Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite. La Bella y la Bestia y sus personajes pertenecen a Disney. Fanfic hecho con el unico proposito de entretener y sin fines de lucro.


Capitulo 7: Un hermoso regalo

Rukia volvió a colocar un paño en la frente de Ichigo, el seguía respirando con dificultad por la fiebre que lo aquejaba, la morena no sabía cuanto tiempo había pasado, pero estaba consiente de que llevaba un buen rato peleando contra la fiebre del joven. Al tocar el paño que habia retirado de la frente Ichigo lo sintió muy caliente y empezó a tener dudas.

—Me pregunto si el agua estará lo suficientemente fría—tocó el líquido y efectivamente, estaba apenas templada—¿De dónde rayos voy a sacar agua fría?—se preguntó a si misma llena de frustración, recorrió la habitación con la mirada y se detuvo en el balcón que había fuera—¡Eso es!—tomó el paño nuevamente y se dirigió al balcón, era una fortuna que estuviera cubierto de nieve, tomó un poco y, sintiendo el frío en sus manos, lo llevo cln prisa al algua con la que atendia a Ichigo, eso fue suficiente para enfriar el agua—Perfecto—dijo ella después de rectificar la temperarura, tomó el paño y lo sumergió en el agua, lo exprimió y quitó el que Ichigo tenía en la frente para colocar el que ella tenía en las manos, el joven se estremeció ante el frio que sintió en su piel—Shh, tranquilo, eso ayudará a bajar la fiebre—Rukia acarició su cabello para tranquilizarlo, lo miró un momento y retrocedió para sentarse en la silla que había acercado con anterioridad; pensó en que Ichigo no tenía del todo la culpa de ser como era, y eso la hacía tener sentimientos encontrados, estaba consiente de que al chico le hicieron falta muchas cosas, amor, comprensión, pero también recordaba el cruel trato que le dió a su padre el día anterior, no sabía si tenderle la mano o darle la espalda en el momento que se recuperara, porque no lo iba a dejar solo en ese momento, sobre todo sabiendo que las heridas que Ichigo tenia en si eran su culpa, fue entonces que le cayó como balde de agua fría, le debía la vida a Ichigo, él sin tener una obligación fue a buscarla, ya fuera solo para regresarla al castillo o para advertirle de los peligros, pero le salvó la vida. Suspiró, debía admitirlo, estaba siendo obstinada. Escuchó a Ichigo suspirar entre sueños, era hora de cambiar el paño; durante toda la noche, Rukia cuidó de Ichigo.


El día había llegado al castillo, y como cada mañana, los sirvientes se levantaban al amanecer para empezar sus tareas, Unohana era la primera en ponerse a trabajar dejando a Yachiru descansar un rato mas, subió a su carrito de té para acercarse al cocinero de palacio, Don Kanonji, que gracias al hechizo, solo era la estufa de la cocina.

—Buenos dias, señor Kanonji—saludó la tetera.

—Buenos dias, señora Unohana, ya tengo el agua caliente para el té del amo—dijo la estufa.

—Perfecto, gracias… ¿Sasakibe ya está por aqui?—preguntó Unohana viendo a su alrededor.

—Atrás de usted, señora Unohana—le señaló Kanonji,y efectivamente el perchero estaba a un lado del carrito de té.

—Oh si, buenos dias, Sasakibe—saludó Unohana, Sasakibe respondió con una reverencia—esta mañana le daremos al amo y a Rukia una té de rosas con menta—Sasakibe se dirigió a un estante de la cocina y de ahí sacó unos pequeños frascos, fue de regreso al carrito de té y quito la tapa que Unohana tenia en la cabeza, vertió unos trozos de pétalos de rosa y unas hojitas de menta—muchas gracias, Sasakibe. Señor Kanonji, por favor.

—Por supuesto—un pedazo de fierro que fungía como mano tomó una jarra de metal de la esrufa y vertió el agua caliente en el interior de Unohana quien se estremeció un poco—Listo, el desayuno estará listo en 20 minutos.

—Gracias, señor Kanonji—agradeció la tetera mientras Sasakibe volvía a colocarle la tapa—muchachos, ya es hora—indicó ella y dos tazas, una azucarera, una jarrita con crema y dos cucharas brincaron al carrito de té donde ella iba—muy bien, primero iremos a la habitación y después con Rukia, estamos listos Sasakibe—dijo ella y el pechero levantó la charola donde todo el juego de té estaba. Recorrió las escaleras y los pasillos con suma elegancia, al llegar a las escaleras del ala oeste, dejó la charola en otro carrito de té que estaba convenientemente cerca de la habitación de Ichigo—muchas gracias—Sasakibe contestó con una reverencia y volvió abajo, avanzo unos metros y ante la puerta de la habitación, estaban Gin y Aizen esperando.

