1. Take it all
WHEATON, NUEVA JERSEY.
Pietro Maximoff abrió con dificultad los ojos, soltando un quejido al sentir una fuerte presión encima de él. Sin poder respirar bien pues el lugar estaba lleno de humo y fuego, intento ponerse de pie, pero no podía, su pierna derecha sangraba y la presión que sentía se debía a un gran trozo de acero encima de su extremidad.
»¿Dónde estoy? ¿Mi hermana?«. Pensó, preocupado y tratando de ver entre el humo.
Siseo de dolor al retirar su pierna de debajo del acero que lo aprisionaba.
»Maldita sea«, se veía grave.
A lo lejos escucho un suave quejido.
—¿Wanda?
Un hombre rubio la tenía entre sus brazos y una pelirroja los seguía con dificultad.
Ni siquiera lo pensó, con una mueca de dolor corrió en dirección a ellos y en menos de un segundo ya le había arrebatado a su hermana a aquel hombre.
—¿Pero qué mierda acaba de pas... —Natasha no pudo terminar de hablar cuando al segundo siguiente ya se encontraba inconsciente. Steve salió de su estupor y la cargo en brazos, apresurado al notar que aviones de S.H.I.E.L.D sobrevolaban la zona.
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Corrió hasta que sus pulmones pidieron clemencia, la pierna sangraba cada vez más, podía sentir como se deslizaba la sangre y se debilitaba cada segundo.
»¿Por qué no estoy curando?«
Se detuvo, seguro de haberse alejado lo suficiente de aquel lugar en ruinas y de aquellos dos desconocidos.
Colocó a Wanda cerca de un árbol.
«¿Árbol? ¿Un bosque? ¿Dónde estamos? ¿Seguiremos en Sokovia?«
No quería pensar en eso, no ahora. Se sentía demasiado cansado. Colocó la cabeza de su gemela en su regazo y se tranquilizó al pasar sus manos por su castaño cabello, ahora enredado y sin el brillo habitual.
—Todo estará bien pequeña, lo prometo —Susurro Pietro, besando la frente de su compañera.
Los párpados le pesaban y su pierna le quemaba. Sin poder evitarlo se desmayó aun sosteniendo la mano de su hermana.
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Se llevó una mano a su cabeza, le palpitaba. Con lentitud se incorporó.
—¡Al fin! ¡Steve la chica ha despertado! —Exclamó un hombre de tez oscura que estaba sentado cerca de ella y de Pietro, aún dormido a su lado.
Sus ojos recorrieron el lugar, estaba en una habitación recostada en la cama, había algunas fotografías y pinturas adornado las paredes amarillas. El lugar olía a canela.
—¡Hey! Hola pequeña. Tranquila no te haré daño —Aclaró el hombre al ver cierta cautela y miedo en los ojos de aquella menuda mujer, sonriéndole amistosamente le ofreció su mano—. Me llamó Sam, ¿y tú? —Pidió.
Wanda, al no percibir pensamientos hostiles de su parte se relajó, sólo un poco.
—Wanda —respondió en un susurro, casi inaudible, así no notaría su muy marcado acento y estrecho la mano de Sam.
Un hombre de cabello castaño claro, tirando a rubio y de ojos azules, piel clara alto con casi 1.90 y de complexión musculosa, se acercó con rapidez a ellos, seguido de cerca por una mujer alta y muy atractiva de cabello rojizo y ojos verdosos, ambos se veían cansados y sus ropas tenían rastro de sangre y tierra.
Se sorprendió al reconocerlos. »¿El Capitán América y la Viuda Negra? ¿En qué problema nos hemos metido ahora Pietro? ¿Los Vengadores nos salvaron? ¿Tony Stark está también aquí?«. Pensó.
La sola mención de ese hombre la ponía enferma. Su mente vago a aquel día, hace ya 14 años, donde ella y su hermano perdieron a su familia, aquel día donde quedaron días bajo los escombros, esperando que el misil los matara, que acabará con el sufrimiento.
Sus emociones hablaron por ella.
Sin que Wanda pudiera evitarlo y sin que alguien pudiera reaccionar a tiempo, una clase de humo rojo derribo con fuerza a Steve, estrellándolo contra un –muy bonito y costoso– cuadro.
—¡¿Dónde estoy?! ¡¿Dónde estoy?! ¡Él no puede estar aquí! ¡No! ¡No quiero verlo! —Grito la castaña, completamente alterada, apuntó de tener un ataque de pánico.
—¡No Natasha, detente! —Dijo el Capitán incorporándose, al ver a su amiga con la intensión de neutralizar a la chica con una fuerte descarga eléctrica.
—¿Así es como agradeces que te hayamos salvado el trasero niña? —Pidió la espía, con enojo.
Steve se acercó a ella con lentitud y con las manos en el aire, en señal de paz. —Wanda ¿cierto?, tranquilízate. Como ya te dijo Sam, no vamos a lastimarte ni a él —Señaló con la cabeza a Pietro—. Ni a ti. Natasha y yo los encontraron inconscientes cuando veníamos hacia el apartamento de Sam —Al estar cerca de Wanda colocó una mano en su hombro. Por muy extraño que pareciera, eso tuvo un efecto calmante en la castaña. La mente del rubio la tranquilizaba, no había reproche o temor hacia ella. A pesar de lo que acaba de pasar.
A decir verdad, no percibía temor u odio en alguno de ellos, ni siquiera en la pelirroja, Natasha, sólo un poco de molestia.
—De quien menos aceptaría ayuda en este mundo, sería de ustedes, Vengadores —Exclamó, reaccionando y alejándose bruscamente de la mano de Steve. Cada palabra estaba dicha con un gran e intenso odio.
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—¿Y qué haremos con los gemelos, Steve? Después de lo que me contaron está más que claro que no podemos dejarlos sin protección. Ahora mismo deben de saber que ni ustedes ni ellos murieron en la explosión —Pidió Sam, cruzándose de brazos y viendo a sus acompañantes.
Después de la intervención de Sam al pedir que dejasen a Wanda y a su hermano descansar un poco más, se encontraban ahora en la sala, con algunos papeles dispersos por la mesa de centro.
—¿Cómo sabes que son gemelos? ¿Te lo dijo Wanda? —Preguntó la espía, secándose con una toalla su cabello. Le dedicó una sonrisa divertida al Capitán.
Steve a su lado, rodó lo ojos. Sabiendo que ahora la mujer no dejaría de molestarlo respecto a Wanda.
Es hermosa, sí y con carácter. Pensó, embozando una pequeña sonrisa que borró rápidamente al ver que Romanoff lo veía con una ceja alzada.
Antes de que la espía volviera a insistir, Steve habló. —Claro que no Sam. Vamos a llevarlos con nosotros, buscar a Hill y dejarlos a su cuidado mientras nos encargamos de este desastre.
—Nos llevaría tiempo que no disponemos, Rogers —Nat colocó su mano en el hombro del Capitán, ya sin la expresión burlona—. Creo que cierta enfermera, amiga tuya, sería una opción más viable.
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Wanda podía escuchar cada palabra desde la habitación, pero decidió no intervenir. Tenía mucho en que pensar. »Oh Pietro, hermano. Te necesitó ahora. Por favor despierta«. Wanda trató de comunicarse con su hermano mentalmente, cuando se dio cuenta de la venda que cubría la pierna derecha del chico. Jadeo asustada al darse cuenta de que no había sanado.
NOTA DE LA AUTORA.
¡Hola de nuevo linduras! Sólo quería decir que muchas gracias a quienes me han dado una oportunidad :3
Nos leemos pronto
–Annie
xoxo
