Blancabunny: Lamento mucho corromperte, de veras, pero te prometo que nadie en tu trabajo te quiere más que y ahora mismo, y si necesitas de los servicios de nuestro Lord o algunos de sus mortífagos, te recomiendo que dejes una solicitud por escrito, yo me encargo de hacérsela llegar. Siento que me van a odiar todos… No he escrito el embarazo xD Principalmente porque no encontraba manera de escribirlo sin hacer la historia un cliché absoluto y quería avanzar con la trama, perdón ;A;~ Y no, nada, quien te agradece el comentar soy yo 3. Besos.
Death-sama: No diré nada de las otras autoras, pero conmigo… Toda la confianza del mundo, de verdad, me encanta leer teorías o simplemente el fangirleo xD Siento que todos en este chap me van a odiar por saltarme cosas que querían ver, pero lo de Draco te prometo que saldrá en el futuro, así que no está tan mal supongo… Yo siento lo mismo con lo de la crianza de los Sangre Puras, lo bueno de esto es que Draco tiene a Regulus y a Sev en gran parte, lo que no lo deja TAN abandonado en lo que se refiere a figurar paternas. La verdad es que los Black tienen tan mala fama que esto fue lo que se me ocurrió que podría pasar. Y sobre Tom, sí hay otras formas de ser inmortal y yo las revelaré aquí *dando saltitos*. Esos problemas matrimoniales… Siento que más que lo mostrado no habrá más, se conocen bien y pues no los veo peleando demasiado, siento que Sev tiene tendencias a ser sobreprotector, con lo pasado con Lily y eso, pero es normal digo yo… su hijo fue el enemigo mortal de su amo y además fue concebido por medio de un ritual muy oscuro y peligroso. Tu respuesta a la relación de esos tres está en este chap 3. No se ve la boda… aunque tal vez me anime a hacer un OS por fuera para publicarla, quien sabe xD… El Drarry será una embarrada, no te me emociones mucho xD. Te agradezco mucho que comentaras 3~ Besos.
Historia beteada por G. Mauvaise.
5. El Protector.
Malfoy Manor, 31 de Julio 1982.
Durante todo el día Regulus había estado sintiendo como el bebé en su interior se retorcía su vientre. Durante la mañana había sido una ligera molestia, pero conforme el día había ido avanzando se había estado moviendo más y más. Sabía que iba a nacer ese día, pero no podía negar que estaba asustado.
Iba a tener un bebé.
Caminó torpemente hasta la cama y le sonrió ligeramente a Severus cuando el hombre se apresuró a ayudarle a acomodarse sobre las sábanas.
—Lucius está llamando al sanador —susurró el mayor, su mano peinando hacia atrás los cabellos del joven Black.
Regulus asintió, mordiendo el interior de su mejilla en un intento de ocultar el dolor de un nuevo tirón de magia hacia su vientre. La magia que había creado el útero en su interior había terminado, así que tenían que sacar rápido al bebé. Tragó nerviosamente y tomó la mano de su esposo cuando el hombre se alejó de su lado. Los oscuros ojos del maestro de pociones se encontraron con los grises; no necesitaba la Legeremancia para saber lo que Regulus quería, así que simplemente se sentó a su lado en la cama.
—Dobby —el elfo apareció junto a la puerta, con la cabeza gacha—. Trae la caja de madera negra que se encuentra en el laboratorio de pociones —Dobby desapareció y en cuestión de un par de segundos el elfo había entregado la caja y se había despedido sin decir nada. Severus sacó una poción y la destapó con cuidado antes de ofrecérsela al chico—. Esto te ayudará con el dolor.
—¿Debería de tomar algo sin preguntarle al sanador?
—Te dará la misma poción… con la diferencia de que esta la preparé yo —Regulus sonrió al ver el ceño fruncido del hombre, y le quitó la poción para beberla. Severus había estado investigando un poco sobre nacimientos mágicos a sus espaldas. Regulus bien habría podido responder sus preguntas, después de todo él venía de una familia de magos, pero supuso que el hombre no había querido mostrar sus pocos conocimientos al respecto.
Cuando Regulus le entregó la pequeña botella de cristal a Severus el mundo se oscureció.
Severus suspiró y guardó la botella en la caja al tiempo que la puerta se abría.
—Lo he dormido —le informó al hombre que entró en la habitación.
El sanador era un viejo amigo de la familia Malfoy. Según Lucius, el hombre había visto nacer incluso a Abraxas, y había estado encargándose del embarazo de Regulus desde que habían decidido quedarse en Malfoy Manor al menos hasta que el bebé naciera.
—Es mejor que la madre esté despierta al momento de dar a luz, joven Snape —gruñó el viejo mago dejando su maletín en la mesita de noche al lado de Regulus y empujando a un lado a Severus.
—Pero no es necesario, y de todas formas no creo que a Regulus le guste ser llamado madre.
El sanador río con su voz grave y se arremangó la túnica.
—Ciertamente no le haría mucha gracia. Ahora, voy a sacar al bebé, así que si pudiera hacerme el favor de moverse le estaría agradecido —el hombre miró sobre su hombro a Severus, que se había ido acercándose a él cada vez más con la intención de poder mirar. Controlando su rostro, Severus se deslizo lejos del hombre y se colocó en la cama del otro lado de Regulus. Quería verlo todo, por muy preocupante que pudiera llegar a ser, y Lucius le había advertido que el viejo mago no tenía ningún reparo en sacar al padre de la habitación si le estaba molestando.
Observó como el hombre abría la túnica de Regulus, y luego pasaba sus callosas manos por el hinchado vientre, palpando en diferentes lugares. El hombre asintió, tomó su varita y con un simple movimiento de su muñeca un largo corte vertical se abrió en la piel del vientre de Regulus. Sangre salió a borbotones, pero antes de que siquiera Snape fuera capaz de reaccionar, la varita del anciano apuntó de nueva cuenta al cuerpo de Regulus y con un movimiento de muñeca más suave que el anterior se abrió el útero, de cual un pequeño pie salió disparado.
La risa del sanador inundó la habitación y sus manos ayudaron al pequeño cuerpo a salir de su antiguo hogar. El bebé lloró, y se lo entregó a Severus de inmediato. Un movimiento más de su varita cortó el cordón umbilical de forma efectiva, antes de girarse de nuevo al cuerpo abierto en la cama.
—Límpialo mientras me encargo del chico.
Severus recibió el pequeño en sus brazos y solo por un momento se congeló, antes de salir de la cama y dirigirse al baño de donde lo envolvió en una toalla y empezó a limpiarlo. En cuanto su cuerpo entró en calor gradualmente el bebé dejó de llorar.
