Disclaimer: Los personajes no son míos les pertenecen a sus respectivos dueños.
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Capitulo 4: No hay tiempo para precauciones
Fred junto con Wasabi después de bajar del avión, lo primero que hicieron fue encargar pizza. Esperaron al delivery fuera de la torre Xanatos, donde ellos y el resto se hospedarían hasta que David Xanatos no necesite a Hiro y sus microbots. El muchacho de las pizzas bajó de su motocicleta y se acercó a los muchachos que, se refregaban sus manos por el hambre voraz.
-¿Estan seguros de poder pagar esto? Es como para alimentar un ejército.
-Nosotros somos un ejercito eh… Ben. – Dijo Fred tras leer el nombre del repartidor grabado en su camisa.
-Descuida muchacho, son los invitados. – David Xanatos apareció detrás de ellos, entregando el dinero.
-Gracias chico. – Le deseó buen viaje Wasabi al repartidor. - ¿Viste ese reloj en su muñeca?
-Parecía futurista. Casi alienígena. – Opinó Fred comiendo ya una porción de pizza.
-En Manhattan pasan muchas cosas chicos. Espero que mi torre les sea de su agrado. – Dijo David Xanatos caminando con ellos.
-¡Es fantástica! Encima tiene un castillo en la cima. Yo si quisiera tendría uno pero mis padres ya no toleran que gaste el dinero en tonterias. Suficiente que gasto en historietas y muñecos de héroes.
Los chicos de San Fransokio quedaron fascinados con la avanzada tecnología que el empresario de Manhattan tenia en su poder. Su compañía era la número uno en el mundo, superando a Krei y demás competencias. Los chicos se quedarían en el castillo durmiendo en las enormes habitaciones medievales que a pesar de los años pasados, los muros hablaban. Honey Lemon observó una de las tantas fotos que había en la sala del castillo. Era Xanatos con una mujer pelirroja y un muchacho adolescente. La chica supuso que era su esposa e hijo pero para no incomodarlo, le preguntaría luego. En una sección especial y casi secreta, Hiro con la ruda Gogo merodeaban una de las salas con extraños artefactos cubiertos con vidrio, como si fuera a protegerlo del polvo. La asiática de pelo corto se acercó a un látigo no de cuero, si no hecho de cadena con una esfera de metal al final al igual que el mango. Gogo comenzó a leer las letras grabadas en la placa de oro.
-"Clan Belmont" ¿Qué clase de hombre colecciona estas cosas?
-¿Acaso no te gustan las motos de carreras?
-Eso es una pregunta tonta viniendo de ti Hiro.
-Seguro que tú harías lo mismo con una colección de motos de ultima generación. ¡Hasta yo haría lo mismo con los robots de pelea! Pero en verdad Gogo, este David es algo extraño.
¿Porqué ella fue con el? Los requisitos de Xanatos era que sólo Hiro Hamada vaya con él. Los demás fueron para apoyarlo si Gogo no quería ir, era su decisión ¿Acaso fue por algo más? Nunca obedeció a sus sentimientos y no tenia tiempo para tontear con alguien. Pero de todas formas, cuando fueron juntos a la carrera en la noche, disfrutó de la compañía del chico. ¿Acaso ella…
-Hiro yo…
-Disculpen. – El secretario personal de Xanatos, Owen Burnet apareció como si nada, como por arte de magia. Eso hizo que Gogo no hablara. – El señor Xanatos preparó la mesa. Si me permiten los guiaré hasta su oficina. Sus amigos están ahí.
En otro momento, la asiática de pelo corto hablaría.
La oficina daba una excelente vista a la ciudad de Manhattan. Hasta se podía ver a los helicópteros surcando los cielos. Mientras los chicos comían las deliciosas porciones de pizza y bebían refrescos helados, Gogo de reojo observaba la mirada de Xanatos clavada en la pantalla de su computadora. No era esas miradas comunes, eran de preocupación con desilusión. Después de apagar la pantalla, David se acercó a sus joviales residentes.
-Por lo menos hay pizza de sobra.
-¿Quiere un poco David? Está riquísima, le recomiendo la de peperoni o la de roquefort. – Fred habló con la boca llena.
-Muchas gracias pero ya comí. Escuché que merodearon por ahí, estoy listo a sus preguntas.
