—Bueno, este es mi cumpleaños más raro y por mucho.
Cuando Hau dijo eso, miró sus alrededores. Él, todo el equipo S&M y Hapu, estaban sentados alrededor de una mesa en la habitación de Ash, jugando al Uno.
—Comes dos— escuchó decir a Gladio de pronto, sorprendiéndose enormemente.
—¡¿Por qué siempre me haces comer dos?!— le preguntó, viendo atentamente la carta que había sido puesta sobre la mesa— ¡Es mi cumpleaños, déjamelo más fácil!
—Ni de broma. Si juego es para ganar— respondió el rubio con una media sonrisa en el rostro.
Mahalo, con el ceño fruncido y resignado, no tuvo más opción que tomar dos cartas más, añadiéndolas a las doce que ya tenía.
—¡Uno!— gritó entonces Ash, cruzándose de brazos con una sonrisa triunfante. Le habían quitado la pierna protésica ya hacía un buen rato, por lo que tenía que estar en una silla de ruedas al igual que Gladio.
Gladio golpeó la mesa, sacudiéndola un poco. Vio con frustración sus dos cartas y luego, a Mahalo.
—¡Hagas lo que hagas asegúrate de saltar su turno, Hau!— le dijo.
—Dudo poder ganar, pero al menos intentaré eso…— murmuró con los ojos cerrados.
Hapu también frunció el ceño. A ella le quedaban tres cartas.
—No puedo dejar que gane también esta. Acabo de descubrir este juego y quiero ganar al menos una vez. Me rehúso a ser una mastica suelos— vio atentamente a Elio, quien era el que tenía el turno antes que ella—. ¡Ayúdame a ganar esto, mejor amigo!
El Asutoro se rascó la cabeza y luego, negó con fuerza.
—¡Ni de broma, también quiero ganar!— aseguró, cruzándose de brazos y entonces…— ¡Ah, Hapu, no veas mis cartas, no se vale!
—Técnicamente, tú las enseñaste, hermano— le dijo Selene mientras la Kahuna tenía una sonrisa maliciosa en el rostro.
Elio, quien tenía ocho cartas, simplemente dejó caer la cara sobre la mesa.
—Maldición…
Fue el turno de Lillie, quien con una sonrisa colocó un cuatro verde, quedándose con solo cuatro cartas. Elio, al ver eso, sonrió ampliamente.
—¡Pasas turno, Hapu!— exclamó, poniendo un saltar turno del mismo color.
Honua golpeó con fuerza la mesa, señalando al adolescente mientras se ponía de pie.
—¡Traidor!— exclamó, frunciendo el entrecejo.
—Planeaba ir suave contigo porque acabas de empezar a jugar, pero mi corazón es incapaz de pasar por alto a un tramposo— Elio le dio una sonrisa altanera.
Gladio, Lillie y Selene simplemente se le quedaron viendo al Asutoro. Su propia naturaleza competitiva y orgullosa le impedía contenerse, incluso si la persona con la que se contendría era la chica que le gustaba.
—Bueno, así es él…— pensaron los tres.
Hapu no tuvo más remedio que volverse a sentar en su silla mientras refunfuñaba.
Con Hapu teniendo su turno saltado, le tocó a Rotom. La Pokédex se quedó mirando fijamente el tablero y luego, suspiró.
—Si fuera yo solo contra otra persona, esto habría acabado hace ya un buen rato, pero dado que no es así…— puso un toma cuatro que exaltó a Selene.
—Puedo sentir que todas tus jugadas están llenas de rencor…— dijo, sin más opción que tomar las cuatro cartas correspondientes. Junto a las nuevas, tenía veinte cartas en su mazo.
Antes de que Hapu usara una carta de reversa, Selene tenía su turno antes que Rotom por lo que lo había hecho tomar varias cartas con anterioridad. Actualmente, Rotom tenía diez cartas en su poder tras haber poseído veinticuatro.
—Entonces es mi turno— Gladio colocó rápidamente un toma cuatro y sin perder tiempo, gritó— ¡Uno!
En el lugar, todos se quedaron fríos. Gladio tardó unos segundos en procesar su propia acción y cuando lo hizo…
—¡Mierda!— exclamó, llevándose las manos a la cabeza.
—¡¿Por qué hiciste eso?!— le preguntó Hau, tomándolo de los hombros— ¡Tenía una carta de reversa, ¿por qué me hiciste saltar turno?!
—No tengo… excusa…— masculló, rechinando los dientes.
—¡Supongo que gano otra vez!— escucharon hablar a Ash, volteando a verlo. Un comodín fue puesto en el montón de cartas, haciendo que todos suspiraran.
—Ese nivel de suerte no es normal… Que te toquen todos los comodines en una sola partida definitivamente no es normal…— murmuró Hau, con una mano en el rostro.
—Las probabilidades eran tan reducidas y aun así…— Rotom, con resignación, tiró sus cartas sobre la mesa.
Escucharon como Lillie chasqueaba los dedos.
—Tan cerca…— su rostro se veía claramente disconforme.
Elio y Selene sonrieron con orgullo.
—Definitivamente el jefe es fabuloso— asintió Elio. Quería ganar, pero tampoco le molestaba el resultado actual.
—Solo estoy conforme cediéndole la victoria al jefe— admitió Selene, dando varias cabeceadas.
—Ya no quiero jugar— escucharon decir a Hapu. Todos voltearon a verla, notando que estaba haciendo un pequeño puchero. Al ver eso, Elio se sonrojó—. Este juego está trucado para que los de ciudad ganen. Es un juego diseñado para confundir las mentes de la gente de campo.
—Bueno, en realidad yo soy de pueblo— le informó Ash, elevando un dedo.
—¡Un pueblo es una ciudad solo que más pequeña!— exclamó la Kahuna, golpeando repetidas veces la mesa.
—No esperaba que fueras mala perdedora en los juegos de mesa, Hapu— le dijo Lillie mientras se reía. Selene estaba de acuerdo.
—¡No me gusta perder en general! ¡Quiero ganar en todo lo que haga!— aseguró, frunciendo el ceño.
Al mismo tiempo, Ash, Gladio, Hau, Elio y Selene asintieron con fuerza. Como entrenadores Pokémon lo comprendían perfectamente.
Lillie y Rotom voltearon a verse entre sí. A ellos tampoco les gustaba perder contra el otro cuando de conocimientos se trataba.
—Cambiando radicalmente el tema…— los ojos de Elio se entrecerraron— ¿No hay demasiado ruido ahí afuera?
Al escuchar dicha pregunta, todos dejaron salir un pequeño suspiro. Lillie se puso de pie, acercándose a la ventana de la habitación de Ash y se fijó en el exterior.
En la entrada del hospital había una gran acumulación de personas, todas ellas hablando o gritando algo que no se escuchaba del todo bien por la distancia. Podían ver que había varios policías abriendo un camino entre la multitud y al final de la misma había un automóvil. Era el automóvil rentado del profesor Kukui.
—Alguna enfermera debió haber filtrado que hoy Ash y Gladio serían dados de alta— especuló Hapu, acercándose también a la ventana—. Los héroes del sol y la luna saliendo por la puerta grande después de semanas sin ser vistos… Eso atrae a las masas como miel a Heracross.
Gladio se recargó en su silla de ruedas mientras que Ash se cruzó de brazos.
—Esto va a ser un dolor en el culo…— murmuró Aether, pasándose una mano por el rostro.
—Habías tenido suerte de estar en el hospital todo este tiempo— Hau lo miró con una sonrisa—. A todos nosotros nos persiguen por la calle apenas nos ven.
—Es muy extraño ser famosa de la noche a la mañana…— murmuró Selene, sobándose un brazo.
—Yo quería ser famoso por mi habilidad como entrenador, no solo porque toqué una flauta durante toda la guerra— Elio se veía claramente disgustado y es que en realidad, todos se sentían igual.
Ash, Gladio y Selene querían ser conocidos por ser espléndidos entrenadores, no solamente por cumplir con un deber que casi se les obligó a cumplir pues era eso o el fin del mundo.
Lillie quería que el mundo la conociera por sus futuros logros como investigadora, no por haber hecho algo para lo que había nacido destinada.
Hapu quería que la reconocieran por lo que hiciera como Kahuna, no por ser una de las que había luchado en el frente de batalla cuando era su obligación.
