Si Yamaguchi tuviera que ser descrito con dos palabras, no habrían mejores que "común y corriente".
Sí, él era común y corriente. Y estaba bien con eso.
Ha notado con el tiempo que sus compañeros pertenecen a otro mundo, a un mundo más brillante, más colorido, más inalcanzable, donde el talento innato es pan de cada día, donde los prodigios y genios se miran a pocos metros de distancia y, de veces en cuando, aprietan sus manos en gesto amistoso, donde se está destinado a grandes cosas, donde eres alguien y en el futuro serás más y eso todos lo saben. En cambio, Yamaguchi es parte de un mundo más gris, menos llamativo, más aburrido, llenos de personas que su máximo tope será el trabajo rutinario y estándar que esté de moda, donde el sueño común es una pequeña casa y una hipoteca no tan grande, un mundo en el que hay suspiros y exclamaciones cuando los del otro lado más colorido aparecen, porque aquellos de este lado saben que sus apariciones siempre traen algo nuevo, algo hermoso, algo que, usualmente, ellos no poseen.
A Yamaguchi no le afecta saber que es parte del segundo grupo, después de todo, ¿no es algo que siempre había sabido? Una apariencia común, una voz baja, leves tics nerviosos, gustos simples, notas decentes pero muy pocas sobresalientes (aún no creía que estuviera en la misma clase que Tsukki) y, por último, una admiración desmedida a su mejor amigo, que, sin ninguna duda, pertenece al mundo colorido, por más que el rubio se lo quiera negar a si mismo. Sí, esa era él y siempre creyó que estaba bien con eso.
Hasta que quiso luchar.
Aunque sabía que lo más probable era el fallo, iba a practicar, y practicar y practicar. A pesar de que, en el fondo, era una lucha inútil, lo sabía, pero no podía quedarse atrás cuando veía a todos sus demás amigos alejarse.
Exacto, el no tiene nada de especial, nada destacable, jamás alguien lo ha mirado dos veces, o ha escuchado los susurros de exclamación con sus saques, pero vamos, que por eso mismo lo va a intentar, no puede dejar que las únicas dos cosas que realmente ama se vayan sin él luchar antes.
Tsukki y el vóley valdrán su sudor y dolor. La práctica tarde o temprano, mostrará resultados. Estaba decidido.
¿Qué necesita además de su orgullo?
Eso había pensado hace tan solo un mes.
….
Ey, ¡mocoso!
¡¿No me escuchas?!
Relájate, sé que mi cara no es la de un buen tipo pero no te robaré
Vamos, no hace falta disimular, sé que la cicatriz no da la mejor impresión
No te disculpes tanto, solo quiero saber…
¿Tienes fuego?
…
Habían pasado cinco días desde el incidente. Días que había pasado en casa. Gripe, es todo lo que necesitó para que sus padres lo dejaran en paz.
Se miraba su piel tostada en el espejo del baño. El pijama que usa no cubre todo su cuello, pero no le importa, solo está él en casa y no importa cuantos suéteres use para tapar su piel, él sabe que las marcas están ahí, así que no es que haya mucha diferencia. Cuando llegué su padre o su madre, se pondrá su chaleco rojo.
Ahora se esfuerza por mirar las marcas y así saber que tanto tardarían en desaparecer.
Las marcas solo parecían adquirir un color más profundo, más duradero, se clavaban más en su piel, recordándole que su piel era un territorio que ya no le pertenecía.
Es gracioso, piensa Yamaguchi, antes nunca le había tomado importancia a su cuerpo, solo sabía que era algo más alto que el promedio y que necesitaba más fuerza en las piernas, solo eso. Nunca había pensado en su cuerpo como algo suyo, algo privado, algo capaz de romperse. Había dolor en las prácticas y tensión después de jugar, pero eran sentimientos normales después de unirse a club, no repasó en ellos más de tres veces, pero, aquel día, se dio cuenta de una verdad tan innegable que llegó a convertirse en sentencia, y es que su cuerpo está vivo. Algunos lo tratarán de idiota pero jamás se había parado a pensar como su cuerpo podía llegar a sentir tanto, y a la vez transmitir tanto a su mente, como las terminaciones nerviosas parecían reaccionar aunque él no lo quisiera, como sentía el camino de las venas fluir y la sangre correr cada vez más rápido, la tensión de músculos que no sabía podían tensarse tanto, el rubor humillante y desenfrenado que cubría tanto su cara como su cuello y juraba que ardía, incluso en los primeros momentos, cuando luchó, arañó y golpeó lo más que pudo, jamás se había percatado que su cuerpo estaba vivo y podía sufrir tanto daño.
