Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite
La Bella y la Bestia y sus personajes pertenecen a Disney
Fanfic hecho con el único propósito de entretener y sin fines de lucro
Capítulo 2: El castillo en el bosque
Rukia y su padre estaban empacando varios relojes en cajas, su padre los vendería en un mercado de un pueblo cercano y debían estar en perfectas condiciones. Cada año Shunsui hacía una viaje de 2 dias para vender sus más finas piezas y creaciones. Guardaban los objetos en silencio, en ocasiones Shunsui le daba indicaciones a la chica, pero ella ya tenía todo controlado. Rukia empezó a sacar cajas a la entrada de la casa mientras su padre preparaba la carreta con su caballo Pesche, un hermoso caballo blanco con cril y cola gris.
La carreta era pequeña pero cabía una buena cantidad de productos en ella. Rukia hacia lo posible para acomodar todo y que no se resbalaran por el riesgo a que se rompieran. Shunsui se colocó un abrigo y un sombrero y subió a la carreta.
—¿Qué quieres que te traiga del mercado?—preguntó él sonriendo.
—Ya lo sabes—respondió su hija con un divertido gesto de obviedad—una rosa.
—Cada año me pides lo mismo.
—Y cada año la año la obtengo.
—Cierto—lanzó una pequeña risa y miró a la morena—ya debo irme—le dio un beso corto en la frente—cuidate, hija.
—Tu también—respondió ella—que tengas buen viaje—continuó alejándose de la carreta. Su padre tiró de las riendas y Pesche empezó a trotar—¡Nos vemos mañana!—Rukia se despedía con su mano mientras veía a su padre alejarse, él tambien respondía el gesto a la distancia.
La morena suspiró profundamente, una vez que la figura de la carreta se perdió de vista, entró a su casa para terminar de hacer sus deberes. Entró a su casa y volvió a suspirar, tenía que lavar ropa, pero al mismo tiempo quería leer un poco; afortunadamente había heredado los dotes de su padre al momento de crear estructuras. Tomó un barril y lo rodó, después dibujó una estructura en su cuaderno; tomó unas cuerdas y una polea que tenían en el granero y los unió atándolos al barril. Un extremo de las cuerdas lo ató al barril y el otro extremo lo ató a la silla del burro que tenian. Lo hizo caminar y se cercioró de que su invento funcionara, y lo logró, su pequeña lavadora casera había sido un éxito. Llevó el burro con el barril sobre él al pozo de la aldea, en una bolsa aparte llevó la ropa que debía lavar. Posicionó al burro a un lado del pozo, colocó el barril en el agua y lo llenó de ropa, puso pasta para lavar y le dio una palmada al animal que empezó a caminar, vió como poco a poco se formaba espuma en el barril, señal de que todo marchaba a la perfección. Sonrió con satisfacción y sacó el libro que el padre Ukitake le prestó por la mañana del bolsillo de su mandil, se sentó y empezó a leer mientras su pequeña maquina hacía lo suyo. No estaba consiente de cuanto tiempo había pasado, pero si notó una mirada sobre ella, quitó la vista del libro y buscó el origen de esa mirada tan penetrante y descubrió una pequeña niña que la veía con interes.
—Hola—saludó Rukia amablemente.
—Hola…—respondió la niña—¿Qué estás haciendo?
—Leo un libro… ¿Quieres verlo?—preguntó la morena con una sonrisa.
—Me encantaría… pero no se leer.
—¿Qué?—preguntó la morena con aire ofendido—Bueno…—suspiró con resignación—Yo puedo ayudarte.
—¿De verdad?—preguntó la niña con un especial brillo en su mirada.
—Por supuesto… ven—Rukia la levantó y la sentó junto a ella—empecemos con algo fácil—buscó unas páginas y extendió el libro a la pequeña—aqui dice… Las… aves… vuelan… repitelo tu.
—Ah… si—la niña se acercó al libro y repitió lo que dijo Rukia siguiendo la señalización de su dedo—Las… aves… vuelan…—repitió la niña.
—¡Bien!—Rukia la felicitó—Intentemos otra cosa.
—¿Se puede saber qué estás haciendo?—preguntó un hombre anciano calvo y con una gran barba, era Yamamoto, director de la escuela de la aldea.
—Nada malo, desde luego—respondió la morena levantándose de su lugar y después acercándose—¿Pasa algo malo?
