Esa noche, las pocas horas de sueño que Adrien pudo obtener, fueron bastante intranquilas. Tuvo varias pesadillas, todas relacionadas con Marinette: Marinette convirtiéndose en cenizas, Marinette siendo akumatizada, Marinette cubierta de sangre... Y cada que cerraba los ojos esas imágenes lograban colarse nuevamente bajo sus párpados. Tal vez tener a la chica a su lado hubiera ayudado a calmar sus miedos, pero esa noche, su novia le había dicho que quería estar a solas, así que se había visto obligado a volver a su fría habitación.
El poco tiempo que estuvo con la chica, la notó nerviosa. No le había hablado del beso que había recibido de su forma civil. ¿Acaso no confiaba en él lo suficiente? ¿A qué le temía? ¿A que se enfadara con ella, a pesar de que no era su culpa? ¿O a que tomara represalias contra Adrien Agreste por atreverse a besarla? No tenía idea, y no había forma de preguntarle directamente sin revelar su identidad. En ese momento, se odiaba por el predicamento en el que la había metido.
Esa tarde la había besado, y aunque la joven lo había apartado rápidamente, el daño ya estaba hecho. Nunca olvidaría el miedo y la confusión que su rostro había reflejado antes de salir corriendo. Trató de llamarla, pero no respondía, así que le envió infinidad de mensajes, diciéndole que era un idiota, que lo disculpara, que no quería perder su amistad por un impulso de idiotez. Finalmente, había respondido con un solo mensaje, diciendo que no había problema, que solo fingirían que eso no había sucedido, pero sabía que mentía.
Su alarma sonó, anunciando que esa tortuosa noche había finalizado, a pesar de que aún no se asomaran los primeros rayos del sol. De mala gana, se puso de pie.
Hizo su rutina matutina en modo automático. Estaba hecho un manojo de nervios, porque sabía que, cuando llegara a la escuela, ella estaría allí, y tendría que enfrentarse a su estupidez.
Plagg le había dicho que lucía espantoso, y le había dado la razón. Un poco de maquillaje le ayudó a borrar las marcas del insomnio; no quería tener que darle explicaciones a Nathalie, y por consiguiente, a su padre.
Tras desayunar sin apetito, había llegado la hora de dirigirse a la escuela. El camino le pareció eterno; nunca había tenido tanto miedo y a la vez, tantas ansias de ver a Marinette. Cuando llegó, la encontró en el lugar de siempre, al fondo del salón. Tomó aire, y se sentó a su lado en silencio, sin saber muy bien que decir. No pudo evitar notar que la chica se tensó ante su cercanía.
-Marinette... Yo... De verdad, siento mucho lo que pasó ayer. No debí besarte de esa forma. Entiendo si estás molesta conmigo, pero solo quiero que sepas que...
- No te preocupes. - Respondió la chica, interrumpiéndolo con una sonrisa forzada. - Solo finjamos que eso jamás pasó.
Poco a poco, el salón se fue llenando. Trataron de conversar como siempre, pero el ambiente se sentía forzado. Ambos deseaban que, con el paso de los días, las cosas se fueran suavizando hasta volver a ser como antes. Mientras Adrien se disculpaba, Marinette casi había soltado una carcajada amarga ante lo irónico de la situación; un año antes, hubiera sido la chica más feliz del mundo por ese beso, pero ahora, la hacía sentirse sucia. No podía quitarse la impresión de que había traicionado a Chat, a pesar de que Tikki había tratado de convencerla de que ella no había hecho nada malo: fue Adrien quien la besó. Pero tampoco podía culparlo. ¿Cómo podía saber que estaba en una relación con el héroe de París? Ni siquiera por ser su mejor amigo podía confiarle ese secreto. Aún no entendía en qué forma podía haberle enviado la señal de que ella deseaba algo más que una amistad. En el mejor de los casos, sabía que, a partir de ese momento, debía guardar una mayor distancia con Adrien.
La case estaba por comenzar, y el profesor comenzó a pasar lista. Su mente estaba demasiado ocupada como para prestar atención en la clase, así que cuando dijeron su nombre respondió por inercia.
- Lila Rossi.
- Me envió un mensaje hace unos minutos. Se desmayó esta mañana, y su mamá insistió en que descansara el día de hoy. - Dijo Alya.
- Oh, pobrecita. Espero que se recupere. - Murmuró Rose.
La tarde anterior, Francis Beauchene la había contactado, diciéndole que había conseguido algo grande y que debían reunirse de inmediato. Esperaba que realmente se tratara de algo bueno, porque había gastado una de sus mejores excusas para poder reunirse con él esa mañana. Esta vez, habían acordado reunirse en un pequeño parque en la zona industrial. Nuevamente, la italiana iba disfrazada para tratar de pasar desapercibida, aunque más bien estaba logrando lo contrario. Caminó hacia la banca que quedaba justo frente a la fuente y se sentó a esperar. Unos minutos después, alguien se sentó a su lado.
- Señorita Rossi. - Saludó el hombre cortésmente.
- Vamos al grano de una vez. ¿Qué conseguiste?
