Catorce

A las cuatro de la tarde del día siguiente, Erin y Sirius se aparecieron en la Madriguera. Harry ya estaba allí, con Ron, Hermione, Fred y George, de pie junto a una marquesina decorada con flores blancas en la parte trasera de la casa. La mitad de los invitados ya habían llegado, familiares de Bill, de Fleur, gente que Erin conocía de vista de verles en el Ministerio y muchos más que no conocía.

—Erin. —Le saludó Hermione. —Estás guapísima.

Ella le dio un abrazo y se observó a sí misma. Se había puesto un vestido rojo, con tirantes finos y la espalda al aire. Se había dejado el pelo suelto y solo se había maquillado un poco las mejillas y los ojos.

—Tú también. —Le contestó sonriendo. Hermione iba del mismo color aunque su vestido era más corto y de un tono más oscuro, con pedrería en los hombros.

Sirius saludó a todos y pasó a hablar con Harry. Hermione le miró de reojo y se volvió hacia Erin, alzando las cejas.

—Vais a juego.

—No ha sido a propósito. —Se defendió Erin. Hermione se limitó a sonreír pero pareció querer decir algo más.

Erin se había llevado una buena sorpresa aquella mañana al bajar por las escaleras y encontrarse a Sirius de traje negro, con una corbata del mismo color que su vestido. Le había asegurado que no lo sabía, Erin tampoco le había comentado nada. Era una casualidad, nada más, aunque Erin temía que aquella escena se iba a repetir más de una vez durante el día. Como si se hubiera gafado a sí misma justo antes de entrar a la carpa para sentarse a la ceremonia, mientras que caminaba con Hermione, Arthur apareció cámara en mano.

— ¡Erin! —Le llamó. —Rápido, una foto.

La chica se colocó al lado de un arreglo floral donde Arthur le indicó y posó. Después de hacerle la foto Arthur vio a Sirius entrar por el pasillo y le paró.

—Tú también, Sirius. Venga, los dos juntos.

Sirius se encogió de hombros y sonrió a Erin que se quedó donde estaba. Ella posó su mano en su espalda y Sirius hizo lo mismo pero agarrándola de la cintura. Erin volvió a sonreír y cuando Arthur estaba a punto de hacer la foto comentó:

— ¿Lo habéis hecho a propósito?

Sirius se rió de inmediato, haciendo que Erin se riera también, negando con la cabeza. Después Arthur les dio la foto y la que le había hecho a Erin y se marchó corriendo a hacer más. Erin sostuvo el rectángulo en su mano, con Sirius a su lado observando también la foto de los dos. Justo había salido cuando se estaban riendo, Erin aparecía en medio de una carcajada y Sirius sonreía mientras la miraba de reojo. Erin le pasó la foto a Sirius y él se quedó mirándola un momento.

—Quiero una copia. —Dijo sonriendo. —Me gusta.

Sirius sacó su varita y otra foto idéntica apareció al minuto.

— ¿Me la puedes guardar y me la das luego? —Le preguntó.

Erin asintió, guardando todo en su bolso negro, a juego con sus zapatos. Era pequeño pero no tanto como para no poder guardar unas fotos. Después, Erin se sentó al lado de Hermione, unas filas por detrás de la familia de Bill y Fleur, con Sirius y Harry justo detrás de ellas. La ceremonia no fue muy larga pero sí emotiva y para cuando Bill y Fleur fueron proclamados unidos de por vida, Erin había derramado más de una lágrima. Hermione también tenía los ojos llenos de lágrimas cuando todos se levantaron al final para aplaudir a los novios. Ginny y Gabrielle, la hermana de Fleur, eran las damas de honor. Las dos llevaban el mismo vestido dorado, que en Ginny contrastaba con el color de su pelo. Estaban preciosas, pero nadie en toda la boda se podía comparar con la novia. Fleur estaba deslumbrante con su vestido blanco, cola de tul y un par de fénix negros en la parte delantera que hacían la forma de un corazón. Además, llevaba una tiara hecha por elfos que pertenecía desde hacía años a la familia Weasley. Erin pensó que nadie podría negar que Fleur fuera parte veela aquel día. Bill, por otro lado, era la felicidad en persona, incapaz de separarse de la que ahora era su mujer. Erin les dio la enhorabuena antes de que todos se sentaran a cenar y celebrarlo. Luego no dejaron de pasar camareros con bandejas y bandejas de comida, vino, champagne, cerveza de mantequilla… Erin comió tanto que creyó que explotaría.

