Me disculpo por la tardanza, mi vida ha dado un giro enorme de nuevo, pero de momento está estable, este capitulo se me borró una vez además, y tuve que reescribirlo, así que... Uff espero que les guste, ha sido una experiencia escribirlo y reescribirlo.

Death-sama: De nuevo me he tardado más de lo esperado, pero estoy satisfecha con él. Al contrario, gracias a ti por buscar toda esa info, me ha emocionado mucho. El gobierno es así, siempre… Es sumamente triste. Azkaban no es suficiente, ya pensaré en algo muy malo xD Hahaha Sirius es un cero a la izquierda en esta familia, hasta ahora -?- Que bonito! Solo usará uno ¿Has visto la portada? Justo así :3 Zander un rompecorazones me da! Reg sí fue su amor verdadero, ellos fueron únicos juntos. Parejas habrán varias ;)~ DramaQueen? Gracias? xD La nana es preciosa, mi beta hermosa la compuso para el fic y me hizo llorar a mares. Lo de los niños ya se explica, gracias por leer, disfruta el chap~ Besos.

BlancaBunny. No comas tanto trigo, mujer. Lo de los niños ya se dice en este chap. De momento aquí nadie se quejó de las parejas, pero gracias por los consejos. Zander será un niño muy mimado :3 y tendrá sus momentos.

Velarumblack. Muchas gracias a ti por leer y comentar, es un honor leer tus palabras ;A;~ Gracias.

Andre. Me alegra, se que lo de Reg duele, pero algunos lo superan con el tiempo… Hay 4 niños en total, Gracias por tus palabras, espero disfrutes el chap.

Annie. Hahahaha debo decirte que esa escena que me describiste es adorable y tentadora. Gracias por leer y comentar, besos.

Historia beteada por G. Mauvaise.


09. Encabezados pt. 1

La Hilandera, 2 de septiembre de 1991.

MUNDO MÁGICO A SALVO, PERO SIN SALVADOR. ¿Dónde está Harry Potter y por qué no ha ingresado a Hogwarts?

Todos conocemos la historia del salvador de nuestro mundo, Harry Potter, hijo de Lily y James Potter quienes han sacrificado sus vidas por su hijo, el único sobreviviente a la maldición asesina y el único capaz de derrotar al El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Como todos sabremos el pasado primero de septiembre nuestro salvador debería ingresar por las puertas del gran comedor y ser seleccionado en una casa, ¡pero grande fue la sorpresa de alumnos y profesores cuando Harry Potter no se presentó! ¿Dónde se hallará el Niño Que Vivió y por qué no ha comenzado sus estudios? Hasta el momento Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, no ha querido dar testimonios del caso…

Severus dejó el periódico en la mesa del comedor sin ánimos de leer ni una palabra más, así que en su lugar dirigió toda su atención a Zander que, en ese momento, jugueteaba con la varita de Severus, cambiando el color de la leche en su vaso.

—Cada vez te cuesta menos cambiarlos ¿has logrado mantener el sabor a chocolate? —preguntó, y Zander lo miró con sus enormes ojos verdes brillando, molestos.

—Solamente cuando es color café, no entiendo qué es lo que hago mal —le tendió la varita a su padre, dejando la leche de color gris plata con una sonrisa satisfecha—. ¿Iremos a Malfoy Manor? Draco me prometió enviarme una carta junto con la de su padre —el niño se estiró y tomó el bote de chocolate en polvo que estaba en el centro de la mesa, pero la mano de Severus lo detuvo.

—Eso ya tiene demasiada azúcar —declaró antes de colocarlo de nuevo fuera de su alcance—. No hoy, pero puedo pedirle a Kreacher que vaya a recoger la carta para ti. ¿Tienes deberes pendientes? —lo miro fijamente y Zander lo miro con su rostro más angelical.

—Menciona una sola vez que dejara los deberes para último minuto y puedes quitarme el chocolate hasta que tenga que ir a Hogwarts —lo retó sin dejar de lucir inocente, así que Severus sólo suspiró y se dedicó a beber su taza de café mientras Zander terminaba su desayuno.

