—El señor Gladio Aether, ¿verdad?

Al escuchar su nombre el rubio se sobresaltó, pero intentó no dejar que se notara. Miró hacia la oficial de policía que lo había llamado y asintió. Se puso de pie.

—El jefe Nanu estaba atendiendo unos asuntos internos, pero ya se ha desocupado. Está esperándolo en su oficina— le dijo con una sonrisa la oficial.

Aether sintió un nudo en el estómago. ¿Aquella mujer volvería a darle esa amable sonrisa cuando la verdad fuese revelada? Se sintió raro al darse cuenta de que ahora esas cosas le importaban. Le importaba la opinión del mundo sobre él.

Y por eso mismo era especialmente difícil hacer lo que estaba por hacer.

—Gracias. Conozco el camino— hizo una pequeña reverencia.

—Tenga un buen día, señor— lo despidió la oficial, llevándose la mano a la frente a modo de saludo.

Pronto se encontró a sí mismo preguntándose el por qué estaba caminando tan lento. ¿Por qué estaba retrasando las cosas? Ya había hecho las paces con su decisión. Había aceptado que ese sería su último día en libertad; el último día que podría compartir mesa con ellos.

Mientras caminaba por los pasillos, su mente se llenaba de memorias.

Y entonces, simplemente bates la mezcla y… ¡Tadá! ¡Masa para malasadas! Te sorprendí, ¿eh? Apuesto a que creías que no soy del tipo que sabe cocinar. ¡Bueno, tal vez esta sea la única receta que domino, pero por algo se empieza!

Lo había estado reflexionando por un tiempo, pero creo que necesito trabajar en mi personalidad. Esperaba que pudieras darme algún consejo. Ya sabes, como alguien que tuvo bastantes problemas de ira en el pasado… Bueno, me gustaría ser más honesto conmigo mismo y con quienes me rodean, no sé si me explico…

Entonces… ¿Sigues viéndote con Wicke? Bueno, es bastante obvio. Siempre que están juntos ella te dirige esas miradas raras y de vez en cuando las correspondes. Si eso no es deseo sexual, no sé qué lo sea… ¿Y qué otro tema podía sacar? Esto me da curiosidad y siempre pregunto lo que me da curiosidad… Oh, ya veo… No quieres que Selene se entere de es… ¡Detente! ¡Vas a rallar mi pantalla!

Sabe que está bien si le ponemos un alto a todos los rumores que nuestros amigos han ido esparciendo, ¿cierto, señor Gladio? Si lo pedimos seriamente, estoy segura de que se detendrán… ¿No le importa?... Suele verse bastante molesto cuando comentan algo al respecto y… Bueno, sí… Sé que es su forma de divertirse y que no lo dicen con mala intención, pero si esto le estuviera molestando de verdad… ¿A mí?... N-No es que me molesten… Solo siento que podrían hacerse una idea equivocada…

¡… y entonces lo recibes con un BDWAAAP! ¡¿Sabes a lo que me refiero?! ¡Sí, sí! ¡Justo a eso! ¡Oh, amigo, ya quiero que llegue la Liga Pokémon! ¡Estoy tan emocionado! ¡Tengamos un combate increíble, Gladio!... ¡Sí, lo estaré esperando!... Por cierto… No te he agradecido lo suficiente el que me dejes quedarme en tu casa… Tal vez sea incómodo para ti que yo comparta techo con Lillie o tal vez quieras pasar más tiempo a solas con ella… Si ese es el caso, yo podría… ¿De verdad no te molesta?... ¡Gracias, Gladio! ¡Yo también estoy muy feliz de vivir con ustedes! ¡Tal vez apesto cocinando y en casi todas las tareas del hogar, pero si necesitan un mandadero o alguien que haga los trabajos físicos, pueden contar conmigo!... Ah, sí… Tendré cuidado con mi pierna, jeje…

Cuando éramos niños… ¿Te imaginabas que estaríamos donde estamos ahora?... Siendo héroes de la humanidad, viviendo en una casa en ciudad Hau'oli, con tantos amigos que nos quieren como si fuéramos parte de sus familias… Sí, hay veces que yo tampoco me creo que nada de esto sea real… Pero, ¿sabes qué es lo mejor de todo esto, hermano?... Lo mejor es que estamos juntos. Por fin podemos vivir en paz, sin preocuparnos por el futuro. ¿No te alegra?... ¡Sigamos con nuestra pacífica vida cotidiana!

Y cuando espabiló ya estaba en la puerta de la oficina de Nanu. Su mano a centímetros del pomo, temblorosa y sudada. Apretó con fuerza los ojos para acto seguido, abrir la puerta.

Ahí estaba él. Sentado en su silla de ruedas detrás de su escritorio estaba el pronto ex Kahuna de Ula-Ula, Nanu Malíe. En su mesa había una pila de papeles y carpetas. Lo veía seriamente.

—Cuando me desperté esta mañana lo último que esperaba recibir en mi correo era una carta del "Emisario de las Tinieblas" revelando su pasado— Nanu le señaló la silla que había frente a él—. Siéntate.

Gladio, con un gesto derrotado, aceptó. Caminó en silencio hacia la silla de madera con la mirada en el suelo.

No escuchó hablar a Nanu por lo que lo miró de reojo, notando que estaba viendo un pequeño monitor que tenía en su escritorio. Por pura curiosidad se fijó, notando que en la pantalla se reproducía una grabación en tiempo real del exterior de la oficina. No había absolutamente nadie en el pasillo.

Malíe asintió y luego, abrió una de las carpetas. Se colocó unas gafas, comenzando a leer un documento.

—El "Skull Hunter" o también conocido como el "Skull Maker". Un homicida conocido por el asesinato de varios miembros del Team Skull, todos ellos con cargos por homicidio; prófugos de la justicia. Cesó sus actividades hace más de un año pero sigue siendo buscado en secreto por la policía de Alola— apartó la mirada de la hoja, viendo a Gladio directamente a los ojos—. Aunque tú ya sabes todo eso, ¿verdad?

Aether asintió en silencio.

—Vine a entregarme— dijo en un tono de voz tan bajo que casi parecía un murmuro.

Nanu lo miró en silencio por un par de segundos más.

—¿Y por qué ahora? ¿Qué te hizo querer abandonar tu libertad? Si no me lo hubieras dicho, jamás habría sospechado de ti. Ni yo, ni nadie.

Gladio abrió la boca pero las palabras se atoraron, negándose a salir. Tuvo que usar toda su fuerza para hablar.

—Mis objetivos eran dos miembros del Team Skull, culpables del homicidio de Amapola Ipo el dieciocho de noviembre del año dos mil diez— Nanu pareció recordar algo al respecto. ¿Era el caso en el que un chico, el principal sospechoso, había huido?—. Los asesinatos que cometí en ese tiempo podrían considerarse como daño colateral; escalones en mi camino de venganza. Maté a esos miembros del Team Skull para conseguir información, razón por la cual también me uní a sus filas por más de un año— el ceño de Gladio se frunció un poco—. Quería matar a esos dos, pero fue después de mucha reflexión y ayuda que me di cuenta de que eso no haría nada— miró al Kahuna a los ojos—. Quería llevarlos ante la justicia y entregarme con ellos, pero eso ya no es posible. Ambos murieron durante la guerra, salvándome de uno de los ataques de Necrozma.

Nanu se vio interesado por eso.

—¿Esos dos homicidas te salvaron la vida? ¿A ti, el Skull Hunter?

Gladio apretó sus manos.

—A pesar de que rompí sus huesos y liberé a sus Pokémon, ellos me salvaron.

La mirada de Malie se afiló al ver eso.

—Si querías matarlos, ¿por qué te conformaste con hacer eso? ¿Por qué no matarlos en el acto?

El rubio se vio realmente incómodo y avergonzado. Le tomó casi un minuto dar la respuesta.

—Quería… Quería que sufrieran… Quería que su corazón se llenara de odio por mí; que trataran de vengarse y cuando lo intentaran, los volvería a dejar al borde de la muerte; tal vez les cercenaría alguna extremidad... Cuando no sintieran más que miedo hacia mí, los cazaría sin descanso y cuando los encontrara…

—Los matarías.

Aether asintió, cerrando los ojos.

—Un plan retorcido que no pudiste llevar a cabo. ¿Quién cambió primero de parecer? ¿Tú o ellos?

—Tal vez lo hicimos al mismo tiempo.

Nanu dio una cabeceada y en silencio siguió examinando los documentos. Pasaron casi diez minutos hasta que alguno de los dos volvió a hablar.

—Bueno, con todo esto no esperes volver a ver la luz del día— concluyó el Kahuna, haciendo que el estómago de Gladio se revolviera—. Si se llegara a saber estarías en grandes problemas.

Con los ojos cerrados, Aether asintió.

—Aceptaré cualquier conde…— miró rápidamente a Nanu— ¿Cómo que "si se llegara"?

—Eso dije. Si se llegara a saber algo de esta conversación, no podría hacer nada para protegerte. Hiciste bien al decirme primero a mí antes de entregarte directamente— dicho esto, comenzó a ordenar todos los documentos y carpetas.

Gladio se sintió enormemente confundido y buscaba una respuesta con la mirada. Al ver que nada se le diría, lo expresó.

—¿Vas a… ocultar todo?...— preguntó, incrédulo.

—Sí. Estás feliz, ¿no?— respondió sin mirarle.

Al oír eso, Gladio se sintió sorprendentemente molesto. Apretando los dientes y sintiendo como su sangre hervía, se puso de pie. Golpeó con fuerza el escritorio de Nanu.

—¿Crees que esto es una broma? ¿Crees que estoy jugando?— interrogó con una mirada fiera.

Malíe levantó la cabeza y sus ojos se encontraron. Al instante, un sudor frío recorrió el cuerpo de Aether y su enfado se desvaneció casi por completo.

—Te tomo en serio. Estoy seguro de que todo lo que dices es verdad y es por ello que tengo que hacer como si nada de esto hubiera pasado— abrió un cajón y del mismo, sacó un disco duro—. El mundo ahora mismo pasa por una época oscura. Su época más oscura en cientos de años. Las personas necesitan una luz a la que aferrarse; necesitan modelos a seguir para poder mantenerse a flote. ¿Qué crees que pasaría si se dan cuenta de que uno de sus héroes es un asesino? ¿En quién podrían confiar después de eso?

Gladio retrocedió torpemente hacia la silla y se dejó caer en ella, con la mente en blanco. No tenía sentido. Nada de lo que estaba pasando tenía sentido para él.

—Eres prácticamente un niño por lo que es normal que no lo sepas, pero créeme, a diario se dan casos como tú por todo el mundo. Criminales que no son castigados en nombre de un bien mayor. Yo mismo he encubierto a muchos de ellos— sus ojos casi inexpresivos penetraron el alma de Gladio, quien sintió pánico. Eran los ojos que él solía ver al espejo día tras día. Eran los ojos de un asesino, pero no los de cualquiera, sino los de un asesino que ha aceptado que matar es parte de su vida. El jefe de policía era aterrador—. Ocultar los trapos sucios es algo que ha ocurrido desde siempre y que seguirá ocurriendo. Es parte de la cotidianidad del mundo en el que vivimos— tomó un cesto de basura hecho de acero que se encontraba al lado del escritorio y lo colocó sobre la mesa—. Así que elige. Vas a prisión y pasas ahí el resto de tus días, sin poder volver a estar con quienes amas y quienes te aman; ganándote el desprecio de millones de personas, sin ser capaz de cumplir tus metas, o…— en el bote de basura colocó todos los documentos y el disco duro. Sus ojos nuevamente se encontraron con los de Gladio—, por el contrario, hacemos como si nada de esto hubiera sucedido. Sigues adelante con tu vida y carrera como entrenador Pokémon, te casas, tienes una bonita familia y envejeces con normalidad. ¿Cuál será?

Gladio entonces se sintió abrumado. Su moral y sus deseos personales chocaron entre sí, haciéndolo tener un enorme conflicto interno. Sin saber qué decir, preguntó lo primero que se le vino a la cabeza.

—¿Qué hay en ese disco duro?...

—Todos los datos digitales sobre el caso del Skull Maker. Sin este disco, no habrá un registro criminal, no habrá pruebas ni caso que seguir. Será como si, a ojos de la policía, nunca hubieras cometido todos esos crímenes.

Gladio sintió como la presión aumentaba. Su oportunidad de seguir junto a quienes amaba estaba justo ahí, esperando a ser tomada.

Pero todo era bueno. Todo era demasiado bueno…

—¿Cuáles son las condiciones? ¿Qué esperas de mí? ¿Por qué…?

Nanu suspiró.

—Te lo expliqué hace poco, pero como no parece ser suficiente como para convencerte de que es lo correcto, te daré otro motivo— agitó la mano de un lado a otro, como si estuviera pensando sobre la marcha—. Deberás hacer el bien en la tierra. Ayudar a quien lo necesite y cuando lo necesite. Expiar tus pecados sirviendo al mundo que ya salvaste una vez— Nanu sacó una Pokéball y la colocó sobre el escritorio—. Aunque tampoco es como que estés realmente obligado a hacerlo. No es como que tenga manera de meterte preso después si te dejo ir ahora. Sin pruebas, la gente me tomaría por loco. Creerían que la edad me volvió senil y que acuso a un héroe falsamente— y su mirada cambió de pronto—. Pero créeme, si decidieras volver a la senda del criminal, me encargaría de ti sin dudarlo para expiar mis propios pecados. No sería la primera vez.

Gladio volvió a sentir un escalofrío y bajó la mirada. Estaba genuinamente aturdido.

¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo…?

Puede que pagues en vida y pagues en muerte, o puede que no pagues en vida pero pagues el doble cuando ya no la tengas, pero… volveremos a vernos. Si tu corazón de verdad se arrepiente por todo lo que hizo…, definitivamente volveremos a vernos…

Los ojos de Gladio se abrieron de par en par.

Vamos, ¿qué son un par de heridas para el gran Gladio Aether? ¿No puedes seguirme el paso? ¡Atrápame!

¡Estoy mejorando, ¿eh, Gladio?! ¡Deberías cuidarte las espaldas, pues pronto los alcanzaré!

Hice la lista de compra, nos toca ir a nosotros. Oye, Gladio, ya que estamos…, ¿quieres ir a comprar algo de comer? No me des esa mirada, solamente tengo hambre y ya está. Si no quieres, dilo y se acabó.

¡Escuche esto, señor Gladio! ¡Al parecer "Odisea eterna" va a tener una quinta temporada! ¡Escuché que la retrasaron por las consecuencias de la post guerra, ¿pero saber que va a existir no lo emociona?! ¡Veámosla juntos cuando salga!

