¡Decir que publicar este capítulo me pone nerviosa es un eufemismo! Me tomó una eternidad escribirlo… por los detalles. Pero al final quedé muy satisfecha con el resultado final. Dejaré mi respuesta a los reviews aquí xD
Blancabunny: ¡Sí, pobre Draco! Veremos cómo sigue en futuros chaps. Los infantes en este fic están basados principalmente en mis sobrinas y su desarrollo, de esa forma no siento que me salto etapas o algo así un_n. Severus es Sev para Harry… y Draco no habla en lo más mínimo, pero supongo que sería Sev o tío Sev. Agradezco mucho que sigas la historia ¡Besos!
Madhara Flux: Has bloqueado la opción de recibir MP, así que te toca por aquí preciosa. Me alegra que te gustara el rumbo que tomó la historia x3 Creo que la pareja la leí antes en algún fic… Estoy segura xD El escondite es una casa normal con muchos elfos… así que todo es posible gracias a la magia. No te responderé tus dudas sobre la relación de Draco y Harry porque sería dar Spoilers a lo bestia, así que espero sigas leyendo. Es triste lo de Draco, pero quería deshacerme de Narcissa, me estorbaba un poco y me ayudó al final con otra sub trama. Ellos irán a Hogwarts, no lo dudes ni por un segundo. Espero que disfrutes este chap ¡Besos!
Ahora sí… a leer.
Historia beteada por G. Mauvaise.
3. El ritual.
Estaban en la sala de estar después de desayunar, Severus y Regulus sentados uno junto al otro a pesar de estar en un sofá de tres piezas, observando cómo, Lucius sentado del otro lado de la mesita del té, hablaba con Draco; o al menos él hablaba, Draco asentía y sonreía.
Habían mandado a Harry a la cocina con el elfo antes de dejar entrar a Lucius. Severus sabía que Regulus se estaba volviendo loco poco a poco. El chico tenía una enorme capacidad para amar que lo sorprendía. No dudaría ni por un segundo que el joven Black estaba ya totalmente atrapado por el infante de cabellos negros, como lo estaba por Draco; además la cocina no era el lugar más seguro para un niño de diecinueve meses con curiosidad, por muchos elfos que estuvieran cerca. Él mismo se ponía nervioso al pensar en Harry encerrado en una habitación, sin ellos.
Regulus se acercó todavía más a Snape, su mano buscando la suya y mirando nerviosamente el antiguo reloj de pie que se encontraba junto a la puerta.
—¿Tienes prisa, Regulus? —preguntó Lucius, alzando elegantemente sus cejas.
El más joven lució avergonzado sólo un segundo, antes de que su rostro se contrajera.
—Lo siento, yo… —susurró a penas, un segundo después estaba vaciando su estómago sobre la costosa alfombra bordada de la sala.
Ambos hombres se quedaron congelados un momento antes de apurarse hacía el chico que tenía la cabeza entre las piernas.
—No… No es nada —gruñó apartando la mano de Lucius de su frente y rechazando la idea de Severus de ir a ver un medimago—. No creí que fuera a salir así… Es sólo… es algo normal en m-mi estado —un sonrojo cubrió sus mejillas.
De nueva cuenta ambos hombres se congelaron, pero sólo Lucius se recuperó en esa ocasión.
—No tenía idea de que estaban buscando un embarazo… —había algo en la voz del hombre que despertó a Severus de su estado de shock para lanzarle dagas con los ojos.
El maldito encontraba la situación muy divertida.
—No… Bueno, no lo hacíamos… creo que… el hechizo me salió mal… —el sonrojo de Regulus se intensificó, pero Severus frunció el ceño. Él era quien realizaba los hechizos anticonceptivos.
Un ligero dolor en la pierna le hizo despertar. Era la mano del chico, pellizcándolo con disimulada fuerza. Sus ojos se abrieron un poco más cuando el mensaje llegó a él.
—Lucius, si no te importa, tenemos asuntos de los cuales hablar ahora mismo… —el hombre rubio asintió y se dirigió de vuelta al sofá en el que había dejado a Draco, que lo había observado todo con ojos enormes, pero sin hacer un solo sonido.