Sabía que Zander seguramente se aburriría mucho por un largo tiempo antes de acostumbrarse a no tener a Draco siempre a su alrededor, pero se rehusaba a pasar más tiempo del necesario en Malfoy Manor si podía evitarlo. Zander tendría que trabajar en casa de vez en cuando y, de paso, él podría hacer lo mismo con los pedidos atrasados que tenía con San Mungo. El verano había sido demasiado movido para su gusto, siempre saliendo con los Malfoy a todos lados porque los chicos se negaban a separarse mientras aún estuvieran juntos, pero había cedido; por eso mismo era que consideraba justo el poder quedarse en casa a trabajar con pociones.

Severus observó pacientemente a su hijo comer de manera lenta todo el contenido de su plato. Si hubieran estado en la mansión seguramente Lucius ya hubiera conseguido tener los nervios de punta.

Se habían mudado a finales de septiembre a su vieja casa de infancia. No había tenido planes de volver a Grimmauld Place, al menos Severus sabía que él no habría podido volver ahí sin volverse loco, así que un día simplemente había recordado que él tenía una propiedad.

Se había aparecido en la calle de La Hilandera solo para encontrarse con que su padre había salido de prisión y había vuelto a ocupar la casa. Le había costado solo un par de segundos el desaparecer para ir a la bodega especial de Malfoy Manor y tomar una costosa botella de escocés, luego aparecer en la casa y dejarla en la mesa junto con las demás botellas.

Tobias se había vuelto loco en pocos días.

El contenido de la botella estaba maldito de tal manera que cualquier persona que lo bebiera perdería la cordura inevitablemente. Todo lo que vería serían horrores por doquier y lo único en lo que podría pensar sería en morir, pero no lo haría, nunca podría morir por su cuenta. Había sido trabajo suyo el terminar con la miserable vida del hombre mientras este le suplicaba de rodillas.

Un simple Avada y todo había terminado.

Había dejado que encontraran el cuerpo y, al final, las autoridades muggles habían decidido que había muerto por intoxicación. El maldito tenía un récord criminal donde figuraba claramente todas las veces que había golpeado a la madre de Severus, todas y cada una de esas veces borracho.

Cuando Zander terminó de comer Kreacher apareció y tomó los platos de la mesa. El niño le lanzó una mirada a su padre y luego señaló al elfo con un gesto.

Severus suspiró.

—Kreacher, ¿podrías aparecer en Malfoy Manor a recoger una carta que Draco ha enviado a Zander? —el elfo le lanzó una mirada molesta, pero asintió desapareciendo con los platos.

—Deberías de darle la prenda —gruñó Zander.

—Si le diera la prenda tendrías que limpiar tu habitación tú mismo.

—Tío Lucius me prestaría uno de sus elfos —Severus tiró del niño a su lado, pasando sus manos sobre el fino y suave cabello negro.

—Sabes que tiene malos días… No puedes ser malo con Kreacher —Zander hizo un puchero y empujó las manos de su padre lejos de él abriendo la boca para responderle. Casi al instante un muy molesto elfo apareció dejando un pergamino doblado en la mesa. Kreacher desapareció sin dirigirles la palabra y Zander miró mal el lugar de donde había desaparecido por un momento, antes de mirar con ojos brillantes la carta—. Ve a tu cuarto a leerla, después quiero que practiques un par de horas. ¿De acuerdo?

—Le responderé y luego practicaré —respondió el niño estirando la mano para recoger la carta y luego correr hacía las escaleras directamente a su habitación.

Severus miró el hueco por el que su hijo había desaparecido con las cejas alzadas y una ligera sonrisa en los labios, sólo después miró el periódico. La noticia en primera plana sobre la desaparición de Harry seguramente sacudiría por completo el mundo mágico, pero al menos su vida no correría peligro. En todos esos años nadie lo había descubierto, ni siquiera las pruebas que realizaron los gobblins cuando fue a hacer una cuenta de seguridad para Zander habían revelado nada.

