Cuatro

La primera conclusión a lo que llegó Sirius acerca de Erin Hardy fue que era una bruja de lo más eficiente. No había escuchado ni un ruido que proviniera de abajo, sin embargo ella ya llevaba despierta largo rato cuando Sirius se dirigió hacia el salón. Fue una situación extraña, encontrársela sentada en uno de sus sillones mientras trabajaba. Cuando Kingsley le había dicho que alguien tomaría el puesto de portavoz se había imaginado que mandaría a un Auror viejo, aburrido de estar en el Ministerio. En lugar de eso, ahora tenía como compañera a una chica educada y amable por lo que había visto hasta el momento.

Hacía mucho tiempo que Sirius no compartía su casa con nadie y hacía aún más que no interactuaba con alguien que no hubiera conocido antes de sus años en Azkaban. Aparte de los amigos de Harry, claro.

La joven tenía la melena rubia recogida en un moño y estaba sosteniendo una pluma. Encima de la mesa más próxima había colocado varios papeles, en dos montones para ser exactos. Aún seguía escribiendo. Sirius le había dicho que podrían encargarse de la reunión aquella mañana pero no esperaba que fuera a terminar tan pronto. Erin estaba tan concentrada en lo que estaba haciendo, con sus ojos verdes saltando de una página a otra, que no se percató de su presencia.

—Buenos días. —Dijo Sirius provocando que Erin casi saltase del asiento de la sorpresa. — ¿Ya has desayunado?

—Sí. —Contestó posando la pluma. —Espero que no te importe.

Sirius negó con la cabeza.

—Mi casa es tu casa.

Avanzó hasta la cocina sin ver a Kreacher por ningún lado aunque tampoco lo necesitaría. Con un café le bastaría aquella mañana. Quizás lo hubiera cargado de algo más si no hubiera sido por la presencia de Erin no tan lejos, y la promesa que le había hecho a Remus. Le había costado bastante aceptarlo pero lo habían convencido finalmente. Ahora tienes un ahijado, una casa y una vida para rehacer le habían dicho, como si fuera tan fácil recuperar 12 años de pronto. Tener a Harry había ayudado sin duda pero había días en los que apenas tenía ánimos para salir de su habitación y hacer una vida normal. Lo único que nadie podía negar es que lo estaba intentando.

Había días malos y días mejores, pensó mientras se tomaba su café. Trataría de hacer que aquel fuera bueno por el bien de todos. No quería hacer de la reunión un desastre, no quería preocupar a nadie más. Pero sobre todo quería demostrarse a sí mismo que podía superar todo lo que había pasado.

— ¿Mundungus Fletcher es un miembro de la Orden? —Escuchó preguntar a Erin, haciendo que dejara a un lado sus pensamientos.

Él se giró para mirarla y asintió.

—Si no me equivoco mi departamento lo investigó hace poco por robo.

La joven se levantó de su asiento con una lista en la mano. Sirius sabía muy bien lo que le estaba contando y por lo que le dio a entender la expresión de Erin, ella tampoco se fiaba. Había arrugado el ceño.

—Eso es cierto. —Afirmó Sirius. —Se llevó unas cuantas cosas de esta casa.

Erin se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja mientras que posaba la lista encima de la mesa donde estaba Sirius.

—No lo comprendo. ¿Se supone que tenemos que avisarlo a él también?

Sirius recogió la lista y la miró por encima. El nombre de Mundugus estaba escrito igual que el suyo.

—Está aquí. —Dijo señalándolo. —Si Kingsley ha hecho esta lista deberíamos hacerle caso.

—No es de Kingsley. —Corrigió ella mirando a Sirius. —La hizo Dumbledore poco antes de fallecer. Creo que deberías mirarla.

Entonces Sirius se dedicó a leer la hoja con más detenimiento. La primera cara casi estaba compuesta por miembros de la familia Weasly, Molly, Arthur, los gemelos, Bill y su prometida Fleur; después estaban Remus, Tonks y Alastar Moody. En la siguiente cara era cierto que aparecía Mundungus, Sirius y la propia Erin entre otros y al final del todo Harry, Hermione y Ron.

—Se supone que son los miembros de la Orden. No me había fijado demasiado hasta que me puse a escribir las cartas, por ser la portavoz ya sabes. —Argumentó. — ¿No crees que hay algo extraño?

Sirius aún tenía la hoja entre las manos. Volvió a mirarla de reojo, aquella era la letra de Dumbledore. La curvatura de las letras y los minúsculos espacios entre las palabras lo delataban.