Hau, por otra parte, sentía esa inconformidad multiplicada por dos pues pensaba lo mismo que Ash, Gladio y Selene, así como pensaba lo mismo que Hapu.
—No les queda más remedio que aceptar que esta es su realidad actual— les dijo Rotom, cruzando sus protuberancias—. Miles, sino es que millones, querrán un autógrafo de ustedes. Así mismo, habrá personas que quieran tomarse fotos, escuchar algunas palabras o incluso, seducirlos.
Selene, Lillie y Hapu suspiraron al escuchar eso último.
Al notar eso, Ash y Elio se sobresaltaron al instante. A Ketchum le sorprendía que su novia estuviera intentando ser conquistada por otras personas sin él darse cuenta, mientras que a Elio le preocupaba que alguien pudiera adelantársele con Hapu; Selene no le preocupaba, porque era muy consciente de que ella era lo suficientemente bonita como para gustarles a todos.
Lillie sonrió al ver como Ash la tomaba de la mano y Hapu vio con curiosidad la forma en la que Elio se ponía a su lado para "ver a la multitud".
—Después de todo, lo que hicimos y dijimos en la guerra fue televisado. Actualmente no hay lugar en el internet donde no ronden vídeos sobre nosotros— Gladio miró en dirección a sus amigos.
—Supongo que se lo debemos todo a la reportera amiga de Ash— rio Hau.
Por un momento, Ketchum se había olvidado de Gabi y su labor durante la guerra. Si no se equivocaba, ella recibiría un premio que recibían los periodistas destacados en un mes o dos, cuando la situación se calmara un poco más.
Entonces, escucharon la puerta abrirse. Todos voltearon al mismo tiempo, topándose con Delia, quien parecía un poco agitada. En su hombro estaba Pikachu.
—El papeleo y los preparativos están listos, chicos— les dijo, recuperando el aliento—. Podemos salir.
Todos voltearon a verse entre sí. Ninguno parecía estar preparado para salir a encontrarse con esa multitud.
Mientras Lillie y Delia se aseguraban de no dejar atrás ninguna de las pertenencias de Ash, Pikachu subió al regazo de su entrenador.
—¿Cuidaste bien de mamá, Pikachu?— le preguntó, sonriéndole con ternura mientras le acariciaba el mentón.
—Pika pi— respondió con un gesto de alegría. Luego de unos segundos más de caricias, el roedor miró con un poco más de seriedad a su entrenador. Señaló su pierna izquierda— ¿Pikachu?
Ash negó.
—No, no duele. Aunque es cierto que siento como si todavía estuviera ahí— murmuró, moviendo el muñón—. Es una sensación extraña.
El tipo Eléctrico miró con tristeza la pierna de su entrenador cuando de pronto, éste lo tomó entre sus brazos.
—No pasa nada, Pikachu. Con pierna protésica o sin ella, todavía seguiré siendo yo— le aseguró con una sonrisa—. ¡Seguiremos viajando juntos, eso te lo garantizo!
Al escuchar eso, Pikachu no pudo evitar devolverle la sonrisa. Esperaba ansioso el momento cuando volvieran a subir a un avión.
—Vamos, Ash, es hora de irnos— escuchó decir a Lillie y volteó a verla, confundiéndose un poco.
—¿Pasa algo, Lillie?— le preguntó, sonriendo instintivamente— ¿Por qué sonríes?
La rubia simplemente negó con la cabeza. Ash estaba tan centrado en ella que no notó las sonrisas de ninguna de las otras personas que estaban en la habitación.
Eran Elio y Hau los que llevaban las cosas de Gladio, mientras que Selene y Lillie llevaban las de Ash.
Fue cuando llegaron a la primera planta del hospital que alguien los interceptó.
—¡Llego justo a tiempo!— escucharon exclamar y se giraron con rapidez. Por las escaleras, había bajado cierta Capitana.
—¡Acerola!— exclamó Hau, sonriendo al instante. Corrió hacia donde estaba ella— ¿Cómo está el tío Nanu?
En el momento en el que Hau se acercó a ella, la sonrisa que siempre tenía la Capitana de tipo Fantasma se hizo un poco más grande y Ash sabía perfectamente bien el por qué.
Acerola se había enamorado de Hau en la guerra.
Al principio, ciertamente lo veía como un buen amigo con el que reírse e intercambiar historias que no conocían. Hau le contaba de la infancia que ella debió haber tenido y Acerola, a cambio, hablaba sobre las cosas que Mahalo no sabía sobre su padre, así como anécdotas vividas junto a Nanu.
Por eso, cuando Acerola escuchó que Hau había muerto, su corazón se llenó de miedo y tristeza. Hau, la persona que más sentía que la comprendía, de pronto ya no estaba. Su mente en ese momento solo se había llenado de oraciones; le había rezado a los cielos por poder verlo de nuevo y hablar otra vez con él.
Fue cuando recibió la noticia de que Hau estaba vivo que su corazón latió como loco por la emoción y la expectativa. ¿De verdad podrían hablar de nuevo? ¿Podrían divertirse juntos otra vez y tener ese tiempo sobrino-tía que tanto deseaba? ¿Podrían comer esas malasadas junto a todos?
Y cuando lo vio ahí frente a ella, vivo, su corazón se llenó de anhelo. Deseaba con todas sus fuerzas el poder estar más tiempo junto a Hau, como una familia. Lo que en un inicio era amor fraternal terminó convirtiéndose en amor romántico sin que Acerola siquiera se diera cuenta, tal y como le había pasado a él con Lillie o como a Gladio le había pasado con Selene.
Aunque Acerola estaba enamorada de Hau, ella todavía no lo sabía. Ella, al igual que Ash, no tenía ni idea de lo que era estar enamorada por lo que no se daría cuenta hasta después de unos meses.
¿Cómo sabía todo eso? La respuesta corta es que pasaba mucho tiempo mirando a la tierra. La respuesta un poco más larga es que veía tanto a la tierra que terminó siendo espectador de cómo Acerola se le confesaba a Hau, diciéndole gran parte de lo que acabo de narrarles con anterioridad.
—Cielos, HauHau, siempre preguntas lo mismo a pesar de que lo ves todos los días— rio Acerola, cruzándose de brazos—. Él está bien y de hecho, te manda felicitaciones. Dice que le gustaría poder salir a verte, pero…
—Lo entiendo— Hau, con una sonrisa triste, la interrumpió—. No debe de ser fácil para el tío Nanu…
La sonrisa de Acerola se hizo un poco más pequeña hasta casi desaparecer del todo y negó.
—No podrá volver a caminar nunca, después de todo.
Esas palabras cargaron la atmósfera, haciendo que el ambiente se sintiera realmente pesado. Acerola, al igual que Ash, Hau y Gladio, se dio cuenta al instante.
—¡Ah, disculpen por haber dicho eso tan de pronto! ¡Se supone que hoy es un día feliz, ¿no?! ¡Pastel y cosas así!— exclamó, dando una pequeña vuelta— ¡Además, Ash y Gladio-chi salen del hospital hoy!
—¿Gladio…-chi?— murmuró confundido el rubio, arqueando una ceja.
—¡Lillie-tan es Lillie-tan, así que tú eres Gladio-chi!— la respuesta de Acerola dejó a Gladio tan confundido como lo estaba al inicio.
—Por cierto, Acerola, vamos a ir a casa de Gladio y Lillie a hacer las cosas de cumpleaños que dices— le informó Hau, mirándola con una sonrisa—. ¿Quieres venir?
Los ojos de Tapu brillaron y su rostro se sonrojó mientras que su sonrisa creció hasta llegar de oreja a oreja.
—¡¿P-Puedo?!— preguntó. Era obvio que estaba ilusionada por la idea.
—Si a Gladio-chi le parece bien…— cuando el moreno dijo esto, volteó a ver al rubio con una sonrisa.
Aether miró a Mahalo y luego a Acerola. Era como ver a un Pokémon abandonado por su entrenador…
—Es tu cumpleaños, tú decides a quien invitas— respondió.
—¡Entonces está decidido! ¡Vamos, Acerola!— se giró hacia la Capitana, levantándole un pulgar.
—¡Yaaay!— exclamó, volviendo a dar una vuelta— ¡También estarán Hapumpkin y Lillie-tan! ¡Esto no puede ser mejor!