Estaban completamente a salvo.

(…)

Zander cerró la puerta tras su espalda en cuanto entró a su habitación para luego tirarse en la cama abriendo el pergamino con una enorme sonrisa en los labios. Draco siempre cumplía sus promesas, nunca le había fallado. Abrazó un peluche de dragón blanco de ojos grises y se dispuso a leer la carta.

Draco estaba emocionado. Le contó a lujo de detalle sobre el tren y el viaje por el lago, y como había logrado ver los tentáculos del calamar gigante. También había escrito sobre la manera en que la magia en torno a la subdirectora se había oscurecido al mirarlo. Draco estaba muy seguro de que no le agradaba y le decía a Zander que no le importaba, pero el niño era capaz de ver a través de la falsedad de sus palabras mucho más de lo que parecía; el niño rubio era sensible a ese tipo de cosas aunque las ocultara normalmente. Estaban acostumbrados a ser mirados de forma hostil cuando iban al mundo mágico. El castillo, obviamente, era un lugar impresionante y Zander ni siquiera podía entender del todo las cosas que Draco le explicaba sobre la magia que había en el lugar. Cuando llegó el momento de leer sobre la selección de Draco la emoción lo inundó al leer que su amigo había logrado entrar a Slytherin a pesar de que ni por un solo segundo había dudado de que lo lograría. En dos años más su padre estaría leyendo una carta informándole de lo mismo, pero el ceño de Zander se frunció al llegar a la parte en que Draco hablaba de Potter.

Harry Potter no había aparecido en el colegio con los demás chicos de once años.

La selección se había detenido por unos minutos cuando Dumbledore había salido del Gran Comedor para luego terminar de sortear a los demás chicos. A Zander no podía importarle menos Harry Potter, pero sabía que a su tío sin duda esa noticia no le agradaría demasiado. Había escuchado varias veces a los adultos hablar con el hombre sobre qué posición tomaría en la guerra cuando Harry apareciera y Sirius siempre había tenido la intención de convencerlo de unirse a ellos. Zander pensaba que era una estupidez por completo.

Él sería incapaz de unirse a Dumbledore después de que sacara al asesino de su papá de prisión.

Zander se olvidó casi al momento de eso en cuanto llegó a la parte de la carta que explicaba con detalle todo sobre la Sala común y de los demás chicos con los que compartiría habitación durante los próximos siete años. Zander no se sorprendió en lo absoluto por la lista de nombres, pero rió en voz alta cuando Draco aclaró que nunca en su vida quería volver a ver a Crabbe o Goyle desnudos.

Devoró la carta un par de veces antes de ponerse de pie en un salto y tomar un pergamino nuevo para responderle, no podía dejarlo esperando y con suerte convencería a su padre de que le dejara ir a Malfoy Manor para pedir que le prestara una lechuza.

(…)

Oficina de Dumbledore, Hogwarts. 2 de septiembre de 1991.

—¿¡Donde está Harry!? ¡Ellos no lo tienen, Dumbledore! ¡Dime dónde metiste a mi ahijado! —Shacklebolt sostuvo a Sirius por los brazo, evitando que se lanzara sobre el escritorio del director.

Los demás miembros de la orden que estaban presentes lo miraron con diferentes grados de desaprobación y disgusto.

La reputación que Sirius tenía era más que un poco cuestionable. Vivía en constante contacto con familias de mortífagos y tenía la marca en el brazo, y aún con toda la confianza de Dumbledore puesta en él como un espía a los demás no les agradaba su carácter explosivo y el constante drama, pero aun así nadie movió un solo musculo para levantar su varita y proteger al viejo mago. Habían sido reunidos la noche anterior cuando el niño no había aparecido y habían pasado la noche buscándolo, interrogando muggles y realizando todo tipo de hechizos y rituales que conocían, e incluso así no habían sido capaces de obtener ni una sola pista.

