La eterna lluvia caía sobre el cuerpo de la pequeña murciélago irritándola más de lo que ya estaba. ¡Estúpida agua que apagaba su fuego! Esperó por tanto tiempo para obtener sus poderes y ahora resulta que eran débiles e inútiles en ambientes húmedos ¿Para qué se había tomado tantas molestias en participar en el ritual de su padre si solo iba a recibir poderes patéticos? Con lo que le había dolido comerse la primera flama sentía que sus esfuerzos no valían la pena.
Vio a los insectos que deambulaban por la plaza y decidió probar algo. Se ocultó sigilosamente detrás de un poste de señalética y cuando un grillo se aproximó a donde ella estaba, salió de improviso lanzando el rugido más terrible que fue capaz de componer.
El grillo recibió un pequeño susto por lo repentino de la acción, pero este luego fue superado dando paso a una creciente curiosidad ante la extraña criatura que tenía al frente, que si bien era rara, no se veía peligrosa.
La alimaña vio con frustración que el insecto no parecía temerle, a pesar de que se esforzó por lucir terrible, entonces voló y se ocultó en otro rincón para repetir la acción con iguales resultados.
No importaba lo que hiciera, nadie le temía, solo obtenía miradas de sorpresa, curiosidad o ternura, cada vez estaba más frustrada ¡No se suponía que fuera linda! Ella quería ser aterradora, igual que su padre, una reina de fuego, alguien ante quien todos se inclinaran y temblaran, no alguien a quien todos quisieran acariciar (aunque no iba a negar que le gustaba que la consintieran).
De pronto, más por instinto que por otra cosa, percibió la presencia de alguien, al mirar sobre su hombro encontró a su "madre" de pie allí en medio de la lluvia, en su eterno silencio que tan bien conocía observándola con atención. Este extendió los brazos hacia ella indicándole que volviera con él.
La murciélago lo miró enfadado ¿En serio creía que lo iba a arreglar todo con un abrazo? ¡Claro que no! Pero aun así voló hasta Hollow tranquilamente. El pequeño estaba más tranquilo ahora que veía a su "hija" regresar con él, por eso bajó la guardia y se quedó con los brazos extendidos esperándola, sin embargo cuando la criatura estaba a punto de alcanzarlo, en lugar de dejarse abrazar, se precipitó contra los cuernos de Hollow y empezó a morder uno de ellos expresando su molestia.
Los mordiscos de la alimaña no dolían, pero el movimiento hacía que su máscara comenzará a sentirse floja, si se le caía su forma de sombra sería liberada y teniendo a tantos insectos alrededor, eso no sería nada bueno, por lo que comenzó a desesperarse un poco y a tratar de alcanzar a la murciélago.
Por su lado, el retoño solo mordía ajeno a los problemas que podrían causar sus acciones, hasta que de pronto sintió un par de manos que se enroscan alrededor de su cuerpo y la apretaban con firmeza, quizás demasiada, casi le dolía.
Finalmente soltó a Hollow y se dirigió hacia el desconocido que la apretaba, iba a gruñirle, pero en cuanto se encontró con los ojos furibundos de Hornet fue incapaz de decir nada.
—¡PERO QUE RAYOS TE PASA! —Le gritó la guerrera.
—Gy-gy ¿Gyaarg?
—¡Ali! ¡No vuelvas a escaparte así! ¡Y no muerdas a Hollow, que él no te ha hecho nada! —La pequeña bajó la mirada aterrada por el tono furioso de Hornet—. En serio, hoy te has portado realmente mal.
—...
—¿Ali quiere ser aterradora? ¿Y para qué rayos quieres algo así?
Si la pequeña hubiera sido más diestra en las palabras, habría explicado que quería imponer respeto y doblegar al mundo, pues desde su más tierna infancia su padre le había inculcado esas ideas. Ella estaba siendo criada para ser una reina de fuego a quien todos temerían, cuyos deseos serían órdenes para todos los que la rodearan. Pero debido a su carencia de lenguaje, solo pudo contestar.