Desde el incidente, ha tenido esta sensación, que su cuerpo ya no es suyo, que además de llevarse su dignidad y poco orgullo, también se llevaron una parte que ahora que no está, lo hace sentir aún más vacío. No sabe qué es, pero sabe que es algo que siempre lo había acompañado y ahora no está. Se lo robaron y llevaron. No queda nada, solo un cascarón vacío, sucio y marcado de lo que alguna vez fue el cuerpo de Tadashi Yamaguchi. Y lo único que tiene ese caparazón es suciedad.
Sucio.
Sí, estaba sucio, y siempre lo estaría. No quería ser tocado por nadie más, menos por Tsukki, sentía que podía pegarle su suciedad y Yamaguchi jamás haría algo así, que el estuviera sucio y roto, no significaba que pudiera contagiarle aquello a los demás, menos a sus cercanos. No era tan escoria. No era tan infeliz como para hacer que los demás cargaran con aquello que él mismo había buscado, porque era su culpa.
No ensucies a los demás, ellos no tienen la culpa de que seas tan débil, Yamaguchi. No tienen la culpa de que seas tan cobarde. No tienen la culpa de juntarse con una basura como tú.
Su boca, sus manos, incluso su cara, le parecía tan vulgares que, en los últimos días, había sentido la necesidad de que nadie lo viera.
Y había algo peor, además de no querer que los demás se contagiaran con su suciedad, y es que él ya no se siente seguro con el toque de otros, lo pudo notar ese viernes, incluso el toque más superficial lo llena de miedo y asco, una sensación de defensa invade su cuerpo, en constante alerta. Lo hace sentir enfermo.
Ding~~ dong~~
Yamaguchi se congeló frente al espejo. Su respiración cortándose. Un nervioso cosquilleo le recorrió toda la columna vertebral.
¿Quién era? No se suponía que nadie viniera hoy. Sus padres trabajaban hasta tarde, y Tsukki…Oh
Recordaba haberle dicho a Tsukki que estaba enfermo pero eso no sería suficiente como para que el rubio tomará la iniciativa de venir a su casa, ¿o sí?
Yamaguchi baja lentamente las escaleras, su respiración se acelera, el miedo hace estragos en su cuerpo, los temblores en sus manos se vuelven a hacer presentes, sudor comienza a cubrir su frente, puede sentir como su respiración se vuelve errática.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno dos. Relájate, relájate, relájate.
Nunca antes había pensando que su puerta podría ser tan aterradora.
-¿Quién es?-Pregunta a la sombra que se encuentra detrás de la puerta y puede llegar a ver levemente.
-No te oyes enfermo.-Le responde una voz apática.
Tsukki. Tsukki vino a verlo. Tsukki se preocupa por él.
Antes todos estos pensamientos lo habrían llenado de un cosquilleo por todo su estómago, reiría como el idiota que era y se cuestionaría si era normal sentirse tan feliz por Tsukki.
Ahora lo primero que siente es preocupación, luego le sigue el miedo y, finalmente, una nerviosa sensación agridulce.
…
¿Te gusta aquel chico alto, no?
No te preocupes, no le diré a nadie.
Entonces, ¿eres gay?
…
Yamaguchi reúne las débiles fuerzas que le quedan. Tsukki no puede verlo así. Él no puede ver a Tsukki así.
-Estoy bien, Tsukki, vete, te puedo contagiar.
Espera que el rubio no note el leve temblor de su voz.
-Solo quiero pasarte mis apuntes, Yamaguchi, ¿por qué no abres la puerta?-Sigue sonando apático, pero la impaciencia logra colarse en sus palabras.
-De verdad, Tsukki, no quiero contagiarte. Vete.
Yamaguchi jamás le había negado algo a Tsukki. Se siente horrible. Pero debe hacerlo. No hay otra opción.
-¿Es en serio?
Hay sorpresa en la voz del más alto, incredulidad y algo de enojo.
Yamaguchi no puede decir una sola ocasión donde Tsukki se haya enojado con él, al menos, no seriamente.
-Sí, por favor vete.
Vete, vete, vete. No me veas, no mires lo patético que soy. Vete. Vete. Vete. Perdón. Perdón. Perdóname, Tsukki.
Yamaguchi presiente que se echará a llorar si Tsukki sigue insistiendo.
-Está bien, pero te dejaré los apuntes aquí y me iré, al menos deberías estudiar álgebra, hoy pasaron nuevos ejércicios.