Las dos mencionadas, junto a Delia, rieron al escuchar la emoción de Acerola. Las tres pensaron que era una chica realmente dulce.
—Oigan… No soy el único que no tiene apodo, ¿verdad?— preguntó, mirando hacia Elio y Selene, quienes se vieron apenados pero al mismo tiempo, un poco orgullosos.
—Eliombie.
—Selenomicón.
Ash se encorvó, dejando salir un suspiro. De verdad era el único…
—Ya, ya— le dijo Lillie, acariciándole la cabeza.
Ni siquiera después de muerto Acerola le había puesto un apodo… Añadió el por qué no tenía uno a la lista de preguntas que tenía para la Capitana.
Pero antes, debían salir de ese hospital.
Vieron que la profesora Burnet acababa de atravesar las puertas del hospital, mirando en todas direcciones. Apenas los encontró, los llamó.
—¡Vamos, aprovechemos para salir!
Decidieron que no demorarían ni un segundo más y salieron.
Apenas tuvieron contacto con el exterior, flashes de cámaras y llamados por todas partes se escucharon. Gritaban el nombre de todos ellos y el contenido de dichos gritos variaba enormemente pero en general, solían ser de agradecimiento o aprecio.
—Mucha gente…— murmuró Elio, frunciendo un poco el ceño.
Miraron hacia el frente, donde estaba el profesor Kukui estacionado. En su automóvil solo cabían cuatro personas más y dada la situación, Ash y Gladio eran prioritarios.
Siguieron avanzando, dándose un poco de prisa pues vieron que los oficiales la tenía realmente difícil para contener a tanto público. Ketchum vio los rostros sonrientes de todas las personas, quienes lo llamaban. Entre las cosas que escuchó que le decían, estuvieron estas:
—¡Mira por aquí, "Asesino de Dioses"!
—¡Ash, muchas gracias por todo!
—¡Eres mi héroe! ¡Dame tu autógrafo, por favor!
—¡Las nuevas generaciones definitivamente salvaron el mundo!
—¡Para mí ya eres un Campeón!
—¡Espero verte en la Liga Pokémon! ¡Apostaré todo por ti!
—¡Te amo, Ash!
—¡Por favor, solo quiero hablar con él! ¡Mi esposo perdió la vida protegiéndolo!
Y cuando escuchó eso, tomó a Lillie con fuerza de la mano, indicándole que se detuviera. Miró hacia su izquierda con los ojos abiertos de par en par.
—¡Lo siento mucho, señora, pero no puedo saber si lo que dice es ver…!
El oficial guardó silencio al ver como Lillie, con un rostro confundido, empujaba la silla de ruedas de Ketchum hacia él.
—¡S-Señor Ketchum!— exclamó el oficial, sorprendido.
Fue ahí que Ash vio bien a la mujer que había gritado eso. Debía de rondar los treinta años; su pelo era negro y tenía unas pocas arrugas en su blanca piel producto del sol. Una no nativa de Alola, pensó Ash. Al lado de dicha mujer, estaba un niño de aproximadamente diez años que se parecía un montón a alguien a quien conocía. Sus dientes se apretaron con fuerza.
—Sé quién es— dijo. En el momento en el que abrió la boca todos en el lugar se callaron para escuchar con atención lo que tenía que decir. Lillie, el oficial de policía y la mujer se vieron enormemente sorprendidos al escuchar eso—. Déjela pasar, por favor.
El uniformado rápidamente asintió y comenzó a abrir el pequeño bloqueo provisional que habían hecho.
—¡No pase nadie más que la señora y su hijo, ¿de acuerdo?!— exclamó, viendo que nadie intentara hacer nada extraño.
La mujer y el niño se apresuraron a pasar el bloqueo. Ambos tenían pequeñas ojeras y rostros llenos de pesar.
—Dices… Dices que me…
—Es la esposa de Álvaro. Eli, ¿verdad?— preguntó Ash de inmediato, viéndola a los ojos. Al escuchar eso, la mujer perdió el equilibrio por un momento solo que su hijo la detuvo.
—¡M-Mamá!— exclamó, preocupado.
La mujer se recompuso y se llevó una mano al rostro. Su boca mostraba las ganas reprimidas que sentía por llorar.
—Lo… Lo siento, no esperaba que de verdad me conocieras— admitió, descubriéndose la cara y devolviéndole la mirada.
—Álvaro y yo…— Ash entrecerró los ojos. Iba a decir una mentira a medias, pero ya se disculparía después con su viejo amigo. Lo importante era lo que tenía que hacer ahora— intercambiamos palabras con frecuencia antes de que todo iniciara.
—É-Él se la pasaba hablando de lo emocionado que estaba por la Liga Pokémon… Hablaba como si la guerra no fuera a suceder y decía… decía que compraría los mejores asientos para cuando la Liga llegara…— la voz de Eli se quebró, haciendo que el ceño de Ash se frunciera por la tristeza y la impotencia.
—¿Ves a esos dos de ahí? Son mi mujer y mi hijo. ¿Recuerdas que te hablé de ellos hace un tiempo?... ¡Sí, Eli y Al! ¡Me alegra que lo recuerdes! ¿Puedes creer que ese niño ya tiene diecisiete?... Pensar que lo dejé cuando solo tenía diez… ¡No, no! ¡¿Por qué te disculpas?! ¡De no haber dado mi vida por ti en ese momento, ellos ni siquiera podrían vivir sus vidas! Así que, ya sabes, gracias de nuevo. Le diste un futuro a mi familia…
Las palabras que Álvaro le había dicho durante su último año de estadía en la otra vida llegaron inmediatamente a su cerebro.
—Yo… Álvaro me habló de ustedes en repetidas ocasiones. Decía que eran su "caramelito" y su "trotador"— en cuanto escucharon a Ash decir eso, los ojos de Eli y Al se llenaron de lágrimas. Era exactamente esa la forma en la que Álvaro se refería a ellos—. Nada de lo que diga o haga será suficiente para… para compensar lo que perdieron… Pero, si sirve mínimamente como consuelo, yo de verdad admiraba a Álvaro— Eli cayó de rodillas, llevándose la mano izquierda a la boca, conteniendo un sollozo. Ash tomó la mano derecha de la mujer y la izquierda del niño—. Era justamente el tipo de adulto que quiero llegar a ser. Con un gran amor por su familia y trabajo; sin perder nunca su niño interior…
—Y-Yo siempre le decía a papá que era… que era como un niño pequeño— volteó a ver a Al, quien apretaba el puño con fuerza y se obligaba a sonreír. Parecía no querer llorar… Parecía…
—No llorar para no preocupar a mamá no es correcto, Al— le dijo Ash, dándole una pequeña sonrisa llena de comprensión—. Si hay algo que la lastimaría de verdad, no serían tus lágrimas, sería saber que no las derramaste. Llora ahora, Al. Llora ahora para que no tengas que hacerlo después. Llora para que en el futuro, puedas recordarlo con una sonrisa.
Eli soltó la mano de Ash y se apresuró a abrazar a su hijo, quien se quedó con la mirada perdida por un momento. No pasó mucho hasta que el llanto comenzó. En el lugar, ya no se escuchaban los gritos de nadie, solo había rostros llenos de tristeza dirigidos hacia quienes habían perdido a su familiar.
—Estoy vivo gracias a Álvaro y por ello, el planeta también lo está— Ketchum, con una mirada cargada de cariño, les sonrió—. En lo que a mí respecta, Álvaro es quien debería ser considerado un héroe, o por lo menos, como el héroe que salvó al héroe. Sus acciones protegieron a las personas que más amaba y gracias a eso, ahora ustedes pueden recordarlo y llorarlo— el llanto de Eli y Al se volvió más fuerte—. Sé que no soy ni la mitad de persona de lo que fue Álvaro, pero aspiro a serlo. Elizabeth y Alphonse Loa, permítanme protegerlos de ahora en adelante. Les quité a Álvaro, así que es justo que yo…
—No— Eli negó con la cabeza, haciendo que Ash se callara—. Es tal… y como dices… Álvaro recibió el ataque p-por su cuenta… Él te protegió porque sabía… que solo así el mundo se salvaría— los ojos de Eli, llenos de lágrimas, se encontraron con los de Ash. El azabache sintió como todo su ser se estremecía—. Así que si de verdad quieres agradecerle…, vive tu vida… Vive todo lo que él no… él no… Guh…
Los dientes de Ash se apretaron con fuerza al igual que sus puños. Con los ojos vidriosos, asintió fuertemente.