-¡Yo yo yo! – Hiro fue el primero. - ¿Es verdad que trajiste este castillo desde Escocia?
-Ladrillo por ladrillo mi amigo. Quedé fascinado por la leyenda y maldición que recorren estos muros. Si quieren puedo entretenerlos.
-Una historia, me encantan las historias. – Wasabi como un niño se preparó para escuchar el relato como los demás.
-Hace diez siglos atrás. – Xanatos habló. Ya tenía la atención de los chicos, incluyendo Baymax. – En Escocia, éste mismo castillo era asediado por bárbaros del norte. Guerreros con escudos y hachas que partirían en dos a un hombre. La defensa caía ante el invasor hasta que, llegando el atardecer, cuando el Sol se oculta, las gárgolas de piedra se convertían en seres de carne y hueso. Los monstruos pudieron ahuyentar al enemigo con fiereza, fuerza, estrategia, hermandad.
-¿Y que pasó luego? ¿El zoológico los atrapó? – Bromeó el muchacho de la gorra.
-Las traicionaron. En esa confusión, un mago las hechizó con una maldición. "El hechizo se romperá cuando el castillo se eleve sobre las nubes". Y bueno, como toda historia, era una leyenda. – Xanatos bajó la vista con melancolía.
-¿Y las gárgolas de piedra? – Preguntó Honey Lemon.
-Un generador explotó y se las llevó. No pude reconstruirlas. De todas formas, tengo el castillo.
-Perdón por ser un poco curiosa. – Se disculpó con una sonrisa la chica alta antes de hablar. – Pero ¿Estuvo casado, David?
-Si. Mi esposa se divorcio de mi por un motivo: el trabajo. Se llevó a mi hijo Alexander con ella. De vez en cuando hablo con él y arreglamos para vernos. Esto es lo que pasa cuando le dedicas más tiempo al trabajo que a la familia. Pero mejor no nos pongamos melancólicos. Háblenme de ustedes.
David Xanatos escuchó con atención a la historia detrás de cada muchacho presente. Con Fred rió. Con Wuasabi asentó. Con Honey Lemon tuvo exceso de azúcar. Con Gogo suspiró. Aquella asiática no habló mucho sobre su familia. Con Hiro quedó pensativo. El muchacho demostró tener madurez al enfrentar la muerte de su hermano. La charla cambió de rumbo, contando anécdotas fantásticas de como llegaron a la universidad. Owen Burnet se acercó a su jefe, hablándole muy de cerca para que los presentes no oyeran.
-Bueno chicos, de seguro deben estar exhausto con el viaje. Owen los acompañará a sus habitaciones.
-¿Quiere que le ayudemos con esto? – Hiro se ofreció a limpiar la mesa.
-No te preocupes, ve a dormir que mañana hay que trabajar. Buenas noches a todos.
Xanatos esperó a que nadie quedara en su oficina. La última en salir fue Gogo que notó inquietud en el empresario. Owen cerró la puerta y David se acercó a su computadora. Al prenderla tenia una imagen de su equipo, dividida en tres pantallas. Era una llamada importante.
-¿Lo encontraron? – Xanatos fue el primero en hablar.
-No hay rastros de él. – Dijo el hombre de facciones rudas.
-Está jugando con nosotros David. – Dijo la mujer de anteojos.
-Hay que hacer un cebo ¿Ya reparaste el satélite? – Preguntó la morena de melena negra.
-Hiro y sus amigos ya están aquí. Cuando lo repare les diré la verdad.
-Son sólo chicos David. – La mujer de anteojos levantó sus cejas sin interés.
-¿Voy a esperar a que se enfrenten al enemigo sin antes conocerlo? Quiero que estén preparados cuando venga. Sigan buscando, tarde o temprano aparecerá.
Las tres personas cortaron la videollamada. Xanatos quedó viendo la pantalla en negro con sus dedos entrelazados. Hiro y sus amigos no estarían listos para saber el verdadero propósito de su reunión. Tampoco quería asustarlos con lo que hay merodeando afuera. De todas formas, David tenia que enlistarlos para la batalla lo mas pronto posible.
