se le ofrecieron multitud de ofrendas que rechazó al instante. Sabía por experiencia que las ofrendas, títulos y demás cosas, llegado a cierto punto, dejaban de servir completamente.
Él se conformaba con ver la luz que emanaba de ambos y fue cuestión de tiempo para que se interesara en ella. Fue así como sugirió el intercambio.
La energía que Laliona y Mahina Pe'a desprendían era diferente a cualquier otra, podía sentirlo y cuando la probó, no se equivocó.
Era sublime, era increíble… Era verdadera luz.
La amistad con ambos fue forjada y entonces, propusieron un viaje al espacio. Necrozma no se cansaba de ver las capacidades de ambos y supo instintivamente que, al igual que él, ellos dos habían tenido que pasar por un montón de complicaciones y problemas para lograr ese nivel.
Por eso, cuando escuchó eso… Cuando escuchó esas palabras salir de Laliona…
—Mahina Pe'a y yo nacimos con este poder. Realmente no hicimos nada por lo que deba elogiarnos, Necrozma.
Se sintió traicionado. Sintió que los únicos amigos que alguna vez había hecho, le habían dado una puñalada en la espalda.
La bomba no era un ser viviente y se destruía luego de liberar su destructivo poder, pero ellos dos… ellos dos…
Cuando creía que por fin alguien lo comprendía; cuando creyó que por fin había encontrado seres que lograban entender por todas las dificultades por las que había pasado…
Pero no había sido así. Se había equivocado.
¿Por qué había seres como Laliona y Mahina Pe'a? Seres que nacían dotados con poder; que no conocían lo que era prosperar por su propia cuenta.
Él había tardado miles de millones de años en lograr ese nivel y esos dos simplemente habían nacido con el poder que ahora poseían, sin hacer el más mínimo esfuerzo.
¿Era eso justo?
—No lo es.
¿Merecían ellos dos ese poder?
—No lo merecen.
Si él había dado tanto por la fuerza que ahora poseía, ¿no era natural que Laliona y Mahina Pe'a le entregaran sus luces por simple respeto a su trabajo duro?
—Lo es.
¿Debía tomar ese poder a toda costa?
—Debo hacerlo.
Mientras pensaba todo eso; mientras se respondía esas palabras, Necrozma arrasaba con un planeta que había encontrado por ahí. Los seres vivos que ahí habitaban, unas criaturas parecidas a avispas, no fueron ni siquiera un obstáculo para él, demostrándole así que realmente era fuerte.
Absorbió la luz de ese planeta en semanas y luego, se sintió listo para actuar.
Laliona y Mahina Pe'a no eran dignos del poder que ahora poseían.
Les demostraría que seres como ellos, bendecidos con fuerza sin haber hecho nada, nunca podrían vencerlo a él, alguien forjado por el trabajo duro.
Y si era así, ¿entonces por qué había perdido? ¿Por qué ahora era apresado por Lunala, quien lo estrellaba contra el suelo y le impedía moverse?
—¡CREÍAMOS EN TI! ¡LALIONA Y YO TE ADMIRABAMOS! ¡QUERÍAMOS SER COMO TÚ!
—¡SILENCIO! ¡BENDECIDOS COMO USTEDES JAMÁS PODRÁN COMPRENDER LO QUE SE NECESITA PARA TENER LA VERDADERA FUERZA! ¡NO COMPRENDEN LOS SACRIFICIOS QUE TUVE QUE TOMAR PARA OBTENER MI PODER!
—¡¿SACRIFICIO?! ¡MIRA A TU ALREDEDOR! ¡¿CONSIDERAS ESTO COMO UN SACRIFICIO?!
Había regresado a su planeta natal en búsqueda de refugio, esperando que los habitantes siguieran reconociéndolo como un dios y esperando también que lo protegieran mientras recuperaba las fuerzas que le fueron arrebatadas.
Fuerzas que le había costado millones de años acumular.
En lugar de encontrarse con personas que lo adoraban, se encontró con personas que lo odiaban a muerte. Un odio pasado de generación en generación hasta llegar a las personas de la actualidad.
