Esa noche, cuando Marinette abrió la ventana a la hora acostumbrada, la mirada que le dirigió Chat Noir le hizo sentir un escalofrío que recorrió su espina dorsal: Era, en toda regla, la mirada de un depredador. Por supuesto, el chico no podía decirle que la reunión esa tarde lo había dejado descolocado. La chica había usado una camisa blanca extremadamente holgada que le permitía apreciar su cuello, sus clavículas y el nacimiento de su pecho, y la falda, que a ratos se levantaba de más por el movimiento, le permitía apreciar sus delicadas piernas. Su "amiga", mientras tanto, trabajaba sin tener la más remota idea de lo que pasaba por su cabeza, a pesar de que en la noche, las cosas eran completamente distintas.
Sin siquiera saludarla, se apoderó de sus labios, y la chica, aunque sorprendida por el arrebato del héroe, no dudó en corresponderle. Chat Noir la tomó de los muslos para elevarla en el aire, y sin darse cuenta, de pronto Marinette estaba en su cama, con Chat Noir sobre ella.
Esta vez, quien pareció recobrar la cordura fue Marinette quien, muy a su pesar, lo apartó un poco.
—Chat... No podemos.
—Esta vez vine preparado...— Murmuró el chico con algo de timidez, mostrando que, en uno de los bolsillos ocultos de su traje, llevaba una caja de preservativos. A continuación, la chica le dedicó una mirada tan intensa que no pudo evitar sonrojarse. Notando esto, volvió a besar al chico, antes que alguno de los dos tuviera tiempo de arrepentirse.
La primera vez, todo había sido demasiado intenso, casi salvaje. Esta vez, ambos fueron con más delicadeza, casi olvidando la desesperación inicial. Y cuando terminaron, no había ningún sentimiento de culpa de por medio.
Esa fue la primera noche en la que Chat fue el primero en quedarse dormido.
Marinette no tenía idea del por qué algunas noches su novio llegaba especialmente ansioso, caso desesperado por el contacto físico. Por alguna razón, no se daba cuenta de que, casualmente, esos eran los días en los que pasaba tiempo extra con Adrien, ya fuera trabajando en algún proyecto o actividad escolar, siendo el modelo para su proyecto personal o simplemente, pasando tiempo con ella porque sí. Había transcurrido un mes desde que había comenzado su relación secreta, y, durante ese mes, había sido genuinamente feliz.
Ese domingo, había invitado a Adrien a su casa para hacer las pruebas finales del traje durante la mañana. El resultado era soberbio; el traje resaltaba el atractivo natural de Adrien, como si hubiera sido diseñado exclusivamente para él. Por supuesto, las prendas, por si mismas, también eran magníficas, dignas de una diseñadora profesional.
Mientras la peliazul tomaba varias fotografías para documentar el resultado, no pudo evitar sentirse orgullosa de sí misma; con la ayuda de Chat, Adrien y Tikki, finalmente sentía que estaba saliendo adelante. Aún tenía momentos de debilidad, pero al fin podía ver la luz al final del tunel. En dos semanas cumpliría 17 años y en poco más de un año, por fin entraría a la universidad, donde podría tener un nuevo inicio. Tal vez era mucho tiempo, pero tenía la certeza de que sobreviviría si lograba enfocarse en sus diseños y las personas (y kwamis) que la apoyaban.
—Bien, creo que con estas bastan. Ya puedes volver a ponerte tu ropa.— Dijo Marinette, dando por finalizada la sesión. — Aún quedan unos quince minutos antes de que pasen por ti. Podemos comer un poco del quiché que tanto te gusta.
—Mmhh... Suena bastante tentador.— Murmuró Adrien, como si realmente lo estuviera pensando.— Bien, me tendrás de vuelta en cinco minutos.
Una vez en el baño, su pequeño Kwami salió de algún escondite, tomándolo por sorpresa.
—Tikki tiene razón, muchacho. Estás jugando con fuego.
— ¡Pero esta vez no hice nada!— Protestó el chico, mientras se apresuraba a cambiarse de ropa.