—Buenos dias, señora Unohana—saludó Gin cortésmente.

—Buenos dias—saludó Aizen y sus manecillas se movieron—llega 3 minutos tarde.

—Buenos dias a los dos, y disculpenme, pero un buen té se lleva su tiempo—sonrió Unohana con ternura.

—Bien, entremos—dijo Gin y tocó la puerta, ésta se abrió inmediatamente dejándoles libre el paso, entraron y su sorpresa fue grande al encontrar a Rukia ahi dormida en una silla junto a la cama de su amo—¿Rukia?

—Oh, cielos—exclamó Unohana—¿Que habrá pasado?

—Esto es muy extraño—dijo Aizen, se acercaron a la chica con sigilo, al fijarse bien, Ichigo también seguía dormido. Gin subió al tocador para quedar junto de la chica, apagó la vela de su mano izquierda y la puso sobre la chica.

—Rukia… Rukia, despierta—le dijo en un susurro, la morena abrio sus ojos y parpadeó un par de veces para después incorporarse—Buenos dias.

—Buenos dias…—respondió ella mecánicamente—¿Ya es de día?

—Si, mi niña—le contestó Unohana mientras servía té en una de las tazas—toma un poco de té, querida—Rukia obedeció y cogió una de las tazas, le puso una cucharada de azúcar y le dió un sorbo—¿Que haces aqui, que pasó?

—Ah...—la morena no quería admitir que habia llegado a la habitación de Ichigo por querer hablar con él—me quedé un poco preocupada y vine a verlo, cuando llegué estaba ardiendo en fiebre—dijo para tomar su té apresuradamente.

—¿Y porqué no nos llamaste?—preguntó Gin.

—No se preocupen, lo tenia todo controlado—respondió Rukia colocando la taza de vuelta en el carrito de té—gracias—le dijo a Unohana—además, no queria molestarlos—Unohana sonrió mientras que Gin y Aizen se miraron complacidos, mientras Rukia se acercó a la cama de Ichigo y puso su mano en la frente del joven—ya no tiene fiebre, ya está bien—dijo la chica sonriendo a los sirvientes.

—Muchas gracias, mi niña—le dijo la tetera sonriendo con ternura.

—Dejen de hacer tanto ruido—oyeron una voz, era Ichigo que acababa de despertar.

—Buenos dias, amo ¿Cómo se siente?—preguntó Aizen acercándose al lecho del joven.

—Como si mil caballos me hubieran pasado encima.

—¿Le gustaría un poco de té?—preguntó Unohana.

—Si, solo un poco—respondió Ichigo, la tetera sirvio una taza y Rukia la tomó en sus manos.

—¿Quieres azúcar?—Ichigo la miró.

—Una por favor, y un poco de crema—la chica lo obedeció y después le tendió la taza, el joven la tomó en sus manos haciendo que se viera muy pequeña, dio un sorbo—Ay, sabe igual que el cielo—todos sonrieron por su expresión.

—Mientras bebes tu té, ire por agua limpia, hay que limpiar tus heridas otra vez—dijo Rukia tomando el tazon de agua y saliendo de la habitación.

—Si no puedes tu sola, dile a Sasakibe que te ayude… es el perchero—le dijo Ichigo desde la habitación.

—¡Si! ¡Esta bien!—respondió Rukia desde los pasillos.

—Es una chica muy dulce—le dijo Unohana sonriendo—Se quedó toda la noche cuidando de usted.

—¿Enserio?—preguntó Ichigo incrédulo y con un ligero rubor en sus mejillas.

—Es una buena señal, amo, es lo que hemos estado esperando—celebró Gin.

—No digas tonterías, es lo que cualquier persona con sentido común habría hecho.

—Usted no—respondió Aizen secamente, Ichigo gruñó en respuesta.

—Como sea, traigan una camisa limpia, por favor—les pidió, los sirvientes se miraron intrigados.

—¿Para qué quiere una camisa?—preguntó Gin curioso y con una sonrisa burlona.

—Hay una chica en el palacio, no voy a andar semidesnudo por ahi ¿O si?

—Oh, ya entiendo, pero mujeres siempre ha habido en el palacio y jamas le había importado—dijo Gin con burla mientras Unohana reia por lo bajo y Aizen rodaba los ojos.

—¡Solo hagan lo que les dije!—gritó Ichigo, los sirvientes obedecieron mientras reian ligeramente.

Después de un rato llegó Rukia junto a Sasakibe, efectivamente, ella no había podido sola con todo, Sasakibe llevaba el tazon lleno de agua caliente mientras Rukia traía unos paños y una vendas limpias.

