Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite. La Bella y la Bestia y sus personajes pertenecen a Disney. La imagen de portada es un fanart de Karoll Ann alias dangerousbride en tumblr. Fanfic con el único proposito de entretener y sin fines de lucro.


Capítulo 8: Un gusto en común.

Yumichikka se hayaba en el bosque, le daba la sensación de que era demasiado sofocante, pese a que era un espacio abierto, el se sentía en una prisión. Corría por el camino empedrado tratando de huir de lo desconocido, pero por mucho que corría no lograba avanzar nada. Una voz en su cabeza le anunciaba que había algo que lo amenazaba. Cuando logró avanzar, vio unas figuras cerca de un árbol, la oscuridad que lo rodeaba no le permitía ver con claridad. Se acercó un poco mas y su sorpresa fue grande al encontrar un grupo de lobos conglomerados en un solo punto. Se acercó un poco mas y vio unas pies que se asomaban entre el grupo de lobos. Estaba seguro de haber visto esos pies antes, eran los pies de Shunsui, a quien él y Renji habían abandonado en el bosque. Dio tres pasos hacía trás y un lobo al parecer escuchó su andar, ya que volteó a mirarlo, vió el hocico del animal cubierto de sangre.

—Oh por Dios—exclamó Yumichikka asustado. Los demás lobos también voltearon y empezaron a gruñir, el pelinegro empezó a retroceder con fija en los animales, ellos empezaron a caminar acechantes, el hombre empezó a correr por el mero instinto de sobrevivencia y los lobos empezaron a correr trás el, podía escuchar los ladridos y los gruñidos trás él—¡Auxilio! ¡Por favor, alguien ayúdeme!—gritaba desesperado tratando de escapar del grupo de animales, corrió unos metros mas hasta que la raíz de un árbol lo hizo tropezar cayendo boca abajo.

Giró sobre sí y gritó cundido en pánico al ver a los lobos llegar hacia él mostrando los colmillos, fue cuando uno de ellos brincó sobre él con sus fauces abiertas.

—¡No!—gritó Yumichikka levantándose. Tomó unas bucanadas de aire antes de mirar a su alrededor, estaba en la seguridad de su habitación—Ah… solo fue una pesadilla—se dijo así mismo pasándose la mano en el cabello. Habían pasado 2 dias desde que Renji dejó atado a Shunsui a un árbol en el bosque, y eso le traía un cargo de conciencia muy severo, cada vez que cerraba los ojos volvía a cambiar el panorama en el bosque, pero el hombre siempre estaba ahí atado—No puedo seguir así… debo hablar con Renji—se dijo una vez más. Se dejó caer en la cama y suspiró profundamente, cerró los ojos y trató de conciliar el sueño, en la mañana sería un nuevo día.


El sol brillaba en todo su esplendor, su habitación iluminada con luz natural era un espectáculo digno de ver, ahora Rukia comprendía porque Gin había dicho que esa era la mejor habitación del castillo. La morena luchaba contra la pereza de levantarse, se estiró aun en la cama y dió un sonoro bostezo. Se levantó lentamente y miró a su alrededor, a su lado había un libro abierto descuidadamente, hizo memoria y recordó estaba leyendo antes de quedarse dormida, recordó que ese enorme cansancio se debía a que había cuidado de Ichigo durante toda la noche anterior. Tomó el libro y puso el listón que tenía como separador, se levantó y se dirigió a la silla donde había dejado su vestido. Oh, sorpresa, no estaba.

—¿Que rayos…? Estoy segura que lo dejé aqui—se dijo y miró por toda la habitación. Si no encontraba el vestido sería un problema, era el único que tenía en su haber, la buena fortuna le había sonreido el dia anterior al encontrar el camisón que tenía puesto bajo la almohada—¿Qué voy a hacer ahora? No voy a pasaearme en camisón todo el dia—dijo poniendo las manos en jarras. Escuchó que tocaron la puerta y se puso nerviosa—Ah… ¡Un momento, por favor!—no sabía porque pedía un momento sino habia nada que hacer; se dirigió a la puerta y la abrió un poco solo asomando su cabeza—¿Si?—preguntó mirando hacía abajo, pero lo único que vio fue un par de pies blancos obligándola mirar arriba—Ah, Ichigo… ¿Qué hacés aquí?

—Oye, de donde vengo acostumbramos decir "buenos dias"—respondió el pelinaranjo gruñendo, Rukia lo miró enojada.

