Nueve
Sirius tenía el ceño fruncido por completo. Sin poder creerse lo que estaba oyendo, negó un poco con la cabeza.
— ¿Cómo pueden no gustarte los perros?
Erin le estaba mirando como si no fuera nada del otro mundo y se encogió de hombros. Sirius dejó que su cabeza se apoyara en el sillón en el que estaba sentado y siguió hablando. Habían quedado en trabajar en algo que se le había ocurrido a la chica hacía unos días pero que no hacía más que retrasarse; primero había sido la caída por las escaleras y después la visita de Kingsley unos días antes para asegurarse de que todo siguiera en orden.
—Creo que no quiero saber cuál es tu patronus.
Aquel encantamiento siempre tomaba forma del animal con el que la persona tenía más afinidad. Sirius no tenía muy claro que animal sería compatible con Erin. Se imaginaba algo suave, quizás un poco inocente pero con fuerza igualmente.
—No es un gato, si es lo que estás pensando. —Le contestó. —Es un erizo.
¿Un erizo? La verdad es que parecía un patronus poco común. Sirius pensó por un momento qué podía tener que ver aquello con Erin.
—Sí, ya sé que es extraño. —Añadió ella antes de que Sirius pudiera decir nada. Seguro que había parecido sorprendido.
—Bueno, los erizos son bastante…monos.
Erin sonrió con pocas ganas y Sirius se dio cuenta de que la estaba distrayendo de lo que debería estar haciendo en realidad. Parecía no hacerle mucha gracia, pero tampoco se atrevía a decir nada.
—Pues muchas gracias. —Dijo, teniendo en cuenta de que aquel hechizo era una extensión de ella misma. —Pero los erizos significan otras cosas. Por ejemplo, que son mucho más de lo que parecen y que pueden defenderse solos perfectamente.
—Eso parece, sí. —Murmuró él.
Dicho esto Erin se inclinó sobre la mesa y comenzó a ordenar sus cosas para trabajar. Sirius se incorporó también, aunque no le apetecía demasiado hacer nada en aquel día pero le había prometido a Erin que iba a ayudarla. Se quedó con lo que ella había dicho en su cabeza y pensó que le gustaría saber cómo la chica no era exactamente lo que parecía.
—Entonces, ¿qué habías pensado?
Sabía que se trataba de mortífagos y sospechaba que también de cómo localizarlos porque había visto a Erin días y días leyendo informes y consultando mapas sin parar. Era bastante inteligente intentar frenar a alguien antes de que pudieran planear algo pero, al igual que la Orden era buena escondiéndose, los seguidores de Voldemort también lo eran.
—He intentado averiguar los sitios donde podrían actuar. Hogwarts va estar ocupado por mortífagos en su mayoría, aunque tenemos a McGonagall, pero allí no podríamos hacer nada. Tampoco podemos adelantarnos si planean otro ataque en algún pueblo muggle. —Sirius asentía mientras que escuchaba. — Si tomaran el Ministerio está claro que nos enteraríamos, igual que San Mungo así que solo se me ocurre un lugar en el que podrían atacar y hacer daño.
Estaba claro que había pensado todo aquello, pensó Sirius, viendo cómo Erin hablaba sin detenerse ni dudar. Lugares tan frecuentados ya estarían protegidos, se suponía que no tenían que preocuparse por ellos.
—El Callejón Diagón y sus alrededores. Ya sé que suena algo estúpido, quizás incluso predecible pero no tenemos ningún Auror en la zona, al menos que yo sepa.
Erin le miraba expectante como si buscara la aprobación de Sirius, como si aquello que había dicho fuera de verdad estúpido. A Sirius no se lo pareció en absoluto.
— ¿De verdad no hay vigilancia?
Recibió como repuesta un movimiento de cabeza y Sirius se cruzó de brazos. Cientos de personas pasaban por el Callejón Diagón todos los días, a sus trabajos, a sus calles paralelas, a Gringotts… Era un lugar que merecía la pena proteger.
—Tienes un plan, ¿verdad? Porque no podemos simplemente pasarnos cada hora del día vigilando nosotros solos.
—Sí, aunque no sé muy bien cómo llevarlo a cabo. —Erin suspiró y Sirius pensó que iba a decir de nuevo que era algo tonto. Sentía como si aquel día la chica no tuviera ni una gota de confianza en sí misma.
Él asintió con la cabeza para animarla a que siguiera hablando.
—Cuando estaba en Hogwarts, no recuerdo exactamente en qué curso ni cómo lo consiguieron, los gemelos se hicieron con un mapa de todo el castillo. —Explicó. —Salía cada planta, cada clase, cada pasillo que nosotros ni siquiera conocíamos. Además toda la gente que estaba allí quedaba reflejada así que estaba pensando que quizás con los conjuros adecuados…
Erin estaba hablando muy en serio pero Sirius no pudo evitar que una sonrisa irrumpiera en su rostro. Tenía que interrumpirla. Aquel mapa que estaba describiendo era su mapa.
— ¿El mapa de los merodeadores?
Hacía años que no lo tocaba, es más, ni siquiera sabía qué había sido de él pero que Erin se hubiera cruzado con él y luego se lo hubiera contado parecía más cosa del destino que una coincidencia. Se había quedado fascinado. Sin embargo, Erin le miraba extrañada sin entender por qué estaba tan animado de repente.
—Sí. ¿Tú también lo conoces?