—Yo... Seré como papi.
—Ser como tu padre... —Hornet suspiró calmándose un poco—. ¿Y ser como tu padre es algo tan grandioso? —Ante la mirada de disgusto que le puso la pequeña se apresuró a agregar—. Yo no lo conozco, pero simplemente no puedo imaginar qué tiene de bueno ser temido, nadie querría acercarse a ti ni jugar contigo, todos se alejarían y no te hablarían, ser aterrador no tiene nada de bueno, créeme, lo he comprobado en carne propia.
La pequeña la miró no del todo convencida, pero supuso que ellos no podían comprenderlo, ellos no sabían lo genial y grandioso que era su padre, jamás entenderían por qué quería ser como él. Pero bueno, decidió no quejarse, la tía Hornet también daba miedo cuando se enojaba, solo que le faltaba elegancia.
En ese momento, aún con el constante caer de la lluvia, percibieron un alboroto que crecía con cada segundo, un ejército de cucarachas se acercaba a ellos empujando sin ningún cuidado a los transeúntes que andaban por el lugar. No necesitaron más para emprender la retirada, ya habían recuperado a Ali, no tenían nada más que hacer allí.
No llevaban demasiado tiempo corriendo cuando un gruñido de la murciélago los detuvo.
—¿Qué pasa Ali? —Preguntó Hornet al ver que la pequeña no avanzaba—. Tenemos que irnos.
—¡Gyar gyar gyar gyar! —Gritó Ali alterada.
—...— Hollow sabía exactamente lo que le ocurría al retoño y con algunas mímicas lo explicó rápidamente.
—¿Uno de esos bichos con antorcha de los que me hablaste anda cerca? Hollow, no tenemos tiempo para eso. Nos persiguen las fuerzas del orden público, otro día cuando hayamos arreglado los malos entendidos volvemos por la "flama".
Lamentablemente para Hornet, estas explicaciones no eran suficientes para Ali. Para ella era más importante comerse la siguiente flama, así que ignorando a la mayor, dio media vuelta y voló directamente hacia el ejército de cucarachas, obviamente como los problemas que tenían eran con Hornet y no con ella, la ignoraron.
La guerrera se agarró la cabeza exasperada por la situación, si hubiera sido por ella habría abandonado a la criatura, pero ya le habían explicado las complicaciones que tendrían si algo le llegaba a pasar, así que no le quedó más remedio que correr hacia sus enemigos.
A pesar de que en un inicio las cucarachas estaban envalentonadas por su número y porque Hornet huía de ellos como un cachorro asustado, en cuanto la vieron cambiar de actitud y dirigirse hacia ellos sin miedos ni dudas, inmediatamente se acobardaron y se congelaron en su lugar, creyendo que la horrible bestia de los rumores los iba a matar. Todos cerraron los ojos y se abrazaron queriendo consolarse en sus últimos minutos de vida. Pero los segundos pasaron y nada ocurrió, Hornet pasó al lado de ellos sin siquiera mirarlos y ellos no hicieron nada por detenerla, vaya guardias ineptos estaban hechos.
—Cuando la jefa se entere de esto nos va a matar —gimoteó una de las cucarachas.
Sin embargo no perdieron más tiempo y corrieron nuevamente tras la chica de rojo.
La mamífero voló a través de la ciudad muy atenta a sus sentidos, buscando el origen del poder que sentía, no podía estar equivocada, Grimm la había entrenado casi desde que había aprendido a volar para detectar la flama del ritual. Miró a todos lados sin encontrar ningún rastro del bicho que buscaba, aunque luego de meditarlo un poco, probablemente el seguidor de Grimm estaba dentro de algún edificio, si estuviera bajo la lluvia la flama se apagaría, o estaría tan ocupado protegiendo el fuego que no podría pelear.
Dio algunas vueltas más hasta que notó un brillo rojo a través de la ventana de un edificio, aquello fue la señal que estaba buscando, así que sin más demora entró a la construcción. Hollow y Hornet lograron verla entrar y un escalofrío les recorrió la espalda, el lugar al que Ali entró era nada menos que la biblioteca, un sitio con mucho material para quemar y justamente donde habían mandado a trabajar a Dan.