He estado haciendo planes para nuestro futuro, Gladio. ¿Mmh? ¡Nuestro futuro como Alto Mando y Campeón de Alola, por supuesto! ¡Tenemos que prepararnos para cuando llegue el día! Yo seré el Campeón, por supuesto, y tú, Elio y Selene serán tres de mis compañeros, por lo que debemos buscar al cuarto. ¡Hau no puede serlo porque él estará ocupando siendo Kahuna! Todo eso que hacen algunos campeones como Steven y Lance de especializarse en un tipo no me gusta, por lo que seré más como Cynthia o mi hermano. ¡Tú, por otro lado, si vas a tener que especializarte en algún tipo! ¿¡Cuál será?!

¿Qué te parece si vamos de vacaciones juntos algún día de estos? No el equipo S&M, sino nosotros. Un viaje de hermanos por alguna región al azar del planeta. Suena divertido, ¿verdad? ¡Hagámoslo realidad un día de estos, Gladio!

Voy a creerlo siempre. Sin importar cuanto te tardes, siempre creeré en que volveremos a vernos.

Entonces levantó la mirada. Estaba mucho más blanco de lo normal y el sudor corría por su rostro sin cesar, pero sus ojos eran firmes.

—Acepto… tu protección…

Nanu asintió y abrió la Pokéball. De su interior salió un Houndour, quien aterrizó sobre el escritorio. Vio con ojos fríos a Gladio, quien le sostuvo la mirada.

—Lanzallamas— ordenó Malíe con simpleza, señalando el bote de basura.

El tipo Siniestro obedeció sin chistar y en un momento, el contenido del cesto estaba ardiendo. Las brasas se elevaban hacia el techo y el detector de humo comenzó a pitar con fuerza.

Pese a que el agua caía, no era lo suficiente para apagar el fuego del Pokémon, quien siguió utilizando su movimiento por algunos segundos más hasta que el Kahuna lo hizo regresar a su cápsula.

A través del fuego que ahora se convertía en humo negro, Nanu extendió su mano hacia Gladio.

—Nos veremos en el infierno, Gladio Aether.

Con un rostro lleno de culpa, el rubio aceptó el apretón.

—Sí…— murmuró y entonces, la puerta detrás de él se abrió.

—¡Escuchamos la alarma de incendios!— exclamó un policía que traía entre sus manos un extintor.

—Sí, lo siento. Por accidente tiré mi cigarrillo al cesto de la basura y los papeles se quemaron de pronto— se excusó el jefe de policía, haciendo suspirar a su subordinado.

—Jefe Nanu, siempre le decimos que no fume en su oficina y que si lo hace, no tire las colillas en el cesto… Esta es como la veinteava vez que activa el detector por esto…

—En realidad, ya van como cincuenta.

—¡¿Las está contando?!

Y mientras la conversación entre esos dos continuaba, Gladio se perdió en sí mismo.


Era obvio que la gente lo seguía con la mirada, podía saberlo y se sentía sucio al estar entre toda esa gente de bien. Se sentía sucio al ver sus sonrisas de admiración y al oír sus palabras de ánimo.

¿Cómo afrontaría a Ash? ¿Cómo le diría que no se había entregado tal y como le había dicho? ¿Lo despreciaría? ¿Lo odiaría? ¿Dejarían de ser amigos?... Hacerse esas preguntas lo aterró, pero la siguiente hizo que su corazón se hundiera en su pecho. ¿Cómo se afrontaría a sí mismo?

Caminó hasta llegar al lugar que había estado buscando inconscientemente, donde estaba la persona que también había buscado inconscientemente.

—¿Señor… Gladio?— Selene, quien estaba con su Decidueye, parpadeó varias veces al verlo ahí frente a ella, empapado de pies a cabeza— ¡Está todo mojado!— exclamó, descolgándose la mochila y buscando entre sus cosas una toalla que sacó rápidamente. Con rapidez y preocupación, comenzó a secarle la cabeza— ¿Qué fue lo que pasó, señor Gladio? No nos dejó ni siquiera una nota en la mañana, simplemente desapareció… ¿A dónde fue?

Gladio vio el sitio en el que estaban. Era el Parque de Malíe, en concreto, un pequeño escondite que Ash había descubierto. Era en dicho parque que ella y su hermano se enfrentarían al Kahuna en su Gran Prueba, dentro de unas horas.

—¿Dónde está Elio?— preguntó con un tono de voz mucho más inexpresivo de lo normal, viendo en todas direcciones.

Selene se dio cuenta de que no había respondido ninguna de sus preguntas, pero no lo presionó. Sin dejar de secarlo, contestó.

—Fue a comprar algo de comer a la tienda cercana hace varios minutos. Dijo que volvería en…

Y Gladio la envolvió en un abrazo. Pese a que el rubio estaba realmente frío por el agua, Selene sintió como sus mejillas ardían. Decidueye vio perplejo todo lo que estaba sucediendo.

—¿S-Señor Gla…?— y cuando escuchó el sonido proveniente de Aether, se quedó helada.

Ajeno a la situación, Elio Asutoro llegaba al lugar con cuatro platos de yakisoba en compañía de su Incineroar. Su gran sonrisa se borró al ver el escenario que se desarrollaba enfrente de él y su ceño se frunció.

¿Gladio y su hermana abrazados? ¡¿Primero se iba sin avisar, preocupándolos a ambos, y ahora esto?! ¡No iba a permitirlo! ¡Gladio todavía no había pasado la prueba para ser el todo de su hermanita!

Justo cuando estuvo por reclamar en voz alta, escuchó un sollozo. Se quedó en su lugar, con la mente en blanco. Nuevamente escuchó otro sollozo y se fijó en Gladio.

El cuerpo de Aether estaba mojado completamente y temblaba. El llanto salía de él. Se fijó luego en Selene, quien abrazaba con fuerza al rubio mientras pequeñas lágrimas se asomaban por sus ojos. Era un abrazo desesperado, como si estuviera tratando de hacerle saber que ella estaba ahí.

Elio no entendía el contexto de la situación y posiblemente, su hermana tampoco. Lo único que entendía era que en ese momento, Gladio solo necesitaba a una persona ahí con él y esa persona no era Elio Asutoro.

Con la mirada le indicó a Decidueye que lo siguiera, cosa que el tipo Fantasma hizo sin dudar. Se retiraron en silencio, dejando solos a Gladio y Selene.

Si luego querían contarles lo que había ocurrido, lo escucharían. Y si decidían no hacerlo, entonces no lo mencionarían nunca.

Eso era lo que un amigo de verdad hacía.


—Gracias… y perdón— Gladio terminó de pasarse la toalla por el rostro, devolviéndosela a Selene. No la miró a la cara en ningún momento.

Asutoro negó mientras le sonreía. Ambos estaban sentados en el verde pasto, separados por casi dos metros.

—Me alegra saber que está mejor, señor Gladio— aseguró la chica—. Y también… ¿cómo decirlo?...

Aether notó que, fuera lo que fuera que Selene quería decir, le estaba costando. La vio de reojo, notando su sonrojo.

—De cierta forma…, me halaga que me eligiera a mí para desahogarse— tenía una pequeña sonrisa en el rostro—. Sé que fue porque ni el jefe ni Lillie están aquí, pero aun así, usted me eligió a mí… Quiere decir que confía en mí. Eso me hace feliz.

Al escuchar esas palabras, Gladio no pudo evitar sentirse pensativo. Ciertamente tenía razón. Antes de darse cuenta, su cerebro le había dado dos órdenes a su cuerpo: "Encuentra a Selene" y "Llora".

—No fue solo porque ellos no estuvieran aquí— el tono de voz de Gladio era bajo, por lo que Selene tuvo que forzar el oído para escucharlo bien—. Fue porque eras tú. Me siento tranquilo cuando hablo contigo.

El pequeño sonrojo en el rostro de Selene creció al igual que su sonrisa.

—Ya veo.

Se quedaron en silencio por un rato más. Selene se veía contenta, mientras que Gladio mantenía su expresión indiferente. Eso solo duró, como bien se dijo, solo un rato más.

—Selene— Asutoro volteó a verlo—, ¿qué opinas de mí?

—Opino que es confiable, valiente, fuerte y amable. Es usted uno de mis mejores amigos, señor Gladio— respondió la azabache sin vacilar, cosa que sorprendió a Aether. Lo pensó bien y recordó que así era ella; clara y concisa.

—… Significa mucho para mí. Gracias, Selene.

La mencionada asintió, manteniendo su sonrisa.

Silencio. Un silencio agradable para uno e incómodo para el otro. Gladio estaba perdido en sus pensamientos. A pesar de que todos sus amigos sabían que era un asesino, casi ninguno de ellos sabía que tenía planeado entregarse. Si seguía viviendo su vida en libertad, sin dar la menor señal de querer rendir cuentas ante el mundo, ¿qué pensarían ellos? ¿Sus amigos estaban esperando que él se entregara? ¿Creían que solo era cuestión de tiempo? Se sentía paranoico. Sentía que en cualquier momento el mundo se giraría hacia él y lo devoraría.

¿Qué pensaba la persona a su lado en ese mismo momento? Sin darse cuenta de por qué, sus labios se separaron y formuló la pregunta.

—¿Quieres saber qué pasó?

Selene lo volteó a ver con su pequeña sonrisa aún adornando su cara.

—¿Quiere hablar de ello?

Gladio apartó la mirada, frunciendo un poco el ceño.

—No… No realmente…

—Entonces no quiero saber.

Aether se llevó una mano a la cara y luego suspiró.

—Acabo de sentirme como un imbécil— dijo, viendo a la joven a la cara—. Lo siento por eso, Selene.

—No se preocupe. Estoy aquí para escucharlo cuando quiera que lo escuche y para consolarlo cuando quiera que lo consuele— aseguró, abrazando sus piernas.

Gladio sonrió en ese momento y le dio unas palmaditas en la cabeza. Selene aceptó el gesto con una sonrisa que creció a cada segundo que pasaba.

—Eres realmente confiable.

—Sus halagos realmente son como…

—¿Los de un padre que jamás te felicitó por lo que hiciste bien, generándote una dependencia emocional hacia los hombres?— completó Gladio la oración, sonriendo.

Selene puso la cabeza entre sus rodillas y dejó salir una dulce risita.

—Sí. ¿Cómo lo supo?

—Esta es como la cuarta vez que lo dices— respondió Aether, haciendo que Selene volviera a reírse.

—Si me halagara más, tal vez dejaría de decirlo al estar ya acostumbrada.

Gladio se le quedó viendo en silencio por algunos segundos, cosa que empezó a poner un poco nerviosa a Selene. ¿Se había pasado de la raya? ¿Había interpretado mal el humor de Gladio? Esas preocupaciones se desvanecieron al verlo suspirar mientras sonreía.

—Tienes razón— y con el mismo gesto, la miró directamente a los ojos—. Hoy estás siendo mi salvavidas, Selene. No hay palabras para expresar mi gratitud.

Asutoro sintió su cara enrojecer y volteó la cabeza.

—L-Lo decía de broma…

Gladio rio un poco y luego, miró hacia el cielo.

Selene lo observó de reojo. Gladio no parecía darse cuenta, pero ella solo le mostraba esa faceta suya a tres personas. Su hermano, Ash y por supuesto, a él. Lo que tenían en común dichas personas era que eran sumamente especiales para ella.

Con una sonrisa en el rostro, siguió disfrutando del relajante sonido de las hojas al mecerse.


—Estoy molida…

Lillie se dejó caer en el sofá de la casa, dejando su equipaje en la entrada. Ash la siguió unos segundos después, sentándose a un lado suyo.

—Bueno, es tu segundo viaje en avión después de todo— le dijo mientras reía. Aether aprovechó la cercanía para rodearse con el brazo de su novio.

—Ya estoy extrañando pueblo Paleta…— murmuró— Siempre había un sentimiento de familiaridad a donde sea que fuera.

—Vayamos de nuevo algún día— le sugirió Ash, sonriendo. Quería volver a ver a Amber tan pronto como pudiera.

—Sí. Eso suena como una buena idea— asintió Aether.

—Bueno, mientras ustedes están en eso, yo iré a cargar mi batería. He estado funcionando varios días sin descanso— Rotom pasó de largo hacia la habitación donde dormía Ash (ya que Lillie dormía en el sofá)—. Nos vemos mañana.

—Pika Pi…— murmuró el roedor, caminando también detrás de la Pokédex. Tenía un rostro somnoliento.

—Descansen, chicos— les dijo Ash.

—Hasta mañana— los despidió Lillie.

Y así, solo quedaron ellos dos.

—¿Has tenido noticias de Gladio?— preguntó Ash, comenzando a acariciar la cabeza de la rubia, quien asintió.

—Dijo que seguía con los gemelos en Ula-Ula. Van a pasar la noche ahí y luego regresarán a Melemele al mediodía— respondió, tratando de ver el rostro de Ketchum.

Se sonrieron y luego, Ash le dio un pequeño beso en la frente. Lillie simplemente suspiró.

—Deberíamos conseguir un apartamento para nosotros— dijo de pronto, haciendo que el azabache abriera los ojos de par en par.

—Woah… ¿A qué viene eso tan de pronto?...— preguntó, realmente sorprendido.

—Bueno, pienso lo mismo que tú. Hacer cosas de pareja en esta casa definitivamente no es correcto, no considerando las cosas que han pasado aquí, sin mencionar que es el hogar de mí hermano.

Ash recordaba la conversación que habían tenido hacía algunas semanas y seguía pensando lo mismo. Besarse apasionadamente y otras cosas estaba bien, pero hacerlo en casa de Gladio era un absoluto no-no.

—Y aparte de eso…— la rubia se sonrojó un poco— también quiero nuestra propia privacidad, ¿sabes? ¡Y también quiero respetar la de mi hermano! ¿Q-Qué pasa si quiere traer a una chica aquí pero no puede porque estamos nosotros?

Ash le daba la razón. Su privacidad y la de Lillie eran importantes, pero era igualmente importante la privacidad de Gladio. Necesitaban comenzar a hacer sus vidas y por ello, era normal que se mudaran a otro lugar donde pudieran tener su espacio como pareja.

—Aunque no quiero dejar a mi hermano viviendo solo… Tampoco me gustaría mudarme demasiado lejos. Lo ideal sería algún lugar que esté a algunos minutos de caminata…— le dirigió una radiante sonrisa— Poder venir a verlo y comer con él como siempre lo hacemos sería realmente agradable, ¿no lo crees?

—Lo sería. Realmente lo sería— asintió Ketchum.

La rubia se giró hacia el frente y sacó de su bolsillo un teléfono celular. Habían decidido hacía algún tiempo que no podía contar con que Rotom estuviera ahí siempre para ella, por lo que terminaron comprándole uno.