Ya en los dormitorios, el grupo se acostó en sus respectivas camas. Cada una mas cómoda que la otra. Los muchachos hablaron del trabajo de mañana. Sería toda una hazaña en controlar los microbots desde la Tierra. Llevaría el control mental a otro nivel. Cada uno se despidió y cerraba sus ojos y Baymas se colocó en su caja, para cargarse toda la noche. Gogo esperó una hora hasta que sus amigos fueran vencidos por el sueño. Se calzó sus zapatillas, se colocó abrigo y salió de la habitación. No tardó en llegar hasta la oficina de Xanatos. No había cámaras, un punto a su favor. La mesa donde comieron ya se encontraba limpia. Se acercó a la computadora y al prenderla, requería una contraseña para su acceso total.
-Rayos… Tampoco quiero bloquear la máquina… Espera… ¿Cómo se llamaba su hijo?
Gogo escribió "Alexander", la contraseña era correcta. Le sorprendió lo rápido que la descifró ¿David Xanatos lo habría hecho a propósito? La pantalla de inicio no era como las demás máquinas. Había carpetas con nombres extraños. La asiática comenzó a inspeccionar una de ellas. "Brujas en Italia", "Dioses del Olimpo", "Eternidad ", "Fantasmas en Japón ". Eran artículos de noticias que gente extraña tendría y David poco a poco, se estaba volviendo una de ellas. Gogo se percató de que no era una hora donde las chicas curiosas estén despiertas. Apagó la computadora, salió de la oficina de Xanatos y regresó a su dormitorio. De puntas de pie, se acercó a la cama y se acostó.
-En que nos metimos, Hiro…
La asiática se sintió preocupada por los motivos que tenía el empresario a con él. ¿Gogo sentía algo más que el cariño de la amistad? ¿Acaso ella lo quería de otra manera? Siempre se sintió cómoda con la compañía del chico Hamada. Toleraba sus gustos, y como muestra de afecto, lo golpeaba en vez de abrazarlo en comparación como hace Honey Lemon. No quería demostrar ningún síntoma de debilidad, pero ¿Hasta cuando dejará de actuar de esa manera? Gogo soltó un suspiro al pensar en Hiro y como el resto del grupo, se durmió.
…
Hoy era el día. Hiro combinando su conocimiento junto con las maquinas de Xanatos, logró hacer sus microbots el resto de la mañana. Había dos cohetes. Uno era para los microbots y otros eran para los repuestos del satélite. David ya tenia listo el lugar donde comandarían la misión espacial. El chico se sentó en una silla frente a las enormes pantallas donde podría tener una visión óptima del satélite dañado.
-Eh jeje David.
-¿Nervioso Hiro?
-Ya rugiste je ¿Cómo sabré si estoy reparando el satélite?
-Owen logró conectarse a las cámaras sanas y la cápsula donde van los microbots también tienen. Veras lo que haces muchacho. Si en el medio del trabajo demuestras síntomas, tu robot Baymax se encargará… Bien ¿Listo?
Hiro levantó el pulgar. Sus amigos lo rodearon con un abrazo unos momentos. Xanatos miró a Owen y el primero asentó, en señal que empiece el conteo.
-Diez… Nueve… Ocho… Siete… seis… Cinco… Cuatro… Tres… Dos… Uno… Despegue.
Owen apretó el botón del tablero. El temblor llegó dentro del castillo. Fred con Wasabi salieron para el patio a ver los cohetes dejando atrás el suelo, era como ver una misión espacial de la NASA en vivo.
-Señor ¿Qué le dirá a la prensa?
-Algo se me ocurrirá Owen, siempre lo hago. – Le respondió David sin dejar de ver las pantallas.
Hiro junto con sus amigos veían desde las cámaras de los cohetes como el cielo de celeste, se volvía azul, después de eso se volvió negro.
-Primer despegue.
Owen apretó un botón donde la parte inferior de los cohetes se desprendió, activando los segundos propulsores. Adentrándose más en el oscuro espacio, se podían divisar las incontables estrellas. Las pantallas daban un hermoso espectáculo de las maravillas que había afuera de la Tierra. A los minutos, se logró ver el satélite dañado, con el logo de la empresa. Aún habían partes metálicas flotando a su alrededor. El aparato se encontraba en muy mal estado, como si un objeto chocara contra el.
-Segundo despegue. Comienzo de misión.