Entraron al edificio y se sacudieron en el recibidor quitándose el exceso de agua, casi todos los edificios de la ciudad tenían un cuarto para que los visitantes se secaran. No se demoraron demasiado en eso, estaban muy apurados, por eso aún goteaban cuando se adentraron en la construcción.
Al llegar al gran salón donde se encontraban los estantes repletos de libros, lo primero que vieron fue a la bibliotecaria, que era una mosca, volando por el cuarto persiguiendo a la murciélago con una escoba.
—¡Ali ven aquí! —Le gritó Hornet.
La pequeña en cuanto escuchó la voz de la mayor se arrojó contra ella buscando protección, pero fue tal la fuerza con la que hizo esto, que prácticamente chocó con Hornet y la tiró al piso. Por su lado, la mosca voló hasta ellos furiosa por el alboroto que había provocado la cría.
—¡Fuera de aquí! ¡Este sitio no es para jugar!
—Ho-ho ¡Hornet! —dijo una voz en las alturas.
La biblioteca tenía un corredor abierto en el segundo piso desde donde se tenía una vista privilegiada hacia el primero. Dan justamente en ese momento se encontraba limpiando la planta superior y al escuchar una voz conocida, se asomó a mirar. No esperaba encontrar a la guerrera allí y quiso pensar de manera positiva, quizás ya había hecho las paces con su madre y ahora venía a verlo, así que alegremente se dispuso a bajar, sin embargo, antes de que recorriera el pasillo hasta la escalera, un cierto individuo sospechoso se interpuso en su camino.
Un extraño insecto enmascarado que portaba una enorme antorcha con un radiante fuego rojo se presentó ante él apareciendo de la nada. Dan retrocedió intimidado ante el individuo, había lago en su mirada que le daba un mal presentimiento, había demasiada malicia en aquellos ojos y la forma en la que agitaba la antorcha parecía peligrosa. Trató de no hacer ningún movimiento brusco para no irritar al bicho, pero este no necesitaba provocación, estaba allí para divertirse y no había nada más divertido que achicharrar insectos.
El fuego de la antorcha ardió con más fuerza y Dan comenzó a correr por su vida, pero no llegó muy lejos, pues la única escalera para bajar del segundo piso estaba justamente por el lado que el seguidor de Grimm estaba bloqueando. La pequeña cochinilla quedó arrinconada y sin salida, con su atacante a punto de quemarlo, cerró los ojos temiendo lo que vendría y justo en esos momentos, el sonido de un vidrio quebrándose anunció la llegada de alguien más.
Quirrel de alguna forma inexplicable se las arregló para entrar por la ventana del segundo piso a tiempo para interponerse y salvar a Dan.
—¡Quirrel! —Dijo Dan asombrado al ver al mayor portar un aguijón. Él era de los que estaban convencidos de que las cochinillas no pueden ser guerreras. Sin embargo Quirrel le demostró lo contrario.
Con una destreza y velocidad que Dan jamás habría imaginado, vio al mayor batirse a duelo con el portador de la flama, este también luchaba usando la antorcha como arma. Ambos eran muy veloces al punto que era difícil seguirlos con la mirada, solo se escuchaba el ruido de los golpes por la habitación, mientras que la admiración de la pequeña cochinilla crecía cada vez más, Quirrel estaba haciendo todo aquello que a él siempre le dijeron que nunca podría lograr, Dan siempre odió ser una cochinilla por las limitaciones que tenía su especie frente a las cucarachas, pero viendo ahora la situación, quizás no eran tantas.
El insecto espectral ya aburrido de aquella pelea tan igualada, optó por sacar ventaja del fuego que portaba y comenzó a arrojarlo contra los estantes de libros. Dos de las tres flamas que lanzó ardieron un instante para luego apagarse, sin embargo la tercera logró prender e iniciar un gran fuego en uno de los libreros. La mosca bibliotecaria comenzó a gritar histérica ante el incendio inminente. Sin embargo en aquel momento los salvó la murciélago, quien demostró tener una habilidad oculta al acercarse y arrojar una pequeña bolita de fuego que logró neutralizar el fuego ya creado.