—Harry y sus amigos aún son menores. —Sirius pensó que tampoco habían actuado con la Orden en ninguna ocasión antes de morir Dumbledore. Por lo menos de manera oficial. —A ti y a Fleur aún no os habíamos aceptado hasta hace poco.

—Eso es verdad. Pero a mí me preocupa más que Dumbledore no se incluyó a sí mismo en la lista. Y tampoco a Snape, como si fuera algo que hubiera preparado para el futuro.

Sirius no se había dado cuenta de aquello, le había parecido evidente que el profesor fuera parte de la Orden porque la había fundado él. Además de eficiente, Erin parecía también muy observadora. Después de lo que ella había dicho a Sirius le asaltó otro pensamiento.

—Es como si hubiera sabido lo que iba a pasarle. —Dijo Sirius en voz baja. Quizás no lo suficiente porque Erin le había escuchado. La vio bajar la mirada, mientras que apretaba los labios con fuerza.

Ella suspiró y volvió a recoger la lista de la mesa.

—Le mandaré la carta también a Mundungus, entonces. —Había cambiado de tema por completo. — ¿Te parece bien que la reunión sea esta tarde?

Sirius apenas tuvo que planteárselo. Aquello era muy urgente, cuanto más tardaran en reunirse más fácil se lo estarían poniendo a los mortífagos. Tenían que actuar.

—Está bien, sí.

Erin se volvió a sentar en el sillón mientras que asentía con la cabeza. Sirius la observaba mientras que terminaba de escribir las cartas y las cerraba, cuando de repente Erin hizo que la mitad se alzase en el aire. Con un simple movimiento de varita y unas palabras medio susurradas, Erin provocó que las cartas desaparecieran por medio de un encantamiento.

—Envío por aparición. —Comentó Sirius. —Muy hábil.

Los ojos de Erin se iluminaron y hasta ellos se extendió una gran sonrisa.

—Y muy rápido.

También requería mucha concentración y precisión, pensó Sirius, pero ella lo había empleado como si de otro simple encantamiento básico se tratara. No iba a ser una Aurora por nada, estaba claro.

El resto del día se pasó muy despacio, con ambos aguardando la llegada del resto y sin mencionar más lo que podrían haber descubierto sobre la muerte de Dumbledore. El primero en llegar fue Remus junto con Tonks, seguidos de Molly y Arthur Weasley. Sirius había esperado una larga fila de pelirrojos en su puerta, pero no fue así. Vio cómo una sonrisa triste se extendía en el rostro de Erin mientras hablaba con Molly, a quien había salido a recibir. Solo se le cambió un poco el semblante cuando aparecieron después Ron y Hermione, con Harry a su lado. Sirius se acercó también entonces, apresurándose a abrazar a su ahijado. No se habían visto desde el septiembre anterior y tampoco se esperaba que hubiera venido.

— ¿Cómo estás, chico? —Le preguntó cuando se separaron.

Harry se encogió un poco de hombros y se colocó bien sus gafas.

—Todavía… impresionado.

Su padrino quiso decirle que todos lo estaban, que era normal pero Harry parecía tan dolido, con sus ojos verdes tan apagados que supo que tenía que haber algo más. Era cierto que solo habían pasado juntos los últimos años, casi cuatro veranos para ser exactos, pero Sirius sabía muy bien cuando le molestaba algo. Era bastante obvio con sus sentimientos, Harry, igual que su padre había sido.

— ¿Harry, quieres decirme algo?

Le puso una mano en el hombro y Harry volvió a mirarle.

—Lo vi todo, Sirius. —Dijo en voz baja procurando que nadie más lo escuchara. —Se suponía que Malfoy tenía que matar a...

Apretó mucho los labios por un momento, tanto que solo eran una fina línea. Estaba tratando de contenerse.

—Tenía que matar a Dumbledore, pero no pudo hacerlo. —Completó él. —Fue Snape.

—Lo sé, Harry. —Sirius no le soltó. — ¿Quieres que lo hablemos después?

Harry estaba dolido igual que Sirius lo estaba. A ninguno de los dos les había gustado Snape nunca pero era Harry quien más sorprendido estaba. En el fondo, Sirius siempre había creído que Snape no era de fiar y aquello lo había confirmado. Además, Sirius quería saber todo lo que Harry había visto para comprobar si lo que él y Erin sospechaban pudiera ser verdad.

—Claro. —Dijo Harry intentando sonreír un poco.

