Lamento una vida no haberlo traído antes, pero créanlo cuando les digo que he hecho hasta lo imposible, pero la vida es la vida y pues eso... No hay mucho que hacer, pero al menos no ha sido un mes o algo así... Los dejo para que disfruten el chap ¡Besos!


Death-sama. Muchas gracias por el comentario~ Yo no he matado a nadie así que :3… Madre~ Regulus no es una madre xD~ Es un hombre con sus cosas bien puestas, es un padre. Oh, qué bueno… solo quería aclararlo en caso de que alguna confusión pudiera surgir xD~ Los ojos… son lo mejor, me encanta que no tenía los ojos de Avada antes, pero después de ritual son de ese verde en específico. La muerte en este momento al menos en este fic la he tomado como Hécate, así que supongo que puede ser una mujer .u.~ Sobre si habla con la muerte… lo aclaró en este chap x3. Sirius… veremos más a Sirius, pero él es miembro de la orden de los pollos. Muero de risa cuando pienso en que pensaste que Sirius en algún momento sería educado con Sev. No puedo ni pensar en tener un sobrino y no darle amor… Sirius es un imbécil terminal. Yo no le he quitado a Reg a nadie xD~ Remus y Sirius son… ¿Qué? De que hay tensión hay tensión, joder, que le rompió un vaso en la frente xD~ Hahaha no se conocerán en ningún funeral xD~ ¿Por qué todos piensan en funerales? Oh! Conozco el comic, aunque debo admitir que le perdí por completo la pista hace años… Al contrario, de verdad te agradezco con la vida el que comentaras el chap anterior, y que este capitulo no te parezca que me ha tomado demasiado tiempo escribirlo. ¡Besos!

Velarumblack. Me alegra mucho que te gustara~ Gracias por comentar~ Besos.


Historia beteada por G. Mauvaise.


7. Luna Negra.

Malfoy Manor, 31 de Julio 1988.

Ni por un solo instante Zander había dejado de llorar y Severus estaba preocupándose de verdad. La fiesta había empezado casi una hora atrás, y mientras que todos los demás niños disfrutaban de las atracciones y juegos, Zander se había acurrucado en su regazo, con las lágrimas corriéndole por las mejillas sin descanso, pero sin emitir un solo ruido. Simplemente aferrándose a su túnica, hipando de vez en cuando y mirando al vacío.

Draco había suplicado a Zander jugar con él, pero después de ser ignorado se había ido con la nariz alzada en busca de alguien que le curara su ego herido.

Severus había tratado de hablar con su hijo varia veces, pero Zander no respondía ni una sola de sus preguntas, o siquiera daba señales de estar escuchándolo. Un sanador que había sido invitado, se había ofrecido a hacerle un chequeo, pero en opinión del hombre Zander no tenía nada malo.

Lucius había perdido la paciencia por completo después de un rato y había abandonado a Severus con Zander, para ir en su lugar a hablar con la madre de Blaise. Severus apostaba su varita a que no hablaban de la diferencia del verano en Inglaterra e Italia.

Severus se puso de pie con el niño de seis años en sus brazos y caminó hacia la piscina llena de puffskein. Se hincó en césped y puso a Zander de pie a su lado. Normalmente podía conseguir algo con su hijo después de un rato, pero ni siquiera el chocolate con el que había tratado de sobornarlo hace un momento había tenido efecto.

—Zander, Regulus volverá pronto y no va a querer verte llorando.

Los ojos verdes brillaron mientras miraba a su padre a los ojos.

—Papá no va a volver —gimió el niño. Severus lo miró sin dar crédito del todo a lo que el niño decía. Lo abrazó a su cuerpo, preocupado por lo que lo había hecho pensar de esa forma. Ellos siempre habían estado para él, y ni por un momento Regulus o él habían imaginado que Zander se pudiera sentir abandonado por que ellos fueran a trabajar.

—Hijo, Reg y yo nunca te vamos a dejar...

Zander sollozo de nuevo, y justo cuando el hombre iba a decir más palabras de consuelo, la puerta de la mansión que daba a los jardines se abrió de golpe.

Sirius miró a su alrededor, confundido por la inusual decoración para una mansión sangre pura, pero sin distraerse se dirigió directamente a Snape en cuanto lo encontró.