A Sirius le salió casi una carcajada y supo que iba a contárselo todo aunque seguramente fuera impulsivo. ¿Acaso se pensaba él demasiado las cosas antes de hacerlas? La verdad era que no ,pero tampoco le preocupaba demasiado.
—Erin, tú conoces a dos creadores.
—No. —Contestó con los brazos cruzados. —Tenían unos alias muy raros de eso sí me acuerdo, Lunático, Colagusano, Canute…
—Canuto, es Canuto. —La corrigió. —Y sí que los conoces pero no lo sabes. Tienes uno delante.
Erin abrió un poco la boca, casi lista para replicar algo y para sorpresa de Sirius, se echó a reír mientras negaba con la cabeza.
— ¿En serio? Si tú eres uno, entonces me la juego a que otro es Remus.
—Sí. —Contestó Sirius, también sonriendo. —Remus es Lunático, yo Canuto, James era Cornamenta y Colagusano, ya sabes.
No hacía falta que lo mencionara porque Erin ya sabía a quién se refería. Todavía estaba mirándole como si estuviera desvariando, con el ceño fruncido y una sonrisa leve en la cara. De todas formas, parecía estar entretenida con la situación.
— ¿De dónde sacasteis esos nombres? Puedo entender el de Remus, y bueno, Colagusano por la rata. —Parecía ir hablando y reflexionando sobre ello a la vez. — ¿Canuto? ¿Cornamenta?
—Por nuestros patronus. —Respondió Sirius. —Y por la forma que adoptábamos para ayudar a Remus durante sus transformaciones.
—No sabía que fueras un animago. —Dijo Erin.
—Porque poca gente lo sabe, no estoy registrado ni ninguno lo estábamos.
Erin alzó las cejas de inmediato pero volvió a suavizar su expresión de rápido.
—Remus tiene suerte de haber encontrado unos amigos así.
No habló en pasado y Sirius casi lo agradeció porque no quería recordar que ahora solo quedaban ellos.
— ¿Nunca has visto a nadie transformarse? —Preguntó a la vez que se levantaba de su sitio.
—No me digas que te vas a poner a hacer eso delante de mí.
Él se rió porque Erin había sido muy rápida al esperárselo pero ni siquiera le contestó porque quería que le creyera de verdad. Parecía estar tomándoselo en parte como una broma. Erin se había tapado la cara con sus manos pero seguía mirando entre sus dedos, debatiéndose entre la vergüenza y la curiosidad. Antes de que se diera cuenta, delante de ella tenía un gran perro negro y entendió por qué Sirius había escogido Canuto (y también por qué se había ofendido tanto al saber que no le gustaban los perros). Erin se levantó despacio. Sirius acababa de transformarse delante de ella con tanta facilidad que le parecía increíble que aquel animal que tenía delante fuera él. Extendió su mano sin vacilar demasiado y el perro se movió hacía ella con gracia, casi sin hacer ni un ruido .Dejó que pasará sus dedos entre su pelaje y le acariciara. Erin lo hizo de buena gana aunque no era consciente del todo de que se trataba de Sirius, era bastante agradable. No se habría atrevido a tocarle así si lo tuviera delante. El perro se dio la vuelta y de un momento a otro Sirius volvió a aparecer, entonces Erin si que parecía asombrada.
—Eso ha sido fantástico. —Habló. —Y un poco raro.
Sirius se atusó el pelo, como si le hubiera quedado revuelto y se volvió a sentar sin que le hubiera parecido raro que le hubiera acariciado. Erin seguía observando con su cara apoyada en una de sus manos.
— ¿Cuántos años tenias cuando hicisteis el mapa? Tuvisteis que usar conjuros muy avanzados.
—Todavía estábamos en Hogwarts. —Sirius pensó que tenía que haber sido unos cuantos años antes de terminar los estudios, quizás cuarto o quinto curso. Tampoco podía recordarlo con exactitud. —Remus hizo los dibujos, James y yo nos encargamos de muchos hechizos y de rastrear las zonas. Era más fácil al transformarnos.
Erin escuchaba con atención. Aquellos chicos habían sido unos grandes magos desde que eran muy jóvenes eso no se podía dudar. Tampoco que hubieran querido ayudar a Remus de verdad. Le alegraba saber que había tenido alguien ahí para ayudarle. Sirius Black le había parecido de lo más misterioso desde que se había demostrado que no había sido culpable de lo que le habían acusado, y en aquel momento no hacía más que afirmarlo. Parecía que cada día aprendía algo más sobre él que la sorprendía.
—Si de verdad crees que un mapa del Callejón Diagón podría funcionar entonces me apunto. Espero que Remus quiera ayudarnos, porque soy un dibujante pésimo. —Le dijo Sirius.
—Me parece bien. —Le dijo Erin sin pensárselo, Remus también le agradaba.
—Es una buena idea, Erin. —Le aseguró Sirius. Quería hacerlo saber porque de verdad lo era, y la chica parecía haberle estaba vueltas por mucho tiempo. —Ya lo hemos hecho una vez, así que no será tan difícil. Solo tienes que confiar en este perro viejo, ¿por una vez?
Sus ojos brillaron.
—Las que hagan falta.
¡Hola! Perdón por el gran retraso, la universidad ha vuelto con el peor horario que he tenido nunca y este capítulo se me resistía demasiado. Intentaré subir un capítulo o dos al mes, y más largos. Próximamente, más sobre el mapa, una pelea (¿), un cumpleaños… y una boda.
(Lo he borrado y vuelto a subir, perdón por las molestias).