—Algún lugar cerca… ¿Crees que haya algo? Actualmente toda Alola sigue bajo constantes reparaciones por lo que muy seguramente las agencias inmobiliarias también sufrieron un gran golpe… Podríamos comenzar buscando el lugar más cercano y conforme las heridas vayan sanando, tal vez podamos mudarnos a un lugar incluso más cercano que el anterior— rio un poco—. No es por nada, pero ser la heredera de una fundación multimillonaria me arregla bastante la vida… ¡Ah! ¡Este lugar se ve bien! ¿Deberíamos ir a verlo?

Ash se perdió en el movimiento de sus labios y en lo armoniosas que sonaban sus palabras. Recordaba a la Lillie que había conocido. Estaba seguro de que si le hubieran dicho a su yo de diecisiete años cronológicos, que en un futuro muy próximo esa misma Lillie estaría investigando apartamentos para hacer ahí su pequeño nidito de amor, él ni siquiera habría sabido lo que eso significaba y cuando se lo explicaran, no lo habría creído.

La abrazó, rodeándola por la cintura y recargando el mentón sobre su hombro derecho.

—¿Eres la misma Lillie que conocí hace tanto tiempo?— le preguntó con los ojos cerrados y una sonrisa.

Aether también sonrió y dejó de lado su teléfono. Acarició sus azabaches cabellos.

—No. Soy Lilliesfuérzate. De vez en cuando también me dicen Negocillie— bromeó, recargándose en el pecho de Ash—. Aunque tú puedes llamarme "amor".

Ash se quedó callado por un momento, luego rio y asintió.

—Tal vez lo haga— dicho eso, se acomodó bien en el sofá. Lillie de inmediato notó lo que quería hacer.

—Lo apruebo, pero primero quítate la prótesis y el zapato, jovencito— le dijo, quitándose ella las deportivas.

—No puedo… Estoy discapacitado…— murmuró, acostándose todavía más en el sofá.

Lillie, divertida, dejó salir un pequeño suspiro y se puso de pie. Caminó hacia el cuarto donde dormía Ash y sacó una manta y una almohada, lanzándoselas a su perezoso novio. Acto seguido le quitó la pierna protésica, así como el zapato derecha. Tras apagar las luces y comprobar que la puerta estuviera cerrada, regresó al sofá.

—Con eso está listo— le dijo, volviendo a recostarse entre sus brazos. Los cubrió a ambos con la manta.

Ash tomó la almohada entre sus manos y la colocó en el reposabrazos donde estaba apoyando la cabeza. Se veía bastante somnoliento.

—Que calientito…— murmuró el azabache, sonriendo y dejando que sus ojos se cerraran.

Lillie se acomodó bien y se preparó para dormir.

—Estoy realmente feliz… de haber vuelto atrás…

Aether entonces abrió los ojos. Se giró hacia Ash, notando que ya estaba dormido.

Se le quedó viendo por algunos segundos más y volvió a acomodarse.

Mientras su cerebro pensaba, sus ojos estaban clavados en el techo.

Al final, terminó durmiendo bien entrada la noche.


Se despertó con el brazo acalambrado y con un dolor de cuello particularmente molesto. Vio a la persona sobre él y sonrió.

Dormir así duele…, pero vale la pena…

Movió un poco a Lillie, quien solo dejó salir un pequeño quejido.

—Es de día— le susurró al oído, dándole un beso en la sien—. Hay que despertar.

Aether nuevamente se quejó y se movió, de forma que podía abrazarlo sin problemas.

—Dormí tarde… Todavía no quiero… despertarme…— musitó.

Ash simplemente sonrió y se mantuvo en esa posición por casi diez minutos más. Al final, cuando sintió que su cuello dolía todavía más, tuvo que ponerse de pie.

—No te vayas…— le pidió Lillie entre sueños, extendiendo su brazo derecho hacia él.

Ketchum no pudo evitar sentir que su corazón se derretiría al verla así, por lo que tuvo que darle un beso en la mejilla antes de empezar con su rutina diaria.

Antes de ir al baño o hacer cualquier cosa, primero tenía que ponerse la prótesis y aclimatar el muñón para ella. Tras unos pequeños calentamientos, finalmente pudo hacer sus necesidades, enjugarse la boca y limpiarse la cara.

Mientras terminaba de pasarse una toalla por el rostro, escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose. Al recordar que Lillie dormía en el sofá, se abalanzó hacia la salida del sanitario con todo y toalla en mano.

Ahí estaba Gladio, dejando su mochila a un lado de la puerta, mirándolo con intriga.

—¿Por qué el apuro?— preguntó el rubio, arqueando la ceja izquierda.

Ash casi dejó salir un suspiro de alivio, pero la curiosidad pudo más.

—¿Qué haces aquí, Gladio? Lillie me dijo que volverías al mediodía… ¿Cómo llegaste tan…?

—Kaguron.

—… Kaguron…

Aether volteó a ver hacia todos lados y nuevamente centró sus ojos en Ash.

—¿Solo estás despierto tú?— preguntó.

Ketchum asintió.

—Al parecer Lillie se durmió tarde y cómo ni Rotom ni Pikachu han salido del cuarto…— respondió, rascándose la nuca mientras caminaba hacia la cocina por un vaso de agua.

Gladio lo siguió con la mirada y tras segundos de silencio, habló.

—¿Quieres salir a desayunar?

Ash sonrió al escuchar la propuesta.

—¡Mañana de chicos!— exclamó, dejando el vaso a un lado y caminando hacia su equipaje. De ahí sacó su billetera (recién regalada por Red) y su gorra— ¡Vamos!

—Espera un momento— Gladio estaba en la cocina, escribiendo algo sobre un papel—. Les estoy dejando una nota.

Ash esperó en silencio, viéndose emocionado por la llamada "mañana de chicos". Fue tras unos diez segundos que Gladio puso un pedazo de cinta adhesiva en el papel y lo pegó en la frente de Lillie.

—Vámonos— le dijo a Ash, tomando las llaves del automóvil que rentaba y abriendo la puerta.

—¿No vas a agarrar tus cosas?— interrogó el azabache, cruzando el umbral.

—Llevo mi billetera en mis bolsillos. ¿Por qué la llevas tú en tu equipaje?— preguntó él, viéndolo con confusión.

—¿No se lleva ahí?

—Puedes hacerlo, pero es muy poco práctico. No aprovechar los bolsillos es un desperdicio— le dijo mientras arrancaba el auto.

—Tienes razón…— Ash terminó de abrocharse el cinturón— ¡Nuestros bolsillos sí pueden llevar cosas! ¿Has visto los de las mujeres? ¡Ahí no cabe nada!

—Los he visto— admitió, acelerando—. Parecen más adorno que otra cosa. Aunque no es como que yo entienda de moda.

Ash entonces se fijó en el cielo. El sol parecía haber salido hacía realmente poco y eso lo confundió.

—Espera, ¿qué hora es?— preguntó, haciendo que Gladio viera la radio del auto de reojo.

—Las seis cincuenta. ¿Por qué?

—Es realmente temprano…— murmuró, rascándose la mejilla— ¿Encontraremos algo abierto?

—Hay un lugar cerca— asintió—. Solía visitarlo bastante con Lillie los días previos a nuestro entrenamiento en Poni.

—Ya veo…

De la nada, Gladio dejó salir una pequeña expresión de frustración.

—Olvidé que esta calle estaba en reparaciones— masculló, dando una vuelta en u y retornando por donde había llegado.

Ash se fijó bien en la calle. Cinco de los edificios que estaban ahí tenían sus fachadas en remodelaciones y tanto el pavimento como el sistema de drenaje estaban siendo restaurados. Apartó la mirada.

—Entonces, ¿no desayunaste nada antes de regresar a Melemele?

—No. No tenía hambre, realmente.

—¡Entiendo! Por cierto, ¿qué tal les fue a Elio y Selene? ¿Tuvieron un combate doble también? ¡Cuéntame con detalles!

—Imaginaba que querrías saberlo— Gladio sonrió—. Esos dos se han fortalecido mucho. Lo veas como lo veas, no son las mismas personas que eran en un inicio. Aunque para ser honestos, les falta técnica y habilidad en ciertas cosas.

—¡Ah, lo entiendo! Todo el mundo es así en sus inicios, ¿verdad? Puede que tú y tus compañeros sean fuertes, pero todavía son débiles en muchos otros sentidos…— con una sonrisa, volteó a ver a Gladio— ¿A Elio le sigue pasando eso?

—Le sigue pasando— asintió Aether, también sonriendo.

Ash dejó salir una carcajada al recordar la voz aguda que le salía al Asutoro ocasionalmente cuando daba una orden y estaba bajo presión.

—¡Debe de ser la adolescencia!— supuso.

—Pese a esos defectos, lograron ganar… O bueno…

—Ah…— Ketchum entrecerró los ojos— No me digas que Nanu…

—Se rindió, sí— Gladio dejó salir un pequeño suspiro—. Era el punto más clave de la batalla y estaban realmente parejos. Un duelo entre el Incineroar de Elio, el Decidueye de Selene y los Pokémon de Nanu, un Absol y un Krookodile. Claro que tras llevarse semejante golpe los gemelos no se quedaron para nada conformes, pero no pudieron hacer nada. "Estoy lisiado y cansado. Yo me rindo". Luego se quedó dormido en su lugar; tuvimos que moverlo a un sitio con techo.

Ash dejó salir un fuerte suspiro.

—Entiendo a Elio y Selene… La batalla estaba siendo increíble, odié cuando nos dejó así colgados…— se quejó y luego, sus ojos se pusieron vidriosos.

—¿No crees que fue hace muy poco como para ponerte nostálgico?— preguntó Gladio con una media sonrisa.

Ketchum simplemente se rio.

—Bueno, muchas cosas han pasado…

Con la mirada en la carretera, el rubio asintió.

—Sí. Supongo que sí.

Cuando llegaron al restaurante y entraron, el lugar se volvió un escándalo. Los pocos comensales que había ahí los volteaban a ver y el personal rápidamente se acercó a atenderlos.

—¡S-Señor Gladio y señor Ash!— quien los recibió era un hombre vestido en un saco mucho más formal que los uniformes convencionales de los otros trabajadores. El gerente, supusieron— ¡Es un auténtico placer tenerlos aquí! ¡Permitan que nosotros…!

—¿Está Linda?— preguntó el rubio, viendo hacia todos lados— Ella nos atendía a mi hermana y a mí siempre que veníamos.

Apenas preguntó eso, el ánimo del personal se apagó notoriamente. Trataron de ocultarlo.

—Linda…— el gerente forzó una sonrisa— Lo siento, señor Gladio, pero Linda fue despedida hace algunas semanas. Hubo cierto incidente que…

—Entiendo. Disculpe si fui grosero— se apresuró a decir el rubio.

El hombre se apresuró a negar con la cabeza.

—¡No, no! ¡No se preocupe!— dio unas cuantas palmadas y miró a su personal— ¡Vamos, alguien guíe a los señores Aether y Ketchum a un buen asiento!

La elegida terminó siendo una joven de la edad de Mallow, unos dieciocho años. Un poco rellenita, de lindo rostro y pelo atado en una cebolla.

—¡M-Mi nombre es Mary! Lo... Los estaré atendiendo el día de hoy— les dijo, visiblemente nerviosa—. Si pudieran seguirme…

Gladio no pudo evitar pensar en la similitud que había entre el nombre de esta chica y el de cierta persona que conocía. Ash, por otra parte, apenas había apartado su mirada del nervioso gerente, quien se retiraba a su oficina.

—Entonces… ¿Quién era Linda?— preguntó Ketchum con una sonrisa.

—Cuando Lillie y yo veníamos a comer aquí, ella era la que nos atendía siempre. Parecía una chica amable y siempre hablaba a las personas con una sonrisa— Gladio sonrió—. Dijo que soñaba con ser actriz de voz y que trabajaba aquí para pagar sus estudios. Ciertamente su voz era preciosa.

—Ehhh…— Ash se vio pensativo, todavía sonriendo— ¿Por qué la habrán despedido?

Y apenas preguntó eso, notó un sobresalto en la mesera que hacía de guía.

Gladio, por otra parte, negó con la cabeza.

—No lo sé. Podría ofrecerle trabajo en la Fundación si llegara a necesitarlo. La situación actual no es la más fácil y el dinero parecía ser un problema realmente serio para ella. Intentaré pedirle su número al gerente antes de irnos, si es que todavía lo tiene.

Ash miró a Gladio de reojo. Parecía estar hablando en serio.

¿No se daba cuenta? ¿No veía lo raro que era todo alrededor de esa tal Linda? Ketchum sí lo hacía y supuso que Gladio también sería capaz. Para alguien tan observador como Aether, el no notarlo era simplemente imposible.

¿Habría algo rondando por su cabeza? Siguió preguntándoselo aún después de encontrar la mesa ideal.

—¿E-Eh? ¿Están seguros de que quieren estos lugares?...— Mary se veía insegura y nerviosa— Están muy…

—¡Es como tener un balcón!— exclamó Ketchum, fijándose en el gran pedazo de pared faltante que había a unos diez metros de ellos.

—Supongo que nos quedamos aquí— respondió Gladio, viendo divertido la reacción de la joven.

Los asientos de la mesa eran largos sillones booth negros, los cuales tenían espacio para hasta tres personas si se acomodaban bien.

—L-Les traeré el menú enseguida— les dijo Mary, retirándose.

Y cuando regresó, se tomaron su tiempo en decidir qué comer. Tras unos cortos minutos (especialmente eternos para Ash), encargaron sus respectivos alimentos. Mary los anotó con rapidez, les repitió la orden en voz alta y cuando confirmó todo, se retiró nuevamente. Antes de que cualquiera de los dos pudiera intercambiar alguna palabra, un mensaje llegó al Videomisor de Gladio, quien lo revisó.

—Es Rotom— dijo el rubio, leyendo el texto—. Pregunta por nosotros.

—¿Cómo sabe Rotom que llegaste a Melemele?— interrogó Ash, arqueando una ceja.

—Tal vez vio la nota que le dejé a Lillie— respondió Gladio, comenzando a contestar el mensaje—. Quiere que les llevemos de comer, por cierto.

Ash pegó la barbilla contra la mesa.

—Elige tú sus comidas, Gladio, yo me voy a demorar años…— aseguró, cerrando los ojos.

Aether asintió, volviendo a tomar el menú. Mientras el rubio repasaba nuevamente las opciones, unas personas llegaron al lugar.