—¿Malo? Gravísimo. Le estás enseñando a leer a una niña, a una mujer.
—No veo cual es el problema, señor Yamamoto—replicó Rukia cruzando los brazos con molestia.
—Una mujer como tu es más que suficiente en ésta aldea, Rukia, ¿Qué acaso no escuchas todo lo que se dice de ti?
—Pero leer no es malo, no se porque le temen tanto a esta situación.
—Es muy fácil entenderlo, mira esto—Yamamoto señaló la maquina que hizo Rukia para lavar su ropa—Estás eludiendo tus obligaciones, y estás haciendo que esta niña se desvíe del camino también—cuando el hombre dijo esto, varias personas se reunieron a su alrededor y vieron con malos ojos a Rukia.
A lo lejos Yumichikka veía lo que sucedía con los brazos cruzados, suspiró, sabia lo que tenia que hacer; dio media vuelta y empezó a caminar lo más rápido que podía, avanzó unas casas de distancia, y ahí estaba, afuera de la taberna, su ególatra amigo Renji afilando uno de sus cuchillos.
—¡Renji! ¡Renji!—llamó la atención corriendo para colocarse frente al pelirrojo quien enfundó su cuchillo.
—¿Que sucede? ¿Porqué tanta prisa?—preguntó con sincera curiosidad.
—Me pareció ver que cierta damisela necesita ayuda de un gallardo caballero—dijo Yumichikka con elegancia y sacudía ligeramente su saco.
—Ni hablar, es hora del héroe—dijo Renji arreglándose el saco y comenzando a caminar. Le pidió a su compañero que lo guiara a donde, según el, lo necesitaban. Caminaron unos metros y llegaron al pozo de la aldea en el momento justo en que un grupo de gente lanzaba la ropa que Rukia estaba lavando al suelo—¡Hey! ¡¿Qué creen que están haciendo?¡—gritó el pelirrojo con gran molestia haciendo que la gente lo mirara con terror y después irse, por Rukia soltó un bufido lleno de frustración.
—No puedo creerlo...—dijo ella casi en un susurro y empezando a levantar su ropa, tendría que volver a lavarla pero en otro momento sería; Renji se acercó a ayudarla.
—¿Estás bien, Rukia?—preguntó él levantando el barril y llenándolo con un poco de ropa.
—Si, gracias—respondió de mala gana la morena, quería llorar, quería gritar, pero no le daría ese gusto a nadie. Tomó la ropa que Renji puso en el barril y la metió en la bolsa en la que la había llevado al pozo y empezó a caminar a toda prisa consiguiendo reprimir las lagrimas en sus ojos.
—Es lamentable lo que el director Yamamoto y los aldeanos hicieron contigo—dijo el pelirrojo siguiéndola—pero ellos jamás aceptarán los cambios que quieres hacer—sin que se diera cuenta, llegaron a la casa de la chica quien tenía un semblante deprimido.
—¿Cambios?—preguntó con un ligero aire ofendido y botando la bolsa de ropa en su jardín—Solo quería enseñarle a leer a una niña, no eran cambios para ellos—continuó encarando al muchacho, lo miró unos segundos y despues se dirigió a la entrada de su casa—Gente imbécil...—terminó ella en casi un susurro.
—Yo te comprendo, Rukia, pero los hijos de los aldeanos no valen la pena—dijo Renji con galanura y una sonrisa coqueta—los únicos niños que deben preocuparte son los tuyos—terminó mientras se colocaba frente a ella.
—Ah...—dijo Rukia con nerviosismo—creo que no estoy lista para tener hijos—dijo ella tallando sus manos ansiosa.
—No creo que sea eso—el pelirrojo tomó su mano—lo que pasa es que no has conocido al hombre ideal.
—Tu sugerencia no sería mala sino fuera porque la aldea es muy pequeña, Renji—respondió ella terminando el contacto con sus manos y subiendo las escaleras del portal—Ya he visto a todos los honbres de este lugar...—el hombre desvió sus ojos un instante, como pensando que decir.
—Quizá debes buscar otra vez—la siguió para encararla nuevamente y la tomó por los hombros—por ejemplo, yo—acercó su rostro al de ella—te aseguro que he cambiado, y que cuidare de ti, no dejaré que nadie en el aldea te vuelva a faltar el respeto.