-Hiro, es tu turno. – Xanatos lo miró.
Hiro Hamada se colocó el neurotransmisor en la cabeza, cerró sus párpados, y los abrió. Los microbots abrieron la cápsula. La tapa flotaba sin alejarse. Se acercaron al satélite sin soltar la otra cápsula que tenía los repuestos. Ya que no había gravedad, no hacia falta apoyarla en algo sólido, solo tenia que mantenerla cerca. Hiro comenzó a reparar el satélite.
-Owen dime el estado de la señal neuronal.
-Normal señor Xanatos.
-Auméntala un diez por ciento más… Baymax, estado de salud de Hiro.
-Se encuentra estable.
-Es como jeje. – Hiro rió. – Moverse en agua sin estar en ella.
-¿Recuerdan esa película que vimos donde unos científicos se tienen que acoplar a una nave mientras giraban? – Dijo Fred sin dejar de ver la pantalla. – Bueno la misma tensión que tenía ahí, la estoy sintiendo ahora. Vamos Hiro tú puedes hacerlo.
-No vas a comparar una película con esto. – Dijo Wasabi.
-Debe ser genial estar allá arriba ¿Cómo se vería la Tierra? – Honey Lemon se acomodó sus anteojos.
-No soy astronauta pero sería hermoso ver eso. – Dijo Gogo.
Hiro iba ahora por las placas anticalorificas. Lo que haya chocado contra el satélite hizo muy bien el trabajo. Xanatos decía que era un meteorito. A continuación inició a atornillar las placas. El muchacho comenzó a notar algo extraño en su cuerpo, como si se estuviera cansando.
-Detecto un ligero aumento de tamaño cerebral. – Baymax lo analizó.
-Se está poniendo nervioso. ¿Hiro estás bien? – Preguntó Xanatos.
-Si si, ya… Estoy terminando. Déjenme conectar los receptores y reiniciar el sistema… ya casi.
-Owen, aumenta la señal neuronal.
-Señor Xanatos, si aumento la señal, Hiro podría llegar a desmayarse o…
-No hay tiempo para precauciones Owen. Aumenta otro diez por ciento más… Aguanta muchacho. – Xanatos lo miró.
-¿Qué le pasará? Baymax dime si es cierto. – Gogo se le acercó al robot.
-Las probabilidades son del cuarenta por ciento.
-David apaga la transmisión. – Le dijo seriamente la asiática.
-Es necesario que continúe Gogo, ya casi termina.
-Ya… Casi…
Hiro apretó sus puños y tensó su mandíbula. La actividad cerebral llegó a ochenta por ciento. Los microbots llegaron a la computadora central del satélite al terminar con los receptores. Guardó las herramientas en la cápsula. Reinició el sistema y al hacerlo, metió los microbots en la otra cápsula, terminando con esa odisea espacial.
-¡Termine! – Hiro se sacó el neurotransmisor de su cabeza, exhausto.
-Owen danos un veredicto.
-Estamos… En linea, señor Xanatos.
-Excelente Owen… Hiro… - David se acercó al muchacho y a sus amigos que lo rodearon. El empresario le regaló una sonrisa mientras le apretaba su mano. – Muy Bien hecho Hiro, eres un genio.
-¡UFF! Entre un examen final y esto… me quedo con esto, me dejó cansadísimo.
-Todos opinamos lo mismo creo. – Honey Lemon empezó a reírse, contagiando al resto de los demás.
Los chicos de San Fransokio respiraron aliviados que la operación espacial término con buenos resultados. David se acercó a Owen para ver el estado del satélite e intercambiar opiniones sobre los acontecimientos resientes.
-Dicen que la mente es mas poderosa que el cuerpo señor Xanatos ¿Qué opina usted?
-Parece que si Owen… Estos chicos son unos diamantes en bruto.
-¿Usted los pulirá?
-Un poco, ellos ya brillan juntos y espero que enceguezcan con lo que viene.
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Continuará…
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Espero que hayan disfrutado el capítulo y también hayan captado las referencias y personajes ocultos! Nos leemos en el siguiente capítulo que Gogo junto con Hiro, Baymax, Wasabi, Honey Lemon y Fred descubrirán la verdad de su estadía en Manhattan y los planes de David Xanatos. Hasta pronto!
