Once
Erin ni siquiera se había hecho una idea de lo que podía encontrarse en su cabeza pero cuando empujó la puerta entreabierta pensó que aquello no se le habría ocurrido. Era un espacio lo bastante grande como para ser una habitación pero no había ni un solo mueble, lo cual era muy raro viendo lo recargada que estaba el resto de la casa. Erin entró adentro extrañada, contemplando las paradas de color verde oscuro. Apenas había dado un par de pasos en el momento en el que vio lo que se suponía que guardaba la habitación. Había un gran dibujo en la pared a su izquierda que la ocupaba entera. Era un árbol con unas ramas muy alargadas encima del mismo fondo verde que el resto de las paredes, aunque el color parecía más apagado, como si estuviera desgastado. En cada rama había unos redondeles que contenían nombres y encima de ellos un retrato de la persona que nombraba, supuso Erin. Entonces se dio cuenta, era un árbol genealógico de la familia Black. Sus ojos pasaron de un nombre a otro intentado encontrar alguno que le resultara familiar y entonces en el centro del árbol, en la parte de arriba, se encontró con Wallburga Black, la madre de Sirius. Lo más raro de todo es que debajo de ella aparecía un tal Regulus Arcturus Black y al lado un borrón negro. Erin pasó sus dedos por el envejecido tapiz en aquel espacio. Aún podía sentirse el relieve de las letras del nombre, lo que parecía una ese, más tarde una erre. Allí debía de haber estado el nombre de Sirius y su retrato, pensó. Si ambas ramas salían de Wallburga aquello quería decir que Sirius tenía un hermano o al menos lo había tenido.
Regulus. Jamás había escuchado una palabra sobre él.
Se le hizo un nudo en el estómago viendo más borrones en el árbol y mil absurdas razones por las que algún Black había hecho aquello se le pasaron por la cabeza. Entre asqueada y sorprendida por lo que había descubierto se alejó del tapiz para marcharse antes de que fuera descubierta pero casi como si lo hubiera provocado ella misma con sus pensamientos, Erin se encontró a Sirius cuando estaba cerrando la puerta tras ella. Ambos se quedaron mirándose, Sirius tenía el pelo mojado, acabaría de salir del baño y Erin se preguntó a sí misma por qué tendría que haber acabado tan rápido (o también por qué era tan tonta como para hacer algo que sabía que no debía hacer). Pasara lo que pasara después, deliberó con amargura, era solo culpa suya.
— ¿Qué estás haciendo? —Preguntó Sirius.
Apenas había hablado y Erin ya sabía que le había enfadado. Había sonado más cortante que nunca, casi como el Sirius que le había desafiado el primer día, con sus ojos oscuros clavados en los suyos.
—Estaba, estaba… —Erin notaba como la lengua se le trababa. —La puerta estaba abierta.
Se había quedado congelada en el sitio y estaba hablando como una estúpida. Una estúpida asustada. No tenía miedo de Sirius, eso estaba claro, pero le daba miedo haber roto la confianza que tenían.
—Eso no quiere decir que puedas entrar.
Erin escuchó cada palabra, notando como su cara se encendía. Intentó abrir la boca para decir algo pero nada con sentido se le cruzó por la cabeza, ni siquiera un lo siento. La primera reacción que le siguió fueron sus piernas moviéndose. ¿Se iba a ir sin decir palabra? Sonaba mucho mejor que empeorar aun más la situación. Erin se marchó escaleras dejando a Sirius confundido, con el ceño fruncido y una pizca de enfado reflejada en sus ojos. La había llamado mientras que se iba pero Erin ya no estaba escuchando, la vergüenza que estaba sintiendo era demasiado fuerte como para quedarse un segundo más. Todo habría quedado así si no hubiera sido por el hecho de que vivían en la misma casa; en algún momento iban a volver a encontrarse y Erin tendría que disculparse. De momento, aquel día pudo librarse sobre todo gracias a Kreacher que por sorpresa, le obedeció en todo momento y le trajo la comida durante el día. Sin embargo, el siguiente día tenían que acompañar a Harry desde su casa hasta la Madriguera y ya no tenía escapatoria.
No fue tan difícil como Erin había pensado. Empezó el día comunicándole todos los preparativos a Kingsley aunque también iba a estar presente por la importancia de la misión y cuando llegó el momento de marcharse durante la tarde se decidió a bajar al primer piso, desde donde se escuchaban diferentes voces. Erin supuso que se trataría de Remus y Tonks y así fue. Ya se encontraban en el pasillo dispuestos a salir, igual que Sirius. Ella sonrió a ambos.
Mientras que salían de la casa para teletransportarse al número 4 de Privet Drive Remus siguió repasando el plan que Erin ya se sabía de memoria, algunos de ellos irían en parejas y como Ojoloco había sugerido tomarían la poción multijugos para distraer a los motífagos en caso de que atacaran y así no pudieran reconocer a Harry. En concreto, Remus y Tonks iban a escoltarlos junto a Bill, Arthur o Sirius sin tener que transformarse. Erin sí lo haría. Sirius todavía ni siquiera había cruzado su mirada con la suya.
