—¡Por la vida y logros de Samuel Oak!

Al mismo tiempo, copas se alzaron por toda la gran sala, derramando algunas gotas del líquido que contenían en el suelo.

—¡Por la vida y logros de Samuel Oak!— fue el grito que se escuchó al unísono.

Sonrisas y sentimientos encontrados. Un simple brindis, pero a su vez, uno completamente distinto.

Ash tomó la copa y se la llevó a la boca, haciendo una mueca mientras sonreía.

—Sabe asqueroso— rio, volviendo a darle otro trago a su sake.

Red, Yukinari, Gary y Daisy sonrieron.

—Al menos estamos haciendo realidad uno de sus deseos— recordó Daisy—. El abuelo siempre dijo que nos quería a todos reunidos y tomando un buen sake.

—Una de las facetas que nadie conocía de papá— Yukinari bebió—. Era un excelente degustador de alcohol.

—Aunque su especialidad eran los vinos— Gary arqueó una ceja mientras veía su propia copa—. Supongo que quería ser tradicional.

—Apuesto a que en su cabeza todos bebíamos mientras componíamos poesía— Red también bebió.

Al mismo tiempo, Ash y los Oak rieron.

A unos pocos metros, una joven de pelo castaño los veía con una pequeña sonrisa. En su mano una copa de vidrio y en el interior de esta, nada más que refresco.

—Seguro que por dentro se siente tranquila al ver esto, ¿eh, abuelita?— dijo, sin apartar su mirada de la familia de Samuel.

Agatha, quien estaba detrás de ella, suspiró.

—Ese viejo tonto tenía tantos defectos como cualquiera, pero debo admitirlo…— su boca se torció levemente, formando una sonrisa— Era increíble para inspirar a las personas.

La castaña dejó salir una pequeña risita y luego, un suspiro.

—Si esto hubiera derribado a nuestro Campeón, me habría quedado con el título sin dudarlo— dijo, dándole un pequeño sorbo a su bebida.

Agatha la miró de reojo. En su rostro, sorpresa por la repentina declaración y tras algunos segundos, resignación.

—Estoy casi segura de que no bromeas— comenzó a alejarse—. De los cuatro miembros del Alto Mando, sin duda eres la más ambiciosa, Blue.

La mencionada sonrió.

—Y ahora mi ambición ha crecido— su mirada se centró en Ash y pese a su gesto, una mirada llena de seriedad podía ser vista—. No puedo permitir que el bebito me supere.

Koharu, quien iba pasando al lado, sintió un fuerte escalofrío y se apresuró para alejarse.

E-Esa era Blue, del Alto Mando…— pensó, con la mirada en el suelo— ¿Ella odia a Ash Ketchum? ¿Por qué estaba viéndolo así?...

Y antes de que pudiera seguir pensando, chocó contra algo. Levantó la mirada a toda prisa, dándose cuenta de que en realidad se trataba de alguien.

Su rostro palideció al encontrarse de frente con esos penetrantes ojos verdes que la miraban desde casi treinta centímetros arriba. Balbuceó algo totalmente inentendible, algo que tenía la intención de ser una disculpa que no pudo salir por los nervios y el miedo.

—Bueno, vas a tener que deshacerte de eso, Gladio— escuchó decir y volteó a ver a las personas que habían dicho eso. Se encontró con un rostro famoso.

Estaba en presencia de Hau Mahalo y, por si una sola persona famosa no fuera suficiente, también estaba Gladio Aether, sobre quien había derramado jugo de uva.

Koharu se quedó completamente en blanco y tras unos segundos de absoluto terror, escuchó un suspiro.

—Disculpa, me moví de improvisto— dijo Gladio, comenzando a quitarse el saco y doblándolo—. No te mojaste también, ¿verdad?

La adolescente negó lentamente, retrocediendo por instinto. Ni siquiera se había tomado el tiempo de comprobar la veracidad de sus palabras.

—Me alegro, entonces…

—¡Hermano, ¿qué haces asustando a los invitados?!— escucharon exclamar y rápidamente se giraron. Lillie Aether iba directamente hacia ellos, con el ceño ligeramente fruncido.

—No estoy asustando a nadie— dijo Gladio, arqueando una ceja.

—¡Cómo no! Mira a la pobre Koharu, está pálida y temblando— la rubia se cruzó de brazos mientras miraba a la Sakuragi—. Si eso no es estarla asustando, ¿entonces qué es?

—Lo que pasó fue que…

—Bueno, ustedes pueden hablar de eso— Hau interrumpió a Gladio, levantando una mano—. Yo quiero hablar con Brock. He querido conocerlo desde que Ash nos habló de él, así que…

—Espera, tú eres mi testigo, no te puedes ir— Gladio lo detuvo, sujetándolo del brazo derecho.

—¿Ehh?... Vamos, tú sabes lo emocionado que estoy por hablar con él…

—¡Ah, Lillie, aquí estabas!— al mismo tiempo se giraron, encontrándose con May, Dawn y Misty. Asano, quien había hablado, tomó a la rubia de la mano— ¡No hemos terminado de hablar!

Los ojos de Aether brillaron por un momento.

—Entonces yo me…

—¡Ah, espera, Gladio, todavía no terminamos de hablar!— exclamó Lillie— ¡Desde la última vez que asustaste a Selene por accidente no puedo ser lo suficientemente precavida contigo!

—En realidad…— miraron hacia la izquierda. Selene estaba ahí, un poco colorada—, el señor Gladio no me asustó. Yo tropecé y caí contra su pecho, así que me sentí un poco…

Los instintos de las cuatro chicas se activaron.

—No te importa venir con nosotras, ¿verdad?— preguntó Misty, tomándola de las manos y sonriéndole.

—Si me necesitan para algo, entonces…

—¡No digas más!— Dawn sonrió y antes de que se fueran, volteó a ver a Koharu— ¡Por cierto! Me encanta tu peinado. Debe de ser difícil controlar todo el cabello que tienes, así que te entiendo a la perfección.

Por un momento habían olvidado que Koharu estaba ahí e incluso la propia Koharu lo había hecho. La situación que se desarrollaba a su alrededor era demasiado para ella.

—¡Hermana!— se escuchó decir a un niño. Vieron llegar a un chico de unos diez años, quien de inmediato se vio sorprendido por la reunión de gente famosa pero al mismo tiempo, maravillado. Con ojos brillantes se les quedó viendo— Mamá te llama para… algo, no sé qué cosa de… una cosa…— explicó sin ponerle la más mínima atención a Koharu.

—¡N-No perdamos tiempo, vamos!— la adolescente se apresuró a tomar a su hermanito por el brazo y a jalarlo detrás de ella.

—¡E-Espera, solo te hablan a ti, yo quería…!

—¡Ahora no, Sota!

—El pequeño Sota…— Elio se llevó una mano al mentón— El niño siempre me cayó bien.

—¿Tú cuando llegaste?— preguntó Hau, intrigado.

—Bueno, estaba hablando con Max sobre Pokémon y me dio sed, así que…

—¡Es cierto! ¡Brock!— y sin esperar a que Asutoro terminara de hablar, Mahalo se fue.

—Vaya maleducado…— murmuró el azabache, volteando hacia los demás— Al menos ustedes…

Lillie, Misty, May, Dawn y Selene estaban ya a varios metros de distancia, dirigiéndose hacia la salida.

Solo quedaron él y Gladio.

—Bueno, yo sigo aquí— le dijo el rubio, cruzándose de brazos, tras ponerse el saco en el hombro.

Elio le dio una mirada de mala muerte.

—No olvido lo que pasó ayer entre Selene y tú, bastardo— le dijo.

Gladio cerró los ojos y suspiró.

—Me siento mal por tu futuro cuñado…— procedió a rascarse la cabeza— Al menos me alegra saber que no seré yo.

Elio acercó peligrosamente su rostro al de Gladio.

—¿Estás diciendo que mi hermanita no es suficiente para ti? ¿Eso es lo que estás queriendo decir, mal nacido?— interrogó, presionando un poco más a Aether.

Gladio simplemente dejó salir otro suspiro. Sin importar cuantas veces dijera que no sentía nada romántico por Selene, la conversación al respecto nunca terminaba.

Así que jugó su carta de triunfo.

Huyó.

—¡Ey, espera! ¡N-No me dejes solo, Gladio!


—Fue un placer, Elio— Max estaba terminando de darle la mano al Asutoro—. Aprenderé mucho de tus experiencias.

—No, no… Puede que yo sea mayor que tú, pero tienes más tiempo entrenando Pokémon— el azabache rio, rascándose la mejilla—. Debo ser yo quien te dé la gracias. Voy a aplicar tus consejos.

Ambos se miraron y rieron.

—Y recuerda los consejos que te dimos, Selene. Puede que no lo percibas tú misma, pero eres realmente bonita— May le murmuraba a la Asutoro, quien se veía bastante avergonzada—. Si te lo propones, no hay forma humanamente posible de que Gladio pueda resistirse a ti.

Selene simplemente dejó salir un suspiro. Durante la última semana había dicho tantas veces que su relación con Gladio no era de ese tipo, pero la gente simplemente se negaba a escucharla.

Mientras esto no acabe molestando al señor Gladio…— pensó, mirando luego a May— Lo tendré en cuenta…

—¡Arriba esos ánimos, chica!— y Asano se echó a reír.

—Como Kahuna de Melemele debes de tener una amplia red de contactos, ¿cierto, Hau?— preguntó Brock, acercándose todo lo posible al moreno y viendo que nadie los observara— ¿De casualidad conoces a una chica soltera?

Mahalo se rio y luego, lo pensó. Era bien consciente ya de que una de las debilidades de Brock eran las mujeres.

—Conozco algunas. ¿Qué tipo de chicas te gustan? Podría intentar ponerlas en contacto contigo— le dijo, dispuesto a hacer lo que pudiera para ayudar a su nuevo amigo.

Brock sonrió y comenzó a dar la descripción de sus gustos.

