Siete
Por fortuna para todos, la mañana siguiente no comenzó con más malas noticias. Erin había pasado toda la tarde sin poderse quitar de la mente a su familia y había terminado escribiendo a sus padres. De todas formas, aquello no la había tranquilizado en lo más mínimo. Si que sentía aliviada de que al menos Kingsley no le hubiera contactado por ningún incidente. Tenía una idea que le llevaba dando vueltas en la cabeza desde hacía unos días pero no sabía si sería capaz de llevarla a cabo. Tomó su pila de papeles, pluma, papel y tinta para poder escribir y se encaminó hacia la biblioteca. Puede que allí encontrara algún encantamiento que le ayudara a conseguir lo que quería hacer.
Erin bajó las escaleras con cuidado pues casi no podía ver si posaba bien sus pies sobre cada escalón, y no quería derramar toda la tinta por el suelo. Ya había llegado al último tramo cuando al levantar la cabeza algo llamó su atención y se detuvo. El cuadro que había visto sobre las escaleras el día de su llegada estaba destapado, a diferencia del resto de días que se había fijado en él. Volvió sobre sus pasos sujetando todo como pudo y se inclinó un poco sobre el cuadro. Apenas le había dado tiempo a estudiarlo, a darse cuenta de que era un retrato, cuando la anciana que estaba pintada empezó a gritar a pleno pulmón.
La joven saltó en el sitio del susto provocando que se le escaparan algunos papeles. Se inclinó para intentar recogerlos antes de que se le cayeran al suelo y al hacerlo, el recipiente donde llevaba la tinta se precipitó también escaleras abajo.
—Maldita sea. —Murmuró fastidiada.
La mujer del cuadro aún estaba dando voces.
— ¡Una mestiza en mi casa! —Pudo distinguir que decía.
Erin no deseaba nada con más fuerza que taparse los oídos, o mejor, que aquella horrible mujer con el pelo grisáceo y los ojos desbocados se callara. No tenía que haber mirado, pensó lamentándose. Bajó el resto de escaleras y posó sus cosas en un escalón que no estaba manchado con tinta, para recoger así todo lo que había tirado. Escuchó un ruido a su izquierda, y al volver su cabeza, vio a Sirius aproximarse por el pasillo que venía de la biblioteca.
—Veo que ya has conocido a mi querida madre, Walburga. —Habló mientras se dirigía a ella.
—Es encantadora. —Respondió Erin con sorna.
Recogiendo sus papeles se dio cuenta de que algunos se habían vuelto casi incomprensibles, con tanta tinta manchándolos apenas se podía leer lo que ponía. Maldijo internamente haberse asustado por culpa de un estúpido cuadro. Sirius se había agachado también a ayudarla y la miró sosteniendo una hoja.
—Espero que esto no fuera muy importante.
—Por desgracia, me temo que sí.
Erin tendría que buscar una forma de devolver todo a su estado original o sino, tendría que buscar otra copia.
— ¿Ibas a la biblioteca? —Preguntó Sirius.
Erin asintió.
—Entonces te llevo todo esto. —Dijo apuntando a lo que Erin había dejado arriba y que no estaba dañado.
—Puedo llevarlo yo, no te preocupes.
La chica no quería molestarle.
—Tú no te has visto, Erin. —Comenzó a decir Sirius. De repente dio un par de pasos hacia ella y alargó su mano. La dejó extendida cerca de su pelo. ¿Qué estaba haciendo? — Pero tienes un poco de tinta en el pelo.
Sirius tenía una pequeña sonrisa en el rostro y a Erin le resultó imposible enfadarse, era mejor que se tomara con humor haberse puesto perdida.
— ¿Cuánto es un poco?
—Bastante. —Apuntó él.
Sirius volvió a retirarse hacia atrás y Erin notó como las mejillas le ardían. ¿Por qué tenía que ruborizarse con tanta facilidad?
—Te lo dejo todo en la biblioteca. Voy a hacer que Kreacher limpie todo esto. —Frunció un poco el ceño pero siguió mirando a Erin con amabilidad. —Seguro que esto ha sido cosa suya.
No parecía muy descabellado que el elfo lo hubiera hecho a posta para fastidiar a alguno de los dos. Erin intentó no darle demasiada importancia a su incidente mientras que se lavaba el pelo pero deseó con todas sus fuerzas que cuando volviera a bajar la mujer ya se hubiera callado. Para su suerte, fue así y aunque Kreacher ya estaba limpiando la escalera ni siquiera la miró mientras que ella iba hacia la biblioteca, aún con el pelo medio mojado.
— ¿Era tu madre así mientras vivía? —Preguntó Erin a Sirius una vez que llegó a sentarse en un sillón al lado de él.
Tenía sus cosas en la mesa que había en el centro de la biblioteca y por lo que parecía, Sirius ni siquiera las había tocado.
—Igualita. —Le contestó. —Y lo peor es que ese maldito cuadro está fijado con magia.
