Nació con un conocimiento y poder sin igual. Se creía único e irrepetible. Consideraba su vida como el alfa y el omega de la existencia misma.

Fue un gran golpe cuando se enteró de que no era así.

A cada momento que pasaba, millones y millones de seres como él aparecían, derivados de sus propias acciones. Llegó un punto en el que ya ni siquiera sabía si él era el original o no.

¿Era el pionero, aquel que había seguido una existencia recta, o era solo una ramificación más?

Ese pensamiento estuvo en su mente por millones de años hasta que se dio cuenta de que no valía la pena pensar en ello. Decidió dedicar sus esfuerzos a prevenir el futuro.

El futuro en el que su propia realidad se sobresaturaba y colapsaba. Tal como lo esperaba, todas sus otras versiones llegaron a la misma conclusión.

Se hicieron dos acuerdos. Dos acuerdos sagrados e irrompibles. Unos que no daban pie a malentendidos.

"Aquella línea del tiempo donde la vida humana y Pokémon no sea próspera, será borrada" y "Cuando una rama sea demasiado pesada, las ramificaciones innecesarias serán borradas. Solo quedará aquella que sea más próspera y prometedora, convirtiéndose en la rama principal".

Pero, ¿qué pasaría entonces con sus versiones de esas líneas eliminadas? Llegaron a una respuesta en segundos.

Su alma era la esencia más pura existente. Así terminara el universo varias veces, ningún elemento se acercaría a su pureza. Sin importar cuanto pasara el tiempo, sus otras versiones aún seguirían siendo él y por lo tanto, podían volver a serlo. Sus almas podían volver a ser una sola.

¿Las almas de los humanos y Pokémon? Claro que se volverían una sola, eso solo si dichas almas existían también en la que sería designada como la nueva rama principal. Obviando también el hecho de que el alma de la rama principal sería la que tendría el control total.

¿Las almas de aquellos humanos y Pokémon que no existían en la rama principal? Destruidas junto a su línea temporal, por supuesto.

Dicho todo esto, podemos comenzar a entender el por qué tomó la decisión que tomó, pero necesitamos un poco más de contexto.

Al principio, la existencia de los humanos y Pokémon como entidades individuales no tenía mucho significado para él. Eran seres momentáneos que terminaban de existir en un suspiro. Claro que había personas que marcaban un antes y un después, sin mencionar aquellas que, con solo existir, alteraban por completo el futuro. Por ello, no se sorprendió demasiado al saber que alguien como él existía.

Ash Ketchum, de pueblo Paleta.

Al principio, una entidad sin mucha relevancia. Su existencia pasó totalmente desapercibida para él durante los primeros diez años.

Fue a partir del momento en el que abandonó su hogar que las cosas comenzaron a cambiar.

Logros impresionantes para un niño de su edad; hazañas sin precedentes y una suerte sin igual. El momento en el que aquel niño comenzó a codearse con las deidades fue cuando sintió curiosidad.

Lo investigó. Echó un vistazo a otras líneas de tiempo y se dio cuenta de que tal vez no era la gran cosa. Si había llegado tan lejos se debía, seguramente, a la probabilidad. Había muerto antes de nacer, durante el inicio de su viaje y en sus peligrosas hazañas. Era normal que existieran un par de líneas del tiempo en donde saliera victorioso.

Lo que no era normal, por otra parte, era que esas líneas de tiempo fueran mejores que aquellas en las que moría.

Se dio cuenta de que no era una persona normal cuando aquella versión suya fue por diferentes líneas del tiempo, informándoles que gracias a Ash Ketchum y compañía, el malentendido con Damos y la Joya de la vida se había resuelto.

Decidió entonces que tendría constantemente un ojo sobre él. Allá a donde fuera, lo vigilaría. Una línea del tiempo sin Ash Ketchum era una línea del tiempo menos próspera.

Y con esto, ahora por fin podemos comprender sus acciones.

Ash Ketchum estaba muerto. Irremediablemente muerto. No había forma de que volviera a estar vivo, o al menos, no en esa línea de tiempo.

Y eso era una catástrofe.

Sin Ash Ketchum era de esperar que las cosas solo irían a peor en cualquier línea del tiempo. Era él el elegido en múltiples profecías; el elegido por el propio universo para traer paz y prosperidad. Sin él, ¿qué pasaría con esas profecías? ¿Qué pasaría con el mundo?

Decidió revisar nuevamente algunas líneas del tiempo donde sabía que Ash Ketchum no estaba y lo que encontró no fue nada tranquilizador.

Un mundo devastado por la guerra constante entre Groudon y Kyogre. Otro donde el poder de Zygarde había extinto a casi toda la población mundial. Figuras importantes que mejoraban el mundo las cuales no llegaban a nacer o a completar sus hazañas.

Páramos desolados; océanos secos; bosques muertos; ciudades destruidas hasta los cimientos; guerras interminables y sangrientas; rebeliones y revueltas civiles; corrupción de la sociedad humana. Todo lo malo que pudiera imaginarse estaba en aquellas líneas del tiempo donde Ash Ketchum no vivía.

Era inaceptable. La muerte de Ash Ketchum era algo totalmente inaceptable si se quería mantener un balance en el mundo. En toda la historia del universo jamás había existido una persona como él.

Por ello sus versiones de esa rama y él mismo decidieron lo que decidieron.

Intentarían crear una línea del tiempo usando su poder. Una línea del tiempo que no existiría de ninguna otra forma.

Todas sus versiones tenían que hacer los preparativos para devolverle la vida a Ash Ketchum. Fueron tomando turnos y con cada intento, el fracaso era notorio. El plan inicial a seguir era exactamente el mismo para todos, solo que con algunas variantes como las otras realidades que serían utilizadas para transportar a Ash Ketchum. Otras versiones suyas le avisaron sobre la insistencia del humano a no irse, incluso existían líneas de tiempo donde había rechazado la oferta por completo.