—¿Qué es lo que haces en mi casa, Black? —gruñó Lucius interponiéndose en su camino, con la varita levantada apuntando directamente a su cara, sólo para bajarla un poco al ver las túnicas rojas de Auror totalmente manchadas de algo fácilmente reconocible. Él no era un Mortifago eficiente por nada, él mismo Lucius había manchado túnicas de ese color con sangre—. Esa no es tu sangre, Black... Estarías muerto si fuera así.

El moreno boqueó, luego miró hacia abajo, sus ojos abriéndose enormemente, para luego empezar a tirar de la túnica hasta sacársela, quedando únicamente en pantalones vaqueros y sus botas de combate.

—¿Qué haces en mi casa, Black? No me pienso repetir —Lucius no encontraba demasiado agradable tener a un medio desnudo Sirius en su casa, y ciertamente no frente a la gente que estaba en ella en esos momentos. Además, Severus no querría al hombre cerca de su hijo.

Sirius tragó nerviosamente, sus ojos nublándose.

—Regulus... Regulus me dijo que tenía que cuidar de Zander —susurró con voz ahogada, su mirada anclada en el pequeño cuerpo en brazos del hombre que más odiaba.

Lucius sintió la sangre escapar de su rostro. Tomó al hombre del brazo y lo llevó dentro de la mansión, gritando el nombre de Severus en el camino.

Snape se acercó a donde Draco estaba jugando con Theodore Nott.

—Draco, tu papá y yo tenemos algo que hacer, no te alejes de Zander. ¿De acuerdo? —el niño rubio tomó la mano de su primo con fuerza y asintió a su padrino, quitando la sonrisa juguetona de su rostro, para mirar al hombre con seriedad. Severus se asintió y luego besó la frente del niño a la vez que zafaba la pequeña mano que se aferraba a él todavía.

El hombre prácticamente corrió al interior de la mansión. En la puerta un elfo esperaba por él.

—El Amo Lucius, señor, espera al Amo Severus en la sala de la chimenea —el elfo hizo una reverencia y desapareció al momento que Snape en esa ocasión corría por los pasillos. No le importaba nada que Black esperara, pero si Lucius lo había llamado era porque era importante.

Empujó la puerta y entró en la sala, encontrándose con una escena que no esperaba en lo más mínimo.

Sirius estaba sentado en el sofá, su rostro entre sus manos, y Lucius recargado en la pared con la mirada perdida y el rostro pálido.

—Lucius.

El hombre rubio se sobresaltó cuando lo llamó, y cuando sus ojos claros se encontraron con los oscuros, Severus se preocupó realmente. El idiota que era su cuñado ni siquiera se movió, pero Lucius se acercó a él y tiró de él, guiándolo para sentarlo en el sofá frente a Sirius. Cuando Lucius se sentó a su lado, girándose para poder mirarlo de frente, Severus sintió que su garganta se cerraba.

Las manos del hombre de cabellos claros se apoyaron en los hombros del moreno.

—Severus, Regulus está muerto.

Los oídos de Snape zumbaron. Estaba más que seguro que había escuchado mal, así que negó ligeramente con la cabeza.

—Regulus está trabajando, él n-...

—Reg fue al departamento de misterios, y se vio atrapado en una pelea fuera del tribunal del Wizengamot —la voz de Lucius era ahogada, como si no fuera capaz de dejar salir sus emociones por completo.

Severus lo miró a los ojos todo el tiempo. Sabía que Lucius no había mentido, podía ver con claridad la verdad en sus ojos.

Poco a poco su garganta se cerró, sus manos se aferraron a la túnica en los brazos de Lucius. Se sintió mareado y casi al instante se dio cuenta de que era porque había dejado de respirar por completo. Cuando Lucius se soltó de su agarré y se levantó con la varita en la mano volvió a la realidad, con un dolor sordo y potente en el pecho. Sus ojos veían al rubio amenazar a Black, pero era incapaz de entender lo que decía, fue el nombre de Regulus salir de la boca del moreno lo que lo obligó a enfocarse.

—¡ …él mató a Regulus! ¡No fue ningún maldito accidente, Malfoy! —Severus se levantó de golpe, olvidándose por completo de la varita y se lanzó sobre Sirius. Sus puños lo sorprendieron al punto de que logró tirarlo al suelo, así que Snape se colocó sobre él y siguió dando golpes hasta que las manos de Lucius lo obligaron a alejarse del cuerpo del hombre que lo miraba en total shock.