Amable. Considerado. Aún con la molestia en su voz, Yamaguchi no puede evitar pensar que Tsukki está haciendo un acto amable por él, por el sucio, ordinario y débil Yamaguchi.
Y las lágrimas amenazan con comenzar a caer. Siente el sabor amargo en su garganta.
-Gracias, Tsukki.
El rubio no dice nada, espera unos segundos y se oyen sus pasos retirándose de la vivienda de Yamaguchi. El pecoso espera que los pasos se oigan más lejanos, no quiere arriesgarse y solo cuando esos pasos ya no se oyen abre, lentamente, la puerta.
No hay nadie. Yamaguchi suspira de alivio mientras toma el cuaderno de dinosaurios depositado en el suelo.
Es ahí cuando oye pasos apresurados y alguien lo empuja dentro de su casa.
Qué.
-Sabía que no estabas enfermo.
Qué.
-¿Por qué me estás evitando?
Yamaguchi comienza a hiperventilar.
-De verdad, me has tenido muy preocupado.
La puerta se cierra y Tsukki y él quedan adentro de su casa.
El rubio se había escondido detrás de la pared de la casa vecina, esperando que Yamaguchi abriera la puerta para abordarlo.
Las lágrimas comienzan a salir. Al igual que una sensación de ahogo que le parece familiar y a la vez, completamente desconocida.
Se está ahogando.
-No quería esconderme pero no me dejas opción, te he dejado unos diez mensajes desde hace cuatro días y ni siquiera lo has visto…¿estás bien?
Yamaguchi comienza a hiperventilar. No puede controlar sus respiración. Cae de rodillas al suelo.
-Mierda, mierda, dime que no estás teniendo un ataque de pánico.
La voz llena de pánico llega apenas a los oídos de Yamaguchi.
-Okey, emm…escucha, mierda, no sé si esto funcionará pero tenemos que intentarlo.
Yamaguchi lucha por respirar pero no puede.
-Yamaguchi, cuenta conmigo, vamos, uno, dos, tres, ¿Cuántas películas tiene la trilogía del señor de los anillos? Una, dos, tres. Uno, dos, tres, repítelo en tu mente, uno, dos tres.
Yamaguchi repitió en su mente uno, dos, tres. Así estuvieron unos treinta segundos hasta que, a duras penas, Yamaguchi puedo pronunciar el uno con su voz. Yamaguchi piensa, en la bruma de poder volver a respirar, que si todo fuera como antes, si Yamaguchi fuera como aquel chico que desapareció hace unos pocos días, habría bromeado con que Tsukki es un nerd y como pregunta algo tan obvio como que tantas películas tiene una trilogía.
Así habría sido antes, cuando a Yamaguchi la vida le seguía pareciendo algo lindo. Cuando se creyó merecedor de algo de felicidad.
Patético.
Con esos pensamientos y aún contando, recupero el control de si mismo.
Yamaguchi enfoca su vista en el rubio, y se pregunta ¿será su imaginación o los ojos de Tsukki están llorosos?
-Realmente me has asustado.
Eso debiera decir Yamaguchi.
-Lo siento, pero tú me asustaste primero, Tsukki.-Su voz sale terriblemente temblorosa y débil. Tsukki se acerca aún más a él. Sus hombros chocan.
-Perdón, no pensé que te daría un ataque de pánico, no llores. Realmente lo lamento.
Yamaguchi lo intenta, verdaderamente lo intenta, pero no puede, se echa a llorar como si fuera un bebé recién nacido.
¿Cómo fue capaz de confundir a Tsukki con ese tipo?
-Por favor, no llores, Yamaguchi. Realmente no sé que hacer cuando lloras.-Tsukki tira, incómodamente, uno de sus brazos a los hombros de Yamaguchi. Intenta consolarlo.
Yamaguchi no puede soportar más, realmente no quiere ensuciar a Tsukki, pero en este momento, de verdad quiere que alguien lo abrace y le diga que todo estará bien, que todo fue una pesadilla horrible, pero que ya no se preocupe, ya pasó, ya despertó y ahora todo estará bien. Una horrible pesadilla que Tsukki ahuyentó. Solo necesita creerse esas mentiras por unos segundos y cree poder fingir decentemente con Tsukki. Sí, es todo una pesadilla, nada más que eso. Tsukki esta a mi lado, puedo hacerlo, puede estar bien, aunque sea por unas pocas horas.
Se quedan así por un momento corto cuando Tsukki dice:
-Yamaguchi, ¿qué tienes en el cuello?
Oye la voz horrorizada de Tsukki.
Y así, Yamaguchi se congela.