Se siguió manteniendo al tanto de las noticias pero al mismo tiempo, se centraba en recuperar sus fuerzas. Siete años exactos desde el momento de su muerte. Debía ir a buscarlo en ese momento, cuando sus poderes estuvieran recuperados al completo y al anhelo hubiese mellado la determinación de Ash Ketchum.

Pasó esos siete años recuperándose y observando.

Vio ocurrir la muerte de la familia de Ash Ketchum.

"Bien", pensó al verlo ocurrir. Eso solo serviría como incentivo para animarlo a aceptar la propuesta.

Vio las vidas de sus amigos irse en pica.

"Bien", pensó al verlo ocurrir. Eso solo serviría como incentivo para animarlo a aceptar la propuesta.

Y también, lo vio a él lamentándose a cada momento.

"Bien", pensó al verlo ocurrir. El lamento sería el detonante definitivo.

Su recuperación era importante, pero las preparaciones también lo eran. Necesitaba buscar una realidad con un Ash Ketchum que fuese compatible con sus propósitos.

Le tomó un par de años encontrar la realidad adecuada, aunque debía admitir que era un tanto extraña. Los conflictos y la violencia eran mucho menores que en su realidad; era extremadamente raro ver a alguien herido de gravedad o sangrar; la gente tenía valores más idealistas y lo más extraño era el paso del tiempo en ese lugar.

El Ash Ketchum que serviría como recipiente para el suyo había logrado casi las mismas cosas, solo que en menos de un año, siendo tan solo un niño de diez años. Sintió genuina curiosidad por lo que podría lograr cuando estuviera en una edad más adulta.

Al final, eligió esa realidad porque era mucho más difícil que el recipiente se lastimara, sin mencionar el hecho de que parecía tener valores realmente similares a los del Ash Ketchum de su realidad. Requirió un poco más de investigación extra, pero eran solo algunos detalles pequeños.

Y así como así, los siete años pasaron.

Con todo el conocimiento que sus otras versiones le habían dado y con ayuda de ciertas personas clave, logró convencerlo de aceptar. Hubo un momento en el que temió que todo se iría al garete y fue cuando se encontró con Lillie Aether. Para suerte suya, aquella mujer había dejado de lado su egoísmo y había dado el último visto bueno que Ash Ketchum parecía necesitar.

Así que lo llevó hacia la realidad que había investigado. Claro que, pese a lo bien que había salido todo hasta el momento, las cosas todavía podían ir mal.

Cuando rompió la barrera entre realidades, el Arceus regente de aquella realidad apareció ante él, claramente precavido y enfadado. Lo entendía, pues él haría exactamente lo mismo en su situación.

Y al verlo ahí, decidió tomar la oportunidad. La misma oportunidad que otras versiones suyas habían tomado.

Te sugiero dejar de emplear ese tono, pues lo que tengo que contarte también es de tu beneficio. Escucha atentamente.

El otro Arceus siguió viéndolo con sospecha pero parecía dispuesto a oírlo.

Te propongo una alianza. Tú, al igual que yo, sabes que llegará el momento en el que se deba hacer borrón y cuenta nueva. Solo unas pocas realidades serán salvadas y cuando llegue el momento, necesitarás apoyo— comenzó a decirle, haciendo que se viera pensativo.

¿Viniste todo el camino hasta aquí solo para proponer una alianza? Podría creerlo, pero es innegable la falta de respeto que has cometido hacia mí al romper la barrera entre nuestras realidades sin permiso. Alguien que viene a solicitar un acuerdo de paz no haría algo como eso.

Estuvo de acuerdo, pero había una razón para ello.

¿De qué otra forma llamaría tu atención?

Ese Arceus se quedó callado y tras pocos segundos le dio la razón.

Si propones una alianza, entonces estás preparado para ofertar algo. Si no tienes nada que me interese aparte de tu ayuda, entonces las negociaciones no pueden continuar— le dijo, mirando de reojo al debilitado Ash Ketchum.

Considéralo como subordinación como forma de pagar una deuda— él mismo también miró a Ash Ketchum—. Necesito que hagas algo por mí y a cambio, juro mi lealtad y servicios. Si nos aliamos, no seremos iguales; tú posición en la jerarquía será superior a la mía.

Aquel Arceus se vio sorprendido.

Debe de ser una petición realmente importante si estás dispuesto a rebajarte de esa manera— frunció el ceño—. Habla.

Le contó su problema, su motivación, las condiciones, los riesgos y los beneficios. Al finalizar, aquel Arceus parecía dudoso. No tardó mucho hasta que volvió a hablar.

Ya veo… Entonces, si yo coopero con tu problemática, ¿juras unirte a mí?

Asintió.

Esa es mi oferta. Considérala como una que jamás se volverá a repetir.

Tras recibir algunas advertencias, por fin tuvo luz verde para seguir adelante. Tomó el alma de Ash Ketchum y tras localizar al recipiente, lo llevó directamente ahí.

Ahora que había completado su objetivo a corto plazo, necesitaba prepararse para lo que venía. Iniciaría discutiendo las bases de su cooperación con aquel Arceus.

Se encontraron a través de la barrera, la cual había sido nuevamente cerrada.

Entonces, discutamos. Cuando el día llegue y las realidades se enfrenten por su supervivencia, ¿qué ofrecerás como mi subordinado?

Realmente no tuvo que pensarlo.

Acataré tus órdenes siempre que no pongan en riesgo a mi propia realidad. Tu vida será una prioridad. No permitiré que mueras así tenga que dar mi propia vida. Lucharé sin restricciones para cumplir tus objetivos y los míos. ¿Eso es suficiente para ti?

El otro Arceus asintió.

