Seis
Mientras que Sirius miraba el periódico de aquella mañana experimentó una sensación de déjà vu. Hacía algo más de diez años había pasado por situaciones parecidas, con la diferencia de que por aquel entonces era más joven y arrogante y no había sufrido los peores años de su vida. Sin embargo, todavía seguía sintiendo el mismo impulso por dentro que le llamaba a hacer algo, la misma rabia le recorría de arriba abajo.
Había soltado aquellas páginas y apretado los puños sin darse cuenta. Erin sí lo vio y empezó a preguntarse a sí misma qué estaría leyendo.
— ¿Ha pasado algo? —Dijo alzando la voz.
Sirius no apartó sus ojos del periódico mientras que contestaba.
—Ha habido un ataque en un pueblo muggle. Seis muertos y tres heridos. —Hizo una pausa y casi murmuró. —Dos eran niños.
Erin había palidecido. Sirius se levantó con el periódico en las manos para enseñárselo mientras que seguía hablando.
—Dicen que fue un fuego. —Después negó con la cabeza. —Cualquiera sabría que eso es mentira.
Mortífagos, pensó Erin. Sus ojos volaron con rapidez hacía la noticia, buscando el nombre del pueblo. Tenía el corazón encogido. Soltó un gran suspiro cuando vio que no conocía el lugar donde había pasado.
—Mis abuelos son muggles. —Le explicó a Sirius. Seguro que le había parecido extraño que estuviera aliviada. No era su familia pero a Erin iba a seguir doliéndole como si lo hubiera sido. —Mi padre es el único en la familia que hace magia.
Sirius asintió con la cabeza, aún con el Profeta en las manos y el ceño fruncido.
Erin apartó la mirada un momento. Kingsley no le había avisado, ni ninguno de sus compañeros. Ahora estaba en la Orden y aún así nadie le avisaba de nada. Se sintió decepcionada y frustrada, metida en aquella casa donde no podía hacer nada para ayudar a nadie. Volvió a mirar a Sirius. No parecía la clase de hombre que se escondía mientras alguien necesitara ayuda.
—Tenemos que ir. —Dijo Erin. —Quiero saber lo que ha pasado.
Sirius le devolvió la mirada, y observó como los ojos de la chica brillaban. No la había escuchado hablar tan decidida hasta el momento. Ni siquiera había dudado ni había dicho que ella tenía que ir, como Auror que era, sino que había incluido a Sirius de inmediato.
Tenemos que ir.
Ninguno de los dos dudó ni en segundo en lo que debían hacer.
Las baldosas de la acera estaban igual de negras que los zapatos de Sirius. Aún estaban limpiando la calle alrededor de las casas que habían ardido pero aún así la ceniza seguía presente.
Habían sido bastante rápidos, Erin y Sirius, aunque se habían aparecido a las afueras de aquel pueblo.
Erin se había aproximado más a una de las casas junto con un grupo de personas que observan, seguramente más vecinos muggles. Sirius se quedó atrás, viendo cómo regaban las aceras y estas volvían a su color original. Una cinta policial rodeaba la zona, ondeándose con el viento.
A Sirius se le estaba haciendo muy difícil no pensar en James y Lily. Después de tantos años, de tantas noches largas con el momento repitiéndose en su cabeza, la escena nunca se le borraría de la mente. A diferencia de lo que había pasado antes, aquellos muggles eran efectos colaterales de una lucha que no era la suya. Sirius volvió a enfurecerse porque seguro que lo que los mortífagos habían pretendido era eso: matar a inocentes para asustarlos. Y enfadarlos. Dos casas estaban reducidas a la nada, lo único que quedaba era cenizas y parte de los cimientos. No había ninguna casa alrededor hasta un par de calles a la derecha, así que la zona había quedado desierta.
Sirius avanzó hacia el frente para buscar a Erin, que parecía estar hablando con una mujer. Al acercarse se dio cuenta de que así era. La mujer no podía tener más de unos cuarenta años y sostenía un pañuelo mientras gesticulaba con las manos.
—Fue muy rápido. —Aquello fue lo primero que Sirius pudo escuchar. —Sobre las once y media alguien vio el humo y se acercó. Un par de horas después todo se había quemado.
Erin observaba a la mujer con semblante serio aunque se giró un momento para mirar de reojo a Sirius. Él se estaba preguntando qué le habría dicho Erin para que le contara aquello. La mujer se limpió las lágrimas con el pañuelo y parpadeó un par de veces mientras su mirada pasaba de Sirius a Erin.
—Nunca os había visto en el pueblo. —A su lado Erin se tensó un poco. — ¿Acaso sois periodistas?
—No. —Contestó la joven con rapidez. — Este es mi primo. Nuestro tío abuelo vive aquí solo, ¿sabe? Teníamos miedo de que hubiera sido él.
Sirius se sorprendió al ver como la mentira fluía con tanta naturalidad de la boca de Erin. Le había temblado un poco la voz pero la mujer parecía tan afligida que ni siquiera se había percatado. Aún así, habían estado cerca.
—Una tragedia. —Habló Sirius por primera vez. No tuvo que mentir. —Esos pobres niños…
La mujer asintió con vehemencia mientras que Erin había clavado su vista en la casa.
