Chat salió al balcón para darle a Marinette unos minutos de privacidad para vestirse. Por alguna razón, ambos se sentían una timidez antinatural. El aire frío contra su torso desnudo resaltaba la ausencia del pequeño cuerpo de la chica. Se sentía extraño, como si desde ese momento, fuera un nuevo Adrien. ¿Notarían las personas algo distinto en él? Esa era solo una de sus tantas inquietudes. Por un momento, el chico temió que aquel acto tan íntimo que acababan de realizar creara alguna especie de barrera entre su Lady y él. Pero supo que no tenía de preocuparse cuando los pequeños brazos de la chica lo rodearon por la cintura; estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no la había oído llegar.
- Vamos a dormir, Chat. -
A pesar de la quietud de la noche, hubiera resultado imposible que alguno de ellos escuchara los clics de la cámara a algunos metros.
Adrien despertó antes de que aparecieran los primeros rayos de sol. Tal vez había dormido tres o cuatro horas, pero por alguna razón, se sentía lleno de energía. Decidió dejarle una nota a Marinette en lugar de despertarla, y se separo suavemente de ella. Antes de irse, besó su frente con infinita ternura. Le pareció increíble que alguien con una apariencia tan frágil fuera capaz de llevar una carga tan grande como la responsabilidad de ser la heroína de París... Pero así era Marinette, un cúmulo infinito de contrastes.
Regresó a su habitación con tiempo de sobra. Tras destransformarse y dejar una doble ración de queso para Plagg, se dirigió a la ducha. En su mente, todos los recuerdos y las sensaciones de la noche anterior se arremolinaban mientras el agua caliente hacía escocer las marcas que la chica le había dejado con las uñas durante su desenfreno. La situación rayaba a lo surreal. No se arrepentía, para nada, pero tenía miedo de que ella lo hiciera. Todo había sido demasiado rápido, vulgar, incluso un poco violento. ¿Lo odiaría después de eso? Pero ella lo había pedido de esa forma. Aún así, en retrospectiva, sentía que debió haberse controlado, darle algo más especial. Trataría de remediarlo la siguiente vez. Si había una siguiente vez. Pero, por los Miraculus... Como deseaba que hubiera una siguiente vez, y que fuera en ese mismo instante.
Al salir de la ducha, se detuvo frente al espejo. Salvo por las marcas oscuras en la base de su cuello y los arañazos en su espalda, nada en él había cambiado. Agradeció que la sesión del día fuera sobre la colección de invierno, pues así las marcas no serían visibles. Tras vestirse, notó que había pasado más tiempo de lo planeado en el baño, así que ya no le quedaba tiempo para desayunar (a pesar de que Plagg le ofreció un trozo de su cammembert, el cual el chico rechazó). No le tomó importancia, pues después de la sesión podría desayunar algo en casa de Marinette; seguramente sus padres ya estarían de regreso al medio día. Camino al estudio, envió dos mensajes. Uno como Chat, deseándole a Marinette un buen día, y otro como Adrien, recordándole la cita que tenían a medio día; conociendo a Marinette, tardaría varias horas el leer su mensaje.
La sesión transcurrió sin contratiempos, a pesar de que la mente de Adrien estaba muy lejos.
En cuanto el camarógrafo indicó que estaba satisfecho con las fotografías, Adrien corrió hacia el vestidor donde había dejado ambos teléfonos y a Plagg.
" ¿Qué haces despierto a esta hora? Es domingo. Ten un buen día. Te quiero". "¡Buenos días, Adrien! Claro, nos vemos a medio día. Mis papás están de regreso y harán quiché ;) "
- A juzgar por la sonrisa boba, supongo que es la chica de coletas. - Comentó Plagg.
- Sí, es Marinette. La veré en media hora. No sé como podré actuar como si nada después de lo de anoche... Bah, ni siquiera sé por qué te lo estoy contando a ti. -
- No creo que quieras hablar de esto con tu padre, ¿cierto? - Ante la sola mención de la idea, Adrien hizo una mueca de disgusto. - Exacto. En fin, no sé por qué te rompes tanto la cabeza. Es algo que todos los humanos hacen.