—Buenos dias—replicó ella—¿Necesitabas algo?

—Ah...—Ichigo de inmediato se quedó mudo—Venía a ver si estabas…—el joven se interrumpió asi mismo—Vengo a pedirte que me acompañes a cenar más tarde—dijo cerrando los ojos con vergüenza.

—Ah… claro… sería un placer—dijo Rukia con una pequeña sonrisa—Pero tengo un problema…

—¿Un problema?—preguntó el príncipe extrañado, la morena abrió la puerta completamente dejando ver su figura en un camison—¿Qué?

—¿Cómo que "que"?—preguntó indignada—perdí mi vestido—continuó dejando caer sus brazos descuidadamente.

—¿Y por eso tanto drama?—preguntó Ichigo mirándola con gesto aburrido, entró a la habitación con Rukia mirándolo con curiosidad—Eres una dramática—le dijo provocando malestar en la chica, se acercó al ropero de la habitación—Madame Orihime...—llamó el joven sin obtener respuesta—Madame Orihime—volvió a llamar y aún nada—¡Orihime!—gritó ésta vez provocando que el mueble diera un ligero grito por la sorpresa.

—¡Ah! ¿Qué pasa?—preguntó el ropero con voz perezosa.

—Rukia necesita un vestido… al parecer se llevaron el suyo para lavarlo.

—Oh, por supuesto, amo, yo me encargo—respondió Orihime bostezando.

—Listo, está arreglado… si necesitas algo, solo pidelo a los sirvientes… si no estás muda.

—Yo voy a dejarte mudo a ti—respondió ella levantando el puño.

—Si, como sea, te espero en el comedor para cenar—dijo Ichigo dirigiéndose a la puerta de la habitación—si necesitas alguna otra cosa, estaré en el comedor.

—Ah… gracias—dijo Rukia dudosa. Ichigo salió y cerró la puerta, la morena se quedó ahi parada sin decir nada, ese tipo la sorprendia cada vez más.

—Muy bien, Rukia—dijo Orihime llamando su atención—veamos que tenemos para ti.

—Cualquier cosa estará bien—dijo ella acercándose al ropero.

—Tonterias—dijo Orihime—eres nuestra invitada y debes lucir preciosa—el ropero movió sus manijas que fungían como manos y tomó un vestido rosa con diferentes matices, Rukia lo miró no muy convencida.

—Madame Orihime… esto…—tomó la falda del vestido y la estiró—parece una carpa.

—Si, parece muy raro, pero te aseguro que puesto se verá distinto—le dijo Orihime riendo con gracia.

La morena tomó el vestido en sus manos y se dirigió al biombo de la habitación. Suspiró y empezó a cambiarse, se colocó el vestido y debía admitir que Orihime tenia buen ojo -si es que los tenía- y había acertado en su talla. Rukia estaba consiente de lo difícil que era encontrar ropa que le quedara bien debido a su menuda figura, pero el vestido le habia quedado como guante y, como dijo el mueble, puesto se veía totalmente distinto y bastante bonito. Las mangas y la falda eran de color rosa palido y tenía encajes en los bordes decorandolos, el corsé era de un rosa más oscuro con bordados blancos y bordados. La parte de atrás se ataba con listones blancos ciñéndose a su figura. Rukia se sentía cómoda. Se miró en el espejo y sonrió, tenía que mostrarle a Ichigo. Salió de atrás del biombo y se dirigió a Orihime que luchaba por no quedarse dormida.

—Me quedó perfecto—dijo la morena lo suficientemente fuerte para que Orihime la escuchara pero no para asustarla, el mueble se movió, al parecer, para mirarla.

—Oh, Rukia, te ves preciosa—dijo el ropero con emoción—sabía que ese vestido era perfecto para ti.

—Gracias—dijo Rukia sonriendo cepillándose el cabello.

—Llevate esto—dijo Orihime extendiéndole una capa roja—es por si te da por salir, hace frío afuera… y hace juego con el vestido.

—Gracias—dijo Rukia nuevamente, se ató el cabello en una coleta y tomó la capa, inmediatamente Orihime se quedó dormida, la morena suspiró y fue por el libro que tenía en su cama y con la capa en la otra mano, salió de la habitación, caminó por el pasillo que la llevaba al recibidor de la casa y al llegar, se encontró con el perchero Sasakibe—Buenos días—saludó Rukia, el perchero hizo una reverencia y con uno de sus brazos extendidos pidió a Rukia su capa. Ella se la dió y continuó su camino a la cocina, sentía un poco de hambre. Llegó a la cocina y vio como todos estaban ocupados con sus respectivas tareas. Gin fue el primero que la vió.

