Cuando Chat abrió los ojos y reconoció el cuarto de Marinette, no se sintió sorprendido; de alguna forma, despertar con ella en sus brazos se había vuelto algo natural. Tras separarse de ella con delicadeza y dejar besar suavemente su frente, se deslizo hacia la penumbra. Por un momento, creyó escuchar algo parecido al "clic" de una cámara, pero tras dar un vistazo rápido a la calle desierta, decidió que había sido su imaginación.


Marinette había tenido una mañana maravillosamente tranquila. Antes de salir de la panadería, su mamá le había entregado una bolsa con croissants rellenos de queso crema, para ella y para Adrien. Como ambos habían llegado temprano, tuvieron tiempo suficiente para probar algunos mientras conversaban de temas triviales. El trabajo de literatura del día había sido asignado en parejas, y con ayuda de Adrien, había terminado con tiempo de sobra. Aunque de vez en cuando recibían algunas miradas desagradables del resto del grupo, habían aprendido a ignorarlas. Marinette se sentía un poco culpable por Adrien, ya que, al parecer, ser amigo suyo había colocado una barrera entre él y el resto del grupo, pero al chico parecía no importarle en absoluto. A demás, estaba la cereza del pastel; Lila Rossi había enviado un mensaje diciendo que llegaría después del almuerzo, pues tenía un desayuno con la reina de Inglaterra (algo que, al parecer, solo a Adrien y Marinette les pareció ridículamente falso).

Pero al parecer, la paz era un lujo bastante efímero, pues mientras ambos almorzaban en el parque cercano a la escuela, unos gritos cercanos los alertaron de la presencia de un nuevo akuma.

- Eh... Yo... Olvidé mi teléfono en el salón y debo avisarle a mi padre que estoy bien. - Inventó Adrien.

- Oh, claro. Aquí te espero. - Replicó Marinette nerviosamente.

En cuanto se quedó sola, buscó rápidamente un escondite. La pequeña Kwami salió de su bolsa.

- ¿No puedo tener un día completo de paz, cierto? - La kwami la miró con un poco de pena. Sin esperar por una respuesta, continuó. - Bueno, entre más rápido terminemos con esto, mejor. ¿Lista, Tikki?

- ¡Lista! Di las palabras, Marinette.

- ¡Tikki, motas!

Una vez transformada, se dirigió rápidamente al lugar del que provenían los gritos. En medio de la calle, entre una multitud tratando de huir y decenas de autos recién abandonados, levitaba una figura femenina de largos cabellos rubios, ataviada con una delicada armadura dorada. En la mano derecha, llevaba un enorme arco y a su espalda, cargaba con un carcaj de cuero repleto de flechas. Cuando se acercó más notó que, a pesar de la expresión de ira que deformaba su rostro, era una mujer hermosa. Era evidente que se trataba del akuma.

- ¡Todos los hombres son unos cerdos! ¡Y no descansaré hasta que ninguno de ellos pueda volver a dañar a una mujer inocente! -

- Supongo que esta no es de las cosas que se solucionan hablando - Murmuró Ladybug para si misma.

En un movimiento ágil, la joven de la armadura sacó una flecha del carjac y sin siquiera tomase un segundo al apuntar, disparó hacia un hombre que trataba de huir. En cuanto lo tocó, la flecha desapareció, y el hombre se transformó en un aterrorizado ciervo. Al verlo, el akuma soltó una sonora carcajada.

- ¡Ningún hombre podrá escapar de la ira de Artemisa! - Mientras hablaba, tomó una nueva flecha y metamorfoseó a otro transeúnte. Estaba a punto de disparar nuevamente, cuando un golpe de bastón arrojó su arco a varios metros.

- ¿Existe alguna posibilidad de que hagamos esto por las buenas y nos digas de una vez dónde está el akuma?

De un salto, la chica fue a parar al otro extremo de la calle, y tras extender brazo derecho, el arco volvió por mi mismo a su mano.

- No, por supuesto que no. - Se respondió a si mismo Chat, poniendo los ojos en blanco.

- ¡Cuidado! - Escuchó, antes de ser arrastrado varios metros por el yo-yo de Ladybug.

- ¡No bajes la guardia, Chat. Es muy rápida! - Mientras hablaba, rechazó un par de flechas más usando su yo-yo como escudo. El chico tardó unos segundos en ponerse en guardia. Parecía que cada akuma era más agresivo que el anterior.