Es suficiente. Espero que no olvides lo que aquí se ha pactado.

Imposible. Una vez que he acordado algo, lo cumplo tal y como debe de ser. No hay nada que iguale en importancia mi propia palabra.

Aquel Arceus pareció darse por satisfecho y tras acordar reunirse periódicamente, una vez cada millones de años, partieron caminos.

Volvió a su realidad y apenas lo hizo, fue interceptado.

Había frente a él un Arceus, el cual lo miraba fijamente y con la seriedad que los caracterizaba.

¿Qué asuntos te traen a mi línea del tiempo? ¿Tienes algo que discutir?

Ese Arceus se fijó en algún punto en concreto y luego lo miró a los ojos.

Llegaste lejos. Eso es prometedor. ¿Puedes asegurar que el plan irá sin complicaciones?— interrogó.

Él asintió.

Lo que pase ahora está fuera de nuestro alcance, pero las probabilidades de que algo vaya mal son extremadamente reducidas. Completaré la misión.

Ya veo. Si lo logras, entonces serás tú quien se convierta en nuestra versión principal en esta rama.

Esa era la recompensa. El Arceus que lograra traer a la vida a Ash Ketchum se convertiría en el definitivo de esa rama temporal específica cubriendo, por supuesto, a todas las ramificaciones. Aunque ciertamente había otras condiciones, tampoco era importante pensar en ello hasta que el plan no estuviese completado.

¿Viniste solamente a verificar el progreso de la misión?— le preguntó, recibiendo una negativa.

Necesitamos movilizarnos. Ha nacido una línea del tiempo problemática.

No dijo nada por un momento. Luego de eso se pusieron en marcha sin decir ninguna palabra más.


Entre los escombros y restos olvidados de la civilización, una pequeña figura se movía. Era de aproximadamente un metro treinta, vestido con un extraño traje anaranjado que le quedaba holgado y cubría su cuerpo por completo. En su espalda había algo parecido a un tanque de oxígeno, así como una mochila. Cubriendo su cara, una máscara anti gas conectada al suministro de oxígeno.

Entró a las ruinas de un edificio, uno alargado y de un solo piso. El estado del lugar era absolutamente desastroso. Paredes derrumbadas, puertas de cristal caídas y rotas, ventanas inexistentes y lo peor de todo era esa niebla verdosa que cubría todos los rincones.

—No veo nada…— murmuró la pequeña figura. Su voz sonaba amortiguada por el traje.

Apuntó su mano derecha hacia el frente, en la cual tenía una linterna que no dudó en encender. O al menos, en tratar de hacerlo. Sin baterías.

Chasqueó la lengua y se vio obligado a sacar una Pokéball que abrió. Un Magnemite salió y apenas lo hizo, comenzó a volar por todos lados de forma errática. El pequeño dejó salir un sonido de frustración.

Se paró en un lugar concreto, siguiendo al enloquecido Magnemite con la mirada. Se fijó en su trayectoria y en el momento en el que pasó lo suficientemente cerca, lo recibió con un fuerte golpe con la linterna, la cual resonó contra el metal del que estaba hecho el cuerpo del Pokémon.

El Magnemite cayó pesadamente en el suelo, como si el golpe lo hubiese apagado. El niño se descolgó la mochila y la abrió, sacando de su interior un taser el cual pegó al cuerpo del tipo Acero y encendió.

La corriente eléctrica hizo brillar al Magnemite y con rapidez, el niño dejó de suministrarle electricidad. Guardó sus cosas, se colgó la mochila, tomó entre sus manos al Pokémon y lo alzó en lo alto.

Ahora podía ver perfectamente bien el interior de aquella farmacia. Estaba tan mal como el exterior.

Los estantes estaban destruidos y sus pedazos estaban esparcidos por todos lados. Los mostradores de vidrio estaban completamente rotos y de ellos solo quedaba la estructura de metal que servía como soporte. Había cajas de cartón regadas por aquí y por allá, pero todas estaban vacías.

Fuera del niño y del Magnemite, la única forma de vida existente eran esos extraños hongos de color azul brillante que crecían allá donde hubiera un mínimo de tierra.

Gracias al traje su contacto con el entorno era realmente limitado. No olía nada y tampoco saboreaba algo en lo absoluto. Lo único que si podía sentir era aquel calor húmedo, similar al de una jungla.

Recorrió la farmacia con pasos lentos y tranquilos, entrando en la trastienda. La puerta estaba derribada, lo cual le dio una pésima impresión.

Entró solo para ver sus sospechas hechas realidad. Estaba completamente vacío. Chasqueando la lengua con frustración, retrocedió.

Volvió hacia la entrada y salió por uno de los agujeros que había en la pared. Una vez estuvo en el exterior puso rumbo hacia un lugar desconocido tras haber guardado nuevamente al Magnemite en la Pokéball.

Caminó por calles solitarias y descuidadas, cruzó edificios derrumbados y se arrastró por alcantarillas (para lo que necesitó nuevamente ayuda del Magnemite).

Cuando volvió a encontrarse en el exterior, lo primero que sus ojos enfocaron fue el cielo. Era un cielo verdoso, de un color similar al de las algas y con un sol que apenas brillaba o más bien, la atmósfera apenas dejaba pasar la luz.

En su camino hacia donde fuera que fuera se encontró con un Electrode, el cual vibraba fuertemente y rodaba de adelante hacia atrás, golpeándose contra un automóvil oxidado y desguazado. Su primera acción fue descolgarse la mochila, luego de eso sacó una pistola calibre 50, apuntó contra el Pokémon y disparó.

El retroceso hizo que los brazos del niño temblaran con fuerza y se elevaran al cielo. Para su mala suerte, la bala apenas había rozado al Pokémon, quien volteó a verlo encolerizado y se dirigió hacia él a toda velocidad.

