Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo, La Bella y la Bestia y sus respectivos personajes pertenecen a Disney, la imagen de portada es una fanart hecho por Karoll Ann aka dangerousbride en tumblr. Fanfic hecho con el único propósito de entretener y sin fines de lucro.


Capítulo 11: El París de mis recuerdos

Ichigo caminaba sigiloso por los pasillos del castillo, miraba a todas direcciones evitando encontrarse con alguien en su camino, se dirigió a la biblioteca y entró, no sin antes ver si había alguien dentro; al declarar zona segura, cerró la puerta tras él y dio un profundo suspiro. Rukia y él pasaban la mayor tiempo juntos, e Ichigo vaya que lo disfruraba, ya hace un tiempo él se había admitido sus sentimientos por la chica, asi que cada momento con ella era algo invaluable, pero solo había ciertos momentos en que él podía estar solo y disfrutar de su placer culposo: un libro que relataba un romance. Se dirigió a un estante en la biblioteca y revisaba los lomos de los libros buscando el deseado; sonrió al encontrarlo y lo guardo debajo de su saco. Sabía que si se quedaba en la biblioteca, Rukia en cualquier momento llegaría y haría un comentario acerca del libro y eso sería muy vergonzoso, sobre todo después de lo que dijo del libro de Romeo y Julieta, salió de la biblioteca y se dirigió a los jardines del castillo. Ahi nadie lo buscaria.

Rukia caminaba con Gin y Aizen, su tarea de limpiar el salón de baile recién habia terminado, asi que iban con rostros satisfechos ya alegres.

—Ah… me alegra por fin haber terminado—dijo Rukia estirando sus brazos hacía arriba.

—Han sido días muy atareados—dijo Gin caminando de espaldas para poder ver a Rukia—sobre todo para ti que has tenido que cuidar que el amo no te descubra.

—Lo sé… y aún no se como le voy a dar la sorpresa—la chica talló sus manos con nerviosismo.

—Yo sigo pensando que es una mala idea—dijo Aizen con ceño fruncido—se que cuando el amo vea lo que hicieron con el salón de baile, se enfadará ¿Y saben quien tendrá la culpa? ¡Yo! Esto no era parte de mi plan.

—No te preocupes, si algo sale mal, yo solo diré la verdad… que todo fue mi idea—dijo la morena sonriendo con seguridad.

—Tranquilo, amigo mío—Gin abrazó al reloj mientras reía con alegría—si Rukia dice que es su idea, es imposible que el amo se enfade ¿Verdad Rukia-chan?—preguntó el candelabro mirando picaramente a Rukia quien se sonrojo ligeramente.

—No podría estar mas de acuerdo, el amo es muy considerado con Rukia—la señora Unohana dijo mientras se acercaba a ellos sobre su carrito de té, y como siempre, con Yachiru a su lado.

—Buenas tardes, señora Unohana—saludó la chica—¿A dónde van?

—¡Vamos al jardín a jugar!—dijo la tacita emocionada—anoche cayó nieve, y en una de las escalinatas se hace una colina para deslizarse.

—¡Eso es genial, Yachiru! Vamos, yo también quiero deslizarme—dijo Gin con emoción.

—Ire con ustedes para cuidar que no se hagan daño—dijo Aizen poco convencido.

—¿Qué me dices tu, querida?—preguntó la tetera mirando a Rukia—¿Quieres acompañarnos?

—Pero yo no podré deslizarme…

—No te preocupes, linda, la compañia de la gente que queremos siempre es bienvenida—respondió Unohana sonriendo.

—Está bien, muchas gracias—dijo Rukia con suma felicidad—yo también los quiero mucho—les dijo a todos los sirvientes haciendo que sonrieran conmovidos.

—¡Te queremos, Rukia! Nunca nos dejes—dijo Yachiru dando un brinco de alegría—Ahora, vamos a jugar, por favor.

—Claro que si, hijita, vamos—todos se dirigieron a la salida, Sasakibe, quien estaba frente a la salida, le extendió una pequeña capa a Rukia para abrigarse del frío; ella agradeció y junto a los sirvientes se dirigió a una escalera en la entrada del castillo que estaba llena de nieve.