—¡Hagamos que se sienta orgulloso!— exclamó, haciendo que Eli diera una pequeña cabeceada.
—Gracias… Gracias…— le dijo con una voz muy tenue, abrazando con más fuerza a su hijo.
Ash vio con tristeza que él ya no tenía nada más que hacer ahí. El lamento que la familia de Álvaro sentía en ese momento era algo con lo que solo ellos podían lidiar en ese momento. Él no podía hacer nada… Salvo ver por ellos de ahora en adelante. Miró al cielo, haciendo un juramento.
—Vamos— le dijo a Lillie, pasándose una mano por los ojos. La rubia, con una mirada triste, obedeció la indicación.
Al final, la gran multitud se deshizo con tranquilidad y en el lugar solo quedó una familia que había perdido a uno de sus pilares.
—Es bueno estar en casa de nuevo— dijo Gladio apenas abrieron la puerta de su hogar. Todos pasaron al interior, dándose cuenta de que el lugar estaba un poco descuidado.
—Lamento que tengan que verlo así— se apresuró a decir Lillie, recogiendo unas cuantas cosas que estaban esparcidas por el suelo—. No he tenido mucho tiempo para venir así que no he podido limpiar y…
—Sí, sí. Nadie está diciendo nada, ¿sabes?— la Pokédex cruzó sus protuberancias.
—¡Yo…! ¡Era solo por si alguien se lo preguntaba!— exclamó Lillie, acercándose a Rotom. Infló las mejillas— ¡¿Tienes algún problema con eso?!
—¿Además de que te preocupas demasiado por las cosas? La verdad es que sí, ¿quieres que te…?
Rotom se calló al escuchar la risa de Ash. Tanto la Pokédex como la rubia voltearon a verlo.
—No son Lillie y Rotom si no están peleando— aseguró, volviendo a reírse.
Ambos rivales de conocimiento voltearon a verse entre sí, pactando en silencio una tregua. Les importaba más el hecho de que Ash hubiera recuperado el buen humor a saber quién de los dos tenía razón.
—Entonces nosotros nos retiramos por hoy— escucharon decir a Kukui, quien acababa de poner un pastel sobre la mesa de la cocina—. Nos gustaría quedarnos más tiempo, pero las cosas realmente están movidas ahí afuera. De nuevo, muchas felicidades, Hau.
—Te deseamos lo mejor en este día tan especial— Burnet le dio una cálida sonrisa a Mahalo, quien se la devolvió.
—¡Muchas gracias a los dos!— exclamó— Suerte en el trabajo.
Todos se despidieron de los profesores, quienes salieron con sonrisas en sus rostros.
—La profesora Burnet ayudando a la Fundación Aether y el profesor con la reconstrucción de las partes dañadas de la ciudad…— Lillie se cruzó de brazos, luciendo claramente preocupada— Los he ayudado de vez en cuando, por lo que sé que es un trabajo realmente difícil.
Elio, Selene, Hau y Acerola, quienes habían hecho lo mismo, asintieron. Apenas había tiempo para descansar cuando se tenían las manos tan llenas.
—Sobre eso, señorita— Hapu volteó a ver a Lillie—. He escuchado que van a mover el Paraíso Aether a otro lugar. ¿Van a ubicarse en alguna de las islas o…?
Lillie negó con la cabeza.
—He escuchado que tienen planes de construir una isla artificial en la que colocar el nuevo Paraíso Aether— respondió, caminando hacia la cocina por platos y cubiertos—. La anterior isla… Bueno, sería mejor no hablar de eso por el momento.
Todos notaron el cambio de expresión en la cara de Hau por lo que decidieron que cambiar de tema era una buena idea. Después de todo, era en esa isla donde su abuelo había muerto.
Gladio hizo rodar su silla hacia la mesa, donde se fijó en el pastel. Sonrió con cierta nostalgia.
—Nunca creí que volvería a celebrar un cumpleaños en esta casa— dijo, haciendo que todos voltearan a verlo. Las miradas de intriga de Hapu y Acerola eran completamente diferentes a las que el resto del equipo S&M le dirigían.
El último cumpleaños celebrado en esa casa había sido el de Gladio. Y ese día en específico…
—Lo siento, Gladio…— Hau se rascó la cabeza, claramente apenado— No debí…
—No, está bien— la pequeña sonrisa del rubio tranquilizó un poco a todos—. No puedo dejar que eso siga persiguiéndome para siempre. En especial ahora que esos dos finalmente no están.
Hapu y Acerola voltearon a verse entre sí, notando en ese momento que ellas eran las únicas que no entendían lo que sucedía.
Ash por otra parte, pensaba. Rony y Seymour… Recordaba lo que habían hecho y por qué lo habían hecho, pero no le correspondía a él decir nada. Gladio lo descubriría eventualmente.
El lugar se quedó en silencio por varios segundos más hasta que todos escucharon unas fuertes palmadas. Voltearon a ver a Hapu, quien se había llevado las manos a la cintura.
—¡Lejos del hecho de que no entiendo ni jota de lo que están hablando, esto ya es un poquito desesperante!— exclamó, frunciendo el ceño— ¡La vida últimamente no ha sido generosa, pero si nos quedamos pensando en ello todo el tiempo, entonces no podremos superarlo nunca! ¡Hoy es un día para estar felices y aunque sientan que no pueden serlo, al menos inténtenlo!— volteó a ver a Hau y Gladio— ¡Los dos!
Mahalo y Aether se miraron entre sí para finalmente, sonreír.
—Si tú lo dices…
—¡Supongo que tienes razón! ¡Seamos felices al menos por hoy, después de todo, es el cumpleaños del gran Hau!
—H-HauHau… ¿crees que pueda comerme una de las fresas de tu pastel?...
—¡Cla…! ¡Espera, ¿por qué estás babeando?!
Y antes de que alguno de ellos se diera cuenta, ya estaban riendo nuevamente. Comenzaron así con la degustación del pastel.
—¡Este dulce es buenísimo!— exclamó la Kahuna de Poni, golpeando repetidas veces la mesa. Tenía una mano en la mejilla y estaba sonrojada.— ¡¿En dónde lo compraron?!
—Una repostera vecina de mi hermano se lo regaló— respondió Lillie. Tenía un gesto muy parecido al de Honua.
—Vaya, así que Gladio es todo un Don Juan, ¿eh?— rio Elio, pinchando su trozo de pastel y dándole un bocado.
—Glory tiene cincuenta y siete años— respondió el rubio, comiendo de su pastel nuevamente. Era en ese lugar donde Amapola había comprado el pastel que comieron el día de su cumpleaños y curiosamente, era una de las únicas cosas dulces que podía comer sin empalagarse o sentir que quería vomitar.
—Vaya, así que a Gladio le gustan mayores, ¿eh?— Elio no cambió su expresión. Tenía un gesto un tanto burlón.
—Hermano, las bromas están bien pero podrías estar incomodando al señor Gladio— lo regañó Selene, frunciendo un poco el ceño y cruzándose de brazos.
—De hecho, te sugeriría que no dijeras nada, Elio— todos voltearon a ver a la Pokédex—. Los giros del destino son curiosos y tal vez, en un futuro, Gladio terminé quitándote algo realmente importante.
Los presentes procesaron por unos segundos las palabras de Rotom. Los primeros en entenderlo fueron Elio y Ash, ambos con reacciones muy diferentes.
Mientras que Ketchum soltó una carcajada, el Asutoro mayor se puso de pie.
—¡¿Ese era tu plan?!— le preguntó al rubio, señalándolo— ¡Con razón he notado que estos últimos días has estado más cerca de Selene! ¡¿Por fin caíste rendido ante su lindura y decidiste poner tus manos sobre mi pura hermanita?! ¡No te lo dejaré tan fácil, bastardo!
—¡H-Hermano, detente!— le pidió Selene, con el rostro rojo como baya tamate mientras intentaba hacer que volviera a sentarse.
—¡Entonces a Gladio le gustan las jovencitas! ¡Nada mal!— exclamó Hapu, levantándole el pulgar al rubio.