Después de cenar, se levantó a buscar a Ginny pero por el camino se encontró con un sobrino de Arthur que era de su edad y a quien había intentado evitar todo el día. En aquel momento no encontró ninguna cara conocida con la que pararse a hablar ni tuvo oportunidad de fingir que no le había visto. No le quedó más remedió que bailar con él, por mucho que Erin odiara bailar. Apenas fueron dos canciones, aunque a Erin le pareció que había pasado una eternidad, hasta que George apareció de repente a su lado para salvarla. Erin suspiró con alivio y le dio las gracias a George. Él bailó un momento con ella para disimular y luego hizo un guiño y siguió caminando en dirección a una chica con el pelo plateado, sin duda una Delacour. Erin cogió una copa de la bandeja de un camarero que pasaba, dio un buen trago y se escapó de la pista de baile de nuevo hasta las mesas. No vio rastro de Ginny, ni de Hermione o Ron. Entonces se dio cuenta de que no había visto más a Sirius desde que la ceremonia había terminado, había cenado en otra mesa distinta a la suya. Lo buscó con la mirada hasta que se lo encontró a punto de sentarse en una mesa vacía, con una copa en la mano igual que ella.

—Hola. —Dijo Erin mientras se sentaba. — ¿Todo bien?

—Hola, sí. Remus acaba de abandonarme por Tonks.

Erin se llevó la copa a los labios y sonrió.

— ¿Se han ido a bailar?

Sirius asintió y giró su silla para quedarse en frente de Erin.

—Harry estaba bailando también, con Ginny. Parece más relajado. Espero que ya se le haya borrado esa estúpida idea que tenía ayer.

—No les he visto. —Comentó Erin.

—Creo que tú también estabas bailando entonces.

Tenía sentido, Erin había estado más preocupada de encontrar la forma de escabullirse que de lo que estaba pasando a su alrededor.

—Más bien me estaban obligando a bailar. —Le corrigió ella. —Llevaba todo el día evitando a Barny Weasley pero me fue imposible. Además, odio bailar.

—También bailaste con George. —Había algo en la voz de Sirius que Erin no supo descifrar. —Me siento ofendido.

—No voy a bailar más. —Dijo Erin, mirándole a los ojos. Ya veía a donde iba a llegar la conversación.

— ¿Por qué no?

—Se me da fatal. —Se quejó Erin.

—Eso es porque no has tenido una buena pareja de baile. Hoy es tu día de suerte.

Erin se rió negando con la cabeza mientras que una sonrisa ladeada aparecía en el rostro de Sirius.

—Venga, Erin.

—Estoy segura de que alguna mujer querrá bailar contigo. Fleur tiene una tía bastante joven. Y es medio veela.

—Ya lo sé. —Contestó Sirius después de dar un trago. —En realidad, habló conmigo antes. Quería bailar pero le dije que no estaba interesado.

Erin apartó un momento la mirada, pensando. ¿Por qué le diría que no? Y si antes le había molestado ver a Erin bailar ¿acaso estaba celoso? Desde allí podía ver a Luna Lovegood bailar de una forma de lo más extraña, a Viktor Krum con una chica que no conocía, incluso Ron y Hermione estaban bailando juntos. La perspectiva de bailar con Sirius era de lo más atractiva y quizás por eso se estaba empeñando tanto en evitarlo. Sintiendo la mirada de Sirius en ella, Erin estaba casi segura de que ya se habría sonrojado.

—No me voy a ir hasta que bailes conmigo. —Le escuchó decir.

—Está bien. —Murmuró Erin. Sirius podía ser muy insistente. — ¿Vas a acabarte eso?

Ella miró a la copa de Sirius, la suya ya casi estaba vacía. Sirius la miró y terminó todo lo que quedaba de un trago.

—Ya estoy listo.

Él se puso de pie y Erin hizo lo mismo, dejando su bolso en la mesa. Sirius extendió su mano, Erin se la tomó y los dos caminaron dejando las mesas atrás. Erin no sabía si se lo estaba imaginando o de verdad había gente mirándoles mientras se hacían paso. Justo cuando llegaron, la banda terminó de tocar y empezó otra canción más lenta.

— ¿No podías haber elegido otra canción? —Se quejó Erin. Era como si lo huberia hecho adrede. De hecho, aquello le emocionaba más que molestarle pero quería ocultarlo. Sirius no le veía más que como una amiga, ¿verdad?