—Una mujer madura y divertida… También linda y que quiera a los Pokémon… ¿De preferencia que sea un poco ruda?— repitió Mahalo.

—Sí. Lo último es especialmente importante, no sé si me entiendes— y dicho eso, pareció guiñarle el ojo.

La verdad, Hau no lo había entendido. Supuso que le gustaban las chicas que podían defenderse solas.

Repasó esas características en su cabeza y fue descartando de una en una.

A Brock le gustaban las mujeres que eran mayores que él, por lo que Mallow o Lana estaban completamente descartadas. Mina y Kahili eran un poco mayores, pero también eran más jóvenes que Ishihara, sino es que de su edad.

Lo repasó un poco más y luego, pensó en Wicke. Sintió una especie de escalofrío, decidiendo que era una mala idea. Había una atmosfera extraña siempre que ella y Gladio estaban en la misma habitación.

Y así, su mente llegó a la última candidata.

—Bueno… La Kahuna Olvia Konikoni está disponible— respondió, cruzándose de brazos y viéndose pensativo—. Es soltera, tiene veintisiete años y yo diría que es bastante chistosa, voluntaria e involuntariamente— se rio—. Cuida muy bien a sus Pokémon y cuando se pone seria, da muchísimo miedo.

Las mejillas de Brock se sonrojaron y luego frotó sus manos.

—¡Diste en el clavo, Hau!— pero se paró a pensar— Aunque… ¿crees que tenga oportunidad? Quiero decir, ¿no tiene un filtro especial para elegir a su pareja? No estoy muy familiarizado con la cultura de Alola, así que…

—¡Ah, no te preocupes! Podemos casarnos con quienes queramos sin consecuencia alguna— asintió Mahalo—. La única excepción es cuando dos Kahunas se casan. Ahí necesitamos tener más de un hijo de forma obligatoria para no perder la línea de sangre.

Brock se dio cuenta de algo.

—Y la Kahuna Olivia… ¿Ella es madre soltera?

Mahalo negó y luego, frunció el ceño.

—Olivia debería darse prisa y casarse pronto… Akala necesita un heredero real— murmuró lo suficientemente fuerte como para que Brock escuchara.

Con una expresión por demás satisfecha y gallarda.

—Supongo que Brock Ishihara es el adecuado para el trabajo— y entonces, se derrumbó.

Hau lo miró con sorpresa, dándose cuenta de que Croagunk lo había golpeado directamente en la boca del estómago, sacándole el aire.

—N-No me acostumbro a eso…

Misty dejó salir un suspiro mientras negaba con la cabeza.

—Siempre igual…

—Es una persona peculiar— Gladio, quien estaba a su lado, parpadeó varias veces. Le sorprendía un poco el aguante de Brock al recibir esos golpes.

—Lo es, pero tiene un buen corazón— la pelirroja se llevó una mano a la cintura y sonrió—. Supongo que por eso es una persona inolvidable.

El rubio sonrió levemente.

—Son esas personas las que más se quedan grabadas en tu memoria— y cuando dijo eso, vio a cierto azabache.

—Sí…— Misty miró a Gladio, también sonriendo— Es tonto; descuidado e inmaduro, sin mencionar el mal carácter que tiene a veces… En resumen, es como un niñito y por ello, necesita que lo apoyen cuando se encuentra mal— le dio un pequeño golpecito en el brazo—. Como su futuro cuñado, ¿puedo pedirte que lo ayudes cuando lo necesite? Debe de estar pasando por mucho.

Aether se cruzó de brazos y cerró los ojos.

—De toda la descripción que me diste, solo concuerdo con que es tonto y descuidado— la miró—. No sé qué tanto cambió desde los diez años, pero conozco al Ash Ketchum actual. Es más maduro y tranquilo de lo que crees.

Misty sonrió con nostalgia y miró hacia el frente; hacia la salida de pueblo Paleta.

—Supongo que sí… Por mucho que trate de verlo de la misma forma, no es el mismo Ash Ketchum de hace casi ocho años…

—Y habiendo dicho eso…— la pelirroja dirigió su mirada hacia Gladio, quien la miraba con una sonrisa—, puedes estar tranquila. No vamos a dejar que se sienta solo ningún día.

La sonrisa de Kawanami creció exponencialmente.

—Gracias.

—Si hay algo que podamos hacer por ustedes, no dudes en decírnoslo, Lillie— Dawn sujetaba las manos de la rubia, quien le sonreía—. Y si Ash te hace algo, dame una llamada e iré directamente a Alola para patearle el trasero.

—Aunque dudo mucho que Ash llegue a hacer algo para lastimarme, lo tomaré en cuenta— rio Aether.

Ketchum, por otra parte, estaba cruzado de brazos.

—Siento lástima por tus hijos y los de Misty…— suspiró, negando con la cabeza— Con lo mandonas que son, incluso sus parejas van a sufrir…

Chiba le sacó la lengua.

—Voy a ser una madre excelente y cuando mi niño nazca, voy a restregártelo en la cara— le aseguró—. Tus hijos solo van a ser guapos por los genes de Lillie.

Ketchum se encogió de hombros y miró hacia otro lado.

—No sé, Dawn… ¿De dónde sacarían buenos genes tus hijos?— se rio— Supongo que Kenny va a tener que encargarse de eso.

La coordinadora se sonrojó y rápidamente frunció el ceño.

—¡S-Sigue soñando!— exclamó, mirando hacia otro lado.

Al final, Lillie solo pudo romper en carcajadas.

—¡Esperaré ansiosa la próxima vez que podamos hablar!

Y Dawn asintió con una gran sonrisa.

Al final, todos los viejos compañeros de Ketchum se reunieron alrededor del auto de Brock.

—Así que ya es hora…— Ash les sonrió a sus amigos, quienes le devolvieron el gesto— Gracias por venir, chicos. Fue increíble volver a verlos.

—Sí… Ciertamente fue bueno ver con nuestros propios ojos que estabas bien, Ash— Max asintió.

—Entonces este es…— antes de que Dawn pudiera terminar de hablar, Brock y May se adelantaron.

—¡Un momento!— exclamaron al unísono, sorprendiendo un poco a todos.

—¿Podemos hablar con Ash en privado por un momento?— pidió Brock, sujetando a su amigo de los hombros y comenzando a empujarlo.

Los amigos de Alola del azabache se vieron con un poco de confusión.

Y sin esperar respuesta, se alejaron de los demás miembros del equipo S&M.

—¿Qué pasa tan de repente, chicos?— preguntó Ketchum, claramente desconcertado.

Dawn, Max y Misty negaron con la cabeza. Ellos no tenían ni idea.

—Se trata de… Se trata de alguien más… Alguien que definitivamente no se va a tomar bien tu relación con Lillie— murmuró May, intrigando a todos.

—¿De quién estás hablando?— no tardó en interrogar Max.

Brock los miró a todos y con seriedad, dejó caer la bomba.

—De Serena— May asintió con fuerza.

—¡¿SERENA?!— exclamaron Kawanami, Chiba y el joven Asano.

Al instante, todos se callaron y con rapidez miraron hacia Lillie.

—¡Tranquilos, ya sé sobre ella!— exclamó la rubia, riéndose.

—Tu novia es sorprendentemente audaz, Ash…— murmuró Max, sin obtener reacción de Ketchum.

El azabache estaba claramente aturdido.

No es que no pensara en Serena, pero cuando lo hacía, solo pensaba en una amiga más. Estaba tan centrado en su amor por Lillie que ni siquiera recordaba el hecho de que Serena estaba enamorada de él… Aunque ahora que lo pensaba, ¿seguía estándolo?

Él mismo llegó a la respuesta y fue un: "Muy posiblemente".

Le llegaron memorias de su otra línea del tiempo. Memorias que prefería mantener alejadas pues se arrepentía de tenerlas pero que, al mismo tiempo, respaldaban su respuesta. Dichas memorias implicaban a Serena, un amigo suyo y una cama; posterior a eso, arrepentimiento.

Solo lo había visto por mero accidente, pero eso era suficiente para hacerlo sentirse terriblemente culpable.

—¡De todas formas…!— Dawn moderó un poco su tono de voz y se dirigió hacia Brock y May— ¿¡Cómo sabían ustedes…?!

—Sospechamos aquella vez que hicimos una llamada en navidad. Cuando Ash la felicitó por su cumpleaños, la sonrisa que le dio fue totalmente distinta a la que hace normalmente— explicó Asano.

—Y además, Rotom nos lo confirmó hace unos pocos días.

Ketchum se sobresaltó de inmediato y miró hacia donde sabía, estaba su casa.

—¡ROTOM!

A algunos kilómetros de distancia, la Pokédex rio con malicia mientras que Pikachu lo observaba, curioso.

—Esto es delicado, Ash…— lo llamó Misty, quien parecía preocupada.

Ketchum asintió y luego, dejó salir un suspiro. Era consciente ahora de que necesitaba un plan para actuar cuando el momento llegara y, si sus amigos podían ayudarlo a armarlo, entonces solicitaría su ayuda sin pensarlo.

Para sorpresa de todos, Ash repentinamente contó toda la situación. Cuando terminó de hablar no dejó a nadie indiferente.

Las chicas estaban sonrojadas, mientras que Max y Brock se veían perplejos.

—Entonces Serena fue…— Ketchum asintió ante las palabras de May.

—Mi primer beso— terminó de decir, rascándose la mejilla. Ahora que su mente era varios años mayor y era mucho más sabio en esos temas, no podía evitar sentirse algo apenado. Tal y como se había dicho aquella vez, madurar definitivamente hacia que las cosas que antes no eran vergonzosas lo fueran.

Misty espabiló.

—Si no lo sabe todavía, entonces tienes que decírselo, Ash— le dijo de inmediato, con una expresión seria.

Max asintió.