Sus rasgos habían cambiado y ya no eran los mismos humanos que antes. Sus pieles ahora eran azules y sus ojos de distinto color. Vivían en una ciudad gigantesca llena de luz falsa.
Al igual que él, eran una sombra de lo que antes habían sido.
—¡EL FUERTE TOMA LO QUE QUIERE! ¡ES LA LEY DE LA VIDA, MAHINA PE'A! ¡EN EL MOMENTO EN EL QUE SOY MÁS PODEROSO, TODO PASA A PERTENECERME A MÍ! ¡EL MUNDO ES DE LOS QUE TIENEN PODER!
El rostro de Lunala mostraba repulsión y decepción.
—Eres despreciable…— murmuró, conteniéndolo con más fuerza.
Los humanos lo rodeaban y él ya sabía que no lo ayudarían.
—Hemos esperado tu regreso por siglos. Preparando una prisión hecha a tu medida… Toda la energía que nos arrebataste, vas a devolvérnosla— escuchó que le dijeron.
Necrozma vio como era llevado hacia una torre gigantesca la cual era atravesada por un enorme haz de luz que él pensó, podría absorber.
Mahina Pe'a lo llevó hacia allá y en cuanto entró, sintió como todos sus sentidos se nublaban y lo que era peor, sentía como sus fuerzas se dispersaban.
Las pocas fuerzas que Necrozma todavía poseía estaban siendo utilizadas como una simple fuente de energía para dotar de luz a la gran ciudad.
¿Qué era ese rayo de luz? Él no lo sabía, pero si sabía que realmente, no era luz. Era una ilusión, una farsa; todo menos luz.
Supo que, anteriormente, ese haz de luz no habría sido ni de cerca suficiente como para dejarlo inconsciente, pero ahora que había perdido tanta energía…
Si podía recuperar aunque fuese la mitad de sus fuerzas…
Y entonces los recordó a ellos. Recordó a los seres cuyos planetas arrasó.
A excepción del último planeta, el cual devastó por pura ira, a los demás los había adoctrinado. Los había obligado a verlo como una figura de autoridad suprema y con ello, les había dado una minúscula parte de su luz con la cual se aseguraría de tener control sobre ellos de una u otra forma.
Ese vínculo permitía que se comunicaran mutuamente y también le permitía conocer la ubicación de todos esos seres.
Y cuando dejó de poder moverse, cuando solo quedó su consciencia, dio las instrucciones.
—Denme energía. Busquen mi luz en otras dimensiones. Prepárense para ir a la guerra en cuanto despierte.
Recuperaría su luz. Recuperaría lo que por derecho, era suyo.
Nada vencía a la paciencia ni al trabajo duro.
Absolutamente nada.
Solgaleo aterrizó en el suelo con la respiración agitada y entonces, se dejó caer. Su cuerpo se sentía casi vacío y sintió como la luz que había absorbido comenzaba a ser asimilada rápidamente. Supo en ese momento que sería imposible devolver la luz, pero si lo habían derrotado entonces todo habría valido la pena…
Los Tapu estaban también tirados en el suelo, incapaces de mover un solo músculo. Sus respiraciones eran pesadas y tenían los ojos cerrados. Lo mismo aplicaba para Ash, quien se sentía tan débil que apenas se mantenía consciente.
Si lo habían derrotado, entonces todo habría valido la pena… Si lo habían derrotado, entonces…
—Sol…— al escuchar eso, todos sintieron un escalofrío gigantesco— ¡… GALEOOOOOOOOOOOOOO!
Los Representantes, Tapus, Solgaleo y legendarios, miraron rápidamente a Necrozma, cuyo cuerpo estaba demolido por el poderoso movimiento. Estaba notoriamente deteriorado por el impacto y parecía que estar en cualquier posición le dolía hasta en el alma.
Pero seguía de pie.
Necrozma seguía de pie.
Tiempo para el final de la guerra: Veinticuatro minutos.