Erin pensó que era un fastidio tener que soportar a Walburga. Es más, ¿qué clase de persona hacía que la retratan así para poder atormentar a aquellos que pisaran su casa? Comenzaba a pensar que la única persona decente que había salido de la familia Black era Sirius. Le miró de reojo viendo cómo escribía algo en una especie de revista y se puso a pensar en lo cerca que se había quedado de ella cuando le había dicho que estaba manchada. No podía negar que ya se había fijado en que Sirius era atractivo, estaba segura de que la mayoría de mujeres con ojos lo consideraban así, pero no se había planteado hasta aquella mañana en qué era lo que le hacía parecerlo exactamente.
Se había dejado un poco de barba durante aquella semana y le quedaba bastante bien. Incluso la ropa envejecida que llevaba cuando estaba en casa le sentaba bien. Erin sacudió con levedad la cabeza y apartó la vista, pensando que era estúpido estar cavilando acerca de esas cosas cuando tenía muchos más problemas que atender.
— ¿Te interrumpí antes? —Le preguntó ella. — ¿Estabas haciendo algo importante?
—Si consideras algo importante hacer crucigramas. —Respondió Sirius encogiéndose de hombros.
Se había girado un poco para mirar a Erin y enseñarle lo que estaba haciendo.
—Me encantan. —Murmuró como si estuviera hablando para él solo. Después volvió a alzar la voz. —Por cierto, se me había olvidado que llegaron dos cartas para ti antes.
Dicho esto, Sirius se levantó de su asiento, recogió las dos cartas de encima de la mesa y se las tendió a Erin. Él volvió a sentarse mientras que Erin volcaba toda su tención a las cartas. ¿Le habrían respondido sus padres?, o, ¿le habrían escrito por fin Fred y George? Tomó una de las cartas y la abrió a toda prisa para ver que, como ella había deseado, Fred le había escrito.
Al principio de la carta le contaba cómo les estaba yendo con la tienda y qué era lo próximo que estaban planeando. Erin sonrió pensando en lo orgullosa que estaba de cómo sus amigos eran capaces de mantener un negocio de aquel tipo en una época con tanta incertidumbre. Después le preguntaba cómo se encontraba y aquello la reconfortaba. Lo había pasado muy mal antes de hacerse amiga de los gemelos y desde entonces, siempre se habían preocupado tanto por ella… Tendría que hacerles saber que estaba perfectamente. Fred cerraba la carta dándole recuerdos de toda la familia y pidiéndole que escribiera a Ginny. Supuestamente, llevaba toda la semana preguntándose qué llevaría Erin para la boda de Bill y Fleur. Esto último casi le arrancó una risa porque a Ginny le sentaba bien prácticamente todo. Nunca se preocupaba demasiado de la ropa, en realidad.
Terminó la carta con una sonrisa en los labios aunque casi se desvaneció con la siguiente carta. No porque la entristeciera pero si le extrañó. Nymphadora Tonks, mejor Tonks como toda el mundo la llamaba, le había escrito. Era un poco mayor que Erin y también era Auror por lo que las dos se habían visto en alguna ocasión pero si Erin no recordaba mal, solo habían trabajado juntas una vez. Aún así tenían bastante en común porque sabía que Tonks también había sido Hufflepuff en Hogwarts. Se acordó de que antes había pensado que Sirius era el único Black decente pero Tonks también lo era. A menudo se olvidaba que pertenecían a la misma familia, eran primos segundos o algo parecido.
La verdad era que si Tonks le había escrito seguro que era por algún tema serio. Y así era.
Querida Erin,
Posiblemente te estarás preguntando el motivo de esta carta. No deseo preocuparte pero pensaba que deberías saber lo que está pasando. Hemos doblado la vigilancia a Scrimgeour esta semana dada la inactividad de los mortífagos en respecto al ministerio. Tenemos sospechas de que el ataque al pueblo muggle fue un simple señuelo, una forma de distraernos mientras preparan su verdadero objetivo. Un contacto de confianza dentro del ministerio afirma que Umbridge está desarrollando un proyecto para el registro de mestizos, nacidos de muggles… Creyendo que es lo más sensato he presentado mi renuncia como Auror aunque eso no significa que vaya a dejar la Orden. De esta forma, espero que si el ministerio llega a caer tanto Remus como yo estemos a salvo y nadie pueda encontrarnos.
Te aconsejo que presentes tu dimisión, Erin aunque no estás obligada a hacerlo. El contacto del que te hablo está dispuesto a entregarte tu archivo o destruirlo para que nadie posea información acerca de ti. Por favor, medítalo y contacta conmigo o Kingsley para poder planearlo.
Nos vemos pronto.
PD: Espero que mi primo te esté tratando en condiciones xx.
Erin dobló la carta en dos mientras que sentía como el estómago se le había hundido. Se sentía agradecida de que Tonks la hubiera avisado dado que no tenía por qué hacerlo, agradecida de que hubiera recordado que parte de su familia eran muggles. Estaban en potencial peligro. No sabía cómo sentirse al respecto; ¿iba a tirar por la borda todo el trabajo y renunciar sin más? Después de todo lo que había luchado para llegar hasta donde estaba casi le enfadaba tener que dejarlo. Aún así, ¿no era más importante protegerse y seguir con la Orden?
No había querido pensar en qué podía pasar si Voldemort se hacía con el ministerio pero parecía que a partir de aquel momento iba a hacerlo.
Tenía mucho que meditar.