—¡Mamá! ¡Mamá! ¿Ya puedo lanzarme? Dime que si, anda—pidió Yachiru dando pequeños brinquitos en el carrito de té.

—Claro que si, solo ten cuidado.

—¡Si!—gritó la tacita emocionada dando un gran brinco y deslizándose sobre la nieve, al final, su recorrido terminó al llegar a un suave montón de nieve en el que terminó enterrada—¡Rukia! ¿Me viste? ¿Qué tan rápido fui?

—Fuiste muy rápido, casi no te veo—dijo la chica sonriendo.

—Anda, lanzate conmigo aunque sea una vez—rogó la tacita haciendo un puchero.

—Me temo que si me lanzo en tu colina, no quedaría nada de ella, pero gracias.

—Vamos, Yachiru, yo me lanzaré contigo—le dijo Gin abrazándola—después lanzaremos a Aizen.

—¡A mi no me metan en sus juegos!—reclamó el reloj—alguien tiene que guardar compostura aqui.

—Por eso eres un aburrido, amigo—le dijo Gin—como sea, vamos Yachiru-chan—él y la tacita se lanzaron juntos, el candelabro empezó a reir y gritar en una mezcla de terror y diversión lo que causó que Unohana y Rukia rieran divertidas. Rukia al terminar de reír, giró la cabeza y lo vio, Ichigo estaba al otro lado del jardín sentado en una banca leyendo, al ver que los sirvientes no notarían su ausencia, empezó a caminar en dirección al joven.

Ichigo estaba muy concentrado en su lectura, muchas veces había visto ese libro en los anaqueles de la biblioteca, pero nunca llamó su atención hasta ahora, era un tanto trágico pero no era algo que no pudiera manejar.

—¿Qué estás leyendo?—oyó esa voz que tanto adoraba cerca del él, sin más cerró el libro tratando de lucir tranquilo.

—Nada…—contestó Ichigo tratando se hacerse el desentendido.

—Oh… al parecer es "Ginebra y Lancelot"—dijo Rukia en un ligero tono burlón.

—En realidad trata sobre el Rey Arturo, y tiene espadas, caballeros, mucha sangre, peleas y sangre… ya sabes, cosas de hombres.

—Pero igual… tiene un romance, y uno muy trágico para variar—respondió la chica sonriendo burlona.

—Ya, tu ganas, ahora deja de molestar—Ichigo desvío la mirada avergonzado, ahora la morena no lo dejaría en paz, Rukia lo miró aún sonriendo, recordó el tema del salón de baile y de algún modo tenia que sacarlo a relucir.

—Por cierto, Ichigo...—lo llamó haciendo que el girara a verla—yo… nunca te agradecí por salvar mi vida en el bosque—dijo ella sonriendo de manera dulce al joven, ésto provocó que el se sonrojara.

—Ah… pues—empezó a decir nervioso—yo no te agradecí por no dejar que me devoraran los lobos… asi que estamos a mano—dijo el desviando la mirada nuevamente, Rukia rió divertida por su actitud, a lo lejos pudieron escuchar la risa de los sirvientes que seguían jugando en su pequeña colina.

—Al parecer se están diviertiendo mucho ¿Porqué no vamos con ellos?—sugirió la chica.

—Me gustaria, pero cuando me aparezco se acaba la risa.

—¿Enserio? Pero yo me divierto mucho contigo—dijo Rukia extrañada.

—Oh… gracias—dijo Ichigo poco convencido, se quedaron un momento en silencio.

—Me pasaba igual en la aldea—dijo Rukia rompiendo el corto silencio.

—¿De verdad?—preguntó Ichigo curioso—¿Porqué?

—Todos en la aldea dicen que soy extraña, no les cabía en la cabeza que una chica disfrutara de la lectura.

—Lo siento mucho—dijo Ichigo—en tu aldea todos parecen ser unos idiotas ¿Y nadie hablaba contigo?