Severus acarició suavemente la cabeza del bebé en sus brazos mientras salía del cuarto de baño. Tenía una delgada capa de cabellos negros, afortunadamente tenía los pómulos y la nariz de los Black, incluso los labios. El hombre sonrió ligeramente en cuanto la pequeña boca se abrió gimiendo ligeramente, pero no lloró.
—Un niño muy bien portado —comentó el Sanador, y Severus no pudo evitar sonreírle al hombre, aunque fuera un poco. El viejo mago estaba trabajando en Regulus, su varita acariciaba la piel del vientre, cerrándolo perfectamente.
Severus sintió que algo en su pecho se apretaba, y su garganta se cerraba mientras limpiaba la blanca piel del cuerpo en sus manos. Era hermoso, tanto que no podía creer que era suyo. Tal vez no había sido la forma más normal de conseguir un niño, pero era suyo.
El Sanador le puso una poción a Regulus en la boca y lo ayudó a tragar dando un masaje en la garganta del chico. Poco a poco, Regulus empezó a moverse y sus parpados temblaron. Severus alejó sus ojos del cuerpo en sus brazos, enfocándose en el rostro de Regulus.
Los ojos grises se abrieron y miraron a su alrededor, confundidos .
Severus le sonrió ligeramente cuando sus ojos se encontraron, Regulus le sonrió de vuelta a pesar de que todavía no estaba del todo consciente, entonces su mano se dirigió a su vientre totalmente plano. Sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa y el miedo, pero un instante después su mirada se posó en el pequeño cuerpo en los brazos de Severus.
Regulus hizo el esfuerzo de enderezarse de inmediato, solo para ser contenido por el Sanador.
—Antes de que lo tome quiero que se beba esto —Regulus le lanzó una mirada furiosa, pero tomó la poción de la mano del anciano y se la bebió de un trago.
—Quiero a mi bebé —gruñó, devolviéndole la botella de cristal y estirando sus brazos a Severus.
El hombre se acercó a él y cuando el Sanador se alejó del costado de Regulus, Severus aprovechó para sentarse en la orilla de la cama, mientras el viejo mago salía de la habitación cerrando la puerta tras él. Severus sabía que volvería, pero les estaba dando el momento que necesitaban.
Con cuidado le pasó el bebé a Regulus, quien lo acunó contra su pecho, lágrimas colgando de sus pestañas. Severus se acercó un poco y le rodeo los hombros con un brazo.
—Es hermoso… —susurró Regulus, sus dedos acariciando su rostro.
—Lo es.
—Zander, su nombre es Zander —le informó Regulus mirándolo a los ojos. Severus contuvo una sonrisa, y simplemente asintió.
Regulus empezó a revisar los pies del bebé en sus brazos, luego sus manos, y Severus simplemente pudo inclinarse y besar al hombre en la cabeza. Cerró los ojos solo por un momento, sintiendo como la felicidad luchaba por derramarse de sus ojos. Podía decir con seguridad que era el día más feliz de su vida. Quizá en esos momentos él no sintiera por Regulus lo que él quería, pero eran una familia ahora y estaba seguro que tendrían mucho tiempo para poder llegar a amar al chico.
Un grito ahogado proveniente del chico a su lado lo sobresaltó, sus instintos le hicieron mirar a la puerta, pero seguía cerrada. Confundido, miró a Regulus, que miraba con horror al bebé en sus brazos. Iba a preguntar que sucedía, pero sus ojos se encontraron con los del bebé.
Sus ojos eran verdes.
(…)
Número 12 de Grimmauld Place, Londres, Diciembre de 1985.
—… y un mestizo Regulus, si tu padre estuviera vivo te arrancaría la piel, mocoso malagradecido. ¡¿Te convertirás en un traidor?! ¡¿Quieres ser repudiado?! ¡Esa pequeña bestia no tendrá un solo galeón de los Black! —Severus apretó los dientes y levantó al pequeño niño que sujetaba su mano en sus brazos, totalmente listo para salir del horrible lugar que era Grimmauld Place.
—¡Es mi hijo, madre! ¡Y eso lo hace tu nieto! ¡Y tendrá cada Knut que le corresponda! ¡Y de todas formas no vine a pedirte dinero! ¡Puedo mantenerme solo! ¡Conseguí un puesto en el Ministerio! ¡Pero Kreacher me llamó! ¡Estás enferma y tienes qué…!
Severus cerró la puerta detrás de sí y se aseguró de que el gorro de lana azul cubría perfectamente la cabeza del niño.
—Papi está muy enojado —susurró el niño, sus brazos rodeando el cuello del hombre.
—Estará bien.
—Pero las señoras también están enojadas —Severus miró los enormes ojos verdes, que en ese momento brillaban asustados.
En cuanto habían visto los ojos del bebé recién nacido, ambos se habían vuelto locos de la preocupación. El ritual pudo haber fallado totalmente, pero después de que el sanador regresó y revisó a Regulus y a Zander por última vez, Severus había corrido a su laboratorio para preparar una poción que les diría el árbol genealógico del bebé. Después de que una gota de sangre había sido derramada del pequeño y regordete dedo del bebé sobre un pergamino bañado en la poción, habían aparecido los nombres de Regulus y Severus, después los de Tobias y Eileen, el de Sirius uniéndose al de Regulus y hacía arriba Wallburga y Orion. Entonces Severus y Regulus se relajaron solo lo suficiente para presentar al bebé a Lucius y Draco, pero en el transcurso de los siguientes meses habían realizado todas las pruebas posibles para asegurarse de que el niño que Regulus había dado a luz no era Harry Potter, todas con el claro resultado de que el bebé era Zander Nash Snape, y viendo el recuerdo en un Pensadero se dieron cuenta de que la coloración en los ojos de su hijo no era la misma que la que alguna vez tuvo Harry.
Severus alzó una ceja.
—Señora, Zander —corrigió de inmediato—. Quien nos abrió la puerta era un elfo doméstico, ya los conoces.
Zander negó con la cabeza.
—Ese era un elfo feo, yo digo la señora que estaba con la… ¿abuela? —Severus frunció el ceño, en definitiva, esperaba que Walburga no quisiera ver al niño, se sentiría enfermo de ver a su pequeño Zander llamando abuela a la maldita bruja.
—Puedes llamarla Walburga… ¿Qué señora, Zander? —preguntó asimilando las palabras.
—La señora con… ¡Un perito! —chilló el niño removiéndose en los brazos de su padre, hasta que consiguió ser puesto en el suelo.