Nuevamente, el niño apuntó y disparó. Esta vez sí había dado en el blanco y la bala había atravesado al Electrode justo en el centro. El tipo Eléctrico se quedó inmóvil, comenzó a agitarse y luego de unos segundos, explotó.

Los fuertes estruendos hicieron que el niño se sintiera nervioso, por lo que aceleró el paso sin detenerse a guardar nuevamente su arma. Tomó su mochila del piso con una mano y se la colgó mientras corría.

Tuvo que viajar a pie por unos diez kilómetros más hasta que finalmente encontró el lugar que buscaba. Era la entrada de una alcantarilla. Bajó sin dudarlo en lo más mínimo.

Caminó recto por unos diez minutos y cuando se encontró con un derrumbe delante de ella, giró hacia la derecha. Fue entonces que escuchó el accionar de un arma.

—¡Identifícate!

—¡Soy yo!— exclamó el niño— ¡He vuelto!

Al escuchar eso aparecieron varios adultos que vestían el mismo traje que el niño. Todos ellos tenían diferentes tipos de armas.

—¿Tuviste suerte?— le preguntó una mujer con evidente interés.

El niño negó con la cabeza.

—Nada. Busqué en las farmacias que había fuera de la ciudad pero todo está seco. No hay medicamentos, no hay tanques de oxígeno, no hay nada…

Eso redujo el ánimo general y el niño lo notó. Los adultos se vieron entre sí. Con resignación, comenzaron a patrullar.

—Como sea, ve a la sala de desintoxicación. Quítate todo, hasta los calzoncillos— la dijo la misma mujer de antes.

El niño asintió.

—Lo dices como si no hubiera estado ahí antes— y dicho eso, avanzó hacia una compuerta de metal que había en el suelo. La abrió y sin perder tiempo se lanzó hacia ella como si fuese un tobogán.

El descenso fue rápido. No tomó ni diez segundos el llegar hasta el fondo. Ahí lo esperaba una cámara hecha de resistente acero por el cual asomaban largas y gruesas boquillas de metal. Pocos instantes pasaron hasta que un gas azul lo roció de pies a cabeza.

El niño comenzó entonces a desvestirse. Se quitó la mochila y vació su contenido. Descolgó su tanque de oxígeno, colocándolo suavemente sobre el piso. Se quitó la máscara anti gas y se quitó el traje, revelando su larga cabellera y su figura esbelta. Por último, incluso sus prendas más interiores fueron removidas. No era un niño, sino una niña. Una niña de largo pelo verde oscuro, piel morena y ojos grises. El gas azul la roció nuevamente.

Una de las paredes tenía una puerta y dicha puerta se abrió para la niña, quien pasó por ella completamente al desnudo. Una vez del otro lado, alguien le arrojó rápidamente una toalla que tomó en pleno vuelo, enroscándola alrededor de su cuerpo.

—Por tu cara pareces tener malas noticias— le dijo el hombre que le había dado la toalla. Era un adulto mayor de unos cincuenta años, calvo en la parte superior de la cabeza y con canoso cabello en los alrededores de la misma. Colgado de su hombro había un rifle.

—La misma historia. No hay suministros— le dijo la niña, caminando con sus pies descalzos hacia unas sandalias que parecían estar esperándola—. Maté a un Electrode cerca del centro. Tuve que incapacitar al Magnemite que me prestaron.

—No solo no conseguimos los suministros, sino que también perdimos un Magnemite…— el hombre suspiró, pasándose una mano por el rostro.

—Perdón.

—Al menos mataste al Electrode. Ahora ve y vístete, el señor Hala dijo que fueras a verlo apenas volvieras— sacó una petaca y bebió de su misterioso contenido. Antes de que la niña pudiera irse, el hombre volvió a mirarla—. Y por cierto, el Raticate de Ellie se infectó. No te sorprendas demasiado.

La niña dejó salir un fuerte suspiro.

—Le dije a papá que dejarla tener un Pokémon era un error… ¿Infectó a alguien? ¿Ya lo mataron?— interrogó.

El hombre negó.

—Ellie insiste en que tiene cura. Dice que podrá encontrar la manera y se encerró en una habitación— se cruzó de brazos—. Nos da un poco de lástima. La chica llegó solo con ese Raticate.

La niña se rascó la cabeza.

—Bueno, pues si infecta a Ellie habrá que matarla a ella también.

—Sí. Aunque ese chico raro insiste en querer hacer pruebas con ella si se infecta.

La niña dejó salir otro resoplido.

—¿Ese Faba? Es un bicho raro, le he dicho a papá que me da muy mala espina.

El hombre se encogió de hombros.

—¿Qué se le va a hacer? Tu papá lo deja quedarse porque es útil, pero ey— se vio mucho más serio—, si te pone una mano encima dínoslo y lo matamos en el acto, ¿de acuerdo?

La niña sonrió.

—Seguro, Brad. En fin, nos vemos. Está comenzando a ventear por aquí.

Brad se rio.

—Fuera de aquí.

A unos pocos metros de distancia, la niña entró por una puerta en la que había montones de ropa para personas de su edad. Tomó algo sencillo, como lo eran una camiseta negra con las letras "Alola Supremacy" y unos verdes pantalones cortos de lino.

Salió y de inmediato comenzó a recorrer una serie de largos y laberínticos pasillos. En mitad de su camino un joven rubio y delgaducho pasó murmurando algo a su lado. Lo vio con precaución. Era ese tal Faba.

Andándose con un ojo, siguió su camino. Llegó a un gran espacio abierto, parecido a un bloque de celdas que encontrarías en una prisión. En lugar de prisioneros, ahí había supervivientes y refugiados, todos ellos guiados por una persona.

—¡Volví, papá!— exclamó la niña, acelerando el paso.