—¿Ah, no? La miras como cordero a medio morir. Parece que tu novia es la única que no se da cuenta. Mi terroncito me dijo que su mamá ya ha preguntado varias veces si ustedes dos están saliendo, aunque ella siempre le responde que "solo eres un buen amigo". Bastante irónico, si me lo preguntas.
Adrien iba a responder, pero en ese momento, Marinette tocó la puerta, avisándole que había subido el quiché.
—¡Salgo en un momento!— Contestó mientras, a señas, le indicaba a Plagg que volviera a su escondite.
El guardaespaldas de Adrien pasó por él puntualmente, llevándolo directamente a una sesión fotográfica (esta vez, una para la marca Agreste). Mientras tanto, Marinette se dispuso a revisar las fotografías en su computadora y seleccionar las mejores. Había una fotografía en particular en la que Adrien posaba de perfil que, por alguna razón, le evocaba a su Minou. Tal vez eran las sombras que la luz formaba sobre su rostro, o algo en su expresión. No estaba segura, pero trató de descifrarlo.
— Llevas bastante tiempo viendo esa foto. Esto me recuerda bastante a los viejos tiempos.— Dijo Tikki con una risita. Ante la sugerencia, Marinette se sonrojó levemente.
—¡Ya lo he dicho muchas veces! Adrien es solo un amigo.
—¿Estás segura de eso? Sentimientos como esos no se superan de un día para otro.
—No fue algo de un día para otro, Tikki...— Murmuró, con un dejo de nostalgia. —Quiero mucho a Adrien, pero es algo diferente. Y creo que las cosas están mejor así: Adrien es un chico maravilloso, pero lo que tengo con Chat es... Ni siquiera puedo describirlo. No sé como pude ser tan ciega tanto tiempo respecto a Chat, mientras él fue capaz de enamorarse de mi dos veces. Como sea... lo único de lo que me arrepiento es de no haberme dado cuenta antes. Una relación con Ladybug sería más segura para ambos. Pero en fin, lo hecho está hecho.
A pesar de que la kwami estaba feliz por el progreso de su portadora, tenía miedo de como podía resultar todo eso. Toda esa situación con las identidades secretas era demasiado peligroso, y no tenía idea de las consecuencias que un error podría desencadenar. Pero no quería angustiar a Marinette, a demás de que ella no podría comprender completamente su preocupación, a menos no sin revelar la identidad secreta del portador de Plagg, así que decidió dejar el tema.
—Bueno, creo que ya terminé. Le enviaré las mejores fotos a Adrien.
Mientras redactaba el correo, la chica se debatió mentalmente entre si enviar o no esa fotografía. Finalmente, decidió conservarla para si misma.
Simultáneamente, en el estudio, la sesión transcurría con fluidez. Adrien estaba de excelente humor, como siempre que pasaba tiempo extra con Marinette, y eso se proyectaba ante las cámaras. El fotógrafo estaba encantado con los resultados que estaba obteniendo, a demás de que estaban avanzando mucho más rápido de lo planeado. Finalmente, la sesión terminó casi una hora antes de lo esperado. Después de cambiarse, el joven Agreste tomó su celular, y una enorme sonrisa se formó en su rostro al notar que tenía varios mensajes de Marinette. Al abrirlo, vio que eran algunas de las fotografías que había tomado esa mañana.
No se dio cuenta de que Nathalie estaba detrás de él.
—Ese no es uno de los diseños de tu padre, ¿cierto?— Preguntó, con su seriedad habitual. Al oírla, Adrien sintió que su sangre se helaba. —¿Y bien? No has respondido mi pregunta.
—No... No lo es.— Respondió a regañadientes.
—Sabes que tienes un contrato de exclusividad con la marca de tu Padre.
—Pero esas fotografías no van a publicarse en ningún lugar. Solo estoy ayudando a una amiga con un proyecto personal.— Dijo atropelladamente. Nathalie no le respondió. Solo hizo una seña, indicándole que entregara su teléfono. De mala gana, lo hizo.
El camino de regreso a la mansión se sintió eterno. Nadie habló. Mientras se acercaba a su destino, Adrien no podía dejar de pensar en la reacción de su padre. Su mayor temor era que le prohibieran volver a ver a Marinette.
Al llegar, Nathalie se dirigió inmediatamente a la oficina de su padre. Unos quince minutos después, lo llamó: Gabriel Agreste quería hablar con él.
