Cuando Jirou bajó sola las escaleras de la residencia, todos estaban ansiosos de ver la reacción. Su rostro malhumorado no cambiaba delante de todos, lanzando maldiciones mientras desayunaba, sin ningún control, mientras que la última de todos, Yaoyorozu, no bajaba las escaleras. Una vez más dijeron las mismas mentiras para justificar que volviera a no presentarse. A diario, aquellas mismas excusas hacían que cada vez los profesores creyeran menos en ellos, pero ya no sabían que decir.
" La verdad, ya estoy harta" dijo Jirou en cuanto Present Mic abandonó la sala. Las chicas se acercaron a ella, un tanto temerosas del tono de voz que había usado su compañera.
" ¡Calla! La podrían descubrir..." el estado de alarma de Uraraka hizo que los chicos también miraran como las chicas empezaban a discutir entre ellas.
A Kyoka ya todo le daba igual.
" Pues que no mienta"
" Si lo decís por Yaoyorozu, ya se le ha enviado una notificación a los padres"
Los alumnos se giraron para ver como el tutor entraba de lo más tranquilo, sin darle la más mínima importancia a lo terrorífico que sonaba para los alumnos el mandar notificaciones de mal comportamiento a los padres. La suerte ya estaba echada y no quedaba otra que confiar en que, si los adultos hablaban con ella, iban a entrar en razón.
Las clases pasaron sin ningún problema, solo con aquella tensión que Aizawa había dejado de antes. Llenos de dudas, cada uno realizó las actividades del día a día, deseando saber que hacía Yaoyorozu Momo con su pareja a las mañanas y como iba a hablar con sus padres de todo aquello que estaba sucediendo en su vida.
Jirou estaba decidida, no quería cambiar nada de lo que le había gritado en la noche anterior y no se sentía culpable. Lo deseaba más fuerte que el que terminaran las clases: quería que a Momo le pasara algo malo. No era con malicia o maldad, solo quería que un golpe fuerte la trajera de vuelta. Quería a su Yaomomo de vuelta.
Nada más tocar las campanas, las chicas fueron corriendo a ver si su amiga seguían su habitación. Nada. Intentaron llamarla, pero no obtuvieron respuesta. Solo pudieron esperarla en el salón, a ver cuando volvía de su nueva cita. Por alguna razón, algunos de los chicos se quedaron con ellas, creando una estampa de padres adolescentes que llegaba a dar miedo.
La espera fue larga, en la que, por turnos, cada alumno de la clase A iban curioseando por la mirilla a ver si llegaba la chica de la coleta. No fue hasta bien entrada la noche que, entre las luces de la farola, podían ver a la joven llegar sola con un abrigo más grande que ella en los hombros. Su rostro al suelo decía mucho de algo que no sabían que habría pasado. Con rapidez, dejaron la mirilla y se sentaron en el sofá, esperando a que la joven cruzara la puerta.
Yaoyorozu Momo entró y, como si siguiera una linea invisible del suelo la cual no podía dejar de mirar, siguió camino recto hacía las escaleras. No se fijo en las miradas de sus compañeros, ni prestó atención a las llamadas de atención al más puro estilo de llamar a un perro, solo siguió adelante como una autómata.
Jirou y Todoroki se fijaron en el pequeño gesto, no se estaba agrazando a si misma, agarraba aquella enorme y pesada chaqueta como si tuviera medio a que rozara el suelo. Ambos cruzaron miradas, necesitaban hablar con la delegada de clase de inmediato. Uraraka y Midoriya intentaron pararlos, pero no hubo forma. La extraña pareja siguió adelante y subieron las escaleras hasta el último piso, donde ya la desanimada Yaoyorozu había cerrado la puerta con llave.
Sin dudarlo en un instante, la joven Kyoka empezó a golpear la puerta, deseando que ella contestara, pero no había forma. Al ver que ella no respondía, Todoroki se hartó y tiró la puerta abajo usando el hielo.