El seguidor de Grimm miró a la pequeña bestia con algo de resentimiento, esa mocosa caprichosa y consentida que siempre hacía lo que quería y lloraba por todo. Sabía que no saldría vivo de esto y que su destino era ser devorado por ella, así fue establecido el ritual, por eso aquel último espectáculo debía ser el más grandioso de su vida, tal como le gustaría al maestro, lleno de fuego, de sorpresas y de ataques inesperados.
Se lanzó contra la pequeña quien no tenía la capacidad aún de reaccionar tan rápido, sin embargo fue detenido por Hornet quien le arrojó su aguja. Logró esquivarla por poco. Le dio un vistazo a la guerrera y tras una evaluación corta determinó que era aún más complicada de manejar que la cochinilla de recién.
Justo en ese instante entró el grupo de cucarachas que los estaba persiguiendo desde hacía un rato. El portador de la antorcha rió maliciosamente, eran nuevos voluntarios para su actuación más espectacular, el fuego ardería alimentado por el terror de sus víctimas y el maestro estaría orgulloso de su sacrificio.
Agitó la antorcha una vez más y esta vez dirigió su fuego contra las cucarachas indefensas que miraban al ser incapaces de hacer nada. El fuego se abría paso a través del aire buscando impactar la carne de insecto, sin embargo justo antes de que las flamas los alcanzaran, Hornet se interpuso y recibió el ataque.
Afortunadamente como su capa parecía tener una especie de protección contra el fuego, el daño no fue tan grande, pero aun así terminó cayendo de rodillas por el dolor que sentía recorrer su piel, respiró agitadamente y vio al ser flotar en el aire burlándose con una molesta risilla. Se notaba que se lo estaba pasando en grande, adoraba ver el rostro de dolor y rabia de Hornet y el miedo creciente en las cucarachas que estaban detrás de ella. Y por estar admirando el horror que causaba, no fue capaz de percatarse del pequeño contenedor que se trepó en el librero y brincó para acertarle una estocada.
El corte recibido lastimó bastante al bicho, pero aquello no fue lo peor, lo más horrible fue levantar la mirada y encontrar la expresión furibunda en el rostro de Hollow, aquel pequeño a quien en un inicio subestimó y tomó por débil y aburrido resultó ser más feroz de lo que esperaba. El seguidor de Grimm no lo sabía, pero había hecho lo peor que podía hacer frente a Hollow, había lastimado a un miembro de su familia. El portador de la antorcha ya sabía que iba a morir, estaba preparado para eso desde el principio, pero no quería que la experiencia fuera tan traumática, así que como pudo se elevó de nuevo y escapó, por supuesto Hollow y Ali lo siguieron.
Hornet en ese momento, jadeando por el dolor y aún con las piernas temblando, logró ponerse de pie y rengueando empezó a caminar hacia la dirección donde se habían ido los otros.
—¡Espera chica! —Le gritó una de las cucarachas— ¿Estás bien?
Hornet se detuvo al escuchar la pregunta y los miró de forma fastidiada.
—Bueno decídanse ¿Me quieren viva o muerta? Aggg... Da lo mismo, ahora estoy ocupada, luego nos batimos a duelo a muerte.
Continuó alejándose lo más rápido que podía, en ese momento estaba débil, pero ninguna cucaracha se atrevió a tratar de detenerla, al fin y al cabo se había sacrificado por ellos, cosa que les hacía cuestionarse la maldad de esta criatura.
Pronto Quirrel bajó al primer piso y ayudó a Hornet permitiéndole que se apoyara en él, Dan también quiso cooperar de alguna forma pero le dijeron que se mantuviera al margen. El joven algo herido quiso ayudar a su manera, así que se fue a buscar a un médico.