Un hombre volteó a verla ante ese llamado. Estaba a finales de sus treinta y tenía un cuerpo muy bien trabajado. Al igual que su hija, su corto cabello era verde así como su bigote, sin mencionar su morena piel. Era alto y vestía ropa deportiva que no combinaba en lo absoluto. En momentos así, no se podía ser muy quisquilloso con esas cosas.

Los rasgados ojos del hombre, al igual que su boca, sonrieron al ver a la niña llegar. Caminó hacia ella, bajando una radio que llevaba en la mano derecha.

—¡Malía!— exclamó, rodeándola con un brazo— Me explicaron la situación. Lo de los suministros es una lástima, pero me alegra mucho ver que estás bien. ¿Hubo algún peligro en tu viaje?

La llamada Malía asintió con la cabeza y también abrazó a su padre.

—Un Electrode y no mucho más. Me las arreglé a tiempo.

Eso pareció preocupar al hombre, quien se puso a su altura.

—Lo siento, Malía… Debería hacerle caso a tu madre y no…

—No, está bien. Tú tienes razón, ninguno de ustedes, adultos, podrían pasar por los lugares por los que yo paso. Soy la exploradora del fuerte, ¿no es así?— preguntó, sonriendo.

El padre de Malía sonrió.

—Ciertamente te di ese título.

Se vieron entre sí, sonriéndose por un rato más. Eso fue hasta que Malía recordó algo de su conversación anterior con Brad.

—Por cierto, sobre Ellie…

—¡Kahuna Hala!— una mujer de pelo morado y hermosos ojos azules llegó corriendo al lugar. Malía se quedó viendo específicamente su voluptuosa figura.

—Zyra, ¿pasa algo?— preguntó, apartándose de su hija.

—¡Pudimos establecer comunicación con el Kahuna Nanu! ¡Venga, rápido!— le dijo, volviendo a retirarse tan pronto como había llegado.

Malía y Hala se miraron. Sabían lo importante que era eso por lo que el Kahuna no tardó mucho en fijar rumbo.

—¡Ayuda a tu madre, por favor! ¡Está en el corredor este!— y dicho eso, se fue.

Malía sabía bien qué había en el corredor este. Era ahí donde dormían las personas de entre los veinte y treinta años. Era ahí donde dormía Ellie.

Corrió hacia el lugar y, al haber crecido ahí, no tardó mucho en llegar. Conocía todos los atajos y secretos. Era tan fácil moverse en el refugio como contar sus dedos.

—¡Vamos, Ellie, tienes que reaccionar! ¡Lo de tu Raticate es una tragedia, pero todavía puedes…!

—¡CÁLLATE, ZORRA! ¡ANTES PREFIERO QUE MUERAN TODOS USTEDES, BASTARDOS, A QUE MUERA ÉL!

Había cerca de unas veinte personas en el lugar, todos ellos se veían reflexivos e indecisos. La mujer que acababa de ser gritoneada era la madre de Malía, una mujer de largo cabello azabache, piel morena y ojos marrones.

—¡Dejemos las discusiones y derribemos esa puerta de una vez, Aolani!— exclamó una adolescente bajita que estaba a su lado— ¡Cada minuto que pasa dentro con esa cosa se incrementan las posibilidades de que todos muramos!

—¡VETE A LA MIERDA, PUTAAAAAAAA!

—¡NO, VETE A LA MIERDA TÚ, ELLIE!— le devolvió el grito la mujer, pateando la puerta con fuerza.

—¡Bell, basta!— Aolani la alejó como pudo de la puerta mientras la mujer ardía en cólera.

—¡Pero, Aolani!...

—¡Mamá!— exclamó Malía, atrayendo todas las miradas.

—¡Malía!— Bell suspiró con alivio— ¡Convence a tu madre, por favor! ¡Necesitamos encargarnos del Raticate de Ellie cuanto antes!

Aolani se llevó una mano a la cabeza al ver la mirada de su hija.

—¿Tú también, Malía?...

—Sabes que es un peligro, mamá— le dijo la niña—. No podemos arriesgar la seguridad de todo el refugio por un simple Pokémon.

—¡¿QUÉ VAS A SABER TÚ?!— el grito de Ellie atrajo la atención de Malía— ¡NO CONOCES LA VERDADERA NATURALEZA DE LOS POKÉMON! ¡SON AMABLES; AMIGOS!

Malía puso una expresión de fastidio.

—Eso era cuando eras niña, Ellie. Ahora solo son una bomba de tiempo. Deja de arriesgarnos a todos— volteó a ver a su madre—. También deberías saberlo, mamá. No sé cómo eran los Pokémon en tus tiempos, pero ahora no podemos confiar en ellos.

Aolani frunció el ceño y tras casi cinco minutos de deliberación, asintió.

—Derribemos esa puerta.

Al escuchar eso el rostro de Bell y de la mayoría de los demás presentes se iluminó.

—¡Bien hecho, Malía! ¡Ya la oyeron, chi…!— antes de que Bell terminara de hablar, la puerta se abrió de golpe y un fuerte estruendo se escuchó.

Todos se quedaron en silencio y miraron hacia la adolescente, quien tenía una de sus manos en el estómago. Sangre salía por montones.

—Maldita pe…— y antes de poder terminar de hablar, otra bala dio contra su cabeza.

—¡VÁYANSE AL INFIERNO!— gritó Ellie, apuntando su pistola contra los demás, quienes rápidamente trataron de escapar. Los disparos impactaron contra otras cinco personas, provocando diversas heridas.

En medio del caos, Malía se lanzó hacia donde estaba el cuerpo inerte de Bell y de su cinturón sacó un revólver. Ellie notó eso y llena de cólera, le apuntó. Malía no habría alcanzado ni siquiera a quitar el seguro si no hubiera pasado lo que pasó.

