Doce

Erin aún estaba temblando cuando entró dentro de casa junto a Molly, Arthur y Fred. Sirius se había quedado fuera aguardando al resto pero tan pronto como entraron al pequeño salón de los Weasley apareció él seguido de Remus y Tonks.

—Alguien nos ha traicionado. —Fue lo primero que escuchó decir a Remus.

Lo que ocurrió después Erin no se lo habría imaginado en su vida, el antiguo profesor sacó su varita y apuntó con ella a Sirius que había levantado sus manos en señal de defensa. Erin miró a Tonks, la cual le devolvió la misma mirada llena de confusión.

—Remus, no es el momento de hacer bromas. —Respondió Sirius, con un ligero tono de impaciencia reflejada en su voz.

—No es ninguna broma. —Siguió Remus con la varita aún en alto. —No digo que hayas sido tú, ni ninguno de nosotros pero ¿y si hay algún impostor entre nosotros? Tenemos que asegurarnos.

Erin se dio la vuelta respirando con profundidad. Le dolía la cabeza, ni siquiera la mitad había regresado y ahora estaban preocupados por un posible impostor. Remus y Sirius seguían con su conversación pero Erin ni siquiera escuchó nada de lo que estaban diciendo hasta que oyó mencionar su nombre y se volvió a girar. Tonks, Remus y Sirius la estaban observando.

—Es tu turno.

Erin tuvo que resistirse para no poner los ojos en blanco. Sabía que era una situación muy seria pero, ¿acaso no parecía ella misma?

—Hazlo tú Sirius. —Habló Remus.

Él se le quedó mirando con la varita alzada, aunque con poco espíritu como si todo aquello le parecería ridículo.

—A mi me parece obvio que se trata de Erin. —Masculló Sirius.

—Vamos, Sirius tan solo pregúntale algo. —Intervino Tonks.

Sirius y Erin se quedaron mirando uno al otro y a Erin no se le dejaba de cruzar por la mente el pensamiento de que tenía que pedirle perdón. ¿Y qué le iría a preguntar Sirius?

—Algo que solo ella y yo sabemos. —Dijo Sirius girándose para mirar a Remus. Este asintió y Sirius comenzó a explicarse—Desperté a Erin una noche, estaba gritando sin darme cuenta porque había tenido una pesadilla y ella bajó corriendo porque pensaba que alguien estaba atacándonos. ¿Qué estaba soñando yo?

Tonks y Remus estaban en total silencio y Erin podía observar por el rabillo de ojo a Arthur y Molly junto a la ventana pero creía que también estaban atentos.

—Era Harry. —Contestó ella. —Harry cayéndose por el Velo.

—Te lo dije. —Comentó Sirius zanjando la discusión.

—No era nada personal, Erin. —Le dijo Remus.

Ella le contestó con una pequeña sonrisa mientras que Remus y Tonks se volvían a dirigir fuera. Se había quedado otra vez con Sirius a apenas unos metros de distancia, lo más cerca que habían estado aquel día excepto al llegar Erin hacía unos minutos.

—Oye Erin. —Ella se volvió para mirarle. —Quiero hablar contigo luego. Cuando ya hayan vuelto todos.

—Claro. —Respondió.

¿Se estaría sintiendo él también culpable? Estaba claro que había sido una tontería, una tonta discusión, pero Erin se sentía responsable. Ella también quería dejarlo claro.

—Deberíamos salir con los demás.

Los dos se encaminaron fuera para unirse a Tonks y Remus, mientras que Erin también salió pero se quedó al lado de Fred. La espera era lo peor en aquellos momentos de incertidumbre sin saber cuándo volverían, qué les habría pasado. O peor aún, pensó Erin con la piel de gallina, si acaso todos volverían. Si ni siquiera eran capaces de mover a Harry de un lugar a otro sin que ocurriera nada, ¿cómo iban a derrotar a Voldemort?