Lucius sonrió al infante en sus brazos.
—Iremos de compras, Draco —murmuró con suavidad, para luego girarse hacia ambos hombres con un rostro serio—. Espero, Severus, que tomes toda la responsabilidad de esto. Después tendremos, tú y yo, una conversación… al fin y al cabo, Regulus es parte de mi familia —la mirada que le dirigió hubiera intimidado a Snape si no hubiera estado al servicio de un Lord Oscuro durante varios años, pero aún así era fácil ver que hablaba totalmente en serio.
El hombre apretó los labios, iba a hablar muy seriamente con Regulus y lo haría tomar la responsabilidad de sus mentiras, sin lugar a duda. Habían muchas y mejores maneras de sacar a Lucius de la mansión que inventando un jodido embarazo, eso seguro, pero igualmente asintió a Lucius.
El hombre les lanzó una última mirada, y luego caminó fuera de la habitación murmurando a Draco sobre lo imposible que era controlar a los adolescentes y sus hormonas. Severus estuvo a punto de reprochar, pero Regulus lo retuvo de la mano.
—Déjalo. Él es sólo un viejo —gruñó, lanzándole miradas de desprecio a la puerta cerrada.
Snape suspiró y dejó que su cuerpo se hundiera en el sofá. Sus ojos fijos en el perfil de Regulus, que miraba la puerta fijamente. No podrían hablar hasta que el elfo apareciera y les dijera que Lucius se había ido. Tomó un par de minutos, pero al final, el elfo apareció en el centro de la habitación, con Harry llorando en sus brazos. El más joven se levantó rápidamente y tomó al infante en sus brazos.
—Lo siento tanto, Harry —susurró, depositando suaves besos en su coronilla mientras lo arrullaba.
Los ojos negros de Snape se mantuvieron en él en todo momento.
—Regulus…
—¿Podemos quedarnos con Harry? —Regulus lo miró con ojos brillantes, sus brazos aferrando a Harry a su cuerpo.
Poco o nada había asustado tanto a Severus Snape en toda su vida, y estaba seguro que eso se mostraba en su rostro, porque Regulus se acercó a él rápidamente y se sentó a su lado, aún con Harry sollozando en sus brazos.
—Severus, él puede ser nuestro… —el chico dudó por un segundo, pero al final pareció tomar una decisión—. Hay un viejo ritual en la familia. Algunas veces, cuando se ha dado de matrimonios entre familiares demasiado cercanos y éstos se rehúsan a consumar, se toma un niño con cierto potencial mágico y se le concede la sangre de la familia Black. Podemos… darle tu sangre también —la súplica en la voz y los ojos del chico estaba debilitando a Severus, pero había algo dentro de él que le decía que hacer algo como eso estaba terriblemente mal.
Si Regulus quería un bebé tal vez podrían intentarlo, pero en el futuro, muchos años más tarde si es que aún seguían juntos, porqué con todo lo que Severus amaba a Draco, con todo lo que se estaba enamorando perdidamente del hijo de Lily, no se sentía capaz de ser un buen padre, no con su historial en relaciones padre-hijo. Su plan, el plan, siempre había sido esperar a que las cosas se calmaran en Gran Bretaña, y dejar a Harry con una buena familia muggle que quisiera un hijo y no hiciera demasiadas preguntas.
—Regulus, no podemos hacer esto —Snape se paró de golpe, alejándose lo más que pudo del chico. Hacer algo como eso era una maldita locura—. ¡Lucius espera que tengas un bebé, un recién nacido, no un niño de casi tres años!
—El ritual hará que lo tenga dentro de mi cuerpo durante siete meses, Severus —el hombre se quedó helado una vez más. ¿Eso era siquiera posible? Un embarazo en hombres era muy común en el mundo mágico, pero tomar a un niño ya crecido y hacer eso—. Es magia increíblemente oscura, su alma será marcada por la oscuridad, pero funciona —susurró bajando la mirada al rostro de Harry, que se había quedado dormido después de tanto llorar, una sonrisa llena de algo que Snape no podía describir en sus labios—. Sí sólo le concediera nuestra sangre sería un proceso más rápido, tres meses serían suficiente, pero se necesitan siete meses y nueve días para que la magia de los padres se convierta en la del bebé —una mueca apareció en su rostro y miró al hombre con algo parecido a la preocupación en su rostro—. Me pondría gordo…
Fue esa corta frase, esa infantil preocupación lo que rompió a Snape.