—Tranquilo Sirius, estoy seguro que lo encontraremos pront-…

—¡Podría estar muerto! ¡Y más te vale que no lo esté, o será lo último que sabrás de mí! —el hombre se soltó del agarre y salió de la oficina dando un portazo.

La habitación se quedó en silencio por un par de minutos hasta que Dumbledore suspiró.

—Arabella nunca vio al chico en Privet Drive, y los Dursley nunca recibieron a un bebé en su puerta Albus.

—Lo encontraremos... sólo tenemos que asegurarnos que los periódicos y el ministerio n-…

—No se entere que dejaste a un bebé en una puerta sin ningún hechizo de protección cuando aún habían Mortífagos sueltos. Albus, más te vale encontrar al hijo de Lily —McGonagall se puso de pie y le lanzó una mirada envenenada a su viejo amigo y mentor antes de salir para ir a dar sus clases.

Dumbledore miró la puerta cerrada con un brillo en los ojos que puso nerviosos a todos los presentes antes de meterse un caramelo en la boca y sonreírles a todos afablemente.

Tenía que encargase de todo, y rápido.

(...)

—Sirius.

El hombre se detuvo frente a las puertas principales y miró a su alrededor.

Draco lo observaba con la sorpresa pintada en su rostro desde la entrada al pasillo para bajar a las mazmorras, una sonrisa involuntaria casi se apoderó de sus labios, pero logró suprimirla casi al instante. No era el momento, así que simplemente se giró y salió del castillo. No tenía tiempo.

Aparecería en Riddle Manor e informaría lo sucedido. Si tenía suerte y el Lord estaba de buen humor podría conseguir que le dejaran quedarse con Harry una vez que los Mortífagos hicieran su trabajo.

Draco lo miró partir con el ceño fruncido y las mejillas rojas por la furia. Las cosas no se iban a quedar así.

(...)

Malfoy Manor. 2 de septiembre de 1991.

—¡Oh, Merlín! —Lucius miró a Remus desde el otro lado de la mesa con pena mientras bajaba a Jussie de su silla alta, a él no podía importarle menos desde que el Lord se había rendido con buscarlo, pero sabía que tanto para Remus como para Sirius el niño significaba mucho para ellos.

—Vayan al salón. Dobby jugará con ustedes —Roux tomó a Jussie de la mano y Gilbert a Dazther, luego los cuatro cachorros salieron corriendo del comedor.

—Pensé qué... Todos estos años... todos estos años de verdad creí qué Dumbledore lo sabía. ¡Confiamos en que el viejo lo mantenía a salvo! —el hombre lobo se puso de pie lanzando el periódico a la mesa, sus brazos rodeando su cuerpo como si estuviera sosteniéndose a sí mismo. El mayor suspiro y se acercó al castaño jalando del hombre a su pecho donde Lupin hundió su rostro, aferrándose a la fina tela de la túnica con fuerza—. Le confiamos la vida de Harry... cuándo nos dijeron que el Lord no había podido encontrarlo... De verdad pensamos que Dumbledore había encontrado la manera de mantenerlo a salvo...

—Lo buscamos por años. Simplemente se ha desvanecido, el Lord piensa que está muerto hace años —Remus golpeó su pecho con sus manos en puños, una mueca de dolor apareciendo en el rostro de Lucius ante la fuerza del hombre lobo—, es por eso que siempre estuvo dispuesto a dejar que conservaran al Potter... en la mente del Lord no había oportunidad de que estuviera vivo, siempre lo has sabido.

Remus gruñó, pero dejó de golpear a Lucius simplemente dejándose caer contra él.

—Sirius tiene que estar destrozado... —gimió, mientras las delgadas manos de Lucius cepillaban su cabello.

—Será una temporada difícil para el imbécil... mientras se mantenga alejado de-…

—Será difícil para ambos, Lucius —el tono de voz frío y cortante obligó al sangre pura a mantener su boca cerrada. No podía arriesgarse a que Remus se pusiera de un humor peor, bastante mala iba a ser la luna llena de ese mes con las noticias. El lobo normalmente no era agresivo o autodestructivo desde que tenía una manada, pero, a veces, cuando Remus se alteraba de manera significativa, podía llegar a ser una luna mala y ni los cachorros eran un consuelo para el lobo y tenían que ser separados, lo que significaba dolor para Remus y sus cachorros.