—Buenos dias, Rukia—se acercó el candelabro—¿Dormiste bien?

—Si, creo que demasiado—respondió la chica riendo ligeramente.

—Si, pensamos que estabas muy cansada y te dejamos dormir mas tiempo—dijo Gin con alegría—Si me permites, Rukia, te ves muy linda con ese vestido.

—Gracias—respondió ella con timidez y una pequeña sonrisa.

—Buenos dias, mi niña—la saludó Unohana desde la mesa de la cocina—¿Hay algo que pueda ofrecerte?

—Buenos días… y si, por favor, tengo un poco de hambre—la morena puso su mano en su estómago.

—Oh, por supuesto, mi niña, ven—le indicó la tetera y la chica obedeció acercándose a la mesa—sirvete con confianza, hay pan tostado, mermelada, un poco de fruta y leche ¿Quieres un poco de té?

—Oh, no, gracias, con ésto estará bien—respondió Rukia sentandose, un carrito de servicio se acercó para darle un plato de la pila que tenia encima, la chica la tomó y puso una rebanada de pan.

—¡Buenos dias!—la saludó Yachiru con alegría.

—Buenos dias, Yachiru—respondió Rukia sonriendo y untando mermelada en su rebanada de pan.

—Quería preguntarte algo, pero mamá dice que es de mala educación hacerle preguntas personales a la gente—dijo la tacita molesta—ni siquiera se que son las preguntas personales—Rukia rió ligereamente.

—¿Qué es lo que querías preguntarme?—la morena le sonrió a Yachiru quien la vió emocionada.

—Quería saber… ¿Cuántos años tienes, Rukia?

—Ah, eso—dijo Rukia aun sonriendo—tengo 19 años.

—¡Bien! ¡Es la edad perfecta!—dijo Yachiru saltando y alejándose de la chica que quedó perpleja.

—¿Perfecta para que?—preguntó Rukia curiosa a la tetera.

—Para jugar o algo asi, ya sabes como son los niños—respondió Unohana un tanto nerviosa—por cierto, mi niña, no pude evitar notar que lees el libro favorito del amo.

—¿Lo es?

—Si, bastante extraño que no lo tenga él—respondió la tetera extrañada—ah, quizá decidió leer otra cosa.

—Oh, cielos—dijo Rukia en un susurro, lo más probable es que si es el libro favorito de Ichigo vaya a buscarlo a la biblioteca, asi que se apresuró a comer su pan tostado para dejar el libro en su lugar, limpió las comisuras de sus labios y se levantó para empezar a caminar.

—Rukia, por cierto...—la detuvo Gin—Me dijo el amo que compartiran la mesa en cena.

—Ah… si, es cierto.

—¡Grandioso! Daremos lo mejor de nosotros para que la cena esté perfecta—dijo el candelabro con emoción y suma alegria.

—Esperaré ansiosa la cena, mientras ire a la biblioteca—dijo Rukia sonriendo con sinceridad, salió de la cocina y caminó con prisa hacia el ala este, recordaba que el joven le dijo que estaría en el comedor, asi que no notaría nada. Llegó a la puerta de la biblioteca con el libro aferrado a su pecho, miró hacía los lados para asegurarse que el amo del castillo no la viera y abrió la puerta con lentitud, entró al lugar sigilosamente y cerro con cuidado, al sentirse a salvo suspiró profundamente mientras se recargaba en la puerta—Creo que nadie me vio—dijo tranquila, caminó hacia uno de los estantes en donde había un espacio vacio—Ah… al parecer nadie ha venido.

—No, porque hasta ayer, el único que entraba a la biblioteca era yo—dijo la voz de Ichigo tras ella provocando que la chica soltara un grito leve—salvo por Rangiku, ella entraba a sacudir.

—¿Desde cuándo estás aqui? Me dijiste que estarías en el comedor—preguntó la morena exaltada.

—Sin duda ese era mi plan, pero vine a buscar mi libro preferido, llevándome la sorpresa que no estaba—dijo el príncipe cruzando sus brazos.

—Ah… yo me lo llevé para leerlo… lo siento—dijo Rukia extendiendole el libro con gesto apenado.