—Sonará cruel, pero ella tiene que saber que sus sentimientos por ti ya no la llevarán a ningún lado— Asano se veía un poco incómodo al decir eso. La idea de que Serena estuviera triste lo entristecía a él también, pues sabía que era una buena chica—. Aunque Ash ya tomó su decisión…

Ash recordaba a la perfección la charla que había tenido con Hau aquella vez que se reunieron tras todo el asunto de Lusamine. Supo que era lo mismo.

¿Le decía a Serena que lamentaba su decisión? No, él no lo hacía. No había forma de que lamentara el estar con Lillie.

¿Le decía que todavía tenía oportunidad? No la tenía. Su corazón era de una sola persona y dicha persona no era ella.

¿Le decía que no se rindiera? Era cruel y totalmente inútil.

Al contrario que aquella vez con Hau, él si tenía que responder. Iba a tener que hablarlo con Serena le gustara o no.

Era la decisión de su amiga el olvidarlo o no, por lo que no podía obligarla a nada, pero tampoco iba a darle falsas esperanzas.

Se sintió un poco mal consigo mismo. ¿En qué momento se había hecho capaz de tomar ese tipo de decisiones con tanta calma?... Supuso que había sido cuando decidió abandonar a todas las personas que alguna vez conoció.

Agitó la cabeza para alejar esos pensamientos.

—Voy… Voy a intentar ponerme en contacto con ella lo antes posible— les dijo, viéndose claramente afectado.

Los amigos de Ketchum se vieron entre sí. Sabían que él era la última persona en el mundo que lastimaría voluntariamente a un amigo.

Así que lo abrazaron, tomándolo por sorpresa.

Ash tardó unos segundos en reaccionar y cuando lo hizo, los abrazó de vuelta.

—Nos vemos luego, chicos.

Y con una sonrisa en sus rostros, se separaron.


Ash se despertó temprano el día veintidós de mayo. Más temprano de lo que debía hacerlo, de hecho.

Eran aproximadamente las dos de la mañana y Ketchum se encontraba acampando en el rancho del profesor Oak. A su lado estaban sus Pokémon de Alola y algunos más, como aquellos que habían luchado a su lado en la guerra contra Necrozma.

Se fijó en Charizard, quien hacía gestos de desagrado y dejaba salir quejidos espontáneos. Luego miró a Pikachu, quien desde hacía semanas se agitaba en su lugar, con las patas en las orejas. Gumshoos e Incineroar dormían siempre al lado del otro, abrazándose con fuerza. Sceptile y Krookodile generalmente ponían una mala cara, dejaban salir unos pequeños sonidos y luego, se despertaban sobresaltados. Todas las noches, Decidueye y Poipole lloraban en silencio antes y mientras dormían. Infernape y Heracross eran incapaces de caer dormidos hasta bien entrada la noche y cuando lo hacían, generalmente despertaban cada cierta cantidad de minutos.

Por ello Ash no se sorprendió cuando vio a Infernape a un lado suyo, sudando a mares y con la respiración agitada.

Él generalmente se despertaba siempre que uno de sus Pokémon lo hacía, pero esta vez no se había levantado por ello. Era por otro motivo de igual importancia.

Antes de hacer cualquier otra cosa, se acercó a Infernape silenciosa y tranquilamente, tomándolo de la mano. El tipo Fuego lo miró, aún sobresaltado y a los pocos segundos, lágrimas se formaron en sus ojos.

Ash abrazó a su Pokémon, reconfortándolo con su simple presencia.

—Esto me recuerda a cuando eras un pequeño Chimchar…— le murmuró Ketchum, abrazándolo con un poco más de fuerza. Frunció el ceño con fuerza— Lo siento por haberte hecho esto, Infernape…

El mono se separó de él a los pocos segundos y negó con la cabeza, tratando de sonreír. Ash intentó corresponderle el gesto.

—Esto va a sonar repentino, amigo, pero necesitamos ir a casa del señor Yukinari de inmediato— le dijo, haciendo que el Pokémon se viera confundido.

Ash comenzó a hablar y ante cada palabra que salía de su boca, Infernape se mostraba más sorprendido. Al final, el tipo Fuego abrió los ojos de par en par.

Dejó salir unos sonidos a modo de pregunta y Ash los respondió como mejor pudo.

—¿Recuerdas que a veces puedo sentir el aura?— Infernape asintió— Bueno, digamos que es por algo relacionado con eso.

El mono le creyó a su entrenador y luego, se levantó del piso. Uno por uno, comenzó a despertar a sus compañeros más cercanos mientras que Ketchum se ponía su pierna protésica. Una vez que todos estuvieron despiertos, les explicó la situación.

Miraron a Ash rápidamente y este les asintió. Pikachu fue el primero en moverse, saltando al hombro de su entrenador y dándole una orden a Charizard, quien asintió.

El tipo Fuego le indicó a Ash que subiera en su lomox y así como así, despegó.

Los demás Pokémon lo siguieron por tierra a excepción de Decidueye, quien volaba detrás de ellos.

Ash frunció un poco el ceño, mirando hacia el frente.

Era el día de su cumpleaños número dieciocho y también…

Gracias a la velocidad de Charizard, llegar a la casa de Yukinari les tomó menos de un minuto, eso sumado a que el lugar tampoco estaba tan lejos.

Apenas aterrizaron, Ash bajó de un salto y corrió hacia la entrada principal, tocando la puerta con fuerza. Esperó un momento hasta que vio luces encenderse y oyó pasos a la lejanía.

La puerta se abrió, dejando ver a Gary en ropa de dormir al igual que a Daisy, quien se asomaba desde las escaleras que llevaban al segundo piso.

—¿Ash?...— preguntó el castaño, tallándose los ojos— ¿Qué haces aquí a esta…?

—Necesito hablar con Red y Yellow de inmediato— respondió, pasando a un lado suyo sin esperar permiso.

Los hermanos Oak se miraron con confusión y a los pocos segundos, Yukinari también llegó a la escena.

—¿Ash?...— él también tenía el mismo gesto que su hijo— ¿Qué sucede?...

Ketchum lo miró y sin rodeos, preguntó:

—¿Cuál era la habitación de mi hermano?

Yukinari se talló los ojos y lo guío al lugar. La habitación de invitados se encontraba en el primer piso, en el mismo pasillo en el que se encontraba uno de los baños y la lavandería.

El hijo de Samuel tocó la puerta y antes de obtener cualquier respuesta, Ash la abrió. Yukinari no pudo decirle nada pues el azabache habló primero.

—¡Necesito que despierten!— exclamó con una voz firme.

Red y Yellow lo hicieron. Con rostros claramente somnolientos, ambos miraron hacia el hijo menor de los Ketchum.

—¿Por qué estás…?

—¡Amber está por nacer!— interrumpió de golpe.

Al escuchar eso, Red, Yellow y Yukinari se quedaron petrificados, mientras que Gary y Daisy llegaron corriendo al lugar.

—¡¿Qué dijiste?!— preguntó el menor de los Oak.

Al instante, las expresiones del matrimonio Ketchum cambiaron.

—¿Cómo lo sabes?— preguntó Red, poniéndose de pie con ayuda de sus muletas, las cuales estaban a un lado de la cama.

—La explicación larga es muy larga de dar. La explicación corta es que es mi intuición— Ash miró a su hermano directamente a los ojos—. ¿Confías en mí?

Y al instante, Red tomó su cartera, así como sus Pokéballs.

—Nos vamos al hospital, Yellow— le dijo a su esposa, caminando hacia donde estaba—. ¿Te sientes mal? ¿Contracciones o algo?

La rubia negó.

—Me siento bien…— respondió, levantándose de la cama.

Red asintió y luego, miró hacia Yukinari.

—¿Podría llevarnos?— pidió, recibiendo un rápido asentimiento.

—Por supuesto. Si la intuición de Ash está involucrada, es porque es algo serio— y sin decir nada más, corrió hacia la cocina, buscando las llaves de su automóvil.

Gary y Daisy se vieron entre sí.

—Voy a llamar a la señora Delia— les dijo la mayor, corriendo hacia su habitación en busca de su teléfono.

—Yo me adelantaré al hospital e informaré de todo— dijo Gary, caminando con rapidez hacia el mismo lugar que su padre—. Nos veremos allá.

Pueblo Paleta solamente tenía un hospital por lo que sabían a cuál se refería.

Salieron de la casa no mucho después, viendo a Gary partir en su propio auto. Tardaron un poco debido al lento movimiento de Red, pero con ayuda de Yukinari eso no fue realmente un problema.

Subieron al coche con Yukinari como conductor, Ash como copiloto y el matrimonio junto a Daisy, en la parte trasera.

—¡Sígannos, chicos!— exclamó Ash, bajando la ventanilla y dirigiéndose a sus Pokémon, quienes asintieron. Pikachu saltó hacia atrás para estar con Yellow.

De la casa de Yukinari al hospital eran diez minutos en automóvil. Diez minutos era tiempo más que suficiente para que muchas cosas pasaran.

En el camino, todos veían a Yellow atentamente, esperando cualquier tipo de cambio en su estado. La rubia solo se veía un poco aturdida, pero fuera de eso parecía estar bien.

—¿Qué dijo mamá?— preguntó Ash luego de casi seis minutos de viaje en completo silencio.

—Le dije a Gary que pasara por ellos apenas llegáramos al hospital y se lo conté a la señora Delia. Ella me aseguró que estarían esperando su llegada. Colgó apenas dijo eso— respondió la castaña.

Los Ketchum, incluida Yellow por supuesto, fruncieron un poco el ceño.

Finalmente, tras un par de minutos más, estaban en el hospital. Gary se encontraba esperándolos afuera junto a un par de enfermeras y un doctor.

—Expliqué la situación— dijo, acercándose a todos—. Insistieron en que primero necesitaban hacer pruebas para conocer el estado del bebé. Yo voy a ir por Delia y los demás, vuelvo enseguida.

Red y Yellow asintieron, comenzando a caminar hacia la entrada, cuando de pronto, la rubia se quedó paralizada.

