Marinette se despertó aproximadamente a la misma hora que Adrien. Durante los últimos meses había tomado la costumbre de dormir la mayor parte de la tarde; era la forma más efectiva de eludir sus emociones. Cómo consecuencia, apenas lograba conciliar el sueño durante la noche. Permaneció unos minutos más recostada mientras su cerebro terminaba de despertarse. Cuando estuvo del todo consciente se levantó cuidadosamente, tratando de no despertar a Tikki. Recogió las prendas manchadas de sangre y se dirigió al baño, dónde tras quitarse aquellas que tenía puestas, las extendió sobre la bañera. Después tomó una botella de agua oxigenada del gabinete y distribuyó el líquido sobre las manchas, observando cómo se iba formando una espuma blanquecina sobre la sangre.
Mientras esperaba, observó su cuerpo casi desnudo en el espejo; suspiró al darse cuenta de que la noche anterior realmente se había excedido, y peor aún, Chat la había visto en ese estado; eso era un millón de veces peor que el hecho de que la hubiera encontrado casi desnuda. ¿Ahora cómo lo vería a los ojos, sabiendo que probablemente sentiría lastima por ella? No quería eso. ¿Por qué, entre todas las noches, había tenido que elegir esa para visitarla? No lo había visto en su forma civil desde que todo comenzó. Muchas veces se preguntó si Chat también había escuchado el audio. Suponía que sí.
Debía ser más cuidadosa; la noche anterior había perdido el control por una nimiedad; últimamente sus emociones eran muy inestables, y así como durante las batallas tenía arrebatos de euforia, cualquier detalle podía hundirla. Sentir la preocupación de Chat hacía su alterego había hecho que un torbellino de emociones negativas se apoderara de su mente; envidia hacia Ladybug, tristeza, rabia y principalmente, odio hacia sí misma, por no ser lo suficiente para ser querida en su forma civil. Ahora, en retrospectiva, su reacción le parecía absurda y vergonzosa.
Decidió que ya había dejado las prendas reposar lo suficientemente, así que las enjuagó y procedió a lavarlas de manera convencional. Cuando estuvieron limpias, se puso una camiseta y subió a colgarlas a la terraza. El cielo aún seguía oscuro, así que se sentó un momento, dispuesta a observar el amanecer. A pesar de todo, se sentía mucho mejor; el beso de Chat había sido la primera muestra de afecto que recibía en seis meses, independiente de que fuese fruto de la lastima que debía provocarle.
Ese día, había regresado a la escuela al borde del llanto, solo para recibir una sorpresa aún peor; sus padres también habían recibido el audio. Decir que se encontraban decepcionados era poco; escuchar a su hija hablar de esa forma de sus compañeros, del oficio familiar, de los valores que habían tratado de inculcarle, les había roto el corazón. Y cuando ella lo negó todo, recibió por segunda vez en su vida una bofetada; su madre no podía lidiar con su supuesto cinismo. Esa misma tarde tuvo que desakumatizarla con la ayuda de Chat Noir. Aunque las cosas se habían calmado con el transcurso del tiempo, sus padres ahora eran muy fríos.
Los primeros rayos de sol comenzaban a insinuarse. Marinette notó como Tikki se posaba en su hombro, y observaron el amanecer el silencio. Su kwami aún creía en que algún día, la verdad saldría a la luz; en cambio, el optimismo de ella consistía en creer que, en algún punto, la soledad dejaría de ser dolorosa.
Marinette llegó temprano a la escuela, mucho antes que todos sus compañeros; de esa manera evitaba los incómodos silencios durante el desayuno y las desagradables miradas de sus compañeros al cruzar el pasillo. A demás, la última vez que llegó tarde, la profesora le negó la entrada. Se colocó los audífonos y se recostó sobre el pupitre mientras la clase comenzaba; la música la ayudaba a regular su estado de ánimo. Llevaba varios minutos así cuando sintió una mano en su hombro. Sorprendida, a observó como Adrien, su antiguo amor platónico, la tocaba.
-Solo quería darte los buenos días, Marinette. Disculpa la interrupción.
-Bue-buenosdías también, A-Adrien. -Hacía meses que Marinette había comenzado a desligarse de sus sentimientos hacia el rubio, pues de esa manera su rechazo era menos doloroso. Su tartamudez tenía una razón muy distinta: era la primera persona en dirigirle la palabra (salvo por trabajos en equipo) en meses. Después de un silencio incómodo, Adrien tomó asiento y Marinette volvió a su música.
Eres un maldito cobarde, Agreste se recriminó a sí mismo el rubio. Su intención era sentarse a su lado, acompañarla, terminar con ese largo exilio, pero después de todos esos meses ignorándola, no tenía el valor necesario. Probablemente lo odiara, los odiara a todos por no creerle. Estaba a punto de tomar sus cosas y sentarse junto a ella, pero todo su valor se esfumó cuando Juleka entró al aula. Bien, entonces nos veremos esta noche.
Despues de la escuela, Marinette se había dirigido directamente a su cama. Cuando despertó, el sol ya sé había ocultado y Chat se encontraba a lado de ella, acariciando suavemente su cabello.
-Hasta que por fin despiertas, prrrincesa. Murmuró el chico. La peliazul volvió a cerrar los ojos, convencida de qué la presencia del héroe era alguna clase de sueño del que no deseaba despertar. Pero el contacto parecía muy real, así que se atrevió a abrir los ojos para descubrir que efectivamente seguía en su habitación.
- ¿Qué haces aquí, Chat?
-¿No puedo visitar a mi princesa? - Respondió con la voz cargada de falsa indignación.