—Adelante.
Adrien entró, asustado, pero dispuesto incluso a enfrentar a su padre. Estaba dispuesto a todo, menos a alejarse de Marinette.
—¿Quién diseñó el traje?— Preguntó el diseñador sin rodeos.
—Marinette.— Admitió el chico, tras unos segundos, incapaz de mentir.
—Ah, lo imaginaba. Su estilo es inconfundible...
—Lo sé.— Respondió Adrien, sin saber qué más decir.
—¿Es el único diseño en el que ha trabajado?
Esa pregunta tomó a Adrien por sorpresa.
—Eh... Creo que tiene varios diseños, pero solo en bocetos. Ese es el único que ha hecho por el momento.
—Ya veo...— Gabriel pareció meditar la respuesta de su hijo por unos segundos, antes de añadir. — Quiero ese traje en la colección de Invierno de este año.— Ignorando por completo la mirada de estupefacción de su hijo, prosiguió. —Y también me gustaría echar un vistazo a los otros diseños de tu amiga. Por supuesto, recibiría una remuneración económica bastante significativa por su contribución, y se le daría el crédito correspondiente a su trabajo. Dependiendo del resultado, podría darle un trabajo permanente en Gabriels... No quiero que algún competidor se quede con ese talento. En fin, eso se verá luego. Habla con tu amiga, y si está de acuerdo, Nathalie agendará una cita con ella para mañana. Eso es todo, sigue con tus actividades.— Y con eso, dio por finalizada la conversación.
Aún en estado de shock, Adrien llamó a Marinette para contarle la conversación que tuvo con su padre: la chica aceptó de inmediato. En la noche, cuando llegó a verla como Chat Noir, la encontró eufórica.
La mañana del lunes, Marinette se había esmerado especialmente en su atuendo. Incluso había usado un poco de maquillaje; quería verse presentable para la reunión, la cual sería esa tarde: al finalizar las clases, la limusina de Adrien los recogería a ambos y hablaría directamente con Gabriel Agreste. Cuando llegó a clases, Adrien la felicitó alegremente. Se sentía nerviosa y emocionada en partes iguales, pero las palabras de ánimo de su amigo la ayudaron a calmarse.
Estaban tan distraídos, que ninguno de los dos notó la mirada cargada de odio de Lila.
Finalmente llegó la hora, y todo pasó muy rápido: antes de darse cuenta, Marinette había firmado un contrato con la marca Gabriels. Solo necesitaba que sus padres firmaran una autorización, al ser ella menor de edad, pero ya había hablado con ellos, así que prácticamente estaba todo listo.
Antes de llevarla a su casa, Adrien ofreció invitarle un helado, para celebrar. La chica aceptó, encantada.
Tras terminar los helados, decidieron dar un pequeño paseo. Adrien estaba encantado de ver a su chica tan feliz. Por fin, la vida la estaba tratando como merecía. Ni siquiera un akuma podría arruinar ese momento.
—Muchas gracias, Adrien.— Dijo la chica, mirándolo a los ojos. —De verdad, no podría haber hecho esto sin ti.
—No es nada, Marinette. Todo el crédito es tuyo.
—No, de verdad... Durante este último par de meses, has sido un pilar fundamental en mi vida. No sé que haría sin tí.
Durante unos segundos, se miraron a los ojos, en silencio. Marinette sonreía, y lo miraba de una forma tan dulce que creyó que se iba a derretir. El viento alborotó ligeramente el cabello de la chica, dejando algunos mechones sobre su cara que Adrien apartó con delicadeza, rozando su mejilla en el acto.
Entonces, Adrien no se pudo contener más.
La besó.
¡Bien, mis queridas lectoras, lectores y raza NB que lee! Ahora sí se viene todo el drama. Con este capítulo, doy por finalizada la fase dos del fic. La fase tres... Bueno, solo les advierto: prepárense.
Por cierto, simplemente no puedo resistirme a Marinette diciendo que Adrien es un buen amigo jajaja. Es justicia poética.
Nos leemos pronto. Cuídense y eviten salir de casa.
Dejen sus reviews, me alimento de ellos.