El panorama no había cambiado, simplemente era Yaoyorozu en su gran cama llorando abrazada aquella enorme chaqueta de cuero negro.
Todoroki por un momento sintió un latido de esperanza. Quizás aquel chico había roto con ella por los padres y podrían volver. Esas lagrimas solo serian dolor temporal. Solo eso.
" Momo… " susurró Kyoka mientras entraba con cuidado por las esquirlas de hielo que empezaba a derretir su compañero. Solo en ese momento se giró y ambos pudieron ver sus hinchados y ojos rojos. Sus labios temblaban mientras las lagrimas caían sin poder hacer nada en contra de su voluntad. No sabían si era porque sabían que era incalculable su cuenta corriente o porque ella ya era la mujer más bella de la primera clase, pero sus lagrimas parecían auténticos diamantes pulidos, haciendo pequeñas raspas en las ya coloradas mejillas. Era imposible evitar comparar el rojo de sus mejillas con el tapiz de las alfombras rojas donde se paseaban las estrellas de élite. Si, a pesar de estar en la más grande desgracia desconocida, ambos se sonrojaron de lo hermosa que se veía Yaoyorozu Momo por fin hizo caso de sus llamadas de atención.
" ¿Fuisteis vosotros? " dijo al final ella en un hilo de voz, intentando no quebrarse " ¿Hablasteis con Aizawa de mis escapadas? "
" Nos escuchó hablar en clase hoy " se sincero Kyoka mientras se sentaba en la cama " Pero entonces lo sabía, asi que tiene que haberlo imaginado. Mentir no es algo que se le de bien a nuestra clase precisamente "
" ¿Qué ha pasado, Yaoyorozu? " preguntó directo Todoroki terminando de derretir el hielo que se había quedado colgando.
" Hoy era uno de los pocos días en los que mi padre estaba en casa. Creí que era buen día para presentar… a...a… "
Sin poder evitarlo, empezó a llorar, abrazando con fuerza su chaqueta. No era difícil explicar que había pasado, como entre sollozos se podía entender que, en efecto, habían roto las normas para verse en algunas zonas que no había agradado a sus padres. Por primera vez en su vida, sentía que no solo había roto la confianza, habían terminado por discutir con ellos hasta el punto más fuerte. Ella, la señorita que nunca rompía un plato, quien estaba aprendiendo tácticas de combate para ser más eficientes y sufrir el menos daño posible, quien solo sabía preocuparse por todos, estaba aprendiendo a ser egoísta, sin medir las consecuencias ni los daños.
" ¿Habéis roto? " preguntó de forma directa y sin dudar Shoto, ganando una mala mirada por parte de Jirou.
" No " fue la única respuesta que había dado la joven mientras se incorporaba. Con sus delicadas manos intentó limpiar cada lágrima. No sabían si era para encararse a Todoroki Shoto o para evitar que la chaqueta de su pareja se ensuciara lo más mínimo. " Pero me lo han pedido. Creen que es una mala influencia "
" Momo, creo que deberías hacerles caso " El chico no tardó en decirlas, creando un ambiente tenso del que Jirou se sentía apartada. Estaba viendo por donde quería ir su compañero y era un camino que ella no podía tocar. Peor aun, era un camino del que sabía que cada respuesta incorrecta la alejaría de su amiga mucho más de lo que ya estaba. " Has faltado a clase, no has entregado trabajos, nos estas alejando... "
" Solo te estas haciendo daño a ti misma " fue lo único que pudo aportar Jirou sentada en la cama, a los pies de su mejor amiga " No nos alejes de tí. Solo tienes un novio "
" Esa persona de la que tanto decís que me hace daño, me ha hecho la persona más feliz de esta academia por estos días. No me puedes pedir eso, Kyoka. " dijo intentando no sollozar o que se quebrara la voz
" Pero la persona que te quiere de verdad no te aleja de los demás." dijo Todoroki bastante serio. Por un momento, Jirou dudó de si eran sus palabras o las del escritor más famoso del momento. "Nunca te pediría que dejaras lo que te conviene a lo que de verdad quiere, porque solo quieres lo mejor para ella"
" Entonces, ¿Por qué nunca me quisiste?" se atrevió a preguntar ella después de un breve silencio. Las lagrimas volvían a brotar sin control alguno. Sus ojos se llenaron de una tristeza profunda, opacando su verdadero color y revelando esa espina que seguía clavada en su corazón.