Acerola comenzó a jalar la manga de Hau, realmente interesada por lo que estaba sucediendo. Mahalo y Lillie simplemente rieron al ver la escena desarrollándose.
—Fuera del hecho de que Selene es como una hermana menor, soy mayor que ella por cuatro años— le dijo Gladio a Honua, volviendo a comer de su pastel. La situación no parecía afectarle en absoluto—. Ella debe de estar con alguien de su edad.
—¿Eh? Pero Selene tiene quince y tu diecinueve, ¿no?— Hapu arqueó una ceja, confundida— Ambos son adultos, así que ¿por qué importa la edad? Eso debería preocuparte si tuviera menos de catorce, en ese caso de verdad sería turbio.
Elio escuchó eso con gran atención. Saber que Hapu no estaba en contra de la diferencia de edad de cuatro años lo relajó tanto que volvió a tomar asiento, cruzándose de brazos con una sonrisa. Selene suspiró, aliviada.
—Solo como curiosidad, Hapu, ¿sabes a qué edad se casaron tus padres?— preguntó Lillie.
—No, de mis padres no tengo ni idea, pero sí sé que cuando mis abuelos se casaron mi abuela tenía catorce y mi abuelo veinte— respondió la Kahuna, sonriéndole a Lillie.
La rubia asintió mientras se ponía pensativa. Entonces no había problema si se casaba con Ash, ¿cierto?...
—Aunque no deberías decir lo de que Selene es como tu hermana menor, Gladio— de nuevo, Rotom echó leña al fuego. Aunque su gesto era neutral, sus intenciones eran de todo menos buenas—. Ash decía lo mismo de Lillie y mira como terminaron.
El primogénito de los Aether simplemente suspiró mientras que el sonrojo de Selene se hizo un poco más grande.
—¡Todavía estás resentido por lo del Uno!— aseguró, señalándolo con el ceño fruncido. La Pokédex se "encogió de hombros", mirando hacia otra dirección.
—No sé de qué me hablas.
—¡Mentiroso!
—Qué raro…— escucharon a Ash hablar después de un tiempo por lo que todos voltearon a verlo. El azabache se veía pensativo— ¿En Alola la gente puede casarse hasta los catorce? En Kanto el matrimonio es legal cuando se cumplen los diez…
Al escuchar eso, Acerola, Hau, Hapu y Lillie se sobresaltaron notoriamente. Gladio abrió los ojos con sorpresa.
—¡¿A los diez?!— Lillie se veía impactada— ¡Pero Delia dijo que solían casarse aproximadamente a los dieciocho!
—Bueno, sí, es lo que se suele hacer normalmente. No es común que la gente se case a los diez, pero tampoco es ilegal— respondió Selene. Su gesto se veía del todo tranquilo, como si estuviera explicando algo elemental. En realidad, aprovechaba el momento para mover la atención hacia otro tema que no fueran ella ni Gladio.
—¡¿Los de Kanto están locos?!— preguntó Hapu, con una mirada claramente disgustada— ¡¿Cómo va a ser legal el matrimonio a los diez?! ¡A esa edad apenas y sabes cómo cultivar rábanos por tu cuenta!
—Diez y catorce años… Es la misma diferencia de edad con la que estabas de acuerdo hace un momento— le recordó Elio. Le había ofendido un poco que hablaran así de su querida Kanto.
—¡Pero cuando los bichejos tienen catorce!— se apresuró a decir— ¡Imagina que tú y yo nos casamos ahora!— Elio se sonrojó de inmediato al escuchar eso y toda su molestia se fue— ¡Eso sería lo más normal del mundo, pero ahora imagina que tú te casas con alguien de diez años! ¡Eso es enfermizo!
—Ya, ya…— Acerola, aunque claramente sorprendida por las palabras de Ash, intentó calmar a Hapu— Puede que para otras personas nosotros también seamos raros, ¿no crees, Hapumpkin?
Hau asintió. Él tampoco podía creer todavía lo que Ketchum les había dicho.
—T-Tal vez en un lugar fuera de Alola, la gente considere que catorce años es una edad muy temprana para casarse. Todo depende de la cultura de cada región. Vamos, díselo tú también, Gladio— volteó a ver al rubio, quien asintió.
—Hau tiene razón. Puede que aquí en Alola sea legal que me case con Selene, pero si nos fuéramos a otra parte del mundo, podría ser ilegal— Gladio se comió la fresa que coronaba lo poco que quedaba de su pastel—. Las leyes de las diferentes regiones puede ser muy diversa… ¿Por qué me están viendo todos de esa forma?
—Atención, señores y señoras, Gladio acaba de confirmar su relación con Selene. Detalles de la boda serán dados pronto— la Pokédex apuntó con sus protuberancias a Aether.
—Bastardo…— Elio apretaba con fuerza el puño.
—Hermano…— Lillie tenía una gran sonrisa de felicidad en el rostro— ¡Estoy muy feliz por ti!
—¿Ves, mozuelo? No está mal sacarse del pecho lo que haya que sacarse del pecho— Hapu se cruzó de brazos mientras asentía.
—¡Enhorabuena, Gladio-chi, Selenomicón!— Acerola dio varias vueltas y comenzó a aplaudirles a ambos.
—¡Los estaremos apoyando!— Hau les levantó un pulgar.
—Las cosas pasan antes de que te des cuenta, ¿verdad, Gladio?— Ash asintió repetidas veces con una sonrisa— Lo entiendo, lo entiendo.
Con los ojos entrecerrados, Gladio miró hacia Selene. Esperaba que al menos ella…
No, no debió esperar nada. La adolescente veía hacia el suelo, con los ojos bien abiertos y el rostro sonrojado.
—E-El señor G-Gladio y yo no… no tenemos… no tenemos…
Y entonces, todo estalló nuevamente.
—¡Era un jodido ejemplo!
—¿Entonces solamente nosotros dos nos vamos? ¿Nadie más?— Hau, parado en el umbral de la puerta junto a Acerola, miraba hacia todos los demás. Cada uno tenía una caja de cartón en la que llevaban el pastel que había sobrado.
—Prefiero este lugar al Centro Pokémon de las Afueras de Hau'oli, así que yo me quedo— respondió Hapu.
—Selene y yo nos iremos en un rato más— dijo Elio, quien estaba jugando al gato con su gemela.
—A mí Galdio y Lillie me ofrecieron quedarme en su casa, así que no hay motivo para que me vaya— Ketchum les sonrió.
—Ya veo…— Hau se les quedó viendo un rato más y luego, sonrió— Mañana empieza tu rehabilitación, ¿verdad, Ash? ¡Definitivamente iré a verte!
—¡Oh, yo también, yo también!— exclamó Acerola, dando varias vueltas— ¡Te apoyaré en silencio!
—¡Realmente lo aprecio, chicos! ¡Espero verlos ahí!— les dijo a ambos con una sonrisa todavía más grande.
—Entonces nos vamos. ¡Hasta mañana!— Hau alzó la mano, despidiéndose.
—¡Hasta lueguito!— Acerola también se despidió.
Y luego de que todos les dijeron adiós, cerraron la puerta, quedando a merced de la noche.
Mahalo y Tapu se mantuvieron en silencio por un momento, mirando hacia el frente mientras sonreían.
—Entonces, ¿quieres caminar un poco antes de que cada quien se vaya por su lado?— le preguntó a Acerola, quien asintió rápidamente.
—¡Por supuesto!— exclamó— De hecho, aprovecharé para decirte algo.
—¿Qué es?
—¡Que me sorprendió muchísimo que no hubiera malasadas! Ya que es el cumpleaños de HauHau y HauHau las ama…
—¡¿Verda…?! Ah, rayos, estoy babeando…— dijo, pasándose una mano por la boca, cosa que hizo reír a Acerola— Yo también quería comer malasadas, pero desafortunadamente todavía no hay ningún puesto abierto. Es una pena, pero con la ciudad en este estado no hay nada que hacer.
Ambos miraron hacia una casa cercana, la cual estaba siendo reconstruida casi desde cero. Durante la guerra, los Ultraentes habían hecho destrozos por toda la ciudad causando una gran cantidad de daños materiales. La cantidad de daño colateral era enorme, eso sin contar también las vidas que llegaron a tomar. En la actualidad, Alola estaba recibiendo ayuda de múltiples regiones del mundo para que la reconstrucción avanzara con mayor facilidad.