- No creo que lo entiendas. -
- Por si mi experiencia milenaria no fuera suficiente. - Replicó el kwami, ofendido. - déjame recordarte que no eres mi primer portador. He lidiado con adolescentes hormonales más veces de las que querría haberlo hecho. Aunque debo darles crédito; ustedes han sido los portadores más ciegos que he conocido. No pienses las cosas demasiado.
- No se trata de eso. Siento que la estoy engañando. Tengo que fingir que nada pasó por el estúpido asunto de las identidades. Esto está mal. -
El kwami no pudo responder, pues alguien tocó la puerta.
- ¿Estás bien, Adrien? -
- ¡Sí! ¡Solo dame un segundo, Nathalie! Estoy terminando de vestirme - Y dándole vueltas a sus propias palabras, se apresuró a cambiarse.
Al mismo tiempo, Marinette permanecía sumergida en la bañera, con los ojos cerrados. Se sentía extraña. Pensó que si las cosas fueran distintas, seguramente habría hablado con Alya. La extrañaba muchísimo. Tenía a Tikki, pero no era lo mismo; sentía que habían cosas que la naturaleza de la kwami no le permitía comprender. Pero aunque aún fueran amigas, estaba el asunto de la identidad de Chat. Su vida estaba llena de secretos; ni siquiera conocía el verdadero rostro del chico al que se había entregado. Tal vez ahora pensaría que era una zorra, y no en el buen sentido, como Rena Rouge. En cierta forma lo era, ¿no? ¿Eso significaba que ahora comenzaría a tratarla distinto? No sabría si podría soportarlo.
- Basta, Marinette. - Se dijo a si misma en voz alta. Tenía que frenar el rumbo de sus pensamientos, o terminaría haciéndose daño. Ya había hablado de eso con Tikki. Solo debía dejar que las cosas sucedieran. A demás, en ese momento tenía que ocuparse del otro problema. Ninguno de los dos había usado protección. En cuanto había caído en cuenta, el pánico se había apoderado de ella. ¿Cómo había podido ser tan tonta? Por su puesto que quería una familia, pero no en ese momento, y mucho menos existiendo tantos secretos de por medio. Podría usar parte sus ahorros para comprar una píldora de emergencias, pero tendría que ser dentro de varias horas, pues pasaría la tarde trabajando en el proyecto, y no podía ir a una farmacia cercana, donde los dependientes la conocían a ella y a sus padres.
Con un suspiro, salió de la bañera; ya casi era medio día. Se vistió con unos jeans, una camiseta y un suéter beige con cuello de tortuga, para cubrir las marcas que Chat había dejad sobre su piel. Mientras desenredaba su cabello, Adrien se asomó por la trampilla de su habitación; Sabine lo había invitado a pasar directamente.
Mientras trabajaban, Marinette estaba demasiado distraída para notar el extraño comportamiento de Adrien. Para las seis de la tarde, aún no habían logrado hacer algún avance significativo.
- Tal vez deberíamos continuar mañana. - Sugirió Marinette. - Estoy algo cansada, y aún tengo que comprar algunas telas. -
- Oh, entiendo. - Murmuró Adrien, un poco decepcionado. - ¿Quieres que te acompañe?.
- ¡No! - Respondió, con demasiada brusquedad. Al ver la mirada herida del chico, trató de suavizar su tono. - Quiero decir, no es necesario; son pocas cosas y sería bastante rápido. A demás, tú también deberías descansar. -
Había sido una excusa bastante pobre, pero pareció funcionar. El chófer del chico no tardó en llegar, y en cuanto se despidieron, Marinette le avisó a sus padres que iba a salir por unas telas, y a paso nervioso, se dispuso a alejarse de esa parte de la ciudad, sin notar que estaba siendo seguida. En cuanto consideró que estaba lo suficientemente lejos de casa, buscó una farmacia, compró la famosa píldora y procedió a tomarla, sintiéndose como alguna especie de criminal. Aún así, cuando volvió a casa, sentía que se había liberado de un enorme peso.
Tras cenar sin apetito y desearle las buenas noches a sus padres, Marinette trató de dormir, pero no fue capaz de hacerlo. Cuando a media noche escuchó el tímido golpeteo de Chat Noir en su ventana, no tardó en abrir.
- Hola, Chat. -
- ¿Puedo pasar? -
- Claro. -
Durante unos minutos, ambos se quedaron en silencio, sin saber que decir. A diferencia de otras veces, este era un silencio incómodo.