Harry fue de los primeros en aparecer después, junto a Hagrid, pálido como una hoja. Estaba confuso al ver que pocos habían vuelto pero sabía que los mortífagos les habían estado esperando. Con frases entrecortadas había confesado también que habían matado a Hedwig porque él mismo se había delatado usando expelliarmus, aunque Sirius insistió al momento en que no era su culpa. Ni siquiera les dio tiempo a comprobar si cada uno era quien decía ser porque en aquel momento las peores pesadillas de todos los presentes se hicieron realidad. Remus había salido y cuando volvió a entrar seguido por Ron y Hermione lo hizo cargando con una persona a su lado. Antes de que a Erin le diera tiempo a asimilar lo que estaba ocurriendo, sin que pudiera darse cuenta de quien se trataba, le sacudió un escalofrío. Había tanta sangre en el rostro de aquella persona que pensó que estaba a punto de morirse. Ginny dio un grito, mientras que Harry se apresuró a levantar las piernas de la persona que Remus no podía alzar por completo y entonces Erin vio su rostro y ella misma tuvo que reprimirse para no chillar. Era George. George, con su pelo ensangrentado y apenas consciente. Molly se abalanzó prácticamente sobre su hijo a la vez que lo tumbaban con cuidado en el sofá. Después de ella, Arthur, Ginny, Fred y Ron se habían apresurado también a acercarse a él y Erin tuvo que apartarse para dejarles espacio. De todas formas, ya había visto lo suficiente como para darse cuenta de que George había perdido su oreja y después de hacerse a un lado no supo qué hacer. Creía que no podría ni moverse de la impresión.

—Está perdiendo mucho sangre. —Escuchó decir a Arthur.

Molly ya había sacado su varita para intentar curar a su hijo. Por otro lado, Fred parecía estar aún conmocionado y no había dicho ni una palabra, al igual que Harry. Erin se dio la vuelta incapaz de mirar a George por mucho más tiempo, tumbado en aquel sofá intentando aferrarse a su vida, y observó a Harry. Tenía los labios apretados y el ceño fruncido, y lo más seguro es que estuviera culpándose por todo otra vez. Cuando Bill, Fleur y Kingsley aparecieron por fin en la Madriguera, Molly había logrado que George recuperara la consciencia pero el ambiente seguía tenso y casi todos habían derramado lágrimas. Todos sin excepción lo hicieron después de que Bill anunciara que habían perdido a Ojoloco. Tonks rompió en llanto, Remus trataba de consolarla aun sabiendo que era inútil. Todos sabían que ella había sido la protegida del Auror. Erin ya no sabía a dónde mirar.

La chica se sentó en la mesa de la cocina de los Weasley, al lado de Hagrid. Aquella tarde se estaba volviendo tan larga y dolorosa que se estaba volviendo insoportable y el nudo que tenía el estómago desde que había llegado a la casa aún no había desaparecido. Poco a poco la cocina se había llenado en silencio, a excepción de los Weasley que se mantenían al lado de George. Bill entró de repente, sacó una botella de whiskey de fuego de un armario y unos cuantos vasos y empezó a servirles unos tragos.

—Por Ojoloco. —Pronunció alzando su vaso.

Erin tomó un vaso e incluso vio a Harry y Hermione hacer lo mismo, a Arthur, a Remus y Sirius, Fleur...solo Tonks que ya estaba más calmada se había quedado al margen. Todos alzaron sus vasos y los juntaron en un brindis final por el amigo y compañero que habían perdido. Después de que el alcohol le abrasara la garganta, Erin pensó que aparte de Ojoloco, de George y la traición que habían sufrido, lo que más les podía hundir es que aquello podía acabar con su esperanza, y la esperanza de hacerle frente a Voldemort era lo que les había unido. Erin se levantó de su silla y fue hasta el salón, intentando que los nervios no la vencieran. Se quedó en un extremo del sofá, observando a George. Se había quedado dormido. Ya le habían vendado la cabeza y la parte en que antes había estado su oreja. Tenía la cara limpia y Molly le había quitado también la ropa ensangrentada.

— ¿Cómo está?—Le preguntó.

—No puedo intentar reemplazarla. —Empezó a explicar. —Es magia negra.