—Ya veo— Acerola volvió la mirada al frente, con su sonrisa usual. Hau notó de inmediato que algo estaba mal.
—Cumplamos nuestra promesa cuando vuelvan a abrir las tiendas de malasadas, ¿sí?— al decir esas palabras, Tapu volteó a verlo con un gesto de sorpresa y un pequeño sonrojo— Ash, Lillie, Gladio, Elio, Selene, Rotom, tú y yo. Ese era el trato, ¿recuerdas? Es cierto que el abuelo ya no está, pero todavía podemos invitar al abuelo e incluso a Hapu si es que está todavía en Melemele en ese momento.
Acerola se sintió feliz y triste por partes iguales. Sabía lo mucho que Hau debía de extrañar a su abuelo. Su ceño se frunció de forma casi imperceptible pues no quería que Hau forzara una sonrisa frente a ella.
—Recuerdo haberte escuchado hablando con Lillie-tan; Eliombie y Selenomicón, HauHau— cuando dijo eso, se detuvo completamente. Hau también lo hizo—. Mencionaron algo sobre una cueva de Tapu Fini y volver a ver a tu abuelo.
Mahalo se rascó la cabeza, riendo de forma nerviosa.
—Sobre eso… Verás…
Tras escuchar la explicación de Hau, Acerola se quedó pensativa. Era lógico que las habilidades de una deidad como Tapu Fini fueran superiores a las suyas, pero las cualidades de esa niebla excedían por completo cualquiera que ella tuviera.
—Ya veo… Entonces, si esa niebla te deja ver a las personas que quieres ver, ¿por qué no mejor vamos ahí?— le preguntó, sonriéndole. Hau se sorprendió al escucharla sugerir eso y se dio cuenta al instante de que la sonrisa que Acerola le estaba dirigiendo no era la misma que tenía siempre en el rostro.
No pasó mucho tiempo hasta que Hau también sonrió.
—Hagamos las dos cosas— le dijo, llevándose las manos a la cintura—. No tenemos por qué elegir una sobre la otra. Tenemos tiempo para hacer de todo. Aprovechémoslo al máximo.
Acerola cerró los ojos sin dejar de sonreír.
—¡De acuerdo! ¡Hagamos eso entonces! ¡Y tal vez también podríamos…!
La Capitana se calló al sentir como era abrazada y rápidamente su rostro adquirió un pronunciado sonrojó. Su corazón se aceleró y sudor comenzó a salir por los poros de su rostro.
—¿HauHau?...— murmuró, sorprendida y sin poder moverse bien.
—Gracias, Acerola— le dijo. Su voz se escuchaba rota—. Me alegra que seas mi amiga.
Al escuchar esas palabras, un sentimiento en el interior del corazón de Acerola creció con más fuerza. Con una gran sonrisa y pequeñas lágrimas en los ojos, Tapu le devolvió el abrazo.
—No, gracias a ti, HauHau. Gracias por vivir.
Se quedaron abrazados un rato más hasta que finalmente, Hau deshizo el abrazo. Se pasó una mano por debajo de la nariz mientras reía.
—Que me agradezcas por estar vivo es un poco exagerado— le dijo, limpiándose a continuación unas lágrimas que salieron a traición.
Acerola también se rio y luego, negó con la cabeza.
—Tu existencia me hace feliz, HauHau, así que es normal que agradezca por ella.
Hau separó los párpados más de lo normal al escuchar eso. No pudo contener su sonrisa.
—Bueno, te ganaste el premio al comentario más bonito que me haya hecho alguna vez un amigo— le dijo, llevándose las manos detrás de la cabeza.
—Acepto con gusto el premio— Acerola se rio, dando un giro y reverenciándose.
Estuvieron riéndose durante un rato hasta que finalmente, llegaron a una avenida lo suficientemente ancha como para que Hau pudiera irse. Sacó de su bolsillo una Ente Ball.
—Entonces, aquí separamos caminos— le dijo a Acerola, mirando en dirección al hospital—. Si el tío Nanu todavía está despierto dile que iré a verlo mañana, por favor. Espero que le guste el pastel.
—¡Oh, verás que le gustará! Mientras que sea dulce y vaya bien con el café, a papá le gusta. Eso sí, no sé si puedo asegurar la supervivencia de su fresa— rio con un poco de malicia, haciendo que Hau también se riera.
—Deberías comértela y luego decirme que cara puso cuando se dé cuenta de que lo hiciste— sugirió, girando su cuerpo hacia otra dirección.
—¡Lo pensaré!
Hau volvió a reírse una vez más al igual que Acerola y finalmente, abrió la Ente Ball, dejando salir a Kaguron.
—Te veo mañana entonces, Acerola— le dijo, subiendo a espaldas de Celesteela— ¡Cuida al tío Nanu por mí!
—¡Puedes contar con ello!
Hau, de pronto, se vio pensativo.
—¿Pasa algo, HauHau?— preguntó Acerola, ladeando un poco la cabeza. Su curiosidad creció al ver como el moreno palidecía un poco.
—O-Oye, Acerola…
—¿Sí?
—¿Le… avisaste al tío Nanu que ibas a venir?...
Acerola y Hau se quedaron viendo el uno al otro por cerca de diez segundos. Cuando ese tiempo pasó…
—Creo que se me olvidó por completo— respondió por fin, riendo de forma nerviosa.
Mahalo se quedó callado solo por un momento más.
—¡Niña tonta! ¡Apresúrate y ve con él! ¡Debe de estar preocupadísimo!— exclamó, realmente alarmado.
Acerola asintió con fuerza mientras sacaba una Pokéball. Incluso ella se había dado cuenta del error que había cometido.
—¡N-Nos vemos mañana, HauHau!— le dijo, subiéndose a lomos de su Gengar, quien comenzó a volar.
—¡Seguro!
Y entonces, escuchó el sonido de Kaguron al despegar. Acerola miró hacia atrás, viendo como Hau desaparecía a la lejanía y de nuevo volvió a sentir ese vacío. Separarse de Hau era algo realmente duro pues siempre tenía esa sensación de querer seguir hablando con él.
Suspiró y miró hacia el frente. Su rostro cambió, adquiriendo un gesto realmente sombrío.
No había nada que la distrajera. No había nada que la hiciera pensar en otra cosa. No había nada que ocupara su mente.
Y cuando eso pasaba, la imagen del cadáver de Zoe martilleaba con fuerza su cerebro, haciendo que fuera lo único en lo que podía pensar.
¿Cómo su nueva amiga había pasado de sonreír junto a ella a convertirse en ese deformado cuerpo en cuestión de segundos?... Acerola se llevó una mano a la cabeza, gesto que no pasó desapercibido por Gengar. De no ser por un Jigglypuff del hospital, ella no podría dormir bien e incluso si lo hacía, las pesadillas no le daban tregua alguna.
De haber sabido que todo terminaría así, definitivamente no le habría hablado a Zoe… Y cuando se dio cuenta del pensamiento que acababa de tener, se abofeteó a sí misma. Conocer a un amigo nunca era un error. No había forma de que los amigos pudieran ser considerados de tal forma.
Sin embargo, que no pensara en Zoe como un error no quería decir que quisiera pensar en ella. Su mente no recordaba la sonrisa o la voz de la chica, sino su cuerpo mutilado y chamuscado. Recordaba el olor a carne quemada y el flujo de la sangre. Recordaba la forma en la que sus extremidades habían salido volando…
Se llevó una mano a la boca, sintiendo una gran cantidad de náuseas y cuando creyó que estaba por vomitar, Gengar aterrizó. El tipo Fantasma la bajó de su espalda y la miró con clara preocupación.
—Gengar gen— le dijo, acariciando su cabello.
—Gracias, Gengar— Acerola le dio su mejor sonrisa, extendiendo la Pokéball hacia él—. Regresa por el momento.
Con un rostro todavía preocupado, Gengar desapareció.
Acerola caminó hacia la entrada del hospital, volviendo a poner su gesto de siempre. Antes de cruzar las puertas corredizas, un último pensamiento llegó a su mente.
Si sus habilidades no le permitían encontrarse con Zoe, esperaba que al menos la cueva de Tapu Fini si lo hiciera.