- ¿Tienes algún plan, mi Lady? - Gritó el chico, mientras esquivaba una nueva flecha.

- El akuma debe estar en el arco. Tenemos que tratar de acercarnos.

- Los ataques están dirigidos a mi.- Observó Chat. - Puedo intentar distraerla.

- Está bien... Ten cuidado.

- No te preocupes, Mi Lady. Los gatos tenemos siete vidas. - Replicó, guiñando un ojo con coquetería. Volviéndose hacia Artemisa, gritó - ¿Eso es todo lo que tienes? - Como respuesta, una nueva lluvia de flechas se dirigió hacia él. Apenas logró esquivarlas.

Mientras recargaba, Ladybug dio un rodeo para acercarse a la villana por detrás. Observó con preocupación que había comenzado a disparar varias flechas a la vez. Lanzó su yo-yo en un intento de inmovilizarla, pero Artemisa percibió el movimiento de reojo y la esquivó con una gracia envidiable.

- Oh, Ladybug. Te daré un consejo, de mujer a mujer. No vale la pena sacrificarse por ninguno de esos adefesios llamados hombres. Por dentro, todos son igual de repulsivos, y ese saco de pulgas no es diferente al resto. - Ignorándola, la heroína moteada volvió a tratar de golpearla, fallando estrepitosamente. - Pero si insistes en defenderlo, puedo hacer una excepción y dejarlo en paz a cambio de tu Miraculous. -

- Yo te propongo un mejor trato. Entrégame el akuma y terminemos con esto de una vez. Ambas sabemos cómo va a terminar esto. - Ladybug trató de acercarse nuevamente, pero esta vez, en lugar de esquivarla, Artemisa la recibió con un revés de su arco que la arrojó varios metros atrás, dejándola visiblemente aturdida. Era el momento perfecto para tratar de tomar su Miraculous, pero en lugar de eso, la villana se alejó en búsqueda de nuevas víctimas.

- Atacarnos entre nosotras solo impide concentrarnos en el verdadero enemigo. - Dijo mientras se marchaba.

Unos momentos después, Chat Noir, quien había visto el enfrentamiento, estaba a su lado.

- ¿Estás bien? - Preguntó, sin su característico tono juguetón.

- Eso creo. - Respondió Ladybug con una mueca. El traje había recibido la mayor parte del impacto, pero aún así, sentía las costillas adoloridas. - Es demasiado rápida. Tenemos que encontrar alguna forma de inmovilizarla. - Viendo una docena de ciervos corriendo e distintas direcciones, añadió. - Y hay que hacerlo pronto. -

Sin tener una idea de como inmovilizar a Artemisa, Ladybug invocó su Lucky Charm. Una copia del miraculous de la abeja se materializó en el aire, indicándole lo que tenía que hacer. No se sorprendió; cada vez, necesitaban refuerzos para lidiar con los akumas con mayor frecuencia.

- Volveré tan rápido como pueda, Chat. No trates de enfrentarla tú solo.

En cuanto estuvo lo suficientemente lejos, Ladybug buscó un callejón para destransformarse. Mientras Tikki recargaba sus energías en su bolsa, Marinette corría tan rápido como podía hacia la casa del maestro Fu.

En cuanto tuvo el Miraculous de la abeja, se transformó y se dirigió hacia el hotel Le Grand París en busca de Chloé. Pero a excepción de algunos ciervos, el hotel estaba desierto. Había pasado más de una hora desde que había iniciado el ataque; seguramente, la mayoría de los ciudadanos habían buscado algún refugio. El tiempo apremiaba, y no podía darse el lujo de buscar a un nuevo portador, por lo que fusionó ambos miraculous. Con ayuda de su comunicador, localizó a Chat y se apresuró a encontrarse con él.

- ¿Dónde está Chloé? - Preguntó Chat. No era la primera vez que Ladybug se veía forzada a fusionar miraculous, pero solía hacerlo como última opción.

- No pude localizarla. Hay que detener al akuma rápido. Ya ha provocado demasiados problemas.

No les fue difícil encontrarla gracias a las transmisiones en vivo; ya que solo atacaba a los hombres, las mujeres podían grabar sin peligro. El plan era simple, pero arriesgado. Habrían dos ataques sorpresas, el primero de Chat e inmediatamente después, iría Ladybug, utilizando Venom para inmovilizarla; después de eso, Chat Noir utilizaría su cataclismo en el arco y acabarían con todo. Tenían que sincronizarse a la perfección para que el plan funcionara, y solo tenían una oportunidad, pues dependían del factor sorpresa, pero sabían que eran capaces de hacerlo.

