Capítulo 3
El domingo en la tarde, ambos despertaron en casa de Otabek. Tenían dolor de cabeza, seguían indagando en una pregunta que los hacía perderse entre imágenes borrosas que aparecían en sus cabezas "¿Qué pasó anoche?"
Cuando juntaron lo poco que tenían de recuerdos llegaron a una definición unánime: La bebida excesiva los llevó a cometer tales actos.
—Lo que mas recuerdo es a ese rubio candente. Sabía bien lo que hacía... —Alababa JJ al striper que recordaba claramente.
—Yo estoy arrepentido. No quería... —Confesaba el amigo, mientras se tomaba de la cabeza con una expresión entre confusión y dolor.
—Ebrio parecías bien convencido. Admite que estabas caliente.
—Lo admito, era un ángel caído del cielo con intenciones demoníacas pero aún así ¿Mira si robaba el auto? Quien sabe lo que pudo haber pasado.
—¿Por qué eres así de dramático? La hemos pasado bien y no hay necesidad de pensar en lo negativo. Lo que ha pasado en esa discoteca, fuera y entre nosotros se queda allí. —Aseguró, volviendo a guiñar un ojo, haciendo que Otabek siga atrayendo recuerdos entrecortados a su mente de esa noche. —Ya volveremos.
JJ de pura casualidad encendió su móvil para encontrarse con 23 llamadas perdidas de su esposa, cosa que lo asustó e hizo dar un salto de su zona de confort para volver a su casa.
Otabek fue por una ducha, mientras volvía a reacomodar sus pensamientos con respecto a su rutina de trabajo, negocio, quehaceres, etcétera. No faltaba tanto para que el lunes llegara y ese día era el comienzo para la búsqueda de un nuevo empleado.
Sus domingos eran como los de la mayoría, aburridos, de leer o mirar TV o llamar a sus padres para escuchar sus voces a saber que se encuentran bien, nada mas que agregar, solo esperar a la noche para descansar así comenzar su lunes temprano. Y como todo lunes, que cuesta mas que otros días de la semana, reacomodaba tranquilo las sillas que estaban volteadas encima de las mesas mientras esperaba la llegada de sus empleados. Uno de ellos era Phichit Chulanont, un extranjero que quiso probar suerte en Rusia entre estudios y empleo, que por lo que se veía, le iba bien. Ya hacía 3 años que trabajaba en el restaurante y era siempre el primero en llegar después de Otabek. En la semana anterior, ellos ya habían puesto un cartel junto al de cerrado-abierto, donde solicitaban a un nuevo chico/a para puesto de trabajo. Phichit era el encargado de juntar los curriculums que le entregaran en mano para que después, Otabek haga el chequeo de ellos correspondiente.
Tuvo una suerte mediana, porque si bien, había gente que se presentó, fueron solo tres. Y como a Otabek no le salía ser paciente con la espera de algo, revisó los papeles detalladamente esa misma mañana para elegir a uno de ellos. Eran una mujer y dos hombres. El mejor fue el de una mujer, que llevaba foto de ella, buenas referencias de trabajo y una descripción destacable. Así que atinó a llamarla, que para lástima, esta no atendía a pesar de haber sido insistente.
Tuvo que probar con uno de los hombres el cual, ocurrió algo parecido. Solo que al llamar, si fue atendido, pero este se disculpó, diciendo que ya lo habían llamado de otro lugar y que no iba a poder presentarse. Así que solo quedaba el último que además de no tener fotografía, no tenía escrito sobre experiencia en otros trabajos haciéndolo dudar en si llamar o no pero... ¿Por qué no dar oportunidad a un joven que realmente necesita empleo? Así que realizó el llamado que enseguida respondieron.
La conversación acabó rápido, Otabek preguntó poco y lo invitó a presentarse ese mismo día en la tarde para entrevistarlo, más ponerlo a prueba para ver si quedaba, así poder continuar en los próximos días.
En esa mañana aprovechó para limpiar un poco mejor la cocina, porque al no tener tantas personas que atender, tenía la oportunidad de hacerlo. Y si bien, su paz acabó justo después de terminar porque llegó JJ con prisa, entusiasmado para contarle algo que parecía importante. Eso sí, "parecía" ya que a veces Jean creía traer la mejor primicia resultando al final que no cause tanto impacto como a él. Ese era un día donde un chusmerío fresco esperaba a ser escuchado, emitido por la boca de JJ, que Otabek, esperaba algo bueno y no tonterías.
—¿Qué pasó? Espero que valga la pena...
—Créeme que lo vale. Incluso no me aguante y tuve que descargarme de una forma que... bueno iré al punto y te contaré la historia sin explayar en detalles. —Ahora bajaba un poco mas la voz, acercándose a su amigo para que escuche y vea. —Mira, quise buscar en redes sociales al muchachito de la noche del sábado.
—Déjame adivinar, lo has encontrado y te has masturbado con sus fotografías ¿Verdad? —Decía Otabek sin una pizca de sorpresa en su rostro.
— Si bien, lo he encontrado en redes sociales y sus fotografías te hacen pensar en cosas cochinas, encontré algo mucho mejor.
—¿Y bien que es?
—Un vídeo triple X de él, y tuve que hacer eso último que has dicho.
—Tú no tienes remedio... —Suspiró mientras revoleaba la mirada sin acotar más.
—Te pasaré sus cuentas y te enviaré el video por whatsapp. Te haré spoiler: es un video de sexo oral. Pero tranquilo que ninguno de nosotros es el tipo que aparece. —Confirmaba en burla mientras se reía dándole una palmadita en el hombro a Beka para que al menos lo acompañe con la risa, aunque este no lo hizo.
Jean se despidió, no sin antes comprometerlo a ver el famoso video para que le comente que le pareció. Y aunque Otabek se negó, la insistencia combinada a la curiosidad acabaron con él.
Buscó en sus bolsillos los auriculares y luego se dirigió al baño para mirarlo *¿De verdad el chico aquel hacía ese tipo de videos?* Había que comprobarlo, tal vez JJ se confundió encontrando alguien parecido, pero apenas llevado los 15 segundos de reproducirlo, lo confirmó él mismo: era Yurio. Ese perfecto rostro era fácilmente reconocible sin importar la calidad del video, que de igual manera, estaba hecho en 480p.
A media mañana ver ese tipo de cosas era algo que no se esperó, aunque bien sabía que dentro suyo algo deseaba esto, volver a ver una imagen así, bien clara de ese rostro angelical que lo llenaba de energía y no sabía la razón de porque tantas personas en el mundo, este lo flechó instantáneamente con encantos que no eran nada particulares pero que lo hipnotizó por completo.
Tuvo que copiarse de su amigo, descargó esas ganas que sentía la escuchar el sonido de como lo hacía y ver que hacía. Tanto, tanto le gusto esa noche que ahora ver algo así era como volver a sentirlo en carne propia, que lo hacía a la ves sentirse con culpa, porque estaba ahora haciendo eso sobrio ¿Y que mas daba? Nadie iba a enterarse, era el vídeo, el baño, su placer y él haciéndolo caer en cuenta de que con o sin alcohol puesto, ese joven lo encendía. Lo admitía para si mismo pero no pensaba contarle sobre eso que hacía a su amigo.
Las cuentas en instagram y facebook eran mas fotografías que otra cosa, llena de me gusta por parte de un público que como se notaba ya, lo querían, pero en twitter parecía estar mas activo con respecto a tweets sobre su vida personal que quizá, luego stalkearía con mas tiempo, porque quería saber mas de aquel y en esos momentos tenía que cumplir con sus responsabilidades de trabajo, no estar visitando redes sociales.