A excepción de Ash, todos la miraron con preocupación. En un instante, lágrimas se formaron en los ojos de Yellow y su rostro se puso realmente rojo.

Miraron por instinto hacia abajo, viendo como líquido goteaba de su parte baja. Se quedaron boquiabiertos.

—L-Lo siento mucho… Yo ni siquiera quería…

Las enfermeras voltearon a ver al doctor, quien rápidamente asintió.

—Señor y señora Ketchum, vengan con nosotros de inmediato, por favor— les pidió el hombre de inmediato.

Red y Yellow se vieron claramente nerviosos al escuchar el tono de voz del médico. Red entonces se vio claramente afligido. Por la confusión, casi nadie notó su expresión.

—Entraré también— escucharon decir a Ash. Red lo volteó a ver con rapidez. Iba a decir algo, pero al ver sus ojos, se calló.

El doctor se le quedó mirando a los Ketchum y tras algunos segundos de deliberación, asintió.

—Entonces vamos— indicó, conteniendo una pequeña sonrisa.

Sin perder tiempo, caminaron detrás del doctor. La mirada de Ash solo veía hacia su cuñada y su mente regresó en el tiempo.

En su línea de tiempo original y según el profesor Oak, Yellow había roto la fuente de forma prematura mientras dormía y cuando despertó, lo había atribuido a un simple "accidente nocturno". Se lo ocultó a Red por la vergüenza y en ningún momento se le pasó por la cabeza que eso fuera una señal.

Pasaron horas hasta que inició el trabajo de parto y pasaron otras cuantas más hasta que la niña finalmente nació. Por lo que había oído decir a los doctores, Yellow y Amber habían estado en peligro de contraer una infección.

A Ash no le importaba si era poco peligroso o muy peligroso. Él solamente quería que su sobrina naciera sana y salva. Si podía aumentar las posibilidades con cualquier pequeña acción, entonces lo haría.

Los pasaron a una sala de ginecología y los exámenes comenzaron. Escucharon algunos pasos y voces en el exterior de la habitación por lo que supieron que Gary había vuelto con todos.

Al final, el veredicto del doctor fue dado.

—Ruptura prematura de la fuente— dijo, mirando seriamente a los futuros padres—. Podemos hacer dos cosas. Una es esperar a que inicie el trabajo de parto de forma natural. La otra es inducir nosotros mismos el parto, lo cual, dada la situación, recomiendo.

Ash prestó especial atención a la explicación del médico, igual que Red y Yellow. Todo lo que estaba pasando le serviría para el momento en el que él y Lillie se convirtieran en padres.

Finalmente, tras escuchar los posibles riesgos y hablarlo entre sí, el matrimonio aceptó el parto inducido. Querían que su hija corriera el menor riesgo posible.

El tiempo en el que se indujo el parto, al igual que el traslado de Yellow a la sala de partos, se sintió particularmente rápido. Ni siquiera habían tenido tiempo para poner al corriente a las personas que esperaban afuera, solo para ver sus rostros de preocupación. De forma completamente opuesta, el parto se sintió como una eternidad.

Ash sujetó con fuerza a su hermano y cuñada, quien gritaba con fuerza. Vio el rostro de terror en la cara de Red y recordó muchas cosas.

En su anterior línea del tiempo, Red estaba devastado. Su estado mental era tan frágil que cuando entró a la sala de partos y el mismo inició, se desmayó a los pocos minutos por la sangre y los gritos de su esposa. Delia había tenido que relevarlo.

Pero ahora, él estaba ahí. No estaba muerto. Estaba ahí para ellos.

—¡Vamos, Yellow! ¡Expulsa a esa pequeña!— exclamó Ash con fuerza, haciendo que Red volteara a verlo. Cuando sus miradas se encontraron, le sonrió.

El color volvió al rostro del Campeón y luego, sus ojos brillaron.

—¡Tú puedes hacerlo, Yellow! ¡Vamos, puja!

—¡ESTOY PUJANDO, IMBÉCIL!— gritó con fuerza la rubia, apretando con muchísima fuerza la mano derecha de su esposo y la izquierda de su cuñado.

Red y Ash voltearon a verse. Tuvieron que contener la risa.

La sangre y todo lo demás era un espectáculo horrible. Ash entendía porque se decía que los padres solían desmayarse al estar ahí. El parto era un infierno físico y psicológico para la mujer y el hombre (los cuales, aun con todo, la tenían muchísimo más fácil).

Pero era ese tipo de infierno el cual valía la pena recorrer.

Porque al final, ellos llegaban.

Yellow había dejado de gritar. Su rostro estaba realmente pálido y estaba llena de sudor. Red besaba su rostro una y otra vez.

—Lo hiciste increíble— le decía, mirando hacia donde estaban el doctor y las enfermeras.

Yellow lo abrazó y también le dio un beso en la mejilla.

—Perdón por llamarte imbécil…— murmuró, sonando bastante cansada.

—No, no… Está bien. De verdad está…— entonces, un llanto interrumpió a Red.

Miraron nuevamente al doctor y luego, a una de las enfermeras, quien les sonreía ampliamente.

—Felicidades. Es una niña— les anunció, entregándoles a la pequeña Amber, a quien le habían retirado la sangre lo mejor posible. Era pequeña, arrugada, con unos cuantos pelos en la cabeza y estaba realmente roja.

Aunque parecía una pasa, para Red y Yellow era el ser más hermoso del mundo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y el llanto no tardó en hacerse presente.

Ash se recargó contra una pared y dejó salir un suspiro. Se pasó la mano por la frente, sonriendo.

—Esto es mucho más difícil de lo que creía…— admitió, mirando hacia el techo.

El doctor miró el reloj que tenía en su muñeca y asintió.

—Nacida el veintidós de mayo del dos mil catorce. La hora es ocho diecisiete de la mañana— le dijo a una enfermera, quien anotó los datos.

Al escuchar la fecha, Red y Yellow se detuvieron por un momento. Lentamente miraron a Ash, quien les devolvió la mirada.

—¿Qué pasa?— preguntó, con una media sonrisa.

Red se alejó de su esposa e hija, caminando hacia su hermano. Apenas estuvo lo suficientemente cerca, lo envolvió en un abrazo.

Ash no dijo nada y simplemente lo correspondió.

Tras unos pocos segundos, se separaron. Red lo miraba con una gran sonrisa y con ojos llenos de brillo.

—Ven a ver a tu sobrina— le dijo, comenzando a llevarlo hacia donde estaba Yellow.

Ash se rio, dándose cuenta de que todavía no la había visto. Todo ese tiempo, verla no había sido tan prioritario como saber que nacería sin problemas. Después de todo, la había visto por años en su otra línea del tiempo, ¿qué podía ser diferente esta vez?

Y a pesar de tener ese pensamiento, las lágrimas inundaron sus ojos apenas la vio. Ahí estaba ella. Sus escasos cabellos color negro azabache y aquellas marcas de nacimiento en forma de rayo.

Rio mientras lloraba, lo cual conmovió a Red y Yellow.

—¡Sin duda es… mi sobrina!— exclamó, mirando a su hermano y a su cuñada. Al decir esas palabras, algo en su interior se agitó. Sonrió ampliamente y las lágrimas cayeron con mayor frecuencia. Era su sobrina.

A… sh…

¡Tío Ash!

¡Viniste, tío Ash! ¡Escucha esto! ¡Papá fue muy malo conmigo hoy!

¿Sabías que los Pikachu son de tipo Eléctrico? Papá me lo enseñó hoy. Soy muy inteligente, como el abuelo Samuel, ¿verdad?

¡Creí que la comida del cielo no podía saber mejor, pero me equivoqué! ¡La comida de la abuela Delia es mil veces mejor!

Hoy visité al señor Hala y me enseñó muchas cosas de Alola. Cuando tú vivías, eras el Representante de Tapu Koko, ¿verdad? ¡¿Verdad!? ¡Me dijo que gracias a ti, la tierra sigue existiendo! ¡Eres increíblemente genial, tío Ash! ¡El más genial del universo!

Entonces, conocí a este chico el otro día… Creí que teníamos algo así como la misma edad, pero resultó que él había nacido en el ochentaisiete... ¡En el ochentaisiete, ¿te lo puedes creer?! ¡Es incluso más viejo que papá o que tú, tío Ash! ¿Por qué tengo tan mala suerte con los hombres?...

Así que estuve pensando estos últimos días, tío Ash… Cuando la Lillie de la que siempre hablas venga al cielo, ¿crees que nos llevemos bien?

Vivir en el cielo está cool y todo, pero… Bueno, creo que me gustaría visitar Alola contigo alguna vez. La verdadera Alola.

¡Ve y patéale el trasero al mundo, tío!

¡CUÍDATE!

Sintió como le fallaban las piernas y antes de que pudiera caerse, se recompuso por pura voluntad.

—Mientras yo viva— empezó a decir, sin apartar la mirada de la recién nacida—, a Amber nunca le faltará nada.

Red y Yellow lo tomaron de las manos.

—Estuvimos hablando de esto las últimas semanas, Ash, pero queríamos esperar el momento indicado para decirlo— Yellow miró a su marido, quien luego miró al joven Ketchum.

—Queremos que seas su padrino.

Ash no perdió la sonrisa en ningún momento. Ni siquiera cuando dio su respuesta.

—Por supuesto.


—¡L-Lo siento, darle de comer a los Pokémon me tomó una eternidad!

Tracey llegó al lugar, claramente cansado. Todos posaron su mirada sobre él, sonriéndole. El ayudante de los Oak, a su vez, se fijó en Red.

—¡Muchas felicidades, Red!— le dijo, envolviéndolo en un abrazo— ¡Estoy muy feliz por ti y por Yellow!

Red correspondió el gesto.

—Gracias, Tracey— le dio unas palmaditas en la espalda y cuando se separaron, señaló el interior del cuarto con la cabeza—. ¿Quieres entrar a verla? Eres el único que falta.

Tracey volteó a ver a Gladio con un poco de sorpresa. El rubio se rio.