—Disculpe…— voltearon al mismo tiempo, topándose con un niño pequeño de unos ocho años, una adolescente de unos catorce y un hombre mayor de más de sesenta. El adulto, quien hablaba en nombre de los que parecían ser sus nietos, les sonreía— Son Ash Ketchum y Gladio Aether, ¿verdad? Les pido a ambos una enorme disculpa si interrumpo su comida, pero es que mis nietos realmente quieren tomarse una fotografía con ustedes. ¿Creen que sería posible?

Ash y Gladio intercambiaron miradas, sonriéndose casi al instante.

—¡No hay problema!/Adelante.

Al escuchar eso, tanto el niño como la adolescente sonrieron ampliamente y sus ojos brillaron.

—E-Entonces…— la joven no tenía ni idea de por dónde empezar. Se veía realmente emocionada y nerviosa a la par.

—¡Siéntense, siéntense!— les indicó Ash, haciendo un espacio en su asiento.

Los nietos del hombre, quien ya tenía un teléfono celular en la mano, rápidamente se miraron y asintieron.

El niño se sentó junto a Ash, mientras que la adolescente se puso a un lado de Gladio.

—¿Hay alguna pose que te gustaría poner?— le preguntó Ketchum al niño, quien, aunque sorprendido en un inicio, terminó asintiendo rápidamente.

—R-Recuerdo que hace un tiempo, usted peleó contra Royal Mask… ¿Co-Conoce su nueva pose?— interrogó con una sonrisa.

Ash también sonrió al recordar aquella batalla. Había sido realmente buena… Y ahora que recordaba a Royal Mask, ¿qué había pasado con él? Tras los sucesos de la guerra nunca más había vuelto a aparecer en su línea de tiempo original… Sacudió la cabeza, espabilando.

—¡Si me la enseñas, la haré!— aseguró.

El niño rápidamente hizo la pose. Su espada un poco encorvada y sus brazos, ligeramente retraídos, apuntando hacia la derecha; los dedos extendidos, quedando los anulares y meñiques a una altura menor al resto.

—¡Enjoy!— exclamó el pequeño.

—¿Enjoy?— repitió Ash, confundido pero intrigado.

—¡E-Eso es lo que empezó a decir recientemente! ¡Todo el mundo lo adora!

—¡Ya veo! ¡De hecho, realmente suena genial! ¡¿Qué significa?!

Gladio, por otra parte, le dirigió una mirada a la adolescente. La chica rápidamente captó el motivo de la misma y negó con la cabeza.

—N-No tiene que hacer ninguna pose, señor Gladio…— murmuró, bajando la cabeza y sonrojándose.

Aether asintió.

—En cambio, tú eres libre de hacer la que quieras— le aseguró, haciendo que la chica lo mirara rápidamente. Al parecer, había tenido una idea.

—D-Disculpe… Si no estoy abusando, ¿cree que podría…?— y se acercó para murmurarle algo al oído.

Gladio la escuchó y simplemente dio otra cabeceada.

—Adelante.

Esa simple palabra pareció alegrar la vida de la chica, pues rápidamente agradeció.

—Entonces, ¿están listos?— preguntó el hombre mayor, apuntando la cámara hacia ellos.

—¡Listos!— exclamaron Ash, el niño y la adolescente.

—A la cuenta de tres… Uno, dos…— al mismo tiempo, Ash y el niño hicieron la pose de Royal, mientras que la adolescente se abrazó del brazo de Gladio e hizo el símbolo de amor y paz; el rubio simplemente recargó el brazo sobre la mesa y el mentón sobre la mano, sonriendo— y tres…

El flash de la cámara se vio por unos instantes y de inmediato, los nietos del hombre corrieron a ver el resultado. Con grandes sonrisas en sus rostros, estuvieron más que satisfechos.

—¡Quiero enmarcarla, abuelo! ¡Vamos a imprimirla!— pidió rápidamente el niño, haciendo que su hermana mayor asintiera con fuerza.

—Ah, si no es molestia— voltearon a ver a Ash, quien tenía una mano levantada mientras sonreía—, ¿creen que podrían mandarme la foto?

La familia se vio realmente sorprendida por esta petición, pero a la vez, halagada.

—Bueno, yo no sé cómo funcionan estos aparatos y este en particular es de mi nieta, así que…

Sin perder tiempo, la adolescente tomó el teléfono entre sus manos y se acercó a ellos.

Al final, ya que Ash no tenía ningún dispositivo móvil con él, fue Gladio quien tuvo que recibir la foto por conexión inalámbrica. No mucho después de que eso pasó, llegó el momento de despedirse.

—¡Muchas gracias por su servicio!— exclamaron los hermanos al unísono mientras regresaban a su mesa.

Ash y Gladio los despidieron mientras que al mismo tiempo, su comida llegaba.

Algo que Ash no notó fue que, mientras Gladio comía, ordenaba la comida para llevar y pagaba, había estado apretándose con fuerza la rodilla derecha.

Cuando finalmente llegó la hora de salir, Gladio le dijo algo que lo intrigo de sobremanera.

—Hay algo de lo que debemos hablar.


Ash había estado pocas veces en el bosque de Melemele. Muy pocas veces, de hecho, quizá solo tres o cuatro. Al contrario que Gladio, quien había vivido en la isla por más de un año, él no sabía muy bien cómo moverse por el lugar.

Por ello, cuando aparcaron a la orilla del camino, bajaron del auto y comenzaron a caminar entre los árboles, Ash no dejó de sentir curiosidad por el destino al que estaba siendo llevado.

Sus dudas se despejaron cuando, tras subir una empinada colina, llegaron a un observatorio natural. Libre de árboles y con una hermosa vista a toda ciudad Hau'oli; un claro elevado y oculto, ocupado solamente por una roca del tamaño de una banca.

Ash sintió como sus ojos brillaban al ver el hermoso paisaje; al recordar la belleza que había en el mundo terrenal. Aunque el camino había sido un tanto doloroso para su muñón izquierdo, había valido totalmente la pena.

—Increíble…— murmuró, adelantándose lo más posible— ¿Cómo encontraste este lugar, Gladio?

Y aunque esperó pacientemente una respuesta mientras veía el sol elevarse cada vez más, no recibió ninguna. Desconcertado por la falta de habla, giró la cabeza.

El rubio tenía la mirada clavada en el piso y los puños bien apretados. Su rostro estaba mucho más pálido de lo usual, mostrando una expresión de preocupación y temor. Era algo que definitivamente no verías todos los días en Gladio Aether.

Ash, claramente preocupado por el estado de su amigo, comenzó a acercarse a él. Fue al notar eso que Gladio soltó la bomba.

—No me entregué— y apenas dijo eso, Ketchum se detuvo. Gladio cerró los ojos con fuerza. No quería ver su rostro. No todavía—. Ayer fui a hablar con Nanu. Le confesé mis crímenes y le dije que cumpliría cualquier sentencia que me diera. Él decidió que mi encarcelamiento sería algo negativo para la moral del mundo, por lo que me dio a elegir entre seguir adelante con mi decisión o continuar en libertad para redimirme con mis acciones… Él me dio a elegir y yo… y yo…— apretó los dientes, sintiendo como un inmenso terror llenaba su ser. Levantó la mirada, encarando a quien consideraba como su mejor amigo—, elegí no entregarme… Quería hacerlo. Mi sentido de lo correcto me gritaba que lo hiciera, pero mis deseos me lo impidieron. Fui débil; cedí ante la primera oportunidad y tomé la salida fácil… Todo lo que te dije que haría; todas las palabras que salieron de mi boca y toda mi determinación, al final no valieron nada… Hace tiempo, solía pensar que si tu palabra no valía nada, entonces tu vida tampoco… ¿Puedes creerlo? Yo, de todas las personas, falté a mi propia palabra… Yo…— nuevamente, cerró los ojos— no quiero que me alejen de ustedes, pero al mismo tiempo, prefiero morir antes que tener que seguir cargando con esta culpa— dejó salir una risa forzada y su cuerpo tembló—. Un asesino entre buenas personas…, ¿qué mal chiste es ese?...

Ash de pronto reparó en todas las señales anteriores. ¿Por qué lo había pasado por alto? Aunque para él fuera algo que ocurriría tarde o temprano, pues era parte del pasado, al mismo tiempo era parte de su futuro y más importante aún, del de Gladio.

Podía ver el conflicto en el pensamiento de Gladio. Sus acciones y sus palabras eran contradictorias, incluso ilógicas, pero en una discusión donde el deseo vence a la moral o al mismo sentido común, no puede esperarse mucha coherencia.

¿Qué decía en ese momento? ¿Qué podría convencer a Gladio y al mismo tiempo, mantener su fachada? Si simplemente estaba de acuerdo con la decisión, era obvio que habría sospechas y era normal, su yo de diecisiete años no habría estado a favor de la decisión de Gladio o al menos, no la habría aceptado tan fácilmente.

Pero ya no tenía diecisiete años. Mentalmente, y si contaba los siete años que se sintieron como diecisiete, tenía unos treintaicinco años. Eso sin mencionar el conocimiento que poseía, el cual iba más allá del que tenía cualquier ser vivo.

Considerando todo eso y si tenía que elegir entre la estabilidad mental de su amigo o su propia coartada, entonces elegiría.

Y su elección fue…

—Yo morí— vio la lentitud e incredulidad con la que Gladio lo miró. Lo vio fijamente a los ojos, como si estuviera esperando el remate de alguna retorcida broma. No hubo remate—, pero sobreviví a la misma muerte.

Gladio rio nerviosa y forzadamente, sin dar crédito a lo que oía.

—¿Una referencia a "La era de hielo" en este momento? ¿En serio?— preguntó. Tras algunos segundos, se quedó completamente serio. El rostro de Ash le decía que no estaba jugando.

—Originalmente, yo morí en ese planeta— comenzó a contar el azabache, haciendo que Gladio temblara de pies a cabeza—. Necrozma desintegró mi pierna izquierda y las heridas me hicieron perder la consciencia. Morí junto con él cuando se autodestruyó. Yo no… debería de estar vivo…

La boca de Aether se fue abriendo de poco en poco y preguntó lo primero que se le vino a la mente.

—No estás mintiendo, ¿cierto?...

—No. No estoy mintiendo.

Fue la confirmación verbal de lo que ya sabía lo que le dio una segunda sacudida.

—¿Entonces cómo…?

—Arceus decidió que valía la pena salvarme— se llevó una mano a la frente, frunciendo el ceño—. Los recuerdos están un poco borrosos en mi memoria, pero me dijo que lo había hecho porque sentía que me lo debía. Que era una recompensa por todo lo que había sacrificado y también, una forma de devolverme un favor que le hice hace mucho tiempo.

—¿Cómo es eso posible?...— de pronto, un pinchazo de miedo le llegó— Entonces, ¿nada de esto…?

—Nada de esto ocurrió originalmente, no— negó Ash con la cabeza.

Gladio nuevamente se sintió aturdido. El día anterior, su conflicto interno lo había abrumado. Ahora eran las infinitas posibilidades las que habían hecho de su cerebro un desastre. Inconscientemente, tal vez tratando de descubrir los secretos detrás de todo el asunto, preguntó lo siguiente.

—¿Cómo lo hizo? ¿Cómo funciona eso?... ¿Cómo es posible revivir a alguien que murió?— y sin saberlo, una chispa de esperanza se encendió en su interior. Si descubría la verdad, tal vez podría traer de vuelta a sus víctimas… Tal vez Amapola…

—Arceus tuvo que reunir mucha energía para lograrlo. Fue un procedimiento muy complicado, pues no se supone que quienes mueren deban volver a la vida— y esa esperanza desapareció, reflejándose en su rostro. Ash sintió remordimiento pues, aunque todo lo que le había dicho antes era tal y como había pasado, ahora tendría que comenzar a mentirle—. Él tomó mi alma y la transportó hasta el punto exacto en el que yo moría, fusionándola con la de mi yo del pasado. Estuve muerto por más de dos años.

Gladio abrió los ojos de par en par.

—¿Más de dos…?— y entonces, varias señales cruzaron por su cabeza— Esa vez… Esa vez, cuando nos reunimos para ver "El rey Infernape" y terminamos viendo "Fin de semana sangriento"… Tú dijiste que habías visto antes la película; que no daba miedo…

—En el futuro que yo conocía, Acerola llevaba la película equivocada— sonrió levemente—. Una pésima película de terror que los hizo reír a todos.

Gladio de pronto sintió que todo tenía sentido. Desde los detalles más mínimos hasta aquel ensordecedor llanto que salió de Ketchum el día que despertó del coma.

—En el tiempo que estuve muerto, vi muchas cosas. Muchas de ellas me gustaría olvidarlas, pero todas son útiles para hacer de nuestro presente y de nuestro futuro algo mejor— Ash hizo de tripas corazón y se dispuso a hablar de las cosas que había visto en sus primeros dos años muerto.

Habló de la separación del equipo S&M y Hau. Del aislamiento progresivo de Lillie. Del espíritu de lucha de los Asutoro, el cual había disminuido hasta casi desaparecer. De la muerte de la familia Ketchum. Del fracaso rotundo que fue la Liga Pokémon… De la destrucción de sueños y aspiraciones.

Gladio escuchó el horrible futuro que les habría esperado si él hubiera muerto. Sus parpados bien separados y su boca entreabierta.

—Esa línea del tiempo… Aquel futuro en el que todo fue mal… ¿Qué ocurrió? ¿Qué pasó cuando te fuiste?— y Ash sintió como su estómago se revolvía pues era la pregunta que no quería responder.

Había inventado una historia desde el primer día, pues sabía que tarde o temprano tendría que revelar la verdad. Lo quisiera o no, la verdad siempre salía a la luz y por ello, lo hizo.

El primer gran cambio en su mentira era la cantidad de tiempo que había estado muerto. Lo había reducido de siete años a solo dos. Era una cifra mucho más digerible y le permitía explicar la mayoría de los eventos a corto plazo.

El segundo gran cambio era la forma en la que Arceus lo había revivido. Esto se tuvo que hacer para darle coherencia al tercer gran cambio: el destino de su línea temporal original y el funcionamiento de las mismas.

Ketchum cerró los ojos, disculpándose con su amada Lillie. No la estaba negando, solo protegía a quienes le importaban con una mentira piadosa. Porque si algo había aprendido estando muerto, era que, aunque la verdad siempre salía a la luz, había algunas que debían quedarse ocultas a toda costa.

—Cuando cambié todo, esa línea de tiempo también cambió. Alteré el futuro y ahora, nosotros estamos construyendo uno completamente nuevo.

—Ya veo…— murmuró Gladio. Se veía aliviado y al mismo tiempo, un tanto preocupado por todo lo que había sido alguna vez.

—Pero te conté esto por una razón, Gladio— aseguró Ash, atrayendo la atención del rubio—. Te lo conté porque hay algo que quiero que entiendas. Algo que en este momento y en este lugar, solo yo puedo decirte.