—Ademá de mi padre… solo dos personas, el padre Ukitake, que me prestaba los pocos libros que tenía en la iglesia y… Renji—terminó Rukia con molestia.

—Al parecer… no te agrada—Ichigo la miró con curiosidad.

—Podriamos decir que era un… pretendiente—dijo Rukia mirando sus pies.

—¿Se te declaró?—preguntó el principe con tono de estar enterandose de un gran chisme.

—Si, el dia que llegué aqui a tu castillo, el muy imbécil se me declaró—dijo la morena con suma molestia.

—¿El que se te haya declarado lo hace un imbécil?—preguntó Ichigo sintiendo temor si el llegase a confesarle sus sentimientos.

—No, eso no lo hace un imbécil, lo que si es que él piense que por vivir en una aldea yo tenga que limitarme a solo buscar marido, tener hijos y atenderlos toda la vida, lo hace un imbécil decir que me quiere pero que igual quiera cambiarme porque no me ajusto a lo que él y el resto de los aldeanos esperan de una mujer, y lo hace el mas grande imbécil de todos pensar que porque es el hombre mas querido de la aldea yo iba a aceptarlo sin dudar un segundo—contestó Rukia con suma molestia.

—Vaya… ese tipo y tu aldea suenan horribles—dijo Ichigo mirando al suelo con una expresión casi de asco, Rukia tenía un potencial enorme y ese sujeto y los aldeanos querian limitarla a solo lavar ropa y cocinar, sentía ganas de golpearlos solo de pensarlo—¿Nunca te dieron ganas de escapar?

—No tienes ni idea—respondió la chica suspirando un tanto aliviada, aliviada de que Ichigo la comprendiera, de sentirse apoyada.

—Ven, acompáñame—dijo el joven tomando a Rukia de la mano, la guió hasta la biblioteca, al llegar, Ichigo hizo que Rukia lo esperara junto a una mesa que ya tenía un atril sobre ella, fue a un estante casi vacío y tomó un libro grande de color dorado, volvió con Rukia y abrió el libro, tuvo que soplar para quitar el polvo que habia en él y lo colocó en el atril. Su páginas mostraban un mapamundi con pequeños destellos dorados.

—¿Y éste libro?—preguntó la morena mirándolo intrigada.

—Es otro regalo de la hechicera, si quieres llamarlo asi, es un libro que te permite escapar… ir a donde tu quieras.

—Es… maravilloso.

—No… solo es su castigo mas cruel—respondió Ichigo con tristeza—en el mundo, no hay lugar para una criatura como yo—continuó el con un tono desolador—pero tu, tu puedes ir a donde desees y ser lo que tu quieras, tu puedes ser libre, Rukia, sin las presiones de tu aldea ni de nadie—dijo él mirandola con ternura, extendió su mano y Rukia la tomó, la guió hasta el libro—ahora… debes pensar en algún lugar al que quieras ir, enfócalo en tu mente y después en tu corazón.

Rukia cerró sus ojos pensando a donde queria ir, pero lo único que pensó fue que necesitaba respuestas, de pronto sintió como si una fuerza jalara de ella y de Ichigo, quien aun sostenía su mano, de pronto sintió frío y que flotaba en el aire, abrió los ojos y varias imágenes pasaron frente a ella, hasta que de pronto vio solo como se acercaban a un humilde molino con la catedral de Notre Dame a lo lejos. Ichigo y Rukia se detuvieron en seco, él soltó la mano de la joven y miró alrededor confundido, Rukia por su parte recorria el lugar con la mirada un poco estupefacta.

—¿En dónde estamos?—preguntó Ichigo.

—Paris—contestó Rukia escuetamente sin salir de su estupor.

—Oh, gran elección, dime… ¿Qué lugares bte gustaria visitar?—Ichigo miró por una ventana observando que lugares tenían cerca, después miró a Rukia quien aun recorría el lugar con la mirada—Oh quizá… es una pésima idea.