—Renji, no quiero ser grosera, pero no creo que podamos ser felices… quiero decir… nadie hace tantos cambios—nuevamente retiró las manos del hombre lejos de ella, la hacían sentir incómoda.
—Ah, Rukia, no quería decir esto pero...—Renji se tomó un momento—¿Sabes que pasa con una mujer soltera cuando sus padres pasan a mejor vida?—Renji volteó a ver a una mujer de cabello blanco y piel palida, sus ojos violetas eran hermosos, pero tal belleza era opacada por que estaba sucia y vestía arapos—Terminan como la pobre de Sode… pidiendo limosna en las calles—volvió a mirar a Rukia—Y yo no quiero que eso te pase a ti. Lo que ves aqui—abrió sus brazos y miró la aldea con felicidad—es nuestro mundo, nuestro futuro y se que podemos ser felices… por eso te pido que seas mi esposa—volvió a tomarla de la mano y la chica abrió los ojos con asombro, le había sorprendido que Renji fuera al punto así como si nada, y aunque el siempre lo había insinuado, jamás le había hecho la pregunta tan directamente.
—Ah… si, vivimos en la aldea y probablemente este sea el destino de muchos… pero...—arrebató su mano del contacto de Renji—no significa que yo quiera eso…
—Por favor, Rukia, no me obligues a rogarte…
—Está bien, seré clara—Rukia abrió la puerta de su casa y volvió a encarar al pelirrojo—Lo siento Renji, pero jamás seré tu esposa—dijo firmemente y cerró la puerta de un portazo.
Renji se quedó pasmado en el portal, Rukia le habia cerrado la puerta en la cara, hizo el intento por volver a tocar, pero su orgullo se lo impidió, apretó los puños ligeramente y miró a su alrededor, cerciorándose que nadie haya presenciado la humillación por la que acababa de pasar. Al ver que nadie habia visto nada, se acomodó el saco y con sonrisa coqueta bajó las escaleras del portal y empezó a caminar hacía la taberna. Dentro de la casa, Rukia se habia quedado recargada en la puerta con la intención de atrincherarla con su cuerpo, quizá Renji buscaría volver a insistir. Después de la proposicion de matrimonio de ese hombre, sabia que es lo que quería y lo que no queria; suspiró con pesadez, y de manera precavida abrió la puerta y vió la figura de su pretendiente caminando.
—No puedo ni imaginarlo...—se dijo a si misma mientras se paraba nuevamente en el portal y veía a Renji que acababa de pisar un charco de lodo—Ni loca me convertiría en la esposa de un cretino salvaje como él—dijo bajando la escalera del portal de su casa, caminó con lentitud a la entrada de la aldea y se dirigió al valle que rodeaba su hogar; caminó sintiendo la suavidad del pasto que rozaba sus tobillos; subió a una pequeña colina y miró al horizonte y vio la silueta de una estructura que al parecer era un castillo—Como quisiera ir allá… tener aventuras, conocer a más personas y quizá...—suspiró profundamente sintiendo que ya estaba pidiendo demasiado—Encontrar a alguien que entienda como me siento y me comprenda de verdad… Ya no quiero vivir en este lugar tan estructurado...—dijo y se sentó abrazando sus rodillas, no pudo evitar que unas lagrimas brotaran de sus ojos, solo queria que ese estilo de vida terminara ¿Acaso era mucho pedir?
Shunsui iba en su carreta un tanto preocupado, se supone que debió haber llegado al mercado hace horas, pero al parecer se habia perdido; ademas, evidentemente se avecinaba una tormenta, eso no ayudaba mucho.
—Pesche… ¿Que vamos a hacer?—preguntó a su caballo que relinchó en respuesta. Llegaron a una intersección pero Shunsui no pudo leer los señalamientos—Si mal no recuerdo, debemos ir por la derecha—dijo tirando las riendas de su caballo, pero antes de llegar siquiera al inicio del camino, un rayo cayó en un árbol derribándolo y haciendo que este bloqueara el camino que iba a tomar, Pesche relinchó asustado—Oh… tranquilo chico, tranquilo—Shunsui lo calmó y miró el camino bloqueado y el camino abierto—Ni hablar amigo, cuando un camino se cierra, otro se abre, Pesche… pero ojalá conociera este bosque…—se adentraron más en el bosque y el caballo nuevamente se inquietó, esta vez por una vista sumamente increíble—tranquilo muchacho… solo es nieve… en pleno verano—sus palabras fueron en vano, Pesche seguia inquieto, y mas que nada, por ciertas presencias a su alrededor, presencias que Shunsui comenzaba a sentir tambien—Yo tambien siento miradas, amigo ¿Que crees que sea?—le preguntó a su caballo.