Ella posó sus manos en los hombros de Sirius y él en su cintura. Estaban tan cerca que Erin temió que pudiera escuchar lo rápido que le latía el corazón.

—Estás igual de roja que tu vestido. —Dijo Sirius, reprimiendo una sonrisa.

—Ahora mismo te odio. —Murmuró Erin.

—Eso no te lo crees ni tú.

Era verdad, por mucho que Erin quisiera no podía hacerlo. Es más, antes de aquel día no se habría imaginado bailar así con él. Por mucha gente que tuvieran alrededor, a Erin casi se le olvidó que no eran solo ellos dos. Sirius sabía cómo moverse (mucho mejor que ella) y también cómo dirigirla. Erin se sorprendió a sí misma pensando que la canción iba a terminarse más rápido de lo que quería. Cuando lo hizo, Sirius la miró sin aún soltarle.

— ¿Ha sido tan horrible?

— Igual puedo tolerar otra canción más. —Confesó.

— ¿No te dije que soy una excelente pareja de baile?

A la canción le siguió otra, no tan lenta como la anterior y Erin solo dejó una mano en su hombro. Se cogieron de la otra mano, con sus dedos entrelazados y su corazón casi le dio un vuelco. Era delicado sí pero también se sentía como algo íntimo. Mientras que bailaban Erin se sintió más relajada y Sirius incluso la hizo girar más de una vez. Ella no pudo evitar sonreír y cuando terminaron de nuevo, Erin vio como la mirada de Sirius pasaba de sus ojos, por todo su rostro, hasta que ella juraría que se había detenido en sus labios. Sintió una mezcla de sensaciones, estaba entre la emoción y la negación. Si acaso se atrevía a besarle en medio de tanta gente, Erin iba a matarle. Más tarde quizás…

Entonces, de repente Sirius levantó la cabeza y miró más allá de Erin.

— ¿Harry? —Preguntó extrañado. — ¿Te encuentras bien?

Ella se dio la vuelta y vio a Harry con las manos en las rodillas, Hermione a su lado con una silla en la mano y Ron también observándolo. Algo no iba bien. Él estaba a punto de decir algo cuando apareció un lince plateado que pasó por toda la sala. A Erin le sacudió un escalofrío y antes de que le diera tiempo a decir que aquel era el patronus de Kingsley, su voz profunda resonó en toda la carpa.

—El Ministerio ha caído. Scrimgeour está muerto. Ya vienen.

Un estruendo colectivo se abrió pasó y todo lo que le siguió ocurrió demasiado deprisa. Erin se soltó del agarre de Sirius, corrió hacia la mesa donde había dejado su bolso y consiguió sacar su varita sin que le temblaran las manos. Había gente gritando, corriendo de un lado para otro. En cuanto el patronus desapareció aparecieron unas figuras vestidas de negro. Mortífagos. Las barreras protectoras alrededor de la Madriguera habrían caído y lo más sensato entonces era desaparecerse lo más rápido posible y buscar un lugar seguro.

En alguna parte, Erin escuchó a Tonks gritar protego y a Hermione llamar a Ron a voces. No sabía a dónde dirigirse, hasta que vio a Sirius corriendo hacia ella.

— ¡Erin! —Gritó.

Ella intentó acercarse más a él, aún le quedaban al menos unos metros para alcanzarle, cuando un hombre con el pelo oscuro se apareció entre los dos y alzó su varita hacia Erin sin que a ella le diera tiempo a reaccionar.

— ¡Expulso! —El desconocido pronunció.

La chica se cayó al suelo, golpeándose la cabeza. Aturdida, intentó ponerse de pie antes de que la volviera a atacar pero Sirius fue más rápido y apareció por detrás del mortífago.

Petrificus totalus.

El hombre se cayó de un solo golpe a muy poca distancia de Erin que lo observó todo con la respiración agitada. Sirius estaba por fin a su lado y por mucho que le doliera no saber qué pasaba con el resto, tenían que marcharse ya. Erin estiró la mano para agarrar la suya y de repente la oscuridad le sumió. Lo único que sintió fue la mano de Sirius apretándola para no dejarla ir mientras que se aparecían y al segundo, cuando abrió los ojos se encontró en medio del salón de Grimmauld Place. Sirius había aterrizado a su lado, sin caer como ella. Sus ojos reflejaban el mismo horror que Erin sentía por dentro.

El Ministerio había caído.


Un poco corto pero la acción está por llegar. Espero que os guste, me encantaría oír vuestras opiniones.

Mil gracias a todos los que me leéis y hasta la próxima.