Ocho

No pasaron más de dos días cuando la decisión fue tomada. Bastó con un simple mensaje y un encuentro planeado para acabar con todo el trabajo de tres años. Erin no sabía cómo había sido capaz de presentarse en el Ministerio para renunciar, es más, le había temblado tanto la voz que temía que alguien pensara que la estaban obligando. En realidad, se sentía como si lo hubieran hecho pero era una decisión que había aceptada ella sola; no se le había dicho a sus padres ni a sus amigos y solo le había mostrado la carta de Tonks a Sirius porque no quería que se preocupara mientras que ella estaba fuera.

Lo que más le disgustaba, pensó tumbada en la cama, no era todo aquello. El pensamiento que le atormentaba en realidad era que lo primero que se le había pasado por la mente había sido no hacer caso al aviso de Tonks. Estaba decepcionada consigo misma porque su primera opción hubiera sido increíblemente egoísta. Mirando de reojo a su archivo, que al menos había tenido la suerte de conservar, se dio cuenta de que habría puesto en riesgo a mucha gente que le importaba.

Todos sus pensamientos se vieron interrumpidos por un par de toques a la puerta que hicieron que Erin respirara con profundidad. Sabía que se trataba de Sirius, y aunque ya se lo esperaba, no tenía demasiadas ganas de enfrentarse a nadie. Mientras que la puerta se abría ella solo rodó hacia el otro lado de la cama para quedarse de frente a la puerta. Se incorporó al ver a Sirius quedarse de pie pero ya dentro de su habitación. Erin tenía el pelo aplastado y la camisa blanca que tanto le gustaba estaba arrugada por completo debido al rato que había estado allí echada. Ni siquiera se había molestado en cambiarse de ropa al llegar de vuelta del Ministerio.

—Hola.

Fue Erin la que primero habló, con poco más que un hilo de voz.

—Hola. —Respondió él. —Yo ya ha cenado, ¿no vas a bajar?

Erin sacudió la cabeza y por un momento pensó que en la voz de Sirius había un rastro de preocupación.

—No tengo hambre, la verdad.

—Así que, ¿lo has dejado? —Ella asintió entonces como si fuera algo obvio y Sirius continuó hablando. —Era lo mejor. Para tu seguridad, sobretodo.

Erin se calló unos segundos. Dirigió su mirada al suelo y mientras que escuchaba como los dedos de Sirius tamborileaban en el marco de la puerta se dio cuenta de que él no lo había entendido bien. Estaba claro que ambos se conocían algo después de casi veinte días solos en aquella casa pero no lo sabían todo el uno del otro.

—No lo hago por mí. —Aclaró Erin. —Lo hago por ellos.

Se miraron a los ojos y viendo que él asentía esta vez, ella supo que no tendría que explicar que se refería a su familia.

—Eso puedo comprenderlo, y también que te entristezca dejar tu trabajo ahora, pero estás tan decaída.

Erin se sentía exactamente así. No le apetecía hablar con nadie eso era cierto, pero tampoco le haría daño así que suspiró y decidió que podía intentar explicárselo.

—No quería hacerlo. —Murmuró. —Y ahora me siento tan…

— ¿Culpable o egoísta? —Preguntó Sirius interrumpiéndole.

Ella se sorprendió de que lo hubiera captado tan rápido.

—Las dos cosas.

—No hay nada malo en ponerse primero a uno mismo. —Dijo Sirius. —A veces es más fácil actuar así.

Erin pensó que aquella nunca sería ella si se trataba de algún asunto importante que la afectara a ella misma y alguien que quisiera. Sospechaba que él tampoco era esa clase de persona, después de todo lo que había sufrido por sus amigos o por Harry, sin ir más lejos.

—No creo que ninguno de los dos sepa cómo hacerlo. —Apuntó ella.

—No. —Dijo Sirius esbozando una leve sonrisa.

Después de esto se separó de la puerta y agarró el pomo para volver a salir.

—Seguramente te vendrá bien dormir un poco.

Erin le respondió que sí y se levantó de la cama para cambiarse. Cuando Sirius estaba saliendo de la habitación la miró con la boca entreabierta, como si quisiera decir algo más. Sin embargo, cerró la puerta tras de sí y volvió a dejar a Erin con todas sus dudas.


Fue un grito ensordecedor, que se habría escuchado en toda la casa, lo que puso a Erin en pie. No le dio tiempo a preguntarse qué hora sería o si acaso había escuchado bien porque su primer instinto había sido levantarse de la cama y agarrar su varita.