Una carcajada histérica brotó de lo más profundo de su ser, asustando a Regulus.
La situación era ridícula. Snape no quería tener hijos, no pronto y en definitiva no quería al hijo de Potter dentro del cuerpo de Regulus, bastante había sido que Lily lo hiciera, pero la idea de él criando al hijo de Lily… Un nudo en la garganta cortó su risa.
Miró al chico sentado en el sofá, mirándolo con obvia preocupación y una silenciosa súplica en los ojos claros.
Con un suspiro regresó al sofá, poniendo una pierna debajo de su cuerpo y sosteniendo su cabeza con su mano. Sus ojos se encontraban fijos en los de Regulus.
—Tienes que estar seguro de esto, Reg —susurró, acunando su mano libre en la mejilla del chico—. Acabas de salir de la escuela, y sólo tienes veinte años, difícilmente deberías de atar tu vida a la mía o a la de un bebé.
—Pero yo quiero estar contigo Severus… —suplicó una vez más, dejando que su cabeza se inclinara hacía la caricia del mayor.
Snape cerró los ojos, pero asintió.
—Tenemos que hacer ese ritual cuanto antes, no podemos arriesgarnos a que alguien encuentre a Harry —los ojos de Regulus se abrieron al límite, y una enorme sonrisa apareció en sus labios. Sus brazos se envolvieron en el torso de Severus, quien le correspondió como pudo el abrazo, y depositó un beso en su coronilla—. Tendremos que casarnos —gruñó—, Lucius no me permitiría vivir de otra manera.
No podía decir que no lo esperaba del todo, aún así, el pellizco de Regulus en su costado dolió.
—Puedes ser un poco más romántico… —Regulus se separó de él, y encogiéndose ligeramente de hombros, como quitándole importancia sonrió un poco.
Snape rodó los ojos tratando de ocultar su incomodidad, pero el chico no lo miraba a él. Sus ojos claros y brillantes estaban clavados en Harry.
Una sonrisa apenas visible hizo presencia en su rostro cuando los labios de Regulus se posaron en la frente del infante dormido.
Estaba asustado a muerte, pero su orgullo no le dejaría admitirlo de ninguna manera, e incluso aunque lo dijera no cambiaría nada. Ésta vez Severus protegería a las personas importantes para él, lucharía contra todo, incluso si eso implicaba hacerlo contra sí mismo, porque esa escena que tenía delante de él era la de una familia que podía ser suya, y nada iba a impedir que lo fuera.
—Dejemos que Harry duerma en nuestra habitación, mientras tanto te encargaras de las preparaciones del ritual —tomó al infante de los brazos de Regulus, que asintió con decisión.
Regulus asintió.
—Es la primera vez que haré un ritual, lo haremos en el solsticio. La magia en el aire será de gran ayuda —una sonrisa apareció en su rostro al ver la elocuente ceja de Severus alzarse—. Al menos no olvidarás su cumpleaños.
Los ojos negros del mayor estaban sombríos, pero una sonrisa llena de sarcasmo bailó en sus labios.
—Y las fechas serán perfectas para cumplir los nueve meses —Harry se removió en sus brazos, así que Severus lo sujetó con más firmeza—. Tenemos que asegurarnos que Lucius no vendrá a visitarnos de nuevo; serán las fiestas, así que creo que podemos convencerlo de llevarse a Draco con él.
Regulus negó con la cabeza.
—No creo que sea del todo seguro todavía, pudo escaparse hoy, pero ya es diferente llevarse a Draco con él. Sí los aurores encuentran algo lo van a encerrar, y entonces, ¿qué pasa con Draco? No me voy a arriesgar a que lo lleven con mi madre.
Severus hizo una mueca.