—No lo toques —ordenó el hombre, como el niño salió disparado hacia el enorme perro negro que se había acercado a la verja de metal negro, su varita lista para lanzar un escudo en caso de que el inquiero infante lo desobedeciera o él perro diera una sola señal de no ser amistoso. Pero antes de que Zander llegara a acercarse demasiado, la puerta se abrió de golpe y un furioso Regulus salió, sólo para cerrar la puerta con la misma violencia con la que la había abierto.
—Nos vamos —anunció y caminó directamente al niño que en esos momentos lo observaba con ojos enormes, para tomarlo en brazos.
Severus respiro aliviado al ver que el intento de Regulus de reconciliarse con su madre no había ido del todo bien, y caminó detrás del hombre que se adentró en los árboles del parque con la clara intención de desaparecer.
(…)
Regulus limpió la boca de Zander y le lanzó una mirada de aprobación a Draco cuando el pequeño rubio tomó su servilleta y limpio su boca por sí mismo, antes de volver a su desayuno.
—El Departamento de Seguridad Mágica sigue sin saber qué hacer, ayer hablé con Bagnold y el viejo insiste en ofrecerle el puesto a Dumbledore para cuando ella se retire —comentó Lucius, pasándole el periódico a Severus a través de la mesa.
Regulus le lanzó una mirada a la primera plana en cuanto estuvo en las manos del hombre sentado a su derecha, hablaban la desaparición de Otto Bagman. El Lord había ordenado su secuestro, y Regulus sabía que en ese momento el pobre inefable tenía que estarla pasando terriblemente mal al no poder hablar en lo absoluto sobre lo que le exigían.
—Lleva solo cinco años al poder —comentó mirando al rubio.
—Le ha llegado el rumor de que Fudge está planeando lanzarse para el puesto.
Regulus asintió. Nadie tenía mucha fe en el mago, y en todo el Ministerio lo conocían por su amor por el dinero y reconocimiento, pero nada más. Se olvidó del asunto en cuanto notó que el plato del heredero Malfoy estaba casi vació.
—El tutor de Draco estará aquí pronto, y yo me tengo que ir al Ministerio —le informó a Severus quien dejó el periódico en la mesa—, pero prometo volver temprano hoy, no hay mucho más que un par de documentos que tengo que traducir para que puedan ser enviados a Bulgaria.
—Tomate tu tiempo, Zander y yo pasaremos la mañana en la biblioteca.
Regulus le sonrió agradecido, pero el infante por el contrario lanzó su cuchara a través de la mesa, manchando el mantel y aterrizando justo frente al plato de Lucius. El rubio, que había estado observando desde el momento que Regulus había mencionado ir al ministerio, sonrió ligeramente. Era divertido porque no era su hijo el que se comportaba como un pequeño malcriado.
—¡No quiero! ¡Plometiste que iriamamos a buscar a mi clup!
Severus le lanzó una mirada enfadada al niño y se levantó de su lugar para sacarlo de la silla alta en la que estaba sentado. Las últimas dos semanas habían sido un montón de berrinches y cosas rotas, junto con el primer estallido de magia accidental de Zander, del cual estaban muy orgullosos al haberse presentado cuando era tan joven, pero Regulus ya lo pasaba bastante mal dejándolo, y Zander se tendría que acostumbrar a no tener a Regulus con él todo el tiempo.
—Los niños que tiran la comida no pueden tener un crup —le advirtió a pesar de que sabía que el problema no era el animal, en cualquier caso.
—Podemos jugar con las escobas en mi descanso, Zander —ofreció Draco de inmediato, no le gustaba cuando su primo lloraba, pero la mano de su padre en su hombro lo detuvo de decir nada más cuando el ofrecimiento no logró calmarlo.
—¡Papi lo plometio!
—Lo buscaremos por la tarde, Zander, papi volverá pronto hoy —Regulus se acercó a Severus, pero antes de que pudiera llegar a ellos un elfo se apareció en el comedor. Regulus lo miró confundido y luego se acercó un poco al elfo que lloraba desconsoladamente—. ¿Qué haces aquí Kreacher?
(…)
Parado en la entrada de la sala en Grimmauld Place, saludando a las ancianas parejas que entraban a la habitación, Severus estaba empezando a cansarse de las miradas llenas de superioridad que recibía cada tanto. Su deber era acompañar a Regulus, pero dado que Sirius Black se había negado en redondo a asistir al funeral de su propia madre, era él quien tenía que encargarse de la horrible tarea de ser el anfitrión junto con Regulus, y soportar a todos los estirados sangre pura en esa habitación.
Severus le lanzó una mirada a Regulus, que en ese momento se encontraba cerca del ataúd de su madre, hablando con algunas personas, luciendo como el perfecto heredero con esa suave sonrisa en sus labios. Él sabía lo que era vivir una infancia llena de abusos, así que no le habría sorprendido que la sonrisa fuera de alegría, al ver que su madre había muerto. Él había sonreído por días después de la muerte de su propio padre, pero sabía que Regulus amaba a su madre a pesar de todo, sabía que la sonrisa era realmente fingida, pero no sabía cómo era posible que Regulus de verdad lamentara la muerte de esa horrible mujer.
—Snape, ¿no puedes esperar para hacerte con la casa Black? Seguro que Lucius se muere por sacarlos de su mansión.
Snape volvió su atención a la entrada de la habitación, sus ojos negros encontrándose con los del viejo Parkinson. Se mordió la lengua, tratando de controlar sus ganas de responderle. El maldito era parte del círculo interno, no podía atacarlo.
—Hay sillas disponibles de aquél lado, y hay copas de vino en la mesa junto a la pared. La familia Black agradece su compañía.
El anciano sonrió con suficiencia, claramente sabiendo lo mucho que le costaba controlarse, y entró arrastrando a su hijo y su nieta. Entonces, después de dar unos pasos se giró a mirarlo, prácticamente lanzándole dagas con los ojos.
—La habitación de los niños —exigió, y Severus alzó una ceja.
—Zander se encuentra en estos momentos en Malfoy Manor —los ojos del anciano se entrecerraron y Severus no pudo evitar sonreír ligeramente—, con el joven Malfoy haciéndole compañía.
El viejo mago estaba claramente furioso, y su hijo apenas podía contener el fastidio fuera de su rostro. Severus sabía que el jefe de los Parkinson tenía deseos de casar a su nieta con Draco, era una pena que Lucius considerara a la niña francamente horrorosa en apariencia, y terriblemente desagradable en lo que se refería a personalidad.
Parkinson se giró de vuelta a Regulus y caminó pisando fuerte.
Bien podría divertirse con el anciano el resto del día.
(…)
Malfoy Manor, Julio de 1986.