¡Hola a todos! Finalmente terminé este capítulo. Creo que es el capítulo de la guerra que más me ha costado terminar y es precisamente por haber tenido esa sensación de "Oh por dios, no sé cómo trabajar el capítulo" y esa otra de "Oh por dios, no puedo dejar de trabajar en este capítulo". Finalmente llegué al mejor resultado posible y fue este.
Lo cierto es que de momento no tengo mucho que decir. Tal vez podría comentar sobre… No sé, lo estoy pensando sobre la marcha… Estoy seguro de que había un dato sobre la historia que quería comentar pero ahora mismo no lo recuerdo… Odio cuando me pasa eso…
Acabo de recordar que tengo unas semanas queriendo dar un dato realmente innecesario pero que consideré oportuno dar dado que dos personas me lo preguntaron y esto es sobre el IQ de los protagonistas de la historia. Los puntajes aproximados serían los siguientes:
-Ash: Aproximadamente 92 puntos.
-Lillie: Rondando los 180 y 200 puntos.
-Hau: Llegando a los 110 puntos.
-Gladio: Aproximadamente 170 puntos.
-Elio: Cerca de los 115 puntos.
-Selene: Cerca de los 120 puntos.
Y con esto les doy el dato innecesario del día, cortesía del usuario Phrostix, quien me hizo la pregunta hace más de un mes.
Por cierto, en temas de estadísticas de la historia… ¡En el capítulo anterior se volvieron locos, chicos! ¡¿30 reviews?! ¡¿De verdad?! ¡Muchísimas gracias por todo el apoyo! ¡Espero poder seguir leyendo a muchos de los que comentaron en el capítulo pasado!
Y ahora, hablando sobre el anime de Pokémon… Bueno, me gusta que el próximo capítulo sea sobre Koharu. Va a ser realmente interesante ver si crece más como personaje aunque siempre he dicho que tiene muchísimo potencial.
En fin, de momento es todo lo que tengo por decir.
Demos paso a la sección del final del capítulo y después de eso, la despedida.
—Ooooooye… Darius. Ey, Darius. Despierta ya, vamos.
Abrió los ojos de golpe, encontrándose frente a sí esos brillantes ojos anaranjados. Se levantó súbitamente, golpeándose con fuerza la cabeza.
—¡AUCH! ¡E-Estás realmente emocionado!— la escuchó reír y rápidamente, se giró.
Ahí, frente a él, estaba Zoe. Se estaba sujetando la frente mientras se reía.
—No sabía que incluso muerto podías seguir sintiendo dolor. Es una cosa súper extraña, ¿no?— le preguntó, viéndolo con una sonrisa— Aunque el dolor pasa en cuestión de segundos.
Darius la miró fijamente y luego, comenzó a avanzar hacia ella arrastrando sus rodillas por el verde césped de ese enorme prado. Extendió una mano y la puso sobre su mejilla, haciendo que la sonrisa de Zoe incrementara.
—Lo hiciste increíble ahí abajo, Darius— le dijo, poniéndole las manos sobre la cabeza—. "Solicito permiso para morir, señor"— se rio— ¿Qué pasa con eso? Sonó demasiado genial.
Los ojos de Darius no pudieron evitar generar lágrimas y entonces, la abrazó con fuerza. Rompió en llanto apenas lo hizo.
Zoe sonrió y cerró los ojos, dejando caer por sus mejillas también unas pequeñas lágrimas.
—Lo siento, Darius… Nunca me di cuenta de tus sentimientos por mí… Si hubiera sido un poco más seria con esas cosas, tal vez nuestro destino pudo haber sido distinto…
El hombre ni siquiera podía hablar por el llanto, por lo que Zoe comenzó a acariciar su espalda.
—Aquí hay luz y tierra… Tal vez podríamos crear esos cultivos aquí, ¿no crees?— le preguntó, recargando la mejilla contra su hombro— Tú y yo, Darius…
—S-Sí… Por favor…— alcanzó a murmurar para luego, volver a llorar.
Aunque no habían podido decir una última palabra en vida, podrían decirse las que quisieran en muerte.
¡Y eso es todo! ¡Nos leemos luego, gente!
¡Alola!