Del cuarto en el que estaba encerrada Ellie salió una criatura casi lampiña, de largos dientes amarillos y llena de llagas. La criatura se lanzó directamente contra la pierna de Ellie, mordiéndola con fuerza y partiéndola básicamente por la mitad. La mujer dejó salir un fuerte grito, cayendo al suelo.

Malía aprovechó la oportunidad y apuntó, pero antes de poder disparar, una ráfaga de balas acabó con las vidas de Ellie y de aquella cosa.

—¡Llévenlos al incinerador! ¡RÁPIDO!— ordenó Aolani, quien tenía entre sus manos un rifle de asalto— ¡TAMBIÉN NECESITAMOS APOYO MÉDICO!

Al lugar llegaron corriendo multitud de personas que acataron las órdenes de Aolani. Una vez que todos se movilizaron, la mujer se acercó a su hija, quien estaba parada frente a la puerta que antes había servido como búnker para la abatida asesina, dándole la espalda.

—Papá me dijo que los Raticate tienen una mordida fuerte. ¿En serio creyó que unas cadenas mantendrían contenida a esa cosa?— preguntó Malía, viendo las roídas cadenas de metal.

Aolani vio con impotencia y tristeza a su hija.

—Personas acaban de morir, Malía… ¿Es eso en lo que piensas en este momento?— preguntó, apretando los puños.

La niña negó con la cabeza.

—Quería matar yo a Ellie— admitió—. De hecho, todavía quiero matarla. Quiero vaciar un cargador contra su cara. Pero está muerta, ¿qué puedo hacer?

Aolani se dio cuenta de lo mucho que el mundo había insensibilizado a su hija. Sintió su impotencia crecer.

—Creo que lo mejor sería si te alejas del frente un…

Malía, confundida por la repentina interrupción de su madre, se dio la vuelta. El lugar donde había estado Aolani ahora estaba completamente vacío.

—¿Mamá?...— la llamó, mirando hacia la izquierda y la derecha. Fue entonces que comenzaron los gritos. Alertada por esto, salió corriendo del corredor este.

Cuando llegó al área comunitaria sintió verdadero terror, algo que no sentía desde hacía un par de meses.

—¡¿Qué carajo está pasan…?!— y antes de que un joven adulto terminara de decir eso, desapareció sin dejar rastro alguno. La chica a su lado, tal vez unos años mayor que la propia Malía, comenzó a gritar como loca.

Montones de personas desaparecían con el pasar de los segundos y rápidamente se hizo claro que la mayoría de los que no se habían ido eran niños de su edad. Había un par de adultos y adolescentes que tampoco desaparecieron, pero era una minoría.

—¡AYUDA! ¡NO QUIERO DESA…!

—¡CORRAN! ¡CORRAN TODOS!

—¡ARCEUS, ¿POR QUÉ NOS HAS ABANDO…?!

—¡NO, ESTE NO PUEDE SER EL FIN DE FABA PE…!

—¡AL FIN! ¡AL FIN! ¡AL…!

Malía se llenó de adrenalina. Su madre… ¿también había desaparecido como esas personas? Al pensar en ello, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡PAPÁ!— gritó con fuerza, corriendo hacia donde sabía estaba el Kahuna.

—¡MALÍA!— escuchó de pronto y entre la alterada multitud, lo vio.

Al igual que su padre, Malía sonrió ampliamente. Comenzaron a correr en dirección al otro y entonces, una persona chocó contra la niña, derribándola al suelo.

El impacto había sido fuerte, pero Malía se recuperó a los pocos segundos. Cuando se dispuso a ir nuevamente hacia su padre, se dio cuenta de una verdad horrible. Él ya no estaba por ninguna parte.

Su respiración se agitó con fuerza y sus pulmones se llenaron de aire. Dejó salir un fuerte grito de pánico.

Tras largos minutos de confusión y miedo, nadie más desapareció.

Malía vio como los pocos adultos que quedaban corrían hacia la salida del refugio, seguidos por los adolescentes. Ella decidió que iría detrás de ellos. Tal vez en el exterior…

Se dirigieron hacia donde almacenaban los trajes, las máscaras anti gas y los tanques de oxígeno. Ahí Malía encontró sus cosas ya desinfectadas.

Tras terminar de vestirse, corrieron hacia el lugar por el que la niña había entrado con anterioridad. Ahí vieron con horror la petaca de Brad, la cual estaba tirada en el suelo.

Decidieron seguir y con rapidez, subieron por unas largas escaleras que llevaban hacia el alcantarillado. Tras recorrerlo con rapidez y sin encontrar a ninguna patrulla, llegaron finalmente al exterior.

El mundo de afuera era igual de nefasto a como había sido los últimos años. La niebla verde, las ruinas de una civilización que hacía años había caído y el espantoso cielo oscuro. Cielo en el que ahora se veían cientos de inmensas figuras.

Malíe los reconoció por los libros. Eran Arceus. Decenas, sino es que centenas de ellos. Todos veían hacia la superficie del planeta con miradas inexpresivas.

Lo siguiente que todos vieron fue el cielo brillar como nunca antes y, sin ser capaces de procesar lo que estaba pasando, desaparecieron.

Todo lo que desapareció después, desapareció para siempre.


Cuando volvió a su línea de tiempo solo quedaba esperar. ¿Esperar a qué? Esperar a que el duplicado del alma de Ash Ketchum estuviera listo.

Como le había dicho a aquel Arceus, su palabra era el decreto del universo mismo por lo que la cumpliría sin falta. Si su palabra no era honesta, ¿entonces qué lo era?

Trabajar en el duplicado del alma de Ash Ketchum era una tarea delicada y al mismo tiempo, tardada. Aunque tenía la capacidad de realizarla con un mínimo de atención, todavía tomaba bastante tiempo.