Decir que Draco estaba asustado era un claro eufemismo, pero había cumplido los seis años y era lo suficientemente mayor para no ponerse a llorar, a diferencia de su primo, así que mordiéndose el labio con nerviosismo se hincó al lado del niño y lo abrazó. Sus ojos recorrieron los jardines de la mansión, pero los adultos no estaban a la vista así que hizo lo que debía.
—¡Dobby! —el elfo apareció de inmediato y sorprendido ante la escena trató de acercarse al infante que lloraba, pero la aguda voz de su amo lo detuvo— ¡Trae a papá! —Dobby se resistió por un solo segundo a la orden, antes de desaparecer con un chasquido—. Está bien, Zander, papá va ver que Blackie esté bien —acarició los oscuros cabellos con sus manos y besó la mejilla del niño, pero continuó llorando, aferrándose al Crup inmóvil en sus brazos.
Draco miró en dirección a la puerta de la mansión, rogando porque su padre y sus tíos aparecieran pronto y arreglaran a Blackie para que Zander dejara de llorar.
Un instante después, tres personas se aparecieron justo a su lado. Con los ojos muy abiertos por la sorpresa dejó que Regulus tomará al infante de sus brazos, mientras Severus tomaba al Crup y lo examinaba. Draco se quedó sentado en el suelo, hasta que su padre lo tomó del codo y lo ayudo a ponerse de pie. Sus ojos grises se encontraron con los de su padre, quien le pasó un brazo por los hombros y lo hizo recargarse en su cuerpo.
—Está muerto —susurró Severus, y Zander lloró con más fuerza, abrazándose al cuello de Regulus, mientras éste le acariciaba la espalda y lo mecía con suavidad. Todavía no cumplía los cuatro años, pero los adultos sabían que podía entender lo que significaba. Con la muerte de Walburga, habían tomado a los niños y les habían explicado que era dormir y no despertar, nunca más verían a alguien que había muerto.
—¡Ella se lo llevó! —gritó el niño, tallando su cara en el hombro de Regulus.
Severus dejó al cachorro en el suelo y se acercó a su hijo, sus dedos acariciaron el cabello negro.
—¿Quién, Zander?
—¡La señora!
Regulus miró a Lucius.
—Nadie ha pasado por las protecciones, y de todas formas el animal está aquí —respondió el rubio mirándolo como si pensara que eso estaba yendo demasiado lejos.
Severus suspiró.
—No había nadie… —susurró Draco, apretando la túnica de su padre en su puño.
Regulus le sonrió ligeramente, luego le lanzó una mirada a Severus.
—Lo mejor será ir a casa.
El hombre asintió y tomó al niño de los brazos de Regulus, brazos y piernas aferrándose al cuerpo de Severus en cuanto Zander estuvo en sus brazos. Su cuerpo se agitaba por el llanto y mocos, y lágrimas cubrían el rostro del niño, así que sin preocuparse demasiado le limpió la cara con la manga de su camisa. Regulus lo miró por un segundo antes de soltar apenas un suspiro. Su hijo podía estar totalmente desconsolado, pero cada vez que Severus se portaba como un padre no podía evitar que su corazón se acelerara un poco a pesar del tiempo que habían estado juntos.
—Kreacher —llamó. El elfo apareció frente a ellos, haciendo reverencias hacia él y adulándolo por completo. Normalmente se tomaría un momento para aceptar sus palabras, pero estaban frente a Zander y al niño realmente no le gustaban los elfos, lo mejor era acabar con eso rápido, así que simplemente lo interrumpió—. ¿Puedes tomar a Blackie y llevarlo Grimmauld Place? Y… Sería bueno si pudieras preparar una zona en el patio donde enterrarlo.
—Lo que el Amo Regulus ordene —con un chasquido de sus dedos el cadáver desapareció, y después el elfo.
Regulus se acercó a Severus, y dejó un beso en la frente del sollozante infante.
—Vamos, cariño… no llores, hoy puedes quedarte a dormir con nosotros, ¿de acuerdo? —Severus alzó las cejas en dirección a Regulus, quien le sonrió en respuesta—. Y papá nos va a llevar por un helado.
—¿De chocolate? —preguntó el niño, sus brillantes ojos verdes en los grises de Regulus.
—De chocolate —sonrió su padre y una pequeña sonrisa apareció en respuesta en los labios del niño, antes de que se metiera el pulgar en la boca. Por un momento Severus y Regulus estuvieron a punto de decirle que no hiciera eso, pero se detuvieron a tiempo. Sólo sería esa vez, después de todo, Zander necesitaba sentirse seguro. Se volvió a Lucius—. ¿Quieren venir con nosotros?
El rubio miró a su hijo, pero el niño solo se encogió de hombros, así que no estaba realmente interesado.
—Otro día —Regulus asintió.
—Despídete, Zander —susurró Severus en el oído de su hijo. El niño lo miró, y luego de unos segundos volvió a apoyar su cabeza en el hombro de su padre, para simplemente soltar la túnica del hombre y despedirse con su mano.
—Nos vemos luego, Zander —se despidió el hombre.
—Adiós —susurró Draco, sonriéndole un poco al niño.
Severus le sonrió, a la vez que Regulus se despedía de ambos. Luego, cuando Regulus se acercó y tomó su mano, Severus desapareció.
(…)
Más tarde esa noche, Severus se sintió agradecido de que Regulus tomará a Zander para darle un baño antes de dormir.
Agotado, se había dejado caer en el enorme sofá de cuero negro que ahora dominaba la sala de estar de Grimmauld Place. Había una razón por la cual no le daban chocolate a Zander. Después de haber conseguido que se calmara un poco habían podido entrar a una heladería muggle en Brighton para comprarle el helado más grande que alguna vez había visto, y se habían dirigido a la playa. El azúcar había hecho su trabajo levantándole el ánimo, y habían pasado la tarde entera con el niño, jugando en la arena y —por desgracia para los caros zapatos de Regulus— en el agua.
Severus cerró los ojos y suspiró.
Habían pasado la tarde hablando con Zander, preguntándole sobre la mujer, pero sólo habían conseguido confundirse cada vez más con las respuestas del niño. En un momento decía que vestía un vestido blanco, luego negro, luego tenía tres cabezas y al siguiente momento era muy bonita, así que al final tampoco habían podido figurarse nada.
Regulus había rodado los ojos, y luego había susurrado las palabras "amigo imaginario". Severus quería creer que era eso, y no la locura de los Black empezando a hacer su trabajo en su hijo de casi cuatro años. Durante generaciones las mujeres habían sido las más afectadas, pero Sirius Black tampoco era exactamente la definición de sanidad mental, así que se negaba a aceptar que la locura solamente corría por la sangre de las mujeres.
