¡El pov de Sirius ha vuelto! También el drama...disfruten.

Quince

Erin, con sus ojos verdes llenos de pánico, fue lo primero que Sirius vio nada más aparecerse en Grimmauld Place. Aún tenía la varita en la mano y la otra estaba en su cabeza.

— ¿Estás bien? —Le preguntó casi sin aliento.

—Sí. Estoy un poco mareada. —Contestó ella desde el suelo.

Sirius podía comprenderlo. La combinación de alcohol, aparición y el expulso que había recibido Erin no podía ser buena. Ella le preguntó cómo estaba a él mientras Sirius le tendía la mano para levantarse pero un único pensamiento le vino a la mente de repente.

— ¿Viste a Harry?

Erin negó con la cabeza y a Sirius se le hizo un nudo en el estómago.

—Solo oí a Hermione llamar a Ron.

—Le he dejado solo. —Habló Sirius.

¿Cómo podía haber dejado a Harry atrás con todos aquellos mortífagos?

—Vendrá aquí. —Aseguró Erin, caminando hasta la cocina. —Es el primer sitio seguro que se le ocurrirá.

Vio como la chica se servía un vaso de agua y después volvía al salón. Erin se sentó en el sofá, apoyándose hacia atrás. A Sirius le pareció que se había quedado pálida.

—Scrimgeour está muerto. ¿Sabes lo que eso significa?

Sirius asintió, sentándose a su lado.

—Que estamos solos.

Si el Ministerio había caído pronto se llenaría de los seguidores del Señor Tenebroso, dejando a los nacidos de muggles y otros en peligro. No podían contar con los Aurores ni el Wizegamot. La Orden era la única forma de resistencia organizada que quedaba y ya estaban divididos. Ni siquiera sabían si los demás estaban bien, en especial Harry. Sirius nunca había sido creyente pero en aquel momento le habría rezado a cualquier dios conocido por verle a salvo cuanto antes.

No pudo pasar más de media hora, que a Sirius le pareció una eternidad, cuando Harry apareció junto a Ron y Hermione, entrando por su propio pie por la puerta principal. Sirius salió disparado del salón nada más escucharles con Erin siguiéndole.

—Por Merlín, ¿qué os ha pasado? —Maldijo Sirius nada más ver a Harry.

Los dos se abrazaron y Sirius pudo sentir el alivio en todo su cuerpo. Harry estaba bien, estaba con él y no se le veía herido a simple vista. Solo tenía un golpe en una mejilla.

—Hermione nos transportó al Londres muggle. —Explicó Harry. — Nos estaban siguiendo unos mortífagos.

— Los desmemorizamos a todos. —Añadió Ron.

Sirius pensó que era lo más inteligente. No podían dejar que nadie los encontrara.

—Que nadie salga de aquí. —Dijo pasando su vista de unos a otros, aún con su mano en el hombro de Harry. —Esta casa es segura, quizás no por mucho tiempo pero es lo único que tenemos.

Erin asintió levemente con la cabeza y se dio la vuelta de nuevo hacia el salón, igual que el resto.

—Estaba siendo un buen día. —Dijo Harry en voz baja a Sirius mientras que caminaba.

—Ya lo sé.

Por un momento pensó en Bill y Fleur que ya no podrían recordar el que debería haber sido uno de los mejores de su vida del mismo modo.

— ¿Sabéis algo de los Weasley? —Preguntó.

—Sí, Arthur envió un patronus antes. Todos están bien pero no quieren que intentemos contactar con ellos. —Respondió Sirius.

—Menos mal. —Respondió Harry con un suspiro.

—Gracias a Kingsley al menos nos ha dado tiempo a reaccionar.

Si no hubiera sido por él, quizás la historia habría sido diferente, pensó Sirius. Esperaba que todos hubieran escapado igual que ellos o el día quedaría totalmente empañado. Nada más llegar al salón, Sirius y Erin se volvieron a sentar en el mismo sitio en el que estaban antes. Hermione y Harry se sentaron enfrente y Ron se estiró en un sillón al lado de Harry.

