Dos

Erin estaba parada en frente de una larga fila de edificios revestidos de ladrillos grises y blancos. Todos tenían tres pisos, sin contar el bajo, y una puerta negra en el lado derecho. Parecía un barrio propio de muggles pero había algo extraño en aquellos pisos. El bloque de la izquierda era el 11 de Grimmaud Place y el de la derecha el 13.

— ¿Qué pasa con el número 12? —Le preguntó a Kingsley, que estaba a su lado.

Se habían encontrado allí bastante tarde, ya eran casi las seis de la tarde y hacía un día bastante horrendo comparado con el anterior. Incluso el cielo estaba cubierto de unas nubes grises que amenazaban lluvia.

—Esa es una buena pregunta. —Comenzó Kingsley. —Lo que voy a revelarte, Erin, te convierte en una guardiana secundaria. El número 12 de Grimmauld Place está escondido bajo el encantamiento Fidelus. Ese es el cuartel general de la Orden hasta el momento.

A Erin se le ralentizó la respiración por un momento. El fidelus era un encantamiento muy poderoso que servía para guardar una localización secreta por ejemplo, para que otras personas no pudieran encontrarla. Ahora que se había verbalizado el secreto, ella era guardiana también.

— ¿Cuántas personas saben esta ubicación?

—Demasiadas.

—Entonces el poder del fidelus disminuirá. —Apuntó Erin. —Va a dejar de ser seguro si hay tantos guardianes secundarios.

Kingsley se giró para mirarla mientras meneaba la cabeza hacia un lado. Parecía algo molesto.

—No tenemos otra opción.

Entonces alzó la varita y de entre los dos bloques que habían estado unidos a simple vista, empezó a surgir un tercero. Se estiró justo en medio otro bloque idéntico al resto aunque la fachada estaba más oscurecida. La boca de Erin se abrió de inmediato, ¿cuánto poder se habría necesitado para hacer aquello en primer lugar?

—Ahora que te la he mostrado puedes salir y entrar tú sola. Y por supuesto, no debes revelárselo a nadie.

—Por supuesto. —Dijo convencida. — ¿Es aquí donde voy a quedarme?

—Así es pero no estarás sola completamente. —Comentó antes de dirigirse a la puerta.

Erin recogió su bolsa del suelo y echó a andar detrás de él. No le había dicho nada de otras personas.

— ¿Alguien vive aquí?

—Ahora lo verás.

La puerta se abrió dejando ver un pasillo largo, un tanto sombrío. Solo se escuchaban sus pasillos retumbando mientras caminaban, Erin iba detrás de Kingsley, mirando todo a lo alcanzaban sus ojos. Había un par de cuadros colgados, y muchas puertas a un lado y otro. Y al fondo una gran escalera con un marco tapado con una cortinilla. Sin duda le pareció un lugar de lo más extraño pero elegante a la vez por lo que pudo ver. Todo estaba decorado con colores verdes oscuros y grandes tapices. Era muy diferente a su propia casa o la de sus padres.

—Esto tiene un aspecto tan…Slytherin. —Dijo cuando ya casi estaban en el fondo del pasillo.

—Eso es porque perteneció a una familia de Slytherins.

Erin se dio la vuelta al instante, elevando la cabeza hacia donde había escuchado la voz. Estaba claro que no había sido Kingsley el que había hablado porque había sonado más grave que su voz. No pudo reconocer a quien pertenecía la voz hasta que vio a un hombre alto y delgado bajando por las escaleras. Tenía una melena larga que le llegaba hasta los hombros, un poco de barba y los ojos oscuros casi del mismo color que su pelo, eso sí que pudo distinguirlo. Erin conocía aquella cara aunque tardó unos segundos en asimilarlo. Claro que sabía quién era, ¡Sirius Black! Era normal que no lo hubiera reconocido tan de pronto porque la última vez que había visto una foto suya estaba demacrado, con los ojos mucho más hundidos y sin vida. Sin embargo, aquel hombre caminaba con una gran elegancia y sus ojos reflejaban vitalidad. Nunca había tenido la oportunidad de conocerle en persona hasta esa día.

—Erin, este es Sirius Black, dueño de esta casa y miembro de la Orden. —Presentó su jefe. —Sirius, esta es Erin Hardy nuestra última incorporación.

Sirius terminó de bajar las escaleras y se paró en frente de Erin. Ella tendió la mano, como hacía siempre que conocía a alguien. Le parecía una cuestión de educación.

—Un placer. —Dijo.

Él le estrechó la mano sin quitarse la vista de encima, con algo más de dureza de lo que Erin se habría esperado.

—Lo mismo digo. —Después se giró a Kingsley. —No me dijiste que fuera tan joven.

Erin se ruborizó un poco sin saber por qué. Estaba a punto de contestarle que ella estaba ahí delante pero se le adelantaron.

—Dumbledore la recomendó para esto. Lleva estos últimos años trabajando en el ministerio, es una buena Auror y una buena chica. Es amiga de los Weasly desde hace años, podemos confiar en ella. —Dijo intentando convencer a Sirius.