Y en cuanto entró al hospital, sus pensamientos cambiaron por completo. Su cerebro se llenó de su labor por cuidar a Nanu por lo que se apresuró a subir las escaleras. El ascensor no le gustaba pues su mente no se mantenía ocupada con nada por unos segundos.
Subió unas cuatro plantas y caminó hasta el final del pasillo, llegando a la habitación del Kahuna. Vio que había luz en el interior, lo que le pareció extraño. Normalmente, Nanu ya estaría dormido a esa hora.
Abrió la puerta con lentitud, asomando la cabeza.
—Entonces eso sería todo el papeleo necesario, señor Malíe— dijo un hombre de media edad. Era calvo, con una barba de chivo y usaba un elegante traje negro—. Volveré a venir mañana para recoger los documentos y presentarlos en el registro civil.
—Sí, te lo encargo— Nanu, vestido con ropa blanca de hospital, estaba recargado en su cama. Tenía puestos unos lentes y se encontraba leyendo un documento engrapado.
El hombre de traje se levantó de la silla en la que estaba sentado y se giró hacia la entrada. Su gesto cambió a uno de sorpresa al ver a Acerola, pero no duró mucho.
—Buenas noches— le dijo, pasando a un lado suyo y cerrando la puerta detrás de él.
Tapu se vio confundida por un momento. ¿A qué se debía esa sonrisa?
—¿Un nuevo amigo, papá?— le preguntó Acerola al Kahuna, quien se quitó los lentes al verla llegar. Se puso el documento contra el pecho, ocultando su contenido. La intriga de Acerola creció.
—No realmente. Solo lo contraté— Nanu se acomodó en su cama usando sus brazos, de forma que su espalda quedó más recta—. ¿Fuiste a algún lado?
Acerola asintió y caminó hacia la silla en la que antes estaba el hombre. Dejó la caja que llevaba con ella en el buró cercano a la cama del Kahuna.
—Le hicieron una pequeña fiesta a HauHau y me invitaron. Te traje un poco de pastel. ¡Está riquísimo!— le dijo mientras sonreía.
Nanu no pareció pensar nada al respecto. Finalmente, tras segundos en los que simplemente se le quedó viendo a Acerola, suspiró.
—Ey, ¿qué harías si pudieras convertirte en Kahuna?— preguntó. Acerola abrió los ojos por la sorpresa, retrocediendo en su asiento de forma instintiva.
—W-Woah… ¿De dónde viene esa pregunta de repente?— interrogó, tratando de reírse.
—Acerola— al escuchar el tono de voz de Malíe, la Capitana se vio obligada a reducir el tamaño de su sonrisa—. Esto es importante.
Tapu se rascó la cabeza, sin saber bien qué decir.
—Si fuera Kahuna, entonces mucha gente dependería de mí, me respetaría y reconocería, ¿cierto?— lo miró directamente a los ojos— Si trabajo correctamente, podría hacer felices a muchísimas personas…
—Siempre dijiste que tu sueño era que las personas pudieran depender de ti— recordó Nanu.
Y era cierto. Acerola había crecido siendo un fantasma viviente. Con excepción de dos personas y varios Pokémon, nadie sabía de su existencia. Había crecido con el fuerte anhelo de ser alguien necesitada. Quería que la gente pudiera recurrir a ella y así, poder ayudarlos de la mejor forma posible. Por eso le gustaba ser Capitana. En su puesto actual, podía ayudar a las personas a fortalecerse y brindarles apoyo cuando tuvieran problemas.
Entonces, si ella fuera Kahuna…
—Sería como un sueño hecho realidad…— murmuró para luego, reír un poco— Aunque sabes que es imposible, tío Nanu. Tapu Bulu nunca me elegiría.
Nanu miró al techo por un momento y luego, a ella.
—Los cuatro reyes de Alola. Las familias Mahalo, Konikoni, Malíe y Honua fueron elegidas para gobernar sobre estas tierras incluso antes de que los Tapus existieran— comenzó a relatar Nanu—. ¿Recuerdas cómo fue que estas familias se eligieron por sobre las demás?
Acerola asintió.
—La familia Mahalo fue elegida por la cantidad de territorio de Melemele que les pertenecía. La familia Konikoni fue seleccionada porque sometió a las familias Wela, Saltagua y Umbría en la disputa por ver cuál de ellas ganaría el derecho de gobernar sobre Akala. La familia Malíe fue elegida unánimemente por los líderes de cada una de las familias fundadoras de Ula-Ula gracias a su conocimiento y por último, los Honua fueron seleccionados porque los Kauai no quisieron tomar la responsabilidad.
—Veo que lo recuerdas, eso es bueno— Nanu se cruzó de brazos, cuidando de no mostrar absolutamente nada del papel, cosa que le dio más curiosidad a Acerola—. Como podrás ver, las familias de los Kahuna eran, originalmente, familias fundadoras comunes y corrientes. No había nada que nos hiciera reyes y si ahora tenemos la corona es por asuntos meramente humanos. No hubo dioses implicados; ellos llegaron después.
Acerola sabía eso. El Recorrido Insular y las familias fundadoras existían desde antes de la llegada de los dioses del sol y la luna y por ende, antes de los Sagrados. Por eso mismo cada una de las Pruebas tenía un Pokémon Dominante, porque eran "regalos" de los Tapus.
La Capitana recordaba vagamente el haber oído que antes las Pruebas del Recorrido Insular eran, más que nada, pruebas de aptitud física, valentía y cosas similares.
—A lo que quiero llegar con todo esto es al hecho de que si te lo propusieras, Tapu Bulu podría escogerte para ser la siguiente Kahuna— los pensamientos de Acerola salieron volando por la ventana y su mente se quedó en blanco—. Los Tapus solo siguen eligiendo como Kahunas a las cuatro grandes familias fundadoras porque es la tradición y nosotros solo seguimos esperando su aprobación porque también es la tradición. Después de todo, un pueblo siente más confianza hacia su gobernante si éste es elegido por una deidad.
Acerola se quedó en completo silencio por un tiempo más y finalmente, pudo hablar.
—I-Incluso si Tapu Bulu decidiera elegirme, el pueblo no lo aceptaría…— el sudor corría por su rostro— La cultura de Alola es…
—Es demasiado cerrada de mente, lo sé— Nanu suspiró—. Desde los inicios de la región está establecido que el apellido Malíe es igual a realeza. Eso es algo que no se puede borrar del subconsciente colectivo en unos pocos años.
—Exacto… Entonces, ¿por qué…?
—Acerola— Tapu sintió como el aura de Nanu había cambiado por completo. Tragó saliva pues nunca lo había visto tan serio en su vida—. ¿Qué harías si te dijera que olvides a tus antepasados? ¿Qué harías si te dijera que dejes el apellido Tapu morir?
Acerola se llevó una mano a la cabeza. No parecía estar comprendiendo nada de lo que Nanu decía.
—¿Por…?
—Deja que el legado de los Tapu termine contigo, Acerola— el ceño de Nanu se frunció un poco—. Vive junto al legado Malíe.
La Capitana de pronto se dio cuenta. Todas las piezas encajaron en ese momento y se llevó las manos a la boca. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Voy a retirarme como Kahuna en las próximas semanas y Ula-Ula necesitará un nuevo gobernante— Nanu le mostró el documento que tenía entre manos y en el encabezado podía leerse: "Acta de adopción"—. Solo necesitas firmar este documento. Firma y dejarás de ser Acerola Tapu para convertirte en Acerola Malíe. Bajo la ley, serás mi hija.
La joven estaba realmente conmocionada. Su mirada le dejaba saber a Nanu que no creía lo que estaba pasando. El Kahuna, con una mirada un tanto triste, se rascó la nuca.
—Tal vez es muy pronto…— murmuró, apartando la mirada— Piensa en ello y…
—¿De verdad está bien?...— cuando escuchó hablar a Acerola, volteó a verla— ¿Estás bien con que sea yo quien continúe con el legado de los Malíe?... ¿Aunque no tenga tu sangre?...
Nanu sonrió al escuchar eso.
—La sangre no me interesa y en el estado en el que estoy, creo que va a ser imposible que tenga hijos biológicos en un futuro— extendió el acta de adopción hacia ella—. E incluso si los tuviera; incluso si no firmaras esto, no dejarías de ser mi hija. Esto es solamente para que el pueblo que gobernarás en un futuro no muestre algún tipo de rechazo.