—Es más pequeña de la que imaginé...—dijo ella sin mirarlo, estaban dentro del molino, era un lugar bastante pequeño, en el centro habia una mesa circular de madera con tazas y platos cubiertos por telerañas, las paredes estaban tapizadas por varios bocetos que, Rukia pensó, la intención ers pintar después. La mayoria eran de una mujer pelinegra sonriendo. En un rincón habia una cama cubierta de polvo, junto a ella había una silla y una cuna, la que contenía varios bocetos, pero ésta vez de un bebé. Rukia se acercó a la cama y habia una pequeña rosa de cristal dejada de manera descuidada, la chica la reconoció como la rosa que siempre vio en varios cuadros en casa.

—¿A dónde nos trajiste?—preguntó Ichigo acercándose a la chica con cuidado.

—Quise venir al lugar a donde nací—contestó la morena empezando a caminar para recorrer el lugar—pero… no imaginé que fuera asi—Rukia giró en su lugar volviendo a ver todo—solo puedo pensar lo mucho que papá tuvo que trabajar para tener la casa en la aldea—la chica se sentó en la cama, necesitaba respirar, necesitaba calmarse.

—Siempre hablas de tu padre… pero ¿Y tu mamá? ¿Qué pasó con ella?—Ichigo se arrodillo frente a ella y tomó su mano para brindarle apoyo.

—Es una historia que papá aun no se atreve a contar—le respondió Rukia sin terminar el contacto, después volteó a su lado y vio nuevamente la rosa de cristal, con su otra mano la tomó y la frotó con sus dedos. Ichigo soltó a Rukia y se puso de pie, con la mirada recorrió nuevamente el lugar tratando de encontrar algo que les dijera que pasó. Vio algo sobre un pequeño sillon alejado de donde estaban, caminó hacía el y lo que encontró lo aterró, aunque por ls chica, él sabia que debía mantener compostura.

—Una máscara de doctor—dijo él tomando el objeto en sus manos, era una mascara de piel, alargada en forma de pico de color negro, tenia unos cristales en donde van los ojos.

—Eso… ¿Qué significa?—preguntó ella acercándose a dónde Ichigo estaba, Rukia sabía lo que quería decir, pero no se atrevia a decirlo por su cuenta.

—Peste… lo siento mucho, Rukia—le dijo el príncipe bajando la mirada.

Rukia cubrió su boca con su mano mientras volvía a ver a su alrededor, podía imaginarse cualquier cosa, menos eso, pero entonces ¿Cómo sucedio? ¿Cómo fue que ella y su padre terminaron viviendo en una aldea lejos de París? Como si de una suplica se tratara, imágenes aparecieron frente a Rukia, imágenes de lo que sucedió esa noche.

El médico cerró enérgicamente su bolso, mientras botaba su máscara a un lugar desconocido, estaba cansado, estaba enojado de ser médico y no poder hacer nada, la impotencia lo estaba carcomiendo.

No puedo hacer nada, lo lamento… Usted debe irse y llevarse a su hija si no quiere que pasen por lo mismo.

¡Doctor! ¿Está seguro? ¿Ya no hay nada que hacer?—preguntó un Shunsui que se veia notablemente más joven.

Señor, esto ya lo he visto, tienen que irse ya—dijo el médico y salió del lugar cerrando la puerta de un azotón.

Shunsui...—llamó una mujer desde la cama, lucía pálida, pero aun así se podia apreciar su belleza, era de complexión delgada, cabello negro y ojos azules, un semblante serio pero dulce, miraba con dolor a su esposo quien ya se acercaba a su lado—debes hacerle caso al doctor, por favor, llévate a Rukia.

No, Nanao, debe haber algo que podamos hacer, lo que tienes solo es un poco de fiebre...—dijo Shunsui tratando de convencerse asi mismo.

Shunsui, los dos sabemos lo que pasará—dijo Nanao seria antes de toser un poco, su esposo logró ver que su cuello estaba inflamado y su supuso que eso le dificultaba respirar—por favor, te lo ruego… no dejes que Rukia se contagie—le pidió ella con lágrimas en los ojos.

Nanao...—Shunsui también podía sentir como sus ojos se ponían acuosos—la protegeré de todo y de todos, te lo prometo.