—¿Estás listo?—preguntó Rukia acercándose a la cama de Ichigo, dejó los paños y las vendas sobre la silla y el tazón pidió que Sasakibe lo pusiera en la mesita de al lado.

—No—contestó Ichigo en un gruñido—pero si no me queda de otra—se incorporó en la cama y le dio la espalda a Rukia. La situación no fue nada caótica en comparación a la noche anterior, al parecer las heridas ahora dolían menos, Rukia volvió a vendarlo y el volvió a sentir ese vuelco al corazón, lo normal—¿Acabaste?—preguntó sintiendo como la sangre se acumulaba en sus mejillas.

—Ya está—dijo Rukia satisfecha.

—¿Quiere que le traiga el desayuno, señor?—preguntó Unohana mientras veía como Rukia le ayudaba a colocarse la camisa que era de color azul.

—No, gracias, ahora no tengo hambre. Dile a Kanonji que guarde todo para la cena—respondió Ichigo abrochando los botones—Trataré de descansar otro poco.

—Rukia… —le llamó Gin—¿Podrías quedarte con él? Tenemos que encargarnos de nuestras tareas—si las miradas mataran, Ichigo lo habría pulverizado.

—Claro, no se preocupen—respondió Rukia sonriendo, ellos se habían portado muy bien con ella y no se atrevería a decirles que no.

—Muy bien, nos vamos, amo, cualquier cosa que necesite, no dude en llamarnos—dijo Aizen saliendo de la habitación.

—Si, si, ya se—contestó el pelinaranjo rescotandose en la cama.

—Con permiso—dijo Unohana saliendo de la habitación, les dio un ultimo vistazo y sonrió, esos dos empezaban a llevarse mejor.

—Si quieres duerme, yo no te molestare—le dijo Rukia al ver la puerta cerrarse, Ichigo la miró y cerró los ojos—y no solo te hagas el dormido—advirtió la chica, el joven refunfuñó y trató de dormir, escuchó como Rukia movía algunas cosas en la habitación y se paseaba de aqui y alla, tenía que admitirlo, la presencia de la morena lo inquietaba, no sabía describir lo que sentía, pero no le desagradaba. Sintió como Rukia se acercó nuevamente a la cama y tomó asiento en la silla que había colocado junto. Escuchó como suspiro.

—Ya ordené un poco la habitacion… ¿Ahora que hago?—Rukia se reclinó en la silla, empezó a jugar con el mechón de cabello, volvió a suspirar—Como quisiera poder leer algo en este momento—dijo con aburrimiento, la frasd llamó la atención de Ichigo—Y así como él se extravía, fascinado por los ojos de Hermia, me ciego yo admirando las cualidades que en él veo—empezó a recitar Rukia, Ichigo aun la escuchaba con los ojos cerrados—Pero el amor puede transformar en belleza—la voz de la morena sonaba tan lejana pero armoniosa, era increíble que recitara ese párrafo de memoria—y dignidad cosas bajas y viles porque no ve con los ojos sino con la mente, y por eso…

—Pintan ciego a Cupido el alado(1)—Ichigo no pudo evitarlo y terminó la frase, abrió los ojos y vio a la morena con expresión fascinada.

—Estabas despierto ¿Te sientes mal?—preguntó ella un poco impaciente.

—No, para nada—Ichigo se incorporó un poco y se acomodó en la mullidas almohadas que lo cobijaban—Solo no tengo sueño.

—Menos mal—respondió Rukia sonriendo, bajo la mirada tímidamente y volvió a encararlo—¿Leíste Shakespeare?

—Si, bueno, tuve una buena educación—respondió el joven secamente mientras se incorporaba mas para quedar sentado sobre la cama.

—Grandioso—celebró Rukia con alegría—¿Cuál es tu obra preferida? La mia es Romeo y Julieta—continuó aun sonriendo, Ichigo al escuchar lo último se tiro de vuelta a la almohadas suspirando fastidiado y rodando los ojos.

—Ya me esperaba algo asi—dijo mirando el pabellon de su cama.

—¿Disculpa?—preguntó la morena confundida.

—Ese romanticismo y amor trágico—continuó Ichigo haciendo gesto de asco—puedo apostarte que hay mejores cosas que leer.

—Y supongo que tu puedes mostrarme ¿No?—preguntó Rukia en tono retador.

—Por supuesto, dame un momento—Ichigo se levantó y se dirigió a un biombo que estaba al otro lado de la habitación—No te atrevas a venir aqui—advirtió Ichigo señalandola con el dedo.

—Ni quien quiera verte—respondió Rukia aún sentada en la silla—Idiota…—susurró y no se movió.