Erin esperaba aquella respuesta.

—Ya ha hecho reír a Fred. Y me ha dicho que ahora podré diferenciarlos. —Molly soltó una risa nerviosa y Erin posó la mano en su hombro con suavidad.

—Entonces sigue siendo nuestro George.

—Al menos...al menos está vivo. —Respondió.

Erin solo pudo asentir con la cabeza porque no creía que fuera capaz a decir nada más. Toda aquella situación era surrealista. Erin había conocido a los gemelos en un mal momento en su vida, la habían defendido y animado durante años y prácticamente la habían hecho una más de su familia. No podía concebir como alguien podría querer hacerles daño a ninguno de los dos.

—No quiero molestar demasiado pero creo que alguien debería hacer guardia esta noche. —Dijo Erin. —Vosotros tenéis que descansar.

—Por Merlín, no molestas para nada Erin. —Molly se incorporó. —Claro que puedes quedarte, es buena idea pero tú también tienes que descansar después, ¿vale?

Ella asintió con la cabeza y abrazó a la mujer. Estaba mucho más calmada de lo que Erin se hubiera esperado aunque sabía de sobra que Molly era una mujer muy fuerte.

La cena con los Weasley y los demás que también habían decidido quedarse fue una de las tensas que Erin había pasado en aquella casa. Las conjeturas sobre quien les había traicionado no tardaron en llegar. Había sido Mundugus sin ninguna duda y Erin sabía que todos se estarían maldiciendo al igual que ella por no haberlo visto antes. Harry fue el que más callado estuvo y cuando acabó de cenar se limitó a seguir a Ron y Hermione, los tres con caras largas. Erin se había esperado que fuera a explotar en cualquier momento o a levantarse de la mesa y salir por la puerta. Fue entonces cuando Erin aprovechó para levantarse también y hablar:

—Yo hago la primera guardia.

—Nosotros te relevamos más tarde. —Dijo Tonks, refiriéndose a ella misma y Remus.

—Y yo me quedo contigo. —Anunció Sirius.

Erin asintió mirándole. Era lo que había estado buscando. La chica se puso una sudadera y vio a Sirius abrocharse su chaqueta también, antes de salir afuera. Molly le dio las gracias a los dos y cuando Erin iba a salir por la puerta vio a Sirius darle un abrazo. La chica sonrió, aquello era buena señal. Cuando se encontró afuera con Sirius, al fin los dos solos, a Erin ya se le había olvidado todo lo que había tenido intención de decirle esa tarde.

—¿Crees que Harry está bien? —Preguntó.

—Está enfadado consigo mismo, sin razón, pero puedo entenderlo. A mí también me daría rabia. —Explicó Sirius.

Habían empezado a andar, rodeando la casa con sus varitas iluminadas.

—George está bien. Es decir, Molly no pudo hacer nada por salvar su oreja pero al menos está a salvo.

—No tendría que haber ocurrido. No habría pasado si no hubiera sido por Mundungus...

Sirius no terminó la frase. Erin también estaba disgustada y enfadada por la situación pero no había sido culpa de ninguno de ellos.

—Nunca me he fiado demasiado de él pero pensaba que simplemente era un ladrón. Quizás hasta un mentiroso, pero de ahí a un traidor...

Erin asintió en silencio. En dos días sería el cumpleaños de Harry y en tres la boda de Bill y Fleur. Por supuesto que todo aquello no tendría que estar sucediendo. Se suponía que serían unos días de paz, dentro de lo que cabía. La noche parecía tranquila aunque se había levantado un poco de viento. No había rastro de nadie en los alrededores de la casa pero aún así los dos decidieron acercarse hasta la charca que había al lado de la Madriguera a echar un vistazo.

—Quería pedirte perdón por haberte gritado ayer. —Dijo de repente Sirius, tomándola por sorpresa.

Erin se paró para hablar con él.

—Yo sí que lo siento. No tenía derecho a invadir tu privacidad así.

—Da igual, Erin, solo fue una tontería. Lo llevo pensando todo el día, no quería disgustarte ni mucho menos.