Pero decidió que cuanto antes hiciera las cosas, antes podría ir por Ash Ketchum. Por ello, dedicó su total atención a la tarea por las primeras dos semanas y luego, lo dejó en segundo plano. Un ser de su talla tenía cosas mucho más importantes en las que centrar su completa atención.

De vez en cuando revisaba que la creación del duplicado fuera viento en popa.

Los primeros cuarenta años se basaron en que el fragmento del alma de Ash Ketchum tuviera la misma estructura que un alma completa. Fue a esta parte a la que le puso especial atención, pues era la más complicada. Gracias a dicha atención había logrado adelantarle unos veinte años al proceso.

Una vez que el fragmento se convirtió en un alma completa, decidió echar un vistazo a la vida de los amigos de Ash Ketchum en la tierra como hacía cada cinco años.

Los conocidos ya se estaban jubilando y los hijos de dichos conocidos seguían creciendo sin complicaciones, incluso teniendo ellos sus propios hijos. Supuso que eso tal vez también interesaría a Ash Ketchum.

Luego, volvió a trabajar.

La siguiente fase consistía en hacer que el alma de Ash Ketchum tuviera su mismo perfil psicológico y recuerdos. Entre esas dos cosas, pasaron otros treinta años.

Vio a los amigos de Ash Ketchum morir y cómo podía esperarse de un ser de su clase, solo actuó como observador. La muerte de Brock Ishihara, observada. La muerte de Max Asano, observada. La muerte de Iris Holt, observada. La muerte de Elio Asutoro, observada. Registró estos eventos y continuó trabajando.

Fue unos pocos años antes de que terminara la segunda fase que alguien partió. Alguien hacia quien sentía cierta curiosidad.

—Ahh… Así que este es el fin, ¿eh?— la escuchó reírse—. Aunque es diferente a lo que me dijo mi Ash. ¿No debería estar ya en el otro lado? ¿Por qué está tan blanco aquí?

Miró fijamente su sonrisa y ojos llenos de confianza. Lillie Aether era una mujer impresionante y los años solo la habían hecho mejor.

—¡Entonces, Dios Pokémon, ¿me has llamado por algo?!— interrogó, cruzándose de brazos.

Asintió.

—Falta tiempo— le dijo, haciendo que la sonrisa de Lillie Aether desapareciera.

—¿Cuánto?

—Una década tal vez.

Ella suspiró.

—Está bien. Al menos puedo ver a los demás, ¿verdad? Tengo casi veinte sin ver a mi hermano— lo miró con gran seriedad—. Él está en el cielo, ¿cierto?

—Gladio Aether cumplió una condena de ciento cincuenta y nueve mil doscientos ochenta y tres años en el fuego del infierno— al escuchar eso, el rostro de Lillie Aether se deformó en una mueca de horror—. Su alma es altamente pura y libre de crímenes. Él está en "el cielo", como lo llamas tú.

Lillie Aether dejó salir unas pocas lágrimas.

—Cam-Cambiando de tema…— murmuró ella— ¿Cómo va tu plan? Recuerdo solo algunas cosas, pero parecías tenerlo bajo control.

—Lo tengo. No te preocupes por eso y descansa. Tus amigos y familiares están esperando por ti.

Ella cerró los ojos y asintió con la cabeza.

—Estoy yendo, chicos…— murmuró y en un instante, desapareció de ese espacio en blanco.

Y volvió a su labor. Documentó los hechos que Ash Ketchum podría considerar importantes, los grabó en su propia memoria y siguió trabajando en sus asuntos.

Entre pensamientos referentes a su alianza con aquel Arceus, la recompensa por su triunfo, el duplicado de Ash Ketchum y sus labores como deidad, doce años pasaron.

Había llegado el momento. El momento en el que todo se decidía para él. Tras haber dejado el duplicado de Ash Ketchum en el cielo y cargado con los recuerdos de Lillie Aether, partió.

Puso rumbo hacia la barrera entre realidades y consiguió la atención de aquel Arceus, quien de inmediato le permitió el paso.

Esta vez mi estancia será más prolongada. Tal vez un par de días— le informó al pasar a su lado de la realidad, sintiendo como su poder se reducía enormemente.

Recuerda que tengo un ojo en ti. No intentes nada extraño.

No lo haré.

Y tras ese corto intercambio, llegó. Apareció en un lugar y en un momento que ya tenía previstos. En el Altar del Sol, al amanecer.

Con su llegada, el Recorrido de Recuerdos también comenzó. Permitió que las memorias seleccionadas por él y por Ash Ketchum llegaran al recipiente. Decidió que lo vigilaría de cerca por unas horas para comprobar su seguridad y de paso, darle un empujoncito.

Aprovechó una situación cuyo contexto desconocía para poner a prueba cuanto poder tenía todavía. Se manifestó frente al Pikachu del recipiente con la forma de Ash Ketchum pero solo pudo mantenerse así por un par de segundos.

No era suficiente, pensó. Aunque al menos tenía el poder necesario para separar el alma de Ash Ketchum del recipiente, lo cual era su objetivo primordial, le habría gustado ser capaz de hacer más cosas para acelerar el proceso.

Se trasladó a Galar, donde sabía que estaba el otro recipiente. Haciendo uso del poder que había recuperado tras los ochenta y dos años de trabajo, implantó todos los recuerdos de Lillie Aether, dándose cuenta de un gran fallo.

Se había olvidado de la parte más importante. No había tomado el recuerdo del juramento, el cual era el detonante. ¿Cómo podría el recipiente conocer las palabras si no se las había proporcionado?

Había cometido un error, pero era un error que tenía solución. No podía darse el lujo de desperdiciar su poder volviendo a su realidad por el recuerdo de Lillie Aether, ni podía traspasar directamente el recuerdo de su memoria al recipiente. Al menos no en el estado en el que se encontraba.