—¡Yo no lo maté, imbécil! ¡Yo lo amaba! —gritó, luchando contra el hombre rubio que hizo un enorme esfuerzo por mantenerlo lejos de Sirius, quien tenía una expresión entre disgusto y sorpresa.

Durante todos esos años había creído que Snape se había casado con Regulus solo por haberlo embarazado, y como una manera de lastimarlo a él. Sabía que Snape había estado enamorado de Lily, todos lo sabían, así que siempre pensó que Regulus estaba siendo utilizado. Pero en ese momento lo dudó, y en ese momento Sirius necesitaba tratar de tener paz con Snape, así que era una enorme ayuda, porque las últimas palabras de Regulus habían sido que cuidará de Zander, y él iba a hacer hasta lo imposible por cumplir, tanto con su hermano como con el sobrino al que sólo había podido ver una vez en diciembre.

—Yo me refería a Moody —habló Sirius en voz alta, pero totalmente entrecortada—. Moody lo ha matado…

Lucius lo miró como si quisiera matarlo, pero Severus había dejado de luchar y lo miraba a los ojos con algo que él reconocía con facilidad. Eras deseos de venganza en su totalidad, y él, por una vez, se sintió en sintonía con Severus Snape.

Su hermano había sido asesinado por uno de los que se suponía eran los buenos. Su hermano, que, si bien era leal al lado oscuro, no tenía la marca, y aunque la hubiera tenido, era su hermano menor. Sirius había arriesgado su cuello varias veces protegiendo a Regulus, primero de su madre y luego en investigaciones qu podrían llegar a comprometerlo. Porque , a pesar de todas las diferencias que pudieron llegar a tener, Sirius lo amaba.

—No van a juzgarlo, ¿cierto? —susurró Snape, y Sirius bajó la cabeza apretando sus manos en puños ahí donde estaba sentado en el suelo— Dumbledore lo mantendrá afuera. ¡Ese cabrón manipulador lo mantendrá en las calles! Lo voy a matar… ¡Juro que voy a matar a Moody! —Severus luchó con el agarre de Lucius hasta que logró soltarse, y salió disparado hacia la puerta, tirando del picaporte con fuerza para abrirlo, pero se detuvo en seco. Todo el color que pudo haber quedado en su rostro desapareció por completo. Frente a él estaban Zander y Draco, y probablemente habían estado escuchando la conversación.

Ambos niños lo miraban con grandes ojos llenos de lágrimas, aferrándose el uno al otro con fuerza. Fue entonces, cuando sus ojos negros se encontraron con los brillantes ojos verdes, que Severus se rompió y lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. Se dejó caer de rodillas y sus brazos rodearon los pequeños cuerpos, aferrándose a ellos como si fueran su única salvación.

Y tal vez lo eran.

(…)

La fiesta había sido cancelada.

Lucius había tenido que disculparse con sus invitados, pero había mantenido la noticia de la muerte de Regulus para él mismo. No se sentía capaz de decir las palabras de nuevo, y si era honesto, no podía terminar de creerlo.

Durante años, él y Severus habían mantenido a Regulus en el ministerio, con la intención de que no tomara la marca, de mantenerlo a salvo, pero todo había terminado terriblemente mal, y Lucius sentía un vacío en el pecho muy similar a lo que había sentido cuando se enteró del ataque de Narcissa a Draco, con la diferencia de que esta vez no podía pensar en que las cosas mejorarían en algún punto.

Convenció a Severus de no irse y quedarse con Zander en la mansión mientras todos los invitados se iban, y en cuanto la última alma mágica que no vivía en esa casa salió, Severus se puso de pie del sofá en el que estaba sentado, con Zander durmiendo en sus piernas, dejando al niño acurrucado con su peluche favorito.

—Los elfos se mantendrán alerta, ¿verdad? —preguntó, con ojos agudos al hombre rubio, que solo asintió sin tomarse en lo absoluto sus palabras como un ataque hacia la obediencia de sus elfos.

—Iré con ustedes —gruño Sirius, poniéndose de pie y alejándose un poco del niño rubio que lo miraba con el ceño fruncido.

—No tienes motivos para ir con nosotros —contestó de inmediato Lucius. No era buena idea que nadie los viera juntos por mucho tiempo. La mitad de los padres en la fiesta infantil de Zander ya lo habían mirado con recelo, no quería que esos mortífagos de bajo rango fueran a contarle chismes a su Lord, y con ese pensamiento se quedó completamente helado.