Ella extendió su mano, con una pequeña sonrisa, y Sirius se la tomó.

—Estamos bien.

Gracias a la luz de sus varitas Erin pudo ver que Sirius sonreía un poco también. A Erin aún le podía la curiosidad y antes de que siguieran con su ronda intentó averiguar más con cautela.

— ¿Tienes un hermano, verdad? —Preguntó.

—Regulus, sí. Tenía un año menos que yo.

Sirius había contestado sin dudar aunque había apartado la mirada de la suya un momento. Erin se dio cuenta de que hablado de él en pasado y un pensamiento le invadió, su hermano estaba muerto.

—De pequeños siempre nos llevamos bien aunque él siempre fue el favorito de mis padres. Fue así hasta que entré a Hogwarts más o menos, ya sabes por lo de Gryffindor. Desde entonces me distancié de todo el mundo en mi familia, incluso él. Cuando llegó la hora de que él entrara también yo solo quería que fuera a cualquier sitio menos a Slytherin. No lo sé, quizás así alguien más de mi familia haría algo bien.

Sirius se había quedado mirando a ninguna parte.

—Echaba de menos a mi hermano. —Admitió con la voz temblorosa. —Pero lo que yo quería no pasó. Entró a Slytherin y después de yo me fuera con los Potter apenas volví a verle. Empezó a rodearse de más Slytherins, de familias antiguas y al final se acabó uniendo a los Mortífagos. Como todos los demás.

Había una pizca de decepción en la voz de Sirius. Erin tenía la impresión de que no le había contado aquella historia a mucha gente.

— ¿Qué le pasó?

—No lo sé. Sé que murió pero nunca encontraron su cuerpo. Nunca supe lo que le pasó.

A Erin le costaba mirarle a la cara en aquel momento, no sabía qué decirle.

—Lo siento mucho.

Sirius se aclaró la garganta y se volvió para mirarla.

—Fue hace mucho tiempo.

Quizás había sido hace mucho tiempo pero si le había molestado era porque le seguía doliendo. Erin no quería hurgar más en la herida así que le propuso volver a acercarse a la casa. Allí no había nadie y el pensamiento le reconfortó. Ya habían tenido suficientes emociones por un día. Dieron una segunda vuelta alrededor de la Madriguera para asegurarse de que todo estaba bien y cuando acabaron Erin se sentó en el suelo, en la parte de atrás de la casa. Se dijo a sí misma que solo sería un momento, porque aún le quedaban unas horas por delante. Se había comprometido a mantenerse despierta hasta que llegara la madrugada para no molestar a Remus y Tonks. Después podría descansar. Sirius parecía cansado también, y se sentó a su lado suspirando. Ninguno de los dos había guardado sus varitas.

—No creo que nadie vaya a seguirnos hasta aquí. —Dijo Erin.

—Espero que no. —Hablo Sirius. —Estoy agotado.

—Podías haberte ido a descansar un rato.

Sirius sacudió la cabeza.

—No, no. No quería dejarte sola. —Erin sintió una sensación reconfortante en el pecho. —Además, apenas te he visto en todo el día.

— ¿Ya me echabas de menos? —Preguntó riéndose.

—No te lo creas tanto. —Sirius le empujo, también riendo. —Solo un poco.

—Me alegro de saberlo. —Dijo ella bromeando.

Erin sintió que al fin estaba tranquila. Aunque la noche sería larga y descansaría poco, George se recuperaría y Harry estaba a salvo por el momento. Las cosas con Sirius estaban bien.

Mañana sería otro día.


Llevar sin escribir tantos meses que ni siquiera recuerdas lo que tú misma escribiste…en el capítulo anterior. Mi vida en una frase. He vuelto a mi casa por fin hace un tiempo así que espero ponerme al día porque Sirius y Erin no dejan de rondarme la cabeza a cada hora, rogándome que escriba más sobre ellos. Ojalá estuviera de broma.

La pobre Erin no sabe todo lo que se le viene encima.

Próximamente: un cumpleaños y una boda.