—Tu madre no se acercará a Harry al menos hasta que pueda sostener un escudo decente.
—No se acercará a ninguno de nosotros si podemos evitarlo —sonrió el chico—, pero me gustaría ver a Kreacher.
—Volveremos a Inglaterra en cuanto podamos —se acercó a Regulus y dejó un beso en su sien antes de caminar a la puerta—. Después del ritual tendrás que escribirle una carta al pulgoso hermano tuyo contándole sobre tu nuevo estado físico… y civil —salió de la habitación dejando la puerta abierta, pero Regulus no lo siguió ni dijo nada, simplemente rodó los ojos.
Por supuesto que Severus estaría más que satisfecho una vez que Sirius hubiera hecho el berrinche correspondiente. Esos dos tendrían que llevarse bien en algún momento, al final del día él amaba a Severus, pero no iba a perder a Sirius, no después de lo que había arriesgado advirtiéndole que tenía que salir del país.
Una sonrisa bailó en sus labios. Todo saldría bien, al final. Él no iba a permitir que fuera de otra manera.
(…)
Lucius partió esa noche después de la cena. Draco se había aferrado a él, silenciosas lágrimas rodando por sus rojas mejillas, mientras Regulus trataba de tomarlo en sus brazos.
Al final Severus y Regulus habían terminado con ambos infantes en su cama, abrazados entre ellos, dándole una imagen para romper el corazón. Ambos con las mejillas sucias y los ojos hinchados. Con algo de suerte no tendrían otro día igual. Así que ambos, totalmente agotados, se acostaron a los lados de los chicos y se perdieron para el resto del mundo.
(…)
—Todavía no puedo creer que Lucius no vinera a pasar Yule con Draco —gruñó Regulus, acariciando la rubia cabeza apoyada en su hombro.
—Mandó regalos —suspiró Severus por enésima vez. Al final Draco realmente no había notado la fecha. Sí, habían puesto el árbol en consideración a los niños, pero al final con poco menos dos años ellos difícilmente habrían notado la falta de celebración si se hubieran ahorrado los problemas.
Harry se acercó con su andar torpe y le tendió el peluche de Crup con una sonrisa.
—Tenemos que conseguirle un familiar a Harry tan pronto como nos sea posible —sonrió Regulus al oír la risita alegre inundar la sala de estar cuando el peluche hizo ruido.
—Primero tendrá que alimentarse a sí mismo antes de darle algo que alimentar.
Severus miró el reloj y con el rostro mortalmente serio levantó a Harry.
—Es hora, Regulus.
El joven asintió y beso la mejilla de Draco.
—Hora de dormir, mi pequeño Dragón.
(…)
Severus podía decir con seguridad que las artes oscuras estaban en su lista de habilidades, muy cerca de la elaboración de pociones. El año que había pasado estudiando para su maestría en Reino Unido también lo había pasado enfocado en aprender todo acerca de hechizos y maldiciones más que cuestionables en la biblioteca privada del Lord Oscuro, y aún así no tenía la menor idea sobre el ritual que iban a realizar esa noche.
Regulus le había asegurado que él podría realizarlo con los ojos cerrados. Aprender esas cosas antes de siquiera salir del colegio era algo que todos los Black tenían que hacer. Aún así, el mayor era totalmente consciente de que la teoría y la práctica eran algo muy diferente, y mentiría si dijera que no estaba un poco más que asustado. Por fortuna, él no tenía remilgos en mentir descaradamente, así que cuando Regulus entró al salón vacío vistiendo solamente una bata de seda negra, actuó como lo haría en cualquier momento. Simplemente alzó una ceja que fue olímpicamente ignorada por el chico, pero que el infante en sus brazos, solamente cubierto por una frazada, encontró sumamente divertida a juzgar por su expresión.
Regulus se acercó a la enorme mesa apoyada contra una pared. Sobre ella se encontraba una canasta con los elementos que serían necesarios en el ritual y un reloj despertador mágicamente agrandado, que normalmente se encontraba en la mesilla se su habitación. Lo habían sacado con la intención de poder estar conscientes del tiempo sin necesidad de lanzar un Tempus. Debían seguir los pasos del ritual y los hechizos al pie de la letra, sin magia externa a ellos o a los elementos que utilizarían, o las cosas podrían terminar realmente mal.
