Trece
Como era habitual, Erin fue de las primeras personas en levantarse la mañana siguiente. Le pasaba desde que era pequeña sin quererlo pero ahora que era una adulta casi buscaba madrugar. No se sentía tan tranquila en ningún otro momento del día como cuando caía la noche o empezaba el día. Había tenido una sensación extraña al despertarse y encontrarse en la Madriguera. Cuando había abierto los ojos por un instante pensó que estaba en Grimmauld Place, parecía que ya casi se había acostumbrado a aquella casa vieja que cada vez se volvía menos espeluznante. Entonces vio a Hermione y Ginny durmiendo plácidamente en la misma habitación y los recuerdos de la noche anterior se le vinieron encima. Apenas serían las ocho o las nueve, así que Erin retiró las sábanas intentando hacer el mínimo ruido posible, se vistió con rapidez, se recogió el pelo y salió de la habitación. No se oía nada más desde donde se encontraba ella en las escaleras aunque estaba casi segura que Arthur y Molly ya estarían ocupándose de algo en la casa o fuera, o quizás vigilando a George. Bajó las escaleras y se encaminó a la cocina mientras bostezaba. Estuviera en la Madriguera o estuviera en Grimmauld Place, había cosas que no cambiaban. Sirius ya estaba en la cocina, de espaldas y con una taza en la mano mientras que miraba por la ventana.
—Buenos días. —Dijo Erin en voz baja. No quería sobresaltarlo ni tampoco molestar a nadie.
Sirius se dio la vuelta sin parecer demasiado sorprendido.
—Buenos días. —Dijo como si nada, también en voz baja. — ¿Quieres café?
Erin asintió y se quedó de pie al lado de la encimera.
— ¿Has dormido algo? —Le preguntó.
—Sí. —Le respondió él mientras daba un sorbo a su café. — ¿Tú?
—La verdad es que bastante.
Erin dudaba que Sirius hubiera descansado de verdad, al contrario que ella, porque tenía unas ojeras enormes y el pelo más revuelto que de costumbre. Al parecer, Sirius tenía el sueño ligero, más todavía que ella. Quizás estaba teniendo pesadillas de nuevo, pensó ella. Sirius le sirvió una taza de una cafetera enorme y le dio también un par de galletas. Erin le dio las gracias y se acercó un poco más a él, con sus brazos rozándose, para ver qué era lo que estaba observando por la ventana. Afuera se encontraba Arthur junto con otras personas que Erin no conocía, montando una gran carpa con sus varitas. Ya habían empezado a hacer los preparativos para la boda. Erin se alegró de que al menos tuvieran algo bueno que celebrar, algo que les animara y les distrajera un poco. Luego se apartó de la ventana y se sentó a la mesa, mientras que Sirius siguió de pie pero se dio la vuelta para no darle la espalda a Erin.
— ¿Sabes a quién vi anoche?—Preguntó Sirius.
—No.
Estaban hablando casi en murmullos pero aun así Erin podía advertir cierta diversión en su tono.
—Harry y Ginny. —Una sonrisa ladeada se había hecho paso en el rostro de Sirius.
— ¿Dónde? —Preguntó ella interesada.
—En el rellano de la escalera delante de la habitación de Ginny.
Erin juraría que la chica estaba en la habitación cuando ella se había ido a dormir aunque podría haberse escabullido mientras que dormía.
—Estaban hablando y se besaron, nada extraño. —Continuó él. —Solo me sorprendió porque no sabía que a Ginny le gustara Harry de verdad.
—A Ginny le gusta Harry desde hace mucho tiempo. —Inquirió Erin.
—Así que sabes más que yo.
—Es probable. —Le contestó. —Pero no sabía que estuvieran saliendo ahora mismo.
Ginny le contaba prácticamente todo y sabía que la chica había salido con Dean Thomas aunque le gustaba Harry, y que luego él le había dicho que no podían estar juntos para no ponerla en peligro. Algo muy típico de Harry.
— ¿Debería decirle algo?
—No te ofendas Sirius, pero si no te ha contado nada todavía a lo mejor le da vergüenza. —Le respondió masticando una galleta. Luego pensó en preguntarle si acaso él le había hablado de chicas a sus padres pero aquel era un ejemplo pésimo. —La última vez que salí con alguien tardé meses en contárselo a mis padres. Prefería morirme antes que enfrentarme a ello.
— ¿Un poco dramático no?
Erin asintió con la cabeza y notó como las mejillas se le enrojecían.
—Supongo que nunca he sido muy valiente, ni siquiera para eso.
Ni qué decir tenía que también le había costado meses atreverse a salir con el que había sido su último novio. En aquel momento, entendía a Harry.