De pronto escucharon un aullido que hizo eco por lo extenso de lugar, al final, una jauria de lobos con pelaje blanco salieron de diversos puntos detrás de ellos.
—¡Corre, Pesche, corre!—el caballo obedeció y corrió a toda la velocidad que sus patas le permitían, la carreta se sacudia por la cantidad de rocas y troncos que había por todo el camino. Los lobos ladraban y gruñian mientras los perseguian—¡Más rapido, amigo! ¡No dejes que nos alcancen!—Shunsui azotaba las cuerdas del caballo para que corriera mas rapido, la aceleración provoco que la rueda de la carreta se rompiera al rebotar sobre una roca haciendo que Shunsui fuera expulsado de su lugar volando unos cuantos metros; Pesche corrió despavorido al sentir que sus riendas se habían soltado y al sentir el acecho de unos cuantos lobos que lo perseguían. Shunsui se levantó adolorido, masajeo su zona lumbar para aminorar un poco el dolor, miró a su alrededor, por culpa de la nieve no podía ver un camino que seguir y sin Pesche la cosa se complicaba. Miró su entorno un poco mas—Rayos… ¿Qué voy a hacer ahora?—dijo recogiendo su sombrero y sacudiendo la nieve que había en el, miró al frente nuevamente y ahi estaba uno de los lobos, no supo cómo, pero empezó a correr sin rumbo lo mas rapido que podía, los lobos casi le daban alcance, pero en ese momento tropezo haciendo que se deslizara por una pequeña colina—¡Pesche! ¡¿Dónde estás?!—gritó mientras sentado se deslizaba a una dolorosa caida; oyó a su caballo relichar y Pesche llego justo a tiempo para que su dueño cayera sentado sobre y asi alejarlo de los lobos—Gracias amigo, me salvaste la vida…—dijo Shunsui tomando las riendas—¡Ahora corre, amigo, corre!—Pesche volvió a tomar velocidad, los lobos iban tras ellos ladrando y gruñendo mas fuerte que antes, Shunsui volteó a verlos y los vio tan cerca que sintió su final aproximarse, volteó al frente y vio una reja, grande muy grande—¡Hacía alla, Pesche! ¡Rapido!—gritó haciendo que el caballo se dirija a todo lo que dan sus patas, al acercarse a la reja, esta se abrió por si sola permitiéndoles el paso, cruzaron y solo escucharon el silbido del viento al pasar junto a los pilares de la estructura; los lobos que los perseguían se detuvieron en la reja y gruñeron con frustración, algo les impedía entrar.
Al atravesar la reja, Shunsui jaló las riendas de Pesche para aminorar su paso y hacer que solo trotara, llegaron a un hermoso laberinto de arbustos que, afortunadamente, tenia el camino marcado—Mira esto, Pesche—dijo el hombre mirando el hermoso jardin y las numerosas plantas a su alrededor. Pese a lo descuidado que las estructuras hechas de piedra lucían, los arbustos estaban bien podados, y sorprendentemente verdes aun con clima tan frio, siguieron avanzando hasta una gran escalera y junto a ellas había unas caballerisas—Vaya… bueno, creo que podemos quedarnos aqui…—dijo bajando del equino y caminando a la entrada del lugar—Mira… hay heno, ponte cómodo, amigo—le dijo al animal guiándolo al interior donde, extrañamente, había fuego que calentaba el lugar—Muy bien, quedate aqui, ire a presentarme ante nuestro...—Shunsui dudó un poco—… anfitrión voluntario—terminó y se dirigió a la escaleras. Las subió con lentitud, el frío le había entumecido las piernas, llegó a dos enormes puertas que tenían una aldaba en forma de leon singularmente grande y hecha de oro puro, cada una. Antes de siquiera tocarla, una de las puertas se abrió por si sola, Shunsui con duda asomó la cabeza y quedó anonadado ante lo había frente a sus ojos. Era una recibidor con hermosos suelos decorados, una escalera de piedra que se partia en dos hacia direcciones opuestas en la construcción, todo a su alrededor estaba oscuro, no parecía haber ni el mas mínimo cuerpo de luz—Hola...—llamó el hombre con pena mientras colgaba su abrigo lleno de nieve en un perchero—disculpe la intromisión, solo estoy buscando refugio esta noche—dijo sin saber exactamente a quien o a que le hablaba, pero sentia que lo escuchaban—¿Hola?—volvió a llamar, caminó por el recibidor y llego a una mesita que tenia un reloj y un candelabro sobre ella—Vaya...—dijo tocando el candelabro—Es muy hermoso—sonrió y dió la vuelta para seguir caminando.
