Hola a todos los que leyeron el primer capitulo de esta historia, estoy muy feliz por la cantidad de personas que ha leído el primer capitulo, las alertas, favoritos y comentarios. Han surgido un montón de dudas y preguntas y como no me gusta dar muchos spoilers les dejo el capitulo una semana antes de lo planeado, más que nada para ver si les aclara algo. Nos leemos al final del capitulo.

Historia beteada por G. Mauvaise


2. En casa.

Cuando se apareció al final de Privet Drive su corazón latía como loco. Se quedó quieto un instante en espera de hechizos y alarmas, pero nada sucedió. Frunció el ceño y tragó nerviosamente; esto era demasiado fácil. Asegurándose que el hechizo desilusionador estaba bien colocado se dirigió lo más rápido que pudo al número cuatro.

Puso total atención tratando de sentir las barreras y protecciones, pero no había absolutamente nada alrededor de la casa. Su respiración se agitó ligeramente cuando puso un pie dentro del camino de grava, pero seguía sin suceder absolutamente nada. Receloso, avanzó hacía la puerta, con un hechizo para abrir cerraduras en la punta de la lengua... pero el hechizo se desvaneció de su mente al igual que cualquier otra cosa.

Frente a él, envuelto en una manta de color azul y con una brillante cicatriz roja centelleando en su frente, se encontraba un bebé dormido. El shock era una reacción natural. Él había esperado Aurores parados frente a la puerta, y protecciones que freirían a cualquiera con rastros de magia oscura que se acercara. En el mejor de los casos, esperaba encontrarse con una muy fastidiosa Petunia que se rehusaría a entregarle el niño, aunque fuera con la única intención de hacerlo rabiar, pero eso había sido tan malditamente fácil que era lógico que mirara a su espalda, esperando ver al mayor de los Black partiéndose de la risa o algo parecido. Sólo después de asegurarse que no era una broma se inclinó para sostener al niño. Sentía el cálido cuerpo presionado contra su pecho, sintiéndose tan familiar como lo era el cuerpo de Draco contra el suyo.

Salió de los terrenos de la casa y sin mirar atrás se desapareció, aferrándose a lo último que le quedaba de Lily.

(…)

Cuando Regulus le había dicho que irían a una de las viejas casas Black en la Unión Soviética, se había imaginado una cabaña, o un escondrijo abandonado. Jamás pensó en encontrarse con una mansión casi tan grande como lo era Malfoy Manor, ni mucho menos que la misma se viera como si todo el tiempo alguien hubiera estado viviendo ahí. Algunas veces se olvidaba que la magia iba más allá de las Pociones.

―Estaremos aquí hasta que Sirius nos diga que es seguro volver ―susurró Regulus. Snape sólo hizo una mueca despectiva. Tenía que esforzarse mucho para recordarse que estaba ahí por el ofrecimiento de Regulus, no por el idiota de Black.

Dejó que sus ojos vagaran libremente por la estancia sin temer parecer mal educado. Regulus difícilmente diría algo al respecto, y teniendo en cuenta que se encontraba en un lugar totalmente desconocido, sería totalmente estúpido no buscar conocer sus alrededores.

―Severus… ―susurró Regulus a su espalda y él se giró con una ceja alzada. El chico abrazaba el cuerpo de Draco en su pecho, meciéndolo cada tanto, pero sus ojos lo observaban a él con miedo. Él mismo era extrañamente consciente del peso del bebé en sus brazos, pero Snape sabía que los niños estarían perfectamente bien mientras tuvieran a Regulus con ellos, después de todo él prácticamente había criado a Draco. Lo que realmente asustaba al chico era lo que podría pasarles a aquellos dos pequeños si los atrapaban.

―Primero dejemos a los chicos, quedan un par de horas antes de que amanezca. Ellos pueden descansar mientras tú y yo hablamos ―trató de que su voz saliera lo más tranquilizadora posible, pero difícilmente él era el indicado para consolar a alguien. Aun así, Regulus suspiró aliviado y lo llevó a través de los pasillos.

(…)

Severus no estaba del todo seguro cómo era que sólo un mes después de la muerte de Lily, él se encontraba despertando con un desnudo Regulus aferrado a él. Antes no le había importado en lo más mínimo, pero esa noche sería el aniversario de su muerte, y sentía cómo poco a poco se le iba cerrando la garganta. No era culpa, después de todo no le debía absolutamente nada a la mujer que había preferido a Potter, pero la tristeza era un asunto totalmente diferente. El shock ocasionado le había impedido reaccionar del todo esa noche, después había pasado el día entero ahogándose en una botella, y sólo el día siguiente se había encontrado en la vieja Casa Black, escapando de los aurores que buscaban mortífagos y con un secuestro a su espalda. Aunque ese secuestro, al parecer, nunca había sucedido si se tenía en cuenta la falta de titulares escandalosos. Pero esa mañana se encontraba sobrio, y con un estado mental más estable, tanto que podía sentir las lágrimas picar en las esquinas de sus ojos.

―Los niños despertaron… ―susurró Regulus en su oído y Severus se obligó a mantener el control.

―Lo sé, pero ninguno ha hecho ruido, así que pensé que podría permanecer en la cama un poco más para variar ―gruñó y se colocó de lado jalando el caliente cuerpo de Regulus al suyo―. De haber sabido que sería tanto trabajo habría dejado a los chicos en Inglaterra. Lucius tiene suficientes elfos domésticos como para atenderlos a ellos y que le cambien los pañales a él también ―cerró los ojos con fuerza cuando escuchó la alegre risa de Regulus.