—¿Parezco el tipo de persona que no entraría a ver a un recién nacido?— preguntó, recibiendo un asentimiento general. Volvió a reír.

—Mamá y Pikachu están con Yellow y Amber. Yo entraré de nuevo en un momento— le dijo Red a Sketchit.

Tracey asintió y rápidamente se dirigió hacia la puerta, abriéndola con delicadeza y cerrándola detrás de él.

Ash se estaba meciendo en su lugar, con una gran sonrisa y un pequeño sonrojo. Al verlo, todos sabían lo emocionado que estaba. Pensaron que se veía incluso más emocionado que los padres y la abuela. No pudieron evitar sonreír al verlo así.

—Hombre, esa niña tiene la vida resuelta— voltearon a ver a Rotom, quien estaba cruzado de brazos—. Su papá es el Campeón de Kanto, su mamá es una famosa activista ambiental, su tío es el mayor héroe de la humanidad y su tía es literalmente millonaria.

Al mismo tiempo, todos miraron a Lillie. La rubia se sobresaltó un poco por la repentina atención y no tardó en sonrojarse.

—M-Me pregunto si puedo considerarme su tía— murmuró, rascándose la mejilla.

—Tal vez todavía no legalmente— voltearon a ver a Red—, pero definitivamente puedes pensar en ti misma como su tía.

Lillie contuvo su sonrisa y posteriormente, abrazó con fuerza el brazo de Ash, hundiendo la cara contra el hombro de su novio. El joven adulto se rio y le acarició la cabeza.

—¡Este está siendo un gran día!— exclamó Hau, con una gran sonrisa— Amber nació y Ash cumpleaños. ¡Hay doble motivo para celebrar!

Selene asintió.

—Es un día realmente especial.

—Veo que cerraremos nuestra última semana en Kanto con broche de oro— sonrió Elio, llevándose las manos a la cintura.

Gladio se quedó callado un momento y luego, dio un paso hacia el frente.

—Si vamos a celebrar, ayudemos a preparar todo. No podemos dejar que la familia Oak haga todo por sí misma— dijo, fijándose en los Asutoro, Rotom y Mahalo. Luego miró a su hermana y a Ash—. Ustedes quédense. Querrán estar aquí más tiem…

—¿L-Los señores Ash y Red Ketchum?— escucharon a una voz llamarlos. Cuando se giraron, encontraron a una joven enfermera a inicios de sus veinte. La mujer se sobresaltó al ver que no solo los Ketchum estaban ahí— ¡H-Hay alguien en recepción preguntando por ustedes!

Los miembros del equipo S&M se vieron entre sí con intriga. ¿En ese momento? ¿Había alguien preguntando por ellos en ese preciso momento?

Red al instante sintió un nudo en el estómago y su expresión cambió notoriamente. Trató de descartar la idea. Era una locura, después de todo. Ash se fijó en el comportamiento de su hermano y también se rio. Era una risa forzada.

—Ey, vamos, hermano… ¿No estás pensando en que…?

Una sonrisa torcida apareció en el rostro de Red.

—Por supuesto que no. ¿Cuáles serían las posibilidades?

Y ambos rompieron en carcajadas. Todos se veían claramente confundidos. Las risas terminaron cuando escucharon lo siguiente:

—Llamada entrante de: Gary. Llamada entrante de: Gary. Llamada entrante de: Gary— Ash se apresuró a tomar la llamada y lo primero que vio fue el pálido rostro del castaño.

—¡Es tu papá, Ash!— dijo de pronto, haciendo que en el lugar todos abrieran los ojos de par en par— ¡Los vecinos acaban de decirnos que ese tipo vino a preguntar por la ubicación de ambos! ¡Está buscándolos ahora mismo!

Un escalofrío recorrió el cuerpo de los presentes y con sudor en sus rostros, vieron los ojos de los hermanos Ketchum. Describir la cantidad de emociones negativas en ellos era imposible.

Ash tomó aire y unió sus párpados. Cuando abrió nuevamente los ojos, se veía mucho más tranquilo. Se puso de pie sin decir palabra alguna.

—Puedo tratar con él yo solo— le dijo Red, comenzando a andar hacia la enfermera quien se veía aterrorizada—. No tienes que venir, Ash.

—Al contrario— el joven Ketchum le dio una palmadita en la espalda y le sonrió—. Vamos juntos, como siempre.

La sonrisa de su hermano menor calmó bastante a Red, quien hizo lo posible para devolverle el gesto. Asintió a los pocos segundos.

—Ya volvemos— le dijo Ash a sus amigos, sacudiendo una mano.

Gary había deducido un montón de cosas y tras fruncir el ceño con fuerza, colgó. Todos los miembros del equipo S&M se miraron con enorme preocupación pues conocían bien la historia de la familia Ketchum.

Fue tras algunos segundos que, por la conmoción, Tracey asomó la cabeza.

—Oigan, ¿dónde están Ash y Red?

Todos lo miraron.

Metros más adelante, los Ketchum avanzaban detrás de la enfermera, quien estaba encogida por el miedo. Tratando de aligerar el ambiente, se giró hacia ellos.

—N-No sabría decirles si la persona que pregunta por ustedes es realmente su padre— les dijo, tratando de sonreír—. E-Es cierto que se parecen bastante, pero podría ser un tío… Digo, no se apellida Ketchum. S-Se identificó a sí mismo como Kazuya Fujiwara.

—Sí, ese es precisamente su apellido— dijo Red, sin apartar la mirada del frente.

Originalmente conocido como Kazuya Fujiwara. Por algún motivo desconocido, Kazuya Ketchum había tomado el apellido de su esposa cuando se casaron. Era obvio que, ahora que estaban separados, volviera a su antiguo apellido.

La enfermera solo sintió otro escalofrío y decidió no volver a hablar en lo absoluto. Para sus adentros sabía que, con el parecido que había, era imposible que aquella persona no fuera su padre. Ella solo había tratado de ser amable…

El camino a la recepción fue corto. Más corto de lo que habrían querido.

Su estómago se hizo un nudo cuando vieron a la persona frente a ellos. Mientras que Red lo reconocía, Ash solo lo había visto en fotografías.

Tenía una buena estatura, siendo solo un poco más bajito que Red. Su largo cabello era de un color negro azabache y se encontraba atado en una coleta, con algunos mechones sueltos. Su piel era de un tono intermedio entre el de Red y el de Ash, así mismo, su rostro y manos estaban llenas de pequeñas cicatrices. Con solo verlo sabías que estaba en demasiada buena forma, similar a la del profesor Kukui. Iba vestido con una cazadora negra, así como con unos jeans del mismo color; camiseta y deportivas blancas. Debajo del brazo derecho llevaba un casco de motociclista rojo. Sus ojos marrones se centraron en ellos dos. Hicieron una mueca al ver aquellas marcas en forma de rayo debajo de sus mejillas.

Se formó silencio en el lugar y las personas que pasaban por ahí lo notaron. Los murmullos no tardaron en escucharse.

—¿Quién rayos es ese tipo?...

—No lo sé, pero si los hermanos Ketchum están así debe de ser por algo…

—Oye, pero…, ¿no se parecen un poco?

—¿Un poco? Yo diría que son súper parecidos.

—¿Crees…? ¿Crees que sea su padre?...

—No, amigo, imposible… El padre de los hermanos Ketchum debe de ser alguien genial y conocido. En mi vida había visto a este tipo.

—Aunque yo había oído rumores de un amigo mío… Dicen que solían burlarse bastante de ellos porque su papá los abandonó cuando eran niños.

—Escuché que la hija de Red nació hace unas horas… ¿Habrá vuelto por eso?

—Si los abandonó de niños y volvió ahora, debe de ser simplemente por su fama. Solo mira su rostro. Puedes saber que es basura con solo verlo.

Finalmente, tras algunos segundos, aquel hombre habló.

—Tal vez sea mejor si… nos movemos a un lugar con menos gente— les dijo, dando media vuelta hacia la salida y fijándose en que lo siguieran. Red y Ash iban detrás de él, con expresiones totalmente serias.

Salieron del hospital ante la atenta mirada de todos y comenzaron a alejarse lo más que pudieron de la zona urbana del pueblo. Ash vio a sus Pokémon, quienes estaban esperando afuera desde hacía horas. Lo vieron intrigado, al igual que al hombre al que seguían. Con una mano, les hizo saber que volvería pronto.

Caminaron en un silencio realmente incómodo y la tensión era tan palpable que podía ser fácilmente cortada con un cuchillo.

Tras una lenta caminata gracias al andar de Red, terminaron llegando a la entrada del bosque de Paleta.

—Creo que este es un buen luga…— y justo cuando se dio la vuelta para encararlos, Red lo recibió con un fuerte izquierdazo en la mandíbula, el cual lo derribó al suelo.

Kazuya se llevó la mano a la boca y luego, escupió en su mano. Había sangre y dos dientes. Se levantó con lentitud, viendo a su primogénito directamente a la cara.

—¿Terminaste?

Eso solo hizo que Red quisiera abalanzarse contra él, solo que esta vez, Ash lo detuvo.

—No te lastimes las manos, Red. Sin ellas no podrás cargar a Amber— le dijo, alejándolo lo más que pudo de su padre.

El mayor miró con asco a Kazuya y luego, trató de calmarse.

—¿Cómo diste con nosotros?

Fujiwara escupió un poco más en el césped.

—Estaba en una región del este cuando me enteré del funeral del profesor Oak. Supuse que estarían aquí, pero no estaba seguro. Vine con la intención de recibir información suya por parte de Delia. Cuando llegué hace un par de horas, nadie abrió la puerta, así que pregunté a todos los vecinos. Ellos me dijeron que tu hija ya había nacido, así que vine aquí.

Red se pasó una mano por el rostro. Le había hecho la pregunta equivocada.

—¿Qué quieres? ¿Por qué viniste?— preguntó, viéndose claramente disgustado.