Sirius no se consideraba una persona intimidante, al menos cuando no estaba enfadado, pero estaba casi seguro que había asustado a Erin el día anterior. Para ser justos, ella la había asustado primero y tampoco había dejado decirle ni palabra después de que se marchara corriendo. Se había enfadado, sí, porque lo menos que se esperaba era verla a ella en aquella sala. No sabía del todo por qué le había molestado tanto. Lo había achacado al cansancio y a aquella casa, estar encerrad. Sin embargo, después de todo un día sin volver a verla, después de haber escuchado a Kreacher subirle a Erin la comida todo su enfado se había esfumado y había dejado paso a la vergüenza. ¿No había sido ella quien le había dicho que una casa solo era una casa? Estaba haciendo de algo insignificante una montaña.
Aún no había tenido la oportunidad de decirle nada, habían salido de casa con Remus y Tonks y desde aquel momento la única preocupación de Sirius se había vuelto Harry. Después había habido demasiada gente delante como para tener aquel tipo de conversación y Erin no había intentado acercarse a él en ningún momento. La había asustado, sí y porque eso no le hablaría en ningún. No podía negar que estuvo tentado de al menos decirle que todo iría bien después de que todos se hubieron tomado la poción multijugos pero Erin parecía tener mejor cara después de ver a Fred y George y Sirius había tenido que marcharse antes para poder escoltar al resto.
En aquel momento, él ya estaba en la Madriguera y su inquietud le hacía rodear la casa una y otra vez viendo que nadie más aparte de él y Arthur junto a Fred habían llegado. Molly seguía dentro de la casa y Sirius sabía lo preocupada que estaría por sus hijos, igual que él lo estaba por Harry. Aquella era una jugada muy arriesgada pero tenían que ponerle a salvo como fuera. Después de otra vuelta a la casa que a Sirius le pareció interminable, vio una escoba aproximarse y su corazón le dio un vuelco. Desde tan lejos solo podía distinguir a una persona de pelo rubio y por un momento pensó en Fleur, que volaba con Bill por supuesto, pero luego recordó que iban en un Thestral y se dio cuenta de que solo podía ser Erin. Se acercó a la puerta de casa, donde se encontraba Arthur vigilando con una sensación de alivio aflorando en su pecho. Nunca se hubiera perdonado a sí mismo que a Erin le hubiera pasado algo después de haberse portado como un imbécil.
El alivio se fue tan rápido como había venido cuando Erin se bajó de su escoba más pálida de lo que Sirius la había visto nunca y con la respiración entrecortada.
—Erin. —Le llamó. — ¿Estás bien?
La chica se acercó a la puerta, a la que habían salido todos los Weasley que se encontraban en casa, mientras que negaba con la cabeza.
—Había mortífagos por todas partes. —Anunció con un hilo de voz.
—Eso no es posible. —Escuchó decir a Arthur. —Nadie fuera de la Orden sabía que íbamos a trasladar a Harry.
Luego Erin pronunció lo que ninguno de ellos quería admitir en voz alta:
—Entonces alguien nos ha traicionado.
Molly y Arthur habían empezado a discutir y Fred había abrazado a Erin, que parecía estar recobrando el aliento. Sirius ya no escuchaba nada. Le hervía la sangre de pensar que algo así pudiera estar ocurriendo, otra vez pensó. Quizás era él quien arrastraba su mala suerte a todos los lados. Por sorpresa, sintió una mano en su brazo apretándole sin mucha fuerza. Se dio la vuelta y vio a Erin, con los ojos medio llorosos.
—No va a servir de nada salir ahí fuera ahora.
Sirius estuvo a punto de replicarle que eso no era lo que quería hacer pero era exactamente lo primero que se le había pasado por la cabeza. Harry y sus amigos seguían ahí fuera, Tonks, Remus… No quería que les ocurriera nada.
— ¿Soy tan predecible?
Erin esbozó algo parecido a una sonrisa aunque Sirius ni siquiera lo había pretendido.
—Es lo que me gustaría hacer a mi también pero no es lo más inteligente.
No lo era pero de haber estado solo Sirius se habría lanzado sin pensarlo ni un segundo más a por el resto, sobre todo a por Harry. Tal vez lo único que le hacía falta de vez en cuando era una persona que le hiciera pararse a pensar un segundo.
Aburrido, corto pero quería subir algo después de tanto tiempo sin subir un capítulo. No sé cómo se me ha pasado tanto tiempo pero tengo que empezar a reconocer que soy la persona más desastrosa del mundo. Desde la última vez que actualicé esta historia han cambiado algunas cosas, ahora mismo estoy viviendo en Inglaterra lo cual me ha hecho volver a interesarme por Harry Potter (es más ahora mismo estoy releyendo los libros y volviendo a ver las películas para ver si me inspiro). Espero actualizar mucho más pronto que esta vez, un capítulo más largo y más interesante sí, porque tengo cosas mejores planeadas para futuros capítulos. Gracias otra vez.