—Si hablas con él, yo lo dejaría caer sutilmente. Seguro que él te lo contará sin falta de que se sienta avergonzado.
—Puedo intentarlo. —Dijo encogiéndose de hombros. —Aunque creo que hay cosas que le preocupan más que esto.
Erin estaba segura también. La chica acabó comiendo más galletas mientras Sirius desayunaba en silencio, como si estuviera pensando cómo acercarse a Harry y ella no quiso presionarlo más. Ya iba por su tercera galleta cuando Sirius se marchó a ayudar a Arthur y Erin se quedó sola. Lo más seguro era que todos pasarían el día allí y la noche siguiente celebrarían el cumpleaños de Harry en Grimmauld Place y volverían a la Madriguera para la boda. Erin no hizo demasiado aquel día, aparte de pasar el rato con los Weasley e intentar echar una mano. Sí que tuvo tiempo de hablar con Bill y la que iba a ser su futura esposa, Fleur Delacour. Erin no le había visto en una eternidad aunque ahora estaba en Inglaterra con Fleur y ambos habían encontrado un trabajo en Gringotts. Si no lo fallaba la memoria, solo se los había encontrado en una reunión de la Orden sin contar el día anterior. Nunca había sido tan cercana a Bill como al resto de sus hermanos, aunque si tenía más trato con él que con Charlie o Percy. Además, sabía que a Molly no le había agradado Fleur al principio, así que no le extrañaba que la chica no pasara tanto tiempo con su familia.
El día siguiente sí que fue un día atareado. Harry llegó a Grimmauld Place más pronto que nunca, con una sonrisa inmensa que ni siquiera flaqueó cuando Sirius le tiró de las orejas con tanta fuerza que después se le quedaron rojas. Erin no había visto muchos de sus cumpleaños pero estaba segura de que este no se le olvidaría por muchas razones. La primera, por la cantidad de gente que se había reunido en la casa de Sirius y encima por una buena razón. La mitad de los asistentes eran los Weasley, por cierto, y la otra mitad eran miembros de la Orden. Hasta Kingsley se había escapado para felicitar a Harry en persona aunque fuera a ser una visita de lo más fugaz. En toda la tarde se habían repetido felicitaciones y las mismas escenas de abrazos, besos en la mejilla y más tirones de oreja. Erin había intentado saludar a todo el mundo, pararse a hablar con su jefe y ayudar a preparar la cena con tanto empeño que casi se le olvidó que también tenía que terminar el asunto del mapa del Callejón con Remus. Apenas le llevó un momento contarle a Remus el apodo que había pensado y él se fue hacia la otra punta de la habitación donde estaba sentado Sirius y le susurró al oído. Sirius miró a la chica, le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba y Erin siguió hablando con Ginny como si nada. Nadie les preguntó por ello.
Después de cenar, Harry abrió sus regalos mientras que Arthur no dejaba de sacar fotos. Habían hecho que el chico se sentara en la cabeza de la mesa del comedor y cada vez que alguien le daba un regalo Arthur le mandaba sentarse al lado de Harry y posar para inmortalizar el momento.
—Entre hoy y mañana mi padre tendrá para un álbum entero. —Comentó Ron entre risas.
A Erin, que se encontraba de pie, alrededor de la mesa con los demás también le resultó de lo más gracioso pero a la vez le enternecía.
—Déjalo, está muy contento.
—Eso es porque sé dar una fiesta. —Dijo Sirius a su derecha. —Y sin una gota de alcohol.
—Ya veremos si dices lo mismo mañana. —Comentó Remus con una sonrisa.
—Lo dudo. Una boda es una boda. —Respondió Sirius. —Pero siempre con moderación, amigo.
Remus continuó hablándole a Erin.
—La última vez que Sirius se pasó bebiendo en una fiesta, fue el verano pasado. Se puso a cantar un villancico sobre un hipogrifo a pleno pulmón pero inventándose la letra.
Sirius se empezó a reír a carcajadas, seguido por Remus y a Erin se le escapó una sonrisa.
—Pues me hubiera gustado verlo. —Comentó ella.
Jamás había escuchado a Sirius cantar y aunque hubiera sido un desastre seguro que lo había hecho porque estaba feliz. A los regalos le siguieron lo más importante, que eran las tartas de chocolate que Erin había ayudado a hacer y también los cafés, tés o lo que quisieran que les acompañara. Harry estaba sentado en el salón rodeado de sus amigos, con Sirius sentado a su lado y Erin se encontraba en la mesa del comedor, cerca de Remus y Tonks, comiéndose su pedazo de tarta y pensando en partirse otro trozo. Justo entonces Hermione se levantó del salón y se sentó en un sitio vacío a la izquierda de Erin, posando su humeante taza de té en la mesa.
—Hola.