- ¿Estás molesta conmigo? - Preguntó Chat, aparentemente de la nada.
- ¿Qué? No, para nada. ¿Por qué estaría molesta contigo? -
- Bueno... Tu sabes... Por lo que hicimos anoche. - Respondió, sin poder verla a los ojos.
- No, Chat. No estoy molesta... Solo... No sé, me siento extraña. -
- Entiendo. -
- ¿Chat? -
- ¿Sí? -
- ¿Te arrepientes?
- ¿Qué? - Esta vez fue turno del chico de sobresaltarse. - ¡No! Fue maravilloso. - Al darse cuenta de lo que acababa de decir, se sonrojó violentamente. - Quiero decir... Marinette, sé que seguramente hubieras querido algo diferente, pero para mi, fue una noche inolvidable, en el buen sentido. Aunque entiendo si no te sientes de la misma forma. ¿Tú te arrepientes? - Preguntó, con miedo a la respuesta.
- No. - Respondió con más seguridad de la que esperaba. - Solo... Tenía miedo.
Chat no tuvo que preguntar a qué se refería, porque lo entendía perfectamente. Para ambos, era un alivio saber que esa noche no iba a destruir esa extraña relación en la que se encontraban. Una vez despejadas sus dudas, fue como si algún hechizo se rompiera. De pronto, en la cama de Marinette, hablando como siempre, riendo de los miedos temores y los malos entendidos.
- Chat. -
- ¿Sí, Princesa? -
- Si vamos a volver a hacerlo... Creo que deberíamos ser más precavidos. - En ese momento, el héroe palideció violentamente al darse cuenta de a lo que se refería.
- Mierda. -
- Tranquilo, eso ya está solucionado. - Y procedió a explicarle su travesía a los barrios bajos de París. En ese momento, el rubio se sintió el idiota más grande del mundo. Ahora entendía por qué Marinette parecía tan ausente esa tarde. Aún así, sintió como un peso enorme desaparecía de sus hombros; definitivamente no estaba listo para ser padre.
Ahora que ambos estaban mucho más relajados, el sueño comenzaba a apoderarse de ellos. Entonces, el joven recordó una de las razones por las que había llegado esa noche.
- Mari... -
- ¿Mhh? - Musitó.
- Tengo que revisar tus heridas. -
- ¿No puede ser mañana? Estoy cansada... -
- No podemos correr el riesgo de que se te infecten. Será rápido. -
La chica respondió con un sonido extraño, en parte quejido, en parte señal de asentimiento. Mientras Chat buscaba el botiquín, Marinette se quitó el camisón y se tendió boca abajo. Cuando Chat volvió, sintió como su miembro se endurecía al recorrer su delicada figura casi desnuda. Tragó saliva y trató de concentrarse.
-Recuerda. Ojos cerrados... Plagg... Destransfórmame. -
La luz verde iluminó la habitación por un momento, y ahora, en el lugar de Chat, se encontraba Adrien Agreste. Con las manos temblorosas, procedió a limpiar las heridas que estaban tardando más en cicatrizar. A excepción de las cicatrices, la piel de la chica era increíblemente suave, y casi sin darse cuenta, comenzó a recorrer con las yemas de sus dedos la línea de su columna, arrancando un gemido de los labios de la chica que hizo su miembro palpitar. De pronto, ninguno de los dos tenía sueño.
- Marinette... Me vas a volver loco. - Susurró el chico, con una voz tan hambrienta que nadie hubiera podido relacionar con Adrien Agreste.
- Por favor, Chat... Sigue... -
Esas palabras sonaban tan similares a las que le había dicho la noche anterior... Y realmente, deseaba seguir, volver a hacerla suya... Pero utilizando su último vestigio de cordura, se detuvo. Al menos por esa noche, lo más prudente era solo dormir. Así que terminó de curarla, y, renovada su transformación, la envolvió en sus brazos, hasta que ambos se quedaron dormidos.
¿Cuánto tiempo sin leernos? Bastante más de lo planeado, si me preguntan a mi. He tenido unos meses horribles, pero espero volver a actualizar regularmente.
En fin, consideren este capítulo como una mini cátedra de las consecuencias del sexo sin protección (?) Y recuerden; las postdays no son dulces.