Sus ojos grises del hombre se abrieron enormemente por un solo momento. Alguien tenía que darle la noticia su amo. No podían dejarlo sin saber. El hombre acababa de perder un gran activo dentro del ministerio y al que posiblemente sería el heredero de la fortuna Black en un futuro a pesar de sus actos de rebeldía contra su madre.

Con su mente trabajando lo más rápido que podía, Lucius trató de encontrar una solución, pero casi al instante fue interrumpido por la aparición de un elfo anunciando que Avery estaba en la puerta. Severus se detuvo en seco y lo miró, sus ojos conectándose y leyéndose con la facilidad que les dio el conocerse tan bien como lo hacían.

—Black, quédate atrás —ordenó Severus y corrió a levantar a Zander en sus brazos—. Draco, ve con tu padre —el niño se puso de pie y corrió hasta donde estaba Lucius mientras la puerta se abría y entraba el hombre. Severus confiaba plenamente en Aitor Avery, el hombre había sido el mejor amigo de Regulus desde la escuela y había ido al mismo curso que él, así que lo conocía y de hecho había sido una figura muy presente en la vida de los niños, pero nunca estaba demás ser un poco paranoico, más aún en esos momentos.

Severus supo en el momento que vio el rostro pálido del hombre qué era lo que lo había llevado a Malfoy Manor en un día de trabajo.

Los ojos grises del hombre se encontraron con los ojos negros, ignorando por completo a Lucius mientras abría la boca, pero entonces su visión periférica reconoció al otro hombre en la sala. Al ver a Sirius Black en el lugar el alto hombre rubio suspiró y cerró los ojos.

—Lo sabes… —susurró, y su cuerpo que había estado en total tensión se relajó ligeramente— Me enteré hace unos momentos, y he venido a decírtelo en cuanto la noticia llegó al departamento… Ahora lo tienen en San Mungo, iban para allá, ¿cierto?

Severus tragó nerviosamente y asintió, desviando su mirada del mejor amigo de su marido al cabello oscuro y sedoso de su hijo, que se encontraba con el rostro hundido en su hombro. La verdad es que en ningún momento pensó en San Mungo. En su mente solo estaba llegar al ministerio y destripar a Moody. Había visto llegar a Black. Regulus no había muerto de forma poco dolorosa, se había desangrado hasta morir porque el ministerio era incapaz de jubilar a un maldito loco. Lucius se aclaró la garganta y le dio una palmada a la cabeza de Draco.

—Sé que tal vez sea un favor muy grande, pero me gustaría que fueras a informarle a él lo que ha sucedido —la voz del mayor, a pesar de ser firme dejaba entrever una nota de inseguridad, porque lo que pedía no era cualquier cosa. Le estaba pidiendo al hombre que fuera y se pusiera voluntariamente frente a la varita de un poderoso mago que seguramente estaría furioso con la noticia, pero Avery asintió con una mueca.

—Pensé en hacerlo…

—Te lo agradezco Aitor —susurró Severus, apretando los ojos por un segundo para después encontrarse con sus ojos.

—Está bien… —con una sonrisa triste, sacudió su mano y salió del salón siendo escoltado por un elfo domestico que cerró las puertas detrás de él.

Severus y Lucius se miraron, y luego miraron a Sirius, tratando de decidir qué hacer con el hombre. Avery lo había visto, lo que significaba que el Lord probablemente se enteraría de que había estado en Malfoy Manor.

—¿Por qué has venido, Black? —preguntó Lucius, fulminándolo con la mirada—. Nos habríamos enterado de otra manera, como puedes ver.

El hombre se acercó a ellos, caminando directamente hacía Severus.

—Regulus me pidió que lo cuidara… —susurró con voz rasposa, sus ojos fijos en el niño acurrucado en los brazos de su padre— Haré todo lo que tenga que hacer, incluso si eso significa convivir con mortífagos —Severus apretó la mandíbula. Él no quería al hombre cerca de su hijo, pero si lo que Black decía era cierto, esa había sido la última voluntad de Regulus, así que sin pensarlo un solo momento sus ojos se encontraron con los de Black y de inmediato escarbó en su mente.

Las imágenes lo golpearon con fuerza.

Regulus tirado en los brazos de Sirius, sangrando profusamente por una enorme herida en el pecho.

Moody regresando, cojeando en su pata de palo, murmurando que al menos había acabado con un mortífago.

Un par de aurores deteniendo a Black por los brazos, mientras Dumbledore les decía que lo mantuvieran quieto.