— ¿Ahora qué hacemos? —Preguntó.

—Deberíamos descansar. —Dijo Hermione. — Es muy tarde.

Erin le dio la razón.

—Podemos pensar en algo mañana. No sé vosotros pero yo estoy agotada.

Sirius se giró un poco a su derecha y la observó. Ya se había quitado las zapatos tan altos que llevaba puestos y seguía teniendo mala cara. No se lo había dicho pero aquel día estaba guapísima con aquel vestido rojo. Ahora ya era un poco tarde.

—Podéis quedaros en la habitación que queráis. —Les dijo a Ron y Hermione, apartando la vista de Erin, aunque sospechaba que acabarían quedándose con Harry.

En otra situación habría resultado gracioso estar todos allí sentados, con ropa más elegante de lo normal y tan derrotados. En una versión más amable de ese día, podría haber sido fácilmente una retirada a casa después de una larga fiesta. Sin embargo, la vida parecía estar empeñada en quitarles la sonrisa cada vez que conseguían salirse con la suya.

La noche dejó pasó a una madrugada sin sobresaltos, aunque Sirius había dormido con su varita debajo de la almohada. Por la mañana cuando ya estaban todos despiertos y preparados decidieron atrincherase en la biblioteca. Aparte del patronus de Arthur Weasley, Remus también se había presentado a primera hora para avisar a Sirius de que se encontraban bien. Ahora tenían que ponerse a pensar en qué podían hacer para debilitar a Voldemort y la única solución eran los Horrocruxes. Hermione, lista para cualquier cosa había traído un libro acerca de ellos, Secretos de las Artes más Oscuras, además de ropa, comida y hasta sacos de dormir. Estaba más que preparada para tener que huir en cualquier momento. Además, para sorpresa de todos, había sacado el libro de la sección prohibida de la biblioteca de Hogwarts el curso anterior.

—Es un libro horrible. —Dijo Hermione pasando de una página a otra. —Da instrucciones de cómo hacer un Horrocrux pero de momento no menciona nada de cómo destruirlo.

Erin, sentada al lado de la chica miraba de vez en cuando al libro, con el ceño fruncido.

— ¿Qué es lo que sabemos de verdad sobre los Horrocruxes? —Preguntó.

Erin ya sabía algo aunque Harry no se lo había dicho directamente sino Hermione, aunque él no lo sabía. Sirius tampoco le había dicho nada sobre ello a su ahijado.

—Lo que Dumbledore me contó. —Respondió Harry. —Voldemort hizo seis y dos ya están destruidos, el anillo y el diario de Tom Riddle.

—Así que nos faltan cuatro. —Intervino Sirius.

— ¿No te dijo nada más? —Preguntó Erin a Harry.

Harry negó con la cabeza. Antes les había contado lo que Dumbledore les había dejado a los tres en su testamento pero no les había dado ninguna pista más, solo una tarea que llevar a cabo.

—Tenemos el guardapelo de Slytherin pero al parecer es falso. —Dijo Hermione. —Había una nota dentro pero no sabemos quién la escribió ni tampoco qué hizo con el de verdad.

— ¿Puedo verla? —Preguntó Erin.

Hermione se levantó y salió de la biblioteca. Volvió rebuscando en su bolso hasta que sacó el guardapelo. Tenía forma de octágono y colgaba de una larga cadena plateada con una serpiente en el punto que unía la cadena con el guardapelo. La superficie era de un color dorado brillante, con una serpiente verde haciendo una ese en una de sus caras y en la otra inscripciones que Sirius no alcanzaba a leer desde donde estaba. Harry ya le había hablado del objeto después de que Dumbledore muriera pero hasta entonces no lo había visto con sus propios ojos. Erin lo abrió desde uno de sus extremos y sacó un papel desgastado que estaba doblado. Empezó a leer para sí misma y Sirius observó cómo sus ojos se abrían con sorpresa.