" Te equivocas " en un intento de que ella no viera su rostro, se giró. Para Jirou, solo fue darles la espalda de una forma dramática. " Siempre "
Con esa simple palabra, el joven abandonó la sala y las dos amigas se quedaron solas. Kyoka agarró la mano de Momo con las dos suyas. Ambas se miraron a los ojos. La melomana sonrió, deseando contagiar a su amiga.
" ¿Ahora que hago? " preguntó Yaoyorozu " Lo amo de verdad, pero... "
" Por una vez, haz que vuelva la correcta y preocupada Momo que todos conocemos y queremos. Aprovechad la cita múltiple y dile la verdad. Si te quiere, seguro que cambiaran las cosas y todo volverá a la normalidad. Si quieres"
" ¿Si quiero?"
" Amiga mía, no dejo de pensar que, de verdad, hay algo más"
" Por ahora, arreglemos la puerta" cortó ella con la conversación.
Dejó un lado la chaqueta y se quitó la parte superior de la ropa para dejar la espalda al descubierto, de donde saldría una gran puerta de seguridad con refuerzo del que otras habitaciones no tendrían. A pesar de las marcas rojas por las mejillas y lo mojados que estaban los ojos, Jirou pudo ver la determinación de Yaoyorozu por cambiar. Si bien ya no había excusa y debía hablar con Mina para cambiar los planes de la cita que había pensado. Debía asistir para ver que, de verdad, Momo quería volver al camino bueno.
En la oscuridad más remota del pasillo de la cuarta planta se escondía un cotilla Minoru Mineta, apuntando todo en su gran libreta de ideas bendecida por el gran escritor y modelo a seguir Taeyang. Había pensando en sacar su fiel grabadora y smartphone. Pero, habían tantos matices a ver, debía saborear cada nota de conversación y cada ojeada que podía dar a la habitación de la diosa Yaoyorozu. Lo había visto, lo había escuchado y, podía decirse que de alguna forma había vivido un momento digno de la novela del autor best seller. Las palabras del joven prodigio Todoroki si habían sido un plagio de la novela " Los Chicos Aman Sin Impuestos Incluidos ", una novela corta publicada en su blog de como un chico oficinista intentaba tener una pareja que exigía demasiado y acababa por romperse al no poder terminar de mantenerla y se quedaba con su profesora de Inglés a la que le gustaba hacer el amor al aire libre, sobre todo en el aparcamiento del Hero-Donald's. Maravilloso. Todo lo que escribía su dios era pura maravilla.
Si bien pensando en serio y para su propia novela con el título por descubrir, se le habían ocurrido dos formas de sembrar cizaña entre los compañeros para sacar más argumento. No quería que los lectores pensaran que solo tenía favoritismo al "TodoMomo". Necesitaba más amor y sus cupidos estaban siendo muy inútiles.
Con el sigilo de un ninja de zumo de uva, cogió varios de sus libros sin marcar del gran maestro del amor heterosexual y los dejo en las habitaciones que había pensado. De forma estratégica, los había colocado de tal forma que fueran lo primero que vieran. Sería una inversión peligrosa pero divertida. Si los chicos caían en ella, Mineta sabía que sería algo completamente divertido.
" ¿Estas seguro, Mineta? " preguntó un tanto asustado Aoyama " Es un poco peligroso, sobre todo si hablamos de... "
" ¿Quieres que todos sean sinceros por una vez, Aoyama? " vio que su fiel amigo asentía, un tanto indeciso " Pues entonces empecemos la operación Pavo Real "