—Hola. ¿Quieres otro trozo de tarta? —Le ofreció Erin.
—No, gracias. Quería hablar contigo. —Hermione había bajado la voz.
— ¿Pasa algo? —Erin se giró y acercó un poco su silla a la de Hermione.
La chica tenía la mirada fija en su taza de té, que rodeaba con ambas manos.
—Es Harry. Ayer por la noche quiso marcharse.
— ¿Qué? —Erin no sabía a qué se estaba refiriendo. ¿Marcharse a dónde?
—Ron y yo le convencimos de que esperara o Molly se disgustaría. Quería marcharse solo. —Siguió Hermione.
—Hermione, no sé de qué me estás hablando. —Pronunció Erin en total confusión.
La chica le empezó a hacer un resumen muy rápido de lo que había ocurrido, empezando por Dumbledore que le había encomendado a Harry una tarea de vital importancia para acabar con el Señor Tenebroso. Tenía que ver con una magia tan negra que Erin apenas había oído hablar de ella. Lord Voldemort había hecho seis Horrocruxes y para ello seis vidas se habían perdido y seis pedazos de su alma se habían quedado encadenados a ellos. De repente a Erin se le habían pasado las ganas de comer un segundo trozo de tarta.
— ¿Por qué se iría solo? —Preguntó. Hermione seguía con la cabeza gacha y una mueca de disgusto. — Es la peor idea que he escuchado.
—Ya sabes cómo se pone Harry cuando se le mete algo en la cabeza. No vamos a dejar que lo haga, necesitamos ayuda, por supuesto. Ni siquiera sabemos por dónde empezar a buscar.
Erin se quedó un momento callada y miró de reojo a Remus que parecía demasiado enfrascado con Tonks como para darse cuenta de lo que las dos estaban hablando.
—Harry le contó lo de los Horrocruxes a Sirius pero no le ha dicho nada de la búsqueda. —Soltó Hermione con un suspiro. —Y yo no sé cómo decírselo.
Erin no recordaba haberse enfadado con Harry en ningún momento, no de ninguna manera que fuera más allá de una tontería pero en aquel momento se sintió dolida de verdad aunque no fuera con ella. No creía que Sirius fuera a reaccionar de buena manera.
— ¿Puedes hablar con él? —Preguntó Hermione. Erin ya se lo había esperado. —Tú pasas mucho más tiempo con Sirius, él te escuchará. Me da miedo ir a buscar a Harry un día y que se haya marchado Merlín sabe a dónde sin avisarnos.
Desde donde se encontraban las dos se podía ver a Harry y a Sirius con Ron, Fred y George, riéndose mientras que miraban unas fotos que seguramente había sacado Arthur antes.
— Va a hacerle mucho daño. —Dijo Erin sin apartar la vista de los dos.
¿Por qué Harry no le habría contado aquello a su padrino? ¿Era culpa lo que estaría sintiendo y no querría implicar a nadie más? Erin no le podía encontrar el sentido y si a Sirius ya le había parecido la mañana anterior que Harry no le contaba lo suficiente, no sabía cómo iba a reaccionar entonces.
—Lo sé. Harry...no sé en qué está pensando.
Erin se sintió aliviada de que al menos Hermione tuviera dos dedos de frente y le hubiera dicho la verdad.
—Gracias por contármelo, Hermione. Lo haré.
—Voy a volver con Harry. —Dijo ella.
Erin asintió con la cabeza y Hermione se marchó. Erin también se levantó pero se marchó a la cocina, llevándose su plato y otros cuantos más a la cocina. Pensó en que en cuanto Sirius se encontrara solo se lo contaría aunque pensaba que le fastidiaría la noche y el día siguiente también. No pretendía que se enfadara con Harry pero tenía derecho a saberlo. Se sentía orgullosa de sí misma al ver que otros podían confiar en ella para contarles sus problemas pero por otro lado habría deseado seguir en la ignorancia y no tener que disgustar a nadie más. Cuando volvió de nuevo al salón se encontró a Sirius bromeando con Tonks y Sirius sentados en la mesa donde había estado ella con Hermione antes, la chica, Harry y Ron seguían con los demás en los sofás. Erin se lo tomó como una oportunidad y se acercó a Sirius.
— ¿Alguno quiere un café? —Preguntó. —Voy a hacerme uno.
—Yo sí. —Respondió Sirius. Erin se sorprendió de lo bien que le había funcionado. — ¿Tonks?
—Sí, con un poco de leche.
Sirius asintió y Remus pasó con un discreto no gracias.
En la cocina, Erin observó a Sirius preparar el café igual que lo había visto hacer mil veces antes, sin ni siquiera saber cómo empezar a explicarse.
—El tuyo quizás lo quieras con unas gotas de algo.
Para pasar el mal trago, se calló.