La cochinilla y la araña avanzaron por la biblioteca hacia una bodega que había en el fondo, guiados tanto por donde recordaban que habían visto dirigirse a Hollow y Ali, como por un cierto alboroto que se incrementaba conforme se iban a cercando. Cuando finalmente abrieron la puerta del cuarto donde se encontraban los pequeños y el seguidor de Grimm, el combate entre estos ya había terminado.
La flama de la antorcha había comenzado a brillar con mayor intensidad y a consumir a su portador, quien se retorcía mientras el fuego lo cubría. Aquella fue la señal que Ali esperaba, suspiró profundamente sabiendo que lo que seguía le iba a doler, pero era parte del ritual, no podía decepcionar a su padre, tenía que hacerlo. Se posó sobre el insecto y comenzó a devorarlo mientras aún ardía. Nuevamente aquel dolor abrazador la envolvió, pero soportando con valentía, continuó comiendo de aquella forma grotesca que resultaba tan perturbadora.
Hornet observó la escena sintiendo un extraño miedo en su interior, como si aquello le resultara familiar. Se llevó una mano a la cabeza sintiendo un agudo dolor, entonces algunas imágenes comenzaron a poblar su mente, las palabras de su madre hablándole de los murciélagos y sus horribles costumbres, las pesadillas que poblaron sus sueños durante su niñez y las espantosas historias que logró encontrar en algunos libros de la biblioteca. Finalmente el sello que el rey pálido había puesto sobre sus recuerdos se desvaneció y Hornet recordó su miedo, el cual se vio acrecentado por la escena que contemplaba, una murciélago devorando un insecto mientras estaba envuelta en llamas, una imagen de pesadilla hecha para perturbar hasta al más valiente.
Finalmente Ali terminó su molesta tarea y suspiró agotada, entonces el fuego escarlata la envolvió y su poder se manifestó en ella. Con un agudo chirrido, lanzó una bolita de fuego que cayó al piso y ardió durante unos momentos antes de apagarse. La pequeña gritó de alegría celebrando el crecimiento de sus poderes, ahora era más aterradora que antes, si seguía así pronto podría alcanzar a su padre. Miró a su "madre" y este le hizo un gesto de aprobación, entonces dirigió su mirada hacia Hornet y se encontró con algo que no esperaba, miedo.
El día que Ali conoció a Hornet la vio gritar y llorar, en un inicio no entendió esta conducta, pero como después se le pasó, no le dio mayor importancia al asunto. Eventualmente con la convivencia se terminó encariñando con la mayor al punto de llamarla "tía Horny", pues si bien la chica tenía un carácter duro y severo, también tenía un lado suave que no mostraba muy a menudo y que Ali había podido descubrir. Aunque Hornet la regañaba mucho, también era amable, siempre tenía un bocadillo para ella, unas palabras de ánimo, una caricia afectuosa o incluso un tiempo para jugar.
Esa era la tía Horny que había comenzado a querer, por eso verla con miedo no le gustaba, ella quería un abrazo y unas felicitaciones, no un grito y una mirada de terror. Se acercó a la chica de rojo ronroneando suavemente intentando apaciguarla, pero en cuanto la distancia entre ellas se acortó demasiado, se vio obligada a esquivar la aguja que Hornet blandió contra ella.
—¡Aléjate bestia!
Esto sí que la hizo sentir herida, pequeñas lágrimas asomaron por los ojos de la murciélago, estaba a punto de empezar a llorar y Quirrel también se estaba estresando, pero por lejos la que estaba peor era Hornet, quien en ese minuto colapsó y cayó al piso inconsciente.
Una suave tonada cantada por una voz masculina resonaba en su mente, era una voz conocida, cálida y amable, que causaba sentimientos de alegría y afecto, además de tranquilizarla bastante. Se sentía sumamente agotada, pero aun así su instinto de lucha la obligaba a moverse, abrió los ojos lentamente para encontrar un techo que no conocía.