—¿Viste? Tiene buen gusto—dijo el candelabro con galanura.
—¿Qué dices? Estaba hablando de mi—dijo el reloj con desdén.
Shunsui siguió recorriendo el lugar, era sorpréndete que tal castillo pasara desapercibido para él y para la aldea; escuchó la música de un piano y se acercó a la entrada de lo que parecía un salón de baile, la música se detuvo tan pronto como entró, no vio a nadie, solo un solitario y enpolvado piano.
—Que extraño… podría jurar que...—dijo el hombre confundido al no ver a nadie en el lugar, regresó al recibidor, y habia una luz desde el cuarto continúo, caminó y vio una acogedora sala con una chimenea encendida—Oh, gracias al cielo—exclamó acercándose al fuego y empezando a calentarse—Ah, esto se siente tan bien...—dijo mientras levantaba su saco y calentaba su trasero con alegria. De pronto escuchó el sonido de platos en el siguiente cuarto, miró hacía tras por si casualidad había alguien que le indicara que estaba sucediendo, caminó hacia el siguiente cuarto y ahí había un enorme comedor con diez sillas de un lado, diez del otro, y dos sillas particularmente grandes en cada extremo, Shunsui asumió que ese era el lugar del dueño del castillo. En medio de la mesa habia una fuente llena de sopa, un plato con carne y vegetales, una gran copa de vino, tres piezas de pan y una pequeña taza que, el quería creer, contenía té—Oh, muchas… muchas gracias—agradeció el con ansias—debo admitir que estoy hambriento.
Se sentó y empezó a comer con prisa, tomó un bocado de carne, un bocado de pan y un sorbo de sopa, los consumió tan rapido que casi se ahoga que estiró su mano a la copa de vino, pero para su sorpresa la taza de té se le acercó lentamente.
—Hola...—saludó la taza con voz baja, tenía una linda voz de niña—Mamá me dijo que no hablara porque podria asustarlo… pero…—empezó a reir por diversión—no creo que usted sea de aquellos que se asusten por ver una taza hablar, ¿O si?—terminó con un tono burlón.
—No, no, por supuesto que no—dijo Shunsui negando con la mano izquierda pero alejándose de la mesa muy lentamente. Al sentir el espacio suficiente, salió corriendo hacía el recibidor—Muchas gracias por su hospitalidad—dijo tomando su abrigo del perchero, miró hacia las escaleras y estaba casi seguro de ver una silueta con cuernos en su cabeza—debo regresar a casa de inmediato… muchas gracias otra vez—terminó y salió con toda prisa del castillo. Bajó las escaleras a toda prisa y se dirigió a las caballerizas, tomó a Pesche y lo espoleó para que el caballo empezara a correr. La silueta que Shunsui vio en las escaleras salio del castillo y lo siguió saltando por sobre los arbustos—¡Espera Pesche!—jaló la riendas logrando frenar de inmediato—la rosa que Rukia me pidió—el hombre bajó del equino y se acercó a un rosal, la figura que lo siguió gruñó con enojo, Pesche empezo a inquietarse; Shunsui cortó una rosa particularmente grande, la figura se abalanzó contra él tirándolo al suelo y quedando justo sobre el hombre, lo tomó por las solapas del abrigo y lo arrastró de vuelta al castillo, Pesche relincho con temor y empezó a correr despavorido con dirección a la aldea y a Rukia.
Notas de la autora: Perdon, se que tardé mucho, pero por equis o ye razón no podía subir el cap, espero en los próximos dias subir el siguiente, Ichigo y Rukia por fin van a conocerse *-*