El periodista le extendió un sobre idéntico al de la vez pasada. Lila lo abrió, impaciente. Al ver las fotografías, su rostro se tornó lívido, mientras una mueca de ira se formaba en su precioso rostro.
A pesar de que las fotos estaban un poco borrosas, podía distinguirse perfectamente que se trataba de Adrien y la panadera. La sucesión de fotos captaba tanto el beso, como la forma brusca en la que Marinette se apartaba y su posterior huida. Viendo todas las fotografías, era fácil deducir que él la había besado contra su voluntad, pero aún así, la culpaba a ella. ¿Cómo se atrevía esa mosca muerta en poner sus sucios labios sobre su Adrien? Pero pronto, su cabeza comenzó a elaborar un plan. Esas fotografías serían el último clavo en la tumba de Marinette Dupain-Cheng. En sus labios se formó una sonrisa que hizo que Francis sintiera un escalofrío.
- Bien, esto es lo que harás. Quiero que escribas una nota, y quiero que aparezca en primera plana. El titular será "La zorra de París" y hablará de como Marinette Dupain-Cheng se ha dedicado a envolver a dos de los solteros más codiciados de la ciudad. De ser posible, quiero que se publique mañana.
Francis la miró horrorizado.
- ¿Estás loca? No puedo hacer eso.
- Obviamente te pagaré extra. - Respondió Lila Rossi, poniendo los ojos en blanco.
- No se trata de eso. Lo que me estás pidiendo atenta por completo contra la ética de un periodista. Me estás pidiendo que invente una historia completamente falsa y manipule la evidencia para hacerla concordar.
- ¿Mentir? Pero si es obvio que eso es la que la muy mustia ha estado haciendo.
- No es verdad. A pesar de que las primeras fotografías son bastante comprometedoras, no podemos afirmar nada. Y en las últimas, es obvio que la chica no quería ese beso. Si quieres, puedo escribir un titular insinuando que Chat Noir puede estar involucrado en un romance secreto, pero no iré más lejos.
- Bien, como sea. Si no lo haces tú, lo hará alguien más. Ya tengo lo que necesito. Te enviaré el resto del dinero más tarde. Gracias por tus servicios.
Antes de que Francis pudiera responder, la italiana se puso de pie y se alejó del lugar.
A pesar de estar en casa de Adrien, Marinette se sentía más centrada. Tal vez era el hecho de tener un objetivo fijo, en este caso, el presentar una de sus creaciones a su diseñador favorito y explicarle detalladamente el proceso de elaboración. Oficialmente, se había convertido, al menos de forma temporal, en diseñadora asistente de la marca Gabriel; esa mañana, mientras estaba en la escuela, Nathalie había llevado la documentación pertinente a sus padres, quienes habían firmado sin chistar. La paga sería bastante buena, pero lo que más le emocionaba era la idea de que su nombre fuera mencionado en una de las ostentosas pasarelas que organizaba la marca.
El único detalle es que tendría que pasar tiempo extra con Adrien, y en ese momento, necesitaba un poco más de espacio. No quería perder su amistad, pero después de ese beso, se sentía culpable pasando tiempo con el chico. Tal vez Tikki tenía razón y se sentiría mejor después de hablarlo con Chat. Pero la noche anterior no había sido capaz de hacerlo; tenía miedo de que su novio se enfadara con ella y decidiera abandonarla. Pero a la vez, estaba segura de que no podría seguir guardando ese secreto por más tiempo, o la culpa la devoraría viva. Decidió que le diría la verdad esa noche, pasara lo que pasara.
Después de varias horas, Gabriel Agreste dio por finalizada la junta. Se había acordado que ese diseño pasaría prácticamente íntegro a las Fábricas, salvo algunas pequeñas mejoras. A demás, cinco de sus diseños secundarios serían desarrollados, pues Gabriel también los quería en su colección. Era bastante trabajo, pero tenía varios meses para hacerlo. Ya había decidido que, con su primer cheque, compraría los materiales necesarios.
La limusina la llevó a su casa. Trató de entretenerse un rato trabajando en uno de sus diseños, pero comenzó a sentirse cansada. Decidió dormir una siesta; así estaría completamente despierta cuando llegara la hora de tener la conversación con Chat Noir... Pero justo cuando comenzaba a atravesar el umbral del sueño, la alerta de Akuma la obligó a entrar en acción.
El villano en particular no era particularmente destructivo, pero sí escurridizo. Se trataba de un chico que había quedado en segundo lugar en una especie de concurso de cosplay, y, al ser akumatizado, había adquirido los poderes y el nombre del personaje al que caracterizaba; Flash. Finalmente, lograron derrotarlo gracias a la colaboración de Rena Rouge, pero Ladybug había quedado exhausta.
Cuando Chat Noir entró esa noche por su ventana, la encontró profundamente dormida. Decidió no despertarla.
¿Huelen eso? Sí, efectivamente, huele a drama.
¿Logrará Lila Rossi su cometido? ¿Podrá Marinette librarse de sus maquinaciones? ¿Se arreglarán las cosas entre Marinette y Adrien? Lo sabremos en el próximo capítulo.
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