—Seguramente fue un rayo. —Comentó la mujer.
— ¿Un rayo? —Preguntó Sirius.
—Sí. —Respondió. —A las nueve fui a acostar a mis hijos. El cielo estaba tan oscuro que parecía que se avecinaba una tormenta, se escucharon algunos truenos aunque el final no llovió.
Sirius sabía bien a lo que se estaba refiriendo y buscó con la mirada a Erin, aunque ella parecía estar concentrada en otras cosas. Lo que la mujer le dijo después no hizo más que confirmarse.
—Fue tan extraño. Mi hijo pequeño incluso comentó que parecía que había una calavera enorme en el cielo. A mí no me lo pareció… pero en fin, ya sabe la imaginación que tienen los críos.
Sirius asintió un poco con la cabeza. O el niño tenía mucha imaginación como su madre decía o había presenciado la marca de los mortífagos alzarse.
—Espero que su tío esté bien. —Dijo la mujer mientras que se guardaba el pañuelo. —Hasta luego.
Se dio la vuelta para marcharse a la acera de enfrente y Sirius murmuró un adiós. Estaba más que claro que aquello era obra de los hombres de Voldemort. Se reencontró con Erin delante de la segunda casa, igual de calcinada que la primera. Erin tenía mala cara y lo más seguro era que él mismo estuviera igual. Sin embargo, por la forma en que apretaba los labios y sus cejas se fruncían con tristeza, la chica estaría pensando en qué hubiera pasado si aquella hubiera sido su familia. O quizás tenía algún pensamiento peor como si creyera que ellos podían ser los siguientes.
— ¿Qué te parece? —Le preguntó refiriéndose a lo que había pasado.
—Que era lo que pensábamos. Lo más probable es que usaran incendio. —Le contestó en voz baja. —Un fuego normal no consume una casa de ladrillo con tanta rapidez.
Sirius asintió deseando que aquello no hubiera ocurrido. No hablaron de las víctimas porque no habían publicado nada en el Profeta acerca de lo que les había pasado. Él no quiso ni imaginárselo.
Ambos abandonaron el pueblo y volvieron al mismo lugar donde se habían aparecido para regresar a Grimmauld Place. Ninguno de los dos dijo una palabra hasta después de aparecerse. No había nada agradable de lo que hablar.
Fue Erin quien rompió el silencio, ya dentro de la casa de Sirius. Lo primero que había hecho al llegar había sido beber un vaso de agua y aún lo tenía en la mano mientras que pensaba. Sirius se había sentado en el sillón del salón. No es que estuviera cansado, pero aquel incidente le había hecho recordar cosas en las que no quería pensar.
—Debería ir a visitar a mis abuelos. —Erin había hablado a unos metros de él, mientras que posaba el vaso. Sin embargo, parecía más un pensamiento en voz alta. —Pronto.
Sirius tragó saliva. Sabía bien por qué decía aquello y tristemente, era mejor que fuera pronto.
— ¿Estabais así de asustados la primera vez?
Ahora sí que se había dirigido directamente a Sirius. Erin avanzaba para sentarse en frente de él y Sirius casi no tuvo ni que pensárselo.
—Sí.
Recordaba lo que era sentirse dentro de una guerra cuando apenas acababan de terminar sus estudios, las separaciones, la necesidad de esconderse y toda la desconfianza que había sentido respecto a cualquiera.
— ¿Cuántos años tienes? —Preguntó Sirius al darse cuenta de que posiblemente tendría la misma edad que él en la primera guerra. — ¿Veintiuno?
Erin asintió mientras que le miraba. Sirius pensó que le había parecido más mayor toda aquella mañana, estando tan seria y pensativa. En realidad, Erin ya no era ninguna cría.
—Yo estaba de muerto de miedo con tu edad. —Y con la misma edad me metieron en Azkaban, se calló. —Y sigo estándolo ahora, con eso no puedo ayudarte.
Era verdad, quizás ya no sentía miedo por lo que le pudiera pasarle a él pero le aterraba pensar en lo que le podía pasar a Harry. La guerra era pánico, confusión y miedo y eso no cambiaría nunca por muchos años que pasaran.
Erin no había cambiado su cara repleta de preocupación aunque Sirius no había pretendido que siguiera igual de disgustada que estaba.
—No soy bueno consolando a nadie. —Reconoció. —Ojalá pudiera decirte que esto pasará pronto.
Ella hizo ademán de sonreír y se levantó dispuesta a subir a su habitación.
—Entonces hagamos que esto termine lo más rápido posible.
Lo primero de todo perdón por la tardanza, estuve quince días de vacaciones y el resto del tiempo este capítulo se me estaba atragantando... lo veo un poco de relleno pero espero que os haya gustado más que a mí. Gracias a seen24 por el review y a todos los que me añadís a favoritos o seguís esta historia!
No sé si lo había comentando. Para arreglar un poco la cuestión de las edades, Sirius tendría 35 años en esta historia (?)y Erin 21 igual que Fred y George aunque se supone que en los libros tendrían 19 a estas alturas... creo.
Espero subir otro capitulo pronto, hay mucha más acción en camino ;)