Hornet observó a su alrededor algo confundida, estaba recostada en una cama con sábanas blancas, había un gran ventanal por el que caía una lluvia interminable y sentado a su lado se encontraba aquella cochinilla que tanto quería cantando suavemente, además, junto a él estaba otra cochinilla más joven y Hollow, quien fue el primero en notar que había despertado.
—¡Gyaaaarggg! —Este sonido hizo que el cuerpo de Hornet se pusiera rígido.
Hasta ese momento no lo había notado, pero encima de ella había un bultito negro de ojos rojos que ahora la miraba con expectación. Hornet se puso a temblar aterrada y al borde de las lágrimas cuando notó que alguien le tomó la mano. Giró su cabeza y se dio cuenta de que había sido Quirrel.
—Tranquila Hornet, no te va a hacer nada —le habló la cochinilla con suavidad.
—Pero... Pero es un murciélago...
—Sí, pero es una cría y has estado viviendo con ella más de una semana, has jugado con ella, la has alimentado, hasta han dormido juntas, no tienes por qué temerle a Ali. Recuerda Hornet, recuerda todo lo que han pasado juntas.
Hornet comenzó a rememorar todo lo que le mencionaba Quirrel, era verdad que hasta el momento la pequeña nunca había sido un peligro, pero no podía comprender por qué antes no le tenía miedo y ahora sí. La miró tratando de apagar su temor, en sí la criatura lucía inofensiva, pero luego recordaba la escena de verla devorando a ese maldito insecto de fuego y los nervios la atacaban. Sin embargo Quirrel sin soltar la mano de Hornet comenzó a acercarla hasta la cabeza de Ali.
La guerrera temblaba cada vez más en la medida que veía su extremidad aproximándose a ese peligroso ser, en su mente la idea de que la iba a morder cada vez crecía más, pero en cuanto hizo contacto con la piel peluda de la murciélago, esta simplemente lanzó un gruñido de satisfacción y se restregó cariñosamente contra ella. Entonces tomándose más confianzas, se acercó aún más a Hornet y la abrazó cerrando los ojos hasta quedarse dormida.
Lo último que pensó la mamífero en ese momento, fue que si bien ser temida y respetada era algo genial, prefería ser querida, porque no había nada que le gustara más que ser mimada. A partir de ahora ya no intentaría asustar a la gente, sobre todo a la tía Horny.
Hornet se tranquilizó un poco pero aún seguía tensa, entonces miró a su amigo y con voz tímida formuló una petición.
—Quirrel... Tú... ¿Podrías cantar otra vez? Esa canción de recién... Es que... Me hace sentir más tranquila.
—Ah, la canción de cuna —dijo Dan que hasta ese momento se había mantenido en silencio—. No imaginé que Quirrel también la conocía, mi mamá biológica solía cantármela cuando pequeño para calmarme, también decía que mi papá me la cantaba cuando era un huevo, obviamente eso no lo recuerdo ¿Creen que sea una canción típica de las cochinillas?
—No lo sé —contestó Quirrel—. La verdad no recuerdo donde la aprendí, pero a veces cuando estoy nervioso tararearla me hace sentir mejor y parece que a Hornet también.
La chica se sonrojó y desvió la mirada algo avergonzada, en aquel momento se sentía muy sensible y todo le afectaba. Por su parte la cochinilla mayor se disponía a iniciar su nana, pero en ese momento fueron interrumpidos por el estruendo de la puerta abriéndose de golpe, entonces un ejército de cucarachas entraron llenando la habitación.
Hornet de inmediato se puso nerviosa y comenzó a buscar su aguja con la mirada, para hallarla al otro lado de la habitación justo detrás de las cucarachas. Eso sí era un problema.
Entonces el grupo de insectos empezó a abrirle paso a una cucaracha mayor, la matriarca del grupo, quien se aproximó con paso seguro y mirada seria. Esta se colocó frente a la cama de Hornet y la miró en silencio durante algunos segundos. Cuando la chica de rojo estaba a punto de decir alg, fue la cucaracha la que cortó el silencio.
—Muchas gracias por salvar a mis parientes, no sé qué habría sido de ese montón de idiotas si no hubiera sido por ti.