—Yo… Bueno, quería empezar diciendo lo mucho que tú y Ash han cambiado— terminó de sobarse la mandíbula y recogió su casco del suelo. Escupió un poco más de sangre al césped—. La última vez que los vi, Red apenas me llegaba a la cintura y Ash ni siquiera era…

—Guárdate tu basura y ve al punto— de los dos, Red era claramente el más enfadado—. Agradece que te estemos dando la oportunidad de hablar. Si estuviera yo solo, posiblemente me habría limitado a darte una paliza como le prometí a la abuela.

Kazuya asintió.

—La señora Hana… Tenía un fuerte temperamento. Era una guerrera, como tu madre— le dijo, bajando un poco la cabeza—. Realmente lamento su fallecimiento.

—La abuela te odiaba. Murió odiándote, así que no hables de ella— a cada segundo, el enfado de Red crecía.

—Soy… consciente— asintió Kazuya—. Rompí la promesa que le hice a Delia e ignoré la advertencia de la señora Hana. Hui de ustedes.

—Huiste de todo— dijo Red—. Tenías una familia y un hogar aquí en pueblo Paleta, pero lo dejaste por un sueño que jamás cumpliste. Escuchaste lo de antes, ¿cierto? Nadie sabe quién eres y aunque a futuro lo sepan, no será por tu nombre. Nunca podrás salir de nuestra sombra. Nadie hablará de Kazuya Fujiwara. Solo hablarán del padre de los hermanos Ketchum.

En sus palabras era claro el resentimiento y la malicia con las que lo decía. A Red no le importaba, pues no trataba de ocultar sus malos sentimientos hacia él.

—… También soy consciente de eso— Kazuya, extrañamente, sonrió—. Mis hijos son el héroe de la humanidad y el legendario Campeón de Kanto, uno de los Campeones de la Luz. ¿Qué puedo hacer yo que iguale sus hazañas?

—Somos tus hijos solo por sangre— Red parecía repugnado—. Nuestro verdadero padre es Samuel Oak. No intentes olvidar eso.

Kazuya cerró los ojos.

—En ese caso, estoy agradecido. Él y Delia criaron a dos grandes hombres.

Escuchar eso solo hizo que Red se sintiera enfermo.

—¿Por qué hablas así? ¿Qué intentas al sonar sabio y maduro?— su rostro enrojeció un poco por el enfado— ¡Tuviste una oportunidad para demostrar eso y la perdiste hace mucho tiempo! ¡Había personas que te necesitaban y decidiste ignorarlo!

—Y me arrepiento…

Red no pudo más. Soltó su muleta y con fuerza, sujetó a Kazuya por la cazadora.

—¿Cuánto tiempo te tomó? ¿Cinco años? ¿Diez? ¿Dieciocho?— preguntó, con unos ojos llenos de repudio— Es tarde. Es demasiado tarde para intentar volver. No estuviste cuando te necesitábamos, así que no te queremos ahora que eres totalmente prescindible.

Kazuya miró a Red sin decir nada y luego, miró a Ash.

—Hoy cumples dieciocho años, ¿verdad? Feliz cumpleaños— le sonrió—. Lamento no haber podido estar contigo en ninguno de ellos.

Ash solamente frunció el ceño.

—¿Por qué?— preguntó de pronto, de forma que Red también volteó a verlo— ¿Por qué te fuiste?

—¿Ash?...

El joven Ketchum se acercó a ellos.

—A diferencia de Red, yo no tengo ningún recuerdo de ti, por lo que me es más fácil hablar contigo— su mirada se afiló—. Sin embargo, eso no quiere decir que te tenga algún tipo de cariño. Mamá sufrió por tu culpa al igual que nosotros.

Kazuya puso una mirada triste.

—Lo sé. No espero que…

—Dicho esto, quiero saber por qué— interrumpió Ash—. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué volviste ahora después de tanto?

Ash quería oír la respuesta a esas preguntas. En su línea del tiempo original, esto jamás había pasado. Después de todo, en su línea del tiempo original, su padre se había suicidado dos años después de la guerra.

Así que al menos sé que su arrepentimiento es sincero— pensó Ash sin apartar la mirada de él.

—Tienes un gran corazón, Ash. Veo que todo lo que he oído de ti es cierto— le dijo, sonriéndole. Ash ni se inmutó ante los halagos, haciendo que Kazuya se pusiera más serio—. Gracias por darme la oportunidad de hablar.

Red chasqueó la lengua con enojo y alejó a Kazuya de él con un empujón.

—Yo… Le dejé una carta a tu madre cuando me fui— comenzó a contar. Red estaba agradecido de que no mintiera. No se habría podido controlar de lo contrario—. Mis pasiones siempre fueron viajar y los Pokémon. Quería hacer cosas grandes, que el mundo me conociera. Tener una familia se sentía como una cadena, pero al final, podía avanzar con ella a cuestas— el hombre apartó la mirada—. Pero llegué a mi límite cuando naciste tú… Sentí que no podía hacerlo más. Sentí que había cometido un gran error… Por eso me fui. Un hijo era manejable… Dos era más de lo que yo podía soportar…

Ash había pasado los últimos años creyendo que su padre y todo lo relacionado a él no le importaba. Pero hubo algo en escucharlo decir eso que le dio escalofríos, le partió el corazón y al mismo tiempo, hizo hervir su sangre.

Su padre biológico… ¿se arrepentía de haberlo traído al mundo?

Parpadeó varias veces y luego, miró su puño, el cual estaba manchado de sangre. Vio hacia abajo, topándose con Kazuya. Estaba tirado en el césped, con una mano en la nariz, a casi dos metros de su posición anterior.

Había sido su instinto. Lo había golpeado por inercia.

Apretó con fuerza el puño derecho y los ojos. Apuntó su rostro hacia el cielo.

Creía que ya no quería hacer eso. Creía que era lo suficientemente maduro como para afrontar la situación con una cara seria. Mentalmente tenía más de treinta años, debía ser capaz de hacerlo. Pero, por muy poco que quisiera admitirlo, tenía que hacerlo. Se había sentido increíble.

—Son… Son muy fuertes… Ambos— Kazuya se puso de pie, sangrando. Se alejó la mano de la cara y se hizo obvio que el puñetazo le había roto la nariz—. Si fuera cualquier otra persona, ya me habría desmayado desde el puñetazo de Red…— se rio, sujetando su nariz y de un tirón, devolviéndola a una posición más normal. Los hermanos Ketchum sintieron un escalofrío al ver eso. Esas cicatrices no eran por nada— Es una de las pocas cosas que les heredé, por suerte. Eso, el color de mis ojos, estas extrañas marcas y el color del cabello— se fijó particularmente en Red—. Hasta hace poco tenías el cabello teñido, ¿verdad? Siempre supe que el Campeón de Kanto era aquel niño pequeño… No había forma de que olvidara tu cara ni en cien años, por mucho que tu pelo fuera de un color diferente…

El cabello del Campeón de Kanto había vuelto a su color original desde hacía días. Era de un oscuro negro azabache igual al de su hija, igual al de su hermano y por supuesto, igual al de su padre.

Red se quedó callado por unos momentos y luego, habló.

—Ash te hizo dos preguntas. Responde la otra.

Kazuya asintió, sacando unos pedazos de papel de su cazadora y usándolos para contener la hemorragia nasal.

—Volví… porque quería hacerlo mejor— les dijo, viéndolos con unos ojos que les dieron escalofríos—. No pretendo retomar el rol que abandoné hace años y tampoco voy a intentar darles consejos de vida ni nada por el estilo. Puede que sepa muchas cosas sobre cómo ir por la vida sobreviviendo, pero no sé absolutamente nada sobre ser padre— Red entrecerró los ojos con frustración. No quería admitir que, en los cinco años que estuvo con él, había sido un papá increíble—. La guerra me hizo darme cuenta de todo. Con el fin del mundo a la vuelta de la esquina, me di cuenta de todo lo que había hecho mal en mi vida. Me di cuenta del daño que había causado. Por eso…., me hice un juramento. Si sobrevivíamos; si los hijos a los que abandoné y ahora peleaban en el frente, sobrevivían, entonces lo intentaría nuevamente. Intentaría volver a sus vidas, incluso si tenía que ser como una molestia— Kazuya no apartó la mirada de ellos—. Si alguno de ustedes dos hubiera muerto ahí… No sé ni siquiera qué habría hecho por la culpa…

Ash sí lo sabía y ahora entendía el porqué de aquella decisión. Entendía también por qué nunca había ido a buscar a Red en su línea de tiempo original.

Red abrió la boca para decir algo, pero de inmediato la cerró.

—También quiero disculparme con Delia como debe de ser. No tengo la más mínima intención de hacer que las cosas vuelvan a cómo fueron alguna vez, pero al menos quiero tratar de hacer algo por ella— Kazuya apretó los puños, reafirmando su agarre sobre el casco—. No sé de qué forma, pero si ustedes y ella pudieran darme un espacio en sus vidas… Juro que intentaré compensar el daño que les hice, así me lleve toda la vida— entonces, se arrodilló. Ash y Red lo miraron con expresiones que mostraban conflicto—. Moriré por ustedes si es necesario… Solo quiero una oportunidad… Solo… Solo una…

Los hermanos Ketchum voltearon a verse. Intercambiaron pensamientos con solo la mirada y al final, Ash asintió. Le estaba cediendo la decisión a Red.

El Campeón vio a su padre con el ceño fruncido y se dispuso a hablar.

—Solo levanta la cabeza— Kazuya así lo hizo y apenas lo vio, Red comenzó—. No hay forma humanamente posible en la que yo pueda verte como un padre. Ni ahora, ni nunca. El daño que le hiciste a nuestra familia también es algo que jamás se olvidará. Algo que nosotros pudimos arreglar solamente con el pasar del tiempo— Ash cerró los ojos. Conocía la conclusión de su hermano—. En mi familia, tú ya no tienes espacio. Los Ketchum nunca te recibirán, eso es algo que no cambiará.