Aether lo vio a los ojos y a su mente regresó el motivo principal por el que estaban ahí. Tragó saliva al ver la seriedad en su rostro. Tras segundos de tensión, el joven de Paleta volvió a abrir la boca.

—Estando en prisión no cambias nada. Puedes hacer un verdadero impacto, pero solo si estás libre y vivo.

Aunque se había relajado un poco, la expresión de Gladio se veía rígida. Su rostro mostraba su insatisfacción.

—… Cuando hablé con Amapola en la cueva de Fini, ella me dijo algo muy ambiguo… Algo cuyo verdadero significado no he podido interpretar— Ash lo escuchó en silencio—. Ella dijo que, aunque no pagara en vida, tal vez pagaría lo doble en muerte, pero que aunque así fuera, nos volveríamos a encontrar…— pasaron segundos hasta que el rostro de Gladio Aether volvió a su habitual expresión firme y seria— Dímelo con toda sinceridad, Ash. Si existe un infierno, ¿voy a ir ahí cuando muera?

—No lo…— la mirada de Ash mostró duda y Gladio lo notó.

—La verdad, Ash. Esta es una mentira piadosa que definitivamente no quiero oír.

Y ante su determinada mirada, cedió.

—Sí…— respondió con voz baja.

Gladio se quedó en silencio. Caminó hacia la piedra que había en el lugar, tomando asiento. Fue entonces que una sonrisa se dibujó en su rostro y en pocos segundos, soltó una carcajada. Ash lo miró, realmente confundido, pero dicha confusión pronto cambió a preocupación al escuchar como la carcajada se convertía en un sollozo.

—Gracias a Dios…— dijo Aether, llevándose las manos al rostro— Creía temer el castigo por mis actos. Ahora me doy cuenta de que en realidad estaba aterrado de no recibir ninguno…— se descubrió la cara, mostrando nuevamente una sonrisa— Aunque me odie eternamente por elegir mi libertad a la justicia, podré sobrellevarlo al saber lo que me espera al final… Tal vez no pague en vida, pero tengo la seguridad de saber que no quedaré impune… Sé que todo el mal que he hecho no será pasado por alto. ¿No es extraño sentirse aliviado por eso?...

Ash quería decir algo más. Quería hacerle saber que podía acortar su sentencia haciendo el bien, pero apenas separó sus labios, Gladio lo interrumpió.

—No quiero saber nada más acerca de mi futuro— le aseguró—. Ahora, solo viviré mí vida disfrutando cada momento junto a quienes amo— sus ojos mostraban una convicción renovada—. Cumpliré mi acuerdo con Nanu. Mis acciones harán un cambio positivo en el mundo. Me esforzaré por hacer que así sea… Dicho esto…— se puso de pie y caminó hacia Ash, rodeándolo en un repentino abrazo— me alegro de no haber perdido a mi amigo nuevamente… Me alegro… de que estés aquí para guiarnos a todos; de que no me hayas repudiado.

Ash sonrió y le correspondió el abrazo.

—Si no supiera lo que sé, tal vez no habría estado de acuerdo con tu decisión, pero tampoco te habría odiado. No puedo odiar a un buen hombre.

Gladio se separó de él, sonriéndole.

—No eres imparcial conmigo.

Ash negó.

—No suelo serlo con mi familia.

La sonrisa de Aether se amplió un poco más y le dio unas palmadas en los hombros a Ketchum.

—Vámonos. Dejé comida en el auto.

Y entonces, Ketchum reparó en algo. En algo que era realmente importante mencionar y aclarar cuanto antes posible.

Sujetó a Gladio del hombro, haciéndolo girar.

—Sé que dijiste que no querías saber nada más de tu futuro, pero necesitamos ir a un lugar. Hoy mismo.


—Okey, ¿alguien podría explicarme a dónde vamos exactamente?— preguntó Rotom.

—Al Poké Resort— respondió Ash.

—¿Y por qué viene Lillie?

—Porque Ash me dijo que también debía venir— contestó la rubia.

—¿Y por qué viene Gladio?

—Porque Kaguron es mi Pokémon— respondió Aether.

—¿Y por qué vengo yo?

—¡Porque eres parte esencial del equipo!— exclamó Ash.

Rotom simplemente recibió con gusto el comentario.

—… ¿Y entonces por qué viene Hau?

—Porque Elio no estaba por ningún lado. ¡No quería quedarme solo!— respondió Mahalo.

—¡¿Y por qué viene Elio?!

—Porque Selene no quería venir sin mí— dijo el Asutoro. Selene, a su lado, sacudió una mano a modo de saludo.

Rotom los miró a todos, dándose cuenta de que estaban aguantándose la risa.

—¿Organizaron todo esto solo para burlarse de mí?...

Nadie pudo negarlo realmente. Pikachu, por otra parte, se rascaba la cabeza. ¿Era una broma? No la había entendido.

Mientras Kaguron volaba sobre los mares de Alola, los miembros del equipo S&M conversaban entre ellos. Gladio y Ash intercambiaron miradas, pues uno de ellos había decidido dar una noticia en ese preciso momento.

—Entonces…— Gladio subió la voz más de lo normal (lo normal era de por sí alto, considerando que tenían que hablar casi entre gritos por el viento), atrayendo la atención de todos— Voy a irme de Alola en los siguientes días.

Las reacciones, aunque variadas, todas compartían algo en común: la sorpresa.

—¡¿Tú también?!— exclamó Elio, con la boca bien abierta.

—¡¿Por qué tan de pronto, Gladio?!— Hau lo veía con los ojos bien abiertos. Tuvo que cerrarlos porque el viento comenzó a calarle.

—Al final solo Ash, Lillie y yo nos vamos a quedar aquí…— murmuró Rotom.

Selene y Lillie, por otra parte, no decían nada. Sus rostros solo mostraban una enorme sorpresa.

Al final, la primera en espabilar fue la rubia, quien le sonrió a su hermano.

—Será muy triste no tenerte alrededor, pero si es algo que decidiste, te apoyaré con todo mí ser— hizo un pequeño puchero—. Aunque no me hayas contado nada de antemano, aun así te prometo que iré a limpiar la casa una vez a la semana.

Gladio le sonrió.

—¿Ya estás haciendo planes para mudarte?

Lillie simplemente se rio, haciendo que el rubio cerrara los ojos mientras mantenía su gesto.

—¡Yo también ayudaré a limpiar, por supuesto!— exclamó Ketchum.

—Permítanme ayudar también— escucharon decir a Selene, quien fruncía levemente el ceño—. Yo… también quiero ser de ayuda.

Gladio también le sonrió a ella.

—Te estaré agradecido, Selene.

—¡¿Y a mí no?!

—A ti también, Ash…

Hau y Elio voltearon a verse.

—¿Nos… ofrecemos también?— preguntó el Asutoro, provocando una ola de carcajadas— ¡E-Ey, ¿de qué se ríen?! ¡Pregunto en serio!... ¡No es gracioso!


Y finalmente, aterrizaron. El Cayo Recreo pronto se llenó de Pokémon curiosos, quienes se acercaron a ver lo que estaba pasando. Algunos de ellos salieron corriendo hacia la pequeña isla que había en medio del archipiélago.

—¡Este lugar me trae mucha nostalgia!— exclamó Lillie, sonriendo al ver de nuevo el Poké Resort— ¡Hola a todos!— saludó a los Pokémon, quienes se acercaron a ella para jugar. Acto seguido, la rubia dejó salir a sus propios monstruos de bolsillo.

Elio, Selene y Hau tenían los ojos abiertos de par en par.

—Es… enorme…— murmuró Elio, mirando fijamente el gigantesco tallo que había podido ver desde la distancia. Selene le dio la razón.

—El abuelo me dijo que este archipiélago existía, pero que era un lugar muy alejado del resto de las islas como para que valiera la pena poblarlo…— murmuró Mahalo, viendo los alrededores.

Gladio, por otra parte, se cruzó de brazos.

—Es un buen lugar. Aquí es donde vive tu socio, ¿no es así?— le preguntó directamente a Ash, sin recibir respuesta. Pronto, todos notaron el hecho de que Ketchum no había dicho ni una palabra.

—¿Está todo bien?— le preguntó Lillie, acercándose a él.

El azabache estaba sudando un poco y cuando la vio, sintió su corazón acelerarse un poco más. Le sonrió y acto seguido, la tomó de la mano, haciéndola girar como si fuera una princesa. La abrazó apenas terminó.

Aether, entre risas, le devolvió el abrazo.

—¿En qué momento te hiciste tan alto como yo?— preguntó mientras seguía riéndose.

Ash no dijo nada y simplemente le dio un beso en la mejilla.

—Te amo— le dijo, dejándola ir.

—Sí. Yo también te amo— Lillie estaba un poco sonrojada, pero indudablemente feliz.

—¡Pika chu!

—¡Por supuesto que a ti también, Pikachu!— la rubia tomó entre sus brazos al roedor, quien comenzó a reír.

Ash vio eso con una pequeña sonrisa y luego, se giró hacia el resto de sus amigos. Elio le daba una mirada aprobatoria; Gladio tenía los ojos cerrados; Selene estaba un poco sonrojada, pero orgullosa y Hau miraba en otra dirección. No pensó demasiado en eso.

—¡Vuelvo en seguida! ¡Espérenme aquí!— exclamó, dando media vuelta y comenzando a correr hacia donde estaba la isla del medio.

—¡Ah, espera, Ash! ¡No corras, tonto!— Rotom le gritó, pero no lo escuchó. Suspiró, rendido.

Los miembros que quedaron del equipo S&M decidieron dejar que sus Pokémon pasearan un rato.

Antes de que se dieran cuenta, un grupo de Pokémon tipo Lucha llegó al lugar, reverenciándose ante Pikachu y ofreciéndole dos prendas: una chaqueta de cuero negra y una bandana que tenía escrita en Tohjo antiguo la palabra "JEFE". El roedor aceptó las ofrendas, colocándoselas de inmediato. Fue levantado en un pequeño trono hecho de madera y alabado.

Hau y Gladio voltearon a ver a Lillie. Los enormes signos de interrogación sobre sus cabezas eran casi visibles. La rubia rio con nerviosismo.

—Es una larga historia…

—¡Que yo contaré!

—¡No, espera! ¡Yo la quiero contar!

Por otra parte, Elio y Selene…

—¡COMO SE ESPERABA DE PIKACHU!— Elio lloraba sin restricciones.

—¡Entrenador y Pokémon, ambos destinados a liderar!— Selene se retiró las pequeñas lágrimas que salieron. Estaba conmovida.


—¡C-Cielos, chicos, ya voy, ya voy! ¿Qué les pasó de pron…?

—¡Mo… Polo!— escuchó que le gritaban. Girando la cabeza con rapidez al escuchar aquella voz, se encontró con alguien familiar.

—¡Ash!— exclamó, cerrando la puerta de su cabaña detrás de él y sonriendo ampliamente— ¡¿A qué se debe tu visita?!— su sonrisa cambió por un gesto de preocupación— ¡¿Pasó algo con tus Pokémon?! Estoy seguro de que los envié con el mejor tipo Volador que hay en el lugar…

—¡No, no! ¡Ellos llegaron perfectamente bien!— Ketchum se reverenció ante él— Muchísimas gracias por cuidarlos, Polo.

—¡No, al contrario, al contrario! Tus Pokémon ayudaron mucho durante la invasión— el rubio se rascó la cabeza—. Si no hubiera sido por ellos, quien sabe cuántos de mis queridos amigos habrían perdido la vida…

Ash le sonrió.

—Imagino que ha estado muy ocupado…

Polo dio una cabeceada.

—Hay algo que he querido hacer desde hace semanas, pero las reparaciones del lugar simplemente no me permiten despegarme de aquí… Estamos en la fase final y todos los Pokémon heridos ya están recuperados, así que pronto podré…— el adulto sintió sus ojos ponerse vidriosos y rápidamente se pasó una mano por la cara. Ash vio esto con consternación— L-Lo siento, Ash… Es solo que…— rio, rascándose la cabeza— ¿Sabes?... ¡Descubrí que tengo un hijo! Tal vez no me creas, pues seguro que es alguien muy famoso. ¡Es el heredero de la Fundación Aether, después de todo! Imagino que solo con esto te das una idea de quien…

—Polo…— lo interrumpió, dando media vuelta y haciendo que el rubio lo mirara con un poco de sorpresa— ¿Podría seguirme, por favor?

Polo parpadeó varias veces, confundido. ¿Esa noticia no había tenido ninguna reacción? Supuso que tal vez a Ash no le importaba su vida privada y solo estaba ahí para hacer negocios... Se dio unas palmaditas en el rostro y asintió.

—Aunque, Ash… De hecho, mi verdadero nombre es Mohn— corrigió.

Ash giró un poco la cabeza, sonriéndole.

—¡¿En serio?!

Mohn arqueó una ceja. ¿En serio no tenía nada que decir al respecto? Decidió que era mejor no pensarlo mucho, así que se dispuso a seguirlo.

Aunque el hombre pensaba que su vida no le interesaba a Ash, en realidad era todo lo contrario.

Mientras lideraba la marcha con la mirada al frente, las manos de Ketchum temblaban, su rostro sudaba y su corazón latía como loco. Iba a pasar. El reencuentro iba a pasar.

¿Cómo se lo tomaría Lillie? ¿Cómo se tomaría Lillie el hecho de que su padre no recordaba absolutamente nada de ella?... ¿Las cosas serían diferentes? ¿Su relación tendría arreglo? Ash apretó los dientes, frunció el ceño y su paso se afirmó.

Este era un nuevo futuro. Un nuevo futuro escrito por ellos.

Por él.


Gladio estaba recargado contra Kaguron, viendo directamente hacia el gran tallo que había frente a ellos. Sonrió, analizando las pequeñas Pokéhabas que había en su palma.

A papá le habría encantado este lugar…— pensó, llevándose una a la boca y masticándola— Cuando me hayan dado mi castigo…, también podré ver a papá...— ante ese pensamiento, una sonrisa se dibujó automáticamente en su rostro. Esperaba que él y Amapola se llevaran bien.

Vio como los Pokémon jugaban entre ellos y entonces, sintió como se sentaban a un lado suyo. Se giró, encontrándose con Selene.

—He decidido que aprenderé artes marciales— le dijo Asutoro, sonriéndole.

Gladio parpadeó, sorprendido por lo repentino de la situación.

—Si nadie enseña el Camino de la iluminación, entonces lo enseñaré yo. Es lo que me dijo, ¿cierto, señor Gladio?— le recordó.

Aether se quedó en silencio por un momento, para después acariciarle la cabeza.