Hornet muda por la sorpresa la miró confundida sin saber bien de qué hablaba, entonces comenzó revisar sus últimos recuerdos y vino a su mente el instante en el que se interpuso entre el portador de la flama y las cucarachas que la perseguían. Sí, seguramente era por eso.
—No-no hay problema —contestó la muchacha con algo de timidez.
—Protegiste a aquellos que estaban dispuestos a atacarte —continuó la cucaracha—. Una persona así no puede ser mala.
—¡Te lo dije mamá! —Habló Dan—. Hornet no es mala ¡Pero tú no me hiciste caso!
—¡Silencio Dan que tus mayores están hablando!
El joven simplemente se cruzó de brazos mientras reclamaba para sus adentros.
—Bueno, como iba diciendo —retomó la palabra la matriarca—. Acepto que no eres una mala chica, por ello te permitiré seguir siendo amiga de Dan, pero por favor, no lo metas en situaciones peligrosas, el pobrecillo es torpe y débil y siempre le ocurren accidentes, lamentablemente es una cochinilla y estas criaturas son muy frágiles.
—¡Eso no es verdad mamá! —intervino de nuevo Dan—. El señor Quirrel aquí presente, recién tuvo una pelea espectacular con el insecto de fuego del que te hablé y peleó con él de igual a igual usando un aguijón y él también es una cochinilla.
—No es para tanto —dijo el aludido con modestia—. Tampoco soy el mejor guerrero ni nada, de hecho Hornet me supera, yo apenas sé lo suficiente como para protegerme. Aunque sí debo aclarar que las cochinillas no somos tan frágiles como piensa, quizás no tenemos la fuerza de unan cucaracha o una araña, pero aún con lo que tenemos somos capaces de grandes cosas. Quizás Dan al no haber convivido con otros de su especie no pudo desarrollar algunas habilidades propias que le ayudarían mucho, pero si no le molesta yo mismo podría instruirlo en esos aspectos.
—¡Si! ¡Eso sería genial! —Dijo Dan entusiasmado por aprender de alguien que había causado tanta admiración en él.
—Bueno... —La matriarca parecía pensativa—. Creo que no tendría problemas con eso, pero no quiero que le enseñe nada que tenga que ver con blandir un aguijón, mire que la última vez que Dan intentó...
—¡Mamá no cuentes esa historia! —Se quejó el joven— ¡Es vergonzosa!
Luego de eso siguió una amena conversación sobre anécdotas familiares e historias de vida en la cual todos participaron, excepto por Hollow, quien por supuesto no podía decir nada. En general sobrellevaba bastante bien su carencia de habla, pero eran situaciones como esa las que lo incomodaban al sentirse inferior. Por eso optó por salir de la habitación, si había algo digno de recordarse, ya se lo contaría su hermana.
Salió al pasillo del hospital que en ese momento estaba vacío, sin embargo al llegar, la figura del rey pálido se reveló ante él por la influencia del aguijón onírico que portaba.
El rey se veía algo extraño, silencioso, pensativo y con una profunda mirada de tristeza en sus ojos. Por lo que notó, el fantasma observaba a la familia de cucarachas desde la distancia, en particular a Dan, aunque de vez en cuando también le lanzaba miradas furtivas a Quirrel sin variar su expresión alicaída ¿Que pasaba con el viejo que de pronto andaba tan sentimental? Hollow decidió acercarse a preguntar.
—¿...?
—No me pasa nada
—...
—Te digo que no es nada, en serio, no te preocupes.
—...
—¿Es necesario remarcar que no estás preocupado por mí? De todos modos si es solo curiosidad lo que te mueve, no me veo en la obligación de responder tus preguntas.
—... —comenzó a tirar de la capa del rey de forma insistente.
—Si no te digo que me pasa me vas a molestar todo el día ¿Cierto?
—...
—Y mañana también... Quizás incluso el día siguiente... Está bien —El viejo monarca se veía fastidiado—. Solo pensaba que es algo triste que Quirrel y Dan nunca puedan enterarse de la verdad.
