Marinette se dio una última mirada nerviosa a través del espejo. No había ido a la escuela en lo que se le antojaba una eternidad, y era consiente de que ese día iba a ser el centro de atención, para bien o para mal. Había solicitado un cambio de grupo, pues no tenía ganas de lidiar con sus viejos compañeros, al menos no aún, pero toda la escuela, si no es que todo París, sabía de su casi exitoso intento de suicidio, Debía admitir que, por lo menos físicamente, se veía bien, mucho más saludable de lo que había lucido durante los últimos meses, a demás de que el corte de su vestido blanco de mangas largas la favorecía. Debajo del vestido llevaba unos leggings negros: no quería que las cicatrices se vieran ni por error.

Había pasado un mes completo desde lo que ella denominada "el incidente", un bonito eufemismo para referirse a su intento de suicidio, y tres semanas completas desde que la habían dado de alta del hospital. Durante todo ese tiempo, sus papás habían revoloteado a su alrededor las 24 horas, tratando de compensar aquel oscuro periodo de abandono y desprecio. Debía admitir que se sentía algo abrumada.

Unos días después de que despertara, un psicólogo y un psiquiatra la habían visitado en su habitación. Ahora iba a terapia una vez por semana, y debía admitir que era liberador poder hablar con alguien objetivo de esa forma, siendo tan honesta respecto a sus emociones, omitiendo, claro, su identidad secreta. El psiquiatra le había recetado antidepresivos, pero le había advertido a sus padres que durante las primeras semanas del tratamiento existía la posibilidad de que estos mismos provocaran ideas suicidas, cosa que a Marinette le había parecido bastante irónica, pero casi le había provocado un infarto a sus padres. Ahora, ellos estaban al pendiente de ella las 24 horas, para asegurarse de que no intentara nada raro. Incluso, cada que entraba al baño, su padre se acercaba a la puerta para preguntarle si estaba bien. Le daba algo de ternura, a pesar de que hubiera sido algo molesto si hubiera tenido que transformarse para detener a algún akuma.

Por otra parte, Adrien había sido una constante durante ese periodo de recuperación. La había visitado en el hospital todos los días después de la conversación que habían tenido a media noche, y después, le había llevado los apuntes cada tarde después de clases, para mantenerla al corriente de la escuela. También había estado con ella durante el juicio en contra de Lila Rossi y la revista de chismes que la había difamado. Era una bendición que Gabriel Agreste hubiera decidido que lo mejor para la imagen pública de Adrien fuera que se mostrara como un novio protector, pues la versión oficial de todo ese lío era que Lila había inventado lo del romance de Marinette con Chat Noir para perjudicar su relación con Adrien Agreste.

En cuanto al juicio, ese había sido un espectáculo Mediático. Al inicio, Lila Rossi había intentado huir del país, pero había sido detenida en el aeropuerto, ganándole a sus padres una enorme multa. Durante todo el juicio, la chica no había podido salir de su casa sin que parisinos furiosos trataran de hacerle daño. Finalmente, unos días antes de que se dictara la sentencia, habían tenido que brindarle protección especial después de que alguien tratara de incendiar su casa y sufriera un par de quemaduras en el rostro. Lila había enfrentado cargos por terrorismo al cooperar conscientemente con Hawk Moth, así como por acoso, intento de asesinato, y difamación. Había sido encontrada culpable, pero sus abogados habían conseguido que se le declarara mentalmente inestable y fuera internada en un psiquiátrico en lugar de ir a la cárcel. Aún así, para Marinette había sido un gran alivio saber que no tendría que lidiar con Lila en mucho tiempo.

Finalmente, decidió que era el momento de irse si quería llegar antes que todos sus compañeros. Su terapeuta le había dicho que esa conducta evasiva no era sana, pero aún no se sentía lista para pasearse delante de un montón de ojos sobre ella. En ese momento, sintió con mayor intensidad la ausencia de Tikki, pues ella le hubiera dedicado varias palabras de ánimo para hacerla sentirse mejor.

La plática con el maestro Fú había sido muy complicada. El hecho de que Chat Noir y Ladybug conocieran sus identidades había sido una enorme espina, pero el que otros civiles supieran las identidades de ambos era aún peor. El guardián había considerado seriamente retirarles a ambos los Miraculous de forma permanente, pero finalmente, había decidido que a esas alturas de la lucha contra Hawk Moth no podía darse el lujo de reclutar a un nuevo par de héroes inexpertos. Los padres de Marinette habían accedido a que sus memorias fueran alteradas para olvidar las identidades de los héroes, sabiendo que de no hacerlo, estaban poniendo la vida de su hija en peligro. Pero por el momento, Marinette no podía ser Ladybug, pues el maestro Fú quería que antes se tomara un tiempo para recuperarse física y mentalmente de todas sus heridas. Mientras tanto, Aka-Bagu seguía siendo su sustituta temporal, auxiliada por Fenecc para cubrir la ausencia de la verdadera Ladybug.

Aún no sabía cuándo podría recuperar su Miraculous, pero el saber que no era una pérdida permanente la ayudaba a sobrellevar mejor las cosas.

Cuando llegó al salón de clases, Adrien ya la estaba esperando.