—No, acaba de leerlo tu, ya lo he leido varias veces, además—dijo el pelinaranja mirando a su alrededor—no es como si los libros faltaran en este lugar.

—Entonces mi recorrido hasta aqui fue para nada—dijo la morena entrecerrando sus ojos con ligera molestia.

—La tonta fuiste tu, no yo—respondió el joven con burla, Rukia solo cruzó sus brazos con fastidio—como sea, ya encontré algo que leer—dijo levantando un libro por sobre su cabeza—ahora mismo iba al comedor a leer un poco—continuó empezando a caminar a la salida.

—¿Puedo ir contigo?—preguntó la chica atrás de él, Ichigo volteó sumamente sorprendido—Oh, por favor, de donde vengo es difícil encontrar un compañero de lectura—dijo Rukia con una sonrisa sincera, tener alguien con quien compartir su mayor afición -además de su padre- la emocionaba mucho, Ichigo tragó en seco y después carraspeó la garganta.

—Si es lo que quieres, adelante—dijo dando vuelta nuevamente hacía la salida—podemos esperar que nos sirvan la cena mientras leemos.

—Bien—respondió Rukia emocionada y corriendo para colocarse a su lado, Ichigo abrió la puerta cediéndole el paso a ella primero y cerrando tras él, empezaron a caminar uno junto al otro con libros en mano, ella lo miró de reojo y muchas preguntas inundaron su mente, pero una la intrigaba mas que las demás—¿Cuántos años tienes?—pregunto de repente.

—Oye, preguntar eso es de mala educación—respondió Ichigo con un leve rubor en sus mejillas.

—Eso aplica si eres una dama—le respondió ella con una sonrisa pícara, el príncipe gruñó en respuesta.

—Bueno… no estoy seguro—dijo él haciendo que Rukia lo mirara confundida—se supone que tengo 21.

—¿Se supone?—preguntó ella curiosa.

—Ya te contaron lo del hechizo ¿No?—preguntó, la chica asintió—bueno, esto es parte del castigo que me impuso la hechicera, es como si el tiempo no pasara aqui en el castillo, mis sirvientes y yo hemos tenido la misma edad desde que nos impusieron el hechizo.

—Vaya, debe ser horrible—se lamentó Rukia—¿Que es lo que intentaba demostrar esa mujer?

—No tengo idea—respondió Ichigo apretando su puño izquierdo y deteniéndose en el camino, Rukia quien habia avanzado unos pasos más, también se detuvo para mirarlo—No dudo que yo sea una persona tan ruin y egoista que merezca un castigo asi, pero mis sirvientes…—su puño se apretó un poco más—ellos no merecían nada de esto. Su único pecado fue y siempre ha sido quererme, asi como soy, y créeme Rukia, no hay día, no hay noche en que no sienta culpa de verlos asi, por arrastrarlos a esta miseria—los dos se quedaron en silencio unos momentos, Ichigo mantuvo su vista al suelo con una mirada dura y llena de dolor. Rukia se acercó a él y tocó su brazo, Ichigo levantó la mirada un poco encontrándose con la dulce mirada de la chica con una tierna sonrisa.

—Una persona que se preocupa tanto por los suyos no puede ser ruin y egoista—le dijo de manera comprensiva—si la hechicera hubiese visto este lado tuyo, jamás les habria impuesto ese cruel castigo—Ichigo volvió a mirar al suelo y Rukia volvió a tocar su brazo para llamar su atención—los ayudaré a buscar una forma de romper el hechizo, lo prometo—le dijo la chica sonriendo, Ichigo la miró y pensó que ella no tenía ni idea en lo que se metía.

—Gracias, enana—dijo empezando a caminar de nuevo.

—Yo tratándote bien y tu me llamas "enana"... Ingrato—reclamó la chica alcanzándolo. Llegaron al comedor e Ichigo se dirigió a su asiento en la mesa.

—Puedes sentarte del otro lado—le indicó a lo que Rukia obedeció, tomó asiento y miró a Ichigo que colocaba un atril en la mesa donde poner su libro.

—Que elegante...—dijo ella con burla.

—Callate, así es más cómodo—replicó Ichigo molesto.

—¿Hay algún problema si subo los codos a la mesa? Yo no tengo ese sofisticado artefacto.

—Se llama atril… y no, no hay problema que subas los codos a la mesa… nadie te va a ver, ridícula—le dijo Ichigo con gesto aburrido, Rukia respondió con un puchero.