—¿...?
—Que ellos son padre e hijo.
—¡¿...?!
—¿Que cómo lo sé? Ya me dieron bastantes pistas —lanzó un sentido suspiro—. Cuando la infección estalló, la tribu de las cochinillas fue una de las primeras en irse, en su momento catalogué esto como un acto de cobardía, ahora he llegado pensar que más bien fue un acto de sensatez. Todos huyeron lejos y de los poquísimos que decidieron quedarse, uno fue Quirrel. Según me dijeron el padre de Dan tuvo que quedarse en Hallownest para cumplir una misión importante, eso calza ¿Cierto?
—...
—Sí, es una evidencia muy vaga, sin embargo la madre de Dan se llamaba Danira, igual que la esposa de Quirrel. Bueno, al menos ahora sabemos que está muerta, Quirrel ya no tendrá que temer que un viejo amor de su pasado lo busque.
—¿...?
—Monomon me contó ese detalle, además de sus investigaciones su otro tema de conversación favorito era su discípulo, siempre me hablaba de sus logros. Me contó todo su drama amoroso cuando conoció a Danira, me habló de su boda y de los 10 huevos que tuvieron... Asumo que al escapar de Hallownest Danira solo pudo salvar a uno de ellos, por eso Dan es tan preciado para su amiga cucaracha, es el único recuerdo que le queda de esa cochinilla.
—...
—Sí, y la prueba final que creo podría confirmar mi hipótesis es la canción de cuna. Hasta donde sé las cochinillas no tienen una gran cultura musical, a diferencia de otras especies como los grillos o las cigarras, no hay entre ellas nada como canciones de cuna tradicionales. Así que esa tonada deber ser algo que Quirrel compuso especialmente para sus crías.
Hollow bajó la mirada y comenzó a comprender lo triste de la situación, padre e hijo, separados por las circunstancias y vueltos a reunir sin saber quién era el otro, debía hacer algo ¡Ellos debían enterarse! Salió corriendo hacia la habitación dispuesto a contar lo que sabía, sin embargo el rey pálido le cortó el paso impidiéndole avanzar.
—¡...!
—¿Qué pretendes hacer? ¿Acaso quieres contarles la verdad? No lo hagas, ellos jamás deben enterase de esto.
—¿...?
—Porque no ganarían nada y esto solo traería dolor.
—¿...?
—Piénsalo. Quirrel perdió la memoria, él no sabe nada de su pasado, solo tiene unos vagos recuerdos de la maestra Monomon, imagínate su impresión si de pronto le dicen que tiene un hijo que ni siquiera recuerda haber concebido y peor aún, imagínate como sería para Dan. Quizás le empezaría a recriminar a Quirrel el haberlo abandonado, quizás si él hubiera estado con Danira ella no hubiera muerto ¿Y cómo podría defenderse Quirrel? No recuerda nada, ni siquiera podría hablarle de su madre, todo sería dolor tristeza para ambos, ninguno necesita eso, Quirrel está muy bien como está, ya aceptó su falta de memoria y es capaz de lidiar con eso y Dan tiene una familia que lo adora, no necesita a Quirrel. Por eso Hollow, lo mejor es que no sepan nada, además míralos, al menos así como están pueden ser amigos.
El pequeño dirigió su vista hacia el interior de la habitación donde las cucarachas hablaban animadamente, miró a Dan y a Quirrel quienes parecían llevarse de las mil maravillas. El viejo tenía razón, las cosas estaban bien como estaban, habían verdades que era mejor guardar.
No lo había dicho pero yo creo que Quirrel es mayor que Hornet, al menos lo suficiente como para haber dejado descendencia, pero no tanto como para que esta diferencia les impida estar juntos aunque... En este mundo de insectos ¿Cómo se mide exactamente el tiempo? Hay algunos insectos que parecen tan viejos como si hubieran vivido un siglo y probablemente la espectativa de vida varía según la especie.
En fin. Hasta el siguiente capítulo que espero sacar pronto. Gracias por las lecturas y los comentarios, nos leemos.