Severus abrió los ojos de pronto, dándose cuenta de que había estado a punto de caer dormido mientras pensaba. Giró la cabeza en busca del reloj de pared, para después ponerse de pie e ir directamente a su habitación; lo más probable era que Regulus ya hubiera incluso metido a Zander en la cama, aunque realmente no esperaba que ya estuviera dormido.
Subió las escaleras en dirección a la habitación que compartía con Regulus, la antigua habitación del chico, de hecho. La casa estaba iluminada hasta el último rincón, habían cambiado el papel tapiz, y el piso de madera por tonos más claros. Regulus había estado muriendo por volver a casa, pero sabía que el lugar habría resultado aterrador para su hijo de tres años con las cabezas de elfos colgando y los desagradables cuadros, la casa simplemente no era adecuada para criar a un niño, al menos no un niño que había vivido todo el tiempo en un lugar tan luminoso y hermoso como lo era Malfoy Manor, así que había tenido que remodelar la casa al completo, a excepción de la habitación principal.
Abrió la puerta de la habitación, y en el centro le cuarto decorado en colores grises y verdes estaba una enorme cama, recostado entre un montón de almohadas y abrazando su horrible Clabbert de peluche, Zander escuchaba con fascinación mientras Regulus, ya duchado y en pantalones de pijama le susurraba lo que seguramente era alguna vieja historia de magos, dragones y caballeros.
Los ojos grises se encontraron con los suyos y una sonrisa suave apareció en sus labios, sólo por un instante, antes de que Regulus se volviera a enfocar por completo en Zander. Severus se dirigió hacia el enorme armario que estaba al fondo de la habitación para tomar su ropa de dormir. Se giró a las personas acostadas en la cama, sintiendo la necesidad de solo tirarse en la cama con ellos, pero habían estado en la playa toda la tarde, e inevitablemente se sentía sucio, así que con resignación salió de la habitación para dirigirse al baño, dejando a Regulus con su hijo.
En cuanto la puerta se cerró, Regulus alzó un poco más la voz. Estaba seguro que nunca se sentiría cómodo con Severus escuchándolo contar historias a Zander. Al niño le gustaban las voces, así que algunas veces tendría que hacer voces de ancianos, guerreros o hasta princesas. Regulus no creía que su orgullo Black alguna vez le fuera a permitir mostrarle ese lado a nadie, incluso al hombre que amaba.
Poco a poco, mientras la princesa aceptaba que estaba enamorada del domador de dragones, y conseguía que el hombre la dejara montar en un dragón, los ojos verdes se fueron cerrando poco a poco, hasta qué, cuando la princesa logró convencer a su padre que la dejara casarse con el domador, Zander estaba completamente dormido.
Con cuidado de no despertarlo, sacó un cuerno del clabbert de peluche del niño, y después empezó a acariciar lentamente el sedoso cabello negro que ya llegaba casi a los hombros a Zander.
Observó cuidadosamente su rostro dormido, su rostro ensombreciéndose poco a poco. Sabía que Severus también estaba preocupado por él, muy probablemente estaría pensando lo mismo que él, y confiaba —al igual que Regulus— en que solo fuera producto de la activa imaginación de un niño de tres años, y le rogaba a Merlín y Morgana que el niño no hubiera heredado la locura Black, o que algo malo hubiera pasado durante el ritual que se estaba presentando justo en ese momento.
Soltó un suspiro nervioso mientras se acomodaba en la almohada y dentro de las sabanas, apenas capaz de alejar la mirada el angelical rostro a su lado. La puerta de la alcoba se abrió después de lo que le parecieron horas y Severus entró, vistiendo como él, solo unos pantalones para dormir y el cabello apenas recogido hacia atrás por una la goma negra que Regulus de hecho odiaba.
El hombre se metió en la cama sin hacer ruido, moviendo lo menos posibles las sabanas que cubrían a Zander. Sus ojos grises anclándose en sus ojos negros, ambos podían ver la preocupación reflejada en el otro. Severus estiró su mano por sobre el niño, acariciando la mejilla de Regulus.
—No me voy a detener hasta saber que él está bien, te lo juro —susurró, pero su voz era firme, así que Regulus asintió mordiendo su labio, mientras sostenía la mano del hombre contra su mejilla. Podía confiar en Severus.
(…)
Al día siguiente Zander desayunó apenas, y cuando Regulus se despidió de él para irse al trabajo lloró como no lo había hecho en meses. El hombre se había sentido terrible por dejarlo, pero no podía faltar a trabajar un lunes sólo porque el crup de su hijo había muerto. Además, Severus le había asegurado que estaba al día con los lotes de pociones, tanto para el hospital como para su amo, y que se pasaría el día con el niño, tratando de animarlo y de averiguar qué era lo que había visto.
Severus estaba lejos de ser un padre demasiado estricto, así que en cuanto Regulus había cerrado la puerta principal y Zander se había negado a tomar el muy sano desayuno que Kreacher había preparado para él, Severus simplemente había tomado una rana de chocolate de la alacena. Los ojos verdes se anclaron a la caja, poco a poco su llanto desapareciendo, hasta que se detuvo por completo cuando Severus se sentó a su lado, poniendo la rana de chocolate frente a él, pero fuera de su alcance.
Zander estiró sus brazos, pero era imposible aun cuando se ponía de pie en la silla.
—Papá… ¿Me la das, por favor? —el niño se giró a mirarlo, su cabeza ladeándose ligeramente hacia su hombro, mirándolo por debajo de sus pestañas y sonriendo angelicalmente. Severus sonrío, tomó la caja y la abrió, para partirla, entregándole solamente el pedazo más pequeño.
—Si puedes ser un buen niño hasta que Reg vuelva, te prometo darte el resto y otra más —Zander metió en su boca el trozo de chocolate, una enorme sonrisa haciendo brillar su cara—. Ahora come —ordenó y el niño asintió antes de volver a su desayuno. Severus le sonrió y le acarició el cabello.
—Papi fue a tlabajar —comentó el niño metiéndose la cuchara en la boca.
—Sí, deberías dejar de llorar cuando Reg se va.
—Pero Papi siemple se va a trabajar —gruñó el niño.
Severus suspiró.
—Cuando termines de desayunar, tú y yo vamos a jugar a los Sanadores.
Zander sonrió y asintió comiendo rápido.
Durante el día Severus hizo pruebas sobre el nivel de magia de su hijo, que aparte de ser un poco sobre la media no tenía nada de malo. Las firmas de Severus y Regulus seguían en la de su hijo tal y como el día que había nacido, tal como debían de aparecer la de los padres de todo niño. Había realizado pruebas de sangre, y había tratado de que Zander hablara sobre lo sucedido el día anterior. Difícilmente podía realizar Legeremancia sobre la mente de un niño de tres años, pero el hombre tenía la seguridad de que Zander no mentía, conocía demasiado bien a su propio hijo como para equivocarse en eso.