Estoy segura que harás un gran trabajo…

Te amo, Nanao y siempre te voy a amar...—le dijo Shunsui tocando por última vez el rostro de su esposa.

Lo sé, yo tambien te amo...—dijo ella haciendo que la soltara—ahora vete… y cuídate mucho—Shunsui obedeció y fue por la pequeña bebé que estaba en la cuna, la arropó bien y se dirigió a la puerta, vió una vez más a su mujer que los observaba con una sonrisa en su rostro pero igual con lágrimas en sus ojos, Shunsui salió y cerró la puerta tras él. Nanao tomó la pequeña rosa de cristal que estaba junto a ella, el único recuerdo que quedaba de su familia, sabía que no le quedaba mucho tiempo, pero estaba conforme sabiendo que su esposo e hija estaban a salvo.

Rukia rompió en llanto, se arrodilló frente a la cama pensando lo que su madre tuvo que pasar sola y le dolía, les desgarraba el alma, sus padres tuvieron que separarse para protegerla y no podía siquiera imaginar el dolor que eso tuvo que causar en Shunsui. Ella sabia que su padre aún amaba a su madre, lo sentía cada vez que él le contaba historias, el tono de su voz emanaba tanta pasión, tanta admiración y una enfermedad habia arruinado todo.

—Rukia…—Ichigo la llamó poniendo su mano en el hombro de ella.

—Mi madre... se quedó aqui sola y mi padre tuvo que dejarla por mi culpa—dijo ella llorando sin consuelo.

—No, Rukia, esto no es tu culpa—le dijo Ichigo poniendose a su altura—ellos hicieron lo que pudieron para mantenerte a salvo—el principe levantó el rostro de la chica con sus manos—mírame—dijo firmemente—ese fue el deseo de tu madre—Rukia se calmó un poco y ésta vez lloró en silencio—yo...—dijo Ichigo inseguro—lamentó haber dicho que tu padre era un ladrón, solo Dios sabe lo mucho que se esforzó para hacerte de la persona que eres ahora.

—Volvamos a casa, por favor—pidió Rukia entre lágrimas, el príncipe sabía que no era el momento, pero no pudo evitar sonreir internamente, Rukia consideraba el castillo como su hogar y eso lo hacía feliz.

—Claro, yo me encargo—Ichigo rodeo a Rukia por sus hombros con su brazo, cerró los ojos y visualizó el castillo, nuevamente sintieron como una fuerza los jalaba y en un parpadeo estaban de vuelta a la biblioteca, Ichigo se agachó ligeramente para quedar a la altura de Rukia y observarla—¿Ya estás bien?—preguntó, y sin previo aviso, ella se lanzó a abrazarlo para volver a llorar con fuerza, Ichigo por poco pierde balance pero lo recuperó de inmediato y rodeó a la chica por la cintura, admitia que la posición en la que él estaba era un poco incómoda ya que Rukia era mucho mas bajita que él, pero no importaba; lo que si importaba, es que oir a Rukia llorar le estaba rompiendo el corazón y sentia impotencia de no poder hacer nada—Tranquila… solo recuerda que eso lo hizo tu padre para protegerte—dijo Ichigo haciendo que el llanto de Rukia se detuviera un poco—y que además, tu madre fue una mujer muy valiente, virtud que le heredaste, ahora debes hacerle honor a ese valor y disfrutar de tu vida—le dijo en voz baja sin soltarla. Rukia se quedó en silencio, ya no lloraba, pero no queria soltar a Ichigo, se sentía segura y reconfortada, como si nada fuera a sucederle. Asi se quedaron, abrazados y en silencio, nada faltaba, el momento era perfecto, solo una pequeña tacita celebraba en silencio mientras los observaba desde la puerta.


Nota de la autora: Los dias de consulta son dias muy fructuosos, amigops :D es por ello que conseguí completar este capítulo que ansiaba escribir, me agradó mucho que en Live Action ahondaran en el pasado tanto de la Bestia y Bella, fue un detalle importante, saber que los llevó a ser como son. Por supuesto que yo agregué algunos detalles mas xD casi estamos llegando al final, de wue termino este fic lo termino :v