—Sí. Lo dije. Te estaré animando con todo mi ser, Selene— aseguró, también sonriéndole.

La sonrisa de Asutoro se hizo más grande. Miró hacia el frente.

—¿A qué parte del mundo irá, señor Gladio?

El rubio también dirigió su mirada hacia el gigantesco tallo.

—Hacia todas ellas. Iré a donde se me necesite, me fortaleceré para así poder ayudar más y dentro de un año y medio…— antes no pensaba tan a futuro. Se sintió bien el poder hacerlo—, me convertiré en el primer Campeón de Alola.

Selene asintió.

—Tal vez nos encontremos en el camino— con una mirada llena de determinación, lo encaró—. Aunque quiero que sepa que no se lo dejaré nada fácil. Haré mi mejor esfuerzo por ganar y ser Campeona.

—Anotado. No te subestimaré— Gladio no había parado de sonreír desde hace un buen rato. Selene se sintió feliz al verlo así.

—Siento como si se estuviera burlando de mí— bromeó, haciendo que Aether riera un poco.

—No sé de donde sacas eso…— y se llevó a la boca otra de las Pokéhabas que tenía en la mano.

Y justo cuando Selene estaba por volver a hablar, escucharon la voz de Ash.

—¡Volví!

Y luego, la de Lillie.

—¡Oh, señor Polo!— exclamó la rubia, aunque no podían verla— ¡Ha pasado mucho tiempo! ¿Ha estado bien?

Y la de Rotom.

—Ha pasado tiempo, Polo. Espero que todo esté bien por aquí.

—¡Lillie, Rotom! ¡Sin duda ha pasado mucho! Me da mucho gusto volver a verlos. ¡Y al parecer trajeron muchos nuevos amigos!

Gladio escuchó esa voz y al instante, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Mientras más y más hablaba esa persona, más y más se convencía de haber escuchado esa voz antes.

Rio nervioso mientras se ponía de pie. Era imposible. Era imposible, ¿cierto? Después de todo, esa voz pertenecía a alguien… a alguien que debía conocer perfectamente bien a Lillie…

—¿Señor Gladio?...— murmuró Selene con gran preocupación al ver el rostro de Aether. Era miedo, tristeza, esperanza y nostalgia.

Pero Gladio no la escuchó. Necesitaba ver el rostro de esa persona cuanto antes. Su interior se lo gritaba; lo exigía. Cada segundo que pasaba, la urgencia incrementaba.

Cuando finalmente estuvo de pie y rodeó a Kaguron, pudo verlo. Pudo ver al dueño de aquella voz.

—Mi nombre es Elio Asutoro, un placer— saludó el azabache a Polo, quien de pronto, se quedó paralizado—. Esto… ¿pasa algo?

Ash frunció el ceño.

Lillie, Hau, Rotom y Elio vieron con confusión al hombre, quien parecía tener la mirada perdida. Se asustaron en el momento en el que sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Gladio?...

Todos se sorprendieron al escuchar eso y de inmediato vieron hacia donde "Polo" veía. Ahí estaba Gladio. Sus ojos abiertos de par en par y su respiración agitada.

—¿Conocías al señor Polo, Gla…?

Y antes de que Lillie pudiera terminar de hablar, Gladio dijo algo que dejó a todos de piedra.

—¿Pa… pá?...

Al mismo tiempo, los ojos de todos, Pokémon incluidos, se posaron nuevamente sobre Polo y luego, instintivamente, sobre Lillie. La rubia tenía la mirada perdida y su cerebro parecía estar procesando lo que acababa de escuchar. Dejó salir una risa nerviosa.

—¿A qué te refieres, Gladio?... ¡É-Él es el señor Polo!— pero su hermano no parecía estarla escuchando— ¡Es el dueño del Poké Resort! ¡Ya nos conocemos de antes! ¡No puede…! ¡Él no puede ser…!

Antes de que se dieran cuenta, Polo… No… Mohn, ya había pasado al lado de ellos, caminando directamente hacia el joven rubio, quien hizo lo mismo. En menos de un segundo, Mohn tenía a su hijo entre sus brazos.

—¡Mi… pequeño Litten!...— exclamó en un sollozo; su voz quebrada.

Al escuchar eso, Gladio lo supo. La persona que lo abrazaba con tanta desesperación y que lloraba en su hombro de forma inconsolable, era, en efecto… No… No… Bien podría ser una ilusión… Bien podría…

Cuando Ash le asintió, las dudas desaparecieron.

Ese hombre era Mohn Aether.

Le devolvió el abrazo y al instante, las lágrimas salieron a raudales.

Tenía tantas preguntas y tantas dudas, que simplemente no sabía por dónde comenzar. Su cerebro se hizo un enorme revoltijo de pensamientos e, incapaz de ordenarlos, dejó que su faceta más emocional lo controlara. Dejó que su versión de niño tomara el mando de la situación.

—¿Cómo es…? ¿Cómo es posi…?— un sollozo lo interrumpió— Creí… Creímos… Creímos que habías muerto cuando cruzaste ese Ultraumbral, papá…— musitó, apretando la mandíbula— ¿Por qué no volviste a casa?... ¿Dónde estuviste todos estos años?...

Mohn se apartó de su hijo un momento, dejando que las lágrimas fluyeran. Su mirada mostraba desesperación.

—Sonará como una excusa, creerás que estoy mintiendo y tal vez me odies, pero tienes que creerme, hijo. Te juro que perdí la memoria… Solía hacerme llamar Polo porque no recordaba mi nombre… No recordaba ni siquiera mi edad… Yo… Aunque recuperé mis recuerdos, solo fue una parte de ellos… La única cosa de la que estoy seguro sobre mi anterior vida, eres tú, hijo…— miedo era ahora visible en sus ojos— Por favor… Tienes que creerme, Gladio…

Y no solo Mohn sentía miedo. Al mismo tiempo y una vez más, los ojos de todos se posaron sobre Lillie, quien se había llevado la mano derecha a la boca.

—El Ultraumbral te hizo…— Gladio, entonces, se mostró aterrado. Genuinamente aterrado— ¡No! ¡No, no puede…!

—¡Por favor, hijo! ¡Sé que suena difícil de…!

—¡No es eso!— interrumpió Gladio con fuerza, tomando a su padre de los hombros— ¡No es eso, papá! ¡No puede ser que yo sea lo único que recuerdas! ¡¿Qué hay de Lillie?!

Mohn volteó a ver a la rubia, cuyos ojos comenzaban a producir lágrimas. Confundido por el llanto de la rubia, lo atribuyo a que simplemente le había conmovido el momento, aunque aun así, se sintió mal al verla así.

—¿Lillie?...— con una pequeña sonrisa, volvió la cabeza hacia su hijo— ¡Es la amiga de Ash, por supuesto! ¿Pero qué…?

—¡NO!— Gladio se liberó del agarre de su padre, haciéndolo lucir palidecer— ¡Ella no es solamente "la amiga de Ash"!— con desesperación, apuntó a la chica— ¡Es mi hermana menor!

Y Mohn sintió como el alma se le caía a los pies. Vio a la joven Lillie y notó los parecidos. Ella y Gladio debían de ser, como mínimo, primos. No, era obvio que eran hermanos. Y si él era el padre de Gladio, entonces…

Mohn retrocedió torpemente, llenándose de miedo.

—No… No es…

—¡Es Lillie Aether, hija de Lusamine y Mohn Aether, nacida el dieciocho de noviembre de mil novecientos noventa y seis!— Gladio caminó directamente hacia Lillie, tomándola de la mano y haciendo que se acercara. La rubia estaba en completo shock, por lo que fue incapaz de reaccionar— ¡Mírala bien! ¡¿No puedes saberlo con solo mirarla?! ¡¿De verdad lo olvidaste?! ¡¿De verdad olvidaste todo sobre ella?! ¡¿Todo lo que pasaron juntos?! ¡¿Lo mucho que la amas?! ¡¿A tu princesa?!— se golpeó el pecho, sintiendo como se le oprimía el corazón. Sin darse cuenta, apretó con gran fuerza la mano de Lillie, haciéndola soltar un gemido de dolor.

—¡GLADIO!— le gritó Ash, corriendo hacia ellos.

—¡Dime, papá!— pero el rubio no escuchó— ¡Mírame a los ojos y dímelo! ¡¿De verdad no lo recuerdas?! ¡¿De verdad no sabes quién…?!— su ceño se frunció y sus ojos se cerraron con fuerza. Cuando los abrió, se sintió encolerizado— ¡Es tu hija! ¡Ella es tu…! ¡Es tu…!— al ver que la mirada de incredulidad y terror de Mohn no desaparecía, Gladio se quebró. Con la voz rota y una desesperación que ninguno de los presentes había visto en él, dejó salir un grito que se escuchó por todos los alrededores— ¡ES TU HIJA!

Hubo completo silencio. Ni humanos, ni Pokémon. Nadie dejó salir un solo sonido. Incluso las lágrimas de la familia Aether caían en silencio.

—No… la recuerdo…— dijo Mohn finalmente, bajando la cabeza. El corazón de Gladio se rompió, haciendo que trastabillara en su torpe retroceso, cayendo de sentón al suelo— Solo… sé que es la amiga de Ash…

Lillie también se rompió. Cayó de rodillas al suelo, en un silencioso llanto.

Gladio, por otra parte, sintió la frustración recorrer cada parte de su ser. Clavó sus uñas en la tierra, listo para hacerlas trizas, pero fue incapaz de lograrlo a tiempo.

Porque no estaban solos.

Ash envolvió a Lillie con su brazo izquierdo y a rastras, la llevó hacia Gladio, a quien también abrazó. Ambos hermanos Aether sintieron como el cuerpo de Ketchum temblaba y, como si sus mentes estuvieran conectadas, recordaron al mismo tiempo la última vez que el joven de Paleta los sostuvo así.

La ocasión en la que, como ahora, la realidad en la que habían creído por años se distorsionó.

—Está bien llorar…— les murmuró, y cuando lo escucharon hablar, dos llantos desgarradores se oyeron por el Poké Resort.

Mohn se desplomó también. Su mirada apuntando al cielo y las lágrimas cayendo sin cesar.

Ese no era el reencuentro que estaba esperando.

¿Cómo podría estar feliz por el reencuentro sabiendo que había olvidado por completo a su hija? No podía.

Todos vieron, en silencio y con gran consternación, el llanto de la familia Aether.

Pikachu, quien había estado en el otro lado del Cayo Recreo, llegó solo para encontrarse la escena. Con confusión y tristeza, se retiró la banda de la cabeza.

No sentía que fuera el momento adecuado para usarla.


En el interior de la pequeña cabaña, sentados alrededor de la mesa del comedor, solamente había cuatro personas. La familia Aether y el chico que había hecho posible el reencuentro.

Mohn, Gladio y Lillie tenían la mirada gacha y los ojos rojos por el llanto. Las cosas se habían calmado hacía muy poco tiempo.

Ash pasó su mirada por los tres rubios, quienes no parecían querer iniciar una conversación. Posiblemente sus mentes estaban llenas de información que procesar.

Lillie le había dicho una vez que era increíble con las palabras, pero él todavía no creía que eso fuera verdad. Solo le salían las cosas porque sí, y como era muy tonto como para ponerse filtros, solía decir lo que pensaba… Aunque no siempre, claro está.

Otra cosa que Lillie siempre le decía (y no era la única) era lo "denso" que era para captar algunas cosas. Apeló a ese defecto para sacar adelante la situación.

—Entonces, Mohn— habló Ash, haciendo que todos voltearan a verlo. Su sonrisa no iba para nada con el ambiente del lugar—. ¿Todas las reparaciones están hechas? ¿Qué tan mal quedó el lugar luego de la guerra?

Mohn volteó a ver a sus hijos de reojo, quienes notaron su mirada. Lillie la apartó sin decir nada y los ojos de Gladio mostraron mortificación.

—Terminó… bastante mal…— la voz del adulto sonaba débil y más gruesa de lo normal. Sus ojos estaban clavados en la mesa— Los cultivos terminaron destruidos… La entrada a la cueva se derrumbó… Todas las máquinas de ejercicio se rompieron y… las aguas termales se contaminaron…

Al escuchar eso, el rostro de Ash mostró preocupación, pero no solo el suyo. Lillie, quien miraba en otra dirección, también parecía realmente preocupada. Ella sabía todo lo que le había costado a… su padre, el conseguir lo que había conseguido.

—Lamento mucho no haber podido prestarle a mis Pokémon para que lo ayudaran en un momento así… Y se supone que soy su socio…— Ash frunció el ceño.

—No, no te preocupes, Ash… Sé… Sé que has estado ocupado…— se rascó la cabeza, quitándose el sombrero.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudarlo? Sé que dijo que ya casi había terminado, pero…

—Agradezco la intención, pero de verdad ya casi terminamos— Mohn se forzó a sí mismo a sonreír—. Solamente falta volver a colocar iluminación en la cueva del Cayo Aventura y entonces todo estará listo.

Ash sonrió genuinamente.

—Me alegra mucho escuchar eso— y luego, dejó salir una pequeña risa que confundió a los presentes—. Es curioso, ¿sabe?

Mohn parpadeó varias veces.

—¿El… qué?...

—¡Que no esté intentando golpearme!— y dicho eso, soltó una carcajada.

Mohn se vio rápidamente preocupado por eso, mientras que los hermanos Aether veían a Ash con gran confusión.

—¿P-Por qué intentaría golpearte, Ash? Tú eres un muy buen muchacho, ¿por qué alguien querría hacerte daño?...— preguntó, nervioso.

—Bueno...— Ketchum se rascó la nuca— Es que creí que era algo normal… Recuerda a mi amigo Hau, ¿verdad? El heredero de Melemele.

El dueño del Poké Resort asintió.

—Lo recuerdo. Acabamos de presentarnos…

—¿Sabía que, cuando el papá de Hau conoció a su suegro, éste le quebró un palo de escoba en el brazo?— Ash se rio, mientras que Mohn simplemente se vio aún más preocupado.

Lillie recordaba la historia que Ash acababa de contar. Aunque, a lo que ella tenía entendido, el abuelo de Hau solamente había golpeado con una escoba a Hal… ¿De dónde había sacado detalles tan específicos? ¿Se lo había inventado?

—P-Pero, ¿el papá de Hau no era el príncipe de Melemele?— interrogó Mohn, haciendo que Ash volviera a reír.

—¡Lo era!— Ketchum se recargó en la mesa, con una gran sonrisa— ¿Sabía que la mamá de mi novia intentó matarme una vez?

Al escuchar eso, Gladio y Lillie rápidamente voltearon a ver a Ketchum. Mientras que el mayor de los Aether se veía un tanto incrédulo, la menor estaba sonrojada.