Ichigo cambió nuevamente la camisa por una color blanca, vio los pantalones que llevaba, eran negros, con ese color no había pierde, tomó un abrigo color verde y se lo puso, lo abotonó y le pasó las manos encima tratando de quitar cualquier arruga impertinente. Se miró al espejo, era una fortuna que su ropa aun le quedara bien pese a que había estado años sin usarla, pero en vista de la situación, la ropa tenía que volver a su cuerpo. Suspiró antes de salir de detras de la seguridad del biombo.

—Listo, sígueme—le indicó a la chica que obedeció y empezó a caminar trás el—mira, no digo que Romeo y Julieta sea mala, pero supongo que habrás leido Hamlet o Don Quijote de la Mancha.

—Ah, no… en donde vivía no había mucho de donde escoger.

—Vaya, es una lástima, habrían logrado grandes cosas contigo—le dijo Ichigo sin pensar, Rukia sonrió, era la primera que alguien que no fuera su padre no la juzgaba por su gusto por la lectura, mejor aún, la alentaba—Date prisa, eres muy lenta—la regañó el joven mirando atrás.

—No tengo la culpa que seas una garrocha andante y tus pasos sean gigantes—replicó ella tratando de mostrar genuina molestia. Llegaron a las escaleras del salón principal y continuaron subiendo hacía el ala este, antes de llegar al pasillo que conducía a la habitación de Rukia, viraron a la derecha y pasaron de largo dos puertas mas.

—Llegamos—anunció Ichigo posandosd frente a una puerta ligereamente más grande que las demás—veamos—dijo abriendo las dos puertas de par en par, Rukia caminó detrás de él—aqui debe haber algo con lo que puedas empezar—dijo Ichigo mientras se adentraba en el lugar, Rukia se detuvo en seco, no daba credito a lo que veia.

Habían llegado a una biblioteca y estantes de libros se extendian hasta el techo, la biblioteca tenia dos pisos y cada estante tenia una larga escalera con ruedas para poder alcanzar los libros más altos. Del techo colgaban una figura a escala de la luna y del sol y al fondo a la derecha habia una mesa llena de libros, en una esquina había un globo terraqueo que daba un toque elegante. Habia ventanales entre los estantes que daban el toque justo de luz y en la cupula del centro habia molduras de oro como decoración. Rukia cubrió su boca con sus manos tratando de ahogar un grito de emoción, sentía que podria llorar incluso.

—¿Estás bien?—preguntó Ichigo con curiosidad volviendo a donde la chica estaba.

—Es… es maravillosa—le respondió la morena emocionada, Ichigo la miró y luego vio a su alrededor.

—Ah… si, creo que lo es—respondió el descuidadamente, estaba muy acostumbrado a ese lugar y por eso no se le hacía gran cosa, volvió a mirar a Rukia y vió sus ojos violetas brillar de manera muy especial por la emoción, su sonrisa resplandecía haciéndola lucir tan bella—y bueno…—Ichigo puso su mano en su nuca—si tanto te gusta, es tuya—un gesto parecido a una sonrisa se dejó ver en su mascara.

—¿De verdad?—preguntó ella incrédula, dió una vuelta sobre su eje volviendo a ver el lugar, una sonrisa mucho mas grande se dejó ver. Ichigo sonrió complacido (o al menos eso parecía) y dio la vuelta, vaya que Rukia era una chica extraña—¿Has leído todos estos libros?—preguntó ella llamando su atención, el volteó a mirarla de nuevo.

—¿Cómo dices…?—preguntó Ichigo mirándola, vio de nuevo su sonrisa, llena de felicidad, de emoción, y asi fue como dijo lo primero que se le vino a la mente—No, no todos… algunos están en griego—Rukia lo miró unos instantes y después soltó una risita.

—Ese fue un gran chiste—dijo riendo—Porque fue un chiste ¿Verdad?

—Tal vez—respondió el joven muy serio y con un ligero rubor en sus mejillas, dio la vuelta y negó con la cabeza ¿Qué rayos estaba pasando con él?

Rukia se quedó ahí mirando como se marchaba a la mesa de la biblioteca, la sonrisa jamas abandonó su rostro, Ichigo le habia regalado esa enorme y hermosa biblioteca, no sabia porque pero eso no importaba, podría leer y viajar a tantos lugares distintos, dio un brinquito mientras reía con alegría, cada vez se convencía mas de que se había equivocado con el Señor del Castillo, Ichigo no era tan malo.


(1): Fragmento de "Sueño de una noche de verano" de William Shakespeare. 1595

Nota de la autora: Les dejo un nuevo capítulo, esperaba con ansias poder escribir sobre esta escena, es de mis favoritas en la nueva versión y es simplemente hermosa uwu es un capítulo más cortito, pero como dije, ya empezó el verdadero contacto entre nuestros protagonistas y dejarlos en ascuas le da mas picante al asunto 7w7

Gracias por leer :)