—No puedo decirte que esto vaya a salir bien —suspiró el hombre besándole la cabeza mientras Remus apoyaba su oreja sobre su corazón—, pero si lo encuentran sabes que el Lord le permitirá a (SIRIUS) conservarlo —Remus sonrió ligeramente contra la tela, sintiendo el latido del corazón de Lucius.

—Lo sé —suspiró alejándose un poco de él y levantando el rostro en una clara invitación.

Los ojos grises brillaron como siempre lo hacían al mirarlo, levantó su mano y alejó los cabellos castaños de la frente de Remus mientras se inclinaba a besarlo, sus narices se rozaron y el cuerpo de Remus se tensó lleno de deseo, sus labios se tocaron apenas una micra de segundo antes de que la puerta se abriera de golpe y dos niños entraran corriendo en el comedor.

Gilbert y Roux se lanzaron a las piernas de Remus, aferrándose a su túnica y tirando del hombre lejos de su padre. Lucius los miró con el ceño fruncido mientras Remus reía y se inclinaba a levantarlos en sus brazos, ambos niños rubios se aferraron a la túnica, sus pequeños dedos apretando con fuerza y sus delicadas y claras cejas fruncidas en un gesto idéntico al de su padre.

—Pequeñas bestias —gruñó el hombre, y colocando una mano en el rostro de cada niño y besando con fuerza los labios de Remus.

—¡Papá!

—¡No!

Remus sonrió contra sus labios, abriendo la boca para recibir su lengua, acercando su cuerpo todo lo que le era posible con dos niños de tres años retorciéndose en sus brazos y tirando de su cabello y empujando las manos de Lucius en un intento de mandarlo lejos.

Cuando acepto unirse a la oscuridad, nunca pensó que sus días se volverían tan brillantes.

(…)

La Hilandera, 31 de octubre de 1991.

¿EL NIÑO-QUE-VIVIÓ SIGUE VIVO? Nuestros Aurores buscan su paradero, desconocido desde la noche fatídica del 31 de octubre de 1981…

Poco tiempo atrás estábamos recordando a Harry Potter, aquel responsable de que todos tengamos la vida como la conocemos en los días de hoy. Sin embargo, no le recordábamos por algo festivo, por el contrario, nuestras memorias remitían al joven primogénito de los Potter cuando no apareció en la Ceremonia de Selección, y siguió sin aparecer en sus clases durante el transcurso de las semanas. Ahora, los Aurores especializados del Ministerio están rastreándolo, sin hallar ningún rastro de que Harry Potter siquiera siga con vida… Ampliaremos en la página 13.

Severus levantó su varita quitando los hechizos del disfraz ante la mirada molesta de Zander. Cada año tenían la misma discusión: Zander quería salir a pedir dulces con los niños muggles como ya era tradición, pero siempre quería hacerlo utilizando el disfraz mágico de Madame Malkin y Severus nunca se arriesgó a dejarlo salir así. Los niños muggles del barrio no eran exactamente los niños más listos, pero incluso ellos se darían cuenta de que no era normal que las telas flotaran o brillaran de esa manera.

—¡Pero Brandon dice que su máscara tiene luces, no puedo usar algo menos genial! —el ceño fruncido de Zander no tuvo el menor efecto. En opinión de Severus su disfraz era bastante bueno aún sin todos los hechizos, las telas rasgadas que se suponían era una túnica de mago en mal estado habían costado una fortuna, pero los hechizos para las garras y el pelo habían valido cada Knut.

—Te vez impresionante.

—¡Pero no tengo la luna llena flotante! ¡Ni siquiera es luna llena! ¡Mi disfraz no sirve sin la luna!

Severus miró al niño de nueve años preguntándose si había hecho algo mal por el camino. Zander tenía los ojos verdes llenos de lágrimas y podía ver que realmente estaba preocupado por no verse bien.