—Te tengo que contar una cosa aunque igual no es el mejor momento. —Dijo intentando no parecer demasiado contundente.
Erin se dio la vuelta apoyándose con su brazo en la encimera de la cocina y se giró para hablar con él.
— ¿Es malo?
—Te va a doler. —Admitió ella. —Pero sería mejor que no te enfadaras.
—Si me dices eso me va a sentar peor, Erin.
Ella buscó sus manos y se las apretó en un intento de reconfortarle.
—Se puede ver la cocina desde tu salón.
— ¿Y qué tiene que ver eso con nada? —Dijo Sirius un poco molesto pero no le soltó.
—Que puedes empezar a reírte como si te estuviera contando algo gracioso. Nos pueden estar mirando. —Ella no lo sabía porque estaba de espaldas. —Es sobre Harry.
Sirius se rió un poco, sin dejar entrever ningún gesto de inquietud.
— ¿Por qué no me sorprende?
—Hermione acaba de hablar conmigo. Está preocupada por Harry. Cree que se puede escapar a buscar no sé qué Horrocruxes. —Dijo Erin. —Sabes algo de ello por lo que me ha dicho. Ayer ella y Ron evitaron que se marchara solo.
Sirius se soltó de su agarre de inmediato y se quedó parado por un momento. Echó una mirada al salón y sonrió para sí mismo como si hubiera visto a alguien observándolos. Erin estaba segura porque en aquel momento lo que menos le apetecería sería sonreír.
—No me ha dicho nada.
Sirius había hablado en voz baja, tanto que Erin casi no le había escuchado.
—No creo que lo planeara con mala intención. —Le dijo con sinceridad.
—Eso espero.
Sirius siguió con lo que estaba haciendo sin decir nada más y Erin esperó en silencio a que terminara. Se podía ver con facilidad cómo apretaba los labios, solo le faltaba decir una o dos palabrotas para que se viera su fastidio.
— ¿Acaso se piensa que está solo? —Dijo él, sin esperar ninguna respuesta. —Porque no lo está y lo sabe de sobra. Es igual de necio que James.
Erin se arrepintió de no haber esperado al día siguiente para hablar con él. Sirius se había enfadado tal y como se había esperado.
— Sé de sobra que no soy su padre.
—Vale. —La chica le interrumpió y ambos se quedaron mirándose. —Ya está, no tenía que haberte contado nada.
Sirius se paró, mordiéndose el labio como si se estuviera conteniendo y negó con la cabeza.
—Si no no me habría dicho nada.
—No le hables sobre esto ahora. —Le pidió ella. — Hermione y Ron están con él y mañana todo el mundo estará demasiado pendiente de Harry como para que intente nada.
Él asintió con la cabeza y Erin empezó a sacar unas tazas, unas cucharas y azúcar.
—Todo son quebraderos de cabeza con Harry. —Se quejó entre dientes. Erin sabía que no lo decía del todo en serio, solo estaba enfadado. —¿En qué está pensando?
Ella se encogió de hombros.
—Es muy joven para que todo lo que está ocurriendo se le venga encima. —Sabía de sobra que Sirius lo sabía pero aún así tuvo que decirlo.
— ¿Crees que se habría ido de verdad sin decirme nada?
Al mirarle a los ojos, Erin se dio cuenta de que no podía mentirle, sobre todo estando así, por mucho que la verdad pudiera dolerle.
—No lo creo o al menos eso espero. Y si lo hiciera, se iría sin decirle absolutamente nada a nadie.
—Todo lo que he hecho ha sido por Harry. Haría lo que fuera por él.
Erin solo pudo asentir con la cabeza. Estaba más que claro que la persona que más le importaba en todo al mundo a Sirius era su ahijado. A todos los que estaban allí aquella noche les importaba, había quedado más que demostrado el día anterior que estaban dispuestos hasta a jugarse sus vidas.
—Lo sé. Él también lo sabe, Sirius. Siento habértelo contando así de golpe.
—No pasa nada. Si no es por ti y Hermione estaría a ciegas completamente.
Él sirvió los tres cafés y se quedó mirando a Erin. La chica pensaba que cogería su café y el de su prima y se iría pero para su sorpresa, Sirius se acercó a ella e inclinándose un poco, apoyó su mano en la mejilla de Erin y le dio un beso rápido en la otra. A Erin solo le dio tiempo a ver una fugaz sonrisa en los labios de Sirius mientras se daba la vuelta y cogía sus cafés. Con las mejillas sonrojadas por la muestra de afecto inesperada, Erin cogió su café también y le siguió aún impactada. Desde allí ya podía escuchar a Tonks quejándose a Sirius en voz bien alta.
—¿Qué pasa contigo, has ido hasta la China a por ese café?