La reunión fue corta pero intensa ya que tenían diferentes ideas de qué hacer con Harry después de su cumpleaños. Solo estaban de acuerdo en que tenían que sacarlo de Privet Drive, mandarlo a algún lugar seguro ya fuera la Madriguera o allí mismo. Al final habían decidido que lo trasladarían a la Madriguera para la boda y después se quedaría en Grimmauld Place. Otro tema de discusión y aún más polémico había sido qué hacer en Hogwarts. Estaba lleno de mortífagos, Snape sería el nuevo director. Aquel no era un lugar seguro para unos niños, había dicho Remus. Sirius le había dado la razón aún sabiendo que si no iban allí significa que iban a luchar.

Las cosas fueron a peor en ese momento, Harry y sus amigos dijeron que no iban a esconderse y que tampoco iban a volver. Molly Weasley estaba en la otra punta de la mesa respecto a Sirius pero aún así pudo ver como ella fruncía el ceño.

— ¿Y qué se supone que queréis hacer, librar batallitas? ¡Tenéis diecisiete años!

Ron estaba mirando a Hermione de reojo, que intentaba no girarse hacia Molly. Posiblemente, estaba esperando a que la chica dijera algo razonable para hacer entrar en razón a Harry y su hijo, igual que siempre hacía. El resto de los presentes estaba en silencio, incluso Sirius. Casi estaba mordiéndose la lengua porque se acordaba de la última vez que había discutido con Molly. No quería tener ninguna discusión más con aquella mujer, ya tenían suficientes diferencias.

Fue Erin, tosiendo un poco, la que interrumpió la discusión. Apenas había hablado, solo para presentarse a Moody y otra vez cuando McGonagall le hizo una pregunta. Por lo que Sirius había visto, se había pasado toda la reunión escribiendo lo que discutían para así comunicárselo a Kingsley. En un par de ocasiones, cuando alguien había mencionado a Dumbledore, Erin había mirado a Sirius como si esperaba que él dijera algo. Estaba claro que ella no iba a atreverse a decir nada (porque apenas llevaba un día en la Orden) pero Sirius no quería decir nada tampoco sin hablar antes con Harry.

Erin dejó su pluma a un lado y miró a Molly, que estaba dos asientos a la derecha de la joven.

—Ya están involucrados. —Dijo ella con un tono de voz calmado. —Todos lo estaremos tarde o temprano.

Molly la observaba con los ojos abiertos, no se esperaba que Erin la contradijera aunque se recompuso con rapidez.

—Tú estás involucrada porque eres una Aurora, Erin. —Respondió. —Ron ni siquiera ha terminado el colegio y si él no va Ginny tampoco querrá.

Erin volvió a coger su pluma mientras se mordía el labio. Entonces Remus volvió a hablar, apoyándola a ella y los chicos.

—Nosotros teníamos su edad aproximadamente cuando nos unimos a la Orden. —Explicó. —Necesitamos gente igual que la necesitábamos la primera vez.

Siguieron discutiéndolo hasta que Arthur dijo que estaba bien para él si eso era lo que querían hacer y Molly casi le fulminó con la mirada.

Cuando ya todos se habían marchado y solo quedaban Harry, Arthur y Molly en la casa, Erin llamó a esta última antes que se fuera. Tenía la impresión de que la había decepcionado por no ponerse de su lado pero de verdad creía que Molly estaba negándose sin razón. Ya no eran unos niños, habían pasado muchas más cosas de los que otros chicos de su edad habían experimentado. Solo había que recordar la batalla en el Departamento de los Misterios del verano anterior.

—Molly. —La llamó para captar su atención. —No era mi intención molestarte.

—Nunca podría enfadarme contigo, Erin. —Le contestó.

—Pero estás enfadada.

Molly negó con la cabeza.

—Solo es que no quiero que les pase nada a ninguno de estos chicos. No quiero que nadie esté en peligro.

Erin sabía cómo se sentía aquello, por eso se dedicaba a lo que se dedicaba.

—Pero supongo que un día tendré que dejarles ir. —Añadió.

—No tienes que dejarles ir, solo…darles más espacio.

La mujer sonrió un poco y Erin se relajó. Molly era como una más en su familia y no quería que eso cambiase por una tonta discusión.

—Dale recuerdos a Fred y George de mi parte. —Dijo Erin. —Y a Ginny también.

Arthur y Molly se marcharon por la chimenea usando los polvos Flu y aunque Erin no quería seguir sintiéndose culpable, el nudo en el estómago no desapareció.