Ella se había quedado sin palabras y no había escuchado más allá de la primera frase, ¿cómo que Dumbledore la había recomendado?

—Él no me dijo nada… —Murmuró Erin.

—No dudo sus habilidades, si Albus la consideraba adecuada y tú también lo respeto. —Aclaró Sirius. —Pero no quiero problemas de lealtad, Kingsley. Esta es mi mansión y nuestro único lugar seguro. Además, puede ser que Snape ya nos haya comprometido.

Erin sintió que se le encogía un poco el estómago, no fue capaz de mirar a ninguno de los dos hombres. ¿Acaso tenía cara de ser una traidora? Por un lado podía comprender lo que Sirius decía teniendo cuenta lo que había tenido que pasar.

—Snape era un guardián también. —Interrumpió Erin al darse cuenta, sino no podría saber de aquel lugar. —Por Merlín, ¿a cuanta gente le habéis enseñado esto?

Sirius miró con complicidad a Kingsley y a pesar de que antes parecía que estaba enfadado, soltó una risa tan amarga que hizo que Erin se sorprendiera.

—Al menos ella y yo coincidimos en algo.

Él dejó de mirar a Kingsley y empezó a caminar por el pasillo hasta meterse en una sala. Era un espacio muy grande, con una cocina y un gran salón-comedor con otros tantos muebles elegantes. Erin podría haber estado más impresionada si todo aquello no pareciera tan antiguo y descuidado. Los siguió a los dos sin decir palabra. Todavía estaba asimilando que iba a vivir con Sirius Black, ¿quién se lo habría dicho?

— ¿Estarías dispuesta a morir por guardar el secreto? —Inquirió.

Sirius le miró directamente a los ojos, con el semblante serio. Al lado de Erin, Kingsley había palidecido.

—Sirius. —Trató de decir.

—No. —Él le cortó levantando la mano. —Esto es entre ella y yo. Tú has decidido la persona, yo decido si se nos une.

El pecho de la chica rebotaba tan fuerte contra su pecho que pensaba que el resto lo escucharían. Entendía que él desconfiara pero si se estaba refiriendo a lo que ella creía…Parecía que los ojos grises de Sirius le estaban atravesando el alma.

— ¿Te refieres al Juramento Inquebrantable?

Cuando él asintió con la cabeza fue como si hubieran sacudido todo su cuerpo. A Sirius Black le había traicionado uno de sus mejores amigos, ¿cómo iba a fiarse de ella si decía que no? Erin tragó saliva antes de agarrar el brazo que él había extendido; sabía como se hacía. Ambos se tomaban de los brazos mientras que uno formulaba la pregunta y el otro respondía. Otra persona se encargaba del hechizo. Ellos eran tres. Era demasiado perfecto como para que Sirius no lo hubiera planeado. Muy listo, pensó Erin.

Le agarró del brazo y habló, intentando que no se notara lo mucho que le temblaban los labios. Todo esto sin dejar de apartar la mirada.

—No soy una Gryffindor pero puedo ser valiente.

Aquella frase se había convertido en su lema personal. Era capaz de calmarla en situaciones que no tenía bajo control.

Entonces, cuando Kingsley ya estaba sacando su varita con una mueca de desaprobación en el rostro, Sirius Black aflojó su agarre y dejó caer el brazo de la chica.

—Solo quería probar si te atreverías. —Erin suspiró con fuerza. —Has pasado la prueba, así que te quedas.

—Maldito seas, Sirius Black. —Dijo Kingsley pero ya con una sonrisa. Todavía tenía la varita en la mano. —Casi me da un infarto.

—Yo sí que iba a tener un infarto. —Habló Erin con la mano en el pecho. Los latidos desmesurados no habían cesado.

Sirius no dijo más aunque también se le vio sonriendo un poco al sentarse en un gran sillón al lado de donde se habían parado.

—Solo tengo dos peticiones. La primera es el cumpleaños de Harry. —Fue casi imposible no ver cómo se le iluminó la cara al mencionar a su ahijado. —Y la segunda, al día siguiente, si esta señorita también es amiga de los Weasley, creo que tenemos una boda a la que atender.

Era verdad, Bill y Fleur, recordó de pronto ella. Se giró para mirar a Kingsley.

—Sería muy agradable poder asistir. —Dijo Erin apoyando la idea.

Si iba a estar gran parte del verano encerrada, por lo menos quería disfrutar de un día feliz con sus amigos. Una pizca de luz entre tanta oscuridad. No pudo sentirse más esperanzada cuando Kingsley no se resistió.

—Podéis acudir juntos pero no dejar esta casa vacía por mucho tiempo, ¿entendido?


Bueno, ¡ya ha aparecido Sirius! Me gustaría decir que aunque me encantó la actuación de Gary Oldman como Sirius en las películas, ya tenía más de 40 años cuando las protagonizó y por tanto, no se ajusta tanto al canon. Uno de los fancast que más me encaja como Sirius es Ben Barnes (que además tiene actualmente la edad que tendría él aquí). Así que así sería mi Sirius :') Gracias a los que me habéis seguido o marcado como favoritos.