—¡¿E-Eh?!— Mohn de pronto parecía muy asustado— ¡No puede ser! ¡¿Por qué intentó hacer tal cosa?!

—Ah, bueno, luego descubrimos que un Ultraente la estaba controlando, así que realmente ya no importa— aseguró Ketchum con una pequeña sonrisa—. ¿Ve por qué creí que usted querría golpearme?

El padre de los Aether parpadeó varias veces.

—No… del todo… Eran historias de padres golpeando a las parejas de sus hijos, ¿cierto?...

—¡Sí!

—¿Y por qué querría yo…?— se interrumpió al ver los ojos de Ash. Lo comprendió todo. De inmediato, miró hacia Lillie, quien bajó la cabeza mientras un profundo sonrojo aparecía en su rostro— No me digas que…

—¡Sí!— repitió Ketchum— ¡Lo siento, Mohn, pero voy a robarme a su hija!

—¡A-Ash!— exclamó Lillie, un poco apenada. Bajó la voz— ¡¿Dónde aprendiste eso?!

El azabache simplemente rompió en carcajadas.

Mohn se había quedado en blanco. Lillie, su hija, no era solamente la amiga de Ash, no… Era más que eso…

—Empezaron a salir en cuanto terminó la guerra— escuchó hablar a Gladio, quien miraba a la joven pareja. Ambos discutían sobre lo que acababa de pasar, pero ninguno se veía enfadado en lo absoluto—. Yo… Al principio, yo me oponía fuertemente a su relación… De hecho, sería justo decir que odiaba a Ash.

Mohn se sorprendió al escuchar esto y justo cuando estuvo por decir que no entendía el por qué, Gladio volvió a hablar.

—Incluso si te explico el por qué, no lo entenderías, papá— aseguró Gladio.

—Oh… Tienes… Tienes razón…— Mohn bajó la mirada, con una sonrisa triste en el rostro— Solo recuerdo de ti aquellos días en los que eras un niño… Has debido pasar por mu… Espera… Lo que Ash me dijo antes…— sus ojos se abrieron de par en par— Mi espos… Tu madre… ¿fue controlada por un…?

El primogénito de los Aether asintió.

—Es una larga historia… Muy larga, de hecho— respondió, juntando sus manos y apretándolas con fuerza. Miró a su padre a los ojos— Pero quiero contártela. Quiero… ser capaz de decirte todo. Quiero creer… que podemos hacer que las cosas sean como antes…

—Gladio…— murmuró Mohn, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Pero antes de eso…— el joven rubio miró hacia donde estaban Ash y Lillie. La menor tenía la cabeza gacha, mientras que su novio le sujetaba las manos, sonriéndole cálidamente— Por favor, habla con ella.

Mohn se veía claramente indeciso y no parecía saber lo que quería decir. Ni siquiera se sentía digno de ver a Lillie; no después de haberla olvidado por completo. Trató y trató, pero por mucho que abrió la boca, no podía pronunciar ni una sola palabra.

Y cuando creyó estar listo, alguien más lo estuvo antes.

—Yo tampoco recuerdo nada de ti…— Lillie había hablado y se esforzaba por verlo a los ojos. Sus palabras sorprendieron a Mohn, pero no demasiado. Ella era debía de ser solo una niña en aquel entonces— Olvidé tu rostro, tu voz y tu actitud… Olvidé… todo lo que pasamos juntos— reuniendo todo su coraje, logró encarar a su padre. Sus ojos se pusieron vidriosos— ¡Pero yo no fui absorbida por un Ultraumbral! ¡Tú sí! ¡El que solamente hayas perdido tu memoria es… es un milagro! ¡Es por eso que…!— y se calló. Cerró la boca, reordenando sus pensamientos— Antes dije que había olvidado todo de ti, es cierto, pero fue hasta hace unos meses que recordé algunas cosas, aunque solo fueran las sensaciones que me transmitían… Lo que se podía recordar como una cálida voz; una radiante sonrisa; fuertes hombros especialmente hechos para jugar al caballito…— le dirigió su más grande sonrisa— "Lilliesfuérzate".

Mohn sintió un fuerte pinchazo y entonces, una voz resonó en su cabeza.

¡Lilliesfuérzate!

Solo eso. Solo esa aguda y enérgica voz, nada más. Pero solo con eso podía saber que la joven adolescente que había frente a él, era en efecto, su hija. Ahora comprendía por qué se había sentido molesto aquella vez que Rotom le dijo tantas cosas malas y el por qué verla llorar lo había entristecido. Era porque, aunque no la recordara, sus instintos paternales sí lo hacían.

—Viajé por toda Alola, conocí amigos y familia, me fortalecí, me enamoré y superé retos que parecían imposibles— Lillie se dio un pequeño golpe en el pecho—. Y en mis momentos más difíciles, solo había dos cosas que podían hacerme salir adelante. Mis amigos… y el recuerdo de ti, diciéndome eso. Indirectamente y aunque no puedas recordarlo, siempre estuviste ahí, guiándome… Y yo… no tengo palabras suficientes para agradecerte… Así que comenzaré paso a paso…— tomó aire ante la atenta mirada de todos y cuando lo liberó, volvió a sonreír— Gracias, papá.

Mohn ni siquiera se dio cuenta del momento en el que las lágrimas llegaron a su mentón, cayendo sobre el piso de la cabaña.

—Lillie…— fue lo único que alcanzó a murmurar, sintiéndose incapaz de decir nada.

—Toda mi vida, tu existencia ha sido un símbolo. Una muestra de que en un pasado, todo estaba realmente bien; que fuera de mi hermano y Hobbes, hubo cosas buenas en mi infancia. Que no siempre fue terrible— la sonrisa de Lillie se hizo más pequeña, pero seguía mostrando una calidez sumamente reconfortante para Mohn—. Siempre quise recordar el tipo de persona que eras y ahora, después de tanto tiempo, por fin puedo saberlo. A pesar de no recordar nada de ti mismo; a pesar de estar completamente solo y a pesar de que no sabías cual era tu lugar, tú lograste…— no pareció encontrar la palabra ideal, por lo que miró en todas direcciones— ¡Lograste esto! ¡Todo esto! Incluso cuando todos tus años de esfuerzo fueron destruidos, tú volviste a construir… Seguiste adelante.

Mohn se sintió realmente halagado, pero era un hombre modesto (aunque él no pensaba que fuera así, claro).

—Me das…— se limpió las lágrimas, riendo un poco— demasiado crédito.

Lillie negó, todavía sonriendo.

—Es precisamente por esa cualidad tuya, que debemos seguir avanzando— Ash dejó ir sus manos, por lo que tomó las de su hermano y las de su padre—. Como una familia. Una familia de excéntricos millonarios.

Gladio y Mohn sonrieron.

—Eres una mujer admirable, Lillie— aseguró el segundo—. Has cambiado muchísimo desde la última vez que te vi, y estoy seguro de que has cambiado todavía más desde aquellos días en los que eras una pequeña niña.

La rubia se rio.

—Por ciertas cosas, no recuerdo muy bien esa etapa de mi vida, pero mi hermano dice que me parezco un poco más a la yo de ese entonces.

—Solo que en ese entonces parecías tener la inteligencia de Ash— Gladio apretó un poco más la mano de su hermana menor.

Y fue cuando mencionaron el nombre de Ash que se dieron cuenta. El azabache había dejado la cabaña sin que nadie lo notara.

—¿Cómo fue que…?— Gladio se interrumpió a sí mismo al ver hacia la ventana. Se llevó una mano a la frente, comenzando a reírse.

Lillie y Mohn vieron en la misma dirección, encontrándose con algo que les provocó diferentes reacciones. Impacto en Lillie y miedo en Mohn.

En el marco de la ventana, enganchada en una tabla de madera, estaba la pierna protésica de Ash. La rubia corrió rápidamente hacia la prótesis y se asomó por la ventana.

—¡Ash Ketchum!— gritó con fuerza, asustando al azabache, quien se encontraba alejándose en silencio de la cabaña. Al verse descubierto, los saltos del Paletiano aumentaron en velocidad, perdiéndose de vista.

Mohn, alterado por lo de la pierna protésica, trató de preguntarle a Gladio al respecto. El primogénito notó las dificultades de su padre para expresarse, por lo que tuvo que parar de reírse. Por el momento.

—Ash perdió su pierna al final de la guerra. Lo consideramos como "un regalo de despedida" por parte de Necrozma— Gladio no podía sentirse triste al decir eso. No cuando sabía que una pierna era algo realmente pequeño en comparación de lo que alguna vez se había perdido.

Mohn procesó la información y cuando lo logró, no pudo hacer otra cosa que reír. Ambos hermanos Aether vieron a su padre, sonriendo casi por inercia.

—Me alegra muchísimo— dijo finalmente el hombre—. Lo mínimo que quiero para mis hijos es una buena pareja. Veo que Lillie la tiene.

La rubia pareció sentirse orgullosa al oír eso.

—¡Puedes apostarlo!— exclamó, poniendo la prótesis de su novio contra su hombro— ¡Mi Ash es un gran hombre!

Y al final, los tres rieron.

Mientras se llevaba una mano al estómago, Lillie no pudo dejar de pensar. Había sido en esa misma cabaña donde ella y Ash habían hecho un juramento. Un secreto a cambio de otro secreto.

En aquel entonces, Ash no sabía nada de su familia. Actualmente, él había ayudado a darle una conclusión a los problemas de la misma.

Al menos por el momento, pues aún había una persona que debía volver en sí.

Pero no había prisa. Ahora tenían tiempo.

Mucho tiempo.


Wicke terminó de secarse las lágrimas mientras guiaba a todos por el hospital. Habiendo sido puesta al tanto de la situación, la directora de sucursal pidió estar en el lugar.

—Aunque su memoria se haya ido, me alegra muchísimo volver a verlo, señor Mohn— aseguró, sonriendo ampliamente—. Usted fue una gran inspiración para mí en mi juventud.

Mohn se rascó la cabeza. Ciertamente no recordaba nada de eso, pero tampoco tenía problema con que mencionaran su anterior vida.

—Bueno, mis hijos me contaron todo lo que hizo por ellos. Realmente le agradezco su apoyo incondicional— asintió, mostrándole sus respetos.

—No sea formal conmigo, por favor. No me siento merecedora de ese respeto— Wicke estaba claramente emocionada. Antes, cuando era una simple recluta, no había tenido la oportunidad de hablar con Mohn salvo en un par de ocasiones.

Aunque no le molestaba que hablaran de su pasado, Mohn ciertamente se sentía raro con tanta formalidad. No recordaba ninguna de sus "increíbles hazañas", como los llamaba Wicke, por lo que no se sentía merecedor de los elogios. Las únicas hazañas que tenía presentes eran aquellas que caminaban a sus costados y se sentía feliz simplemente con eso.

Cuando llegaron frente a la puerta que estaban buscando, ahí había dos personas que estaban esperándolos. Se levantaron de sus asientos rápidamente al verlos llegar.

Lillie rápidamente hizo de intermediario entre las dos partes.

—Papá, ellos son los profesores Kukui y Burnet Sorba— le sonrió—. Son de quienes te conté.

Mohn tomó la mano de ambos y la sacudió con vigor.

—He escuchado todo lo que han hecho por mis hijos y no tengo palabras para agradecer su apoyo. Si hay algo que alguna vez necesiten de mí, lo que sea, tengan por seguro que estaré dispuesto a hacer todo lo que esté en mi poder— les dijo.

Kukui y Burnet le sonrieron ampliamente.

—Su hija le trajo gran alegría a nuestras vidas. No nos debe nada, señor Mohn— aseguró Burnet. Sus ojos se veían ligeramente vidriosos.

Kukui asintió.

—Ahora mismo, solamente podemos sentirnos felices por ustedes. Su reencuentro es algo que nos llena de inmensa alegría—tenía la misma mirada que su esposa.

Lillie vio como los tres adultos se sonreían entre sí y, aunque ella también sonreía, sentía que algo iba mal.

Escucharon una puerta abrirse y de ella, vieron a Wicke salir. Nadie notó el momento en el que había entrado. Tenía una pequeña sonrisa en el rostro y con la cabeza, asintió.

—Pueden pasar.

Al escuchar eso, Mohn soltó las manos de los Sorba y miró hacia la puerta. Gladio le puso una mano en el hombro, animándolo a dar el primer paso.

Lillie vio a su padre poner la mano en la perilla y de reojo, vio a los profesores, quienes iban a sentarse nuevamente en silencio. Los abrazó antes de que pudieran volver a tomar asiento.

—¿Lillie?— preguntó Burnet, sorprendida. Kukui se veía de la misma manera.

—Sin importar cuantas personas lleguen o se vayan, ustedes son mi familia. Hoy y siempre— les dijo, separándose un poco de ellos y sonriéndoles—. Mi otro padre y mi otra madre.

Burnet rápidamente dejó que las lágrimas salieran, mientras que Kukui se pasó un dedo por los lagrimales. Al escuchar eso, los rostros de ambos mostraron una felicidad genuina.

—Gracias, Lillie…— lloró Burnet en su hombro, abrazándola.

—Que pienses eso significa mucho…— Kukui también le correspondió el abrazo.

Lillie, sintiéndose realmente amada, dejó salir un par de lágrimas.

Ante las sonrisas de Wicke, Mohn y Gladio, el abrazo se deshizo.

Y finalmente, entraron.

El cuarto estaba tan limpio como lo recordaban y lucía exactamente igual en todo lo demás. La única diferencia era que, esta vez, la residente del lugar no se encontraba despierta.

Conectada a todo tipo de máquinas y luciendo un aspecto más desgastado, estaba Lusamine. Seguía en coma.

Lillie y Gladio se acercaron a ella antes que su padre. En silencio, la rubia tocó el cabello de la mujer. Gladio simplemente se retiró a un lugar un poco más apartado.

Mohn finalmente pudo verla y sintió como su corazón se aceleraba.

La mujer frente a él le producía una multitud de sentimientos encontrados. Ella había sido el amor de su vida, la mujer con la que se había casado y más importante aún, era la madre de sus hijos. Pese a que su piel estaba realmente pálida, su cabello había perdido brillo y pese a que estaba conectada a todas esas máquinas, Mohn no pudo evitar pensarlo. Era una mujer extremadamente hermosa, ¿cómo siquiera había logrado que se fijara en él? Elogió a su antiguo yo por haber logrado algo que él veía como imposible.