Pero, como si el destino estuviera en su contra, algo llamó la atención de Artemisa, haciéndola voltear hacia el tejado en el que ambos héroes se encontraban. Las flechas iban directamente hacia Ladybug... Y hubieran llegado a su destino, de no ser por Chat Noir, que se interpuso en su trayectoria, protegiéndola, como tantas veces, con su propio cuerpo. Ahora, en lugar de su compañero, había un ciervo, negro como la noche, que la observaba con ojos cargados de tristeza.

Todo pasó demasiado rápido. Chat Noir se encontraba demasiado cerca del borde del tejado. Cuando se transformó, parte de su cuerpo quedó sin apoyo alguno, y al tratar de estabilizarse, perdió el equilibrio, cayendo al vacío. Ladybug trató de evitarlo, pero el peso la arrastró junto a Chat. El impacto la hubiera matado de no ser por la protección del traje. Aún así, ni siquiera podía levantarse. Y no muy lejos de ella, el ciervo negro se encontraba inmóvil. Trató de arrastrarse hacia él, pero Artemisa se interpuso en su camino. Ni siquiera tenía fuerzas para resistirse cuando esta se agachó para quitarle los aretes. Sabía que esta vez había fallado, a todo París, a su Chat.

- Ese no es mi problema.

Aturdida como estaba por el golpe, Ladybug tardó unos momentos en darse cuenta de que Artemisa no se dirigía a ella.

- ¡No me hables de esa forma, cerdo! ¡Sabes que, aunque quisiera, no lo puedo revertir! - Al parecer, el akuma estaba discutiendo con Hawk Moth. ¿Por qué? Por fin los había vencido... Después de tantos años, estaba a punto de tener su Miraculous y el de Chat Noir... Entonces, se dio cuenta del error. "No puede tomar el Miraculous de Chat con él en esa forma". Eso los colocaba a todos en un punto muerto.

Con la mente aún nublada, observó como Artemisa le gritaba a Hawk Moth, como lo amenazaba de destrozarlo y como, repentinamente, un dolor insoportable parecía apoderarse del cuerpo de Artemisa, antes de que el akuma abandonara por sí mismo el arco, dejando a una joven asustada en donde antes se encontraba la supervillana.

De alguna forma, Ladybug logró ponerse de pie y purificar el akuma. Inmediatamente después, invocó su Lucky Charm, y, sin siquiera detenerse a analizar el objeto que su poder le había otorgado, lo lanzó al aire, invocando su Miraculous Ladybug. Aunque había vuelto a la normalidad, Chat seguía sin moverse. Al borde del llanto, se acercó al chico, rogándole que por favor, despertara. Pero Chat seguía sin moverse.

- ¡Por favor, Chat, despierta! - Suplicó. No se había dado cuenta de en qué momento las lágrimas habían comenzado a fluir, ni le importaba. No podía perderlo, no a él. Simplemente, era más de lo que podía soportar. Entonces, el milagro ocurrió, y Chat abrió los ojos.


Esa noche, cuando Chat entró a su habitación, lo estaba esperando. Sin decir una palabra, lo abrazó con todas sus fuerzas. Y lloró como no había podido hacerlo esa tarde, cuando debía hacerse cargo del desastre ocasionado por Hawk Moth.

- Creí que te había perdido.- Murmuró.

- Tranquila, Marinette. Los gatos tenemos siete vidas. - Al escuchar la misma frase que le había dicho esa tarde, antes de la batalla, lo abrazó con más fuerzas.

El chico esperó pacientemente, y la peliazul lloró hasta quedarse dormida. Pero esa vez, algo se había roto, no solo en ella como Marinette, sino también como su alterego. Sentía que había fallado, a él, al maestro Fu, a todo París. Esa tarde habían sido derrotados, y a pesar de que se habían librado de las consecuencias, tenía que lidiar con ese hecho. Y ella asumía toda la culpa.

"Finalmente, resulté no ser digna del Miraculous de la creación."


Bueno, ya hacía falta algo de drama (?) No me gusta escribir escenas de batalla, y de hecho, me cuesta muchísimo. Pero de todas formas lo intenté. Por cierto, la villana está basada en el mito de Artemisa y Acteón; en él, Acteón espía a Artemisa bañándose, y como castigo, ella lo transforma en un ciervo que es devorado por sus propios perros de caza.