El reloj marcaba sólo treinta minutos antes del solsticio de invierno.
Estaban algo justos de tiempo, Regulus pensó que tal vez debieron haber empezado antes, pero estaba seguro de que podrían lograrlo. La fecha era adecuada, con la Luna Nueva la Diosa Hécate ayudaría a la regeneración de la magia de Harry.
—Lo mejor será que te quites la ropa ahora mismo —indicó tomando al niño de los brazos de Severus, después de sacarse la bata que lo cubría y colocarla en la mesa—. Entre más pronto empecemos será mejor…
Severus asintió casi sin pensarlo, y empezó a desabrochar los botones de la camisa negra que estaba vistiendo, mientras Regulus ponía a Harry en el suelo, para luego tomar la canasta y ponerla lo más cerca posible del enorme Trisquel que había dibujado en el suelo con polvo de Ónix durante la mañana. Normalmente se utilizaría un mago asistente, pero ellos no podían arriesgarse a que alguien supiera sobre el ritual, o Harry. Cualquier mago que tuviera su confianza para un ritual del estilo, era un mago partidario de Lord Voldemort, de forma que habían ordenado todo y sólo tenían justamente lo necesario, no podían perder el tiempo buscando o midiendo. La vieja elfina de la mansión se encargaría de los procesos que no requerían una varita.
Cuando Severus se hubo despojado de toda su ropa tomó a Harry de nuevo, ésta vez para acercarse al dibujo en el suelo y colocarlo en una de las puntas, ésta vez sin la manta.
—Harry, ¿recuerdas que hablamos? Tienes que ser bueno y quedarte dentro de este dibujo o tú y Reg pueden lastimarse —sus ojos negros estaban fijos en los de Harry, que asintió mirando al hombre con ojos asustados.
—No dolela, soy bueno —los regordetes labios del niño se apretaron demostrando su decisión. El hombre sonrió ligeramente y depositó un beso en su frente, antes de enderezarse y tomar su posición en la única punta restante mientras Regulus llamaba a la elfina.
La habitación sólo estaba iluminada por cuarenta y nueve velas blancas que rodeaban el Trisquel. Los ojos de los adultos se encontraron cuando la pequeña creatura entró caminando por la puerta llamando la atención de Harry, quien hizo el esfuerzo de ponerse de pie.
—Harry, quédate quieto —ordenó Severus con la voz más tranquila que le fue posible, pero una mirada que no daba lugar a discusiones. No podía permitir que Harry olvidara las consecuencias de moverse, además una vela encendida se encontraba realmente cerca de él. Ninguna de las opciones era aceptable, pero Harry, como era normal, se quedó sentado en su lugar. Harry podía ser la viva imagen de James Potter, pero al menos tenía esa cosa por seguir las reglas que Lily siempre había tenido.
Regulus suspiró aliviado. Estaban a un metro de distancia entre sí, pero si algo pasaba muy probablemente no llegaría al niño antes de que pudiera lastimarse.
—Pocky, empieza ahora.
La elfina asintió y rápidamente tomó un cuenco de Ónix colocándolo en el punto donde se unían los brazos del Trisquel. Dentro de él se encontraban incienso de ajenjo en granos. Regulus siguió los movimientos de la elfina que tomó un paquete de fósforos muggles y encendió uno con algo de dificultad en sus movimientos, pero al final logró poner la cerilla y el olor a ajenjo empezó a llenar el salón.
Los ojos de Severus se movieron a Regulus, quien empezó a recitar una larga serie de palabras que sólo podían ser de una lengua muerta. El aire se volvía cada vez más denso a su alrededor. El humo los estaba envolviendo poco a poco, demasiado lentamente y podía ver a Harry empezar a removerse cada vez más inquieto en su lugar.
Pocky se acercó a él con una daga de plata en la mano y se la tendió nerviosamente.
Severus lo tomó y un escalofrió lo recorrió, mientras la observaba atentamente. Era una reliquia que desprendía la sensación de las Artes Oscuras.