― ¡Eres un idiota! Tienes suerte de que él no pueda escuchar eso ―el cuerpo de Regulus se retorcía contra el suyo mientras reía. Severus abrió los ojos, observando fijamente los ojos grises brillantes de felicidad. Su rostro era, de lejos, el más hermoso que había visto nunca: cejas definidas, nariz pequeña y recta, pómulos altos y labios gruesos. Además de su cuerpo, que era delgado y firme en todos lados. La apariencia de Regulus era una delicia, y debía admitirlo, siempre se había sentido un poco engreído de gustarle tanto al chico. Aunque la personalidad del Black estaba lejos de ser tan perfecta como su apariencia.

―También podría haberte dejado a ti con ellos ya que estamos en esto, de esa forma no tendría que cuidar de ningún mocoso ―su boca se curvó en una sonrisa arrogante, cuando el menor dejó de reír y lo miró con las cejas alzadas.

―Mocoso… ―Regulus canturreo la palabra mientras una sonrisa impertinente acudía a sus labios―. Lo sé, sólo soy un pobre mocoso… ―musitó con voz lamentable haciendo un puchero.

―Exactamente, me alegra que lo comprendas, ahora-...

―Ahora, este mocoso tiene que encargarse de un problema de adolescentes ―Regulus empujó las sabanas lejos de su cuerpo y se levantó de la cama, dejando que Severus viera la erección que se había estado restregando contra él mientras reía.

La boca se le secó y sintió su propio cuerpo reaccionar. Sólo hacía unos momentos se había estado lamentando por la muerte de Lily, y en esos momentos se encontraba duro como una piedra solo de imaginarse a Regulus masturbándose en el baño.

―Algunos adolescentes necesitan que los mayores les presten una mano-...

―Bien, porque necesito que cambies a los niños ―gruñó Regulus, para después azotar la puerta del baño, dejando a un malhumorado Severus recostado en la cama.

(…)

Cuando el menor salió del cuarto de baño totalmente arreglado Severus ya tenía a Draco vestido y jugando en la afelpada alfombra con uno de sus dragones de peluche. Sin embargo, en esos momentos se encontraba peleando con el pequeño de cabellos oscuros, incapaz de pasarle el sweater por la cabeza.

Regulus sonrió.

—Solo deberías rendirte y ponerle el sweater azul, a él le gusta más que el negro —Regulus tomó al pequeño rubio en sus brazos, besando suavemente su mejilla y lanzándole una divertida mirada al mayor—. Honestamente, no sé por qué te empeñas en ese color —Snape gruñó y lanzó la prenda al suelo, levantó a Harry y se lo metió en los brazos a Regulus, mientras tomaba a Draco.

—Entonces hazlo tú mismo —gruñó indignado cuando Harry lanzó sus brazos alrededor del cuello de Regulus.

—Leg, tengo hamble —gruñó el niño de cabellos oscuros—. ¿Vamos a come ya?

—Solo dame un momento, Harry, tenemos que acabar de vestirte primero —Severus observo como Regulus depositaba un beso en la frente del niño y lo colocaba en el cambiador con gran naturalidad.

Durante un mes era claro que él mismo había tomado cariño del infante, pero estaba a miles de kilómetros de distancia antes de poder demostrar esa familiaridad con él. Con un suspiró miró al pequeño rubio en sus brazos. Draco se aferraba al peluche con forma de dragón observando todo en perpetuo silencio.

Sonrió tristemente y acarició el suave cabello rubio. Los ojos grises del niño se posaron en los suyos.

—¿Tienes hambre, Draco? —preguntó con voz suave, sonriéndole. Draco asintió y se metió el dedo a la boca.

Snape sintió como su garganta se apretaba un poco.

Draco no había hecho un sólo sonido en meses.

Un día, a finales de febrero, los elfos de Malfoy Manor habían aparecido en medio de su sala de estar con un Draco Malfoy que no respiraba y marcas de manos alrededor de su cuello.

Severus casi había muerto del susto, pero había logrado reanimar al pequeño en sólo un par de minutos. Los sollozantes elfos que no dejaban de quemarse con el carbón de la chimenea apenas podían hablar, pero al final se enteró de lo sucedido.

Él había estado llorando, pidiendo por su padre que había salido en una misión especial del Lord, los elfos habían sido incapaces de calmarlo, y al final Narcissa solo explotó.

Desde el nacimiento de Draco la mujer no se había encontrado del todo bien. Depresión Post Parto, además de todo ese asunto de la locura que se aferraba a las mujeres Black. En un día normal habría estado alguien con él y Narcissa en Malfoy Manor, pero Severus estaba atrapado en su laboratorio preparando pociones que eran urgentes en medio de la guerra, Regulus estaba cumpliendo con las expectativas de su madre en una reunión y la niñera de turno no había podido llegar a la casa.

Ella simplemente lo había estrangulado hasta que había logrado hacerlo callar.

Draco no había quedado con secuelas físicas, y Severus estaba esperando a que fuera solo un poco más mayor antes de entrar en su mente y tratar de arreglar las cosas.

—¡Comida Leg! —chilló el pequeño engendro de Potter, ya completamente vestido y con los cordones de sus zapatos deportivos atados.

Estaban a punto de salir de la habitación cuando las alarmas sonaron.

Alguien trataba de entrar.

—Amo Regulus, el Señor Malfoy está aquí —anunció un elfo.

Los hombres se miraron a los ojos.

—Mierda… —gruñó Snape, su mente yendo lo más rápido posible en búsqueda de una solución.


¿Hola? Sí han llegado aquí ¡Muchas gracias! Ahora mismo no tengo mucho que decir, así que ¿Comentarios?