—Sirius. ¿Cómo era el segundo nombre de tu hermano? —Preguntó sin despegar sus ojos de lo que estaba leyendo.

—Espera, ¿tienes un hermano? —Entonces fue Ron quien habló.

Sirius tuvo un mal presentimiento. ¿Qué tenía que ver Regulus con todo aquello?

—Lo tenía pero murió. —Contestó primero a Ron y luego miró a Erin. —Era Arcturus.

Erin se puso de pie de golpe y le dio la vuelta hasta llegar donde Sirius estaba, pasando al lado de Hermione y Harry, que estaba en la cabeza de la mesa. Le tendió la hoja sin decir palabra y Sirius tragó saliva.

«Para el Señor Tenebroso: Ya sé que moriré mucho antes de que leáis esto, pero quiero que sepáis que fui yo quien descubrió vuestro secreto. He robado el Horrocrux auténtico y lo destruiré en cuanto pueda. Afrontaré la muerte con la esperanza de que, cuando encontréis la horma de vuestro zapato, volveréis a ser mortal. R.A.B»

—RAB. —Escuchó a Erin murmurar. Sirius sintió como su cuerpo entero se entumecía mientras leía. ¿Eso era lo que le había pasado?

—Regulus Arcturus Black. —Pronunció Hermione. — ¿Es de tu hermano?

—Ha pasado mucho tiempo. —Contestó apretando el papel. —Pero es su letra.

—Pensaba que era un mortífago. —Dijo Harry.

—Yo también. —Respondió Sirius. Dejó la nota encima de la mesa y Harry volvió a mirarla.

El maldito idiota, pensó con rabia. Regulus había cambiado de bando, algo que Sirius siempre había deseado más que nada y tenía que haberlo descubierto años después cuando ya no podía hacer nada por él.

Los cuatro empezaron a discutir de nuevo, diciendo que lo más posible era que el guardapelo de verdad estaría en Grimmauld Place pero después de probar accio no apareció y a Harry se le ocurrió preguntarle a Kreacher. Sirius los siguió hasta la cocina, con poca convicción, sin apenas escuchar lo que decían. Tenía que ser Regulus de entre todas las personas quien muriera siendo el primero en descubrir aquel Horrocrux, su hermano pequeño.

—Amo. —Dijo Kreacher agachando un poco la cabeza. —De vuelta con el traidor a la sangre Weasley, la sangresucia—.

—Te prohíbo que llames a nadie sangre sucia, mestizo o traidor a la sangre. —Le interrumpió de inmediato. No estaba de humor para aguantar aquellas tonterías. —Te ordeno que me contestes con honestidad, ¿entendido?

—Sí, amo. —Contestó el elfo aunque Sirius aún pudo apreciar la burla en su tono.

— ¿Alguna vez has visto un guardapelo como este?

Erin aún tenía el guardapelo en la mano y se lo enseñó. Hubo un momento de silencio, hasta que Kreacher miró a Sirius a la cara.

—Sí.

— ¿Y dónde está? —Preguntó Harry esperanzado.

El elfo pareció no querer contestar.

—Mundungus Fletcher. —Contestó con dureza. —Robó las fotos de las señoritas Bella y Cissy, las copas con el emblema de la familia y…

A Kreacher parecía faltarle el aire para contestar, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir empezó a chillar desesperado.

— ¡El guardapelo del amo Regulus, Kreacher le falló, Kreacher no siguió sus órdenes!

Harry le cerró el paso antes de que se marchara de allí o se hiriera a sí mismo.

— ¿Qué pasó con mi hermano? —Continuó Sirius, sintiendo como la sangre le hervía. —Quiero que me lo cuentes todo.