- Solo tengo curiosidad, gatito. El chico sintió una punzada al notar lo apática que sonaba la voz de peliazul. Parecía solo un fantasma de la antigua
- Después de lo de ayer, necesitaba saber si te encontrabas bien.
-Oh, es eso. - A pesar de lo dolorosa que era la idea de que su compañía fuera únicamente por lástima, llevaba tanto tiempo sola que temía arruinarlo con una respuesta cortante. - Sí, estoy mejor.
- ¿Puedo... Saber qué sucedió? - Preguntó el rubio con cautela.
- No quiero hablar de eso por ahora.
- Entiendo. Entonces será luego.
- Sí, luego.
- Perdón por no haber venido durante un tiempo. Tuve una agenda muy apretada.
- No hay problema, entiendo. - Sabía que estaba mintiendo, pero prefería dejarlo, por la paz.
Después de eso, se quedaron en silencio, ninguno de los dos sabía qué decir.
-Marinette.. Tengo que cambiar los vendajes de ayer, para evitar alguna infección.
-Está bien.
- ¿Podrías..?
-Claro. - Respondió, antes de cerrar los ojos.
El chico tomó aire antes de deshacer su transformación. Está vez, iba a enfocarse únicamente en las heridas de la espalda. Marinette dejó que fuera él quien se encargara de los botones de su blusa negra y procediera a quitársela con delicadeza. Adrien tragó duro; ahora que estaban más tranquilos, podía apreciar mejor la anatomía de su amiga. Traía un sujetador del mismo color que la blusa, asentando la palidez de su piel.
- Por favor, date la vuelta. - Su voz sonaba ligeramente ronca.
La recostó suavemente y desabrochó el sujetador con los dedos temblando. A pesar de la seriedad de la situación, no podía concentrarse del todo. Por primera vez, notó lo delicada que era la curva de su espalda y se preguntó a qué sabría su piel... em Contrólate, Agreste.
-¿Chat?
- ¿Sí, princesa? - Preguntó de manera nerviosa. ¿Acaso podía leer sus pensamientos impuros?
- ¿Por qué estabas aquí la noche anterior?
- Bueno... Yo, eh... Estaba escoltando a un desakumatizado a su hogar, y no quedaba muy lejos de tu casa, así que decidí hacerte una visita. - Necesitaba desviar la conversación rápido, antes de que notará su nerviosismo. - Estás más delgada. ¿Estuviste enferma? No quiero decir que te veas mal, al contrario... Tampoco quiero decir que antes no te vieras bien, o que estuvieras gorda - se dio un zape mental. - Solo quiero decir que...
- Sí, podría decirse que estuve enferma.
Ninguno de los dos volvió a hablar hasta que Adrien terminó su trabajo. Después de que cada uno volvió a vestirse, tomaron asiento en la cama de la chica.
- Marinette, aunque en este momento no estés preparada para decirme qué está pasando, quiero que sepas que si en algún momento necesitas hablar con alguien, de lo que sea, a la hora que sea, no dudes en contactarme. Voy a darte mi número para que...
- Chat, lo agradezco, pero eso podría poner en peligro tu identidad. Sí resulta que eres alguien conocido...
- No lo creo, princesa. - Y al decir esta frase, sacó un objeto de uno de sus bolsillos; un pequeño celular de gama caja, de esos que únicamente servían para llamar y escribir mensajes de texto. - ¿Me daría su número, señorita?
Con una tímida sonrisa en los labios, la peliazul escribió su número en el pequeño aparato, y Chat agendó el suyo en el celular de Marinette.
- Perfecto, ahora, estaremos en contacto. Debo irme ya, pero de verdad, no dudes en llamar si necesitas algo.
- Muchas gracias, gatito. - Respondió la peliazul, y tras unos segundos de duda, lo abrazó.br /Chat sintió un agradable cosquilleo en el cuerpo al momento de corresponder al abrazo. Siempre había deseado tener esa cercanía con Ladybug, y a pesar de las circunstancias, se sintió agradecido. Su cabello tenía un olor delicioso. Después de varios minutos, se separaron lentamente. Al tenerla así de cerca, el chico sintió el violento impulso de besar sus labios. Ambos cerraron los ojos y comenzaron a acercar sus labios, pero en el último segundo, se Chat se acobardó y se conformó con depositar ese beso en su mejilla.
- Buenas noches, princesa. - Musitó el héroe antes de dirigirse a la ventana.
- Buenas noches, gatito.
¿Acaso estuvimos a punto de besarnos? Un violento sonrojo se había apoderado del rostro de Marinette. Después de varios minutos, logró convencerse de que había sido fruto de su imaginación y decidió concentrarse en su tarea, la cual terminó bien entrada la madrugada. Bajó a la cocina evitando hacer ruido y tomó unas cuantas galletas para su Kwami y para ella. En ese momento se dio cuenta de que no había probado bocado en todo el día, pero la idea de ingerir algo más pesado le asqueaba.
- Traje la cena, Tikki.
- Muchas gracias, Marinette.
Ambas comieron en silencio, simplemente disfrutando de su mutua compañía. Cuando el plato estuvo vacío, Marinette apagó todas las luces se metió a su cama. Justo antes de quedarse dormida, escribió un mensaje de texto.
Descansa, gatito.
Descansa, princesa. Respondió Chat Noir desde su terraza, esperando pacientemente su cita con Tikki.
Por si tienen dudas, el método del agua oxigenada es bastante útil para limpiar manchas de sangre (un tip bastante útil). Siento que este capítulo estuvo bastante aburrido, pero estoy reservando la acción para más adelante. Sí tienen alguna sugerencia, pueden dejarla en la sección de comentarios. Un saludo desde el infierno (alias, el hermoso pero caluroso pueblo que estoy visitando por una salida de campo).