Desde la cocina, los sirvientes observaban la escena con emoción, no daban crédito a lo que veían.

—Miren eso… esto va a pedir de boca—dijo Gin satisfecho viendo todo desde la puerta sobre una mesa de té.

—Es aún mejor, ellos están actuando por si solos—dijo Unohana con alegría.

—¡Seremos humanos otra vez!—gritó Yachiru con alegria.

—Shhh…—dijo Rangiku—será mejor que no noten que los estamos viendo.

—Vamos todos, atrás, hay que preparar todo para la cena—dijo Aizen cerrando las puertas empujando con sus manitas.

—Tienes razon—respondió Unohana dirigiéndose a la estufa—Don Kanonji… ¿Qué tiene pensado cocinar hoy?

—Se me había ocurrido una sopa de tomate, una ensalada verde y papas al horno.

—Me parece perfecto—dijo la tetera con alegria—bien muchachos, será mejor sacar la mejor vajilla para la ocasión.

Con esto dicho, el movimiento en la cocina se aceleró, al parecer el amo y su hermosa huésped empezaban a llevarse mejor y eso iluminaba mas los corazones de los sirvientes, su esperanza se hacía cada vez mas grande.

En el comedor todo estaba en silencio, Rukia esta muy ensimismada en la lectura, era algo nuevo, después de todo había leido los libros del padre Ukitake varias veces, y le gustaban mucho, pero esto era algo nuevo, por lo que la curiosidad de lo que sucedería después se acrecentaba en cada página leída. Por su parte, Ichigo trataba de concentrarse en el libro frente a él, pero cierta chica llamaba mas su atención, intentaba leer, pero la verdad es que no comprendía nada, Rukia se veía muy bella con ese vestido rosa, y durante numerosas ocasiones tuvo la intención de decirle lo linda que se veía, pero se contenía, después de todo que probabilidad había que la chica aceptara su cumplido de buena manera, lo más probable es que le dijera que era aterrador.

El tiempo siguió avanzando, Ichigo por fin pudo concentrarse en el libro que había escogido, había momentos en que levantaba la vista a Rukia quien ya llevaba varias páginas leídas, ambos acompañándose en silencio era algo que le estaba agradando mucho, estaba dispuesto a acostumbrarse a ello; parecía que no necesitaba nada más. Volvió su vista a su libro y de nuevo se concentró en la lectura. Pasaron unos momentos más y la paz del comedor se vio interrumpida por el sonido de un carrito de té que entró al lugar, pero al parecer sus dos ocupantes no lo habían notado. El carrito de té se dirigió hacia Ichigo que ya tenia su brazo sobre la mesa y recargando su rostro en su mano blanca.

—Amo… —le llamó Unohana con suavidad al llegar el carrito al lado del joven—Amo...—volvió a llamarlo, ésta vez, sobresaltándolo un poco.

—¿Eh?—dijo él casi en susurro al notar el llamado de su sirviente—Unohana ¿Sucede algo?

—Ya es hora de la cena, amo ¿Quiere que le sirvamos ya?

—Ah...—Ichigo dudó—Rukia…—la morena levantó con rapidez la cabeza—Ya es hora de la cena ¿Ya quieres comer?

—Creo que...—dijo la chica antes de ser interrumpida por un rugido de su estómago—Si, por favor—respondió un poco avengozada.

—Está dicho, solo serán unos momentos, con su permiso—dijo Unohana dirigiéndose nuevamente a la cocina.

Ichigo miró nuevamente a Rukia, ahí sentada con su vestido rosa, las palabras nuevamente quisieron salir pero simplemente no fluyeron. Unos segundos después, varios carritos de servicio entraron al comedor, llevaban platos, copas y cubiertos que se colocaron por si mismos frente a los dos comensales, inmediatamente, el perchero Sasakibe tomó una fuente de uno de los carritos y pasó sirviendo sopa en los platos de su amo y su acompañante; para después servir agua en las copas.

—Gracias por la comida—dijeron ámbos al unísono y se dispusieron a comer.

Rukia empezó a comer con calma, tomando sorbos pequeños y saboreando la deliciosa sopa que le habian dado. En sus adentros pensaba que podría pedir la receta al cocinero e prepararla por si misma alguna vez. Mientras Ichigo no había probado nada aún, miraba a Rukia de manera insegura, fue entonces cuando se decidió.