Kazuya bajó la cabeza. Su ceño estaba fruncido y sus dientes se apretaban con fuerza.

—… Lo entiendo…— murmuró, poniéndose lentamente de pie—Pero aun así…

—Pero aun así…— Ash y Kazuya se sorprendieron— hay una persona que no te guarda rencor ni enojo. Esa persona nació hoy y no tiene qué saber nada de lo que pasó entre nosotros— Red miró a Kazuya directamente a los ojos—. Mi hija formará su propia familia a futuro. No hay espacio para ti en la mía, pero tal vez sí en la suya. Intenta ahí.

Los ojos de Kazuya brillaron y en cuestión de segundos, se llenaron de lágrimas. Justo cuando iba a decir algo, Red lo interrumpió nuevamente.

—Pero no esperes que la haga llamarte "abuelo". El derecho de ser llamado así lo tienen mis fallecidos padre y suegro— le dijo con una mirada severa—. Tampoco voy a decirle que eres mi padre biológico. Si ella lo descubre y decide llamarte abuelo, o sí lo hace incluso sin conocer la relación entre nosotros, esa será su decisión— su mirada no perdió la dureza y luego, retrocedió, dándole la espalda—. A partir de ahora, eres simplemente Fujiwara para mí. No intentes pasar los límites.

Kazuya se secó las lágrimas con rapidez y asintió con fuerza.

—¡Gracias! ¡Muchas gracias, Red!— dijo con gran alegría, haciendo una gran reverencia.

El Campeón de Kanto simplemente frunció un poco el ceño. Había cumplido la promesa que le hizo a su abuela. Lo corrió a patadas de su vida, pero le había dado la oportunidad de entrar a la de su hija. Supuso que no era un mal punto medio.

—Esa fue solo mi respuesta— le dijo, mirando luego a Ash—. Debes escuchar la suya.

Entonces, las miradas de Ash y Kazuya se encontraron. El joven Ketchum frunció el ceño mientras que Fujiwara tragó saliva. Se veía expectante.

Pasaron segundos de pura tensión. Segundos en los que Ash se llevó una mano al pecho, bajó la cabeza y comenzó a sudar. Dentro de él se libraba una batalla. Lo emocional contra lo racional. Conocía su respuesta, pero no la forma de expresarla.

Y entonces, decidió que le daba igual. Su cuerpo todavía tenía dieciocho años. Podía permitirse sonar como un chico de su edad.

—Soy mejor que tú— dijo de pronto, apretando la mandíbula—. Soy mucho mejor que tú y eso lo tengo claro. He llegado a puestos altos en cada Liga Pokémon en la que he participado. He ganado muchos premios en torneos más pequeños y en retos que tú solo podrías soñar con superar. Tengo amigos confiables y fuertes que me cuidan las espaldas siempre que los necesito. Estoy rodeado de personas que me quieren y a las que quiero. El mundo me conoce y repite mi nombre— levantó la cabeza, cruzando miradas con Kazuya—. ¡Tengo una novia increíble que me ama y respeta! ¡Y yo la amo y respeto a ella! ¡Por mucho que adore viajar y a los Pokémon, quiero tener una familia con ella, porque sin importar lo emocionantes que sean las aventuras, no se comparan al amor de tu familia verdadera!— lo señaló con el índice derecho— ¡Tú no eres parte de ella! ¡Ellos sí! ¡Así que quiero que te quede claro que soy mejor que tú! ¡Como entrenador y como persona, yo gano! ¡Yo tengo todo y tú no tienes nada! ¡¿Lo entendiste?!

Kazuya se mantuvo en silencio y asintió.

—Sí… Lo entendí…

Ash vio su triste expresión y suspiró. Se quitó la gorra, pasándose una mano por el cabello.

—Y ahora que mi yo de diez años pudo decirte todo lo que quería decirte, deja que mi yo actual te hable— fueron esas palabras las que le devolvieron la esperanza a Kazuya—. Yo solía odiarte. Solía vivir con la esperanza de que algún día nos encontráramos y lucháramos. Quería demostrarle al mundo que era superior al padre que nos abandonó para ser entrenador. De cierta forma, eras una de mis metas… Pero luego de algún tiempo, me descubrí a mí mismo y dejaste de importarme. No me interesaba tu vida y honestamente, no sé si me interesa todavía. Lo que sí sé, por otra parte, es que te arrepientes de verdad y eso dice mucho— se cruzó de brazos, haciendo que nuevamente, los ojos de Kazuya brillaran—. He conocido a personas que han hecho cosas peores que tú y que se arrepintieron de sus actos. He apoyado a esas personas en su arrepentimiento. ¿Por qué no debería apoyarte a ti? ¿Solo porque fui yo quien sufrió el mal? Si me aferro a los sentimientos negativos que tuve por ti alguna vez, no iré a ningún lado. Es muy tarde para que te vea como a mi padre, en especial si pensamos que mi figura paterna falleció apenas hace un par de semanas, pero no tienes por qué ser uno. Puedes estar en mi vida de muchas otras formas. Ya sea como un conocido; como un compañero; un nuevo amigo, o simplemente como el sujeto que va a visitar a Amber cada cierto tiempo. Eso es lo que puedo ofrecerte.

Nuevamente, Kazuya derramó lágrimas.

—¿Estás seguro?... Yo… Yo te abandoné, Ash… Admití que la causa de mi abandono fue tu nacimiento… ¿De verdad estás dispuesto a…?

—La abuela Hana era una mujer muy rencorosa— Red se sintió realmente intrigado al oír eso—. No podía olvidar ni avanzar. Yo no soy así— el mayor de los Ketchum notó entonces un sonido particular. Volteó en cierta dirección—. Un amigo mío dio un discurso que me llegó al corazón. Él dijo que, a pesar de todo el sufrimiento por el que ha pasado, prefería amar en lugar de pasarse la vida odiando. Yo quiero seguir su ejemplo. Por ello, aunque no puedo olvidar lo que nos hiciste, sí puedo intentar perdonarlo. Puedo intentar perdonarte, Kazuya, por mucho que sienta que no lo mereces. Después de todo, es difícil perdonar a quienes te lastimaron.

Los ojos de Kazuya se abrieron de par en par y entonces, sonrió. Trató de secarse las lágrimas y rio un poco.

—Realmente… eres mejor que yo.

Ash entonces sintió un pequeño peso sobre su hombro y giró la cabeza. Se encontró con Pikachu, quien veía al hombre frente a él con una expresión molesta.

Ketchum parpadeó un par de veces y relacionó las cosas. Si Pikachu estaba ahí, entonces ellos…

Detrás de él estaban Delia, Lillie y Yukinari.

Fue la señora Ketchum quien dio el primer paso. Se puso entre sus hijos y les sonrió a ambos.

—Deben de haberlo pasado mal, ¿verdad?— les preguntó, tomando sus manos. La derecha de Ash y la izquierda de Red.

Al mismo tiempo, los rostros de los hermanos Ketchum hicieron una mueca y apartaron sus miradas. Delia entonces los soltó y lo miró a él.

—Te ves terrible— le dijo, con una gesto inexpresivo.

Kazuya miró hacia otro lado mientras se rascaba la cabeza.

—Sí… Es menos de lo que merezco— admitió, haciendo lo mejor posible por ver a su ex mujer a la cara—. Tú… no has cambiado nada.

Delia negó con la cabeza.

—Tú tampoco.

Kazuya dejó salir un suspiro.

—Lo hablé con los chicos, Delia. Ellos… fueron lo suficientemente amables como para permitirme verlos, incluso si es a la distancia— Kazuya se puso mucho más serio—. Tengo que disculparme contigo también. Por romper mi promesa y por dejarlos cuando me necesitaban. Ojalá nunca hubiera entrado a tu vida… De no haberlo hecho, entonces de seguro habrías tenido una vida muy diferente…

—No digas eso— el tono de voz de Delia fue brusco y firme. La miraron con sorpresa. La mujer tenía una mirada que solamente podía recordar a los ojos llenos de determinación de los hermanos Ketchum—. Puedo olvidar y perdonar tu abandono; no es algo a lo que le de importancia hoy en día. Pero no perdonaré que digas que nuestros hijos fueron un error, menos en el día especial de ambos— Ash y Red vieron a su madre. Sus ojos se pusieron vidriosos—. No te guardo rencor ni te odio, Kazuya. Al contrario, te estoy agradecida. Gracias a ti, tengo a los hijos más maravillosos del mundo; a dos héroes que salvaron al mundo. Así que no tienes que compensarme nada. Siéntete libre de seguir con tu vida sin preocuparte por mí. Eso sería lo mejor para ambos.

Al oír las palabras de Delia, Ash recordó las palabras que él mismo le había dicho a Acerola hacía tantos años… O meses, si lo pensaba desde su realidad actual.

Kazuya, por otra parte, nuevamente sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Se las retiró inmediatamente.

—¿Cómo es que son tan buenos?... ¿Cómo puede existir… gente como ustedes?...

—Si te hace sentir mejor, piensa en esto como una muestra de gratitud para ti— le dijo Delia, haciendo que Kazuya volviera a verla—. Sin ti, el mundo ahora mismo no existiría.

Ash y Red, a su lado, asintieron. Sus miradas se habían suavizado muchísimo, al punto en el que ya no se mostraban llenas de enojo como antes.

Kazuya se quedó en blanco y entonces, una sonrisa se formó en su rostro. Asintió.

—Lo veré así… Muchas gracias…

Se quedaron en silencio, cuando de pronto escucharon un carraspeo. Se giraron hacia Yukinari, quien tenía el ceño fruncido.

—¿Soy el único que siente que se merece otro golpe?— preguntó, mirando a Fujiwara con el ceño fruncido. Lillie, quien se mantenía a su lado, tuvo que contener las ganas de dar una respuesta afirmativa.

Kazuya vio a Yukinari y se rascó la cabeza.

—Adelante— le dijo, extendiendo los brazos hacia los costados.