Y a pesar de que pensaba todo eso, su conflicto interno comenzaba al recordar todo lo que esa hermosa mujer le había hecho a sus hijos. Toda esa tortura psicológica para Lillie y física para Gladio; esos métodos de crianza tan extremos que se convertían en claro maltrato… Ideales llevados a cabo por la orden… de un Ultraente. Un Ultraente que había distorsionado los deseos de esa mujer que solo quería recuperar a su esposo. Que solo quería recuperarlo… a él…

Aunque antes había elogiado a su antiguo yo, ahora lo maldecía. ¿Por qué había decidido hacer ese estúpido experimento? Si no hubiera desaparecido, todo pudo haber sido increíble. Pudo haber visto a sus hijos crecer y envejecer con su esposa. En su mente, solo había una única pregunta. Una pregunta que no sabía, su hijo solía hacerse siempre: "¿Y si…?".

Pero… si no hubiera desaparecido, habría seguido siendo su antiguo yo. Su versión actual, la persona que era ahora, nunca habría visto la luz. Fue ahí cuando se hizo una pregunta en la que nunca se había parado a pensar. Su versión pasada y la actual… ¿eran la misma persona?...

Tanto por pensar y tanto que descubrir. Lo único que pudo pronunciar en ese momento fue un débil— Lo siento…— y lo único que pudo hacer fue tomar la mano de quien era, o había sido, su esposa.

Y pasó alguien que nadie esperaba. O al menos, algo que Mohn definitivamente no había imaginado.

Uno de los dedos de Lusamine se movió y su boca se torció en una pequeña, casi imperceptible sonrisa. Volteó con rapidez hacia Lillie, quien lo miraba con asombro. No había sido su imaginación.

Mohn, sonriéndole a Lusamine, le pidió mentalmente que se mantuviera fuerte. Cuando despertara, podrían hablar y cerrar un ciclo que debió haberse cerrado hace mucho tiempo.

Por ahora, debía comenzar uno nuevo.

Debía ver por sus hijos.


—Con la reciente revelación sobre el estado del profesor Mohn Aether, quien se creía, había fallecido hace más de una década, el mundo fija aún más su atención en la familia Aether. Debemos recordar que entre sus integrantes se encuentran dos de los Representantes y héroes, así como Lusamine Aether, cuya imagen es muy controversial aún en la actualidad, siendo el centro de debates y…

Atención a todos los pasajeros del vuelo 22-17, con destino a ciudad Trigal en la región de Johto, favor de dirigirse a la zona de embarcación con pase de abordaje en mano.

El anuncio silenció el televisor y les hizo saber a todos que ya era hora.

Se pusieron de pie, centrando sus miradas en la estrella del día. Gladio se puso de pie, ajustando la mochila en su espalda y asintiendo. Estaba vestido con un pantalón de mezclilla azul y una simple camisa negra. Su calzado eran unos tenis tipo converse también negros.

—Nunca creí que diría esto…— Hau se rascó la cabeza, riendo—, pero de verdad voy a extrañar nuestras discusiones.

Glaido le sonrió.

—Sí. Yo también, Hau. Cuídate.

—Digo lo mismo.

Ambos estrecharon la mano en un apretón de mutuo respeto. A su rival y dolor de cabeza número uno, dijo adiós.

—Hapu no pudo venir, pero me dijo que te deseara suerte— Elio lo veía con una sonrisa y los brazos cruzados—. Yo también te la deseo. Cuando nos volvamos a ver en persona, seré alguien totalmente diferente. Recuerda eso.

El rubio extendió su puño hacia él y Asutoro lo golpeó suavemente con el suyo.

—La próxima vez, espero que seas capaz de hacer sudar a Silvally.

—Oh, créeme… Lo haré.

Compartiendo una mirada desafiante, ambos se dijeron adiós. Gladio se despidió de esa molesto hermano menor.

—Wicke realmente quería venir, pero estaba muy ocupada— Burnet tomó su mano derecha—. Todos te deseamos lo mejor, Gladio. Recuerda que siempre puedes llamar cuando estés en problemas.

—Acudiremos a ti en un Destello— aseguró Kukui, poniendo una mano su hombro izquierdo—. También eres parte de nuestra familia.

Pese a que a Gladio le habría gustado ver a Wicke, sintió que tal vez así era mejor. Sonrió ante los Sorba, correspondiendo sus gestos con un asentimiento.

—Hasta el fin de mis días, estaré agradecido con la vida por haberlos puesto en nuestro camino— vio hacia el vientre de Burnet—. Enviaré un regalo para el bebé cuando nazca.

—Lo estaremos esperando— aseguró la profesora, sonriéndole.

Gladio se despidió de aquellas buenas personas. De los segundos padres de Lillie; de los adultos que más admiraba en el mundo.

—Es el adiós por el momento, Gladio— le dijo Rotom—. Será solitario.

El rubio dirigió una pequeña sonrisa hacia él.

—Lo será.

Y entonces, Rotom mostró un gesto burlón.

—Ah, lo siento, no me expliqué bien. Será solitario para ti, ya que yo estaré aquí en Alola rodeado por todos. Tú, por otro lado…— Rotom se calló al ver como Gladio extendía su mano hacia él.

—Cuida bien de todos.

La Pokédex hizo un sonido que imitaba el chasquido de lengua, aceptando el gesto.

—No es divertido si te pones todo serio de repente…— murmuró, viéndose determinado segundos después— Pero puedes contar conmigo. El equipo estará bien mientras yo lo administre.

—Cuento con ello.

Se despidió de esa máquina parlanchina e irritante. Del ser al que había aprendido a apreciar.

Selene se veía cabizbaja y Gladio lo notó. Puso una mano sobre su cabeza, acariciando su sombrero rojo.

—Nos veremos de nuevo, Selene. Algún día, en el futuro. Somos miembros del equipo Salvemos al Mundo, ¿cierto?— preguntó mientras sonreía.

Selene asintió y sin decir nada, lo abrazó.

—Nos vemos pronto, señor Gladio…— murmuró.

—Nos vemos pronto, Selene— le dijo, rodeándola con sus brazos.

Tras unos segundos, se separaron. Su querida amiga y una segunda hermana menor. Otra persona a quien debía decirle adiós.

—Siempre que captures algún Pokémon, puedes mandarlo conmigo, hijo— Mohn lo sujetó de los hombros, sonriéndole—. Cuidaré de ellos con mi propia vida.

Gladio asintió.

—No dudes en ponerlos a ayudar cuando sea necesario— lo tomó por los brazos—. Esta semana que pasamos juntos… Fue realmente divertida.

Mohn lo acercó a él, abrazándolo.

—Me alegro mucho de poder escuchar eso.

Gladio también lo abrazó y nuevamente, asintió.

—Sé que eres un hombre ocupado, así que siéntete libre de llamarme cuando quieras. Si no puedo responder, te devolveré la llamada en cuanto esté disponible— le dijo.

—Nada me haría más feliz que eso, hijo— aseguró Mohn.

Aunque se habían reencontrado hace muy poco, Gladio sabía que debía moverse. Debía de ajustar cuentas con el mundo, incluso si eso significaba arriesgar parte de su felicidad. Por ello, le dijo adiós a su padre.

—La próxima vez que nos veamos será en la víspera de la primera Liga Pokémon de Alola— le dijo Ash, con una sonrisa desafiante—. Seguiré haciéndome más y más fuerte, Gladio. Voy a convertirme en el primer Campeón de Alola.

La sonrisa de Gladio también se mostró desafiante.

—La próxima vez, ten por seguro que seré capaz de darte un combate que no olvidarás. Estaré esperando por ti en el campo de batalla, Ash.

La sonrisa de Ketchum se amplió.

—No esperaba menos de mi Alto Mando.

Y dicho eso, ambos compartieron un abrazo.

—El mundo parece vasto, pero es realmente pequeño. Mientras nuestros caminos estén conectados por la misma meta…

—Sí— dijo Ash—. Definitivamente nos volveremos a encontrar.

—¡Pika Pi!— exclamó el roedor desde el hombro de Ketchum. Gladio simplemente le acarició el mentón.

Con una sonrisa, se despidió de él. De quien lo había apoyado incondicionalmente; de su mayor rival y aún más importante, de su mejor amigo.

Antes de poder reaccionar, Lillie ya lo había abrazado. Lo abrazaba con fuerza, pero con delicadeza. Era extraño, pero no sorprendente, pues fuerte y delicada eran las palabras perfectas para describir a su hermana menor.

—Ya sea en un viaje al supermercado o en uno que te lleve a la otra punta del mundo, yo siempre velaré por ti— lo miró a los ojos, mostrando pequeñas lágrimas—. Así que no preocupes a tu linda hermana menor y mantenme al tanto de tu viaje, ¿entendido?

Gladio le sonrió con ternura y asintió. Acarició los dorados cabellos de su "linda hermana menor".

—A la orden, señora.

Lillie entonces pudo sonreírle.

—Te amo, hermano.

—Yo también te amo, hermana.

Mantuvieron su abrazo por casi un minuto hasta que el mensaje que solicitaba la presencia de todos los pasajeros del vuelo a Johto volvió a escucharse.

Ella había sido el motivo de su viaje. Había salido de casa para conseguir la fuerza necesaria para salvarla y en el camino, había perdido su humanidad, viéndose incapaz de lograr su cometido original. Y ahora, se iba. Se iba en otro viaje. Para intentar expiar los pecados cometidos, le dijo adiós a su motor principal y a su mayor adoración en la vida.

Le dijo adiós a su hermana menor.

Cuando finalmente se separaron, Gladio notó como una pequeña lágrima salía de uno de sus lagrimales. La dejó fluir, sin preocuparse realmente por el cómo la verían otras personas.

—Hasta la próxima— les dijo, sabiendo que era hora de dejar atrás una etapa de su vida. Una etapa a la que esperaría ansioso volver.

Y ante la atenta mirada de todo un público, Gladio Aether abordó el avión que lo llevaría a su siguiente destino.


Veía por la ventana a su costado la forma en la que el avión despegaba. Pasaría un tiempo para que volviera a Alola, pero era necesario. Ver el mundo era una de sus metas de niño y por fin la estaba cumpliendo.

Mientras el transporte aéreo subía hacia los cielos, Gladio abrió su mochila y sacó su riñonera. La abrió y con delicadeza, sacó algo de su interior.

Era una pequeña roca grisácea con forma de rombo alargado. En cada una de sus puntas horizontales emergía otro pequeño rombo. En un pasado, aquella roca había sido el Lunalastal Z. Sonrió al recordarlo y con cierta nostalgia, sacó de su riñonera su Superpulsera Z.

Sin Cristales Z, la Superpulsera no tenía ningún propósito. Gladio antes creía ser como el brazalete; creía que ya no tenía objetivo alguno en la vida.

Pero la Superpulsera sí tenía un propósito. Evocaba esperanza y era un símbolo de poder.

Gladio cerró los ojos y sonrió. Eso hasta que sintió una extraña calidez en su mano izquierda, la cual abrió sin pensarlo.

Aquella piedra gris brillaba tenuemente, cautivando no solo los ojos de Aether, sino que también había llamado la atención de todos los pasajeros cercanos.

El rombo lentamente fue adquiriendo un nuevo color. Un hermoso color morado y al final, un símbolo apareció en el centro del cristal.

El símbolo de la luna.


Mientras veían al avión despegar desde el gran ventanal del aeropuerto, Ash sintió en su bolsillo derecho un extraño calor que rápidamente lo llevó a investigar.

Sacó lo que para él era solamente un objeto de buena suerte. Después de todo, sin su poder no era más que eso, ¿cierto?

Todos vieron con sorpresa como, lentamente, el Solgaleostal Z recuperaba su color anaranjado y en su centro, aparecía un símbolo.

El símbolo del sol.

Ash miró hacia el avión de Gladio y pudo saberlo por puro instinto. Sabía que él también lo estaba viendo.

Con una gran sonrisa, levantó en alto su Cristal y a lo lejos, vio un pequeño brillo. No pudo hacer otra cosa más que reír.

A kilómetros de distancia, dos grandes bestias rugían al unísono.

Si el sol le daba su brillo a la luna, entonces era correcto decir que Gladio había descubierto su propio brillo por reflejo del de Ash. Y aunque estuvieran alejados como esos dos astros, siempre estarían unidos por aquella luz.

Ellos eran, después de todo, el hijo del sol y el hijo de la luna.


¡Bueno, pues al fin terminé el capítulo! ¡Fue jodidamente largo! ¡Unas 18k palabras!

En fin, como podrán haberse dado cuenta, este capítulo estuvo muy centrado en la familia Aether (especialmente en Gladio), pues es una forma de cerrar la trama de esta familia. Ciertamente nos falta ver a Lusamine, pero eso será… un poco más adelante. Espero que les haya gustado lo que vimos aquí :D

En fin, damas y caballeros, me complace decirles que el siguiente capítulo es el último antes del inicio del arco de la Liga Pokémon. Fino, señores.

Bueno, puedo decir que ya hice de todo con esta historia. Incluso metí una referencia a La era de hielo en un momento serio… Que me parta un rayo… O mejor no.

¡Bueno! Sobre los juegos… ¡Le tengo muchas ganas al Legends Arceus! No puedo esperar a ver cómo amplía este juego el lore de Pokémon y sinceramente, todo lo de Hisui me tiene muy hypeado. Mi objetivo va a ser tener un 1vs1 contra un Ursaring y ganar.
Los remakes de Sinnoh se ven mejores que antes, pero honestamente, si tuviera que ahorrar para alguno de los dos juegos, sería sin duda para Legends Arceus.

Y el anime… Quién lo habría dicho, chicos. Al parecer, Ember de nuevo predijo algo y esta vez, la presencia de Cynthia en la clase Master… Nah, es joda; era obvio que Cynthia merecía estar en la clase Master, otra cosa es que la metieran, cosa que me alegro mucho que hicieran (aunque había muchos más motivos de peso con todo esto de los remakes de cuarta gen). Ya conocemos a seis miembros de la clase Master (Lance, Roy, Leon, Bea, Ash y Cynthia), ¿quiénes serán los otros cuatro?...

¡La pelea contra Volkner también estuvo genial, por cierto! Gengar de nuevo se lució contra un oponente, pero como siempre, tiene que salir otro contra el que no le va tan bien. Quiero decir, Gengar debilitó muchísimo a Luxray, al punto en el que lo dejó a un hit de Lucario. ¡Eso dice mucho de su poder! Lucario, por otra parte, también se lució muchísimo. Aguantó contra Electivire (a pesar de que ya estaba tocado), resistió contra Rotom, derrotándolo y se llevó con él a Luxray… ¡Que grande! Y Pikachu… Escalofríos y piel de gallina al volver a ver Gigarrayo fulminante. Fue una descarga de nostalgia ver los Movimientos Z en este capítulo y en el anterior, lo juro.

En fin, yo no tengo nada más que decir por el momento.

¡Nos leemos, chicos! ¡Alola!