No quedaba de otra. Antes de que los recipientes pudieran encontrarse, él tenía que guiar al segundo recipiente hacia el lugar donde era más fuerte, en el momento en el que era más fuerte. Al Altar del sol, al amanecer.

Valiéndose de métodos como la manifestación a través del aspecto de Lillie Aether, guío al recipiente con éxito. Y de hecho, decir que el viaje hecho no había sido entretenido era una mentira. Ver cómo con cada recuerdo descubrían más y más información era fascinante.

Y cuando la guía terminó, llegó el momento de hablar.

El segundo recipiente era apto. Naturalmente inteligente y curioso, pero inmaduro todavía. Cuando creciera, al igual que el primer recipiente, sería un ser formidable. Si se mezclaba el intelecto del segundo recipiente con el físico del primero, ¿qué surgiría? ¿El pináculo del ser humano? La idea lo intrigó.

Disfrutó la charla con el segundo recipiente y con su familia, pero no podía perder el tiempo. Gastar su poder de manera despreocupada era un error, por lo que respondió lo que pudo y desapareció.

Ahora que sabía que el segundo recipiente estaba bien encaminado, fue a ver al primer recipiente. Sorprendentemente, su grupo también había hecho avances increíbles, dando con respuestas sumamente acertadas. El intercambio de información ocasional que hubo entre ambos grupos los ayudó por igual, convirtiéndose en una búsqueda conjunta por la verdad.

Lo siguiente pasó con rapidez para él. El encuentro entre los recipientes en el lugar indicado y usando las palabras indicadas. Una vez que el primer recipiente tuvo la capacidad para diferenciar su alma de la de Ash Ketchum, entró en acción.

Usando el poder que tenía guardado para la ocasión, separó ambas almas sin dificultad alguna y algo en su interior saltó. Había sido… ¿alegría? ¿Se había sentido alegre? Rio para sus adentros, pues la alegría era algo que hacía mucho no intentaba sentir.

Hubo algunos eventos entre la separación de las almas y su regreso hacia la realidad que les correspondía, pero eso no era relevante para él.

En su camino de vuelta con Ash Ketchum, se sentía de un particular buen humor. Respondió todas sus preguntas y dudas, además de contarle todo lo que había estado registrando los últimos ochenta y dos años. Tal vez por su buen humor o por algo más, pero terminó disfrutando de la conversación, incluso le dio algunos detalles extras que no planeaba dar.

Aunque al final, tuvo que borrar el conocimiento de Ash Ketchum hacia todo lo que le acababa de contar. Originalmente también planeaba borrar de su memoria todo el saber que tenía sobre las líneas del tiempo y los siete años que había estado muerto; dejar su memoria como si nada hubiera pasado. No lo hizo, posiblemente por el buen humor en el que se encontraba.

Y finalmente, el punto decisivo.

Lo observó todo. Fueron segundos de una tensión enorme, cosa que hacía tiempo no sentía (desde lo de Damos y la joya de la vida). Hasta que Ash Ketchum no cruzó ese Ultraumbral, él no se fue del lugar y para ser honestos, también le había encantado ver en persona la muerte del asqueroso Necrozma.

Permitió que pasaran unos pocos instantes más hasta que determinó que su labor estaba completada. Ash Ketchum estaba vivo y otra línea de tiempo acababa de nacer junto a otro Arceus.

Cuando estaba por irse a su línea del tiempo, fue detenido.

Vienes del futuro, ¿eh?— le dijo el Arceus de la nueva línea del tiempo, mirándolo fijamente.

Él asintió.

Regocíjate. Tu línea del tiempo ha alcanzado el pináculo de la perfección— sintió que si tuviera boca, habría sonreído—. Guiarás a nuestra rama hacia la supervivencia.

Su otra versión no dijo nada y se limitó a asentir. Parecía haber comprendido todo sin necesidad de palabras. Tal y como esperaba de él mismo, pensó.

Y finalmente volvió a su línea de tiempo.


Fue recibido con elogios y reverencias. Había triunfado en donde muchos de sus iguales habían fallado. Había creado la línea temporal definitiva.

Fue tras la celebración que todos los Arceus de la rama iniciaron el proceso final del plan. La segunda parte más importante para su supervivencia.

Con excepción de la nueva y de la suya, todas las demás líneas del tiempo que pertenecían a esa ramificación fueron eliminadas.

Ese era el trato y la recompensa para el Arceus que lograra salvar a Ash Ketchum. La posibilidad de la desaparición era la condición para aquellos que no lo lograran.

Antes había estado rodeado de miles de millones de Arceus pero ahora estaba completamente solo. Aquellas versiones de sí mismo que desaparecieron se habían combinado en su interior y en el de aquella versión recién creada.

Cuando sintió como muchos nuevos Arceus nacían, se retiró entonces a descansar y a pensar.

Había asegurado el futuro de su rama, por lo que ahora debía pensar en la forma de asegurar el futuro de su realidad.

Por el tiempo pasado entre humanos, tomó instintivamente la forma de uno en cuanto volvió a su habitación en blanco. Caminó hacia el centro de la misma y se sentó en un simple pero imponente trono.

Sonrió.


¡Y bueno, eso es el segundo y posiblemente último especial! Vimos más sobre la perspectiva de Arceus sobre las cosas, así como profundizamos con respecto a la "desaparición" de las líneas del tiempo. ¡Espero que les haya gustado! ¡Y espero no haberme contradicho con nada de lo que se mostró en este capítulo!

Nuevamente, gracias a Tragikly por dar esta idea tan interesante y al resto de ustedes por participar en esta pequeña dinámica.

¡En el siguiente capítulo, sí que sí, volvemos a Alola! ¡Espérenlo con ansias!

¡Sin nada más que decir, me despido! ¡Nos leemos y Alola!