Oak no tuvo que escucharlo dos veces. Su puñetazo tuvo la fuerza suficiente para mover un poco la cabeza de Kazuya y al final, quien pareció terminar más lastimado fue el propio Yukinari.

—Sin duda… ellos tienen tu fuerza…— murmuró, retirándose nuevamente.

Fujiwara simplemente asintió.

—La tienen.

—A propósito— voltearon a ver a Delia, quien se veía un poco preocupada—. Deberías ir a que te revisen… Pagaremos la factura del hospital por…

—No— la interrumpió, negando con la cabeza—. Me rehúso a recibir dinero de ustedes. Pagaré por mí mismo.

Delia trató de insistir pero Kazuya lo rechazó nuevamente. Era una especie de tira y afloja muy extraño que duró casi diez minutos. Al final, Red tuvo que ponerle un alto a la discusión.

—Ven a visitar a Amber cuando cumpla un mes. Para ese entonces yo estaré más calmado y Yellow posiblemente haya aceptado mi decisión— el Campeón se giró en dirección al hospital—. Y en serio, hazte mirar la cara.

Al ver a Red, todos supieron que era hora de irse. Caminaron detrás de él hacia el automóvil de Yukinari, el cual estaba estacionado algunos metros más a la derecha.

Lillie se apresuró a tomar la mano de Ash, quien le sonrió. Ella le devolvió el gesto y cuando se cercioró de que no la estaba viendo, miró hacia atrás. Sus ojos se encontraron con los de Kazuya. El hombre le dio una gran sonrisa y le asintió. Aether volvió la vista al frente, con un solo pensamiento en mente.

Ese hombre definitivamente era el padre biológico de Ash.

Pasó un poco más hasta que el automóvil de Yukinari desapareció de la vista de Kazuya y apenas pasó, el hombre caminó hacia el árbol más cercano y se sentó.

Su hijo mayor era el Campeón de Kanto y había luchado en una guerra, donde se había ganado cicatrices permanentes. "Quemaduras en la mitad del cuerpo y pérdida parcial de la audición", era lo que habían descrito las noticias. Pero estaba vivo. Vivo, casado, con el trabajo de sus sueños y con una hija recién nacida.

Su hijo menor era conocido por todos como "El Héroe de la Humanidad". Era él quien había dado el golpe final a un ser que superaba en fuerza incluso al Dios de los Pokémon. En la guerra, había perdido una pierna y al igual que su hermano mayor, también había perdido a un padre, sin mencionar a aquellos amigos que también se habían ido. Pero, al igual que Red, Ash también estaba vivo. Con una carrera prometedora, una pareja encantadora y una vida por delante. Estaba viviendo el sueño.

Sus dos hijos, al final, estaban bien. Incluso sin él, lo habían logrado todo. Nuevamente sintió una enorme deuda hacia Delia, pues había hecho un trabajo fantástico.

Sacó una Pokéball de su bolsillo y presionó el botón que había en el centro. De la cápsula salió un Raichu, quien se asustó al ver su rostro.

—¡R-Rai Rai! ¡Rai!

Kazuya se rio al verlo así de alterado. Lo acarició con una mano, dándole a entender que todo estaba bien.

Miró al cielo y sin darse cuenta, comenzó a llorar.

Si pudiera viajar en el tiempo, nunca habría tomado el camino que tomó. Habría sido un gran padre y un buen esposo. No habría dejado a la mejor familia.

Pero era imposible. Los viajes en el tiempo era algo que solo los dioses podían hacer y desde el inicio, los dioses solo lo habían bendecido una vez.

Y él había desechado esa bendición.

Aunque actualmente… bien podría decir que los dioses le habían dado una segunda oportunidad. Rio ante ese pensamiento.

No habían sido los dioses.

Habían sido sus hijos.


—¡Feliz cumpleaños, Ash!

El grito se escuchó en el patio de los Ketchum y al mismo tiempo, todos aplaudieron. Los Pokémon de Ash dejaron salir sonidos de alegría. El azabache estaba sentado en una silla, frente a un gran pastel en forma que imitaba el rostro de un Pikachu con gafas de sol. Entre sus brazos tenía a su pequeña sobrina.

—¡Gracias, chicos!— Ash sonreía enormemente.

—¡Y bienvenida a la familia, Amber!— exclamó Delia, viendo con ternura a su nieta.

Eran cerca de las ocho de la noche y para Ash Ketchum, había sido un día particularmente agitado. Por horas, viejos amigos y conocidos lo llamaron para felicitarlo por su cumpleaños. Eso incluía, claro, a viejos compañeros de viaje.

Cuando vio a Serena en el teléfono, sonriéndole con tanta alegría, no tuvo el valor para decirle nada. Decidió que sin duda, lo haría a la próxima.

—¿Deberíamos partir primero el pastel o Ash debería abrir primero los regalos?— preguntó Hau, cruzándose de brazos y sonriendo— ¡Va a sorprenderse bastante con el mío!

—Incluso yo voy a sorprenderme. No hay forma de que consiguieras mercancía de las malasadas aquí en pueblo Paleta, por lo que nadie sabe qué vas a regalarle— Rotom lo veía con una pequeña sonrisa.

Todos se rieron ante el comentario.

—¡Primero el pastel!— dijo Ash, mirando a su sobrina a la cara— Tú también quieres pastel, ¿verdad, Amber? ¡Pues no! ¡Eres muy pequeña todavía!

Y entonces, el bebé comenzó a llorar.

—Creo que ese comentario no le gustó— rio Yellow, tomando a su hija en brazos y comenzando a caminar hacia el interior de la casa—. Aunque tal vez sí que tenga hambre.

—¿Estás bien por tu cuenta, Yellow?— le preguntó su marido, haciéndola reír.

—Sí. No te preocupes por nosotras. Somos unas Ketchum, después de todo.

Lillie se sonrojó al oír eso.

También quiero decirlo…

Red sonrió aliviado.

—Si me necesitas, dilo. Estaré ahí en un momento.

Yellow asintió y finalmente, abrió la puerta.

—Pensar que viviría lo suficiente como para pasar un cumpleaños junto al jefe y en su propia casa…— Elio se veía enormemente conmovido.

—La vida es una bendición…— asintió Selene.

Escucharon la risita de Gary y al instante supieron lo que pasaría.

—Honestamente, creo que eligieron mal el combate por el cual se volvieron admiradores del pequeño Ash— rio Oak—. Pienso que su combate contra mí fue incluso mejor.

Eso activó los instintos fanáticos de los Asutoro, quienes de inmediato comenzaron a contra argumentar. Gary simplemente sonreía, satisfecho por lo fácil que era provocar a los gemelos.

—Ahí va otra vez…— rio Daisy de forma nerviosa— Él de verdad va a extrañarlos cuando regresen a Alola— miró a Gladio, quien se veía atento al pastel. Parecía particularmente interesado en lo realistas que se veían las gafas—. Se van esta semana, ¿verdad?

El rubio asintió, centrando su atención en ella.

—Elio, Selene, Hau y yo tenemos asuntos que tratar con urgencia. Espero que mi hermana no sea un inconveniente para ustedes.

—¡No, claro que no, al contrario! ¡Todos ustedes han sido de gran ayuda las últimas semanas!

Fue cuando escucharon palmas que todos guardaron silencio. Se centraron en Ash y en su gesto de felicidad.

El azabache los miró a todos con una sensación de calidez en el pecho.

—¡Esta es la primera vez que cumplo dieciocho años!— exclamó, riéndose.

—Bueno, eso es obvio— Hau también se rio.

El inofensivo comentario de Ash no pasó del todo desapercibido.

—¡¿P-PIKA?!— Pikachu se vio horrorizado al notar la forma en la que cortaban el pastel que tenía forma de su rostro. Todos se rieron ante eso mientras que Mr. Mime acercaba platos a la mesa.

En el décimo octavo cumpleaños de Ash Ketchum sucedieron más cosas de las que uno podría esperar. Un reencuentro con una vieja sombra del pasado y la llegada de nueva luz.

Con sus altos y sus bajos, el día, al igual que la vida, había sido bueno para el joven de cabellos azabaches.

Es tiempo entonces de fijar un nuevo rumbo.

Regresemos a Alola.


¡Bueno, pues el capítulo se terminó de escribir por fin! El siguiente capítulo será el especial, por lo que realmente, todavía no regresamos a Alola XD

En fin, actualmente solo se me ocurren un par de cosas por decir. Empezaré anunciando, mismamente, a la persona que ganó el pequeño "concurso".

¡La ganadora fue la usuaria que destacó por sus teorías en el arco de la otra realidad! ¡Tragikly! La idea que me dio me pareció realmente interesante y creo que sirve para ampliar más el lore de mi versión del universo Pokémon, por lo que espero que les guste también a ustedes.

Lo siguiente sería comentar el anime de Pokémon. Apenas hoy vi los capítulos especiales con Dawn. Me gustó mucho la aparición de la "daijobu, daijobu", pero no dejo de sentir que me faltó algo… ¡Pero bueno, en general me gustaron! Espero los siguientes capítulos en los que Ash volverá a usar sus queridos Movimientos Z. Espero también la batalla contra Volkner.

También quiero responder la pregunta del usuario OtsutsukiDragnel, quien pregunta sobre lo que haré cuando termine de escribir la historia. ¿Mi respuesta? Tal vez siga por aquí por un tiempo, publicando algunas historias cortas aquí y allá, pero definitivamente no volveré a comprometerme con ningún fanfic como lo he hecho con La Leyenda del Héroe. Este va a ser mi último fanfiction largo, eso es un hecho. ¡Gracias por preguntar, Otsutsuki!

Y por último, sobre la historia. Creo que el capítulo después del especial (como máximo los dos siguientes), será el último antes del time skip. Una vez que suceda el time skip, ya todos sabemos qué arco va a llegar.

¡Así que eso, chicos! ¡Estamos a las puertas del arco de la Liga Pokémon!

¡Nos leemos y como siempre, Alola!