- ¿Adrien, qué haces aquí?

- Miauch - Dijo el chico, poniendo una expresión de falsa indignación. - ¿A caso no puedo recibir a mi novia en el salón?

- Sabes a lo que me refiero, Adrien. Éste no es tu salón.

- De hecho, sí lo es. Pedí el cambio de grupo hace una semana.

- ¿De verdad?

- Por supuesto. Quería pasar lo que queda del ciclo escolar contigo.

El saber que Adrien estaría a su lado de forma literal durante ese largo día la ayudó a sentirse menos ansiosa. Poco a poco, el aula se fue llenando de rostros ligeramente conocidos que le daban los buenos días educadamente mientras llegaban. Reconoció a Aurore, Mireille, y a Marc: del resto, desconocía los nombres, pero parecían bastante agradables. Durante la primera clase, la profesora Bustier los hizo presentarse frente a todo el grupo. Muerta de nervios, Marinette pasó al frente del salón, pero la suave presión de la mano de Adrien la ayudó a relajarse, evitando que tartamudeara mientras decía.

- Mi nombre es Marinette Dupain-Cheng, y es un gusto conocerlos. Espero que podamos ser buenos amigos.

Los chicos fueron bastante amables, ofreciéndole su ayuda para lo que necesitaran, pero sin ser invasivos. Incluso recibió una invitación para asistir a la fiesta de cumpleaños de un chico llamado Claude ese fin de semana.

- ¿Irás a la fiesta? - Preguntó Adrien, mientras ambos abrían las bolsas de almuerzo que los padres de Marinette les habían enviado. Ambos estaban en la cafetería de la escuela, y aunque la peliazul se sentía un poco incómoda por las miradas poco discretas que recibía, la presencia de Adrien evitaba que saliera corriendo.

- La verdad, no tengo muchas ganas, pero creo que sería grosero no ir ya que me invitaron. A demás, mi terapeuta dice que debo tratar abrirme a la posibilidad de hacer nuevos amigos. ¿Tú irás? - Preguntó, esperanzada. Si Adrien estaba allí, las cosas serían más fáciles.

- Pediré permiso, pero supongo que sí. Mi padre ha sido bastante permisivo últimamente, y no tengo ninguna sesión programada para el sábado, así que...

- Marinette, ¿podemos hablar?

Ambos chicos habían estado tan distraídos en su conversación que no se dieron cuenta de que dos personas se habían acercado a su mesa.

- Alya, no estoy seguro de que sea una buena idea. - Respondió Adrien, con la voz repentinamente seria.

- Está bien, déjalos. ¿Qué sucede? -

- Bueno... Yo... Ehhmm... Quería saber cómo estás. - Logró enunciar la pelirrroja, con una falta de elocuencia impropia de ella.

- Estoy bien, gracias por preguntar. - Respondió Marinette, con la voz bastante tensa.

- Yo... quería disculparme por todo lo que pasó. Jamás debí creer esas cosas horribles de ti. Sé que fui una horrible amiga, y entiendo si no quieres volver a saber de mi, pero quería que sepas que de verdad, siento mucho todo lo que pasó.

A pesar de que la peliazul se había preparado mentalmente para las disculpas que sabía iba a recibir, las palabras de Alya la descompusieron un poco. ¿Estaba lista para perdonar a todos los que le habían hecho daño? No estaba segura. No los odiaba, ni siquiera a Lila, pero esos meses habían dejado heridas dentro de ella que, a diferencia de las físicas, aún necesitaban cerrarse.

- Alya, yo... Esto...- El cálido contacto de la mano de Adrien sobre su hombro la ayudó a sentirse mejor, más segura de sí misma. - Si te dijera ahora mismo que te perdono, estaría mintiéndote, y no quiero hacer eso. Necesito un poco de tiempo.

- Está bien... Entiendo. - Parecía que la chica iba a retirarse, pero pareció dudar, pues aún tenía una cosa que decir.

- Marinette... ¿Crees que podamos volver a ser amigas algún día?

- La verdad, tampoco lo sé. Esperemos y dejemos que el tiempo lo decida.

Nino también se disculpó, aunque tuvo la prudencia de decir que no necesitaba una respuesta inmediata, pues solo necesitaba que supiera que lo sentía. Cuando los dejaron solos, Adrien hizo un chiste absurdo de gatos para aligerar el ambiente, y pronto, ambos chicos estuvieron conversando como si nada hubiera pasado.

El timbre sonó, y ambos volvieron a clases. Lo primero que hizo la profesora Mendeleiev fue anunciar que ese viernes sería la feria de ciencias, y que tendrían que presentar sus proyectos de física en ella. Marinette volteó hacia su novio, visiblemente alarmada.

- ¡Adrien, el proyecto! ¡Aún no lo hemos terminado!- Le susurró, casi aterrada.

- Tranquila, Mi Lady, lo vamos a lograr. Somos tú y yo contra el mundo, ¿recuerdas?


Bueno, prácticamente hemos llegado al final de ésta historia, Aún falta el epílogo, pero marcaré esto como completo por el bien de mi salud mental. Gracias a todos mis lectores por apoyarme desde el inicio de ésta historia. Los tqm.