Lumos. —Susurró mientras se movía hacia la puerta.

Ya con la varita en mano, Erin pensó que deambular en una casa antigua y oscura en plena madrugada no era su pasatiempo preferido. Aún así, alguien había gritado con un dolor desgarrador que había provocado que sintiera un escalofrío de pies a cabeza. Lo primero que se le pasó por la cabeza al tiempo que bajaba al segundo piso fue que podía tratarse otra vez del retrato pero solo lo había pensado para apartar lo más lógico; era Sirius quien había gritado, de eso estaba casi segura. ¿Era posible que alguien hubiera entrado en la casa mientras dormían? La posibilidad de que pudieran herir a Sirius hizo que Erin caminara con más rapidez hacía su habitación. Sabía cual era pero nunca había estado dentro y cuando se encontró de frente a ella, solo con su camisón y descalza sintiendo el suelo frío, se sintió paralizada.

— ¿Sirius? —Dijo mientras abría la puerta con lentitud. Se quedó a medio camino entre una pregunta y una exclamación.

No sabía qué iba a encontrarse y una parte de ella no quería descubrirlo, sino volver a correr escaleras arriba a la calidez y tranquilidad de su cama. Sin embargo, esa parte no iba a imponerse aquella noche.

Erin casi pudo respirar aliviada cuando el halo de luz de su varita iluminó la habitación y solo se encontró a Sirius. El alivio duró apenas un segundo y lo sustituyó la preocupación. Sirius estaba sentado en su cama con las sábanas apartadas hacia un lado. Eso habría sido normal, pero tenía el rostro desencajado como si algo lo hubiera horrorizado y Erin casi podía escuchar su respiración acelerada desde la entrada de la habitación. Se dio cuenta entonces, de que había sido simplemente una pesadilla, que ella había sido demasiado paranoica y ahora mismo estaba violando su privacidad. Dio un paso atrás pero se chocó con la pata de una cómoda que no había visto, aplastándose el dedo más pequeño de sus pies.

— ¡Merlin! —Gritó involuntariamente, le había dolido tanto que se le había escapado.

Sirius volvió la cabeza a ella en ese momento, entrecerrando los ojos debido a que ella le estaba apuntando directamente con la varita.

— ¿Erin? —Preguntó confundido. — ¿Qué haces?

Ella bajó la varita para no deslumbrarle y se dio cuenta de que solo Sirius solo llevaba unos pantalones cortos encima. Si no hubiera estado tan aterrada, se habría ruborizado más que nunca.

—Estabas gritando. —Aclaró casi sin que le temblara la voz. —Pensé que te había pasado algo o que alguien había entrado así que… bajé.

—Estoy bien. —Habló él pasándose la mano por el pelo. —Era una pesadilla.

—No sé qué estarías soñando. —Empezó a decir Erin. —Pero me asustaste, ¿de verdad te encuentras bien?

Sirius le dio la espalda al inclinarse hacia la mesita que había al lado de su cama para coger su varita.

—No lo sé. —Admitió haciendo encender una pequeña lámpara. —Era una pesadilla muy real.

Erin se quedó de pie sin saber qué más hacer mientras que Sirius estaba sentado encima de la alfombra y apoyado con su espalda en la cama, con la mano en el pecho. Se notaba que aún estaba afectado por lo que fuera que había visto. Ella pensó que quizás no debía quedarse allí más tiempo porque se sentía avergonzada pero Sirius siguió hablando y allí se sorprendió a sí misma sentándose junto a él.

—Estaba en el Departamento de Misterios, como si fuera otra vez la batalla del año pasado. ¿Sabes de qué te hablo? —Erin asintió con la cabeza. Recordaba aquello pero no había estado allí. —Todo pasaba igual, pero al final Bellatrix alcanzaba a Harry y él se caía por el Velo.

Erin tragó saliva. Nadie sabía qué era con exactitud el Velo, solo que estaba relacionado con la muerte y casi se le pusieron los pelos de punta.

—Remus me estaba sujetando con fuerza y yo solo podía gritar y gritar mientras que Harry… —Sirius paró de hablar de repente y miró hacia otro lado porque no parecía poder decir nada más.

Ella entendió perfectamente entonces que estuviera tan asustado. Se preguntó a sí misma si esto le pasaría a menudo, no por ella misma, sino por Sirius. A veces parecía que no descansaba en absoluto así que quizás tenía demasiadas pesadillas.