Para media tarde Severus suponía que Zander tenía un amigo imaginario que no le terminaba de gustar del todo, pero estaba perfectamente de salud al menos. Pasaron el tiempo hasta la hora de la cena estudiando en la biblioteca. Zander era capaz de reconocer su nombre cuando lo veía y se sabía de memoria al menos todos los animales que estaban dentro del libro de bestias que Regulus todavía conservaba de sus años en Hogwarts, así que Severus estaba tratando con ganas de que el niño aprendiera un poco sobre pociones, pero así como Zander ya dominaba los insectos en su mayoría, era absolutamente incapaz de recordar las plantas. Severus suponía que simplemente era cuestión de interés hacia las cosas que le gustaban. El niño podía ver una flor y reconocer que era bonita, aunque no la miraría dos veces, pero si veía algún animal se volvía fácilmente loco.
Severus le había estado mostrando acónito por cerca de diez minutos cuando la puerta de la biblioteca se abrió. Tanto el hombre como el niño se sobresaltaron ligeramente y luego Zander se puso de pie de un salto de la alfombra en la que habían estado sentados y corrió a los brazos abiertos de Regulus.
El mayor observo con una sonrisa como el hombre recogía al niño y lo besaba en la cara, mientras su hijo reía encantado, sus pequeñas manos aferrándose a los hombros de su padre, quien lo sostenía firmemente contra su cuerpo.
—¿Se divirtieron hoy, Zander? —preguntó Regulus, lanzándole una mirada a Severus sobre la cabeza del niño antes de volver a mirar a los ojos verdes de su hijo.
Zander empezó a contarle lo que habían hecho durante la tarde, mientras Regulus entraba del todo en la biblioteca y se sentaba en una silla, colocando al niño en sus piernas.
Severus le sonrió, se puso de pie y se inclinó para dejar un beso en la mejilla del hombre.
—Pasamos el día entero juntos, sin ninguna novedad —sus ojos se encontraron con los de Regulus, y el hombre sonrió encantado, entendiendo perfectamente lo que su marido trataba de decir. Levantó el rostro y Severus besó sus labios por un segundo antes de que Zander los empujara, sus pequeños brazos envolviéndose en el cuello de Regulus.
—¡Besos no!
Severus se encogió de hombros, y su mano despeinó los largos cabellos de Zander. Se dirigió al lugar donde habían estado sentados en la alfombra y tomó el libro ilustrado sobre plantas.
—Veamos sí tu eres capaz de que aprenda algo de aquí —le entregó el libro a Regulus, quien sonrió por un momento antes de ver la mano de Severus volar a su antebrazo. Sus ojos se encontraron y Severus tapó los ojos de Zander con una mano, a la vez que se inclinaba y besaba los labios de Regulus con fuerza—. Te amo —susurró acariciando sus labios con los del hombre mientras se separaba, luego alejó su mano del rostro de Zander y besó la frente del niño—, te amo, Zander —el niño sonrió—. Reg te dará tu baño también esta noche, se bueno con papá, ¿de acuerdo?
Regulus miró a otro lado. Severus se despedía de ellos cada vez que era llamado, y lo hacía sentir ligeramente enfermo, pero el hombre se negaba a dejar de hacerlo. Decía que él siempre lucharía por la causa en la que creía, pero siempre había la posibilidad de que no volviera así que se despediría.
—Te amo —respondió Regulus, y Severus salió de la biblioteca. Desaparecería desde la puerta de la entrada.
Regulus abrió el libro, pero Zander miraba la puerta con ojos llorosos.
—Papá quiere que aprendas esto… Tal vez, si lo aprendes por él, Severus vuelva antes —el infante en sus piernas lo miró a los ojos, los labios fruncidos con clara frustración, así que Regulus cerró el libro—, o podemos ir a buscar un buen libro de animales y cenamos pastel de chocolate en el balcón.
Zander miró la puerta de nuevo, y luego se acurrucó en de Regulus, negando con la cabeza, lágrimas corriendo por sus mejillas.
—Papá no va a venir plonto… ¿verdad? —Regulus se mordió el labio y abrazó al niño con fuerza, dejando caer el libro al suelo. A veces Severus terminaba una misión tan mal herido que se quedaba en Malfoy Manor y se rehusaba a ver a Zander hasta que se recuperaba por completo.
—Papá volverá pronto, bebé —besó su frente y se puso de pie—. Te quedaras conmigo hoy, ¿verdad? Esa cama es muy grande para mí solo —pequeños brazos rodeaban su cuello con fuerza, la cabeza en su hombro asintió apenas.
Se dirigió a su habitación con el niño en brazos, acurrucándolo y meciendo cada vez que lo sentía sollozar, hasta que llegó a la cama y se acurrucó con él. Zander se quedaría con su ropa de diario hasta que se durmiera, lo cambiaría más tarde. Ninguno de los dos había cenado algo, pero él había picado algo a media tarde y siempre podía pedirle a Kreacher que le preparara un vaso con leche y algunas galletas a mitad de la noche, así que abrazó el pequeño cuerpo en sus brazos y se quedó dormido debajo de las sabanas… Pidiéndole a todos los dioses que el hombre que amaba volviera pronto.
(…)
Número 12 de Grimmauld Place, Londres, noviembre de 1987.
—Deberías de terminar tus deberes de hoy si no vas a irte a la cama, Zander.
Sin despegar su cabeza del cristal de la ventana, el niño que se encontraba acurrucado en el sofá tomó los pergaminos que tenía en el sujetapapeles y estiró la mano para entregárselos a Regulus. El hombre sonrió y se acercó para tomarlos, luego se sentó en el sillón juntó al chico mientras revisaba el trabajo hecho. La satisfacción crecía conforme iba pasando los pergaminos.
—Papá sólo fue a entregar pociones… —se quejó. Regulus sonrió ligeramente, pero trató de ocultarlo.
—Severus no tardará demasiado. ¿Quieres que le diga a Kreacher que te traiga algo? —ofreció colocando el sujetapapeles en la mesita auxiliar a su derecha, pero el niño negó.
—Es un grosero.
—Tú fuiste quien lo llamó feo —aclaró el hombre lanzándole una mirada ligeramente molesta.
—¡Pero es feo, papá! —gimió el niño, alejando su mirada de la ventana por primera vez en toda la conversación.
Regulus le sonrió indulgentemente. Kreacher era feo sin lugar a dudas, pero no veía el motivo de hacérselo saber constantemente. El hombre se puso de pie, y besó a su hijo en la mejilla.