—Guébo… —susurró Regulus y Severus clavó la punta de la daga en la palma de su mano izquierda, grabando en su piel una equis sangrante. El mayor observó con fascinación cómo la daga se volvía roja de a poco hasta llegar a la mitad del filo, pero solo un segundo después la elfina extendía su mano ansiosa hacía él, así que la devolvió y la pequeña criatura decrépita corrió hacía Regulus, para hacerle entrega del arma—. Inguás —musitó el chico con voz temblorosa, mientras que con mano firme rasgaba la piel de su mano derecha en la forma de un perfecto rombo, la daga cada vez volviéndose más roja.
Regulus tendió la daga a la elfina que, con manos temblorosas, se dirigió directamente al pequeño que Harry que observaba todo con enormes ojos.
Severus tragó nerviosamente cuando la pequeña creatura colocó una de sus manos en el hombro del infante con firmeza, sosteniéndolo para evitar cualquier movimiento.
—Dagás —prácticamente gimió Regulus sin aliento con los ojos cerrados con fuerza, y entonces Pocky presionó la punta de la daga contra la piel en el pecho de Harry, justo sobre su corazón, clavándolo hasta que el mango de avellano detuvo su avance. Por un segundo los ojos de Harry se abrieron totalmente antes de que un grito desgarrador de dolor llenara el lugar por lo que les pareció una eternidad, antes de que Harry se desmayara por el dolor o el shock.
Con lágrimas rodando sin detenerse por su arrugado rostro, la elfina lo colocó con suavidad recostado en el suelo mientras tomaba de la canasta que había estado arrastrando detrás de sí una serie de pequeños viales de pociones que en su interior tenían diferentes esencias que harían picar su nariz si en ese momento fuera capaz de oler algo, y con manos que sacudían los viales fue derramando uno a uno el contenido de ellos en la boca del inconsciente infante que sangraba en el suelo. Primero el Mirto, luego el Madroño, después del cual tomó el mango tirando de él con fuerza, extrayéndolo del cuerpo de Harry ahora totalmente con su color plateado de vuelta. Al final tomó el vial que contenía la esencia de Díctamo y derramó su contenido en la herida abierta.
Severus estaba temblando, incapaz de alejar su mirada del pequeño y frágil cuerpo tendido en el suelo, pero cuando nada, absolutamente nada sucedió por casi cinco segundos sus ojos se volvieron rápidamente a Regulus, que se encontraba sentado en cuclillas cubriéndose los oídos. Una sensación aún más aterradora lo recorrió dándose cuenta que el chico no estaba siguiendo el ritual. Trató de llamarlo, pero su garganta fue incapaz de emitir sonido alguno la primera vez que lo intentó, y la segunda, así que se aclaró la garganta como pudo y volvió a intentar con las rodillas apenas sosteniéndolo.
—Reg… Regulus —lo llamó colocándose en cuclillas él también, extendiendo su brazo lo más posible para alcanzar al chico sin moverse de su posición. Cuando su mano se apoyó en su hombro Regulus dio un pequeño salto, sus ojos rojos—. ¡Tienes que hacerlo ahora! —gruñó el mayor. Los ojos del menor se ampliaron y tanteo nerviosamente a su alrededor el busca de su propio vial que destapó de inmediato y bebió.
Entonces sucedió.
El vial se estrelló contra el suelo, rompiéndose en pequeños cristales y Regulus cayó al suelo mientas una luz cegadora los envolvió a Harry y él mismo, impidiéndole a Severus verlos y poniéndolo aún más nervioso, antes de sentir cómo algo tiraba de su pecho hacía afuera, y caer él también, totalmente inconsciente de cómo la magia trabajaba en ellos.
Bien ¿Qué les ha parecido el ritual? Tengo una encuesta para ustedes ¿Cómo deberíamos de llamar a la ship de Severus/Regulus? Siento que necesito nombrarlos xD Dejen en su comentario cual les gusta más. Besos
Snarab
PrinceBlack
Lil'princeStar
PrinceLittleStar
Snack