Dumbledore hablando con miembros del Wizengamot, convenciéndolos que no había sido más que un desafortunado accidente.

El rosto totalmente pálido de Regulus, con sus labios temblando y susurrándole a su hermano mayor que cuidará de alguien en su lugar, y el recuerdo estaba lleno de tan devastadora angustia que Severus salió de la mente de Sirius de un tirón, casi cayendo sobre sus rodillas, aun con su hijo en brazos, pero se mantuvo en pie a pesar de que sentía que moría de a poco al sentir su dolor y el dolor de Sirius.

—Dumbledore… —Severus se ahogó con sus propias palabras, incapaz de expresarlas.

—Dumbledore ha decidido que Moody es más útil fuera de Azkaban —gruñó Sirius, furioso. Había reconocido la Legeremancia, pero estaba más furioso con el viejo mago de lo que nunca había estado con Snape.

—Lucius… —llamó Severus y su viejo amigo se acercó a él.

Desmaius.

El hechizo golpeo a Sirius antes de que el hombre pudiera siquiera reccionar y cayó al suelo con un golpe sordo.

—¡Padre! —chilló Draco, mirándolo con los ojos muy abiertos.

—Calla, Draco. Despertaras a Zander, y de todas formas no podemos dejarlo ir sólo así —Lucius miró a Severus, ignorando la mirada furiosa en el rostro de Draco—. ¿Piensas que lo hará? Ellos no saben que el Lord ha vuelto, al menos por ahora.

—Si Dumbledore quiere a Moody fuera es que sospecha. Podemos interrogarlo con Veritaserum, pero casi puedo asegurarte que la orden se ha formado de nuevo —Severus se frotó el rostro con una mano—, podemos trabajar desde ahí, o lo convencemos de que sea un espía, o-...

—O lo entregamos al Lord —terminó el rubio con una sonrisa en los labios.

—Lo que me encantaría, pero Regulus lo quería cerca de Zander… —el moreno miró al niño en sus brazos— ¿Te puedes quedar con él mientras voy a San Mungo? Realmente no quiero que despierte para ver…

Lucius asintió, tomando al niño de los brazos de Severus. No había necesidad de decir nada más.

—Vete, los elfos llevarán a Black a los calabozos.

Snape asintió, sus ojos detenidos en Zander por un largo tiempo antes de aclarar su garganta y salir del salón.

Lucius lo observó salir, luego paso sus dedos por el suave cabello oscuro. Lo lamentaba mucho. Por ambos, por Draco, y por él.

—¿Qué te parece si acostamos a Zander en tu cama, Dragón?

—Le prestaré uno de mis dragones favoritos… —susurró el niño siguiendo a su padre, mientras el hombre llamaba a los elfos y les ordenaba poner a Sirius Black en una celda.

(…)

El sol casi se había ocultado cuando Zander abrió los ojos.

Miró a su alrededor. Estaba en una habitación familiar, acurrucado en el centro de la cama con una montaña de dragones de peluche rodeándolo. Frunció el ceño mientras se tallaba los ojos con sus manos y sólo después de bostezar salió debajo del montón de juguetes. Estaba solo en la habitación de Draco, así que en lugar de salir del nido en el que estaba se acurrucó un poco más en las almohadas y llamó a Kreacher con un susurro.

El viejo elfo se veía horrible, peor de lo que nunca Zander lo había visto y sus ojos verdes lo miraron enormes por el asombro. Normalmente, Kreacher vestía una funda de almohada. En ese momento el elfo llevaba un viejo trapo de cocina totalmente sucio y sus enormes ojos estaban tan inyectados de sangre que realmente lo asustaron, por no hablar de la aterradora y demacrada imagen que era su rostro después de haber pasado horas llorando.

Las lágrimas empezaron a inundar sus ojos y luego el llanto brotó de su pecho.

Kreacher se jaló las orejas hacía abajo y desapareció rápidamente. Sólo unos segundos después la perta de la habitación se abrió y Severus entro corriendo.

—Zander, tranquilo… —susurró suavemente, mientras lo llevaba a su regazo, rodeándolo con sus brazos y besando su frente.

—Kr-Krea-...