—Ah… Rukia...—la llamó, la chica levantó la vista mostrando una pequeña sonrisa—ese vestido...—el príncipe carraspeó un poco—te queda muy bien—terminó la frase con los ojos cerrados y un ligero rubor en sus mejillas.

Rukia lo miró sorprendida y sonrió aunque él no la viera. Ichigo puso una seevilleta sobre sus piernas para disponerse a comer. Fue una sorpresa para Rukia ver como Ichigo se inclinó sobre el plato y empezó a comer como si de un animal se tratara. La sopa se regaba por los bordes del plato ensuciando el mantel de la mesa, Ichigo se levantó para con la lengua limpiar los dientes que se habian llenado de salsa de tomate.

—¿Qué?—preguntó Ichigo al levantar la mirada y verna la chica observándolo.

—Nada—respondió Rukia desviando la mirada.

Después de eso, la cena continuó con normalidad.


En el bosque, una mujer de cabello blanco y pálida piel caminaba por el sendero que estaba marcado sobre la tierra, vestía ropa hecha de retazos de tela que además lucia sucia. Caminaba con expresion neutral, tan imperturbable, Sode no Shirayuki era una persona a la que era difícil leer. Se detuvo a un lado del camino y se agacho para cortar unas pocas plantas, las cuales puso en una canasta que llevaba en su brazo, éste estaba lleno de varias hierbas que ella conocía y sabía usar muy bien. Se incorporó y casi sin cambiar su expresión, vio a un hombre atado unos metros mas adelante, con rapidez se dirigió hacía y empezó a desatarlo.

—Shunsui… Shunsui—le llamó ella con una voz grave, pero clara, el hombre empezó a reaccionar—gracias al cielo, está vivo.

—Sode…—le llamó él—¿Qué haces aqui?

—Eso no importa, venga—le respondió la mujer ayudándole a levantarse—vamos a mi refugio—continuó apoyando a Shunsui sobre sus hombros y empezando a caminar.

Caminaron lentamente hasta llegar a un lago, a unos metros de la orilla, bajo las raices de un gran árbol, Shunsui vio que había ollas, platos, jarrones y una improvisada cama hecha con hojas y telas, humilde pero acogedor pensó él.

—Un poco más, ya casi llegamos—le dijo Sode. Al llegar al refugio, Sode lo recostó sobre la cama y se dirigió a un montón de leña que tenía cerca, le prendió fuego y con un jarron fue a lago oara llenarlo de agua y ponerlo sobre el fuego. Tomó unas cuantas hiervas que tenia en una tabla de madera que fungía como mesa y unas cuantas del canasto que dejó descuidadamente en el suelo. Shunsui recostado recobraba el aliento.

—Agua… necesito agua, por favor—pidió el jadeante.

—Un momento, por favor, le daré toda el agua que quiera una vez que tome una infusión de hierbas… está muy débil—le dijo Sode limpiando un poco su rostro.

—Gracias, Sode… no se cómo agradecerte.

—No se preocupe… ¿Quién le hizo esto?—le preguntó la mujer.

—Renji...—respondió el relojero—Renji fue—continuó con debilidad, Sode lo miró ligeramente sorprendida—el quiere casarse con mi hija, yo le dije que no… no se que quería lograr—dijo Shunsui con lagrimas brotando de sus ojos.

—Shh… tranquilo—le dijo Sode con calma—espere un momento—la mujer se dirigió a la fogata y tomó el jarron, lo llevó de regreso a su refugio y sirvió el líquido en un vaso que después le dio a Shunsui, el hombre la infusión con desesperación tratando se saciar su sed.

—Gracias… muchas gracias—dijo el hombre—ahora debo ir a salvar a mi hija—continuó tratando de levantarse.

—No, Shunsui, debe descansar—le dijo Sode recostandolo una vez más—ya iremos a salvar a su hija.

—Rukia… hija mía—dijo Shunsui antes de quedarse dormido.

Sode lo miró y después suspiró profundamente, miró hacia el lago y caminó ansiosa.

—Esto se está saliendo de control—dijo ella preocupada y miró a Shunsui quien ajeno a lo que ella decia, se dejó caer en los brazos de Morfeo.


Nota de la autora: Si, peguenme pero no me dejen ;-; este hiatus fue involuntario :'v no es falta de inspiración, es falta de tiempo :'v pero miren, aproveche el tiempo que me dejaron esperando para mi ccnsulta xD no todo esta perdido. Espero poder actualizar pronto, nobles prometo nada :v