El elfo se dejó caer en el suelo y entre sollozos comenzó a explicar que Voldemort lo había utilizado por voluntad de Regulus y lo habían llevado a una caverna, en medio de un lago negro. Harry miró a Sirius y él se dio cuenta de que se trataba del mismo sitio al que Dumbledore había llevado a Harry una vez. Kreacher tuvo que beber la poción para que Voldemort dejara el guardapelo pero había conseguido escapar porque Regulus le había ordenado que volviera a casa.

— ¿Qué hizo Regulus cuando volviste? —Preguntó Harry.

—El amo Regulus estaba muy, muy preocupado. Una noche le pidió a Kreacher que le llevara a la cueva otra vez y el amo bebió. Kreacher lo habría hecho por el amo.

Las lágrimas corrían por las mejillas del elfo, Hermione se había tapado de la boca mientras escuchaba y Erin y Ron aún no habían dicho palabra.

—Le ordenó a Kreacher que cogiera el guardapelo y se marchara a casa sin él, que nunca le contara al Ama lo que había hecho. Kreacher cambió los guardapelos y vio cómo el Amo Regulus…bajo el agua…

Así había muerto su hermano, solo en una cueva en medio de la nada, en total oscuridad, con miles de Inferi rodeándole. Solo. Casi sin darse cuenta, los ojos de Sirius se empezaron a nublar y ya no sentía rabia sino una gran pena en su pecho.

Mientras el elfo seguía hablando de cómo había intentado destruir el Horrocrux, Sirius sintió una mano estrechar la suya con cuidado. A su lado, Erin también parecía haber llorado. Sintiendo una punzada en el pecho, Sirius agradeció el gesto y le devolvió el apretón. Bajando la mirada, por un momento se sintió mal hasta por Kreacher por mucho que nunca le hubiera contado la verdad. Siempre había sido fiel a su hermano y a sus deseos y al menos, había intentado acabar con el guardapelo.

— ¿Puedes encontrar a Mundungus? —Le preguntó al elfo, que todavía estaba conmocionado. —Necesitamos el guardapelo verdadero.

El elfo asintió con vehemencia. Después, Harry le ofreció el falso guardapelo pensando que conseguiría animarlo por haber pertenecido a Regulus pero solo sirvió para que Kreacher volviera a tirarse al suelo, gritando que no se lo merecía. Hizo falta más de una hora para tranquilizarlo pero luego guardó el guardapelo en un paño blanco, limpio, asegurando que sería su pertenencia más preciada y que intentaría encontrar a Mundungus lo más rápido posible.

Sirius se marchó de la cocina diciendo que necesitaba un momento. Nadie intentó detenerle o razonar con él por lo que supuso que entendían el shock que había sido descubrir la verdad de la muerte de su hermano. Mientras que entraba en su habitación, le fue imposible no mirar de reojo hacia la puerta de la habitación que una vez había sido de su hermano pequeño.


Harry había ido muy pronto a ver si se encontraba bien y a insistirle en que comiera con él, algo en lo que ni siquiera tenía que presionarle demasiado. Cualquier rato con Harry era un regalo para Sirius después de dos años luchando por su perdón y otro tanto para poder quedarse con él aunque fuera solo la mitad del verano, ya que Harry tenía que seguir bajo la protección de la hermana de Lily.

A Sirius no le hizo falta preguntarle nada a Harry porque después del relato de Kreacher parecía haberse quedado impactado. Tampoco le sorprendió cuando Harry le confesó, un tanto avergonzado, lo que Hermione y Erin ya le habían advertido en su cumpleaños, además de reconocer de que no era el único implicado en su lucha contra Voldemort. Parecía que poco a poco estaba entrando en razón y eso le tranquilizaba.

Cuando Sirius decidió por la tarde que iba a unírseles de nuevo fue Erin quien apareció llamando a su puerta.

—Iba a bajar ahora mismo. —Le dijo.

—Puedes tomarte el tiempo que quieras. —Le contestó Erin. — ¿Te dejo solo?

Sirius negó con la cabeza. Estaba sentado en la esquina de su cama.