—Mandaré a Kreacher, así que no seas malcriado y discúlpate —ordenó con firmeza y salió de la habitación.
Zander miró a puerta por donde su padre había salido con el ceño fruncido, antes de mirar por la ventana de nueva cuenta, esta vez abrazando su viejo y muy usado clabbert de peluche. La ventana estaba helada, pero él se mantenía cálido acurrucado en el sofá y envuelto en la manta que había arrastrado fuera de su cama a que estaba del otro lado de la habitación. Había estado esperando a que su padre volviera a casa por demasiado tiempo, había escuchado a sus padres susurrarse cosas antes de que Severus saliera de la casa cargando con el maletín en el que cargaba las pociones que Zander no tenía permitido tocar bajo ningún motivo.
Cuando Severus entregaba pociones, no tardaba tanto. No como cuando era llamado por el Lord. Con cinco años Zander no sabía muy bien quién era el Lord, pero sabía que era casi como el jefe de su papá, de ambos de hecho. Draco decía que era un hombre alto, casi de la edad de su tío Regulus, y que apestaba a magia negra aún más que el mismo Zander. Lo único de lo que estaba seguro era de que no debía hablar con nadie de ello. Era un secreto, como el hecho de que su papá hacia pociones malas que podían hacer mucho daño, o como que a veces él hacía desaparecer las verduras de su plato para no comerlas, o que casi todos los que conocía eran magos. Regulus le había explicado eso la primera vez que lo llevó al parque durante el verano, él no podía decirle a nadie que conociera en el parque frente a Grimmauld Place que era un mago.
Un chasquido lo hizo volver a la realidad. Kreacher estaba dejando una charola con galletas y un vaso de leche en su mesita de noche. Zander suspiró y bajó del sofá lentamente, y se acercó arrastrando los pies. El elfo no se iba, así que Zander sabía que su padre le había dicho que se quedara hasta que él hablara.
—Kreacher… —el elfo lo miró, con sus enormes ojos fijos en sus ojos verdes. Zander tomó aire, luego miró al suelo, sólo para levantar el rostro rápidamente. Debía mirar a las personas a los ojos cuando se disculpaba, sólo así sabían que era honesto— Lamento haber sido malo contigo —susurró bajito, pero cuando el elfo se inclinó frente a él supo que lo había oído.
—El joven amo se disculpa con Kreacher, Kreacher está muy feliz por eso. Lo que el joven amo necesite Kreacher lo hará por él —y sin más desapareció.
Zander rodó los ojos y se acercó a las galletas, esquivando su escoba de juguete de un salto. Los elfos eran tontos, él no habría disculpado nunca a un niño que le hubiera dicho feo, pero suponía que debía estar feliz, porqué ya que estaba en paz con el elfo de la familia, su papá estaría feliz con él. Estaba a punto de tomar el vaso de leche cuando la puerta de su habitación se abrió.
Debajo del marco de la puerta Severus lo miraba, y le sonreía mientras en su hombro una lechuza de plumas plateadas se mantenía de pie.
Zander sonrió y corrió hacia su padre, tropezando en el camino con la escoba que solo unos momentos antes había saltado, sus manos y sus rodillas chocaron en el suelo alfombrado con fuerza, pero no le importó en lo más mínimo. Estuvo por levantarse, pero las manos de su padre lo sostuvieron por debajo de los codos y lo ayudaron a ponerse de pie.
—Gracias pa…
Los ojos de Zander miraron sobre el hombro del hombre. Regulus estaba recargado en el marco de la puerta, pero sus ojos se enfocaron en el lugar vacío entre su padre y Regulus.
—…der, Zander —ojos verdes volvieron a los de su padre, quien le sonreía ligeramente. Zander le sonrió de vuelta, luego sus ojos volaron directamente a la lechuza en el hombro de su padre—. Te gusta… —dijo el hombre arrodillado frente a él, no era una pregunta claramente, así que el niño no se molestó en contestar. Estiró su mano, sus pequeños dedos acariciando las plumas del pecho del ave con suavidad reverente—. Pensamos que ya que estás haciéndote bueno en escribir, tal vez podrías enviarle cartas a Draco para practicar.
Zander sonrió encantado, luego frunció el ceño.
—¿No vamos a ir a Malfoy Manor más?
Severus acarició su mejilla, una sonrisa triste en sus labios.
—Lucius tiene planes para este invierno, van a viajar a París —Zander suspiró, pero su atención fue tomada por la lechuza, que con un aleteo se posó en su hombro. Regulus entró a la habitación, arrodillándose a un lado de Severus.
—Debes ponerle un buen nombre, luego podrás enviarle una carta a Draco para que la conozca, o podemos ir mañana temprano y mostrársela —propuso Regulus con una sonrisa al ver a Zander reír, mientras la lechuza mordisqueaba su oreja, claramente contenta de su nuevo hogar.
—Pero, papá… Ella ya no estará aquí mañana —explicó el niño, mirando a Regulus a los ojos, quien lo miró con curiosidad. Severus alzó sus cejas.
—Una lechuza no tarda tanto en llegar a Wiltshire desde Londres, hijo.
—Yo no la voy a mandar a casa de Draco, papá —respondió el niño con ese tono que parecía decirle a Severus Snape que era un tonto—. Ella no puede llegar hasta allá de todas maneras —Zander se encogió de hombros, y se alejó de los adultos caminando hacia su cama, donde hizo que la lechuza se pusiera de pie.
Severus y Regulus cruzaron una mirada llena de confusión, luego Regulus se puso de pie y se sentó en el borde de la cama del niño.
—¿Por qué no va a llegar a Malfoy Manor, bebé? —preguntó, acariciando el cabello del niño.
—No soy un bebé —gruñó, pero dejó que la mano de su padre siguiera cepillando sus cabellos. Sus ojos se fijaron en el vacío un momento, luego miró a Regulus—. Ella se tiene que ir antes del amanecer papá, está lastimada y se tiene que ir.
—Ella no puede estar lastimada, hijo —interrumpió Severus acercándose a ellos—. El dueño de la tienda la ha criado especialmente para ti.
El niño abrió la boca, como si quisiera decir algo, pero la cerró y se encogió de hombros antes de hacerlo.
—¿Quieres ir a Malfoy Manor mañana, Zander? —preguntó Regulus después de unos segundos de silencio. Zander inclinó la cabeza, mirándolo. Regulus sabía que estaba pensando en algo, así que simplemente esperó.
—Puedo mostrarle a Draco mi nuevo libro de Dragones —respondió el niño después de un momento.