—Pero era solo un sueño. —Uno aterrador, después de todo.

—Sí. —Contestó Sirius. Luego se volvió para mirarla —Siento haberte despertado así.

Erin se encogió un poco de hombros y se rodeó las rodillas con sus brazos.

—No pasa nada. —Dijo restándole importancia. —Al menos ya sabes que voy a correr como una loca cada vez que grites para ver qué te pasa.

Sirius soltó una pequeña risa y Erin sonrió. Su pobre intento para animarle había funcionado un poco.

—Y no dudarás en colarte en mi habitación.

Él lo dijo con una sonrisa de lado que hizo parecer que la frase iba con doble sentido. Erin sintió la necesidad de defenderse pero sin poder evitar reírse.

—Claro que dudé. Siempre puedes hacer lo mismo y estamos en paz.

Sirius no apartó la mirada de Erin y ella sintió que las mejillas le ardían cuando él le respondió. Ambos se estaban siguiendo el juego.

—Si no te conociera lo más mínimo pensaría que me estás proponiendo algo indecente.

Ella murmuró algo por lo bajo mientras que negaba con la cabeza y Sirius apartó la mirada riéndose. Ya parecía haberse tranquilizado.

—Ahora de verdad, Erin. —Él se volvió a poner serio. —No quería molestarte, pero es agradable que alguien se preocupe por mí.

—Es lo mínimo que puedo hacer.

Pensó en cómo Sirius la había acogido después de los primeros días, haciéndole sentir como si estuviera en su propia casa, dejándole hacer todo lo que quisiera y preguntándole si estaba bien cuando las cosas iban mal. Como aquella tarde. No se sentía obligada para nada, porque su aprecio iba creciendo poco a poco dentro de ella.

—Me preocupaba que no pudiera acostumbrarme a ver a alguien más en esta casa, cada día. Odio este sitio de verdad porque para mí representa lo que mi familia era y yo siempre quise alejarme de ello todo lo posible. Al estar aquí siento que todo se vuelve contra mí otra vez.

Erin observaba a Sirius sin decir palabra, parecía que quería quitarse un peso de encima así que escuchó.

—Pero de repente llegas tú con tus buenas ideas, tus flores y toda tu alegría y se me hace imposible no estar feliz. Llegan Harry y todos sus amigos, llenos de vida, de energía; Remus y Tonks igual de vitales y además enamorados… —Erin había parado de respirar. ¿Acababa de incluir con ellas personas que tanto quería? —Todos me estáis ayudando muchísimo. La solitud es una palabra muy bonita, ¿sabes? , pero lo que implica no lo es tanto.

Se paró un momento para respirar y Erin se dio cuenta, mientras que sentía como sus hombros se rozaban, de que ella se había quedado sin palabras. Esto no era lo que se esperaba para nada, pero era más que reconfortante escucharlo.

—Lo que intento decir es que…me alegra que estés aquí y que pueda contar contigo. Quería decírtelo antes, cuando fui a tu habitación, pensé que te gustaría escucharlo pero no sabía si era el momento adecuado.

—Sirius. —Erin posó su mano sobre el hombro de él. —Si de verdad sientes todo lo que has dicho, siempre es el momento adecuado.

Había alguien a quien podía hacer feliz, alguien a quien estaba ayudando de verdad, pensó Erin. Solo con eso fue suficiente para sentirse un poco mejor consigo misma después de haber estaba toda la tarde machacándose con pensamientos más bien negativos.

A Sirius no se le escapó cómo brillaban los ojos verdes de Erin mientras que escuchaba sus palabras. Era exactamente lo que había pretendido porque solo quería que estuviera bien, al igual que ella se había apresurado a ver si él estaba así también.

Erin se levantó con una sonrisa de oreja a oreja y Sirius hizo lo mismo, para volver a sentarse en la cama. Ella se encaminó a la puerta, bajándose el camisón. Se dio la vuelta antes de marcharse y sí que se atrevió a hablar, no como él había hecho aquella tarde. De todas formas, ya le había contado bastante.

—Y algo tan material como una casa, solo tiene el valor que tu le quieras dar.

Erin cerró la puerta después de que Sirius le respondiera asintiendo con la cabeza y sonrió para sí misma, con una sensación de alivio en el pecho. Ella también estaba más que contenta de estar allí.


Dadle una buena acogida al capítulo más largo hasta la fecha :')

Gracias a todos, Julia.