—Tranquilo, hijo… Se ve mal, pero no le ha pasado nada malo… Estará bien, lo prometo —lo arrulló por un largo tiempo, el sol se había terminado de ocultar cuando dejó de llorar y Severus le limpió las mejillas con suavidad—. ¿Crees poder bajar a tomar algo? No has comido nada en todo el día. ¿Quieres chocolate? —el hombre observó con el corazón totalmente roto como el niño se encogía de hombros sin animo alguno—. Lucius ordenó a los elfos que prepararán hamburguesas con queso y papas. ¿Quisieras, aunque sea, comer papas fritas?

Zander miró por la ventana... y luego miró a su padre a los ojos.

—Le pedí… le pedí que no se lo llevara… la mujer… Ella dijo que papi se tenía… te-tenía que ir… —sollozó ligeramente, pero sus ojos se mantuvieron secos por completo. Severus estaba seguro que se deshidrataría pronto como no consiguiera darle algo, pero sus pensamientos pasaron a segundo plano cuando un vago recuerdo de Zander hablando de una señora llevándose a su crup llegó.

Se quedó helado.

—¿Qué señora? —susurró, sus manos colocándose en las mejillas de su hijo, sus ojos negros fijos en los verdes de Zander, rozando su mente con la legeremancia, mientras el recuerdo viajaba a la superficie.

—La señora…

Severus pudo ver claramente una sombra detrás de Walburga, pero sólo eso, una sombra difusa que ni siquiera era capaz de enfocar más de un segundo, como si no se supusiera que sus ojos la vieran. Luego, la misma sombra moviéndose detrás del cachorro de crup, luego detrás de él, pero siguiendo a la lechuza en cuanto la entregaba al pequeño Zander, para al final, verla detrás de Regulus, sintiendo el miedo inundándolo, alcanzando a sentir el terror de su hijo mientras la miraba.

Se sintió enfermo, físicamente enfermo, pero salió de los pensamientos superficiales de Zander con todo el cuidado del mundo.

—¿Ella se los lleva? ¿Te habla, hijo? —preguntó suavemente, pero Zander sacudió la cabeza.

—Ella mueve la boca, pero no la escucho… sé… Yo sé lo que ella quiere decirme… Ella los toca así —Zander estiró su mano y la puso sobre el hombro de Severus— y entonces ellos cierran los o… —los ojos verdes se abrieron enormemente y enterró su rostro en el pecho de Severus.

Severus tragó compulsivamente, tratando de mantener dentro de él la bilis que había subido a su boca.

Eso no podía ser real, simplemente no era el tipo de cosas que pasaban. Los niños de seis años no podían ver a la muerte acechar a las personas.

Su abrazo se apretó con fuerza en torno al niño. Severus sabía que su corazón latía desbocado y que con toda seguridad podía oírlo, pero no le importaba, estaba completamente aterrado, tan aterrado como el mismo Zander lo había estado todo el tiempo que vio esa sombra detrás de Regulus, como lo había estado cuando su padre salió de la habitación, sabiendo que no lo vería nunca más.

—Haremos que se vaya, te prometo que haré todo lo que pueda para que no tengas que verla de nuevo, Zander…

Las pequeñas manos se aferraron a su ropa, y sintió al niño asentir en su pecho.

Severus haría lo que fuera necesario para proteger a Zander, a su hijo… a la única familia que le quedaba.

(…)

Severus consiguió que Zander bajara con él, así que terminaron en el pequeño invernadero, donde Draco jugaba lanzando burbujas con su varita de juguete mientras Lucius escribía carta tras carta. El hombre se había ofrecido para encargarse del funeral de Regulus, así que estaba escribiendo a personas que debían ser informadas. Mortífagos, funcionarios del ministerio, sangre pura de la vieja escuela, tanto de la luz como magos oscuros.

Cuando entraron, Draco dejó de jugar con su varita, pero no los miró, simplemente se quedó dónde estaba, como si tuviera miedo de que al moverse algo malo pudiera pasar. Lucius, en cambio, dejó lo que estaba haciendo y cuando Zander hubo soltado la mano de Severus para sentarse en la silla le sonrió ligeramente.

—He conseguido que los elfos prepararan esas hamburguesas que tanto te gustan, también tienen un poco de malteada de chocolate para ti —Zander lo miró a los ojos un momento antes de levantarse de la silla y abrazarlo.

—Gracias, tío Lucius… —murmuró contra la túnica del hombre, antes de volver a su silla.

Severus contuvo un suspiro.