Regulus suspiró, pero no dijo nada. Si Zander no quería presumir su nueva mascota a Draco, no lo iba a presionar. Después de todo estaba increíblemente animado acariciando al ave.
—¿Algo que decirle a papá? —preguntó mientras se levantaba de la cama.
Zander levantó su rostro y le sonrió antes de saltar de la cama y lanzarse a los brazos abiertos de Severus, que ya lo esperaba. El niño besó la mejilla de su padre, lo abrazó con fuerza y le sonrió radiante.
—Gracias por la lechuza papá, es un regalo increíble —Severus le sonrió de vuelta y dejó un beso en su frente.
—Disfrútala, Zander… Aunque sea solo hasta mañana —agregó con sarcasmo. Regulus le lanzó una mirada con los ojos entrecerrados que fingió no ver, pero su hijo asintió alegremente antes de volver a la cama y seguir acariciando al animal.
Regulus se inclinó y besó la mejilla del niño.
—No te duermas muy tarde —advirtió y cuando el niño asintió él y Severus salieron de la habitación, cerrando la puerta tras ellos.
Zander esperó un momento en silencio, hasta que estuvo seguro que sus padres se habían ido.
—Mañana te vas a reunir con tus hermanos, así que no tengas miedo. ¿Sí?
Zander pasó casi toda la noche acariciando las suaves y brillantes plumas plateadas, mientras charlaba con el ave. A la mañana siguiente, cuando Severus fue a despertar al niño, la lechuza estaba en el sofá, indudablemente muerta.
(…)
Malfoy Manor, 31 de Julio de 1988.
Los últimos dos años habían celebrado el cumpleaños de Zander en Grimmauld Place, pero durante el cumpleaños número ocho de Draco, el niño había terminado haciéndose amigo de varios niños, además que había quedado encantado de los juegos en escoba y los caballos alados que habían sido llevados a la Malfoy Manor por ese día para que los niños los montaran.
Severus había dicho que quizá era demasiado hacer todo eso para un cumpleaños infantil, pero Regulus había insistido en darle una fiesta de cumpleaños como ninguno de ellos había podido tener por sus propias circunstancias que el hombre había cedido sin mucho esfuerzo, pero Zander se rehusaba en redondo en hacer nada más que aferrarse a Regulus.
Desde que había cumplido los cinco años se había rehusado a ser levantado para nada más que la aparición y los polvos Flu, pero desde que Regulus y Severus lo habían despertado esa mañana con el desayuno en la cama, Zander se había aferrado a su padre y no se alejaba de él, insistiendo en ser levantado en sus brazos, su barbilla perforando el hombro de Regulus, ignorando por completo a un muy frustrado Draco.
Cerca de medio día el jardín de Malfoy Manor estaba terminado, los caballos alados estaban instalado y una piscina llena de Puffskein inquietos, esperaba por la llegada de los niños. Regulus apenas había logrado vestir a Zander con una túnica verde, cuando Kreacher apareció en la habitación que Lucius les había dado para prepararse con una carta en la mano.
El ministerio lo solicitaba con urgencia para encargarse de la traducción de unos documentos en el departamento de misterios.
—Zander, me llaman en el trabajo, pero volveré antes de que partas él pastel —susurró Regulus mientras trataba de entregar el niño a su marido.
—¡No! ¡Papá, no! —chilló el niño, aferrándose a la túnica de Regulus.
—Volveré pronto, lo prometo.
—Zander, Regulus tiene que trabajar y tú tienes muchos animales con los que jugar en el jardín —trató de razonar Severus, pero Zander luchaba con todas sus fuerzas.
El niño gritó y pataleó, sacudió sus brazos, pero Severus lo sostuvo firmemente mientras Regulus les lanzaba a ambos una mirada llena de remordimiento escuchando un "Te amo, papi", antes de salir de la habitación con rapidez sin detenerse a despedirse.
(…)
Las puertas del ascensor se abrieron con un traqueteo y Regulus salió, prácticamente corriendo hacia el pasillo. El piso negro brillaba demasiado, y aunque ya lo había recorrido en veces anteriores no pudo evitar disminuir la velocidad para no resbalar.
Había un ligero eco sonando en el solitario pasillo, y podía ver el brillo de la luz saliendo debajo de la puerta que daba a los tribunales del Wizengamot. Había escuchado de Severus que juzgarían a algunos mortífagos de bajo rango atrapados en la última misión, pero todos estaban seguros de que los mortífagos saldrían sin ninguna condena. El juicio no era más que un show montado para calmar a las masas.
Cuando estaba a sólo un par de metros, la puerta se abrió de golpe. En sólo unos segundos un par de chicos salieron corriendo disparados, empujándolo hacía un lado cuando se encontraron a la misma altura. Regulus los reconoció de las fotos en el periódico, pero antes de que pudiera hacer o decir nada, un grupo de hombres salió de la puerta con brusquedad, uno de ellos agitando la varita y lanzando hechizos sin detenerse por un segundo. Regulus supo quién era al instante, todos conocían a Ojoloco Moody.
Su mano voló a su bolsillo, posándose en su varita con la intención de lanzar un escudo, pero antes de que las palabras salieran de su boca un hechizo le dio de lleno.
Sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa, pero los hombres que perseguían a los chicos pasaron a su lado sin siquiera darle una mirada. Luego, un par de ojos grises se encontraron con los suyos. Un par de brazos lo sostuvieron —aunque Regulus no estaba seguro de cuando había terminado en el suelo—, y podía ver la boca de su hermano moverse, pero él sólo podía escuchar un zumbido en sus oídos.
Regulus levantó su mano, la colocó en la mejilla de Sirius y susurró unas palabras antes de que su mano cayera sin fuerza en el brillante suelo negro, que ahora estaba lleno de sangre.
Si han llegado aquí… Espero que no me odien… demasiado.
Agradezco sus comentarios como no tienen una idea. Los amo a todos, son lo mejor y no me dejen de leer por esta pequeña maldad, plz… Pueden dejarme TODO su odio en reviews xD.
Besos!
CLABBERT
Clasificación del MM: XX
El clabbert es una criatura que vive en los árboles. Por su aspecto, parece un cruce entre un mono y una rana. Originario de Sudamérica, se ha exportado al mundo entero. La piel, suave y desprovista de pelo, es verde jaspeada, y tiene membranas entre los dedos de manos y pies; los brazos y las piernas son largos y flexibles, lo que permite al clabbert balancearse entre las ramas con la agilidad de un orangután. Tiene unos cuernos cortos en la cabeza, y una boca ancha que parece sonreír todo el rato y está llena de dientes afilados. El clabbert se alimenta principalmente de lagartos y pájaros pequeños.
(Información obtenida del libro Animales fantásticos y donde encontrarlos)