—Zander, ellos no pueden verte haciendo magia o teniendo cosas mágicas, lo sabes bi-…

—Deja que el cachorro se lleve la luna llena y que todos los hombres lobos de Bretaña vayan tras él esta noche —el niño le lanzó una mirada furiosa al hombre lobo sentado cómodamente en el sofá, hojeando el periódico del día de manera distraída.

—Tú ya viste el hechizo y no pasó nada —Zander se alejó de su padre y se subió de rodillas al sofá, sus manos aferrándose al hombre lobo por el hombro y sacudiéndolo—. Vendrás conmigo, ¿verdad? Papá dice que él no me acompañará porque tiene trabajo, pero yo sé que lo hace para evitar a la señora McKness.

—¡Zander! —el niño rió, ignorando el ceño fruncido de su padre.

—¿Iras, Fenrir?

Severus miró al hombre lobo. Se había acostumbrado bastante a su presencia y Zander también desde que el Lord lo había reclutado casi un año atrás y lo había enviado a su casa para que surtiera a los lobos de la manada de pociones.

—Supongo que puedo ir si me das parte del botín —Zander le sonrió radiante y el hombre lobo le revolvió la poblada peluca color negro brillante.

—¿No crees que te llame hoy? —susurró Severus, pero Zander lo escuchó perfectamente.

Hablaban de Lord, estaba seguro. Durante años Zander había escuchado a medias un montón de pláticas sobre el hombre. Los adultos tenían la costumbre de pensar que los niños no ponían atención a las charlas de mayores, pero él estaba intrigado por el líder del lado oscuro, así como ansioso por unirse a él. Sabía gracias a Draco que el mago había estado organizando ataques para encontrar al asesino de su padre, o al menos lo había hecho durante mucho tiempo. Zander agradecía que el maldito permaneciera escondido porque quería matarlo con sus propias manos.

—No hay planes para la manada hoy. Espera que consiga esa poción de ti, pero no espera que regrese o me presente en la fiesta de esta noche —Fenrir sonrió con todos sus dientes y Severus alzo una ceja.

—Entonces supongo que puedes acompañar a Zander a buscar dulces sin preocuparte por nada —Severus caminó hasta el sofá y se inclinó. Sus labios se posaron en la frente de su hijo y le sonrió ligeramente—. No dejes que los niños se metan contigo y, por favor… no quiero que te separes de Fenrir bajo ninguna circunstancia.

—Ella no está aquí hoy —respondió el niño hundiéndose en el sofá, sus brazos aferrándose a un almohadón.

Severus apretó los labios y acarició el cabello de Zander.

—Sé que no lo está… Hoy es un buen día, hijo —Zander asintió nervioso, sus dedos cerrándose sobre su oreja perforada. Severus tomó la mano del niño sosteniéndola y mirándolo fijamente a los ojos verdes, su estado de ánimo más sombrío, y Severus se preguntó de nuevo como iban a sobrevivir a eso.

Zander vivía constantemente en tensión. A veces, cuando estaban solos en casa y simplemente ocupado con tareas o tocando el piano Zander lo olvidaba, aunque estaba esa obsesión que tenía por mirarse en el espejo. Zander tenía demasiado miedo y Severus no podía ni imaginar lo que sería para él ir a Hogwarts. En el colegio los niños difícilmente se enfermaban o morían, así que sería un lugar seguro para él. Pero, mientras tanto, tendrían que figurarse como seguir.

Las multitudes no eran lo mejor para Zander así que, por más que Lucius se indignara con el hecho de que el heredero de la familia Black pidiera dulces rodeado con niños muggles, para Severus era solo una pequeña esperanza de que al final su hijo no se convirtiera en un ermitaño. Los únicos lugares que Zander visitaba eran Malfoy Manor y el viejo parque de Grimmauld Place; en el primero siempre era temeroso al entrar a la casa, así como temía mirarlo a él cada día al despertar. En cambio, en el parque normalmente vacío, Zander iba directamente a los columpios o a la caja de arena casi vacía, ignorando si algún muggle o vagabundo cruzaba el parque. Halloween era de esos pocos momentos en que Zander disfrutaba de ser un niño y él no podía dejar que lo perdiera así, ni una sola noche.