Zander lo estaba tomando demasiado bien, aún cuando sabía que no volvería a ver a su padre, pero algo le decía que apenas volvieran a casa los recuerdos los golpearían con fuerza y sería increíblemente doloroso, tanto para Zander como para él. Sólo de pensar en dormir en la cama que compartía con Regulus…

Sus ojos fueron al techo de cristal, tratando de evitar que las lágrimas que había estado conteniendo salieran; cuando estuviera solo sería el momento para derrumbarse. En ese momento tenía que mantenerse entero, por Zander, pero su dolor se vio ligeramente apagado cuando notó que el lugar estaba iluminado por completo con luces de hada, cuando normalmente solo encendían algunas velas y la luna. Frunció el ceño, un vago recuerdo volviendo. El día que Regulus y él decidieron que se quedarían a Harry, que tendrían un bebé juntos.

—Lucius… ¿tienes calendarios antiguos en la biblioteca? —la voz le salió ronca, pero Lucius lo miró curioso mientras asentía, incapaz de figurarse que era lo que su viejo amigo quería con ellos.

—¿Quieres que mande a un elfo domestico a conseguirlos?

El moreno estuvo a punto de decir que sí, pero se detuvo.

—Solo necesito que los elfos los lleven al dormitorio… ¿los últimos diez años?

Lucius asintió y volvió a sus cartas. Le ordenaría a alguno de los elfos más tarde, de momento le lanzó una mirada a Draco, que se había sentado en la silla a lado de su primo y le robaba papas cada tanto mientras sostenían sus manos juntas.

Draco había entendido perfectamente lo que había sucedido. Había llorado, pero cuando Lucius le había dicho que tenía que mantenerse fuerte por Zander, había sorbido la nariz, levantado la barbilla y apretado sus labios. Lucius estaba seguro de que Draco haría lo que fuera por su primo, y esperaba que en algún futuro la relación de ambos evolucionara de alguna manera. Zander ciertamente crecería hermoso y poderoso, alguien digno del linaje de su hijo, pero él no presionaría nada. Podía ver que sucedería, incluso sin su intervención.

Estuvieron en el invernadero hasta que Zander terminó su hamburguesa, para alivio de Severus. En definitiva, su hijo estaba triste, pero después de un día entero sin comer nada su estómago había ganado la batalla. Draco le ofreció a Zander dormir con él, pero el pequeño moreno negó con la cabeza y se aferró a la mano de Severus.

Draco hizo un puchero, pero la mano de su padre acariciando su cabello lo hizo contenerse, así que simplemente lo dejó pasar y tomó la otra mano de Zander mientras los cuatro caminaban en silencio por largos y hermosos pasillos de Malfoy Manor, hasta que los dos morenos se detuvieron frente a la puerta.

—Mañana será un día bastante largo… lo mejor será que todos descansemos un poco —susurró Lucius y tiró de Draco por el pasillo.

Severus le agradeció mentalmente que no le deseara las buenas noches, y guió a su hijo dentro de la habitación.

—¿Quieres ir al baño antes de dormir? —el niño asintió y se fue directamente al baño, dejando al adulto solo en la habitación por unos minutos al menos, así que tenía que apurarse—. Dobby —con un suave chasquido el elfo se apareció en medio de la habitación, en una mano el Clabbert de peluche de Zander, en la otra un fajo de pergaminos que entregó en silencio antes de desaparecer de nuevo.

Severus dejó el juguete en la cama, dejándose caer en ella también. Con movimientos rápidos llegó al calendario que buscaba.

Diciembre del ochenta y uno.

Sus ojos recorrieron los días, encontrándose con que lo que buscaba: dos lunas nuevas en el mes. Severus contuvo un gruñido de frustración. Su plan había sido realizar el ritual en el solsticio de invierno, por la magia en el aire, y al mismo tiempo aprovechar la presencia de la Diosa Hécate en la Luna nueva, para que tomara el alma de Harry, también… Severus recordó, Harry había estado muerto unos segundos más de los que el ritual exigía. Se suponía que apenas muriendo debía de ir al cuerpo de Regulus, pero no fue así. Se habían retrasado una cuestión de nada, pero habían jugado con magia muy oscura, en dos de los momentos más peligrosos, y aún peor… en una noche de luna negra.


¿Alguien tiene alguna duda? ¿Idea? ¿Critica no destructiva? Recuerden que los amo a todos así que dejenme amor tambien :)
¡Besos!
P.D. Las dudas o algo así se las responderé, pero vamos que tienen que dejarlas por escrito xD~