—No, no me molestas.

Erin entró y se sentó a su lado.

— ¿Habéis hablado de algo importante? —Le preguntó él.

—No. Hermione está poniendo patas arriba toda la biblioteca buscando conjuros de destrucción. —Sirius se limitó a hacer un gesto con la cabeza lo que provocó que Erin se preocupara. — ¿Seguro que estás bien? Trató de cambiar lo que había hecho, si te sirve de consuelo.

Que Regulus hiciera lo que hizo sí que consolaba a Sirius pero que hubiera muerto de aquella forma, sin que ni siquiera él lo hubiera sabido hasta entonces sí que le dolía.

—Me tranquiliza que tratara de redimirse pero las cosas podrían haber sido muy diferentes. —Admitió. —Ahora ya da igual pero al menos sé la verdad.

Sirius sabía mejor que nadie lo mucho que una mentira podía cambiar la percepción de los demás en una persona y desde aquel día, nunca volvería a pensar en su hermano de la misma forma.

—Remus vino por la mañana. —Dijo cambiando de tema. Se puso de pie. —Trajo el mapa.

Cogió el pergamino que estaba encima de su escritorio y pasó su varita por encima de él. Luego volvió a sentarse y se lo enseñó a Erin.

—Deberíamos echarle un vistazo estos días por si acaso. —Indicó ella. —Me esperaría que sigan atacando.

Erin estuvo un rato mirándolo, hasta que vio su firma en una esquina del papel y sonrió para sí misma.

Caléndula. Es una firma bonita. —Dijo Sirius contemplándola. —Aunque en realidad no sé cómo es.

— ¿La flor? Es amarilla o naranja. Grande como una rosa pero con los pétalos más pequeños y no tan cerrada. Se usa para heridas pequeñas, cicatrices. Esas cosas.—Sirius le escuchaba con atención. Cada vez que Erin hablaba de algo que le apasionaba parecía que brillaba. —Entonces Remus y Tonks están bien.

—Sí. —Le contestó Sirius volviendo a posar el mapa donde estaba.

— ¿Sabrán algo más de los Horrocruxes?

Sirius lo dudaba mucho.

—No lo creo pero no quiero que se mezclen con esto, sobretodo Tonks.

— ¿Y por qué no? —Preguntó ella extrañada.

Él ni siquiera se había dado cuenta de lo que Erin no sabía. No creía que tuviera que ser él quien se lo contara pero igual no los volvían a ver en mucho tiempo.

—Tonks está embarazada.

— ¿En serio? ¡Es una noticia buenísima! —Erin tenía una sonrisa enorme en su cara.

Sirius también lo había pensado aunque Remus había dudado mucho al principio. Se merecía toda la felicidad que pudiera encontrar. Una familia que le quisiera siempre había algo que creía que estaba fuera de su alcance y por mucho que Sirius nunca hablara de ello, temía que él mismo nunca tuviera la oportunidad de tener una.

—Deberíamos empezar a planear algo. —Dijo Sirius poniéndose de pie.

—Kreacher ya ha desaparecido. —Explicó Erin, que hizo lo mismo. —Tendremos que esperar a que vuelva.

— ¿Vamos? —Le preguntó Sirius con la intención de volver abajo.

—Solo una cosa.

Erin se llevó la mano al bolsillo de su pantalón y sacó el mismo papel desgastado que tanto daño había hecho antes.

—Creemos que te lo tienes que quedar tú. —Dijo tendiéndole el cuadrado de papel. —Es tuyo.

—Gracias.

Tomó el pliego de sus manos y cuando se dio la vuelta para dejarlo junto al mapa, tuvo que esforzarse para que no se le formara un nudo en la garganta. Ya había llorado suficiente aquel día.

El mundo podría recordar a Regulus Black como un mortífago más pero Sirius podría tener la conciencia tranquila. Su hermano había muerto estando lo más cerca de ser un héroe de lo que nunca antes se podía haber imaginado.