Acerola sonrió ampliamente, tomando el documento. La sonrisa de Nanu se hizo más grande y le pasó un bolígrafo que tenía a mano.
Sin dudarlo ni un poco, Acerola firmó con rapidez los lugares en los que debía firmar. Le tomó medio minuto y apenas terminó, le devolvió todo al Kahuna.
—Entonces está hecho— Nanu se fijó bien en las firmas y sonrió—. Oficialmente, somos padre e hija.
Y antes de que pudiera decir algo más, Acerola lo abrazó. Por sus mejillas seguían corriendo las lágrimas. Una gran y hermosa sonrisa de felicidad pura se veía en su rostro.
—Te amo, papá…
Al escuchar eso, el corazón de Nanu sintió una inmensa calidez. Envolvió con sus brazos a Acerola y se limpió una lágrima que amenazó con salir.
—También te amo.
Ante los ojos de Mimikins, quien se había escondido en el interior de una pared para no asustar al invitado de Nanu, padre e hija se abrazaron.
Acerola Tapu había desaparecido, dando paso a Acerola Malíe, la siguiente en la línea del trono de Ula-Ula.
Una historia acaba de terminar, mientras que otra acaba de comenzar.
El comienzo de un futuro reinado lleno de alegría y sonrisas.
Hau abrió la puerta de su casa tras agradecerle a Kaguron el haberlo llevado hasta el lugar. Apenas entró, notó de inmediato que todo el lugar estaba oscuro y comenzó a caminar hacia donde estaban los dormitorios.
No pudo evitar mirar hacia la sala de estar. Todo tipo de recuerdos llegaron a su mente; recuerdos en los que él y su abuelo estaban sentados en esos sofás o alrededor de una larga mesa para banquetes.
Volteó la mirada al frente, frunciendo el ceño.
Hala Mahalo ya no estaba. Esa era la realidad.
Ahora era él y solamente él. El último miembro de la familia Mahalo; quien debía de cargar con todo un linaje a sus espaldas.
Sus pies se detuvieron.
Era él… Era solamente él…
—El último… de la familia Mahalo…— murmuró y sus puños se apretaron con fuerza. Miró hacia el techo mientras su entrecejo temblaba.
—¿Hau?— escuchó que llamaron. Las luces se encendieron de pronto por lo que volteó hacia atrás. Saliendo de la cocina estaba su madre— Me alegra que hayas vuelto. ¿Te divertiste?
El moreno se obligó a sonreír.
—¡Mucho!— respondió para luego caminar hacia ella— De hecho, iba a ver si estabas despierta para ofrecerte este pastel. Ya que estás aquí, ¿lo quieres?
—Me encantaría comerlo, solo que tal vez es un poco tarde— el ceño de Malvácea estaba ligeramente fruncido, como si sospechara algo.
—¡Entonces iré a dejarlo en el refrigerador!— exclamó, pasando a un lado de ella— Estará esperando por ti, pero si tardas mucho podría desaparecer. Puede que el abuelo ya no esté, pero no deberías subestimar mi apetito.
Malvácea escuchó la risa de su hijo y antes de perderlo de vista, habló.
—¿Pasa algo, Hau?
El joven adolescente se detuvo y simplemente se rascó la nuca.
—Si te dijera que todo está bien, ¿me creerías?— preguntó, mirándola de reojo.
—No.
Hau entonces suspiró y se dio media vuelta.
—¿Qué hago, mamá?— le preguntó. Malvácea solo pudo comparar el gesto de su hijo con el de una vulnerable criatura que rogaba por ayuda— Papá está muerto. El abuelo está muerto. Ahora debo ser yo quien gobierne a Melemele, ¿pero podré hacerlo? ¿Tengo lo que hace falta para ser Kahuna? No soy como Hapu. No tengo su madurez y no tengo su fuerza… ¿Qué puedo hacer?... ¡Yo… Yo no sé qué hacer!
La mirada de Malvácea se suavizó y entonces, se le ocurrió una idea.
—Vete, Hau— le dijo, sorprendiendo enormemente a su hijo—. Sal de Alola y explora nuevos horizontes. Fortalece tu cuerpo, tu mente y tu alma. Aléjate de lo que consideras normal; abraza lo desconocido.
—¿Quieres decir que…?
Asintió, haciendo que los ojos de Hau se abrieran de par en par.
—Espera a que podamos hacer el funeral de mi suegro y a que tus Pokémon se recuperen por completo. Cumple las promesas que prometiste cumplir y luego, explora el mundo— el gesto de su madre lucía tan serio que Hau no pudo evitar tragar saliva con fuerza—. Melemele y Alola comprenderán tu peregrinaje. Comprenderán que Hau Mahalo abandonará su tierra natal con el objetivo de volverse el mejor líder posible para su pueblo.
—Pero… Tengo… Hay tanto en Alola que… Estás tú y…
—Yo estaré bien y tus amigos también. Eso lo sabes mejor que nadie.
—Te quedarás sola…
—Puedo ir a casa de papá y mamá. Vendría una vez a la semana a asear y a darle mantenimiento al lugar— le sonrió—. No hay excusas para que no lo intentes, Hau, pero si de verdad no quieres hacerlo, entonces nadie puede obligarte. Solo tú sabes qué camino elegirás.
Mahalo miró hacia el suelo, con los ojos bien abiertos y el sudor escurriendo por su rostro.
Su madre estaría bien, tal y como ella lo había dicho. Sus amigos también estarían bien sin él; no había nada de qué preocuparse y tampoco había nada que se lo impidiera. Incluso podría alejarse de Lillie lo suficiente como para que el amor que todavía sentía por ella desapareciera…
En ese momento, un mundo lleno de posibilidades se abrió frente a Hau Mahalo. Un océano tan grande de oportunidades.
Su determinación seria su barco y tanto él como sus Pokémon, serían la tripulación. Lo tenía todo para zarpar en esa aventura…
De pronto, el futuro ya no le pareció aterrador, sino esperanzador.
¿A dónde lo llevaría el destino? Cuando se hizo esa pregunta, no pudo evitar temblar por la emoción.
Tras lo que se sintieron como horas pero en realidad fueron segundos, miró a su madre. Tenía una gran sonrisa en el rostro.
Sus labios se separaron, pronunciando unas palabras que cambiarían para siempre su vida.
—Lo haré.
Historias viejas terminan, mientras que historias nuevas inician.
Este es el inicio de un futuro reinado lleno de prosperidad y esperanza.
Este es el inicio del viaje de Hau Mahalo.
¡Ey, pues terminé! ¿Algo importante que decir al respecto? Salvo el hecho de que este capítulo es realmente uno muy transitorio, no realmente.
Por otro lado, me complace anunciar que oficialmente varios pasos más hacia ese futuro que Arceus nos relató hace unos capítulos.
Por otro lado, también quiero aclarar una cosa. Al parecer hubo una confusión entre las cosas que Arceus eliminó de la memoria de Ash y las cosas que no. Arceus solamente eliminó la conversación completa que tuvieron cuando se estaban moviendo hacia el punto en el que Ash reviviría. Ketchum recuerda todo lo de su vida pasada, incluso la existencia de las líneas de tiempo, solo no recuerda nada del futuro de sus amigos ni tampoco nada de lo relacionado con las "guerras" entre líneas de tiempo y realidades.
¡Me gustaría poder comentar algo sobre el anime, pero dado que no ha salido el nuevo capítulo con el regreso de nuestro Gary, Infernape y los otros Pokémon de Ash (al menos no subtitulado), entonces no puedo decir nada al respecto!
¡En fin! ¡Me despido con la siguiente curiosidad! ¡Alola!
¿Sabían qué?... En la línea de tiempo original de Ash, Gladio no tenía idea de que Acerola y Hau se habían casado, demostrando así la gran falta de comunicación que hubo entre ellos. En el momento exacto en el que Gladio fue a visitar la tumba de Ash, Hau y Acerola ya tenían dos años de casados. Aether, por otra parte, solamente hizo una parada de unos días en Alola para visitar a su hermana y luego salió nuevamente de la región hacia Kanto. Antes de eso, Gladio tenía cerca de diez meses sin pisar Alola.