—Tráeme una de las pelotas que tienes y la hechizaré para que se vea como una luna, pero no la haré flotar —Zander lo miró por unos segundos antes de sonreír radiante y lanzarse escaleras arriba.

Fenrir bufó. Severus suspiró dejándose caer a su lado.

—Es un pequeño y mimado Black en todo menos en el apellido.

—No lo pierdas de vista, por favor…

(…)

Malfoy Manor. 29 de noviembre 1991.

DUMBLEDORE ¿SOSPECHOSO? Un testigo describe la situación en la que Harry Potter ha sido puesto antes de su desaparición…

Una casa rodeada de muggles violentos, en un barrio cargado de peligros, expuesto a absolutamente todo, dejado en una puerta sin siquiera haber golpeado, envuelto en una manta y con una carta aferrada a ella. Según Arabella Figg, una squib, así había sido dejado el infante Harry Potter a pocas horas de la muerte de sus padres, inconsciente e incapaz de saber qué le depararía el mundo. Nuestros Aurores han decidido cargar la investigación tras Albus Dumbledore quien, advierten, ha sido el encargado de entregarle al joven Harry Potter a sus tíos muggles de esta vil y deshumanizada manera, a la intemperie de cualquier desgracia que pudiera ocurrir…

Zander escuchó a los adultos procurando mantener la cabeza gacha mientras estaba con Dazther en el suelo. El niño le mostraba los dibujos que había hecho durante la semana sentado en su regazo y echando la cabeza hacia atrás cada tanto para verlo a la cara y asegurarse que tenía su atención. Zander simplemente le sonreía un poco y Dazther volvía a balbucear sobre los dibujos, dejándolo con la oportunidad de espiar a los adultos que estaban sentados alrededor de ellos.

Habían estado hablando durante horas sobre lo que significaba que Dumbledore hubiera matado a Harry Potter. Por supuesto, su tío Sirius había saltado furioso cuando Lucius había dicho la palabra "muerto" y desde ese momento nadie lo había vuelto a decir, pero Zander sabía que ninguno de los adultos tenía la menor esperanza de encontrar al niño. La expresión llena de dolor y las ojeras en el rostro de su tío eran la prueba más obvia de todas.

—Dumbledore no va a durar más —gruñó su tío Remus y Zander besó la cabeza de Dazther cuando el niño giró la cabeza rápidamente hacía su padre. Sabía que era instintivo para el niño, pero Zander necesitaba más información. No le importaba Harry Potter por mucho que Sirius y Remus lo quisieran, él solo estaba interesado en la parte de Dumbledore.

—En el ministerio quedan pocos dispuestos a arriesgar su cuello por él. Fugde no quiere que la opinión pública sobre él se vea más dañada, el público piensa que debió mandar a alguien a asegurarse que Potter estaba bien apenas consiguió el puesto —Zander pensó que el ministro era un estúpido si lo que su tío Lucius decía era cierto, y él no dudaba de la información que Lucius Malfoy podía sacarle al ministro desde que se había convertido en su patrocinador de campaña.

Zander esperó a que su padre hablara, pero el hombre siempre se medía de decir muchas cosas frente a él, como si sospechara que les ponía más atención de lo que parecía.

La realidad era que Severus nunca tenía muchos ánimos de hablar de Harry Potter y tampoco tenía interés de escupir su veneno donde Zander pudiera llegar a escucharlo porque, a pesar de todo, él no tenía la intención de lanzarlo al servicio del Lord. No por algún tipo de deslealtad, sino por terror puro. Conocía a Zander perfectamente como para saber que no sobreviviría ni siquiera a la iniciación. ¿Zander podría verla más de una vez dado que mataban muggles en masa? ¿O estaría simplemente acechando a todos de una vez? Zander se volvería loco antes que ser él mismo quien ocasionara la aparición de la muerte.

—Tu no conociste a los Dursley nunca Lucius, son el peor tipo de muggles que puedes encontrar, hicieron de la boda un desastre —se quejó Remus y se levantó del sofá donde estaba acurrucado en el costado de Lucius para revisar a los otros tres cachorros que estaban escondidos detrás del sofá.

Zander pensó por un momento que los muggles no siempre eran malos, pero no le gustaban demasiado. Y, de todas, formas su padre creía firmemente en que los magos y los muggles no debían de mezclarse demasiado, y él sabía que Dumbledore quería a los muggles como si fueran pequeños e inofensivos cachorros, pero a Zander se le dificultaba creer eso. No era tonto, sabía que tenían armas peligrosas, que se odiaban por muchas cosas tontas y que había adultos que lastimaban niños solo por el placer de hacerlo, y el Lord los quería muertos. Y si el Lord se encargaba de Dumbledore, Zander lo ayudaría de alguna forma.

—Draco está molesto todavía, ¿alguna idea de porque me pide que te envenene, Sirius? —Zander abrió enorme los ojos y sin poder evitarlo sus ojos fueron directamente hacia los adultos. Su padre lo miró con las cejas alzadas y Zander bajo a Dazther para correr y lanzarse sobre el hombre. Severus lo recibió en sus brazos, dejó que se sentara en sus piernas a pesar de que ya era un poco grande para eso, y ambos observaron a Sirius hacer muecas ante la mirada en la cara de Lucius.

Zander no tenía idea de que había hecho Sirius, pero le escribiría una carta a Draco preguntándole que pasaba. Se recargó en el pecho de su padre y cerró los ojos, dejando que Severus acariciara su cabello mientras seguía absorbiendo toda la información que podía pero, si era honesto, estaba muy cansado. Había pasado la mañana con Remus en la biblioteca tratando de adelantar sus tareas de diciembre para estar libre para las vacaciones y Draco; después había ayudado a cuidar a los cachorros lo que incluía mucho correr y rodar en el jardín. Se había lastimado las rodillas en más de una ocasión, pero se había rehusado a decirle nada Remus ya que no quería ser enviado a casa temprano, pero ya casi anochecía y había cenado lo suficiente como para explotar si comía nada más.

Lentamente dejó de escuchar y se perdió en el mundo de los sueños.

(…)

Zander se revolvió ligeramente, pero los fuertes brazos rodeándolo lo mantuvieron firmemente en su lugar. Y, cuando respiró el olor fuerte y familiar de su padre, se acurrucó un poco más, acomodando su mejilla en el hombro del hombre y apretando sus piernas y brazos en torno al cuerpo de su padre.

—Deberían quedarse a pasar la noche —la voz de Lucius hizo que Zander sonriera un poco, pero se mantuvo quieto.

—Fenrir seguramente irá a la casa hoy… —susurró Severus, acariciando la espalda de su hijo, evitando mirar a Lucius.

—Entiendo, ¿los esperamos mañana?

—Hasta el lunes mejor, ha estado exigiéndose demasiado. ¿Te importa, Remus?

—Solo déjale tu varita un par de horas al día, tiene la teoría dominada —Zander resistió el impulso de gritar feliz, normalmente no le decían como lo estaba haciendo. Su padre creía que se conformaría y Remus estaba de acuerdo en que aflojaría el ritmo.

—De acuerdo, buenas noches —Severus se giró y entró a la chimenea.

Zander abrió los ojos y levantó la mano para despedirse, pero una expresión de horror absoluto apareció en su rostro mientras Lucius, Remus y los cachorros se despedían de ellos con una sonrisa.


Espero que me den mucho amor, y no mucho odio por esa escena del final, el capitulo era más largo, pero me pareció adecuado cortarlo ahí ¡Espero sus teorías! Y sus opiniones sobre Zander, sobre otras cosas que aparecen por ahí.

Los amo, gracias por leer.

¡Besos!